CAPÍTULO 6

Hikaru llegó a casa, cansado. La puerta corredera del salón estaba cerrada. Eso sólo le sugería una cosa. Su padre estaría hablando con alguien. Intrigado, acercó la oreja a la puerta y oyó una conversación entre dos hombres.

-Sí, han aprobado. –Dijo una voz que a Hikaru le sonó familiar. Era la voz de Kakashi. –Naruto-sama, de todos modos,… estoy ciertamente preocupado.

-¿Pues? ¿Acaso no has dicho que los dos tienen un potencial enorme? ¿Eso no es bueno?

-Es por Hikaru. –Dijo Kakashi. –Es brillante, pero no duda en atacar. Es muy impulsivo y eso me preocupa.

-¿Y me lo dices a mí? No te preocupes Kakashi, Hikaru madurará con el tiempo.

Hikaru se sonrió. Oír que su padre hablaba bien de él le sentaba como si hubiese ganado una medalla o algo así.

-No es sólo por eso. –Dijo Kakashi.

-¿Qué más?

-Hikaru posee el poder del Sharingan.

-¿Qué? ¿Pero cómo? –Preguntó Naruto, asustado.

-Al parecer el Sharingan viene del clan Hyuga, sólo es una rama más perfeccionada en el ámbito de batalla. La mezcla de un Jinchuuriki con uno del clan del Hyuga da creación al Sharingan. –Kakashi suspiró. –Es la única explicación posible.

-Pero sí es así, ¿Por qué Meiko no lo tiene?

-La genética es engañosa y puede que, con toda seguridad, haya heredado el Byakugan de su madre. Y todavía es pronto para determinar cómo será Jiraiya.

Una pausa donde seguramente Naruto cavilaba puso nervioso a Hikaru. ¿Qué era eso del Sharingan? No debía ser bueno, puesto que generaba preocupación a su padre.

-Te recuerdo que los poseedores del Sharingan han hecho más mal que bien. Si no, mira el último de su estirpe,…

-Los últimos, querrás decir. Madara y Sasuke Uchiha.

-¿Y quién es peor? –Kakashi parecía frenético. –Veo tanto en común en Hikaru con Sasuke, pero, a la vez se parece tanto a ti. Además, ¿Qué diría la gente cuando viera que el propio hijo del Akage tiene el Sharingan? La gente se inquietaría, hablarían sobre ello, se desataría la incertidumbre.

-Tú también posees el Sharingan. –Dijo Naruto, resentido.

-Pero nadie lo sabe, sólo los más cercanos. Y está el hecho de que no nací con él. –Kakashi hizo una breve pausa. –Lo más seguro sería…, no, perdona, he pensado una estupidez.

-Dime, Kakashi. Cualquier cosa a aportar servirá.

-La única solución que se me ocurre es abominable e inmoral. Matarlo daría fin a los problemas, pero…

-¡¿QUÉ? ¿Has perdido el juicio? ¡Sugerir matar a mi propio hijo es una traición! ¡Fuera de mi casa! ¡FUERA!–Dijo Naruto, vehemente.

Hikaru se olvidó de respirar por un momento. Se alejó de la puerta y se encaminó a la entrada. Salió al exterior, y con el corazón desbocado comenzó a correr. Los ojos se le empañaban en lágrimas, y las zancadas se hacían más pronunciadas. Sintió su respiración agitada, sus pensamientos se desordenaban entre sí, y siguió corriendo como alma que llevaba el diablo. Alterado como estaba no fue consciente de que alguien le había agarrado el brazo. Hikaru se giró bruscamente y allí estaba Sayu, asiéndole el brazo:

-Hikaru, ¿Qué te pasa?

-Nada, de verdad. Sólo necesito estar solo. –Se desasió del brazo de Sayu y siguió corriendo. Sayu lo observó con preocupación, pero poco más tarde, esa expresión se le desvaneció y se encogió de hombros.

Hikaru siguió corriendo hasta que llegó a las afueras de la villa, adentrándose en un frondoso bosque. Comenzó a subir una montaña empinada, y al llegar a una superficie medianamente llana, miró a su alrededor. Estaba muy confuso, nada parecía claro. ¿Por qué debía sucederle eso a él? ¿Ser poseedor del Sharingan lo convertía en un… monstruo? Hikaru se sentía más sólo que nunca, pues nadie podía comprender lo que pasaba dentro de él. Los últimos que habían tenido ese poder, Sasuke y Madara Uchiha, debían haber sido personas horribles, puesto que Kakashi parecía ligeramente asustado tras la mención de esos nombres. ¿Estaba destinado a ser tan malo como ellos? Esa pregunta lo martilleaba sin piedad.

Retrocedió unos pasos, y entonces notó como perdía el equilibrio. Hikaru, temeroso, intentó estabilizarse pero notó como el suelo se hundía a sus pies, y con un grito en el aire, Hikaru cayó en un oscuro agujero y perdió el sentido al instante.

-Alguien nos estaba escuchando a escondidas. –Le dijo Kakashi a Naruto.

-Lo sé. Perdona por haberte hablado así…, pero es que…

-No, tienes toda la razón. Pero eso que te he dicho es sólo el reflejo de lo que pensará la gente. –Dijo Kakashi. –Perdona por insinuar algo tan horrible.

-¿Quién puede habernos escuchado a escondidas? –Se preguntó Naruto.

-Probablemente, Hikaru o Meiko. Y dado que el destino suele ser intrincado e injusto, debe de haber sido Hikaru.

-Debe haber sido terrible para él descubrirlo de esta forma. Y descubrir que su profesor quiere matarlo. –Añadió Naruto, todavía mosqueado.

-Sabes que eso no es cierto. Pero por un momento, la mente me ha jugado una mala pasada. –Argumentó Kakashi, sintiéndose culpable.

-Necesito estar asolas, Kakashi. Tengo que pensar acerca de esto que me acabas de decir.

-Entiendo.

Sayu miró a Meiko con seriedad.

-Te lo digo en serio, Meiko-san. Hikaru parecía estar realmente mal.

-Quizás se ha mirado al espejo y se ha asustado de lo que ha visto. –Dijo Meiko riéndose. –No te preocupes Sayu-chan. Hikaru es fuerte.

-Si tú lo dices…

Meiko le miró de forma sospechosa.

-¿Te gusta Hikaru? Podría ayudarte.

Sayu, contrariada, la miró como si estuviese loca.

-¿Yo, con Hikaru? Imposible. Somos demasiado diferentes. Además está el hecho de…

-Sí lo sé. Hikaru es propiedad de Yurisa-chan.

Alguien les cogió por los hombros.

-¿Hablabais de mí? –Era Yurisa, con su perfecto pelo rubio, sus ojos castaños, su sonrisa radiante. En cierto modo se parecía a su madre, Yamanaka Ino, pero sus ojos eran los de su padre, Inuzuka Kiba.

-Así es, Yurisa-chan. –Dijo Meiko. -¿Cómo te van las cosas con Hikaru? Es que he oído por ahí… que tienes competencia.

-¿Sí? ¿Y debería preocuparme? –preguntó Yurisa ligeramente preocupada. –Hikaru es taaaaan mono…

-¿Te importaría no hablar así de mi hermano en mi presencia? Me resulta algo extraño…

Yurisa arrugó la frente.

-¿Qué me dices de ti, Meiko-san? ¿Algún chico en mente?

Raiko apareció en sus pensamientos, su sonrisa, sus ojos, el largo beso que habían compartido aquella misma tarde…

-Nadie en particular.

-¿Y tú, Sayu-chan? –Dijo Yurisa sonriendo ampliamente.

-Pues no. Ningún chico me interesa especialmente.

-Vaya par de sosas. –No pudo evitar decir Yurisa. –Por suerte, yo tengo a Hikaru, que está como un queso.

-¡Te he dicho que pares de decir eso! –Dijo Meiko.

-Así que tienes envidia, ¿eh? No me extraña, encontrar a un cañón como tu hermano hoy en día está difícil. –Meiko apretó los puños y rechinó los dientes. Yurisa le ponía de los nervios.

-Bueno, chicas, me tengo que ir a hacer unas compras. Ya sabéis, para la Ceremonia de Iniciación. –Dijo Yurisa como si nada.

-¿Qué? ¿Tú y tu grupo habéis aprobado?

-Ajá. Ryo-kun, Otani-kun y yo somos invencibles. –Dijo Yurisa, sonriente. – ¡El equipo 4 mola!

-Lo que tú digas, Yurisa-chan. –Dijo Sayu.

-Bueno, ¡adiós sosainas! –Y Yurisa se fue, agitando su pelo de color del trigo.

-De verdad que no la soporto. –Dijo Meiko.

-Qué exagerada. –Le respondió Sayu. –En realidad es bastante maja.

-Siempre y cuando no hable de mi hermano.

Hinata le abrazó a Naruto, consciente del dolor que estaba atravesando éste. Naruto acarició su pelo y murmuró quedamente:

-La historia se repite, ¿No crees?

-No lo sé, yo no conocía tanto a… tu equipo.

-Ibas a decir a Sasuke, ¿No? –Naruto suspiró. –No puedo olvidar, Hinata, por más que lo intento los recuerdos me atormentan, y Sakura… -Naruto comenzó a temblar.

-Tranquilo, tranquilo. –Hinata le acarició la cara y Naruto se inclinó sobre ella para compartir un beso ansiado, un beso apasionado. Una vez se separaron, con las mejillas encendidas y las respiraciones agitadas, Naruto dijo:

-Hinata, si no fuera por ti, no sé cómo habría salido adelante.

-Lo habrías hecho, Naruto, porque tú nunca te rindes y eso es lo que más me gusta de ti.

-¿Sabes qué es lo que más me gusta de ti? –Dijo Naruto mientras le besaba en el cuello.

-Mejor que no me lo digas, no quiero llevarme sorpresas. –Dijo la otra riéndose.

-¿Están los niños en casa? –Preguntó Naruto.

-No, Jiraiya está con sus amigos y Meiko y Hikaru supongo que también, para celebrar que han aprobado.

-Estamos solos. –Dijo Naruto sonriendo, y mientras hablaban, subieron las escaleras que daban a su habitación y cerraron la puerta, ambos con unas sonrisas de complicidad en sus rostros y con las mejillas sonrosadas.