CAPÍTULO 7
Las brigadas se organizaron y Naruto al frente de ellos les ordenó que buscaran en todas partes, sin distinción. Ellos asintieron y se fueron corriendo. Naruto sintió un déja vu. Había sucedido algo parecido, bueno igual algo más grave, con él y el pergamino prohibido. Naruto deseó hablar con su hijo, sólo para mostrarle su apoyo.
Hikaru se despertó dolido. Tenía las piernas magulladas, pues la caída había sido bastante grande. Al observar a su alrededor, vio algunas velas en aquella cueva y una especie de lecho. Alguien estaba viviendo allí abajo y por un instante sintió miedo pues ¿Qué clase de persona se refugia bajo tierra?
-Intruso, ¿Qué haces aquí? Más vale que salgas si no quieres sufrir una muerte lenta y dolorosa. –Dijo una voz áspera en la oscuridad
-Perdón, me he caído. No era mi intención. Ahora me voy. –Dijo Hikaru intentando subir por el agujero por el que había caído.
-¡Espera! –Dijo aquella voz. – ¿Eres Uzumaki Naruto?
-En realidad, no. Soy su hijo, Uzumaki Hikaru.
-Su hijo, ¿eh? Supongo que no sabrás la clase de persona que es tu padre, ¿No? –Aquella voz siniestra soltó una carcajada. –Tu padre ni siquiera es humano.
-¿Pero quién eres tú? Muéstrate. –Dijo Hikaru acercándose a la luz de la vela.
Bajo aquella luz un ser mitad blanco, mitad negro con una caparazón extraño rodeándole con pinchos se acercó allí.
-Mira quién habló. Tú sí que no eres humano. –Dijo Hikaru.
-Tu padre es un Jinchuuriki. En su interior se esconde un Biju, una bestia inmunda que casi acaba con Konoha. Aunque mi aspecto físico no sea del todo agradable, -Argumentó el ser. –yo no estuve a punto de destruir una ciudad entera.
Por alguna razón, supo que aquel hombre decía la verdad.
-¿Cómo te llamas? –Preguntó Hikaru.
-Mi nombre es Zetsu, y soy un caído de la guerra. Estaba en el bando contrario a tu padre, ¿Sabes? Y probablemente soy de los pocos supervivientes para contarlo. La Gran Guerra fue… muy sangrienta. –Zetsu chasqueó la lengua. –Y tu padre fue especialmente sanguinario. Tras la guerra, nosotros fuimos exterminados y perseguidos. Es lo que tiene estar en el bando perdedor.
-¿Qué? ¿Mi padre fue un sanguinario? ¡Pero si todo el mundo lo llama héroe!
-¡Pues claro! Porque los que siguen vivos eran los de su bando. –Dijo Zetsu. –Eres demasiado joven para comprenderlo, además, se trata de tu padre. Estoy seguro de que no querrías manchar la imagen que tienes de él.
-¡Yo y mi padre no nos llevamos bien! –Explotó Hikaru. –Hace poco me he enterado de que me considera un monstruo…
-Qué gran contradicción, ¿No?
-¡Dímelo a mí! –Hikaru se sintió alegre de poder hablar de eso con alguien, aunque fuese un desconocido.
-¿Y por qué te considera un monstruo? –Preguntó Zetsu, mientras se sentaba en el suelo.
-Porque tengo el Sharingan.
Zetsu lo miró boquiabierto.
-¿Lo tienes? –Hikaru asintió.- ¡Eres muy afortunado, entonces! Es un gran poder y sólo cae en manos de algunas personas privilegiadas.
Hikaru sonrió, sin poder evitarlo.
-Mi padre decía todo lo contrario.
Zetsu puso una cara de circunstancias.
-Normal. Él mató al último de ellos. Sasuke Uchiha.
-¿Pero quién era exactamente ese Sasuke? –Preguntó Hikaru con intriga.
-Aunque parezca mentira, era su mejor amigo. –Dijo Zetsu.
-¿Pero cómo?
-Sasuke era muy poderoso, y por eso suponía una amenaza para la villa, así que lo mató. –Zetsu hizo una breve pausa. –A sangre fría. Tu padre no es quien dice ser. Pregúntale sobre la Gran Guerra y no te querrá responder. Ese asesinato le avergüenza.
-Lo haré.
-Tienes que volver, te echarán en falta. Ha sido un placer conocerte. –Zetsu lo miró con amabilidad. –Si quieres saber más cosas acerca del Sharingan, estoy aquí. Pero antes debes prometerme una cosa.
-Dime. –Dijo Hikaru.
-No debes decirle a nadie de mi existencia. En teoría estoy muerto.
-¡Eso está hecho! –Dijo Hikaru con firmeza.
Fue entonces cuando Hikaru se dio media vuelta y empezó a subir por el agujero por el que había caído, sintiéndose más feliz que nunca. Había hecho un nuevo amigo.
Zetsu por su parte, seguía en el mismo sitio y no había cambiado de postura. Sólo se apreció una diferencia en él. Una sonrisa siniestra atravesaba su rostro y, una vez que vio que Hikaru se había marchado, prorrumpió en carcajadas. Su risa hizo eco en la cueva, una risa que estremecería a cualquiera.
