CAPÍTULO 8
-Tenemos a Hikaru, Naruto-sama.
-Bien, traédmelo. –Dijo Naruto.
Hikaru, agarrado por dos ninjas fue llevado a donde Naruto, que lo observó con preocupación.
-¿Se puede saber qué es esto? –preguntó Hikaru mirando a su padre.
-¿Desapareces sin más? Puede que alguien te hubiera secuestrado. –Dijo Naruto. –Dejadnos solos, por favor.-Los dos ninjas cerraron la puerta tras de sí.
-¿Secuestrarme? –Dijo Hikaru. – ¡Me había ido porque creía que Kakashi-sensei quería matarme!
-¿Nadie te ha dicho que no deberías escuchar conversaciones ajenas?
-Pues me incumbía bastante, ¿No crees?-Dijo Hikaru enfadado.
-¿Dónde has estado? –Le preguntó Naruto, tenso. Vio las magulladuras de Hikaru y que estaba manchado de tierra.
-Salí corriendo de aquí porque no soporto esto. No soporto tantas cosas ocultas, tanto secretismo. –Dijo Hikaru. –Dime una cosa, ¿Qué ocurrió en la Gran Guerra? ¿Quién es Sasuke Uchiha?
Ante el silencio de Naruto, Hikaru recordó las palabras de Zetsu: Tu padre no es quien dice ser. Pregúntale sobre la Gran Guerra y no te querrá responder. Ese asesinato le avergüenza.
-Eso no viene al caso. –Dijo Naruto tras un largo silencio.
-¿Cómo que no viene al caso? ¡Me pides que sea sincero contigo y tú no lo eres!
-¿Dónde has estado, Hikaru? ¡Dímelo ya! –Gritó Naruto levantándose de su silla.
Hikaru entornó los ojos.
-En el bosque, tratando de averiguar qué era el Sharingan, entrenándome. Me he caído varias veces. –Dijo con un tono monótono. Su mentira pareció tranquilizar a Naruto.
-Ve a casa, Hikaru. –Dijo Naruto en un tono de voz bajo. –Te acompañará un ninja que hay fuera.
Hikaru asintió mientras miraba con odio a su padre. En él sólo había mentiras y más mentiras, un pasado negro del que no se podía hablar. Hikaru llegó a la conclusión de que su padre era un cobarde. Un cobarde que no era capaz de decir la verdad.
Al salir se encontró con un ninja que tenía una cicatriz que le surcaba la nariz. Llevaba la bandana con orgullo y en su rostro se dibujó una sonrisa nada más verle.
-Eres la viva imagen de tu padre.
En Hikaru se reflejó una mueca de odio y miró con asco a aquel hombre.
-Llévame a casa y punto. Limítate a hacer tu trabajo.
Éste, sorprendido ante aquel tratamiento, se recompuso en seguida, mientras iban caminando yendo a la salida del edificio donde trabajaba su padre:
-Mi nombre es Imuno Iruka. –Dijo él sonriendo. –Tú debes de ser Hikaru.
-Sí, sí. Ese es mi nombre. –Dijo éste sin interés.
Iruka le dijo, todavía sonriendo:
-Tu padre era también un chico conflictivo. Hacía muchas travesuras.
-Qué bien. –Dijo él aburrido. –Yo no hago travesuras. Simplemente me ido de la ciudad y se me ha hecho muy tarde para volver. En realidad no he hecho nada malo, pero como soy el hijo del Akage todo el mundo se asusta. Sin embargo, si un chico huérfano hubiese salido de la ciudad, nadie se hubiera enterado.
-¿Tú crees?
-Sí. –Dijo con firmeza. –Yo sólo importo a la gente porque soy hijo de alguien importante. Nada más. –suspiró con fuerza. –Y me avergüenzo de ser su hijo.
-¡Hikaru! ¡No voy a permitir que hables mal de Naruto-sama! –Exclamó Iruka.
Hikaru soltó un resoplido despectivo.
-¿Qué sabes de él?
-Sé que es una gran persona que ha sufrido mucho. –Tras estas palabras pronunciadas por Iruka, Hikaru caviló durante el resto del camino. Miró el cielo, contemplando las estrellas. Cuando llegó a la puerta de su casa, le dijo a Iruka:
-Debió de sufrir mucho para haber sido capaz de matar a su mejor amigo.
Iruka abrió la boca, sorprendido y Hikaru cerró la puerta en sus narices.
-Menudo paleto. –Dijo para sí.
La luz de la entrada se encendió y ahí estaba su madre, con los brazos cruzados.
-¿Dónde has estado?
-Que te lo cuente papá. Él ya se ha ocupado de hacerme el interrogatorio. –Dijo Hikaru ignorando a su madre y subiendo por las escaleras.
Hinata miró a su hijo con una profunda tristeza. Sin quererlo, estaba perdiendo a su hijo.
Hikaru entró en su habitación y se quitó la camiseta, dejándola tirada en el suelo. Cogió el pijama de debajo de su almohada y al ir a ponérselo una persona entró en su habitación y encendió la luz. Era Meiko.
-¿Qué pasa contigo? Sayu me ha dicho que te vio alterado, y ahora vuelves a casa tarde.
-No, ¿Qué pasa contigo? En la vida te ha importado lo que yo hiciera, y ahora ¿Te interesas por mí? –Hikaru la miró imperturbable. –Haz el favor de salir de mi habitación. No estoy de humor para aguantarte.
Meiko lo miró dolida.
-De acuerdo. Buenas noches.
-Buenas noches.
Meiko salió de la habitación y Hikaru se apresuró para ponerse el pijama y meterse en la cama. Al tumbarse y apoyar su cabeza sobre la almohada, se sumió en un profundo sueño del que no se despertó hasta bien entrada la mañana.
