CAPÍTULO 9

Hikaru bostezó y se estiró sobre la cama. Más tarde se levantó de ella, dispuesto a empezar el nuevo día. Luego recordó las fuertes discusiones del día anterior y bajar a desayunar se le antojaba imposible. Sin embargo, Hikaru decidió finalmente hacer caso a su estómago y bajar a la cocina.

Allí se encontraban todos, Jiraiya, Meiko, su madre y su padre. Nadie le dirigió la palabra ni le habló, salvo quizás Jiraiya, cuando con un tono de pesadumbre le pidió que le pasara sus cereales. Al parecer toda su familia –excepto Jiraiya que no se había enterado de nada. –había decidido ignorarle olímpicamente. Al parecer se tomaban al pie de la letra el No hay mayor desprecio que no hacer aprecio.

Cuando ya casi había terminado, Meiko le dijo:

-Kakashi-sensei nos ha dicho que nos reunamos con él en el puente. Por cierto, hoy es el día de la Ceremonia de Iniciación.

Hikaru asintió, sin decir ni una palabra. Dejó el bol en el fregadero y salió de la cocina, para dirigirse a su habitación y cambiarse de ropa. Jamás se había sentido tan tenso en su familia como se estaba sintiendo ahora. Y eso que no le habían castigado, como hacían muchas otras veces. Hikaru supuso que sus padres veían que los castigos no servían como escarmiento sino como un aumento de resentimiento contra ellos. A Hikaru le gustó ese cambio, dado que odiaba estar castigado.

Se puso la ropa que solía utilizar como ninja y bajó las escaleras de tres en tres. Tuvo que esperar un rato a Meiko, pues ella era muy lenta. Una vez los dos estuvieron listos, salieron de la casa, silenciosos y con pocas cosas en mente.

La relación entre Meiko y Hikaru siempre había sido extraña, a veces se llevaban bien, otras veces no querían ni verse. Pero normalmente solían hacer las paces enseguida. Pero aquella vez era diferente, pues ninguno de los dos tenía ganas de ceder. Esto último se tambaleó cuando Meiko le dijo:

-Ahora que estás más calmado, ¿Me puedes decir a qué viene todo este numerito?

Hikaru suspiró, cansado.

-Viene a que estoy harto de tantos secretos.

-¿Y tú tienes algo que ver con esos secretos?

Veo tanto en común en Hikaru con Sasuke, pero, a la vez se parece tanto a ti. Además, ¿Qué diría la gente cuando viera que el propio hijo del Akage tiene el Sharingan? La gente se inquietaría, hablarían sobre ello, se desataría la incertidumbre. Las palabras de Kakashi resonaron en su cabeza.

-Eso me temo.

-¿Ah, sí? Cuéntamelo entonces. –Inquirió su hermana.

-Ojalá pudiera contártelo. –Dijo Hikaru, recordando la promesa que hizo a Zetsu. –Pero no puedo.

-Ya veo. ¿Y te tengo que creer porque…?

-No tienes porque creerme. Y la verdad es que me da igual tanto si te lo crees como si no. Me basta con que lo sepas.

-Vuelves a estar en plan borde, ¿No? –Dijo Meiko.

-Me sale de forma natural. –Rió Hikaru.

Meiko sonrió pero fue una sonrisa que le costó, como si el daño no estuviese reparado del todo.

-Cuando estés dispuesto a contárselo a alguien, aquí estoy.

-Gracias.

-Descuida. –Respondió Meiko.

Llegaron al puente en cuestión de minutos, y para su sorpresa, Kakashi-sensei les estaba esperando. Junto a él estaba Hayate, pero no parecía muy contento con su compañía. Meiko les saludó con la palma en lo alto.

Hayate correspondió a su saludo y Kakashi también, aunque al ver a Hikaru el rostro se le tornó más pálido de lo habitual. Enseguida llegaron junto a ellos y Kakashi-sensei se puso de pie mientras los otros se sentaban en el suelo.

-Bien, chicos. Era para daros mi enhorabuena por haber aprobado, ya que ni siquiera os la di.

-Quizás era porque tenías muchas prisas para hablar con mi padre, ¿No? –Dijo Hikaru, con sus habituales comentarios mordaces.

-En realidad, no.-Dijo Kakashi, como si con esa respuesta fuera suficiente. –Dentro de tres semanas comenzarán los exámenes de Chuunin, que este año caen en Konoha, tenéis suerte de que sea aquí y no lejos. Tenéis la opción de presentaros o no. Pero yo os veo lo suficientemente preparados como para superar el examen. –Tomó un respiro. –Y respecto a la Ceremonia de Iniciación, aunque ya os habréis enterado, los equipos 6 y 4 también han aprobado. El resto no. Con vosotros deberán ir vuestros padres y familiares cercanos, y recordad que se celebrará en el gimnasio de la Academia, donde deberéis estar a las 9 en punto de la noche. No se puede ir más tarde.

-Hablando de puntualidad, ¿Kakashi-sensei, cómo es posible que hayas llegado tan pronto? –Preguntó Meiko.

-A veces ser puntual no es más que una muestra de interés por los demás. –Dijo Kakashi, sin responder directamente a la pregunta.

-¿Nos podemos ir? –Preguntó Hikaru.

-Sí, pero tú y yo tenemos que hablar. –Mientras los otros se iban, intrigados por saber lo que pasaba (Meiko miró a Hikaru significativamente), Kakashi le miró a Hikaru a los ojos:

-Hikaru, sé que escuchaste nuestra conversación a escondidas. Y quiero que sepas que te perdono.

-¿QUÉ? –Hikaru no salía del estado de estupefacción.

-Era broma. –Dijo Kakashi sonriendo. –En realidad era para explicarte lo que dije…

-No tiene importancia. –Interrumpió Hikaru. –Insinuar matarme fue horrible, pero cuando mi padre te dijo que te fueras de casa… eso compensaba un poco la barbaridad que dijiste.

-Entonces sólo queda una cosa pendiente. Me gustaría ser tu mentor, Hikaru. Dado que tú y yo somos las únicas personas que poseemos el Sharingan, (Aunque sin duda el tuyo será más potente), te podré enseñar técnicas de genjutsu o a controlar mejor el flujo del Chakra. Si te portas bien también puedo enseñarte el chidori.

Hikaru asintió. Inevitablemente recordó las palabras de Zetsu: si quieres saber más cosas acerca del Sharingan, estoy aquí.

-De acuerdo.

-Pues queda arreglado, entonces. –Dijo Kakashi.

-¡HIKARU-KUN! –Gritó una voz femenina, al otro lado del puente. Hikaru se giró, sorprendido, y al verla comenzó a retroceder, dominado por el instinto de huida.

Kakashi-sensei se irguió y observó a la muchacha con interés, que en aquellos momentos se acercaba corriendo con su larga cabellera rubia agitándose con el viento. Detrás de ella había otros dos chicos y Kakashi-sensei divisó a su maestro.

-Hikaru-kun. –Dijo ella cuando estaba más cerca. Hikaru no tenía escapatoria. –Me he enterado de que también has aprobado, aunque no me podía esperar menos de ti. –Sonrió ella. -¿Me reservarás un baile para la Ceremonia de Iniciación, no? Sólo te advierto,… yo bailo muy bien.

-Ah. –Dijo él, algo tenso.

Los otros chicos ya se habían acercado y el maestro se había aproximado y había compartido un saludo con Kakashi.

-Kakashi, qué bueno verte de nuevo. Mis chicos tienen mucho futuro, así que los tuyos lo van a tener difícil.

-Lee-san, no cantes todavía victoria. Hikaru es un ninja que promete mucho. –Dijo Kakashi-sensei revolviéndole el pelo a éste.

Uno de los chicos soltó una carcajada sin ningún disimulo.

-Ryo-kun, ¿A qué viene eso? –Preguntó Yurisa, enfadada.

-Hikaru promete ser un perdedor. –Dijo Ryo con una sonrisa irónica.

Hikaru observó con fijeza la ropa de Ryo, con agujeros y algo sucia.

-¿Qué quieres, que te de una limosna, mendigo? Sólo te daré una moneda con la condición de que te calles de una vez.

Yurisa sonrió ante el comentario de Hikaru y le sacó la lengua a Ryo. Ryo, ufano, miró a Hikaru con odio. No se sabe muy bien porqué, Ryo y Hikaru se habían llevado mal siempre. Hikaru era muy popular, pues sacaba muy buenas notas y, al parecer, era un chico 10 para las chicas. Por otro lado estaba el siniestro Ryo, apagado y silencioso, pero también con unas notas excelentes. Era huérfano y hace cuatro años lo habían adoptado, pero al propio Ryo este hecho parecía importarle bien poco. Era guapo, y de no ser por su actitud reservada y calculadora, probablemente tuviera un club de fans. Y sin embargo, este antagonismo, nacido de la competitividad que sentían el uno del otro, no hacía más que aumentar con el paso de los años.

-Ryo-kun tiene la ropa manchada porque hemos estado intentando atrapar a Arot*. –Dijo Otani, que se había recuperado de su aire ausente. Otani era hijo de Gaara y Matsuri, y la mayor parte del tiempo se pasaba observando nimiedades de la vida; era pacífico y en parte la vida del ninja le parecía aburrida. Sin embargo, pertenecer a un equipo donde los lazos de la amistad se fortalecían y se valoraba a un compañero como a uno mismo le parecía una situación interesante y quería experimentarlo. –Parece estar entrenado para que no lo cojamos. –Terminó Otani, tras una larga pausa en la que se había dedicado a mirar la superficie del agua del río, ondulante.

Hikaru miró con extrañeza a Otani y pensó que haría muy buena pareja con Hayate.

-¿Todavía no habéis atrapado una simple mascota? –Preguntó Hikaru. –Seguro que es por culpa de Ryo-kun, que siempre se le escapa.

-Pues aproximadamente hablando puede que sea así… -Dijo Otani, quién, tras pronunciar esa frase, contempló como un pájaro surcaba el cielo.

-¿Te quieres callar, retrasado mental? –Le dijo Ryo a Otani. Éste dejó de mirar el pájaro se giró a donde Ryo y dijo, arrastrando las palabras:

-Detecto un tono alterado en tu voz. ¿Ocurre algo?

-Ryo-kun, cálmate. –Dijo Yurisa. Después sonrió a Kakashi y a Hikaru, a quién dedicó un guiño. –Lee-sensei debemos irnos, ¿verdad?

-Sí. –Dijo Lee. –Ha sido un placer hablar con vosotros ¡Hasta luego!

Se despidieron y cuando ya estaban lejos, Kakashi le preguntó a Hikaru:

-Tú y Ryo-kun os llevais un poco mal, ¿No?

-Él es mi peor enemigo, mi rival. No pienso perder ante él nunca.

Kakashi asintió y sin ninguna palabra también empezó a irse, como si aquella conversación ya la hubiese dado por terminada.

Hikaru, inevitablemente, pensó que si Ryo era tan idiota para no poder atrapar un simple gato, no tendría ningún problema en hacerle picadillo. Pero, ante ese pensamiento, un recuerdo nítido le llegó a la mente. Era de él luchando contra Ryo en clase. Comenzó porque Hikaru había chocado sin querer contra Ryo, pues alguien le había empujado por detrás para entrar en clase. Fue entonces cuando Ryo estalló en cólera y Hikaru respondió con malos modos. Y empezaron a pegarse a puñetazos, pero la balanza, lejos de estar equilibrada, se inclinaba a favor de Ryo, que asestaba unos puñetazos certeros, como si supiese con exactitud como desequilibrar a su contrincante. Para cuando Hikaru le dio tiempo a respirar, se encontraba en el suelo, con aquel hijo de su madre dándole patadas en vientre, brazos y cabeza. Por suerte, con la entrada del profesor a clase, Ryo quedó castigado durante meses, e incluso estuvo expulsado una semana.

No, no debía subestimar a Ryo. Debía entrenarse a fondo. Y para eso contaba con la ayuda de Kakashi. Pero una duda surgió en su mente y se hizo visible en sus pensamientos: ¿Debería pedir ayuda a Zetsu para poder entrenarme mejor?

Arot*: es el hijo del gato Tora (el pobre gato maltratado por esa señora gorda). Si os fijáis está escrito al revés, es evidente que su dueña no tiene mucha imaginación^^