CAPÍTULO 12

Hikaru, con una sonrisa en la cara, decidió que debía disfrutar de lo que quedaba de aquella noche. Sus amigos, Meiko y Hayate estaban ofreciéndole un valioso apoyo que seguramente no merecía. Les miró y dijo con sinceridad:

-Muchas gracias, esto ha significado mucho para mí.

-No hay de qué. –Dijo Meiko, agradecida por el cambio de actitud de su hermano.

-¿Eso significa que somos amigos? –preguntó Hayate tímidamente.

Hikaru puso cara pensativa.

-Te dejaré con la duda. -Y Hikaru, tras decir esto, se fue al interior del gimnasio.

-¡Hay posibilidad! –Dijo Hayate a Meiko. –Tu hermano y yo seremos como uña y carne, ¡Ya lo verás!

Meiko rió.

-¿De dónde sacas tanta energía?

Hayate se encogió de hombros, como si no entendiese del todo la pregunta de Meiko. Ella lo observó interesada.

Desde luego que es diferente de cualquier persona que haya conocido antes, incluyendo a su padre, ¡La persona más seria del mundo! Y Hayate no es para nada feo, con esos ojos y esa sonrisa… ¿Qué? ¡Meiko, pero qué estas pensando! Hayate, es… Hayate.

Ignóralos, sólo ignóralos. Se repitió Hikaru a sí mismo nada más ver a la pareja que atraía más miradas. Ryo y Sayu. Sólo recibió el consuelo de que Akemi, que estaba de su parte, que consideraba que aquello sólo un modo de llamar la atención. Hikaru asintió y notó como unos brazos le rodeaban por detrás. Al girarse, ahí estaba Yurisa, con las mejillas enrojecidas y una sonrisa tambaleante. Había tomado demasiado sake.

-Me habías prometido un baile… -Dijo ella. –Seré mucho mejor compañera que esa Sayu…

-Yurisa-chan, no te encuentras bien. Lo último que quiero es que te marees más si te saco a bailar. –Respondió Hikaru.

-No te preocupes por eso. –Dijo acercándose más a Hikaru y acariciando suavemente su brazo.

-Si queréis, yo me voy… -Empezó Akemi.

-No, ya me voy yo. –Dijo Hikaru, deshaciéndose toscamente de Yurisa. Akemi, miró interrogante a Hikaru, como si en el fondo se molestase porque tratase así a Yurisa, que no tenía la culpa de lo ocurrido entre Sayu y Ryo.

Hikaru volvía a tener esa imperiosa necesidad de tomar el aire y salió del gimnasio, pero no caminó más lejos. Se odió a sí mismo por no ser capaz de aguantar de ver a Sayu con Ryo. ¿Acaso soy tan débil? ¿Por qué me afecta tanto? Hikaru se oprimió el corazón con la mano derecha, como si le costase respirar.

Pero algo le interrumpió, unas manos cálidas cogieron las suyas y unos ojos castaños ambarinos le miraron directamente a los ojos.

-No entiendo, Hikaru-kun. –Dijo Yurisa, con la voz como si estuviese a punto de echarse a llorar. – ¿Qué debe hacer una chica cuando es rechazada tantas veces por el mismo chico? ¿Darse por vencida, o seguir intentándolo?

Hikaru miró a Yurisa con una infinita compasión. Era consciente por primera vez en la noche, que alguien estaba atravesando por el mismo dolor que el suyo, probablemente peor.

-No quiero tu compasión Hikaru. Tiro la toalla. –Dijo, ella, tambaleante. –Que Sayu disfrute de su premio. –Ella se alejó, llorando desconsoladamente. Hikaru jamás había sido consciente de lo profundos que eran los sentimientos que sentía Yurisa hacia él. Siempre había pensado que para ella él sólo era un simple "me gustas". Yurisa, como si ya no fuese suficiente humillación, cayó al suelo, fruto en gran parte del alcohol.

Hikaru acudió en su ayuda, y al levantarla entre sus brazos, fue consciente del cuerpo de Yurisa contra el suyo. Ella lo miró vacilante, pero Hikaru la miró, con sus ojos azules, siendo consciente de lo guapa que era. Sólo dudó una fracción de segundo, antes de inclinarse y besarla con una pasión inusitada. Yurisa pareció recuperarse y rodeó sus brazos en torno a su cuello, mientras le revolvía el cabello. Él, por su parte, sus manos fueron a parar a su cintura y aproximó el cuerpo de Yurisa al suyo. Hikaru se sentía como algo explotaba en su interior y jadeó entusiasmado. A pesar de que todo aquello parecía una locura, el que él estuviese besándose con Yurisa, en el fondo, de alguna manera, se sentía confuso, pero a la vez desfogado, como si con ello se liberase de mil problemas y lo único que le importase fuera el sensual tacto que estaba compartiendo con Yurisa.

Alguien carraspeó, y aquello hizo que ambos se separaran.

Naruto, con una expresión de desconcierto y, al mismo tiempo de interés, les dijo:

-La fiesta ha terminado. Ahora van a salir todos, así que os sugiero que hagáis eso en otro momento. –Y así era. Fueron saliendo todos, entre risas y gritos, y a ellos se unió Yurisa. Una vez que salieron todos, Meiko, preguntó:

-¿Dónde está mamá? ¿Y Jiraiya?

-Se fueron antes. –Dijo Naruto. Meiko asintió y fue la encabezó la caminata hacia su casa. Por su parte, Naruto no iba a dejar que lo que había visto se quedara sin hablar:

-Primero la hija de Shikamaru y ahora la hija de Kiba, ¿Eh?-Naruto suspiró. –Eres de rápidas decisiones…

-Así es. –Dijo él sin decir nada más.

-Haz lo que consideres que es correcto. Ya eres lo suficientemente responsable para ser consecuente con tus actos. –Dijo Naruto. –Pero evita herir a los demás, porque veo que esto no va a acabar bien.

-Tú ves sólo lo que quieres ver. –Dijo Hikaru.

-¿Ya estáis discutiendo otra vez? –Preguntó Meiko, cansina.

-No. –Respondieron los dos al mismo tiempo.

Prometo que la acción empezará pronto, la ceremonia de iniciación se ha alargado más de lo esperado. Seguirá habiendo estos rollos de Hikaru-Yurisa y Ryo-Sayu pero evitaré a toda costa que esto se vuelva el tema principal como habéis podido ver en estos capítulos.

Pues nada, sólo quiero hacer ese anuncio, y que ahora, como estoy un poco atareada me costará más hacer capítulos (aunque sean muy cortos, lo sé -.-).