Dedicado a July-duendecillo ;)

CAPÍTULO 13

Hikaru jadeó y cayó al suelo, extenuado. Le temblaba todo el cuerpo del esfuerzo, los miembros no le respondían. Cubierto de sudor y polvo, era completamente consciente del fracaso de ninja que era.

-Levántate, Hikaru. –Le reprendió Kakashi.

El entrenamiento estaba siendo más duro de lo que creía. Hikaru tosió sangre, y observó con cierto desasosiego las marcas que había dejado su paso en el campo. Había zonas quemadas y varios árboles caídos. Fue consciente de lo débil que era.

-Hikaru, creía que estabas hecho de una pasta distinta. – Comentó él, fríamente. –es evidente que me equivocaba.

Debo aplastar a Ryo, aunque sea lo último que haga.

Con este escalofriante pensamiento, Hikaru fue incorporándose, poco a poco, mientras contenía las lágrimas de dolor.

-Eso está mucho mejor. –Kakashi comprendió que presionando a Hikaru obtenía mejores resultados. –Ya casi tienes el chakra controlado. Sólo falta un poco más.

Un poco más para acabar con Ryo.

-No soy débil. –Dijo Hikaru, con el rostro ensombrecido. –No juegues a presionarme.

-Haré lo que haga falta para que aprendas. –Dijo Kakashi-sensei, molesto por la rebeldía de su alumno. -¡En guardia!

Y así pasaron las horas, hasta que el agotamiento pudo con Hikaru una vez más. Tirado en el suelo, cuál largo era, Kakashi tuvo la oportunidad perfecta para darle a aquel alumno malcriado una lección. Sin embargo, para cuando se dio cuenta, Kakashi se hallaba atrapado en unos hipnóticos ojos rojos que, por mucho que lo intentara, no podía apartar su vista de ellos. Eran fascinantes, y a la vez espeluznantes.

Kakashi esquivó a tiempo la embestida de Hikaru, que, en el tiempo en el que él se había quedado contemplando absorto los ojos del chico, éste se había levantado y había corrido al encuentro de su profesor, con el kunai en lo alto y una sonrisa taimada en su rostro. Kakashi lo detuvo a tiempo, y acabó con él en cuestión de segundos.

Otra vez en el suelo, pero con una sonrisa fría y espeluznante, Hikaru se dio cuenta de hasta qué punto tenía control sobre el chakra y sobre sus ojos. Ya no le escocía acumular chakra en sus ojos, y había conseguido paralizar al mísmisimo Kakashi-sensei con sólo una mirada. Una pequeña vocecilla dentro de él le decía que estaba jugando a un juego muy peligroso, puesto que no sabía qué efectos producía el acumular chakra en sus ojos a sus contrincantes y a él mismo, pero en aquellos momentos no la estaba escuchando.

Kakashi lo miró preocupado, aunque su voz sonó firme cuando dijo:

-Fin del entrenamiento. Puedes irte a tu casa.

Hikaru se levantó con evidente dificultad, y dirigió una mirada de indiferencia a su profesor. Éste se la devolvió sin moverse un ápice. Sostuvieron sus miradas durante un largo momento, pero Hikaru decidió cortar el contacto visual e irse a su casa; estaba cansado y tenía ganas de echarse un rato en su mullida cama.

De camino a casa, no pudo evitar recordar sus múltiples encuentros con Zetsu. Él parecía ser la clave de todo, y a pesar de su extraño aspecto, éste se estaba convirtiendo en una de las personas más importantes de la vida de Hikaru. Recordaba, casi nostálgicamente, su primer encuentro. Fue hace un mes, y sin embargo, parecía que habían sucedido tantas cosas desde entonces… recordaba como al principio le habían ardido los ojos, y cómo Zetsu le había lanzado el agua a la cara. Y luego la técnica curativa, que ya no tendría que volver a usar más gracias a sus grandes progresos. Qué orgulloso se sentiría Zetsu al saber que Kakashi Hatake, el ninja copia, había quedado atrapado durante diez segundos en un genjutsu que todavía estaba incompleto. Un genjustu que Hikaru había hecho al borde del cansancio.

Iba tan ensimismado en sus pensamientos, que cuando levantó la mirada se encontró con una imagen que desearía no haber visto. Ryo y Sayu, tonteando bajo una farola, haciéndose carantoñas y agarrándose de las manos. Una rabia inusitada empezaba a burbujear dentro de él, y tuvo que pararse en medio de la calle para no sucumbir y descargar su ira contra Ryo. Sabía que si se peleaba contra Ryo, Sayu lo despreciaría aún más, y a pesar de que había empezado una relación con Yurisa, a Hikaru todavía no se le había ido de la mente aquella cálida sonrisa y aquellos ojos tan dulces de Sayu. En cualquier caso, esto le hacía parecer idiota, porque Sayu le había dejado en ridículo delante de todos, y Yurisa, en cambio,…

-¿Qué estás mirando, idiota? –Dijo una voz que la conocía demasiado bien.

-Estoy mirando cómo sería la imagen del infierno. –Respondió hábilmente Hikaru a Ryo.

-Querrás decir la imagen de tu infierno. –Dijo él, dejando de lado a Sayu y acercándose a Hikaru con una sonrisa siniestra. –Eres un fracasado, ¿Lo sabías, no? Normal que tu padre se avergüence de ti, yo en su lugar te habría dejado en las puertas de un orfanato…

-Ya, eso es lo que hicieron contigo ¿No? –Rió malévolamente Hikaru. –Hasta que ese estúpido amigo de mi padre, Iruka-sensei, decidió adoptarte y acogerte como a una mascota.

-¡No vuelvas a hablar así de Iruka! –Gritó Ryo, perdiendo los estribos.

-Ryo, ¿Por qué no nos vamos? –Dijo Sayu, viendo que aquello iba a acabar mal.

-No. Esto no ha terminado. –Dijo el aludido. –Eres un maldito… todo el día alardeando con tus amiguitos, creyéndote el mejor de todos por ser el hijo del Akage,… ¿Pero, sabes qué? Llegará el día en el que un don nadie como yo, te derrotará. Sólo espera y verás; Para empezar, Sayu me ha preferido a mí antes que al gran Uzumaki Hikaru, el chico diez…

-¿Así que eso significo para ti? ¿Una especie de medalla que has conseguido antes que Hikaru? –Preguntó Sayu, con el ceño fruncido.

-No, espera, yo no… -Dijo Ryo.

Sayu se alejó de allí antes de que Ryo terminara la frase.

-Sayu, espera… -Empezó Hikaru, aproximándose a ella.

-Tú no eres mejor que él, Hikaru. –Dijo ella, entornando los ojos.

-Lo sé. –Dijo éste mientras miraba fijamente los ojos de Sayu, que en aquellos momentos mostraban confusión. Sayu era consciente de lo cerca que estaban el uno del otro, y había que reconocerlo, con aquella sumisión y aquel reconocimiento que había hecho Hikaru, se había vuelto aún más atractivo que antes. Normal que tuviese tanto éxito entre las chicas, y hasta le parecía normal que se lo creyera un poco: sus ojos azules, su sonrisa encantadora, su pelo rubio alborotado y la devoción con la que la miraba en aquellos momentos. El mundo parecía haberse detenido en aquellos momentos, y Sayu fue consciente de cómo, poco a poco, los labios de Hikaru se iban aproximándose a los suyos…

-¡APÁRTATE DE ELLA!–Gritó Ryo, poseído de una furia desatada, golpeando a Hikaru desde detrás. Hikaru trastabilló y estuvo a punto de caer sobre Sayu, pero ésta consiguió apartarse a tiempo. Al haber caído al suelo, Hikaru sabía que estaba en una clara desventaja, además de que había estado todo el día entrenando con Kakashi-sensei. Sus posibilidades de ganar contra Ryo eran ínfimas… a no ser, claro, de que utilizase el sharingan y revelase oficialmente su secreto.

Esquivó una vez más la embestida de Ryo; oyó como Sayu suplicaba que parasen ya. No podía entretenerse, debía concentrarse en derrotar a Ryo. Pero no sabía cómo, puesto que Ryo era uno de los mejores ninjas de su generación, y estaba fresco para la batalla, mientras que Hikaru venía exhausto. Decidió atacar. Pero sus movimientos eran torpes y lentos, y Ryo se adelantaba a ellos. Sin embargo, lo hacía con una premeditación asombrosa, una premeditación que no era normal… confirmando sus sospechas, Hikaru levantó la mirada y miró a los ojos de Ryo. Se quedó sin respiración y la boca se le quedó seca, trató de buscar una explicación razonable a todo aquello, pero su confusión sólo aumentó. Trató de contener un grito de alarma cuando el puño de Ryo se hundió en su estómago, pero la incredulidad le hizo jadear de dolor. Salió despedido por los aires, y al caer otra vez en el suelo, como un guiñapo, sabía que iba a perder. Intentó incorporarse para ver a Sayu, que estaba sentada y con la mirada perdida, como si estuviera en trance. Cualquier esperanza de que ella acudiese a su rescate se desvaneció; parecía estar presa de algún fuerte genjutsu.

Ryo se aproximó al lado de Hikaru, y hundió su pie en la cabeza de Hikaru. Hikaru no sabía de lo que era capaz Ryo, de si sería capaz de matarlo, así que, haciendo acopio de fuerzas, miró valientemente por última vez a los ojos de Ryo, que emitían destellos rojos, muy propios del sharingan.

Porque de alguna manera, Ryo también poseía el sharingan. Y era evidente que de forma mucho más efectiva que Hikaru.