Hacía tiempo que no pasaba por aquí, sin embargo, ¡Aquí estoy! La historia continúa… =)

CAPÍTULO 15

Ryo corría desesperadamente por el frondoso bosque. A pesar de haber pasado toda la noche corriendo, y encima con un tobillo roto, la simple idea de regresar a la aldea se le antojaba imposible. Por mucho que el cansancio agarrotase sus miembros, el miedo al rechazo impulsaba su cuerpo hacia delante, sin descanso.

Jamás se había sentido parte de la aldea, a pesar de tener unos buenos padres adoptivos, y de haberse sentido aceptado por un grupo, su equipo con Otani y Yurisa, y su consolidada relación con la chica más guapa de la aldea, Sayu,… lo reconfortaban y lo hacían sentir parte de algo importante. Porque, lejos de la imagen arrogante que tenía Hikaru de él, Ryo era un chico muy inseguro que se ocultaba tras una máscara de petulancia y altanería. Mostrarse tal y como era ante los demás le trajo la desgracia, así que decidió hace ya bastantes años que no se dejaría pisotear otra vez. Sin embargo, rauda y veloz, la imagen de Sayu besando a Hikaru apareció en su mente. Y otra vez volvió aquella sensación enterrada en lo más hondo de su ser, haciendo que no sólo se sintiera estúpido, sino engañado por sus ilusiones.

En su interior, él era en todos los sentidos un fracaso. Ni sus padres habían querido tenerlo a su lado, por eso lo abandonaron. En el orfanato nunca llamó la atención, pero al ir a la academia, descubrió su gran potencial, y era eso lo único que le motivaba, porque apenas tenía amigos. Hasta que conoció a Hikaru, por supuesto. Porque su rivalidad tuvo un punto de partida, y marcó decisivamente la infancia de Ryo.

Echar la vista atrás y ver a dos niños jugando, uno moreno, el otro rubio, riendo, pasándoselo en grande. Se podía ver que aquello podía ser el principio de una gran amistad, porque los dos tenían la misma edad, y un parecido gusto por los juegos basados en la competitividad.

Pero entonces, ocurrió. Un extraño accidente hizo que Hikaru cayera de una altura de tres metros y se diera de bruces contra el suelo. La arena amortiguó la caída, pero las heridas eran importantes, sobre todo en un niño de su edad. Y en lo alto de aquel muro estaba Ryo, por supuesto. No fue el resentimiento que le guardó Hikaru lo que decidió aquella rivalidad, sino la reacción de los de su entorno. Puesto que, nada más ocurrir el accidente, todos los padres en aquel parque prohibieron a sus hijos jugar con ese niño, además de gritarle numerosos insultos, en su mayoría atribuidos a sus orígenes, -Este va a terminar igual que su padre- o –Debían de haberlo matado nada más nacer, como a todos los de su estirpe- (ocurría que a pesar de que su árbol genealógico era desconocido para todos, no se imaginaban que unos padres, dadas sus costumbres, dejase un hijo al cuidado de otros).

Curiosamente, Ryo no había tenido nada que ver con la caída de Hikaru, ambos estaban escalando un muro algo peligroso, situado a unos metros de un parque infantil, y Hikaru tropezó con uno de los salientes. Ryo se había adelantado y cuando estuvo en la cima se dio cuenta de lo que había pasado, pero ante la avasalladora ofensiva de los padres, Ryo no pudo defenderse.

Así que a tan prematura edad empezó a odiar, por ser odiado. Y ello había conllevado a que ahora estuviera huyendo de la aldea.

Un ruido atrajo su atención, y se paró de golpe. Ryo miró a su alrededor entornando los ojos, sentía la presencia de alguien… o algo. Sacó un kunai y lo alzó con seguridad. Un conejo salió corriendo de un arbusto y éste suspiró aliviado mientras bajaba el arma.

De pronto, sintió el filo de un kunai sobre su garganta mientras una voz aterradora le susurraba al oído:

-¿Qué hace un muchacho como tú tan lejos de su aldea? Espera que lo adivine… ¿Has hecho algo malo, verdad? –Una risa profunda hizo que Ryo sintiera verdadero miedo. –Bueno, ya somos dos. Voy a hacerte una serie de preguntas que quiero que respondas con total sinceridad. ¿Te parece bien?

Ryo asintió. Su enemigo, que estaba detrás de él, apretó con más fuerza el puñal contra su garganta:

-Si no respondes, morirás. Bien, ¿Te ha seguido alguien?

-Que yo sepa, no. Pero me estarán buscando.

-¿Qué sabes acerca de Uzumaki Hikaru? –Preguntó aquel hombre, tras una larga pausa.

Aquella pregunta le pilló desprevenido a Ryo, pero ante la amenaza se apresuró a responder.

-Es el hijo del Akage, conocido por todos en la aldea.

-Esa no es la respuesta que quiero escuchar. –Dijo él chasqueando los dientes. –He dicho que fueras totalmente sincero.

-Es la persona que más odio en este mundo. –Dijo Ryo alzando la voz. –Está acostumbrado a que todo el mundo lo trate de forma especial. Siempre consigue lo que quiere, y no le importa hacer daño a los demás para conseguirlo.

Y diciendo esto, en un rápido movimiento, consiguió deshacerse del kunai de su agresor, se alejó unos metros de él y al ver a su enemigo, su corazón por un momento se olvidó de latir.

-¿Q-qué… eres?

Él enemigo sonrió de oreja a oreja, dejando entrever sus dientes afilados.

-Llámame Zetsu, ¿Quieres? –Dejó de sonreír. –Yo tampoco soy muy bien recibido en esta aldea, y hasta el momento había estado bien escondido, pero, algo me dice que no puedo seguir aquí. Me dejé ver por la persona equivocada, y huelo la traición a kilómetros.

Ryo lo miró interrogante. Sabía que Zetsu no iba a dejarlo ir así como así, sin embargo lo que dijo a continuación lo conmovió profundamente:

-Te propongo un trato… O te alías conmigo o mueres.

Hikaru apenas podía creerlo. Todos sus dolores parecían haberse esfumado, los propios médicos parecían sorprendidos por su rápida recuperación.

Ellos no saben que yo no soy normal pensó Hikaru mientras se deshacía de las vendas.

Su padre, Naruto, interrumpió el proceso cuando entró en la habitación. Parecía seriamente preocupado, y su cabello empezaba a clarear, en una evidente demostración del envejecimiento que estaba sufriendo en tan pocas horas.

-Hikaru. –Dijo él mirándolo fijamente. –Yo he sido más que sincero contigo, ha llegado la hora de que tú también lo seas conmigo. ¿Con quién te has ido reuniendo estos días? ¿De qué hablabais? ¿Tramabais algo juntos?

Ambos se miraron a los ojos, y Hikaru, a pesar de todo lo que había pasado entre ellos, todo el rencor, todas las mentiras y todo el resentimiento acumulado, se veía incapaz de mentir a su padre. Y menos si él por fin había dado luz a todas sus dudas.

Así que se lo contó todo, de principio a fin. Cómo él se había ido a desahogarse fuera de la aldea, cómo había caído en una grieta y se había encontrado con un ser llamado Zetsu, cómo le había llenado la cabeza de falacias acerca de su padre, cómo se había ido ganando su confianza, el entrenamiento que tenía como objetivo dominar completamente a otro ser humano, incapacitándole o simplemente sometiéndolo a su voluntad, y cómo, ciego de rabia, había sido incapaz de ver las verdaderas intenciones de Zetsu, alejándolo de la buena senda, de su padre.

Tras esta confesión, lo último que esperaba que hiciera su padre era que entrase en cólera, sin embargo así fue. Cogió a su hijo de la garganta, y lo alzó varios metros, haciéndolo chocar contra la pared.

-Así que, mi joven alumno, has decidido delatarme. –El rostro de Naruto se transformó en la parte blanca de Zetsu, que le dedicaba una media sonrisa. –No estaba previsto que pasase esto, tenías un futuro prometedor. Tranquilo, seré lo más breve posible. Enviále un saludo a la chica rubia de mi parte en el otro lado. No fue fácil deshacerse de ella, al parecer, fue la única que me detectó como un intruso, el clan Inuzuka sí que tiene un buen olfato…

Hikaru boqueó desesperado. Jamás pensó que su vida terminaría así. Sin embargo, sus últimos pensamientos fueron dirigidos hacia Yurisa, que hasta en el último instante había estado protegiéndole, a costa de su vida…