Los hijos de las familias White y Grandchester eran inseparables. Terry Grandchester tenía siete años, era un niño Inquieto, le encantaba explorar nuevas cosas y le encantaba meterse en problemas. Por esta razón era el cómplice ideal de Candy, la hija de los White, una pequeña que nunca se estaba quieta, le encantaba el aire libre y salir sin permiso de su casa. Con tan solo siete años ellos dos eran los mejores amigos. Iban a la escuela juntos y cuando salían después de jugar un rato juntos y comprar un helado el chofer de los Grandchester se encargaba de llevar a Candy a su casa y regresar a Terry a la suya.
Richard, Eleanor, Alice y Víctor estaban encantados con la buena relación que tenían sus hijos. "son como nosotros" decían cuando los sorprendían en una travesura.
Los abuelos de ellos que en ese entonces se encargaban del manejo de las empresas veían en los niños una gran oportunidad y la salvación de ambas familias. "estoy seguro que algún día se comprometerán" decía uno "solo espero que Candy aguarde" "¿de qué hablas?" "mi nieto estudiara en Inglaterra, se formara allá y regresará a ocupar el lugar que le corresponde aquí" "¡estás loco! ¿Para qué te lo vas a llevar?" "es una tradición y una gran oportunidad para formar un hombre de bien. En Inglaterra aprenderá todo lo necesario para dirigir esta empresa" esta conversación terminó en una discusión entre los grandes amigos, White se empeñaba en convencer a su socio de no llevarse a Terry. Sabía que eso perjudicaría mucho a ambos niños pero la decisión ya estaba tomada y Terry se iría por mucho tiempo de América y tal vez algún día regresaría.
- ¡yo no me quiero ir!- decía en medio de sollozos
- es por tu bien hijo- intento consolarlo su padre. Él tampoco quería separarse de su hijo pero ya no había vuelta atrás. Richard comenzaría a hacerse cargo de los negocios en América y su padre viajaría con Terry hasta Inglaterra.
Los papeles en la escuela estaban listos, el viaje era seguro, la casa seria donde el mismo Richard se crió.
- ¿por qué te vas?- le pregunto Candy cuando se enteró
- mis padres no me quieren aquí- respondió molesto ya que eso era lo que él creía
- ¿vas a volver?
- no lo sé, espero que sí. No quiero pasar toda mi vida allá. Papa dice que el clima es muy feo, que llueve siempre y hace frío- se quejó con su mejor amiga.
Cuando se separaron fue un completo drama, Terry se despidió de la familia White llorando. Candy le dio ánimos y le pidió que se portara mal en Inglaterra y que tal vez ella algún día fuera a verlo para hacer más disparates juntos. Terry le sonrió y con esas palabras grabadas en su mente se despidió de sus padres y abordó el avión en compañía de su abuelo.
Después de la despedida Candy cambio mucho, ya no era la niña traviesa que solía ser. Iba a la escuela y regresaba inmediatamente en compañía de su madre. Las tardes en los parques de la ciudad estaban olvidadas, comprar helados era un recuerdo del pasado. Solo una cosa era constante, detrás de la casa había un enorme árbol que le encantaba trepar. Era peligroso pero eso no le importaba. Cuando sus padres no estaban en casa o no la veían trepaba hasta la cima y se quedaba viendo todo su entorno.
Una tarde en la que hizo eso el cielo se nubló completamente, los truenos la asustaron y decidió bajar para entrar a su casa. Comenzó a bajar cuando un trueno la asusto aún más. Con el sobresalto perdió el equilibrio y la fuerza para seguir sujetándose del tronco. Cayó cinco metros y al tocar el suelo se golpeó la cabeza con una roca...
Cuando Terry piso tierra británica se sintió peor. Estaba nublado y la llovizna comenzaba a cubrir toda la ciudad. "vamos muchacho" le dijo su abuelo tomando su mano para llevarlo al auto que ya los esperaba para llevarlos a la casa del terror como Terry la llamo toda su vida. Era enorme, obscura y fría. A primera vista le daba miedo a cualquiera y más a un niño que no quería estar ahí y que había visto varias películas de terror y suspenso donde pasaban cosas escalofriantes en ese tipo de casas.
Comenzó a tomar sus clases en uno de los mejores colegios de Inglaterra una semana después de su llegada para después ingresar al Colegio san Pablo conocido por su excelente nivel académico, por su estricta disciplina y por egresar a personas exitosas en todos los ámbitos, después estudiaría en Oxford para continuar con una carrera exitosa.
Terry se esforzaba en dar lo mejor den si para que su abuelo y sus padres estuvieran orgullosos de él y lo estaba logrando, era uno de los mejores estudiantes y solo tenía siete años. Pero seguía sintiéndose solo y triste. Extrañaba a sus amigos, su familia, sus juegos en el parque, el helado terminando las clases y la compañía de su cómplice.
El primer invierno que Terry pasó en Inglaterra fue horrible, no estaba acostumbrado a las bajas temperaturas y en poco tiempo comenzó a tener fiebre, una fiebre que lo dejo en cama por una semana teniendo delirios y perdiendo sus fuerzas.
Después de la dura caída que tuvo Candy estuvo mucho tiempo en cama inconsciente, sus padres estaban preocupados por ella, sabían que estaba triste y no podían hacer nada para reanimarla, hasta que llegaron a una determinación. Con el pretexto del accidente la ayudarían a olvidar.
- es muy pequeña, olvidara pronto
- será lo mejor para ella
Ese invierno lo pasaron en la casa que tenían a las afueras de Chicago. Candy conoció a nuevos amigos. Tom un niño que vivía con sus padres cerca de la propiedad de los White. Albert un rubio niño que estaba de vacaciones con su abuela y su hermana muy cerca de ahí. Los tres se conocieron y en poco tiempo hicieron una muy buena amistad. Después de mucho tiempo Candy sonreía nuevamente y se divertía como antes, aunque no con la misma compañía, pero al fin había logrado olvidar. El golpe que había sufrido en la cabeza la había hecho tener ciertas lagunas metales que convinieron a todos para que dejara la tristeza a un lado.
En Inglaterra la situación no fue muy diferente, el abuelo de Terry tenía una gran amistad con la familia Cornwell que tenían un hijo llamado Archie de la misma edad de Terry. Comenzaron a estudiar juntos y pronto se hicieron amigos.
Ya ninguno de los dos preguntaba por el otro. Ambos tenían nuevos amigos y nuevas vidas.
Los años fueron pasando y ellos crecieron. Uno en Inglaterra convirtiéndose en un muchacho prepotente, engreído y déspota todo esto gracias a los halagos por parte de todos los que lo rodeaban haciéndole creer que no había nadie mejor que él. Era un chico atractivo que podía tener a cualquier mujer a su lado pero eso era lo único en lo que no estaba satisfecho. Había tenido novias, eso era normal pero no se sentía a gusto con ninguna. Solo una vez en el último año de su carrera tuvo una larga relación con una joven americana muy linda e inteligente.
- se parece a alguien- le dijo una vez a su abuelo- ese cabello alborotado y esos ojos los he visto en alguien más
- ¿en quién?
- no sé, no lo recuerdo.
- Terry has pensado en casarte alguna vez- le preguntó su abuelo
- ¡¿casarme yo? No, eso no está en mis planes próximos ¿porque?
- por que algún día tendrás que hacerlo
- espero que no, y si llego a hacerlo será con la persona que en verdad sea la indicada
- ¿cómo sabrás quién es?
- cuando la conozca lo sabré
Candy creció siendo una mujer admirable, se hacía notar entre todos sus compañeros en el Colegio, era una de las mejores estudiantes de Harvard. Era una joven alegre, independiente, inteligente, luchadora y perseverante. Tuvo algunos novios con los que paso tiempos inolvidables pero ninguna relación seria. Con los únicos hombres con los que nunca perdió contacto fue con sus dos mejores amigos, Albert y Tom.
Albert estudio con ella desde la preparatoria y Tom solo era un gran amigo a distancia.
Un año después de que Candy terminara su licenciatura comenzó a trabajar en la empresa familiar. Al principio como mano derecha de su padre y ocho meses después se encargó de cerrar su primer negocio con una empresa francesa. En compañía de Cole otro licenciado encargado del proyecto viajó a París. Pero se habían equivocado en cuestión de fechas y llegaron una semana antes. Una maravillosa semana en que un par de jóvenes se dedicaron a divertirse en grande...
Terry termino de estudiar y por algún tiempo se dedicó a no hacer nada. Con la muerte de su abuelo se revelo aún más. Sus padres vivían en América y él era un joven que vivía en completa libertad en Inglaterra.
Por iniciativa de su mejor amigo Archie decidieron hacer in viaje a Francia por unas semanas. Tenían la libertad y el dinero suficiente para hacerlo así que en cuestión de días viajaron a la ciudad de las Luces. Estuvieron algunos días por París hasta que decidieron trasladarse a Lyon.
Candy y Colé ya habían pasado buena parte de su tiempo en París así que decidieron aventurarse a un lugar más alejado. Como personas adultas arreglaron a donde irían. Compararon un mapa y lo extendieron sobre una mesa.
- donde caiga la moneda- dijeron al mismo tiempo que la lanzaban.
- ¡Lyon! ¡Allá vamos!- tomaron sus cosas y tomaron el tren que los llevaría a hacer cosas que nadie creería.
Llegaron a Lyon el día de brujas de ese año, la vida era una fiesta verdadera para personas de todas las edades. Niños pidiendo dulces y dinero, familias haciendo fiestas y jóvenes que se la pasaban en bares celebrando aquella escalofriante noche.
Terry y Archie llegaron a uno de los mejores bares de la ciudad.
- Para entrar tienen que pasar la prueba de fuego. Dijo el hombre de la primera puerta
- ¿cuál es? El guardia se rio y sirvió un trago de whiskey
- Hasta el fondo. Ambos rieron divertidos, brindaron y no pararon hasta no ver el fondo de la copa
- Ya pueden entrar, aunque no era necesario. Se burló el guardia y los dejó entrar.
Entraron al bar y una camarera les dio un antifaz a cada uno.
- No se lo deben quitar hasta que se retiren. Se pusieron los antifaces y fueron por las primeras copas de la noche…
Candy y Cole llegaron al mismo bar y fueron obligados a pasar la misma prueba.
- ¿es necesario? Preguntó Cole
- Vamos Cole, no me digas que no te atreves. Se burló Candy
- Lo decía por ti
- ¿por mí? ¡ah! Descuida, es solo el primer trago. Dijo vaciando el contenido, cuando lo terminó hizo un gesto gracioso ya que el whiskey le había raspado la garganta. Cole también tomó y entraron al bar no sin antes recibir también su par de antifaces. Fueron a la barra del bar y pidieron la primera ronda de alcohol.
- Cole, a las tres hay un par de chicas que no dejan de mirarte. Dijo Candy. El chico volteó a verlas
- Seguro vienen acompañadas. Dijo sin darles importancia.
- No seas aguafiestas, ve con ellas. Lo animó Candy
- Pero y tú
- No yo no voy. Se rio
- Claro que no quiero decir que te quedaras sola
- Vamos, este lugar está lleno, no creo sentirme sola aquí, además mi amigo el señor whiskey me acompañará en la velada. Le dijo levantando su copa. Ve por ellas.
Cole le agradeció y tomó su copa para dirigirse al par de chicas que estaban en una de las mesas centrales del lugar, no tardó mucho en hacer conversación y pasó el resto de la noche con ambas, riendo, bromeando, bailando y bebiendo.
- Un whiskey en las rocas. Se escuchó la voz de un hombre al lado de Candy. Puso unos billetes en el vaso de la propina y se sentó a su lado- ¿vienes sola?
- No
- ¿vienes con el Hombre Invisible entonces?
- Ja, ja, no, lo deje en casa… rió ella
- ¡americana! Dijo sorprendido al reconocer el acento
- ¡ingles! Dijo ella imitando el tono de voz de él
- Así es, ¿qué haces en Francia?
- El destino me trajo
- En ese caso, brindemos por el destino. Levantó su copa y ella hizo lo mismo. Por hacernos coincidir
- Salud por eso. Dijo ella
- ¿y entonces?
- ¿entonces qué?
- ¿vienes sola o no?
- No, vengo con un amigo
- Un amigo… dijo serio
- Sí un amigo, está allá. Señaló en dirección a Cole que bailaba con una de las chicas
- Vaya amigo si te dejo sola
- Sola no, llegaste tú
- Eso es cierto… salud por ello. Se rieron y tomaron de nuevo.
Estuvieron charlando y tomando más y más…
- Un momento, tú si vienes solo
- No, se supone que venía con un amigo pero desapareció
- Con que un amigo. Dijo divertida entendiendo otra cosa. A simple vista no lo pareces
- ¡no soy gay! Se quejó
- ¿en serio?
- Lo puedo jurar
- Ja, ja está bien, está bien, te creo
- Hay mucha gente aquí no crees. Dijo él después de aclarar la situación, ella asintió. Te gustaría ir a un lugar más privado
- ¿a dónde?
- A la planta alta, ahí hay menos personas
- De acuerdo. Aceptó sin saber por qué.
- ¿qué cuestiones del destino te trajeron aquí?
- Un negocio. Tenía que estar en Paris pero llegué un poco antes
- ¿estarás aquí mucho tiempo?
- No, tengo que regresar para el lunes
- Es decir mañana…
- No… no… hoy es… hoy es sábado. Dijo segura
- No, hoy es domingo y por lógica mañana es…
- ¡lunes! Gritó lo siento pero me tengo que ir, debemos llegar a Paris ya. Se puso de pie y caminó hasta la escalera
- ¡espera! La detuvo rozando su brazo. Al menos hay que despedirnos
- ¿cómo?
- La última. Señaló una copa de champagne que había ordenado a un camarero. La de despedida
- Bueno. Dijo sin más remedio. Él sirvió las copas y le extendió una.
- Por haberte conocido. Dijo él
- Por haberte conocido. Repitió ella. Bebieron y él sin más ni más la tomó por la cintura y la beso, ella un poco sorprendida se aferró a él y correspondió ese inesperado y apasionante beso.- me tengo que ir. Dijo con la voz entrecortada
- Creí que lo habías olvidado. Se quejó
- No, aun no estoy tan ebria. Se burló, le dio un fugaz beso y sonrió. Me voy
- ¡espera! Llévate esto. Dijo dándole un fino pañuelo
- ¿para qué?
- Como recuerdo de esta noche, la noche en que besaste a un completo desconocido
- Mmm, supongo que yo debo darte algo también ¿no? Él se encogió de hombros. Ella pensó
en qué podría darle hasta que pasó su mano por su oreja. Se quitó un arete y se lo dio- son mis favoritos
- Lo conservaré… dijo él con voz grave
- Adiós
- Adiós. Candy bajó por las escaleras con una sonrisa en el rostro. Buscó a Cole y lo convenció de dejar el bar
- ¡mañana es lunes tenemos que irnos!
- ¡qué!
- ¡mañana es lunes! Gritó de nuevo. Cole se recuperó del efecto del alcohol y procesó el dato. Pagó lo que había consumido y salieron del lugar, no sin antes voltear a ver la planta del bar donde un joven de cabello castaño y porte ingles estaba recargado el barandal, con una mano le dio el último adiós y salieron. Después de esperar cinco minutos tomaron un taxi y pidieron que los llevaran a su hotel para tomar una ducha y recoger sus cosas. Terry se quedó en el bar y después de pensarlo unos segundos bajó corriendo dispuesto a alcanzar a la rubia joven. Vio al auto al que habían subido e hizo lo mismo con el que habían rentado, lo encendió y manejó como loco por tres manzanas tocando el claxon para llamar su atención. Llevaba la vista tan fija en el otro auto que no se fijó que iba en el carril equivocado y chocó de frente con otro auto.
El conductor del taxi escuchó el rechinar de las llanas y el impacto
- Il est fou! (está loco) dijo riéndose del choque. Ambos pasajeros voltearon a ver pero no vieron nada más que las luces del auto que venía atrás de ellos.
Terry bajó fúrico del auto, ¡genial! Ahora tenía que discutir con un francés, arreglar lo del choque y olvidarse de la chica. Bajo del auto y comenzó a disculparse con el que suponía era un francés
- Calma hijo. Dijo el señor quien resultó ser el señor Conte que estaba de vacaciones en Lyon. Llevabas prisa ¿no es cierto?
- Sí señor, perdone llamaré…
- Tranquilo que tenemos tiempo, ahora dime quien eres, el caballero de la noche, porqué llevas un antifaz
- ¡lo siento! Dijo quitándose el antifaz que había traído consigo toda la noche
- Ahora se te ve la cara, ¿cómo te llamas?
- Terrence Grandchester
- ¡Grandchester! ¿eres hijo de Richard Grandchester?
- Así es…
- Entonces no hay de qué preocuparse…
Después de regresar a Paris y de no haber descansado nada Candy y Cole llegaron a tiempo para la junta.
- Candy… te falta un arete
- ¿qué? Se llevó la mano a la oreja y recordó dónde lo había perdido. Seguramente se me cayó. Se quitó el otro que llevaba puesto y entraron a hacer su trabajo aun con un intenso dolor de cabeza por la resaca de la noche anterior. Aunque ellos no fueron los únicos. Terry despertó en el hotel con una terrible jaqueca pero con un pendiente en forma de gota y un dulce sabor en los labios.
Hola chicas, lamento la tardanza pero estaba enfocada a otro fic que al fin pude terminar, gracias por leer y dejar sus comentarios, a ver que le spareció este.
GRACIAS A:
* Amparo de Grandchester, hola! espero haber aclaro tus dudas... ya sabes cualquier comentario es bien recibido :) Quiero agradecerte por tus lindas palabras en "seamos amigos amor mio" es un gran logro haberlo terminado y uno mayor el recibir sus coemntarios, en vdd no tengo palabras con que agraderte :) y decuida entiendo tu amor por Terry jeje muchas gracias por lo de gran escritora, eres maravilloda para levantarle en animo a las personas. como cierta pecosa que conocemos, te quiero mucho Amparo muchas gracias por tu apoyo y tu amistad. te mando un saludo y un abrazo enorme
* janet, hola! gracias por seguir aquí! espero que te haya gustado este capitulo.
* Corner, gracias por haberlo intentado
* rgrandchester, hola! perdon por la desilusipon pero no me gusta dejar un capitulo sin agradecer por eso lo agregué como si fuera un capitulo, pero en recompenza a eso aqui está lo que pasó cuando eran pequeños
* Oligranchester, hola! bienvenida a esta nueva historia, muchas gracias por tus palabras en "seamos amigos amor mio" ha sido una experiencia inolvidable y un gusto enorme recibir en cada capitulo un comentario, muchas gracias y que bueno que me acompañas ahora cn esta historia, veamos que pasa. de susana no se le va a acercar a Terry, tenia pensado algo para ella pero cambie de opinion, ya despues veremos, los celos... si... ;) pero no se ha dado cuenta un saludo y un abrazo enorme =)
* raqhu hola, espero te haya gustado el capitulo, tal vez si sean celos :)
GRACIAS POR LEER
