Bella Pov

— ¡Bella abre la maldita puerta! ¡Ahora ya! —Grito Alice otro lado de mi hermosa puerta— ¡Si no me abres quemare tus estúpidos CALZONES virginales y vendrás conmigo a comprar lencería de zorra!

Dios, no.

Salte de la cama, adormilada a mas no poder, y abrí la puerta que la noche anterior le había puesto seguro por esta misma razón. Alice estaba de pie con un pequeño maletín. Maquillaje, genial, me encanta tener 5 kilos de que hacen que parezca maniquí de escuela de estilistas —nótese el sarcasmo—.

—Alice…—gruñí.

— ¡Hey! Bells, perdóname pero te ves horrible—me miro inocentemente, apuntando unas pequeñas bolsas moradas debajo de mis castaños ojos—Deberías dormir mas…—me aconsejo.

"¡Dormiría mas si no vinieses a las 6.00 de la mañana, pequeña zorra!"

—Vete al infierno, Alice—dije, abriendo más la puerta para que entrara en mi habitación. Alice se sentó en mi cama doble que estaba pegada a una ventana, esta tenía una vista magnifica de Seattle. Mi habitación era muy linda, la habían decorado Alice, Rose y Esme, madre de Alice. Las paredes era de un tranquilo azul claro, pegada a una de las paredes estaba mi estante con mis libros y también fotografías de mi familia. Frente a la cama se encontraba un sillón de tres cuerpos de cuero blanco y cojines redondos de colores vivos. Al lado de este había una pequeña mesita de madera negra y una lámpara moderna blanca. Mi armario, de este hablaría toda mi vida y aun así no terminaría, era tan grande que el espacio sobraba. Solo era una puerta indefensa por fuera, pero por dentro el mismísimo diablo, Alice, se había encargado de él.

El piso era demasiado grande, la habitación de Alice y Rose era aun mas grande, pero a mí me había gustado esta por la hermosa vista.

—Oh, ya he ido. Créeme es ardiente—me miro diversión y el terror fingido en sus delicadas y pálidas facciones.

—Como anoche con Jasper— susurre para mí.

—Perdón ¿has dicho algo? —bueno no tan para mí.

—Eh… Si, digo no—balbucee— Pasa, Alice— suspire aliviada.

Abrió su maletín dejando a la vista sus pinturas por todo el cubrecama color morado.

—Alice…—comencé calmadamente— duermes en la habitación de al frente—me miro inocentemente… "Bella, calma. Cuenta hasta diez. Uno… … ¡Diez! — ¿QUIERES DECIRME PORQUE DEMONIOS ME DESPIERTAS A ESTA HORA?—grite a los cuatro vientos.

—Porque vivimos hace 2 años juntas y te conozco—levanto una mano a su corazón—después te escapas de mi—sollozo teatralmente.

—Wow… deberías ser actriz—me senté a su lado.

Alice iba a responder cuando entro el segundo diablo de este departamento.

— ¿SE PUEDEN CALLAR EL PAR DE COTORRAS?

Me quede petrificada, al igual que Alice. Dios, pobre de Emmett, si se enoja... No me gustaría estar en su lugar.

—Perdón—dijimos Alice y yo al mismo tiempo. Rosalie se sentó en el sillón que había frente a mi cama.

Alice revolvía sus pinturas un tanto nerviosa, estaba a punto de preguntarle que le sucedía cuando hablo.

—Necesito decirles algo —dijo Alice seria. Esto no es bueno, la chica de cabello corto, peinado en puntas en todas las direcciones, de un color azabache y unos ojos verdes esmeraldas, nunca había estado más seria ahora. La duende siempre estaba dando saltitos de alegría.

Hubo un silencio, mire a Rose y empezamos a hablarnos con la mirada. Sí, eso con Rose era posible, todo con ella lo era.

— ¿Recuerdan a mi hermano, Edward? —rompió el silencio con voz temblorosa.

¿Cómo no acordarme? Si cuando tenía 12 años estaba completamente enamorada de él. Sus ojos verdes idénticos a los de Alice, ya que eran mellizos. Pero mi enamoramiento se fue cuando un día nos dijo que tenía novia. Tanya Denali, una rubia hermosa, no al nivel de Rosalie, quien era rubia natural y tenía una curvas perfectas, unos ojos azul eléctrico y una tez pálida como la mía, Tanya era una rubia dependiente del tinte y operada desde los 16 años y también increíblemente estúpida. Si, aun le guardo envidia. La familia Cullen no la aceptaba pero al ver a Edward feliz estaba bien.

Nunca pensamos que su "amor" duraría, pero eso lo confirmo Edward cuando le pidió matrimonio a Tanya frente a la familia. Yo también estaba ahí y es que quería mucho a Edward y él quería que estuviera presente. Se casaron y al poco tiempo Edward se fue a New York, donde le ofrecían un trabajo en el mejor hospital, el no podía rechazarlo y se fue.

Cuando fuimos a despedirlo, me agarro de un brazo y me abrazo.

—Prométeme que me escribirás, Bells—me miro fijamente acunando mi rostro en sus manos.

—Te lo prometo, Edward— dicho esto beso mi frente y se giro. Tomo de la mano a Tanya y desaparecieron entre la gente. Me dolió, nunca pude decirle mis sentimientos, pero eso ya es pasado.

Le mandaba cartas y me las devolvía pero al año dejo de enviarme cartas. Llego la noticia de que Tanya estaba embarazada.

Al nacimiento de la pequeña Carlie, Tanya murió. Todo fue horrible, a los Cullen no les gustaba Tanya pero había un bebe de por medio y eso lo hacía peor. También el hecho de que Edward llamara a su propia hija una asesina no ayudaba en nada y eso me partía el corazón. Edward no era así, seguro la amaba muchísimo.

— ¿El sexy doctor Cullen de 26 años? — intente aligerar el ambiente tenso de la habitación. Alice rio sin ganas.

— ¿Qué pasa con él, cariño? —pregunto Rose maternalmente.

—Edward y Carlie se mudan a Seattle. Mi hermano no soporta a la pequeña—sollozo Alice— si se vienen acá, mama y papa podrían ayudar con la crianza y así hacer entrar en razón a Edward.

Me acerque a ella y acaricie su mano con pequeños movimientos circulares en el dorso. Con la otra mano seque la pequeña lágrima de su mejilla.

Rosalie se levanto y froto su espalda.

—Te apoyaremos en todo, cariño, querremos a esa pequeña como nuestra propia hija—sonrió Rose.

—Gracias, solo necesito algo—me miro fijamente— necesito tu ayuda, Bella.

—Dime, cariño—le anime.

—Se la niñera de Carlie, necesita a alguien a su lado. Edward te pagara bien y podrás pagar sin dificultades la universidad—su mirada era pura suplica.

—Alice, no se… no creo que este capacitada para cuidar a la hija de tu hermano.

—Tu sueño es ser escritora ¿no? Esta es tu oportunidad, Bella. El dinero servirá para pagar tus clases. Te lo pido a ti porque confió en ti, Bells. Además eras muy cercana a Edward.

"Era, Alice."

—Está bien, pequeña. Solo sonríe y todo arreglado—le sonreí

Se me abalanzo y caí de espaldas al colchón con Alice saltando encima mío. Daba saltitos chillando de la alegría, esta era Alice.

— ¡Celebremos con maquillaje! Barbie Bella, ven aquí. —palmeo un espacio en la cama. Me senté a su lado. Suspire. ¡Yupi! Allie volvió.

—Oh, no cuenten conmigo. Buenas noches cotorra 1 y 2—bostezo y se dirigió a mi sillón, se acomodo y se quedo dormida al cabo de 2 minutos.

Nos quedamos a hablar en mi cama con Alice, acurrucadas debajo de las mantas de mi cama.

Carlie, según Alice, era una hermosura de cabello bronce y lacio, largo hasta su cintura. Tenía unos ojos verdes iguales a los de su padre, solo que más claros, un verde azulado, grandes pestañas y piel pálida como la cal. Idéntica a Edward. Este no la reconocía como su hija, es más, la despreciaba. Claro, conocí a Edward cuando tenía 12 años, al cabo de 1 semana ya estaba enamorada de él y Alice lo sabía. Ahora desconocía al hombre frio y estúpido que me describía Alice. ¿Dónde quedo el Edward tierno, cariñoso y mi amigo?

De tan solo escuchar todo esto lo empezaba a odiar, pero lo comprendía de alguna forma

¿Qué harías si el brillo de tus ojos no volviera?