Notas de la traductora: He aquí, llegamos al final del fic. Tengo que deciros que me ha encantado traducir esto, y que podéis hacerme cualquier sugerencia para cualquier otro fic que queráis ver en vuestro idioma. Os quiero! Gracias por quedaros hasta el final. Hasta otra! xx
update: en mi perfil tenéis una encuesta en la que podéis votar qué fanfics queréis que traduzca primero, las sugerencias siguen en pie!
Kurt y Blaine están sentados en la sala común de último curso una tarde-noche, unas cuantas semanas después de Seccionales (donde habían empatado con Nuevas Iniciativas en el primer puesto, algo con lo que Kurt estaba muy agradecido), y hay un fuego llameante en la chimenea, calentándoles a los dos mientras la nieve cae silenciosa fuera del edificio. Ahora mismo están sentados en una mesa, con las cabezas inclinadas sobre varios apuntes y libros de texto, intentando prepararse para un examen de química juntos.
La puerta se abre de pronto y entra Elliot, con cara de aburrimiento.
Pero entonces los descubre en la mesa a los dos y les mira con desprecio.
"Por supuesto," se burla Elliot, "Vosotros dos estaríais juntos."
Blaine suelta un fuerte suspiro, deja su boli y se gira para encarar a su ex novio.
"¿Necesitas algo?" pregunta Blaine, y Kurt puede ver que está haciendo un gran esfuerzo por conservar la paciencia.
"Nada de vosotros, eso está claro."
"Bueno, pues haz lo que sea que has venido a hacer y luego vete, por favor. Kurt y yo estamos intentando estudiar," dice Blaine, volviendo la vista a sus apuntes.
"Claro. Estoy seguro de que estudiar es todo lo que estabais haciendo."
"¿Por qué no puedes dejar las cosas como están?" replica Blaine.
"Tú eres el que se está pegando al tío por el que me dejaste" replica Elliot. "Estoy bastante seguro de que tengo el derecho de estar enfadado."
"Kurt y yo no estamos juntos," le informa Blaine. "E incluso si lo estuviéramos, ya ha pasado más de un mes desde que cortamos, Elliot. Supéralo."
Kurt se tensa, observando a los dos chicos, con la mirada yendo de un lado a otro como si estuviera mirando un partido de tenis extremadamente intenso. Elliot tiene una horrenda mueca en su cara y, no por primera vez, Kurt se pregunta cómo pudo Blaine ver algo que valiera la pena en ese chico.
"Yo no tengo que superar nada, gracias. Tú eres el que me rechazaste."
"Yo no te rechacé. Tú fuiste un gran idiota conmigo y yo no tenía por qué seguir con eso," dice Blaine. "Nunca debería haberlo empezado en primer lugar"
"¡Te ibas a ir corriendo con él!" dice Elliot casi gritando. "¿Cómo se supone que tenía que actuar?"
"Vale" dice Blaine cerrando su libro violentamente y levantándose. "¿Realmente quieres hacer esto ahora? ¿Justo ahora? Porque podemos si quieres."
"¡Creo que merezco respuestas!"
"No te mereces nada de mí. Tenemos diecisiete años, no cuarenta. Las relaciones se acaban todo el maldito tiempo. Eres tú el que está exagerando esto," contraataca Blaine.
"Tú sabes que si yo hubiese estado viéndome con un tío, alguien con el que tuviera una historia, y luego lo trajera aquí y empezara a ponerme un poco demasiado amigable, sabes que tú estarías enfadado también. Ni siquiera pretendas que no lo fastidiaste."
"Para tu información," dice Kurt en voz alta finalmente, levantándose también y avanzando hasta ponerse al lado de Blaine, "él no me ha traído aquí. Nadie me ha traído o arrastrado a ninguna parte."
"Ya conozco todo eso sobre lo de un tío empujándote por ahí, ¿vale? Lo pillo. Pero tú no estarías aquí si no fuera porque estás colado por Blaine," le discute Elliot acaloradamente.
"Blaine no es la razón por la que estoy aquí en Dalton," replica Kurt. "Estoy en Dalton por las reglas de esta escuela contra el acoso. No siento la necesidad de seguir a Blaine a todas partes como un perrito."
"Pero eso es exactamente lo que has hecho."
"Escucha, Elliot" replica Kurt rápidamente. "Entiendo que estés enfadado y entiendo que tengas celos de mí. Pero no tienes ningún derecho a ser un cretino con ninguno de los dos. Ahora es obvio, para mí, que tú no sabes siquiera por qué Blaine te dejó."
"¡Me dejó para poder ir por ahí tonteando contigo!"
"No," dice Kurt con firmeza, sacudiendo la cabeza. "Te dejó porque tú le hiciste elegir. Te dejó porque eras tan egoísta que pensaste que tenías el derecho a dictarle su vida y con quién podía pasar su tiempo, y es ahí mismo en donde tú y yo diferimos completamente."
"¿Ah, sí? ¿En qué exactamente yo tan obviamente fallé, oh, el que todo lo sabe? Ilumíname."
"Yo no le hice elegir," dice Kurt simplemente. "Porque sé que cuando realmente te importa una persona, también te importa si es feliz o no."
"¡A mí me importaba lo suficiente!"
"No. No es cierto" le dice Kurt. "Tú sólo le querías para ti. Querías dejarle atado, sin importarte cómo se sintiera, qué necesitase o lo que quisiera él. Eras un egoísta, un pequeño arrogante así que te dejó. Y sólo porque no parezcas capaz de darte cuenta de todos tus errores no te da el derecho de ser tan desagradable con nosotros. Blaine es mi amigo. Ha sido mi amigo desde hace mucho tiempo, y el hecho de que tú esperases que él cortara "por lo sano" una amistad así es simplemente cruel, y me molestaría bastante quedarme sentado aquí mirando cómo le haces sentirse el malo de la película porque tú no le mereces, nunca le has merecido."
Kurt termina su pequeño discurso y atisba de reojo a Blaine mirándole, con la boca abierta de par en par. Elliot está intentando dar con las palabras correctas para poder gritar en respuesta, y Kurt se siente un poco más satisfecho, un poco mejor consigo mismo.
A lo mejor no podía dar la cara a alguien que había amenazado con matarle, pero claramente es capaz de dar la cara por el chico al que ama, sin importar las circunstancias.
"¿Y tú te crees que te lo mereces?" pregunta Elliot finalmente. "Tú dejaste de hablarle durante años."
"Blaine sabe por qué dejé de hablarle. Ya hemos hablado de eso. Ya hemos pasado página por los errores de nuestra infancia., porque eso es lo que se hace cuando te preocupas por alguien. Me das pena," escupe Kurt. "Porque tú obviamente aún tienes que madurar bastante. Pero los dos te lo agradeceríamos si pudieses hacerlo lejos de nosotros."
Elliot abre la boca de par en par, con los ojos como platos clavados en Kurt.
"Ya puedes irte. Coge lo que sea a por lo que has venido y vete" le ordena Kurt.
Hacen falta unos cuantos segundos para que finalmente los pies de Elliot comiencen a moverse, y entonces camina hacia el final de una mesa, agarra un libro de texto, y camina directo fuera de la habitación. Kurt vitorea internamente. Luego se gira hacia Blaine.
"¿Estás bien?" pregunta, porque Blaine parece un poco perdido.
"¿Qué? No, sí, estoy bien," dice Blaine, parpadeando rápidamente y sacudiendo la cabeza para librarse de algunos pensamientos.
"¿Estás seguro?"
"Sí. Podemos, em, podemos seguir estudiando."
Pero Blaine permanece extrañamente silencioso durante el resto de la sesión de estudio y cuando Kurt vuelve a casa para pasar el fin de semana, se siente un poco inquieto con la situación.
Al día siguiente, Kurt no recibe noticias de Blaine en absoluto. Entonces prueba a enviarle algunos mensajes, pero no recibe respuesta alguna.
Un peso pesado se instala en su pecho, y su estómago le da vueltas.
¿Acaso ha hecho algo malo? ¿Ha sobrepasado los límites? ¿Acaso no tenía derecho a contraatacar, a plantarse por su mejor amigo? ¿Es que había dicho demasiado, o no lo suficiente, por qué de pronto Blaine le ignoraba por completo?
A lo mejor ha perdido su móvil.
Tal vez… tal vez solo es que está muy ocupado.
Cuando llega la hora de cenar, Kurt se da cuenta de que ha estado merodeando por ahí con el par de pantalones de deporte y la camiseta que Blaine le había dejado la primera vez que visitó su dormitorio. Se está preocupando demasiado por esto. Habían hecho tantos progresos, estaban tan cerca, y sabían muchísimo más el uno del otro, y ya todo parecía estar poniéndose en el lugar correcto.
Hasta que el maldito Elliot apareció. Todos los progresos que habían hecho parecía como si se estuvieran revocando y eso le dolía.
Está siendo ridículo, piensa, si se vieron ayer por la noche. Blaine tiene otros amigos, tendrá cosas que hacer. Kurt sabe que estará en su dormitorio, sabe que estará intentando hacer los deberes mientras Kurt está en su casa en el fin de semana.
Podría ir a visitar a Blaine. Porque le echa de menos, le echa mucho de menos, a pesar de que sólo ha pasado un día desde que vió su bonito rostro, sus preciosos ojos, y su rizada mata de pelo.
Pero no quiere… no quiere poner las cosas peor de lo que están si de hecho, había hecho algo mal.
Así que se queda en su habitación en vez de salir al cine con Mercedes y Rachel como habían planeado.
Se queda en su cama, acurrucado entre la ropa vieja de Blaine mientras escucha el sonido de la voz de Blaine de un reciente mensaje de voz que había dejado en su teléfono.
No quiere llorar.
Llorar sería una tontería.
No llorará.
Es muy temprano una mañana de domingo, tan temprando que el sol aún no ha salido del todo, y aún queda un poco de nieve en el suelo, con las esquirlas de hielo brillando como diamantes mientras camina por algunos edificios cerca de su casa.
Hay un viejo parque, vacío, y un columpio con las cadenas casi oxidadas.
Kurt sacude la nieve de uno de los pequeños asientos y se sienta, con sus dedos helados y blancos agarrados a las cadenas, y Kurt advierte que probablemente debería haberse traído guantes, pero antes estaba demasiado cansado para pensar con claridad. Había mirado su móvil cuando se despertó al amanecer, esperando encontrar algún mensaje de texto o de voz de medianoche de la persona cuya risa más quería oír.
El aire es fresco y limpio. Puede verse el aliento cuando exhale, los pequeños soplos de decepción y amargura que escapan de sus labios.
Kurt recuerda este lugar perfectamente. Recuerda encontrar a Blaine en este mismo columpio un brumoso día de verano, y verle caerse para atrás porque estaba extremadamente sorprendido de que alguien estuviera hablando con él. Recuerda también unos pantalones demasiado cortos y una camiseta demasiado grande que resbalaba de sus pequeños y huesudos hombros para revelar un moratón alarmante. Recuerda cogerle de la mano, y unos ojos enormes de color avellana y miel, abiertos como platos y mirándole como si fuera un ángel. También recuerda la piel quemada y los pequeños pies desnudos y magullados.
Recuerda todas las fiestas del té y las conversaciones filosóficas de niños de siete años, sobre papás y bebés y el amor, y cómo Ariel tenía el pelo más bonito del mundo.
Recuerda las fiestas de pijama y las noches con lágrimas después de la muerte de su madre. Recuerda esos pequeños y delgados brazos rodeando su cintura en medio de la noche, abrazándole fuerte, y una voz deseando poder arreglarlo todo, hacer que todo se fuera.
El pasado estaba tan lejos, pero todo está justo aquí, empezó justo en este lugar y Kurt desearía poder extender el brazo y tocarlo.
Pero no tiene que hacerlo. Porque de pronto, unas manos cálidas y fuertes cubren las suyas en las cadenas casi oxidadas del columpio.
Kurt sonríe en el aire de invierno.
"¿Necesitas un empujoncito?" susurra una voz en su oído.
"Si no te es molestia," responde suavemente."
Las firmes manos de Blaine se deslizan desde donde cubrían los nudillos de Kurt suavemente hacia sus brazos, sobre sus hombros y abajo sobre su espalda, cubierta por su abrigo.
El tipo de abrigo grande que sueles llevar cuando hace el frío suficiente para nevar.
Entonces siente cómo las manos de Blaine se paran en la parte baja de su espalda, y le da un empujón hacia delante en el columpio. Kurt se balancea de adelante atrás lentamente, y las manos de Blaine vuelven a su espalda, únicamente para volver a separarse de él cuando le empuja.
"Estaba preocupado," admite Kurt. "Ayer no me hablaste en todo el día. Pensé que había hecho algo mal."
"No," dice Blaine simplemente. "Sólo necesitaba tiempo para pensar."
"… ¿Sobre qué?" pregunta Kurt, temeroso de la respuesta a su propia pregunta.
"Tú."
Oh.
Eso no ha sonado bien en absoluto.
"¿Sobre mí?"
"Sí."
"Y qué- qué pasa conmigo?" pregunta Kurt en voz muy baja.
Blaine se mueve de detrás de él, sacudiendo la nieve del columpio que está a su lado y se sienta en él.
"Tú me defendiste," dice Blaine, mirando directamente a los ojos azules de Kurt. "Con Elliot. Ni siquiera me había dado cuenta… cuando dijiste todas esas cosas, sobre mí dejándole porque tú fuiste el que no me hizo elegir… no me había dado cuenta de que eso era por lo que lo hice, no exactamente. Pero cuando tú lo dijiste, todo cobró sentido. Tú nunca me has hecho elegir entre tú o cualquier otra cosa. Tú nunca te has interpuesto en mi camino. Sólo me has ayudado, sólo me has hecho vivir mi vida."
"Bueno," dice Kurt tímidamente mientras el balanceo llega a su fin. "Hubo una vez en la que yo no quería que jugaras al fútbol."
"Ya," Blaine sonríe al recordarlo. "Pero luego me hiciste una camiseta con mi nombre en letras brillantes por detrás, y entonces siempre estabas ahí en todos los partidos que jugaba en el recreo."
Las mejillas de Kurt se vuelven rosas, sonrojándose y mezclándose con la tez ya rojiza por el aire frío de invierno.
"Creo… que yo siempre te he tenido a ti," admite Blaine. "Cada cachito de ti."
Kurt inclina la cabeza hacia abajo para fijar la mirada en sus pies, rozando el suelo.
"Y ahora.. tú ya tienes cada cachito de mi."
Blaine se inclina hacia él, y junta con sus dedos las dos cadenas de los asientos de columpios donde se sientan desde la base, causando que se arrimen el uno al otro. Su otra mano, fría y seca, se desliza hacia Kurt y le acaricia con un dedo sus labios, resecos por el invierno. Los ojos de Kurt se cierran cuando siente cómo los nudillos de Blaine rozan su mejilla, un gesto familiar, uno que ya ha hecho antes pero por alguna razón, en este mismo momento en una mañana fría y limpia de Domingo… significa mucho, mucho más.
"Te quiero, Kurt," susurra Blaine suavemente, y las palabras se quedan en el aire helado, tintineando contra los postes de metal del columpio, hundiéndose en el arenero que hay al lado del tiovivo.
Kurt suspira contra la muñeca expuesta de Blaine. Entonces abre los ojos y Blaine se levanta, plantándose justo enfrente de él. Luego, agarra las cadenas del columpio con las dos manos y se inclina hacia abajo.
"Quiero besarte,"admite. "Pero no quiero hacerlo si tú no quieres que lo haga."
Kurt conoce esas frases; las ha repetido en su mente tantas veces desde que Blaine las murmuró en secundaria… Así que sabe la respuesta.
"Quiero que lo hagas. Si tú quieres."
"Quiero," Blaine le sonríe. "Realmente quiero."
"Pues hazlo."
Pero ya no son tan jóvenes, ya no necesitan asegurarse de que besarse está bien, de que amar está bien.
Así que Blaine se inclina un poco más y captura los labios de Kurt en un beso tan dulce, tan lento, tan ligero y sencillo que se les cierran los ojos a los dos automáticamente, y Kurt tiene la impresión de que está de repente en otro mundo, uno en el que los chicos se besan a diario y en el que no tienen que decir adiós a sus mejores amigos.
Los labios de Blaine son firmes y suaves a la vez contra los suyos, y Kurt siente una chispa de luz, un rayo de sol tal vez, o a lo mejor es simplemente lo que se siente cuando dos almas gemelas se encuentran en el momento adecuado en la vida. No importa la razón, pues Kurt se deleita con la cálida sensación y la felicidad que se encuentra en su estómago, en la sensación estimulante de las mariposas.
Cuando tenían ocho años, recuerda que Blaine una vez les llamó 'parimosas'.
Al final, Blaine se finaliza el beso y se aparta. Kurt abre los ojos y se encuentra con unas mejillas sonrojadas, una mandíbula cuvierta con un pelín de vello facial, y una sonrisa que ilumina los permanentemente preciosos ojos de Blaine de la misma forma que la luna ilumina el cielo por la noche.
Finalmente, todo está bien.
Blaine da un paso hacia atrás y extiende su mano.
Pero Kurt simplemente se la queda mirando, porque acaba de darse cuenta de que, aunque solían cogerse de la mano tantas veces antes, aunque les encantaba hacerlo, no se han cogido de la mano desde la reunión de hace unos cuantos meses.
"La coges," dice Blaine suavemente. "Y así te ayudo a levantarte."
Ah claro.
Sí, eso es. Así que Kurt extiende sus dedos hacia los de Blaine y los entrelaza, juntando sus manos a la perfección, como estuvieran hechas para eso. Porque lo están. Siempre han encajado realmente bien.
Y cuando están mano a mano y perfectamente, Kurt sólo tiene un pensamiento en su mente.
Oh.
Aquí estás.
Te he estado buscando desde siempre.
FIN
