Holaaaa, perdon la tardanza. Entre a clases ¬¬ Y bueno, no pude hacer nada. Por que me he prometido no usar el maldito compuador en dias de semana. Por eso me tardé, quise escribirle un cap largo, bien largo. Es el primero que es tan largo y espero sus reviews *-*
Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer -menos Carlie y William-, la trama y cebolleria es mía C: xd
Edward Pov
Cuidar el puto pavo que estaba en el horno no era fácil. Si me quedaba apenas quemado tendría mas clases con la profesora Isabella aprieta culo Swan y eso no me lo podía permitir, no es excitante que te dejen el culo rojo, menos adolorido.
Entonces, si, estaba mirando la ventanilla del horno como si fuera lo más interesante del mundo. Lo peor de todo es que nadie me hacia compañía porque mis ángeles cuidaban a un "Hermoso cachorrito", según Carlie y Bella.
No le veía lo lindo o hermoso. Aunque fuera una bola de pelos bebé cada vez que me acercaba a Bella se removía pidiendo la atención de ella. Y cuando eso pasaba todos los presentes decían: "Aww". Y yo quedaba abandonado en un rincón.
Ese perro merece que lo cuelguen.
Mierda. Estaba celoso de un puto perrito abandonado que no tenia idea de lo que pasaba alrededor, una bola de pelos insignificante… No, esa bola si sabía que pasaba. Me gruñía, mejor dicho, gemía cuando Bella me tocaba. El maldito perro lo tiene todo calculado.
"El perro te odia" dijo Cherry
—Ah… ¿No me digas? —susurre. Mire hacia ambos lados, pero la cocina estaba vacía. Los niños y Bella mimaban al estúpido perro, el cual aun no tenia nombre—Eres tan inteligente, Cherry. Te alabo—dije sarcásticamente… frente al horno.
"Si, lo se" dijo orgullosa. Vale, esta tipa no entendía el sarcasmo. "Muérete ¿Sabes? Ojala el perro crezca, se vuelva grande y se coma tus pequeñas bolas"
—Mis bolas no son pequeñas, perra.
"Si lo son"
—No.
"Si"
—Que no, puta.
"Que si, puto"
Rodé los ojos. Era increíble como pase de cuidar aun pavo a hablar con mi conciencia.
Volví mi vista al pavo y este seguía horneándose lentamente, estaba ligeramente dorado.
—Bien pavito, sigue así. Hornéate pronto…—sonreí, animando al pobre animal muerto… ¡Arg!
Cuando me acercaba al horno para bajarle el fuego sentí unas risitas detrás de mí. Una risita bastante conocida y hermosa…Me senté pegadito a la encimera y abrace mis piernas, para dar la impresión de que miraba el pavo y que no me estaba volviendo loco para nada. Seguro, me cree… Okey, no.
Bella caminó hacia a mí y me miró con una ceja alzada—Cariño, no es bueno hablar solo…—entrecerré mis ojos al ver como se mordía el labio. Estaba a punto de reírse, perra. La perra que amaba.
Cherry bufó. "¿Ves como se burla de ti?"
Asentí.
"Tienes que castigarla mas duro que antes, Edward. Ese es el camino del bien" susurro en algún recoveco de mi mente.
— ¿Edward? —pregunto Bella, sacándome de mi letargo.
— ¿Si? —dije sonrojándome. Este último tiempo me había sonrojado más que en toda mi vida.
Se acerco a mi oído lentamente y exhalo su dulce aliento, provocándome un cosquilleo desde mi cuello hasta mi espalda baja… y otra parte. Mordió suavemente mi lóbulo para después lamer de arriba abajo.
—Deseo que me hagas el amor…y lo quiero duro, nada suave, Edward…—susurró. Tan rápido como se acerco, se alejó y no me dio siquiera tiempo de protestar. Se giro moviendo sus caderas de forma sexy, haciendo que mis ojos quedaran pegados a ese gran culo que era solo mío— ¿Te gusta lo que ves? —sonrió pícaramente con un ligero sonrojo que hacía ver unas pocas pecas cerca de su nariz. Rió, supongo al ver mi cara de idiota, y se fue, dejándome con un gran problema en mi pantalón, ya que mi amigo pensaba en formar una carpa en mi entrepierna.
No me quedo más que volver a sentarme frente al horno.
Vale, a observar el pavo. Faltaban poco para que llegaran todos.
.
.
Bella Pov
Sabía que le había dejado un coletón de lo mil demonios, de esos en los que te quedan las bolas a azules… sabia de esos casos. ¡Demonios! No pude aguantarme a verlo allí, tan lindo y adorable, hablando solo y con el ceño fruncido. Además yo misma estaba que explotaba. Edward fue mi primera vez y me gustaría no haber parado, pero con el problema de mi pequeña…
Salí de la cocina sonriendo, aunque su estupidez fuera demasiada, la situación era chistosa. Edward era todo un caso… Hablaba con Cherry, pero por lo menos yo lo hacía más disimulado. Y bueno, me salió otra pregunta… ¿Por qué Cherry ya no me habla?
"Querida, es mejor tocarle los huevos a Edward… Siempre tiene crisis de identidad cuando hablo con él, así que me quedo con Edward. Además que Eddie me agrada"
"Pero… te extraño" Hice un puchero mental. Si, si existen.
"Me quedo con Edward" sentencio con voz seria.
Rodé los ojos. ¿Cuan estúpida podía ser para decirle a mi conciencia, que es viajera porque ha estado en miles de cabezas, que la extraño? Mátenme.
Fui a la habitación de Carlie, tenía que vestirse para la cena y yo tenía que hablar con William.
Cuando entré ellos estaban acariciando a la pequeña criatura que dormía plácidamente sobre la almohada de Carlie. Era una hermosura; tenía el pelaje dorado, una nariz pequeña, húmeda y negrita, unas pequeñas patitas con los cojinetes rosados. Su cabeza estaba un poco escondida entre sus patitas pero podía verse por completo, estaba segura que era de raza, lo que no entendía era porque lo habían abandonado. A veces las personas son muy crueles...
Mis niños se veían completamente tiernos hablando en susurros para no despertar a la criatura. William miraba a mi pequeña con un brillo especial, con cariño, amistad, protección y amor.
—Carlie, cariño, coge tu ropa, te viste y te peinas. Si quieres algún peinado me avisas ¿Está bien? —Ella asintió sonriendo y desapareció por el gran closet que tenia—William, ven—sonrió. El se levanto y cogió mi mano. Era tierno, nadie pensaría que tuviera diez años, ya que la mayoría de los chicos de esa edad no son muy afectivos. Cuando tenía diez años un niño de mi clase me dijo que cuando besabas a una chica te salían piojos… Le pegué.
Pero el era muy diferente, a su familia y a cualquier niño. Cuando lo encontramos no quiso preocupar a Carlie y acarició su mejilla para tranquilizarla, aunque él hubiera estado muy asustado e indefenso la puso a ella por encima de si mismo… él es único. A parte de que es muy guapo, unos ojos pardos, que cobraban vida cada vez que miraba a Carlie. Su cabello estaba un poco largo, castaño, marrón como el mío y su piel igual o más pálida que nosotros, esta era adornada por unas pequeñas y adorables pecas cafecitas. Pasaría por mi hijo.
Me gustaría adoptarlo pero ninguna asistente social sería capaz siquiera de mirarme, con suerte me atendería. Mi edad era el conflicto y no creo que Edward pudiera con dos hijos… Esto era deprimente.
Mientras pensaba en como quedarme más tiempo con William lo lleve al salón y lo senté a mi lado. Me miraba como si tuviera que decirme algo importante y librarse se aquello que lo angustiaba, pero no le dije nada, no quería que él se sintiera presionado… todo lo contrario quería que él me quisiera porque no dejaría que volviera a ese lugar. Tampoco dejaría que lo llevaran a un orfanato, no soportaría abandonarlo ahí.
— ¿Bella? —preguntó luego de un par de minutos en silencio.
— ¿Si?
El jugo con sus dedos y bajó la mirada—Vamos, Will, dime—dije, tomando su barbilla y levantando su rostro. No tenía porque ponerse nervioso conmigo.
—Yo… no quiero volver—me miró fijamente. Sus ojos se clavaron en los míos, tan expresivos y limpios, tan inocentes… Decido, este niño se queda aquí.
Lo atraje hacia mí para abrazarlo fuertemente. Por alguna razón este niño se parecía a Carlie, cuando la conocí congeniamos rápidamente, con William era lo mismo… El se adapto a mí, me tenía confianza como si me conociera de siempre y yo no quería que se separa de mi.
—No lo harás—dijo Edward sentándose a mi lado. Puso una mano en mi cintura y acaricio el cabello de William, desordenándolo y haciendo que riera mostrando sus dientes—No permitiré que vuelvas al infierno…—William sonrió ampliamente y sus ojos se humedecieron cuando bajo la mirada—Vamos, campeón. No llores… ¿a caso no estás feliz? —pregunto Edward en un susurro. Le desanimó la idea de que el pequeño no quisiera quedarse con nosotros.
—No es eso—murmuro Will—Yo… yo… de verdad te lo agradezco… no me gustaría sentirme solo otra vez, volver al miedo y a los golpes… A una madre que paso a ser una desconocida en poco tiempo y a una hermana que piensa que todo el mundo gira en torno a ella… yo no podría soportarlo, no de nuevo, no que ya sentí un poco de calidez y lo feliz que puedo ser con una familia—levantó la mirada frunciendo el ceño— ¡No me refiero a que me adopten! No es su obligación, me refiero a que podrían…—miré a Edward pidiendo ayuda, el solo sonrió tristemente.
—No te preocupes…—dije besando su cabello.
Así nos quedamos los tres, abrazados como una familia y dios sabe cuánto deseaba que fuera así, pero yo aun tenía algo que me detenía a formar parte de ella: Era joven. Tenía recién veinte o veintiún años y no sabía qué pasaría con mi carrera o si sería buena madre, porque estaba segura de que si quería formar una familia seria con Edward, con nadie más.
—Tu no eres la mamá de Carlie ¿verdad? —pregunto Will rompiendo el silencio. Me forcé a negar con la cabeza, saliendo de mis pensamientos de forma abrupta. La mano de Edward presionó con más fuerza mi cintura pero a la vez dejaba pequeños toques en círculo, relajándome por completo.
—Nop—sonreí—Pero quiero serlo algún día…
—Ella tiene suerte… me gustaría tener una mamá tan bonita y tierna como tu—Wow, ahí vienen las lagrimas… Uno, dos, tres… sollozo.
—El tiene razón—susurro Edward en mi oído. Me estremecí por completo al sentir su cálido aliento en mi oreja, provocándome y mandando miles de corrientes eléctricas hacia mi espalda y mi sexo. Calma…
—Me gustaría ser tu hijo, Bella—volvió a decir.
—Y lo será—murmuró Edward. Lo mire extrañada… ¿Quiere decir que…? Abrí los ojos desmesuradamente, casi se me sale el de la izquierda. ¿A caso pensaba adoptarlo?
Como si él hubiera leído mi pensamiento, asintió. Una sonrisa se formo en mis labios. Él era el hombre de mi vida, siempre lo fue.
—William, cariño. Ve a lavarte las manos y te arreglas el cabello para que estés listo y te presentemos. Después coges un poco de leche y se la das al perrito—el salió corriendo y nos dejo solos.
Edward besó mi cuello, paso por mi mandíbula y subió a mis labios, rozándolos suavemente. Sus labios eran tan suaves y dulces, no sabría como definir el sabor que explotaba en mis labios, era único. Con su lengua delineo mis labios, pidiendo permiso para adentrarse, pero decidí jugar un poco y mordí su labio inferior. El gruñó y tomó mi cintura para dejarme a horcajadas sobre él, sintiendo su erección en mi ventare, caliente y completamente entusiasmado. Hace tiempo que no le decía hola a Eddie, pensé. El volvió a gruñir cuando me moví en círculos contra su entrepierna y metió con brusquedad su lengua, para jugar con la mía sin piedad.
Me faltaba la respiración pero él ni se inmutó, seguía besándome como si se acabara el mundo, como si estuviéramos a punto de morir y este fueran los últimos minutos que nos quedaban por compartir. No me quejaba porque me gustaba saber que él me necesitaba y deseaba tanto como yo a él.
—Edward…—dije contra su boca, tratando de separarme y respirar.
— ¿Mmm?
—Ne…ce…sito… respi…rar—logré decir entre cada beso.
Me soltó… ¡Por fin! Tome una gran bocanada de aire, pero él ni siquiera se agito. Acaricio mi mejilla y corrió un mechón rebelde de cabello. Esta vez me beso con suavidad.
—Lo siento—dijo con voz ronca, tan sensual…
—Yo también, pero me debes un castigo… ¿Qué tal tu, yo, tu cuarto, mas tarde en silencio y niños un poco lejos? —levante las cejas sugestivamente, el sonrió ladinamente y beso mi frente. No es que no quisiera a los niños pero necesitaba tener a Edward dentro mí.
—Ve a cambiarte. Te espero—golpeo mi trasero con fuerza.
— ¡Ay! —grité.
Me soltó completamente y me fui sobando mi culo… quizás así se sentía cuando le piñizcaba el suyo, pero es que no podía resistirme, cada vez que lo veía mis manos picaban y ¡Pum! Le dejaba el culo rojo. De ahí mi apodo…
Baje a mi departamento, me duché y me puse un vestido simple, demasiado corto para mi gusto, obra de Alice, por supuesto que había dejado el conjunto sobre mi cama. Era blanco y muy ceñido a mi cuerpo, hasta creo que me veía con mas tetas. Alice me dejo unos zapatos, lo juro, mortales. No me sorprendería si no llegase al piso de Edward. Peine mi cabello, dejándolo suelto y pase mi mano para darle un efecto más natural. No estaba tan largo como siempre pero algo hice. Me maquille ligeramente; un poco de rímel, brillo y delineador liquido.
Ahora estaba lista. Sin embargo, sentía que algo me faltaba… el cuello, el cuello estaba desnudo pero no tenía nada que combinara con el vestido. La mayoría de las chucherías eran muy extravagantes para el vestido, que a pesar de ser sencillo era elegante.
Lo deje pasar, no tenía más tiempo.
No había ningún avistamiento de mis amigas, seguro estaban en casa de Jasper y Emmett.
Le habíamos pedido todos que compraran un regalo extra un niño, no quisimos decir nada más. Quería que él tuviera una navidad de verdad y para eso tenía que sentirse aceptado e integrado. No fue sorpresa que nadie protestara… las personas que me rodeaban eran la personas más dulces que había conocido en mi vida y cuando le dijimos sobre el regalo se mostraron bastante entusiasmados, especialmente Emmett.
Me di cuenta de que mi pequeño aun tenía la ropa con la que lo encontramos, la cual tenía unas gotas de sangre debido a su labio roto.
Alice trabajaba en una colección para niños, su inspiración fue Carlie, pero creo haber visto algo de niño.
Llame a Alice. Al cuarto repique descolgó.
— ¿Diga? —jadeó. Mierda, mal momento.
— ¿A-alice? —pregunte nerviosa. Estoy segura que estaba agitada por buscar el celular… nada más…
"Cariño, me corro. Corta ya…" Gruño Jasper a lo lejos. Vale, eso no fue mi imaginación. Alice estaba en pleno polvo.
— ¿Bella? ¿Para qué llamas? —gimió medio gruñendo.
—Ah… Um, si… Quería saber si…
— ¡Dispara ya! —gritó.
— ¿Jasper o yo?
— ¡Tu, maldita perra! Jasper, cariño. Tu solo sigue. Si, ese ritmo… ¡Ah! — ¿Por qué mierda gritaba tanto? ¿Tan bueno era? Nop, no necesitaba saber.
— ¡Quería tomar algo de tu colección de niños! —grité.
— ¡Hazlo! Oh, sí. Jasper, esto es tan excitante…—gritó y colgó. Por lo menos dijo que si… ¿O le habrá dicho a Jasper? Como sea, tenía que llevarle la ropa a William.
Y claro, en su habitación, muy escondido, fuera de curioso como yo, había un conjunto de la talla de William. Una camisa cuadrille roja, unos pequeños pitillos negros y una chaqueta de cuero negra. Esto estaba genial, se vería más hermoso de lo normal.
Cuando salí de la habitación me di cuenta de algo.
Mi casa estaba demasiado decorada… ¡Alice! Lo hizo tarde pero lo hizo y se veía… decente. Lucecitas por aquí y allá, guirnaldas por todas partes.
¡Decoración navideña everywhere! Esto mareaba ¿Qué hacia un reno de plástico en esa posición? ¿Por qué tenía a otro reno por detrás? Y Ugh… Ese oso polar estaba encima del peluche de Alice.
¿Qué mierda es esto? ¿Feliz sexo?
.
.
— ¡Bella! —gritó mi hermano cuando cruzó la puerta. Me abalance sobre él y bese su mejilla mientras el reía.
—Te extrañe, no te había visto últimamente, Emmy—hice un puchero, sacando mi labio inferior y haciéndolo temblar.
—Yo también lo hice, preciosa. Rose no me deja dormir—movió las cejas sugestivamente. ¡Waaaa! No era algo que quisiera saber—Especialmente ayer cuando se puso esa minifalda de cuero negro, la tom…
— ¡No! No me digas… exceso de información, Emmy—me tape los oídos y él me bajo.
Emmett pasó al comedor a saludar a todo el mundo, menos a William que estaba en la habitación de Carlie cuidando al perrito. Lo presentaríamos cuando estuviéramos todos en la mesa.
— ¿Te gustó la decoración, pequeña Bells? —pregunto Rose, sonriendo pícaramente.
—Seh. Santa Claus estaría orgulloso de ti, pequeña whore—soltó una carcajada y se fue a saludar a los demás. Escuche un "¡Hey, Nanaward!"
Esme me dio un gran beso en la frente, al igual que Carlisle. Escuche como Esme casi lloraba por todo lo que había hecho Edward. Eran únicos. También vi como Carlisle desviaba la mirada, soltando una que otra lagrima por su hijo.
¿Quién no lo haría?
Edward pasó de ser un estúpido insensible y el hoyo del queque a un tierno padre y grandioso cocinero de una cena de navidad. ¡Obvio que el cambio emocionaba! Edward ya no se creía el eje del mundo, ahora estaba Carlie, quizás William y yo. El perro estaba fuera de discusión. Mi novio odiaba al perro, pero yo lo amaba.
— ¡Bella! —la duende no dudo en tirarse encima de mí y ahorcarme con sus pequeños brazos. ¿Por qué estaba tan…? Oh… Claro, yo también estaría así de feliz si hubiera tenido sexo antes de venir…
Me sonroje al pensar en la actividad sexual de Jasper y Alice. Es insano.
—Hola, Alice—sonreí cuando me soltó. Se fue dando saltitos por todo el apartamento hasta llegar donde Edward. Escuche que gritó "¡Hey, Pollaward!" Dios mío, ayúdame… por favor. No dejare que Edward se ponga ese delantal nunca más.
—Hola, Bella—dijo un muy sonrojado Jasper, desviando la mirada a otro lado. Tan tierno…
—Hola, Jasper—creo que inconscientemente se me escapo una risita—Así que… es una feliz navidad ¿Eh? —negó riendo.
Bien, ahora podía cerrar la puerta.
Tenía que hablar con Emmett para que los dos llamemos a mamá y papá.
Rose y Jasper también tenían que hacer lo mismo, sus padres se fueron de viaje hace unas cuantas semanas y volverán para pasar el año nuevo con sus hijos. Me daba un poco de tristeza dejar a Carlie y Edward pero tenía que viajar con Emmett a Forks, donde se juntarían Charlie, Renée y Phil. Ojala no explote la pequeña casa de mi padre. Quizás… ¡me llevare a Will! Seguro Edward lo tiene todo resuelto.
.
.
.
— ¿Por qué hay un puesto que sobra? —preguntó Esme frunciendo el ceño.
— ¿Esto tiene que ver con el regalo a última hora? ¿Un amigo de nuestra pequeña? —preguntó Jasper maliciosamente a Edward, haciéndolo gruñir. El solo hecho de que su pequeña se enamore lo ponía mal. Carlie iba a hablar cuando su padre le puso una mano en la boca.
—Todos siéntense para conocer al nuevo integrante, o lo será, de la familia—sonreí y me levanté para ir a buscar a William. Todos se sentaron, estaban tan curiosos.
Edward Pov
Bella se veía hermosísima, pero se veía más hermosa de la mano de William, quien estaba un poco nervioso.
Me levante de mi lugar y me pare al lado de Bella, William y Carlie, que se había levantando para tomar la mano de su amigo. No pude evitar gruñir ante eso. ¡Era mi bebé!
— ¡Familia! atención—alcé la voz por encima de los murmullos—Algunos ya lo conocen, como papá y mamá, pero para quienes no conozcan a este maravilloso chico se los presento: Su nombre es William Stanley, próximamente será parte de esta familia. Iniciare actos legales pasando la festividad navideña—Will me miro con sorpresa, esperanza y alegría. Vi como apretó la mano de Bella y la de Carlie, que estaba prácticamente saltando en su lugar, ahora tendría un "hermano". Solo hermano, nada mas...
Todos se quedaron callados por un minuto hasta que Bella carraspeo. Se levantaron gritando, riendo y algunos lloraban, todos querían abrazar al campeón de la familia.
Nos sentamos en la mesa, Emmett le preguntaba a Will sobre sus personajes favoritos de comics, televisión, etc. Era Emmett. Carlie también estaba muy entusiasmada, al igual que mi madre que me miraba con lágrimas en los ojos. Carlisle me miraba pidiendo una explicación, pero William lo había conmovido. Articule un "Necesitare tu ayuda" El asintió con un sonrisa orgullosa.
— ¡Ahora a cenar! —exclamó Bella con alegría.
La mesa era redonda y gigante, así todos nos veíamos. Al medio de la mesa habían tres velas rojas, más abajo habían ramitas de pino y adornos navideños.
Rose, Alice y Bella comenzaron a traer las fuentes con ensalada. Esme me ayudo a servir el pavo y los demás hablaban con William. Lo quisieron en cuanto lo vieron.
Estábamos todos sentados disfrutando del vino, de la conversación, del pavo, de todo. Nos reíamos a carcajadas, ni siquiera habíamos comido, mejor para mí porque yo si probé el pavo… y bueno, sabía un poquitín raro.
Lo mejor de todo es que mi mente hizo clic.
Ahora sabia de lo que me había perdido los ocho años que pase fuera de sus vidas: el amor y la alegría de estar en familia. Como las preocupaciones se evaporan cuando tu madre, tu hija, la persona que amas ríe o tu hermana salta de felicidad, como te sientes amado por tus amigos…
Tuvieron que pasar ocho años… pero al fin lo comprendí y me reprendí por no haber celebrado la navidad.
— ¡Ayer fui con papá al centro comercial! ¡Compramos de todo! —dijo Carlie sonriendo y con sus ojitos brillando. Nos quedamos viendo como ella reía y nos explicaba nuestra aventura con Jasper y Emmett, el cual se veía sumamente nervioso. Miraba de reojo a Rosalie, que estaba sentado a su lado poniendo demasiada atención sobre mi hija.
— ¿Lo pasaste bien con tu papá, Emm y Jasper, cariño? —Le pregunto Esme cariñosamente a Carlie— ¿A dónde fueron?
Mi hija me miro directamente a los ojos.
Mierda. Ahí va mi felicidad, corriendo por la sala para ponerse en la ventana y saltar al vacío.
Bella Pov
— ¡Si! ¡Papá me llevo a un Sex-shop! — Edward se atragantó con el vino que bebía. Tosía como nadie, creo que vi su pulmón salir corriendo.
La sala queda en un silencio tenso, solo se escuchaba la tos de Edward que estaba tratando de respirar.
— ¿Qué hiciste qué? —salte de mi asiento como si tuviera un puto resorte en el trasero. Mire a Emmett pero este ya estaba siendo fulminado por Rosalie. Esme tenía la boca en el suelo, menos mal que hicimos el aseo. Y Jasper… Jasper no sabía de qué mierda hablábamos. Y para agregar mi pequeña dijo:
— ¡Es un lugar muy lindo y divertido! —rio Carlie ajena a todo el caos y tensión.
Volvimos a mirar a Edward, al pobre le temblaban las manos desperdiciando el vino que había en su copa.
Mi pequeña, ajena a todo, siguió tratando de corta el pavo, la quería ayudar pero aun seguía de pie mirando a Edward. ¡Inconsciente!
William carraspeo—Um… ¿Fuiste a un sex…Ehh ¿Shop?
—Sip, tío Emm tenía un juguete rosado en sus manos, era largo y muy bonito, pero cuando me vio se puso a gritar y… y… papá me saco de ahí, le pregunte que era un sex-shop y me dijo que era un lugar muy lindo y divertido—dijo frunciendo el ceño.
La mayoría queríamos matara a Edward, la minoría quería reírse. Yo quería matarlo.
—Hijo…—Esme rompió el silencio— ¿Puedo hablar contigo a solas? —ella lo quería matar pero con esa carita de ángel… pasaba desapercibido.
Pero yo sabía que había algo que le dolería hasta las bolas a Edward. Y a mí también…
—Esme—interrumpí—Yo hablare con el…—sonreí y le guiñé un ojo. Ella me vio raro pero después sonrió maliciosamente y asintió.
—Claro, Bella—dijo dulcemente y se ofreció a ayudar a Carlie a cortar su pavo.
En algún momento Emmett y Rose se levantaron de la mesa para irse a discutir a alguna parte del piso… Jasper y Alice trataban de aguantar la risa, mientras que Carlisle hablaba animadamente con William.
Me levante y cogí a Edward del brazo. Poco después, cuando salíamos de departamento escuche las risas de todos.
— ¿Y bien? —alce una ceja esperando una respuesta. El no respondió y tosió— ¿Crees que es normal que una niña entre a un sex-shop, Edward?
El negó con la cabeza.
—Edward…—suspiré—La niña pudo haber visto algo peor, no entiendo como fuiste tan inconsciente…—el iba a replicar pero alce la mano callándolo rápidamente—Esto no puede volver a ocurrir…—sonreí y el asintió clavando la vista en el suelo—No hay sexo—sentencié con una sonrisa como el gato de Alicia en el país de las maravillas. Ese animal es mi inspiración.
El levanto la mirada de golpe, frunció el ceño y los labios. Su mirada se torno oscura y apretó la mandíbula con fuerza. ¿Se habrá molestado?
— ¡Claro! Como tú tienes un puto consolador para metértelo…—dijo enojado. Wow… se me había olvidado mi consolador.
Me quede callada, el apretó los puños y se paro frente a mí, rozándome con su dulce y fresco halito. Tomo mi mano y la puso sobre su caliente y palpitante erección. Apreté el agarre, Edward gimió y cerró los ojos, dejando escapar el aire contenido. Se acerco a mi oído, donde mordió mi lóbulo para luego bajar y morder mi cuello. Jadee y apreté su miembro. Paso tan rápido que no me di cuenta. Me tomo de las muñecas, haciéndome correr hacia el ascensor y bajar a mi departamento. Una vez dentro del ascensor devoro mis labios con urgencia, mientras yo seguía masajeando su gran erección, que cada vez se hacía más grande. Delineo mis labios con su cálida lengua, pidiéndome permiso para entrar. Se lo concedí gustosa y gemí bajito cuando su lengua batallo contra la mía.
—Edward…—mordió mi labio—dije que no…
—Yo digo que si, o si no me explotaran las bolas—gruño. Rodé los ojos…
"Piensa Bella, ¿Cuándo tendrás la oportunidad de sentirlo así de…semental?" dijo Cherry.
"Tu solo vienes cuando se goza"
"¡No soy estúpida!" Rió.
Salí de mis pensamientos cuando el ascensor llego a mi piso y saque la llave para entrar. Me temblaban las manos y no ayudaba para nada que Edward se pusiera detrás de mí presionando su erección contra mi trasero.
—Déjame abrir, imbécil—escupí tratando de que la puta llave entrara. ¡Entra, entraaaa!
—Quiero tenerte en la cama y follarte como nunca lo he hecho…—susurro con voz ronca en mi oído.
—Si dejas de hablar sucio quizás la puta llave entre—mascullé.
—Vale—rio, mandando miles de corrientes eléctricas por mi cuerpo.
El sabe lo que provocaba en mí.
¡Clic! Ambos nos miramos cuando la puerta se abrió… Edward sonrió ampliamente recorriéndome con su mirada oscura, ya no estaban mis esmeraldas solo había lujuria y deseo. Tomo mi trasero entre sus manos y enrolle mis piernas alrededor de su cadera, apretándome contra su pene. El gimió por el pequeño toque y entrando al piso devoro mis labios sin darme oportunidad de protestar… no es que quisiera hacerlo.
Sin separarse de mi boca o de mi lengua y masajeando mi trasero, me llevó a mi habitación pero lo detuve.
—No—susurre acariciando el inicio de su cabello en la nuca. El cerró los ojos y maldijo por la caricia. Para el se sentía jodidamente bien, me lo había dicho y me excitaba demasiado verlo así.
— ¿No? —pregunto bajito, disfrutando de mis manos en su pelo.
—No, mi habitación no—Edward sonrió, me arrimo mas y abrió sus preciosos ojos, deslumbrándome por completo. Esa sonrisa ladina me quitaba el aliento, pero ver ese gesto en sus ojos me mataba—No hagas eso—dije contra su mandíbula.
—No hago nada, Bella.
—Si lo haces maldito seductor.
— ¿Qué cosa?
—Deslumbrarme—respondí.
— ¿Lo hago? —pregunto dejándome sentada en la encimera de la cocina. Aun no nos movíamos a mi cuarto y creo que se estaba cansando de cargarme.
—A menudo—sonreí ladinamente—Ahora, señor Cullen…—el me miró con los ojos oscurecidos nuevamente, se mordió el labio y yo lo tome de su polera, acercándolo mucho mas—Quiero que me folles en la cocina…—susurre contra su rostro.
Edward alzo una ceja y me tomo para llevarme acostarme en la pequeña mesa redonda de plástica. Quede completamente estirada sobre la mesa, pero el doblo mis piernas y las separo al mismo tiempo que acaricia mis muslo y subía el jodido vestido, que ahora no era para nada de ayuda porque era demasiado apretado.
No quería sexo oral, no quería que me complacería, solo quería que fuera un polvillo rápido y volver a cenar… aunque el pavo sabia raro.
—No—gemí cuando sentí su lengua sobre mis bragas. Me removí tratando de alejarlo pero vamos, era Edward, tenia músculos por donde se mirara, era obvio que no podría con él y su puto deseo de follarme con la boca.
—Si—susurró.
—Edward, no quier… ¡Ay dios mío, si! ¡Ahí! —me rendí. Estúpida no soy.
Entre jadeos y gemidos, Edward me desnudo por completo… menos los putos tacones que me mataban los pies, pero el tenia una estúpida fantasía con ellos desde que Alice los compró. Edward tenía dos de sus dedos dentro de mí, bombeándome y saboreándome a la vez. El deseo estaba obnubilando mis sentidos poco a poco, conforme crecía mi necesidad de tocarlo pero no podía, mis brazos se quedaban sin fuerza.
—Te nece…sito dentro, cariño—logré decir a lo que el ronroneo ¡Ronroneo! Era la primera vez que lo escuchaba y se sintió jodidamente bien. Un sonido tan ronco y suave…
—No, aun no—masculló. Jadeé cuando su lengua se deslizo sobre mis labios íntimos, mandándome miles de sensaciones a mi cuerpo. Ansiaba su lengua cálida en mí, dentro, fuera, en cualquier parte de mi piel. Necesitaba sentir su calor.
Y yo que no quería darle sexo. Hace unos quince minutos me estaba cagando a mí misma. Agradezco al cielo y a todos los que me quieren por el hecho de que Edward no quisiera hacerme caso…
—No juegues—pedí entrecortadamente. El alzo la cabeza dejando de lamer mi parte baja. Me miro con expresión dura, apretando la mandíbula y sosteniendo mis muslos fuertemente.
—Isabella, lo único que quiero hacer en este poco tiempo es follarte fuerte y duro, pero primero quiero lamer, morder y succionar todo lo que puedas darme. Y no quiero ninguna objeción ¿entendiste? Niña estúpida…—me había dejado sin palabras; estaba enojado y nunca había escuchado ese tono de voz duro, inexpresivo y furioso.
Lo único que pude hacer fue asentir.
—Bien—sonrió con esa sonrisa suya que me hizo temblar y derretirme. Gemí nuevamente cuando volvió a lamer de arriba abajo, pasando por mi clítoris, que lo mordió salvajemente. Mis gritos llenaron el silencio que había la habitación, la respiración acelerada de Edward y su lengua haciendo un magnífico trabajo… Oh, sí—Isabella—llamó. Mi nombre sonaba tan caliente de sus labios rojos, mojados e hinchados.
—Dime.
—Siéntate y mira como hago que te corras en mi boca—ordeno sonriendo maliciosamente. Obedecí calladita y me senté apoyándome con mis manos a cada lado. El asintió satisfecho y volvió a hacer su trabajo—Niña buena.
Lo único que salía de mi boca eran gemidos, jadeos y ronroneos que venían de los más bajo de mi garganta. Quería tener a Edward dentro de mí, haciéndolo duro, salvaje, fuerte, que me hiciera gritar pero a él se le ocurre torturarme con un jodido sexo oral, refunfuñe en mi mente.
Tome el cabello de Edward mientras el lamia y acariciaba mi clítoris. Jadee cuando lo mordió y metió un dedo bombeando rápidamente. Creo que encontró mi punto G, esto se sentía diferente como un cosquilleo. Supe que faltaba poco cuando una bola de fuego presiono mi vientre y apreté el agarre en su cabello cobrizo.
—Me vengo… ¡Ah! Edward… Me cor…rro—gemí removiéndome y alzando la cadera contra su rostro, impaciente.
Aumento la velocidad y me deje ir en un fuerte orgasmo, ardiente y caliente. Mire como me corría y Edward succionaba todo mis jugos, no dejo nada. Se recompuso y sonrió como un niño pequeño.
—Me has dejado sin fuerzas… yo quería que me follaras—lloriquee. El negó con la cabeza y se acerco a mi oído.
—Cuando los niños duerman te follare tan duro que no podrás levantarte hasta año nuevo. Eso si es que te dejo salir mañana… Quizás le pida a mi hermana que lleve a los niños de compras… Tu entiendes, Isabella—me estremecí por completo; su aliento rozo mi oreja. Me abrazo con fuerza y me bajó de la mesa sujetándome de la cintura como si tuviera miedo a que cayera de bruces al piso. Con mi mala suerte y torpeza de seguro pasaba.
— ¿Sabes? Mañana al despertar descubriré todas tus zonas erógenas…—rio. Solo pude asentir y soltar un bostezo.
¿Cómo un orgasmo te podía dejar tan cansada? Aun teníamos que abrir los regalos…
¿Por que mis amenazas se volvía contra mi? Siempre me sale el tiro por la culata... ¿Ahora como lo castigo?
Holaaa *-* Bueno aqui un cap... Subire el prox la siguiente semana :c Me da lata hacer eso D: Pero esta el colegio y necesito subir mis notas antes de diciembre :S
En fin, !dejen reviews! akljslksajdslkaj Las quiero mucho y agradezco cada review que me han dejado, asi como favs y follows *-*
IMPORTANTE: ¿A ALGUIEN SE LE OCURRE ALGÚN CASTIGO PARA EDWARD POR LLEVAR A CARLIE, INCONSCIENTEMEN, A UN SEX-SHOP?
Me piro
Vampiro *-*
