Holaaaaaa, realmente perdonen el retraso. Extrañé escribir :c Explicaciones abajo *-*'

Los personajes son de Stephenie Meyer, la trama y cebolleria es mía C: (Carlie y William son mios e.é) askljdlksa

¡Importante!: LEAN MI NUEVO FIC EVER THINE, EVER MINE, EVER OURS. DÍGANME SI SIGO O NO C:

s/8314845/1/Ever_thine_ever_mine_ever_ours (agreguen el fanfiction blah blah)


Soundtrack del capitulo: Colombo- Astro watch?v=xWrb2HBhtoY&feature=fvst (Casi terminando el capitulo se usen esta cancion. Es muy divertida xD ¡Ah! agreguen el youtube blah blah c:)


Bella Pov

Tengo demasiados recuerdos en mi mente de cuando era pequeña y son los que más atesoro en el mundo porque dentro de ellos estaba Edward.

Llegue a Forks cuando tenía doce años porque a papá le habían ofrecido un trabaja como jefe de Policía y no podía rechazarlo. No nos podíamos dar el lujo de pensarlo cuando mamá estaba cesante y Emmett tenía una infección a los oídos y sus remedios eran los más caros.

Nos mudamos y nunca creí poder amar un pueblo tanto como lo hago con Forks. A veces me ahogaba y me sentía aprisionada entre tanto verde pero ahí fue cuando conocí a Alice y, probablemente, fue lo mejor que me pudo pasar en mi vida.

En el pueblo no había mucho que hacer, papá me dijo que pasara el tiempo con Emmett pero él estaba en cama, recuperándose de su infección. No lo quería molestar, además el era mayor y no querrá jugar conmigo.

Llegamos hace dos semanas y me estaba matando del aburrimiento. Mamá no estaba en casa porque había conseguido un trabajo como maestra en un jardín infantil y guardería, eso le quitaba desde la mañana hasta el anochecer; las madres a veces se retrasaban y mamá tenía que quedarse con los niños el tiempo que ellas tardaban. Lo encontraba muy noble de su parte. Yo no sería tan paciente con esas señoras que dejan a sus hijos, porque tienen que trabajar, y más encima llegaban tarde. Mamá me explicó un día que no todos los niños tenían un papá o mamá juntos, o que no todos tenían dinero para vivir. Entendí que las madres y padres se sacrificaban por sus hijos, para darles de todo y que nos les faltara nada. También me explicó cuanto sufrían por dejarlos la mayoría del día.

Después del colegio me pasaba todos los días para ayudar a mamá con los niños y me encariñé mucho con ellos. Eran pequeños, el mayor tenía seis años, me seguía a todas partes y siempre cuando llegaba tenía algo que darme. Se llamaba Benjamín y era mi preferido. Mamá decía que el pequeño estaba enamorado de mí.

A pesar de que todos los niños me aceptaron y la directora no tuvo problema con que yo ayudara, sentía que algo me faltaba. Pero no podía quejarme, ya que lo que más me gustaba de todo era poder jugar con los bebés.

Creo que congeniaba mejor con ellos que con los niños de mi edad. No tenía amigos en la escuela, no hablaba mucho, me sentía incomoda al lado de tanto niño. Así que no tenia compañero de banco, ya que me sentaba al final, donde nadie podía verme y para ser sincera, me gustaba pasar desapercibida. Nadie quería ser amiga de la hija del Jefe de Policía Swan. "Puede ser una soplona" escuché a una chica.

Emmett se recuperó y salía con todas las chicas de su instituto. Cada chica diferente y todas plásticas, como decía mamá. Me puse celosa, Emmy es un chico guapo y el era mío por lo que me divertía haciéndole bromas a las chicas que lo venían a buscar.

— ¿Necesitas algo? —pregunté dulcemente a la chica rubia que esperaba en la puerta.

Ella me miró de arriba abajo y sonrió petulante. Rodé los ojos internamente. Otra estúpida a la lista de Emmy. Me preparé para la mierda que me diría… la ultima me recomendó algunos productos para el cabello seco y frágil. Esa fue una forma de decir que lo tenía pajoso y como la mier…

—Hola—se agachó un poco y tomó mis mejillas apretándolas fuertemente— ¿Eres la hermanita de Emmett? —preguntó, dejándome las mejillas rojas. Intenté sonreírle pero me salió una mueca horrible. No era que me importara. Solo asentí— ¿Sabes? Te falta un cambio de look, un Fashion Emer…

—Disculpa—la corté. Sonreí maliciosamente… por dentro— ¿Quién eres?

Ella me miró confundida, luego irritada, ofendida y por ultimo con suficiencia. ¿Es bipolar?

—Soy la novia de tu hermano—dijo como si fuera obvio. Nuevamente rodé los ojos.

— ¡Ah! ¡Eres Ashley! Es un gusto conocerte—sonreí—Emmett me ha hablado tanto de ti, dice que tus besos son los más maravillosos… Debe estar enamorado de ti. El otro día lo escuché hablar con un amigo y dijo algo de una "mamada" de su vida y salió tu nombre…—puse expresión confusa. Me llevé un dedo a mi barbilla y pregunté—: ¿Qué es una mamada?

La chica abrió y cerró la boca sin decir nada. Su cara se volvió roja y una vena se le hinchó en la frente. Maldijo entre dientes.

—Mi nombre es Christine—masculló.

—Oh… entonces, ¿Qué necesitas? —pregunté haciéndome la apenada. La verdad es que me moría por reírme y me estaba doliendo la garganta de tragarme las risas.

—Eh…

Ella miró detrás de mí y frunció el entrecejo.

—Eres un maldito estúpido, Emmett. ¿Así que la mamada de tu vida, eh? Pues ve a pedírselo a tu abuela…—tomó una piedra y se la tiró a la cara. Él, confundido, la atrapó y yo me escondí detrás de él—Oh, y tu niñita asquerosa si fueras a un concurso de feas serias la ganadora. Todas esta familia es una perdedora—se giró para irse y esa era mi señal de retirada.

¿Qué tengo que ver yo…? Loca.

Emmett gruñó. Me quede quieta en mi lugar, dándole la espalda. Me tragué la risa, de nuevo, y me preparé para mirarlo.

— ¿Qué sucedió esta vez? —dijo enojado.

Lo miré inocentemente e hice un puchero, como lo había visto en la televisión—Yo no hice nada, Emmy.

Sabía que lo mataba que lo llamara así. Le encantaba.

El vaciló un momento pero luego frunció su ceño— ¿Sabes al menos lo que es una mamada, Bella? —negué la cabeza. Él suspiró aliviado—Menos mal… Espero que no lo sepas nunca… Bella, estas ahuyentando a las nenas lindas.

—Eres mío—mascullé—Además me dijo fea…—murmuré y me fui a mi habitación. Di un gran portazo y el también

Después de eso ninguna chica venia a mi casa para buscarlo. Él siempre salía y antes me prometía que yo siempre estaría primero.

Un día, luego del colegio, me dirigí a la guardería donde trabajaba mamá. Estaba apurada porque Benjamín, el niño que siempre me recibía con una flor, hoy se iría a otra ciudad, a su padre lo trasladaron a Chuchuncocity*. Estaba triste y esta era la única oportunidad que tenia de verlo.

Corrí lo que me quedaba de camino y no me fijé por donde iba, hasta que escuché una voz.

— ¡Cuidado, Alice! —advirtió una voz masculina.

Choqué fuertemente contra el cuerpo de una niña, Alice. Me doble el tobillo y miré a la niña que estaba tendida en el suelo. Intenté ayudarla cuando unas manos me cogieron de la cintura.

— ¿Estas bien? —me preguntó un chico de ojos verdes, alto y de cabello cobrizo. No tendría más de diecisiete años, debería tener la edad de Emmy, pensé.

Asentí muda. La verdad es que el golpe había sido fuerte y me dolía el pie al recargarlo. Puse mi peso en el otro pie, aparentando estar bien.

—Deberías ayudarla a ella—indiqué a la niña que aun estaba en el suelo. El chico me miró confundido y luego se percató de la niña. Una perfecta "o" se formo en sus labios y después sonrió burlón.

—Para que tener hermanos…—murmuró la niña. Era tan pequeña como un duende, tenía el cabello largo y negro, con algunas ondas y una pequeña horquilla rosa pastel a un lado de su cabeza. Fulminó al chico con la mirada y luego puso atención en mí. Sonrió y se le iluminaron los ojos— ¡Dios mío, seremos grandes amigas! —exclamó. Me abrazo fuertemente y el chico rió.

Estaba incomoda y me separé de ella. Le pedí la hora pero ya era tarde. Benjamín se habría ido ya. Mis ojos se empañaron y sentí un nudo en la garganta ¡Si la profesora no hubiera querido hablar conmigo después de clases podría haber llegado con tiempo de sobra!

— ¿Estas bien? —preguntó el chico guapo. Para qué negarlo, era una hermosura. Pero estaba triste y no podía pensar en eso, no cuando mi pequeño amigo se iba. Negué con la cabeza y me aleje de ellos. Intente no cojear pero me fue imposible, me dolía un cuerno y apenas podía apoyar mi pie en el asfalto— ¡Hey! ¡Espera! —gritó cuando ya estaba lejos.

— ¡Mi nombre es Alice! —Gritó ella— ¡Seré tu mejor amiga! El estúpido de mi hermano se llama Edward y te cargara a donde tu desees… no puedes andar.

"¿Qué?" dijo Edward por lo bajo.

Terminé aceptando que Edward me llevara a la guardería y fue todo un caballero, estaba feliz y tenía una nueva amiga. Nunca había visto a Alice y ella me dijo que recién se habían mudado por el trabajo de su papá. Cuando llegamos Benjamín no estaba pero mamá me consoló en sus brazos, diciéndome que había un regalo para mí en el jardín.

En el pequeño jardín había una pequeña macetita con una cinta rosa amarrada alrededor. Lo tomé, realmente me gustaba la compañía del niño. Hablaba hasta por los codos pero rellenaba los espacios de silencio en los que nunca fueron incómodos. Yo no necesitaba hablar para que la conversación fuera amena. Le pregunté a mamá que era con lágrimas en los ojos y ella me sonrió, diciéndome que era un cerezo. Un árbol que plantaríamos en el patio de nuestra casa.

Debajo de ese árbol fue cuando me enamoré de Edward y pase los mejores momentos con Alice. Luego se sumó Rosalie y mi hermano, por muy pedófilo que era por la diferencia de edad, se quedó prendado de ella, pero siempre el respeto. Después conocimos a Jasper y este se enamoró de Alice, el fue todo un caballero cuando Edward lo interrogó. Y yo… yo me convertí en la mejor amiga de Edward y no me importo los seis años que nos separaban, porque el siempre seria mi amigo.

Los brazos de Edward me rodearon la cintura y hundió su nariz en mi cuello, para aspirar el olor de mi champú preferido.

— ¿Qué piensas? —preguntó en la oscuridad de su habitación.

—En tu castigo, aun no se me olvida que llevaste a Carlie a un sex… Ni siquiera puedo decirlo sin enojarme—suspiré.

El rió. Maldito descarado—Así que… ¿me castigaras como intentaste hacerlo hace algunas horas, cariño?

— ¿Me lo recordaras toda la noche? —mascullé. Vale, me salió mal el castigo. La que terminó con un orgasmo fui yo y más encima pedí más. Seré zorra… pero no podía resistirme a Edward. A sus veintiséis años estaba como quería. Y el cerdo ni siquiera hacia ejercicio.

—Si, fue demasiado divertido verte enojada y tan decidida y después pedirme a gritos que te follara sobre la mesa—Echó su cabeza hacia atrás y soltó una carcajada que podría haber despertado a los niños. Pero como su habitación era a prueba de sonido… me pregunto para qué quería una a prueba de sonido…

— ¿Oh, sí? —pensé en mi venganza. Okey… hoy Edward no tendría orgasmos—Espérame.

El no alcanzo ni hablar cuando salí corriendo del departamento e ir al mío. Alice y Rose estaban con Jasper y Emmett, respectivamente, por lo que camine con sigilo hacia mi habitación y tomé lo necesario para la noche.

.

Volví al departamento Edward y me fije en el salón; los papeles de regalos estaba regados por el suelo y los juguetes de William y Carlie estaban encima de la mesita de centro. Mis regalos también estaban desde el sofá, eran demasiados.

La noche había sido estupenda y hermosa. Necesitaba a mis padres, pero eso no fue problema. Emmy los llamó y puso el alta voz. Hablamos durante una hora y ellos nos comentaron como lo estaban pasando en Forks.

Si, mamá fue con Phil para pasar la Navidad con papá y Sue, su novia. Los hijos de ella, Seth y Leah estaban con su padre, Harry, el mejor amigo de papá y, como nosotros, pasarían con ella el año nuevo. Quizás nos viéramos, amaba a Seth con todo mi corazón, era un chico muy tierno. Pero nunca pensé que podía llegar a ser parte de nuestra familia, me alegra, aunque Leah es un poco recelosa conmigo, sé que hay una gran chica por dentro que sufre. Nunca me ha contado porque tiene ese dejo de tristeza pero toda la reserva Quileute sabe que Sam se enamoró de su prima, Emily.

Emmy y yo rezamos para que la pequeña casa de Forks no explotara con Renée y Charlie juntos, peleaban hasta gritarse y Phil siempre los separaba. Para nuestro alivio siempre era en bromas, nunca se decían nada hiriente. No terminaron mal, nunca fue un divorcio difícil, aunque mamá entristeció cuando no quisimos irnos con ella. Pero entendía que papá quedaría solo y que ella ahora tenía a Phil, su esposo super joven. Ahora Sue protegía a Charlie de las discusiones.

En fin, la noche fue genial, especialmente cuando todos aceptaron la decisión de adopta a William.

Carlisle conocía a William. La familia Stanley vivía cerca de la casa de ellos, aunque unas cuadras más abajo, donde las casas eran más económicas. Cuando los niños fueron a tomar una siesta para estar despiertos a la medianoche y abrir sus regalos, Esme nos contó que siempre veía al niño siempre solo en el parque donde lo encontramos. Ella nunca quiso meterse en los asuntos de esa familia, pero le daba mucha pena que la madre se comportara como una zorra y que la hermana, aparte de ser una secretaria inútil, no hacía nada para defender a su hermano del maltrato. También conocían al padrastro de los chicos, un tipo que llegaba siempre ebrio y que había tenido varios accidentes automovilísticos.

Había muchas cosas que considerar. Teníamos que dar aviso a la policía y dejar una constancia por maltrato familiar y negligencia por parte de la madre e inestabilidad emocional. Yo no conocía el proceso de adopción, pero al parecer Carlisle y Edward sí, ya que el hospital tenía un convenio con un centro de adopción. Tenían sus contactos y aunque fuese un poco corrupto por parte de nosotros, sabíamos que William estaría mejor con nosotros que con cualquier familia que no lo conociera. Pero había un problema: el proceso. Ninguno de nosotros quería que Will tuviera que estar en el orfanato o en el centro, aunque fuese por un par de días, no queríamos que él se sintiera solo y menos en un lugar lleno de ilusiones rotas, donde había niños que esperaban que los adoptaran desde que nacieron.

— ¿Están de acuerdo? —preguntó Edward un poco nervioso con respecto a la adopción de William. Se notaba cuando tomaba su taza de café pero no le dije nada. No quería incomodarlo más, solo me limite a acariciar su muslo. Aunque por las miradas que me mandaba creo que estaba haciendo cualquier cosa menos calmarlo.

Toda la familia se miró y asintieron sonrientes.

— ¡Claro! —Exclamó Esme—Pero hay un detalle.

Fruncí el ceño.

— ¿Cuál?

—Esme tiene razón—apoyó Carlisle. Edward me miró confundido.

— ¿En qué? —quise saber.

—Yo también creo que mamá tiene razón—dice Alice. ¿Qué dem...?

— ¿En qué? —preguntó Edward más nervioso.

—Te apoyo, cariño—dice Jasper. Me estaba enojando no saber de qué mierda hablaban.

— ¡Por favor! —exclamó Edward. Lo ignoraron.

—Nosotros también creemos que Esme tiene razón—dijo Rosalie abrazándose a mi hermano. El también estaba en esto.

— ¡DIGANME QUE COSA! —alcé la voz. Todos me miraron sorprendidos pero sonrientes.

—Oh, querida. Un niño necesita un hogar estable—rió Esme. Su esposo asintió mirando con complicidad a los demás.

— ¿Y…?—animé.

—Que este hogar no es estable. Edward apenas puede con una niña, no está casado—remarcó la palabra, irritándome en el acto. Esme carraspeo, llamando mi atención—De todas formas, vendrá un asistente social al examinar el entorno en el cual William vivirá y tendrá que decidir si es correcto o no.

Edward y yo nos miramos, sabíamos lo que se nos venía.

—Mi edad…—susurré. Carlisle negó con la cabeza.

—Tu edad nada, fuiste capaz de cuidar a un pequeña diablilla y hacerla sonreír. Tu edad será otra cosa que podemos arreglar… pero ¿están juntos? Es necesario saber eso…—me pierdo, ¿acaso no han visto que nos besamos y hasta nos tocamos frente a ellos? ¿Qué prácticamente parezco la madre de Carlie?

— ¡Claro que sí! —Saltó Edward— ¿Es que no les ha quedado claro? ¿En cómo nos miramos? Bella ni siquiera ha dormido en su habitación en las pasadas semanas, duerme aquí, en mi cama, conmigo. Ella es mi mujer. La amo y es mía. Nos amamos—dijo agitado. Respiró hondo y se calmó.

Una sonrisa se formó en mis labios. Escuchar que un hombre fuera tan posesivo molestaría a cualquier mujer, pero a mí no. El también era mío.

— ¿Están juntos? —preguntó Alice sonriendo. Rodé los ojos.

— ¿En serio necesitan preguntar?

Ellos asintieron divertidos.

—Vale, si. Estamos juntos. Lo amo y el es mío. Carlie es mi pequeña, me dice mamá y quiero que William sea feliz, con nosotros. Somos una familia y quiero ser parte de ella. Haré todo lo que sea posible…—dije.

—Entonces… Cásate con Edward—soltó Rosalie de sopetón. Vi como Emm se tensó y ella le acaricio el brazo, relajándolo por completo. Mi hermano era igual de posesivo conmigo, pero yo acepte a Rose y el tiene que aceptar a Eddie.

Nos miramos y abrimos los ojos como plato. Comencé a reírme histéricamente y Edward me acompaño sujetándose el estomago.

— ¿Qué es tan gracioso? —Preguntó Jasper—Podrían contar el chiste…

—Ya… le pedí… matrimonio…—dijo Edward entre risas. Reí mas al recordar la noche en que me lo pidió.

— ¡Perfecto! —chillaron las mujeres. Dejé de reírme por su emoción, pero Edward sonrió divertido, acomodándose en el sillón.

—Le dije que no—me encogí de hombros y me acurruque en los brazos de Edward, escondiendo mi rostro en su cuello. Su cuerpo varonil se sacudió por la risa y pronto comencé a reírme del silencio sepulcral que se instaló en la habitación.

Casarme… No sería tan malo. Quiero un perro, un labrador negro.

Si me pidiera matrimonio de nuevo aceptaría, pensé. No lo dudaría ni por un segundo, pero también quería jugar.

Fue todo un caso sacarlos del silencio, ninguno creía que yo hubiera dicho que no y no mentía cuando pensé que si me lo pedía de nuevo, decía que si. Lo haría y estoy segura que no me arrepentiría.

Para mí el tema de mi edad es un poco difícil. Tengo veinte años, pero no tengo prejuicios con la diferencia de edad entre nosotros. Me importa un cuerno que la gente hable, total no sabe como son nuestras vidas. Pero lo que me preocupa es que al ser joven no pueda manejar la presión y al final esta relación termine mal.

Pero no puedo evitar pensar en que de repente todo se acabe…

Duele.

Siempre hay peros en esta vida… debo arriesgarme ¿no? Seré una gran escritora, viviré lo que tenga que vivir, disfrutare a mis pequeños y a mi novio…

— ¿Bella? —Llamó el rey de roma— ¿Eres tú?

¿Quién más?

Llegue a su habitación y escondí lo que traía detrás de mí.

— ¿Esperas a alguien más, Edward? —lo miré fijamente, el sonrió ladinamente y puso su cara sexy.

—Si, a una mujer extremadamente hermosa, se fue corriendo… Se supone que le haría el amor hoy, lo haría duro… ¿has visto a una castaña por ahí?

—Oh, sí. La vi por el pasillo, era extremadamente sexy pero no me dijo que hoy tendría acción, más bien buscaba algún castigo…—dije. El me miró extrañado, pero lo ignore.

Cogí su muñeca y lo senté en la cama. Saqué lo que tenia detrás de mí y lo enganché a su muñeca.

— ¿Qué dem...? ¡Bella! —me miró coqueto y luego frunció el ceño, sin entender, al ver que yo lo esposaba al respaldo de la cama.

—No es solo una muñeca, cariño…

Tomé su otra muñeca y la esposé al otro lado de la cama. Quedó al centro de la cama, recostado, mirando al techo y preguntándose qué mierda le haría…

Dejé las demás cosas sobre la mesita de noche y acomodé las almohadas para que quedara medianamente sentado.

— ¿Ese es…?—miró el consolador.

—Su nombre es papi… respétalo, me ha acompañado durante años y me gusta. Solo que no lo he usado en mucho tiempo—susurré. El cerró los ojos—Mírame, Edward.

El abrió sus ojos verdes, ya casi oscuros de tanta lujuria que me humedecí. Froté mis muslos, buscando fricción, el sonrió ante mi gesto.

— ¿Por qué no me sueltas y hacemos esto más fácil, Isabella? —preguntó con voz ronca.

Negué con la cabeza.

—Este es tu castigo, Eddie—reí.

— ¿Cómo...? ¿Cómo puede ser esto un castigo?

Me pare en medio de la habitación y comencé a deslizar el vestido blanco, contorneándome en el proceso. Edward tragó en seco cuando bajé por completo el cierre. Lo miré fijamente y un bulto en su entrepierna se hizo notar. Eddie quería saludar, lástima que no lo haría hoy.

Deslicé el vestido hacia abajo, dejando al descubierto el conjunto de encaje que Alice me había comprado.

—Creo… creo que es buena idea que te pruebes el Babydoll que te regale—tartamudeo Edward. Sonreí ante eso, pero me negué a usarlo—Tal vez mañana… Ese te queda perfecto—rió nerviosamente.

—Por supuesto.

Me saqué el vestido y el miró mis pantaletas negras. Tenían un diseño floral hermoso pero eso no era lo que Edward observaba, sino que miraba fijamente mi húmeda parte baja.

Comencé a tararear una canción sexy para darle ambiente al lugar y le baile coquetamente. Edward no alejaba la vista de mi cuerpo y eso me tenía totalmente satisfecha. Me seguía con la mirada, esa tan penetrante que quemaba. Yo no podía estar mas húmeda, hasta creía que tenia los muslos mojados.

Edward se removía en la cama, tratando de soltarse y poder, por último, tocarse, ya que a mí esta noche no me tocaría. Maldijo una decena de veces pero no logró ni siquiera moverse. Su entrepierna pedía a gritos que fuera liberada, pero este era su castigo.

—Bella…—gimió cuando retire el sujetador y mis pechos saltaron llenos y con los pezones erectos—Suéltame, por favor—suplicó.

—Nop—sonreí. Él tenía el cabello revuelto y mas desordenado de lo normal, su boca estaba entreabierta y respiraba con dificultad, su pecho se movía rápidamente. Hacia fuerza con las muñecas y sabia que le picaban las manos por tocarme… Se veía jodidamente sexy, pero debía tener fuerza de voluntad y no comérmelo en el acto.

Me acerqué a él y con mi dedo rocé su miembro.

—Oh, mierda…—jadeó. Apreté un poco su pene por encima del jean que llevaba y esta vez gruñó, pero me alejé y agarré una silla que estaba cerca para ponerla en medio de la habitación. Justo al frente de la vista de Edward, que aun tenía una mueca de placer en su cara por haberle tocado su miembro. Me costó el no sacarle los pantalones y meterme su pene dentro de mí. Podía sonar muy dramático pero me estaba sacrificando.

Todo por la educación y para que aprenda la lección.

Me senté en la silla, retire mis pantaletas y quedé completamente desnuda. Abrí las piernas y gemí cuando mi dedo índice acarició mi clítoris con suavidad.

Me estaba tocando para él.

— ¡Demonios! —maldijo entre dientes.

Estaba tan húmeda que me fue fácil el deslizar dos dedos dentro de mí, para bombear de a poco. Gemí, jadeé y grité cuando aumente la velocidad. Mi mayor preocupación era que los niños no despertaran… aunque no pude evitar gritar ante el placer que me daban mis dedos.

No es lo mismo que Edward cuando me toca, de todas formas se sentía bien y era más caliente cuando lo hacía frente a él.

Moví mis caderas e hice círculos con mi dedo pulgar sobre mi vagina mientras tenía dos dedos dentro mí. Mantenía mis ojos cerrados, apenas tenía fuerzas para abrirlos por el placer que sentía. De todas formas lo hice y una bola de fuego se instalo cuando vi a Edward relamerse los labios y tocarse lo que pudiera alcanzar con sus pies… Estaba desesperado.

—Mierda, moriré por tener las bolas azules…—gruñó.

El calor en mi vientre intensificó y aumente el ritmo, mi respiración se volvió errática. Me encontré dando grititos de placer cuando mi liberación estaba cerca.

—Córrete, Isabella…—dijo con voz ronca—Hazlo para mí. Mierda… si tan solo… pudiera tocarte…

— ¡Ah! Me… háblame…—jadeé.

—Imagina que son mis dedos, Isabella—mi nombre lo pronunció de tal forma que sentí que estaba a mi lado, tocándome y haciéndome llegar.

—Maldición, esto es… g-genial… —piñizque mi clítoris y llegó mi orgasmo. Me vine duro, nunca fue tan fuerte. A lo lejos escuché un sonido gutural desde la garganta de él—Edward…—susurré con una sonrisa floja. El me miró y sonrió ladinamente.

—Creo que me vine sin que nadie me tocara, es un record, Bella. Ven a ver lo que me haces—dijo con una voz malditamente seductora.

Me levanté con el peso del orgasmo y caminé lentamente hacia la cama. Me senté en medio de sus piernas y bajé su pantalón. Roce mi dedo por encima de su bóxer y el dio un respingo, luego metí mi mano y… me encontré con su semen, aun caliente. Acaricié un poco y el gimió.

—Oh… Bella, sigue... —dejé de hacerlo porque este era un castigo. Me di cuenta que su pene aun estaba duro, era increíble.

Llevé mi mano llena de semen a mi boca, lamí y chupe cada uno de mis dedos, sin dejar rastro de su semilla. Me miró sorprendido y con su boquita abierta… que no me pude resistir a robarle un beso. Fue jodidamente caliente cuando metió su lengua en mi boca y se probó a sí mismo.

—Esto es el puto infierno…—murmuró.

—Aun queda el consolador…—reí.

.

.

— ¿Bella?

— ¿Mmm?

— ¿Me puedes soltar?

— ¿Para qué?

— ¿Por favor?

— ¿Para qué? —insistí divertida.

— ¿Me contestaras todo con preguntas? —Preguntó y reí— ¡Mierda! Suéltame, ya… por favor. Me duelen las muñecas—se quejó. Alcé mi vista desde su pecho y vi que estaban un poco rojas. Era mi culpa.

—Dios, Edward… lo siento—besé la punta de su nariz y me apresuré a abrir las esposas—Pero antes… prométeme que no me tocaras hasta mañana… Es tu castigo—esbocé una sonrisa—Además estoy cansada…

—Claro, cansada…—gruñó—Tuviste cuatro orgasmo con el consolador y uno con tus propios dedos, ¿Qué tengo yo? Bolas azules…

Reí ante sus gestos infantiles.

— ¿Me lo prometes? —hice un puchero y me hice la inocente. Él suspiró y negó con la cabeza.

—Lo prometo…

—Bien.

Lo solté y el tomó sus muñecas masajeándolas. Hizo una mueca de dolor, por lo que no me contuve y se las bese.

—Lo siento—susurré apenada. Era mi culpa, fui un poco bruta…—Sana, sana, potito de rana si no sana hoy, sanará mañana—el rió y me miro con ternura.

—Esto me recuerda a algo…—nos acostó y me estrechó entre sus brazos. Me sentí bien y segura cuando lo hizo, su olor me embriagaba, pero era más que eso… me encantaba estar en sus brazos.

—No me lo recuerdes—gemí escondiendo mi cabeza en su cuello—Es muy vergonzoso.

—A mi me pareció lo más dulce que pudiste hacer, Bella. Te amé mucho más de lo que ya lo hacía—dijo dulcemente, mientras acariciaba mi cabello—Cantabas bien—rió.

Golpeé su estomago.

— ¡Auch!

—Tonto…

Recordaba ese maldito día, porque fue el más embarazoso de mi vida. Odie esa canción por años… muchos años…

No podía creer que Edward aun recordara ese día, aunque era digno de hacerlo.

No tenía nada que hacer. Emmett había salido con Rose al parque, Alice estaba en casa ayudando a Esme con algunas cosas, Jasper estaba en no sé dónde y Edward… no sabía nada de él.

Decidí quedarme en casa y hacer mi habitación, que cada día parecía un basurero comunitario. Creo que tenía un sándwich debajo de mi cama…

Subí a mi habitación y abrí la ventana para que entrara el aire, prendí la radio y la puse a todo volumen.

Hacia mi cama cuando sonó mi canción favorita.

Hey na na hey na na
Hey na na hey na na
¡Hey! los conejos se están poniendo a bailar
Se mueven, mueven cantando papapá!

Moví mis caderas al ritmo de la música. Giré e hice piruetas raras.

Hey na na hey na na
Hey na na hey na na
Mira como hacen piruetas esas bestias
Rebo-rebotan saltando papapá!

Reí cuando tropecé con un plato que había en el suelo. Dios, soy tan desordenada. Tomé la escoba y la usé como micrófono. ¡Amo esta canción!

— ¡Oh! míralos correr, míralos correr, míralos correr—grité a todo pulmón— ¡Ojala se queden! ¡Y que no se vayan! ¡Y que no se vayan! ¡Oh! De vuelta al campo, donde viven bien y tienen mil amigos. ¡Ojala se queden y que no se vayan y que no se vayan! ¡Oh! Y que no se vayan…

Que se queden aquí
hasta que reviente mi cabeza

— ¡COLOMBO BOMBO CONGO OH PAPAPÁ! —grité moviendo la escoba como si yo fuera una super estrella. Reí a carcajadas pero mi risa se detuvo cuando oí una pequeña risita.

Hey na na hey na na
Hey na na hey na na
Mírennos todos haciendo el ula-ula
se mueven, mueven girando papapá!

Me giré bruscamente para ver a Edward en el umbral de mi puerta, con la mano en la boca, tratando de sofocar las carcajadas que amenazaban por salir. Me sonroje pero no paré.

Bailé para él y Edward se quedó quieto, mirándome. Cogí su mano y lo acerqué a mí para bailar cerca. Me di la vuelta y él se colocó detrás de mi espalda, sus manos se quedaron en mi cintura siguiendo mi contorneo, según yo, sensual…

Hey na na hey na na
Hey na na hey!
Con mis orejas de plástico me voy a infiltrar
seré un felpudo blanco Oh papapá!

Edward estaba pegado a mi espalda y podía sentir todo de el. No me importaba que tuviera dieciocho y que yo fuera una niña… me gustaba, eso era lo importante.

Oh! míralos correr, míralos correr
míralos correr.

—¡Ojala se queden y que no se vayan y que no se vayan! ¡Oh! —canté a los cuatro vientos. Edward rió y fue maravillosa la sensación cuando su pecho vibró.

— ¡De vuelta al campo, donde viven bien y tienen mil amigos! ¡Ojala se queden y que no se vayan y que no se vayan! ¡Oh! ¡Y que no se vayan! ¡Oh! —gritó él, aun pegado a mi espalda y moviendo sus caderas conmigo. Bailábamos al ritmo de la música, pegado y bajando al suelo, casi tocándolos. Edward mantenía sus manos en mi estomago, aprisionándome con sus brazos—Que se queden aquí hasta que reviente mi cabeza…

— ¡COLOMBO BOMBO CONGO OH PAPAPÁ! —seguí yo, sonriendo feliz. Nunca pensé que limpiar mi cuarto fuera tan divertido.

Y que no se vayan Oh! y que no se vayan Oh!
Que se queden aquí
hasta que reviente mi cabeza
Colombo Bombo Congo Oh papapá!

Me giré y tropecé con una cascara de plátano. Me agarré de Edward y me llevé conmigo directo al suelo ¿Qué dem…? Ah sí, soy desordenada.

— ¡Auch! —exclamó. Lo miré y tenía un rasguño en el antebrazo.

—Eres una niñita—me burlé, rodando los ojos.

El bufó y me saco la lengua.

—Muy maduro, Cullen.

—Déjame, me duele. Además me estas aplastando. Esta muy gorda—abrí los ojos desmesuradamente. Está bien, lo aplastaba porque estaba encima… de él.

Joder.

Estaba a horcajadas sobre Edward. Me sonroje furiosamente.

—No estoy gorda—mascullé, bajándome de su cuerpo.

—Sí, lo estas.

—Vete al demonio, Edward.

—Nop—sonrió burlón. Maldito…— ¿No me darás un besito en mi herida? —hizo un puchero como los que me había enseñado Alice.

Negué con la cabeza.

—Me dijiste gorda, vete—dije enojada. ¡A una mujer nunca se le dice eso! Mi ego cayó en diez puntos…

El se quedó callado.

—Vete, Edward…—dije entre dientes mientras volvía a ordenar mi cuarto.

—No… no estás gorda…—susurró—Estas… perfecta…

Me giré de golpe y el desvió la mirada. Me acerque a él y tomé su antebrazo, lo besé con suavidad.

—Sana, sana, potito de rana, si no sana hoy, sanará mañana—recité y sonreí, me puse de puntillas y le di un beso en la mejilla.

Edward sonrió ampliamente y me ayudo a ordenar mientras cantábamos más canciones ridículas.

—Me dijiste gorda—dije enfurruñada.

—Pero sabias que no era así—rió— ¡Oh! Casi se me olvidaba… tenía un último regalo para ti…

Fruncí el ceño. ¿Regalo? ¡Pero si me había regalado muchas cosas!

Se levantó rápidamente y sacó una cajita rectangular, azul y aterciopelada del cajón de la mesita de noche. Me quede muda, cualquier mujer sabia que dentro de una caja así había un regalo carísimo…

—Espero que te guste—dijo sonriendo como niño pequeño. Abrí la caja y…

¡Dios! Tome la cadena entre mis manos, era tan hermosa y delgada. Su habitación estaba a oscuras pero la luz de la luna hacia que la cadena brillara con todo su esplendor.

Era una cadenita de oro y tenía un corazón de oro, que dentro poseía una pequeña piedra verde. Era una esmeralda, igual de hermosa que sus ojos. Era tan simple, pero tan hermosa.

Se me empañaron los ojos ante tal detalle.

— ¿Te gusta? —preguntó. Solo pude asentir—Da la vuelta al corazón—ordenó.

Lo hice y decía: "Te amé, te amo y te amaré, Bells"

—Yo también lo haré, Edward. Gracias—mi voz se quebró y me lancé a sus labios y brazos— Te amo—susurré.

—Yo también lo hago—nos acostó, nuevamente y me quedé profundamente dormida, escuchando su respiración y los latidos de su corazón.

Esta fue la mejor navidad de mi vida… para todos.


*Chuchuncocity: Es, en buen chileno, a la cresta del cerro. Mas elegante: Al fin del mundo xD Si alguien mas dice eso en su país, perdónenme mi ignorancia no sabia D;


Holaaaaaa, chicas. Realmente siento la tardanza :c Bueno, creo que les debo una explicación. Hace algunos años me detectaron diabetes y tengo que tomar pastillas, el problema es que mi insulina esta por los cielos y me subieron la dosis y mi cuerpo no soporta mas allá de 500 gr y tengo que tomar 750 gr. Entonces, estuve con dolores de cabeza casi todos los días, mas las tareas del maldito colegio, que juran que uno es una maquina D: Bueno, por esa razón no pude escribir y fue mucho tiempo, pero vengo con un cap gigante c: *-*'

Espero que les guste el capitulo *-* y lean mi nuevo FIC: Por fis c: se los agradeceria mucho c: