Chapter 7 "Any way you want it" By Journey
– ¿Alguien ha visto a Akane?
– Creo que sí, iba corriendo por el patio un rato atrás en esa dirección… – apuntó hacia el norte – no se veía muy bien…
Ranma salió rápidamente del salón. ¿Cómo no se le había ocurrido que se escondería allí?, bueno, en realidad era otro el problema… ¿por qué se ocultaba?, si tenía algún problema… ¿por qué no recurrió a él?
Las preguntas bailaban por su cabeza. Había ocurrido algo en la mañana, quizás estaba enojada, o no… ahora la buscaba para aclararlo. ¡Pero odiaba que se escondiera de él!, se iban a casar en un par de días... había que dejar las inmadureces de lado.
Flashback
En la mañana, Ranma llegó más temprano que de costumbre a buscar a su chica, porque ésta lo había invitado a desayunar. Al entrar, sintió ruido en la cocina y decidió ir a ver, porque no había nadie cerca y Kasumi nunca hacía tanto escándalo para preparar la comida. Cuando llegó, vio a su novia Akane afanada con las ollas… tragó saliva. ¿Quería hacerle el desayuno, acaso?, ahora entendía por qué le había dicho que llegara temprano… por su espalda bajó un largo escalofrío. Un segundo vistazo le permitió ver que había chocolate esparcido por todos lados con vehemencia, potes por aquí, vasijas por allá, moldes por acá… y la cocinera, con un coqueto delantal, tenía chocolate incluso en la cara.
Ranma comprendió a qué se debía todo esto… y otro largo escalofrío lo dejó tieso.
– Maldición… hoy es San Valentín, lo había olvidado completamente… – masculló para sí.
– ¿Ranma? – llamó Akane, que lo había visto asomado por la puerta.
– Ho… hola…
– No alcancé a terminar de prepararlo antes que llegaras… – le sonrió.
– Ah… eh… uh… – musitó, nervioso por la belleza de su prometida, y por las ollas hirviendo quizás desde cuándo.
– ¿Lo comerás, verdad cariño? – preguntó, sonriendo con expresión extraña.
– ¡Por supuesto! – respondió automáticamente.
Akane sólo le llamaba "cariño" cuando no estaba dispuesta a recibir una negativa. "Cariño" en este caso era una verdadera advertencia, y Ranma ya sabía que no podía hacer otra cosa más que llevarle el amén, la otra opción era salir volando de una patada, y últimamente las cosas estaban bastante tranquilas como para arriesgar su integridad física por culpa de la cocina de Akane.
Por otro lado… la vio tan linda, con el coqueto delantal, esforzándose por hacer chocolates para él… luchando contra su incapacidad natural de preparar comida decente… y sólo para complacerlo.
De improviso, la tomó por la cintura, girándola al mismo tiempo hacia él, y plantándole un beso sorpresivo que la dejó sin aliento. La inclinó hacia atrás, acariciando su pecho con fervor, y luego sus piernas, y su entrepierna…
– ¿Tanto le gusta verme cocinando?, parece que lo haré más seguido… – pensó Akane, sin fuerzas para moverse o para recordar que cualquiera en la casa que pasara por ahí podría verlos.
Cuando el toqueteo furioso llegó a sus glúteos, Akane recordó dónde estaban, de sólo pensar que los vieran así le puso la piel de gallina… con una mano, palmoteó la espalda de su hombre para que la escuchara. Ranma se despegó un poco, ahora observándola con interés.
– Ah… este… la cocina… familia… – consiguió decir, sin hilar ninguna frase coherente.
– Sí entiendo – respondió el novio, con una sonrisa traviesa – es divertido dejarte sin aliento.
– Idiota…
La liberó con cuidado. Akane se apoyó en el mesón para regular su respiración, y mientras Ranma abandonaba el lugar, se volteó hacia ella.
– Apaga esa olla de ahí – la señaló – si no quieres incendiar la casa…
– ¡VETE YA! – gritó la chica de vuelta, tirándole un cucharón por la cabeza.
Fin flashback
Luego del desayuno, Akane había querido irse aparte de él, argumentando que "tenía una sorpresa". Entonces… no era posible que estuviera enojada. ¿Qué estaba pasando?
Llegó al lugar. Era el cuarto de limpieza donde se escondían bastante seguido para sus "sesiones de caricias", como Ranma había robado la llave al director y había hecho una copia para Akane, cualquiera de los dos podía entrar cuando quisiera. Le había costado bastante convencer a la chica de que usaran el lugar a su antojo.
– ¿Por qué no se me ocurrió venir aquí antes? – pensó, mientras abría la puerta.
Entró con suavidad. Todo estaba sospechosamente en silencio, sin embargo el perfume de Akane estaba ahí. Era el mismo que le había regalado hace unos meses, cuando pensaba que ella no lo quería más.
– ¿Akane? – susurró, llamándola.
– Ranma… – respondió, con la voz quebrada.
Su molestia inicial se fue con la velocidad del viento cuando escuchó el tono dolido de su prometida. Como un rayo, se plantó a su lado, con millones de ideas pasando velozmente por su cabeza.
– ¿La ofendí con mi broma?, ¿alguien le hizo algo?, ¿Xian-Pu la golpeó?, ¿se tropezó cuando venía?, ¿se quemó cuando cocinaba? – una tras otra, las preguntas abordaban su cerebro sin permitirle pensar – ¿Qué te…?
No alcanzó a terminar la frase, pues Akane se paró del suelo y le echó los brazos al cuello, como un animalito asustado. El joven quedó en shock, sin comprender qué estaba ocurriendo, imaginando mil situaciones distintas, mientras Akane seguía balbuceando maquinalmente, sus palabras no se entendían y eso le ponía más inquieto aún.
– ¡Ranma, es terrible!… tengo tanta rabia que no puedo dejar de llorar como una idiota… – la escuchó decir, aunque no estaba muy seguro si ese balbuceo melodramático era algún idioma conocido.
– ¿Pero qué ocurre?, no entiendo nada… ¿te duele algo, te hicieron daño? – respondió, nervioso por las lágrimas de Akane.
– ¡Ryoga-kun…!
– ¿Qué? – la sangre subió a su cabeza – ¡si ese estúpido te hizo algo lo mataré…! – murmuró con los dientes apretados.
– ¡Ryoga-kun es P-chan! – exclamó finalmente.
– ¿Uh? – Ranma se quedó de una pieza.
Akane lo soltó, limpiando su rostro con su brazo izquierdo. El joven notó que la mano derecha de su novia estaba lastimada.
– ¿Qué le pasó a tu mano? – inquirió, tomándola para examinarla.
– Es que… lo golpeé…
– Esto es peor de lo que pensaba…
– Lo vi hoy. Cuando venía a la escuela… ¡me siento tan humillada!, apareció de repente, atravesando una muralla… yo iba a saludarlo y una señora regando lo mojó sin querer… y lo vi, transformarse… no podía creerlo… luego, lo seguí sin que lo notara… P-chan entró a un baño público, y Ryoga-kun salió… – tartamudeaba en su relato, tan grande era su rabia… – ¡me siento la persona más estúpida del mundo!, no puedo creerlo… ¡todas las veces que dormí con P-chan era Ryoga-kun…! ¡Cuando le contaba mis problemas, o cuando me desvestía frente a él, era Ryoga-kun…! – Se tapó los ojos – ¡me muero de la vergüenza, me siento traicionada… yo pensaba que era mi amigo…! ¿Qué voy a hacer ahora, Ranma?, por un lado, el cerdito que creí mi mascota nunca lo fue… y lo peor, Ryoga-kun ni siquiera tuvo la decencia de no aparecer más… de evitarme, sabiendo que era humano y podía entenderme… y verme… ¡rayos!
Ranma tragó saliva, nervioso.
– Cuando salió del baño público, lo encaré. No pudo negarlo, me puse tan furiosa… y lo golpeé hasta que me cansé. Por eso me lastimé la mano… no sé, pero ese hombre tiene los huesos duros como el hierro… incluso un poste del alumbrado no fue suficiente para noquearlo… auch… – se quejó, mientras Ranma continuaba examinándola – tengo tanta rabia… me siento estúpida llorando aquí, pero no puedo evitarlo… ¡quería matar a golpes a ese imbécil…!
– Vamos a ir a la enfermería, a que te entablillen…
– Estás pálido… me lo imagino, tú tampoco lo sabías ¿no?
Uh-oh. Ahí estaba la maldita pregunta. Se quedó tieso, sin saber qué hacer o cómo reaccionar…
– ¿Ranma…? – insistió.
– Este… yo… – vaciló, mirando a otro lado – verás…
– Un momento… – Akane leyó algo en sus ojos y comenzó a recuperar su ira – tú… sí, lo recuerdo, tú estuviste celoso de P-chan muchas veces ¿era porque… lo sabías?… lo sabías… ¡¿LO SABIAS?! – escupió al borde de un ataque, retirando su mano tan rápido que se lastimó más. Encaminó sus pasos hacia la puerta, pateando todo a su alrededor mientras su aura, negra y maligna, se apoderaba del lugar. Ranma conocía esa reacción y se preparó para lo peor.
– Espera…
– ¡NO!
– ¡Escucha…!
– ¡NO!
– ¡Cálmate…!
– ¡NO! – chilló.
– ¡Akane, basta! – gritó, exasperado. Sujetó la muñeca izquierda de su chica, jalándola hacia él, obligándola a sostenerle la mirada. Odiaba ser tan brusco, pero no tenía opción.
– ¡Me traicionaste! – espetó, desesperada – ¿por qué rayos nunca dijiste nada?
– ¡No digas tonterías…! mierda… ese maldito de Ryoga… cuando lo vea… – miró a su chica, que había abandonado su ira momentáneamente, ahora estaba con la cabeza gacha y la mano herida, temblorosa. Decidió aflojar el agarre – escucha, Akane… ese idiota me hizo jurarle que no revelaría su maldición y cumplí a mi pesar, y si haces memoria, intenté mostrarte muchas veces la realidad y nunca te diste cuenta… no sé como fuiste tan necia…
– ¡No me digas necia!, bueno… lo sospeché alguna vez y sin embargo, me hice la ciega… pero tú… ¡eso de la promesa es una estupidez, yo soy tu novia!, ¿en qué demonios pensabas cuando no me decías nada?, ¿estás loco?
– ¡Ni se te ocurra culparme de todo! – gritó, nervioso – ¡tú tampoco te diste cuenta de nada y tenías la evidencia ahí mismo, por dios santo…! – pateó un balde, completamente exasperado. Se detuvo un momento, tomó aire e intentó relajarse por el bien de la discusión – a ver… mira, sé que me porté mal contigo, lo asumo. Pero, Akane… nos vamos a casar en un par de días más… quizás ésta sea la primera vez que podemos practicar…
– ¿Qué? ¿La traición?
– Tonta… el carácter… solucionar nuestros inconvenientes de forma adulta…
– ¡Nada de eso…! ¡Ésta no es otra de nuestras discusiones estúpidas…! – chilló, agachando la cabeza para tratar de calmarse.
– ¿Podremos superar esto…? – dijo Ranma, mirándola de reojo, soltando ahora completamente su muñeca. Como vio que su novia se mordía el labio de rabia, decidió hacer algo – Akane… ojo por ojo, si eso te hace disculparme.
– ¿Qué dices…?
– Golpéame. Luego de eso… ¿me perdonas?
Akane se quedó mirándolo, sorprendida. Enojada, levantó su mano izquierda y lo abofeteó, con toda la rabia que tenía. Ranma no hizo nada, ni siquiera la miró… y sintió que no estaba haciendo lo correcto. Cuando levantó la mano de nuevo, no pudo. Bajó el brazo lentamente, apretando el puño, frustrada.
– Te vas a comer todo el chocolate que hice, cariño… – no era una pregunta.
– Claro que sí…
– Te haré la cena hoy, y mañana, y no dejarás siquiera un grano de mi arroz… he estado mejorando mi cocina sólo para ti… quería que fuera una sorpresa, pero lo adelantaré un poco.
– D-de acuerdo… – asintió – noooo, el castigo es peor de lo que imaginaba… – pensó, temblando.
– Te… te perdono… – lo miró, seria – pero… no vuelvas a hacer algo como eso… la próxima vez que se te ocurra omitir algo así…
– Era lo único que te ocultaba… créeme, no quería que fuera así.
– Me voy a la enfermería… no me sigas.
La chica caminó hasta la puerta. Cuando comenzó a girar el pomo, se volvió para mirar a su novio. Pensó que, aunque había actuado mal, también fue por no traicionar a su amigo… pero no era justo que por proteger su secreto, ella saliera herida. De pronto, como un latigazo, recordó a Shinnosuke y cuando estuvieron en Ryugenzawa, se dio cuenta que, quizás a menor grado, ella también hizo lo mismo. Y por culpa de ello, Ranma casi se va de su lado sin saber la verdad del asunto. Odiaba reconocerlo, pero no podía juzgarlo tan duramente.
Deshizo el camino y llegó de nuevo frente a Ranma, quien se puso en posición defensiva instantáneamente.
– ¿Pensabas decirme la verdad alguna vez?
– Sí… no había encontrado la ocasión, eso es todo… – respondió, bajando de a poco su defensa.
– Ojalá no te amara tanto… sólo en ocasiones como esta…
– Es el irresistible efecto Saotome…
– Claro… – balbuceó, resignada – ¿me… me llevas a la enfermería…?
– Por supuesto, falta que te caigas de una escalera y llegues enyesada a la boda…
– ¡Idiota!
Le tiró un manotazo, que fue interceptado hábilmente. Ranma la tomó por la cintura, pegándola contra su cuerpo. Sujetó su barbilla, acercándola tanto que sus respiraciones se sincronizaron sin esfuerzo. Akane enrojeció, y miró a otro lado.
– No porque te haya disculpado significa que puedes besarme de nuevo…
– ¿Entonces, desde ahora debo pedirte permiso?
– No, digo… estoy dolida, Ranma…
– Lo sé, lo siento…
– Pero… en unos días más, estaremos casados… podrás desplegar todo tu irresistible efecto Saotome para ese momento… – murmuró con mucho esfuerzo, roja como tomate y dándole rápidos vistazos, avergonzada.
Ranma sonrió. La soltó con suavidad, abriendo la puerta para ir a la enfermería.
Y los dos días pasaron. Así, el 16 de Febrero, Akane Tendo dejó su apellido y firmó para entrar a la familia Saotome. Por supuesto que su cambio de nombre fue una buena discusión con Ranma, pero supieron salir de ella con bastante entereza… no en vano Akane se pasó los dos días anteriores repitiendo su discurso de que "ya no somos niños, ya no podemos tratar los temas con la inmadurez de antes, ahora seremos esposos, tenemos mucho por hacer", etc., etc. Ranma estaba algo aburrido de esa cantaleta, aunque no podía negar que tenía razón… lo divertido era descubrir que, esos días, fue Akane la primera en explotar siempre antes que él. Obviamente, Ranma no desaprovechó las oportunidades de restregarle en la cara su poco autocontrol, y Akane se enojaba más aún, aunque al final terminaba cediendo a regañadientes.
Con la ayuda (no desinteresada ni gratuita) de Nabiki, y los ahorros de Nodoka, pudieron hacer la ceremonia de forma privada y sin preocuparse de las otras prometidas de Ranma, que fueron despistadas y nunca supieron que el matrimonio se llevó a cabo. Tatewaki Kuno, demasiado ocupado aún con las fotos de Akane y Ranma-chan, no se dio cuenta de nada. Aparte de la ceremonia, podían ir ahora de luna de miel a un hotel cercano a aguas termales, lo cual era un escenario ideal para sus planes.
– Akane-chan – llamó Nodoka a su nuera – ¿puedes venir un momento?
– Claro… – contestó la nueva señora Saotome, que llevaba un lindo vestido color nácar con una cola gigante y un velo poderoso.
– Te compré algo para tu primera noche con mi hijo… es un disfraz completo de sirvienta… ¡lo vas a enloquecer!
– Ah… eh… – al borde de un ataque cardíaco, no supo qué contestar.
– ¡Míralo, Akane-chan!, es hermoso… – levantó una punta de la caja, y unas blondas blancas cosidas a una falda negra se asomaron – ¡oh, querida!, mi hijo se ve tan varonil de etiqueta… – sollozó, señalando a Ranma – me hace llorar de felicidad… pensar que no se parece nada a su padre… por suerte…
Akane, sonrojada intensamente y sin ser capaz de articular palabra, recibió el regalo de su suegra. ¿Sería capaz de usarlo?, bueno… lo descubriría una vez estuvieran en el hotel.
– Si Ranma no se porta como un hombre contigo, sólo dime y llegaré a tu lado, querida…
– No, no, eso no será necesario… – sonrió asustada, sin perder de vista la katana que Nodoka nunca se sacaba de encima – su hijo es un Saotome…
– ¡Lo sé, lo sé! – interrumpió, mirando el techo – ¡es un semental en bruto!
Akane no supo qué responder, de nuevo. Como no iba a quitarle la sonrisa a Nodoka, decidió deslizarse fuera de su perímetro y arrancar a un lugar seguro. Se fue a una de las mesas que tenía ponche, y bebió un vaso rápidamente. Se quedó en blanco, sin poder pensar claramente… y se tomó otro, mientras una serie de imágenes recorrían su cabeza, todos los encuentros secretos que tuvo con Ranma desfilaban, alegremente, por su memoria. Era como el anticipo de lo que vendría. El paso definitivo. Entregar su virginidad completa al hombre que amaba.
– Entregar mi… – enrojeció como un foco de sólo pensar en eso. De pronto, sintió que un brazo la afirmaba innecesariamente.
– Cuidado… ¿no habrás bebido mucho?
– ¿Por qué lo dices?
– Estás roja…
– No es porque haya bebido de más… – miró hacia otro lado.
Ranma se quedó mudo, sin entender lo que ocurría.
Luego de ciertas formalidades, los novios estaban listos para comenzar su luna de miel. Fueron despedidos por su familia completa, y emprendieron su viaje hacia el hotel.
Akane iba distraída, pensando obsesivamente en lo que ocurriría a continuación – necesito calmarme… nunca hemos llegado tan lejos pero… a lo más me ha quitado el brasier… ¡no puedo ser tan cobarde!, rayos… – apretó su puño, frustrada (su dedo medio de la mano derecha seguía entablillado), mirando de reojo a su ahora esposo, que parecía distraído y algo preocupado… – ¿estará pensando lo mismo que yo?
– ¿R-Ranma…? – su voz flotó, etérea, en el ambiente.
El aludido volteó su mirada hacia ella, y sintió que todo lo que pudiera decirle estaba de más. Efectivamente, estaba nervioso y ansioso, como ella.
En silencio, se conectaron a través del fulgor en sus ojos.
No pudieron dejar de observarse. Su ley de atracción estaba haciendo efecto, como cada vez que estaban juntos… o incluso cuando estaban físicamente separados.
El silencio era demasiado agradable como para interrumpirlo con una frivolidad.
Éste, finalmente, era el tiempo para ellos, la ocasión que tanto esperaban para dar rienda suelta a su pasión, por tanto tiempo contenida y reducida a encuentros cálidos y espaciados, ocultos para evitar explicaciones.
Akane se vio reflejada en los ojos de Ranma, un poco diferente a lo que el espejo le mostraba cada mañana… cabello corto (algo más largo que de costumbre), rasgos delicados y con una mirada dulce como la miel que confería a su rostro una belleza extraña, casi animal. Pestañeó, confundida por las distintas facetas que no había considerado de sí misma.
Ranma acortó un poco la distancia entre ellos, acercándose con suavidad. Aprovechó que entre el chofer y ellos había un vidrio polarizado que los separaba, y tomó la mano de su mujer, acercándola a su cuerpo. Akane se inclinó despacio, hasta llegar al pecho de Ranma. Cerró los ojos, para escuchar los alborotados latidos de su corazón, y de alguna forma sentía que éstos rebotaban dentro de su cuerpo, como si fuera una extensión de él.
Continuaron así, quietos y en silencio, hasta que el coche se detuvo en el hotel. Ranma sacó las maletas y las cargó sobre sus hombros.
– ¿Cómo vas? – preguntó Akane, divertida.
– No te burles… ¿llenaste tres maletas grandes tú sola y quieres saber cómo voy?
– Te ayudaría… pero ya ves lo torpe que soy – y rió, casi con inocencia.
– ¡Bah! Como si un hombre tan fuerte como yo necesitara la ayuda de un marimacho… – replicó, sacándole la lengua.
Entraron a la habitación luego de chequear su llegada. Akane corrió al balcón, que tenía una hermosa vista, además de estar cerca de aguas termales… cosa buena considerando que aún estaban en invierno. La chica soltó el cinturón de su abrigo, liberándose de él con naturalidad. Miró hacia atrás, y vio que Ranma estaba tieso sentado sobre la cama. Le dio ternura verlo así, tan tímido de nuevo. Se acercó despacio, hasta quedar a su lado. Le tomó una mano y se dio cuenta que estaba sudando.
– ¿Ranma…?
– Estoy nervioso, ¿qué te puedo decir?, es… todo es diferente ahora…
– No todo… por ejemplo, tú sigues siendo tímido para algunas cosas – sonrió – cuando no piensas, no te cuesta tomar la iniciativa… tú me lo dijiste…
– Es que… Akane… – la miró – ya sé que no debería estar nervioso… pero… llegaremos a un nivel diferente de… tú sabes…
– Bueno, entonces debería ser yo la nerviosa – murmuró, enrojeciendo – nunca me has visto completamente desnuda… bueno, Jusenkyo no cuenta… tampoco cuando nos conocimos…
– En ese tiempo tenías el cabello muy largo… y cuando estabas quieta, parecías una señorita – rió con el recuerdo.
– ¿Cómo que…?
Akane se lanzó a golpearlo, instancia que el joven aprovechó para aprisionar a su esposa contra su cuerpo. La chica se quedó quieta, sin poder moverse, con una expresión ofendida en los ojos.
– ¿Ya no estás nerviosa?, lo que es yo… – susurró Ranma en su oído, haciéndole cosquillas con su aliento cálido en el cuello.
– N-no… – respondió, sin darse cuenta que había olvidado todo lo anterior con ese abrazo.
Akane subió los brazos al cuello de su esposo, envolviendo su anatomía con sus piernas. En esa sensual posición, lo besó con fervor, intentando dejar sus miedos de lado, y que él hiciera lo mismo. Dominada por la pasión, le tiró la trenza, haciendo que cayera de espaldas sobre la cama, con ella encima.
Se besaron con pasión, explorándose por milésima vez… la diferencia es que ahora podían hacerlo sin miedo a que los vieran, o los encontraran.
Ranma levantó la falda de Akane para acariciarle las piernas, subió por el muslo y llegó a los glúteos, que masajeó oscilando entre la rudeza y la ternura. Se alzó un poco apoyando un codo en la cama, la otra mano subió por la espalda de su chica, sintiendo que la blusa estorbaba como nunca. La tomó, quitándola de su vista rápidamente. Con la prenda también se fue el brasier, y Akane sintió un poco de frío por la época del año, el cual rápidamente dio paso al calor de sus cuerpos, por lo que no volvió a pensar en ello.
Akane rompió la camisa blanca de Ranma, dejando al descubierto su fuerte anatomía. Hundió suavemente la cara en su cuello, embriagándose con el aroma a bosque maduro que la esperaba. Se extasió con la dureza de su cuerpo entrenado para el combate, que sin embargo la acariciaba con tanta pasión y dulzura.
Ranma se levantó de la cama, seguido su esposa que sin pensarlo, le quitaba los pantalones casi con violencia. Ante esto, reaccionó con cierta fiereza, terminando de despojarla de sus ropas y dando rienda suelta a sus instintos.
Ahora que ambos estaban libres de sus ataduras, pudieron por fin sentir la calidez de sus cuerpos. Ese abrazo, desnudos, era lo más increíble que habían disfrutado hasta ese momento de su relación.
Akane sintió las manos ásperas y tiernas de Ranma rodeando su cintura y sus pechos, y sintió que el fuego la abrasaba por dentro. Sintió también su aliento tibio en el cuello, y creyó desfallecer.
Ranma en tanto, acariciaba con vehemencia los pechos de su mujer, siempre le habían gustado mucho y era su delicia tocarlos, y ver la reacción que provocaba en ella le volvía loco de placer. Sin poder contenerse, la arrojó de espaldas a la cama, cayendo sobre ella y continuando los besos húmedos y las caricias. Bajó de sus pechos a su zona sur, que tocaba directamente por primera vez. Gracias a su maldición, conocía en detalle el lugar, pero era diferente acariciarlo sin la ayuda de la tela. Despacio, palpando con cuidado, fue guiándose por las reacciones de Akane, hasta que encontró el punto que la hacía vibrar de gusto. Se dio cuenta que ese lugar esperaba ansioso por él, por lo que decidió quitar el sello de su esposa y hacerla suya definitivamente.
Akane se aferró a él mientras comenzaban el primer intento.
– ¿Está… bien? – preguntó en un momento, al notar que no lograba su objetivo.
– Sí… no te preocupes por mí…
– Es que…
– Soy fuerte, Ranma, sólo hazlo…
Animado por las palabras agitadas de Akane, decidió hacer lo que le pedía y en un solo y rápido movimiento, removió por fin el sello. Un segundo después, voló hacia el otro extremo de la habitación. Chocó contra los muebles, y cuando pudo levantarse, vio a Akane con el puño alzado aún. Caminó hacia ella como una tromba.
– ¡¿PERO QUÉ DEMONIOS TE PASA?! – gritó, sobándose.
– Oh…. perdón, fue sin querer… – se defendió.
– ¡¿CÓMO PUEDES DECIR QUE FUE SIN QUERER?!
– ¡Ya deja de gritar, pareces una niña!
– ¡Al menos yo no te mandé a volar, marimacho!
Se quedaron en silencio por un rato.
– Eh… ¿lo logré, no? – dijo Ranma, de improviso.
– ¿Tú dices…? s-sí… – se sonrojó Akane.
– ¿Crees que podamos continuar sin que me golpees de nuevo?
– Idiota…
La chica lo miró, ofendida. Ranma se acercó de nuevo a ella, despacio, para besarla con cuidado. Mordió su labio inferior con delicadeza, al mismo tiempo que sus dedos acariciaban su mejilla, rozándola apenas. Lamió lentamente sus labios y las comisuras, presionando de a poco para lograr que Akane se relajara y ahora, besándola completamente, comenzó a recorrerla nuevamente con sus manos ásperas y tiernas.
Se interrumpió, para poder abrazarla y sentirla, su respiración agitada, su pulso frenético... Akane había abandonado su molestia hace rato (aunque se arrepentía de haber golpeado sin querer a Ranma) y se dejó querer y acariciar, cerró los ojos cuando el joven la acercó a su pecho y vibró con cada caricia como si fuera la primera.
Cayeron sobre la cama de nuevo, conociéndose más profundamente, con más calma y sin presiones, había tiempo para todo.
Desde ahora, el tiempo ya no tenía el mismo significado para ellos. Ya no era juntarse en sus lugares "favoritos" a disfrutar de su compañía. Tampoco aparecerse misteriosamente en la habitación del otro, siempre atentos a que nadie los observara. Ahora, el tiempo no podía medirse, y eso era nuevo para ellos.
– Vamos a tener que practicar bastante… – murmuró Akane durante una pausa en que intentaba recobrar el aliento.
– Hago mi mayor esfuerzo… – gruñó Ranma, ofendido.
– Tonto… lo digo porque… eres muy bueno… – musitó, avergonzada.
Ranma pasó rápidamente de la extrañeza a la diversión. Comprendiendo, rió abiertamente y acomodó su cabello con gallardía, el cual estaba suelto debido a que Akane, en un momento de extrema pasión, le tiró la trenza de tal forma que la cinta salió volando quizás dónde.
– Sabía que quedarías encantada… – sonrió, con los dientes extra brillantes.
– Oye… no te lleves todo el crédito… – dijo tirándole una almohada.
– ¿Qué no? – la arrinconó contra el respaldo de la cama, hasta que la hizo sonrojarse – ¿me decías…?
– Ah… – murmuró, sin saber qué contestar.
Ranma aprovechó de besarla, sujetando su nuca con firmeza. Cuando vio que Akane estaba por derretirse sobre la colcha, se detuvo.
– ¿Entonces…? – insistió, casi riendo.
– Yo…
– Te lo dije, es divertido dejarte sin aliento.
– Eres un idiota – declaró, encantada.
– Dime… ¿qué haremos ahora?
– ¿A qué te refieres?
– Nuestro futuro… ¿cómo lo ves?
– Juntos… quizás no siempre felices, pero juntos, que es lo importante. Hay muchas cosas que debemos mejorar.
– Lo sé. Aunque… debemos prepararnos para lo que vendrá. Sabes que por un tiempo no nos dejarán tranquilos… y nuestra familia nos estorbará como nunca.
– Sí… pero aquí sólo tenemos esto. Seamos felices ahora, Ranma…
La luz de la luna iluminaba su rostro, haciendo que sus ojos brillaran con la dulzura de la miel. Ranma tragó saliva, nervioso como la primera vez que se dejó llevar por esa mirada…
– Eres hermosa… siempre lo has sido… – dijo sin contenerse, acariciando la mejilla de su esposa de esa forma especial que a ella tanto le gusta.
– Recuerdo la primera vez que te creí… cuando decías que soy linda… – sonrió con el recuerdo – parece como si fuera mucho tiempo atrás… y pensar que todo esto partió porque tú, como siempre, no entendías…
– ¿El qué…?
Akane lo rodeó por los hombros, colgándose de su cuello como tanto le gustaba hacerlo. Ranma la acomodó en su regazo, abrazándola por la cintura. La chica hundió la cara en su cuello, inspirando profundamente antes de contestar con una sonrisa en el rostro enamorado.
– ¿No lo ves, Ranma?, yo vivo para ti.
Hola a todos! :D como siempre, les agradezco por leer mi historia :3 me hacen muy feliz!
Éste es el último capítulo… haré el epílogo, of course :D y es el último porque creo que la vida de casados de estos dos debería ser otro fic :D y creo que así lo haré ^^
Saludos en primer lugar a Vale, Mille, Andrea, Andrés, Mari y Eve :D gracias por todo :D y obvio, también a Rutabi, Nadioshi, GenRubi88, allissha, JeSs W21, KagomeSakura18, mechitas123, aisakahyuuga, nymphadorapotweasmal, Barby, y a todas quienes me leen, eso ya es muy importante para mi :D
Nos vemos en el epílogo :D gracias!
