Capítulo 2: Amistad

-"¿Cuántos amigos cree qué tiene?

Un día corriente en Baker Street, todo era corriente sin el detective consultor. El doctor estaba sentado en su sillón, con un té y un par de galletas que le había preparado su casera. La señora Hudson y él se habían apoyado mutuamente, los dos querían muchísimo a Sherlock. Para ella era como un hijo y para él era como…

¿Cómo era para él Sherlock Holmes?

-"Este es mi amigo, John Watson"

-"Colega."

El doctor había estado mucho tiempo solo antes de conocer a Sherlock Holmes. Después de la guerra no le quedaba nada, sus padres ni siquiera le llamaban y su hermana sumida en el alcoholismo. Le hacía algunas visitas pero siempre acaban en gritos.

Lo único que tenía John Watson era una pistola. Guardada en un cajón, sola, fría.

Algún día quería utilizarla de nuevo, cuando estuviera cansado de luchar.

Pero conoció a Sherlock Holmes, todo cambio. Volvía a ver el campo de batalla, sentía de nuevo ganas de luchar, pasión…

Todo gracias a él. Todo se lo debía aquel detective.

Pero ya no estaba, se había marchado para siempre aunque no quería creerlo aún..

Suspiró, se puso su abrigo y se fue hacía la calle para comprar algunas cosas en el supermercado de al lado.

En el camino se encontró a un grupo de chavales haciendo un graffiti. No le dio mucha importancia hasta que vio lo que estaba escrito.

"Sherlock Holmes es un farsante"

Al ver eso escrito y a los chavales mofándose sintió una rabia incontrolable. Odiaba cuando decían cosas de él, le asqueaba. Daba igual que él mismo le dijo que era una farsa, nunca lo creería, todos esos momentos juntos, todos esos instantes que John recuperó las ganas de luchar…No podía ser una mentira.

Se acercó rápidamente a los muchachos y furioso agarro a uno por el cuello mientras le miraba con una mirada amenazadora. Los demás intentaban pegarle pero el soldado los tumbó a todos con una sola patada.

-"¿Habéis escrito eso?" Gritó..

-"S..sí" Tartamudeó el chico por el puro miedo.

-"Solo soy tu amigo"

-"Pues lo que vuestros amigos y tú habéis escrito es una mentira. ¡Sherlock Holmes no es un farsante! Él es….mi amigo. Mi mejor amigo. Y no permitiré que le insulten"

Los chicos, temerosos, asintieron con la cabeza. John dejó al muchacho que tenía agarrado por el cuello en el suelo y con un gran miedo en el cuerpo salieron corriendo.

Se quedó durante un par de minutos viendo la pintada y con rabia cogió un pote de pintura blanco que habían dejado allí. Puso una gran "X" blanca en las letras negras que tachaban a su amigo de farsante y escribió por encima. Sonrío un poco y le hizo una foto a su obra de arte.

Una frase no solo pintada, sino que también expresaba lo que Sherlock Holmes era para él.

Le daba igual que le dijeran, no le importaba. La frase "Yo creo en Sherlock Holmes" se quedaría en esa pared, se quedaría en él.

"¡Déjenme pasar! ¡Soy su amigo!"

Sherlock Holmes caminaba con un paso pesado cerca de Baker Street. Pasear por aquella calle algunas veces era peligroso, pero algunas veces le gustaba estar en zonas que le eran familiares, aunque conociera como la palma de su mano todas las calles de Londres.

En la otra calle vio como un grupo de señoras y niños miraban una pared, curioso decidió ver que ocurría.

Se tapó el rostro aún más y se quedó en un lado bastante oculto de las demás personas. Miró la pared y una cara de asombro llegó a su rostro.

"Yo creo en Sherlock Holmes"

"Yo no tengo…¡Amigos!"

-"¡Madre mía!" Se quejaba una señora –"¿Quién ha hecho esa pintada?"

-"Fue el amigo del señor detective" contestó el hijo de aquella mujer.

-"¡De detective nada!" Gruñía otra mujer -"¡Es un farsante!"

Sherlock bajó la mirada, sabía que todos opinarían así de él sin dudarlo. Sherlock Holmes un hombre frío, distante, cruel, sin sentimientos.

-"Pero mamá….el amigo del señor detective me curó la pierna. Es un hombre muy bueno. No creo que un hombre bueno estuviera con un farsante mamá" Explicó inocentemente el niño.

-"Le engañó. Como a todos" Decía otra.

-"Pero.. ¿Entonces por qué escribe esas pintadas? ¿Por qué aunque le engañó, escribe eso? Yo creo que no lo cree. ¿Y si lo qué dijeron de él es mentira? ¿Y si no es un farsante?" Explicaba un chico más mayor.

Las mujeres empezaron hablar entre ellas, dudando.

-"La verdad es que el doctor Watson curó muy bien de mi hijo…" Murmuraba una señora.

-"Y es un hombre tan amable…Puede ser que lo que esté diciendo sea cierto…"

Después de un rato discutiendo decidieron volver a sus respectivas casas. Pero empezaban a creer que aquellas palabras podían ser ciertas.

-"Yo no tengo amigos. Solo tengo a uno."

Sherlock se quedó solo, en frente de aquellas palabras. John era lo único que tenía. Era todo para él. Nunca se lo merecería. John hacía tantas cosas por él…Le salva la vida, arriesga su vida por él, le defiende…

¿Y él qué hace? Mofarse. "Morir" sin darle ninguna explicación. Dejándolo solo.

Acarició aquellas palabras, como si fueran una persona, como si fueran él.

-"John…." Susurró en silencio.

Observó el suelo. Había tres potes de pintura, negro, blanco y amarillo.

Escogió el amarillo y debajo de las letras que el médico había escrito dibujó una cara con una sonrisa, muy parecida a la que había pintado en la pared de su casa.

La misma sonrisa que había pintado se mostraba ahora en su cara y a paso lento volvía de nuevo a lo que ahora era su realidad. Una realidad sin John Watson.

Pero pronto acabaría, pronto podía volver a casa, con él.

Le diría lo importante que era para él, le expresaría lo que siente.

Haría todo lo que fuera posible para hacer que creer en él todo este tiempo valiera la pena.

-"La soledad es lo que me protege"

-"No. Los amigos protegen"

Fin del capítulo 2