La Era Oscura.
Capitulo 6: Finn, el héroe condenado.
-¿Qué?- Pregunto la princesa aun sin poder captar lo que el humano le estaba diciendo.
-Dulce Princesa, tuve un Sueño de Muerte y en él había una guerra contra el Lich- Volvió a decir el humano en el intento de hacer reaccionar a la joven monarca, pero esta estaba tan atónita por lo que le acababa de decir el humano que un ingrato "¿Qué?" era lo único que podía decir y Finn estaba desesperándose.
Pero había dos cosas buenas en la tensa escena que había creado Finn al soltar toda la sopa frente a la Dulce Princesa; una era que Bonnibel estaba sentada y gracias a ello no se desplomo en el piso cuando Finn le dio la noticia; y la otra que no le había gritado por decirle lo de la guerra dos días después de haber tenido el sueño. La princesa estaba que no lo podía creer, incluso tuvo que respirar una y otra vez y contar hasta diez y regresarse para no desmallarse con todo lo que Finn acababa de decir y fue una suerte que el chico avisara a tiempo que la razón por la que el Lich regreso era porque una guerra estaba por empezar en todo Ooo y contaban con tiempo suficiente para que todos los reinos organizaran a sus mejores guerreros y al resto de sus tropas. Bonnibel nunca en todos sus años como monarca se espero que una segunda guerra se llevara a cabo luego de años de la trágica Gran Guerra de los Champiñones, en donde muchos perdieron a sus seres queridos, otros mutaron… y ella conocía a una persona que aun no olvidaba todo aquello.
-¿Cuánto tiempo nos queda, Finn?- Pregunto de golpe. Necesitaba saber cual era la fecha exacta para que todo el mundo estuviera listo.
-No lo se, princesa. Pero creo que si la espada es destruida, nada de lo que vi en mi Sueño de Muerte pasara- La joven miro a Finn y entonces se levanto se la silla y le coloco las dos manos en los hombros.
-¿La espada es lo que esta buscando el Lich?- El chico asintió- ¿Pero que estas esperando? Ve al laboratorio y has pedazos a esa cosa.
Y sin mas que decir, el humano desenvaino su espada y corrió directamente hacia el laboratorio, seguido de la Dulce Princesa, quien quería estar segura de que Finn terminaría con el arma de quien, según le conto el chico, estaba destinado a matarlo en la guerra. Una vez que estuvieron en el laboratorio Finn abrió la caja de cristal en la que se encontraba la espada y, con un poco de ayuda de la princesa, lograron sacar el arma y arrojarla al piso, que termino con una enorme grieta cuando el arma cayó en este. Sin pensarlo dos veces, Finn tomo con ambas manos su espada de Sangre de Demonio y la estrello contra la espada que se encontraba en el piso, pero el joven solo consiguió temblar como una gelatina al sentir el impacto de su espada contra la otra. Finn no se dio por vencido luego del primer intento, en su Sueño de Muerte la espada que estaban intentando destruir lo hizo temblar como le acababa de pasar hace un rato y su espada termino por romperse, pero esta vez no pasó. El aventurero intento una, dos, tres, cuatro y hasta once veces partir en dos la espada negra o por lo menos que se le callera un mísero pedacito, pero ni eso; el arma era muy dura, tanto, que dejo cansado al héroe por todos los intentos que hizo por partir a la mitad al arma. Y cuando el muchacho quiso hacer otro intento, la princesa le dijo que parara y que la espada no se rompería con los golpes que daba el humano, fue entonces cuando Finn le tomo la palabra y le pregunto que le sugería que hicieran.
Millones de veces Finn se arrepintió de haber preguntado aquello. Debió haber pensado que la Dulce Princesa se pondría hacer mil experimentos para crear algo que pudiera ser capaz de destruir el arma, por lo que Finn estuvo una eternidad sentado en una silla esperando a que la princesa terminara de crear lo que fuera que estuviera haciendo con todos esos líquidos verdes, amarillos, rojos, anaranjados y otro montón de colores mas. A principio intentaron con algo simple como acido, pero no paso absolutamente nada; también lo intentaron con explosivos, pero tampoco paso nada. Bonnibel ahora estaba creando una especie de poción para hacer que el arma explotara desde adentro, cosa que a Finn le pareció de lo más increíble, pero cuando Bonnibel empezó a explicarle todo lo que se necesitaba para la formula, lo que se debía medir y un rollo de actividades matemáticas el humano termino por dormirse en la silla dejando que la monarca hablara sola. Luego de varios intentos con explosiones de crear la poción, la Dulce Princesa pudo lograr crearla y el humano despertó exaltado cuando esta grito que había tenido éxito.
-¿Ya esta listo, princesa?- Pregunto el humano al ver una botella que contenía liquido gris dentro de ella y que parecía estar hirviendo, pues se podían apreciar las burbujas y el humo que salía del tubo.
-Si, pero hay que tener cuidado de usarlo. Seria peligroso que se rompiera- Dijo, dejando el tubo cerca de la espada.
-¿Por qué? ¿De que esta hecho?- Preguntaba Finn sin dejar de ver el tubo con el liquido.
-Solo un poco plutonio, acido, agua, amoniaco, baba de gusano, gasolina y una gran cantidad de pólvora.
-¿Y esta segura de que eso solo hará explotar la espada y no al reino entero?- Dijo cuando termino de escuchar todo lo que se necesito para crear la poción.
-Segurisima- Dijo y despues se puso una mascara de metal para herreros y a Finn también le entrego una- Pero será mejor que te pongas esto. El plutonio podría convertirnos en mutantes.
Al escuchar eso el humano no dudo en ponerse la mascara para herreros y se escondió detrás del escritorio de la Dulce Princesa, junto con esta por si algo salía mal con la poción. Bonnibel tomo con cuidado el tubo que tenía el liquidó y con el mismo cuidado lo froto sobre la espada y cuando termino de hacerlo la princesa se escondió detrás del escritorio y se tapo los oídos al igual que Finn, pues ver a la princesa hacer eso le indico que el arma haría explosión en cualquier momento. Y al cabo de unos minutos Finn pudo escuchar un enorme sonido que provino de arriba del escritorio, el cual tembló un poco al igual que otras cuantas cosas que estaban por todo el laboratorio de la Dulce Princesa. Cuando el sonido dejo de escucharse, Finn y Bonnibel se levantaron del piso y se encontraron con mucho humo rodeando todo el laboratorio y, cuando este desapareció, ambos casi se paran de pestañas cuando vieron que la espada seguía intacta a pesar de lo fuerte que fue la explosión.
-Pero no entiendo, se supone que debía destruirla por dentro- Dijo la princesa, quitándose la mascara y mirando sin comprender al arma.
-Algo debió salir mal- Dijo el humano.
-No, yo seguí los pasos tal y como debían de ser seguidos. No hay objeto en esta tierra que pueda resistir a una explosión como esa, Finn.
-Eso lo se- Y el humano sabia lo que decía, hasta el creía que era imposible que algo resistiera a tan tremendo impacto- Pero no creo que esto sea una simple espada.
La princesa estaba totalmente de acuerdo con el aventurero. Por más fuerte que fuera el objeto con el que ella experimentara, siempre terminaba volando en mil pedazos cuando le frotaba la poción esa encima y resultaba realmente raro que un objeto tan simple como lo era una espada no lo hiciera. Era oficial; esa cosa no era una espada normal. Bonnibel suspiro resignada, ella siempre le había encontrado solución a todo y cada uno de los problemas que se le presentaran, pero ese era un caso que no recaía en sus manos, sino en las de Finn. No había manera que ellos conocieran de destruir el arma, pero si era verdad lo que Finn decía y una guerra se desataría cuando el arma fuera robada, entonces irían hasta con Grob Gob Glob Grod si era necesario. La Dulce Princesa miro al aventurero y no dudo en que la mirada de Finn en esos instantes era de decisión absoluta por acabar con el arma y evitar que Ooo terminara en guerra y que cientos de vidas – e incluso la de él, según le había contado cuando le dijo lo de su Sueño de Muerte- se perdieran en esta. Bonnibel sonrió al ver al joven humano así de decidido, sin miedo, con el único propósito de mantener a salvo a los que mas quiere. Ese es Finn, ese es el chico humano, el último de toda su raza, el protector de Ooo el héroe que nadie olvidara aun si es que muere. Pero aquel héroe tan valiendo, honrado y que hace el bien sin mirar a quien, se convirtió en un héroe condenado la noche en la que tuvo su Sueño de Muerte.
-Ya déjalo así, Finn. Mas tarde ideare una forma de acabar con ella- Le dijo la princesa.
-¿Qué?- Soltó el humano al momento- No, princesa, no podemos rendirnos ahora. Debe haber una manera de…
-Sé que estas asustado con todo esto de la guerra, el Lich y tu muerte a manos de alguien que nadie jamás ha visto rondando por Ooo, pero ten paciencia. No por arte de magia podremos destruir esta cosa.
A Finn se le prendió el foco cuando capto las palabras de Bonnibel. ¿Cómo era posible que no lo pensara antes?
-¿Magia dijo, Dulce Princesa?- Pregunto el humano.
-Si, dije que no por arte de magia esta cosa se va a…
-Magia- Repitió Finn con emoción en los ojos y luego miro a Bonnibel, quien lo miraba confundida- ¡Magia!
-¿Te sientes bien, Finn?- Le dijo al notar el cambio de humor tan repentino del humano.
-¿Es que no lo ve, princesa? La magia es la respuesta a todos los problemas que existen. La espada debe estar protegida con magia, y solo necesitamos un mago para que le quite esa protección y entonces será una espada común y corriente.
-¿Estas seguro?- Pregunto la princesa no muy segura de lo que Finn le estaba proponiendo.
-Completamente. Déjeme ir a buscar un mago y en un momento voy a estar con usted- Y entonces el aventurero corrió hacia la puerta del laboratorio, listo para salir en su aventura. Pero antes de atravesar la puerta, Finn fue detenido por el llamado de la princesa.
-Espera, Finn. Antes de que te vayas ayúdame a poner de nuevo la espada en la caja. Podría cobrar vida y luego matarme.
Rápidamente Finn y la princesa levantaron el arma con la fuerza combinada de los dos y la colocaron dentro de la caja de cristal en donde Bonnibel ordeno que la guardaran. A simple vista parecía una caja rectangular de vidrio que con cualquier golpe podría romperse en mil pedazos, pero la verdad era que ese cristal era mas duro que una piedra porque Bonnibel les había hecho una muestra a Finn y a Jake el día en que la espada cobro vida e intento matar a la princesa.
Luego de que el arma fuera puesta en su lugar Finn salió corriendo del Dulce Reino en busca de cualquier mago que se encontrara en su camino para que le quitara lo que sea que esa espada tuviera que no la podían destruir; no debería de ser difícil, ¿verdad?.
Pero al final resulto no ser así. Por mas que el muchacho busco algún mago que supiera como revertir campos protectores todo hechicero que encontraba le daba una respuesta negativa a la que el esperaba, ni el idiota del Rey Helado sabia como hacerlo, por lo que Finn le dio una patada en la cara y lo dejo inconsiente en medio de su castillo de hielo junto con su pingüino Gunther. El héroe también hizo el sacrificio de tratar de convence al Hombre Magico para que los ayudara –aunque Finn aun seguía enfadado con el por haberlo convertido en pie- pero el sujeto estaba tan loco que ni atención le puso a la petición del humano y se fue bailando por el bosque. Y cuando Finn creyó haber encontrado al mago indicado, una vez en el laboratorio del Dulce Reino este terminó diciendo que tampoco sabía como revertir los campos protectores y que solo buscaba trabajo, por lo que Finn y la Dulce Princesa terminaron por lanzarlo por la ventana del laboratorio. El humano no volvió a salir del castillo, ya había buscado magos en todos los rincones de Ooo que conocía, incluso debajo de las piedras, porque nunca sabias cuando encontrarías a un hechicero hormiga o a un gusano mágico rondando por ahí, pero nada. Finn se insulto varias veces así mismo por no haber encontrado lo que estaba buscando, y aunque la Dulce Princesa le dijo un millar de veces que no había sido su culpa, Finn estaba terco con que no era posible que no encontrara un solo mago en toda Ooo que pudiera revertir un hechizo de campo protector.
-¿Usted cree que aun tengamos tiempo, princesa?- Pregunto el humano quien estaba sentado en una silla medio evaporizada del laboratorio.
-Claro que si, Finn, pero tienes que tranquilizarte o nunca encontraremos la manera de salvar a Ooo. ¿Por qué no vas a descansar un poco? Para que te tranquilices.
-¿Pero y si necesita ayuda, princesa? No quiero dejarla haciendo todo el trabajo.
-Mentita puede ayudarme. Ahora vete- Le decía al tiempo en que lo empujaba hacia la salida del laboratorio.
-Pero es que…
-Nada. Yo me encargare de todo. Tú mantente tranquilo- Dijo dejando al humano en la entrada del laboratorio.
-¿Y lo de la guerra?- Pregunto Finn girándose a ver a la Dulce Princesa.
-Se lo diré a todos después, Finn. Voy a intentar descubrir como destruir el arma y te avisare cuando lo haga.
-¿Esta segura de que no quiere…- Pero antes de terminar con su pregunta la princesa le cerro la puerta en la cara dejando al aventurero con la palabra en la boca-… que la ayude?
Finn suspiro y paso a paso se fue alejando de la puerta del laboratorio con la mirada en el suelo, esa no era la primera vez que Bonnibel lo mandaba a volar, pero de igual modo se sintió triste. Quería ayudar a resolver todo junto con la Dulce Princesa, quería mantener a salvo a todo Ooo y quería derrotar al Lich y a cualquiera que se atreviera a regresarlo a la vida o estuviera de su lado. Finn salió del Dulce Reino y se froto la nuca pensando en lo siguiente que haría, pero entonces se percato de que, en lugar de tocar la tela de su gorro, toco lo que era un mechón de su cabello y no fue hasta entonces que el aventurero se dio cuenta de que no había llevado puesto consigo su gorro de oso blanco. Imagino que se le tuvo que haber caído cuando estaba buscando a un mago que supiera revertir campos protectores, pero eso no era posible porque siempre lo llevaba consigo y ni una sola vez en su vida se le callo de la cabeza. No se lo puso cuando Marceline se lo quito y no recordó que ella volviera a dárselo. Tal vez ella lo tenía.
Toco la puerta de Marceline y en unos instantes la vampiresa abrió la puerta encontrándose con Finn, lo que fue nuevo para ella porque Finn y Jake normalmente la molestaban un rato y después se iban a su casa, pero esa vez Jake no estaba con Finn y el humano ya la había visto dos veces en el día. Aun pensando en como ayudar al humano, Marceline intento no parecer preocupada y, intentando sonar lo mas normal posible, empezó a hablar con el humano.
-¿Y ahora tu? ¿Qué estas haciendo aquí?
-Marceline, lamento mucho la molestia, ¿pero de casualidad tú no tienes mi gorro?
La mención del gorro hizo que ambos se sonrojaran. Podía parecer increíble, ridículo tal vez, pero ese gorro fue el causante de que el humano y la Reina de los Vampiros estuvieran a punto de besarse la vez en la que el Lich ataco al Dulce Reino. Maceline aun lo tenía en manos cuando escucharon la explosión y había olvidado por completo entregárselo al humano, y si, aun lo conservaba.
-Si, aquí lo tengo. Eh olvidado regresártelo pero en un minuto te lo traigo- La vampiro se dio media vuelta y en un abrir y cerrar de ojos entro a su casa para después regresar con el gorro de Finn en manos. El humano ya se preparaba para recibirlo, pero sin que se lo esperara, Marceline le coloco el gorro en la cabeza al héroe de tal manera que este quedo al revés y una parte le tapaba el ojo izquierdo a Finn.
Marceline rio al ver así al humano y Finn también lo hizo, pero sarcásticamente al tiempo en que reacomodaba su gorro, al cual ni siquiera se molesto en abrochar para asegurarlo y se cruzo de brazos al ver a Marceline sin poder salir de su ataque de risa. Finn aparto un mechón de su cabello que le caía al frente y le estorbaba para seguir viendo como la vampiresa se reía. Cuando Marceline paro, noto que el chico humano no estaba muy feliz con lo que ella acababa de hacerle, y Marceline, simplemente para que Finn no estuviera enojado con ella, le sacudió la cabeza como lo había hecho en tiempos anteriores y salió victoriosa, pues Finn borro la mueca que traía en su rostro y la cambio por una sonrisa que hizo a la vampiresa sonreír también. Y al percatarse de que la estaba miando como el buen idiota que era, Finn sacudió su cabeza hacia ambos lados y dijo:
-Eh, tengo que irme, Marceline. Jake debe estar esperándome y ya sabes como es el.
-Si, si. Entiendo- Dijo Marceline sin más.
-Pero tal vez te vea luego- Decía al tiempo en que retrocedía sin dejar de mirar a Marceline.
-Está bien, Finn. Yo también tengo cosas que hacer en la Nocheosfera- Finn se detuvo de golpe cuando escucho salir de los labios de Marceline la palabra Nocheosfera. Ella nunca iba a ese lugar a menos que se tratara de algo de suma importancia.
-¿A la Nocheosfera? ¿Por qué? Se atrevió a preguntar el chico.
-En realidad no lo se. Hace unas horas recibí un mensaje de mi padre diciendo que era algo importante, pero no dio detalles.
-Debe ser algo importante- Comento el humano.
-En la Nocheosfera nunca pasa nada interesante, así que "algo importante" no es la frase que buscamos, Finn- Dijo ella, cruzándose de brazos.
-Bien, Marceline, entonces nos vemos después- Dijo Finn dándose media vuelta para retirarse.
Al verlo irse Marceline estuvo totalmente segura de una cosa; si aun tuviera corazón, Finn seria el único que lo haría latir hasta darle un paro cardiaco. Se entristeció un poco cuando recordó que el muchacho había tenido un Sueño de Muerte y que tal vez no volvería a verlo nunca porque, según entendió la noche en que durmió en la casa de Finn, el Sueño de Muerte que tuvo tenía algo que ver con la repentina aparición del Lich y alguien mas. Dejo de pensar en eso y entro a su casa y al hacerlo tomo su Bajo-Hacha y en una pared de su sala abrió el portal que conducía a la Nocheosfera. Entro y se colgó el Bajo- Hacha en la espalda, y cuando atravesó el portal, este se cerró detrás de ella.
Marceline apareció dentro de la oficina de su padre, pero Abadder no rondaba por ahí en esos instantes, por lo que la Reina Vampiro avanzo hacia una ventana y poso sus ojos en el paisaje ardiente y rocoso que era toda la Nocheosfera. Hacia ya miles de años que ella era, junto con su padre, la soberana del Inframundo y ni con el paso de las eras Marceline no podía acostumbrarse al horrible lugar que le había tocado gobernar. El Mundo de los Muertos resultaba incluso más agradable que lo que eran sus reinos, pero debía conformarse con lo que tenía porque… era mejor que nada, ¿verdad? Pero jamás en su vida Marceline estaría tan loca como para dejar la Nocheosfera y tomar el lugar de Bonnibel en el Dulce Reino ¿Quién quería a un montón de golosinas como ejército cuando tenías a todo un imperio de demonios y vampiros bajo tu mando?
De repente Marceline escucho el ruido del picaporte de la puerta girándose y a esta abriéndose dando paso a lo que sea que estuviera a punto de entrar, y la vampiro agradeció que de todos los demonios que servían en la casa de su padre, fuera el quien había entrado a la habitación donde ella se encontraba. Hunson Abadder miro por un momento a la criatura que se encontraba frente a él y sonrió para sus adentros al ver a su hija, quien lo miraba directamente, esperando la razón por la cual se habían atrevido a molestarla en su casa. Hunson cerró la puerta detrás de si y se dirigió a su hija extendiendo los brazos hacia ambos lados.
-Hija, ¡cuanto tiempo! Ven a abrazar a tu padre- Dijo Hunson deteniéndose frente a la vampiresa, quien lo miro con una ceja enarcada, sin entender absolutamente nada de porque su padre actuaba así.
-Vayamos al grano, papá ¿Por qué me mandaste a uno de tus demonios carteros con una carta que decía que querías verme? Y si es porque quieres jugar Damas Chinas otra vez, ten por seguro que…
-No vamos a jugar Damas Chinas, Marceline. Te mande a llamar por algo mucho más importante que eso.
-¿Qué? ¿Ghunter por fin dejo salir toda su maldad interior?- Pregunto Marceline sarcásticamente.
-No, pero lo hará algún día y de eso estoy seguro?- Decía mientras se sentaba en uno de los sofás de su oficina. Marceline lo imito por igual.
-¿Y que estoy haciendo aquí entonces?- Se atrevió a preguntar. Hunson río al ver el carácter de su hija, ella era la única en toda la Nocheosfera y en su casa que podía faltarle al respeto sin que el terminara por evaporarla. El Señor de la Oscuridad miro fijamente a su hija y entonces dijo:
-El General Dorian- Marceline se sorprendió, desde hace milenios no escuchaba la mención del sirviente de Lich y de Satnam. Presto más atención a lo que decía su padre y le dijo:
-¿Qué pasa con el? Pensé que ya no seria un problema después de que le cortaras la cabeza en la Guillotina.
-Y eso se supone, Marceline, pero en realidad ha causado mas problemas de los que teníamos con el.
-¿Por qué? ¿Su fantasma no descansa en paz o que?- Pregunto la vampiro y después dejo salir unas pequeñas carcajadas de su boca.
-No. Es algo mucho, mucho peor que un fantasma rondando por ahí.
-Papá, dime que es para terminar con todo esto y poder largarme de aquí- Exigió. Hunson Abadder tuvo que contenerse para no gritarle a la Reina Vampiro, ya estaba acostumbrado porque, después de todo, la madre de Marceline también tenía el mismo carácter rebelde al igual que su hija.
-Escapo- Soltó Hunson sin mas. La vampiro no entendió lo que quiso decir su padre.
-¿Qué? ¿A que te refieres con que escapo? ¿¡Quien demonios escapo, papá!?
-Dorian- Y Marceline tuvo que contener la respiración. La joven casi se desmaya en el sofá cuando de la boca de su padre salió una vez más el nombre de Dorian.
-No es cierto… ¡TIENE QUE SER UNA BROMA!- Grito ella inclinándose adelante y casi levantándose de su asiento.
-Hija, lo que te estoy diciendo es tan real como que eres la Reina de los Vampiros.
-¿¡Pero como pudo escapar Dorian de la Guillotina!? ¡Nadie de la Tierra de los Desterrados escapa de la muerte por más que se esconda!
-Recuerda que estamos hablando del General Dorian, Marceline. No me sorprende que ese sujeto haya podido escapar, pero mira el lado bueno, al menos no escapo por su cuenta.
-Eso no me ayuda en nada, papá. Pero si me dijeras quien tuvo el descaro de librar a Dorian de la muerte, esta charla seria muy diferente.
Abadder no supo que hacer. Si le decía a Marceline que lo había liberado el Lich la vampiresa se enojaría con el como nunca antes lo odio en su vida y el Señor de la Oscuridad no quería ser odiado, otra vez, por su propia hija. El error que cometió al comerse sus papas fue el peor que pudo haber cometido y tuvo que esperar cientos de años para que su hija lo perdonara por haberlo hecho. Pero ahora la cosa era mucho mas que comerse unas simples papas, ahora estaban hablando del General Dorian, el Lich y posiblemente del caballero del terror. Sabia que Marceline se enojaría con el por no hacer algo al respecto y detener al Lich, pero si le decía, tal vez ella lo entendería.
-Fue el Lich- Ahora si Marceline no se contuvo al levantarse de su asiento. Su padre se mordió el la labio inferior cuando vio los ojos carmesí de su hija mirándolo de una manera que era extremadamente extraña en ella.
La Reina Vampiro intento decirle algo a su padre con respecto a la incoherencia que acababa de escuchar, pero no dijo nada, solo desvió la mirada para no ver a su padre, quien se sintió débil en ese instante. Marceline dejo escapar un suspiro y se quito el Bajo-Hacha de la espalda para después abrir el portal que la llevaría hasta Ooo. Su padre quiso detenerla, pero antes de pararse si quiera, Marceline volteo a verlo y dijo:
-Sinceramente, papá… nunca creí que toda Nocheosfera dependiera de mí.
Hunson solo se quedo mirando a la Reina Vampiro, impresionado por lo que acababa de escuchar y no pudo hacer nada más que quedarse sentado en el sofá de su oficina y ver como su única hija atravesaba el portal con la decepción claramente dibujada en su rostro. No podía dudar que, en todos los millones de años que llevaba vivo, le tocara sentir el dolor de un padre al sentir la decepción de su hija hacia él. Su sobrino
…
El General Dorian estaba impresionado con lo que sus ojos miraban en un espejo roto y algo polvoriento que se ubicaba en la pared de uno de los edificios en ruinas que existían en Ooo. Su amo en verdad lo ayudo mucho al tratarse de volverlo a convertir de un esclavo débil, moribundo y deplorable, al verdadero y sanguinario general que era el vampiro, y ya ni el mismo se reconocía. Sus ropas viejas y sucias fueron cambiadas por su antiguo traje -que sorpresivamente aun le quedaba bien- el cual consistía en una playera manga larga con pantalones y botas de color negro, acompañados de una enorme cinta roja que usaba como cinturón junto con una capa con exterior negro e interior rojo. Su cara ya no estaba mugrienta como antes, ahora estaba limpia, y eso se lo debía al Lich por haberlo tallado como trapo viejo a los pies de una cascada. La apariencia que tenía en ese momento, a comparación de la otra, era la de un futuro dictador que muy pronto tendría sometido a todo un imperio bajo las órdenes de sus mayores.
-Ya casi anochece, Dorian. Muy pronto iniciaras tu parte para que Satnam pueda renacer- Dijo el Lich, quien se encontraba cerca de una ventana mirando como se escondía el sol detrás de las montañas de Ooo.
-No se porque quiere que el señor Satnam regrese de la muerte, amo Lich. En mi opinión usted y yo somos el único ejército que necesitamos para tener a Ooo bajo nuestro mando- Dijo, volteando a ver a la calavera, quien lo miro con un cierto enojo en su mirada. El vampiro se arrepintió al instante de lo que dijo y retrocedió un paso hacia atrás.
-General Dorian, no se si la falta de su ojo derecho no le permita ver la realidad, o simplemente no entiende lo que esta pasando- Dorian no supo que decir. Desde hace milenios atrás su temor y respeto al Lich no cambiaba y desde la Gran Guerra de los Champiñones la calavera no había cambiado absolutamente en nada. El vampiro junto sus manos y entonces dijo:
-Lamento mucho haber dicho eso, mi señor.
-Pues que no se vuelva a repetir. La presencia de Satnam en esta guerra es esencial para salir victoriosos- Y dio la media vuelta hacia Dorian para decir:- A menos claro que tú quieras pelear solo.
-Es que aun no han ejecutado a nuestro ejército en la Guillotina, señor Lich. Con ellos seguro podremos…
-No te harán caso, Dorian. Si en verdad quieres que tu turba inservible de vampiros y demonios funcione, hay que demostrarles que el caballero del terror regreso, y entonces ellos harán su parte ¿¡Entendido!?
Dorian se tenso. Nunca había visto tan enojado al Lich y para no llegar a mayores el General Dorian se limito a decir:
-A sus órdenes, señor- Le dijo inclinando su torso hacia adelante para una reverencia.
-En lugar de perder el tiempo, Dorian, ¿Por qué carajos no te preparas para asaltar el Dulce Reino?
-Estaré listo cuando usted lo ordene.
Al decir eso, el General Dorian se dio media vuelta e hizo que su capa se ondeara con el aire al tiempo en que las sombras del escondite donde se encontraba el y su amo parecían tragárselo. El Lich suspiro completamente cansado, se les estaba acabando el tiempo y él quería comenzar ya con la Nueva Guerra, como él la autonombro por si solo, pero sin Satnam ni el mas débil del ejército de Dorian se atrevería a participar en la guerra y mucho menos se revelarían ante Hunson Abadder. Era por eso que estaba siendo tan duro con Dorian, y era por eso que estaba tan desesperado.
¡Hola de nuevo mundo de fanfiction! Riux ha regresado y con un nuevo capitulo de La Era Oscura, que espero y les haya gustado a todo aquel que lo leyera. Ya muy pronto empezara a lo que el Lich le dice la Nueva Guerra, y se me ocurrio ese nombre porque iniciara otra guerra en Ooo, y no se preocupen mis queridos y fieles lectores, Ruix pronto tendrá en sus manos el siguiente capitulo. Nos vemos. Adios.
Riux, Chaitooo.
