La Era Oscura.

Capitulo 12: Hasta los malos sienten culpas.

Despertó aturdido cuando abrió los ojos, la cabeza le dolía horriblemente y todavía podía sentir el increíble y tremendo dolor que sintió cuando el cartucho con sedante se clavo en su cuello de la nada. Una vez que su vista se aclaro pudo ver que no estaba perdido en el continente de Aaa, si es que así se llamaba, pues lo primero que vio fue una reja de metal y cuatro paredes de piedra rodeándolo por todos lados. Confundido y sin la menor idea de lo que pasaba el joven miro hacia ambos lados y se llevo una sorpresa al ver que su hermano Jake estaba encadenado a la pared de brazos y pies imitando a una araña grande, amarilla y peluda. El aun seguía dormido y según sabia el efecto del sedante duraba rato en dejar de hacer efecto. Miro sus manos y encontró que estas también estaban apresadas en cadenas viejas y oxidadas, y solo por curiosidad, Finn movió sus manos de un lado a otro para que la cadena callera de su muñeca, pero como era de esperarse esta se siguió en el mismo lugar. Exploro una vez mas el lugar, pero esta vez del lado contrario y se encontró con el rostro dormido de la vampiresa recargado en su hombro. En cualquier otro caso Finn se hubiera sonrojado y saltado de felicidad al tener a la chica tan cerca suyo, pero ese no era cualquier otro caso. Sacudió a Marceline con una de sus manos y momentos después la Reina Vampiro comenzó a quejarse y a presionar los ojos para luego abrirlos al tiempo en que parpadeaba un par de veces hasta que el fin recobro sus cinco sentidos y al hacerlo se asusto e impresiono violentamente cuando se dio cuenta del lugar en el que se encontraban y que sus muñecas y las de los demás estaban encadenadas con cadenas a las que le podía percibir un olor muy… delicioso. Quiso encontrarle una respuesta a todo eso y miro a Finn tratando de encontrar una respuesta, sin embargo el humano se encogió de hombros dando a entender que ni él tenía la menor idea de quien los trajo hasta ahí.

-¿En donde mierda estamos?- Pregunto la soberana sacudiendo sus muñecas al igual que Finn para librarse del agarre, pero el resultado fue el mismo que le dio a Finn.

-Parece un calabozo, ¿pero en donde están los esqueletos colgantes y las ratas comiéndose pedazos de ojos y todo eso?- Pregunto el humano.

-Eso solo son los calabozos de las películas, Finn. En el mundo real los retiran porque ya no sirven de nada- Dijo y volvió a intentar quitarse las cadenas para luego agregar:- Aunque debo admitir que me gusta ese estilo.

-Aja, pero no creo que este sea el momento adecuado para redecorar los calabozos de la Nocheosfera, Marcy.

-¿Quién esta hablando sobre redecorar la Nocheosfera? Ese lugar es un basurero bien nombrado aun si le pones aromatizante floral- Dijo y entonces se levanto e hizo fuerza en sus brazos hacia adelante para que las cadenas se desatornillaran de un pequeño cuadro de fierro en el que estaban conectadas- ¡Maldita seguridad progresiva!

-Ella no tiene la culpa de que estemos en todo este rollo- Comento Finn y Marceline dejo de hacer fuerzas para llevarse una mano a la frente.

-Glob, ilumínalo pero no lo encandiles- Y se volteo a ver al chico- Finn, cuando alguien dice maldita seguridad en progreso o progresiva no es porque haya una señora que se llame así. Yo lo digo porque no puedo quitarme esta cadena de mier…coles de mi mano.

-¿Estas enojada, de casualidad?- Pregunto el humano en su inocencia.

-No, estoy feliz de una manera que nadie interpretar- Dijo ella sarcásticamente.

-Entonces… ¿no?- Razón numero uno por la que Marceline soportaba y no desollaba vivo a Finn; lo amaba. Pero ese amor se convertiría en odio si el chico seguía actuando como si no supiera nada, porque estaba actuando, ¿verdad? ¿¡Verdad!?

-Mejor piensa en una manera de como librarnos de esta y ya luego platicamos, ¿sale?- Dijo ella al darse cuenta de que no había manera de hacer reaccionar a Finn con esa pequeña neurona apunto de extinguirse que le quedaba en la cabeza. Le sorprendía que con tanto golpe no quedara idiota como otros tipos que ella conocía.

-Yo en su lugar no pensaría en escapar- Y todo se fue por el caño cuando lo escucharon.

El humano y la vampiresa voltearon y el seño de Marceline se frunció al ver al General Dorian parado detrás de la reja de metal con una sínica sonrisa dibujada en la cara del sin vergüenza que era pero si la chica no estuviera encadenada Dorian estaría en el suelo suplicando por piedad. El conejillo de indias de Satnam y el Lich ya se había pasado de la raya varias veces con Marceline y esta no soportaría ni un segundo más que Dorian siguiera convirtiendo las vidas de los demás en el infierno en el que convirtió su vida. Por su culpa ella vivió sus dieciocho años de vida humana en una guerra, y también fue por el que perdió a la persona que ella mas quería, a parte de Finn ¿Y aun sabiendo que lo odiaba tenia el descaro de presentarse así como así? Había dos clases de locos; los que estaban mal de la cabeza, y el General Dorian.

Finn, por su parte, solo cuidaba que Marceline no cometiera un error y empezara una pelea con Dorian que tal vez no pudiera resultar como ella quería, y conociéndola, definitivamente eso era lo que pasaba por la cabeza de Marceline en esos instantes. Y solo para hacer hervir a la muchacha en odio, Dorian de alguna forma alargo su cuello y paso su cabeza entre la reja hasta que su cara quedo frente a frente con la de Marceline, quien a leguas se notaba que quería descuartizar a su tío con sus propias manos. Afortunadamente Finn aun tenía su mochila y su espada colgando en su espalda y si alguno de los dos intentaba algo contra el otro el aventurero estaba listo para impedírselos poniendo su vida en riesgo si era necesario. Finn disimuladamente desenvaino su espada y se puso al lado de Marceline con la punta del arma apuntando directo al cuello del vampiro. Pero ni Marceline ni Dorian parecieron haber notado la presencia de Finn, pues sus miradas estaban tan cavadas una con la otra que ni siquiera parecían estar en el mundo real.

-¿Qué paso, Marcy? ¿No tuvieron la inteligencia suficiente para saber que podría llegarles un ataque sorpresa?- Le dijo, solo para provocarla más.

-¿Qué le hiciste a mi primo y al continente de Aaa?- Dijo ella entre dientes.

-¿Yo? ¿Hacerle algo a Marshall? No, no tuve la oportunidad de eliminar al Rey Vampiro, pero quizá el Lich pueda darte una explicación un poco mas detallada- Respondió y luego se carcajeo un poco con la boca cerrada y esto se estaba poniendo feo- En cuanto al continente de Aaa, destruirlo fue como quitarle un dulce a un bebe. Con tu primo fuera del juego, Satnam tuvo la oportunidad de destruirlo como lo hizo con Ooo. Yo diría que fue un jaque mate bien planeado.

-Yo no cantaría victoria su fuera tú- Interfirió Finn llamando la atención de Dorian, quien le sonrió sádicamente al tiempo en que decía:

-Oh, pero mira a quien tenemos aquí también ¿Tu eres el novio de mi sobrina, humano? Pero que malos gustos tienes, Marceline.

-¡Cállate, ¿quieres?!- Grito Marceline al ya no aguantar mas a Dorian, sin embargo este no hizo caso y río como Marceline le hubiera dicho un chiste en lugar de una orden.

-¡Esto es increíble!- Exclamó- El sastrecillo valiente y cenicienta queriendo darme órdenes. Esto es nuevo, y todavía no puedo creer que un chico tan insignificante, un humano como tú- Señalo a Finn con la mirada-, haya derrotado al Lich contando solo con un ridículo suéter rosado y… me resulta muy raro… ¿Cómo lo hiciste, eh? Mi jefe siempre fue temido por todos hasta que la familia de la Dulce Princesa lo encerró en una prisión de ámbar o no sé que, pero también tengo entendido que fuiste tu quien lo liberaste.

-Fue un accidente ¡Y para tu información! ¡YO NO SOY UN SER INSIGNIFICANTE!- Grito Finn defendiendo todo su honor de héroe y humano.

-Felicidades, idiota- Volteo a mirar a Marceline- ¿Sabes? Si te unieras a nuestro ejecito estaría bien, no creo que a tu mami le moleste- Magnifico error el que cometió Dorian. Nadie hablaba de la madre de Marceline mientras ella estuviera presente, y la consecuencia que tuvo el que el vampiro hablara de su madre fue que la vampiro le escupió en la cara justo en el único ojo que tenia.

Humillado, el vampiro deslizo una vez más su cuello, pero esta vez hacia atrás, hasta que su cabeza quedo de nuevo entre sus hombros. Se quito la saliva de Marceline del ojo y después la miro a ella y a Finn impresionado por el valor que ambos tuvieron al hablarle así y hacerle lo que le hizo la joven. Cualquier otro que por la cabeza le hubiera pasado hacer eso, o peor aun, que lo hiciera, ya estaría gritando de agonía mientras los peores de sus demonios lo azotaban y torturaban con el peor de los látigos. Sin embargo, Dorian ni se molesto en llamar a los guardias, y aunque tuvo pensado hacerlo, algo se lo impidió cuando miro el rostro de la actual Reina Vampiro, y no supo que o como paso, pero por un segundo a Dorian le pareció haber visto la mirada y el rostro agonizante de la madre de la chica cuando la mato en medio de la nada frente a los ojos de su hija. Debió ser por eso, fue sin duda por eso que Finn y Marceline siguieron vivos un segundo más, porque si el tío de Marceline no hubiera amado a la que fue su mejor amiga siglos antes de que ella diera a luz a la joven que tenia frente a él en esos instantes y que la guerra estallara, del aventurero y la vampiresa ya no se hubiera sabido nada. Dorian se dio la media vuelta y, antes de irse, dio unas últimas palabras dirigidas a Marceline:

-Te pareces mucho a tu madre, Marceline. Eres… como un reflejo de ella… como si… la estuviera viendo en tu cara- Dijo, pero sin molestarse a voltear- A tu madre yo la quería mucho.

-¿¡Entonces porque la mataste, Dorian!?- Pregunto ella con lágrimas en los ojos- ¡Era tu mejor amiga en todo el mundo y la traicionaste! Tú fuiste como su hermano y como un padre para mi- Dorian no supo como responder, las palabras de Marceline eran ciertas, él fue como un integrante más de la familia de los Abadeer cuando la guerra todavía no empezaba, y de un día para otro les dio la espalda y la consecuencia de eso fue la muerte de la mujer que en algún tiempo amo, y para su desgracia, aun seguía amando.

-Ya no tengo nada de que hablar contigo, Marceline- Y entonces Dorian se retiro del lugar dejando a la Reina de los Vampiros… ¿Cuál era la palabra correcta? ¿Confundida? ¿Enojada? ¿Nerviosa? ¿Emocionalmente agotada? Si, tal vez la ultima frase era lo que sentía la chica en esos instantes.

-¿Te sientes bien, Marcy?- Le pregunto el humano, ella disimuladamente se froto los ojos antes de que de sus ojos cayeran lagrimas.

-Si, Finn. Es solo… un pequeño recuerdo que no me deja en paz- En ese momento se escucho otro sonido del metal de las cadenas moviéndose, lo cual llamo la atención de Finn, quien se fue a encontrar con que la Dulce Princesa ya estaba despierta.

El aventurero la atendió en el momento en que la vio abrir los ojos y cuando le pregunto en donde estaban y que había pasado Finn desvió su mirada para ver a Marceline, quien aun seguía parada en el mismo lugar donde ella y su tío habían tenido la pequeña pelea oral de hace unos momentos. Finn sabia que no debía meterse en la vida privada de los demás, por lo que solo le conto a la princesa como terminaron en el calabozo, omitiendo la parte en la que vio al General Dorian y a Marceline peleando. Le preocupo mucho que la vampiresa no hiciera el más mínimo movimiento después de lo ocurrido, y es que no sabía con certeza si la hija del amo y señor de la Nocheosfera estaba así porque en verdad en su mente había un pequeño recuerdo que no la dejaba en paz, o la pelea con su tío la debilito mucho emocionalmente; la segunda opción parecía mas sensata.

Recargado en una de las paredes de los calabozos, pensando en lo que acababa de sucederle, el General Dorian tenía su mano de metal cubriéndole el rostro mientras este pensaba en lo que sucedió. Cualquier demonio que conociera a Dorian y lo viera en ese estado diría que solo estaba mortificado por los asuntos de la guerra y que el Lich lo tenía amenazado con cortarle la cabeza si fallaba con lo que le ordenaba, pero estaban equivocados. El vampiro cubría su rostro para que nadie lo mirara llorando. Si, señor, aunque no lo crean, el demente Dorian estaba que quería que se lo tragara la tierra por lo que sucedió hace un rato. Todos los días de su vida hasta la fecha Dorian estuvo recordando el momento de la muerte de la madre de Marcy, y por más que lo intentara, no podía borrar ese recuerdo. Cuando era perseguido en la Tierra de los Desterrados por las tropas de Hunson Abadeer, muchas veces su conciencia le decía a gritos que se entregara, que se merecía morir en la Guillotina por lo que hizo, pero él siempre fue un terco y estuvo huyendo por décadas de la muerte. Y no fue hasta el día en que por fin los soldados lograron atraparlo y llevarlo hasta donde yacía su muerte, pero fue porque él quiso entregarse, no porque el Señor de la Oscuridad era todo un haz atrapando a quien se lo proponía. El día en el que el cuello del vampiro estuvo apunto de ser cortado de un tajo por el filo del metal fue porque en serio ya no quería ser atormentado por la muerte de su mejor amiga, y si no hubiera sido porque el Lich lo salvo, ninguna guerra estaría por librarse en ese entonces. Las misiones que cumplía por órdenes de Satnam y el Lich eran puro teatro bien actuado, pues Dorian nunca quiso que una segunda guerra se librara en Ooo y en Aaa. La lección que aprendió en la Gran Guerra de los Champiñones lo hizo débil, le ablando mucho el corazón y desde entonces ya no ha sido el dictador sanguinario y demente que fue cuando la guerra apenas estaba en su esplendor.

Limpio sus lágrimas y se dejo caer sentado en el piso para pensar un poco, su mente estaba hecha un caos y le vendría bien organizarla un poco. Quería relajarse, estar en paz por lo menos durante un segundo, pero cada que cerraba los ojos la veía a ella, muriendo por su culpa y también se veía a el mismo clavando la estaca en el corazón de la Reina de los Vampiros. Nunca quiso hacerlo, pero él estaba bien loco en aquel entonces, y esa locura disminuyo un poco. Claro, todavía tenía sus momentos de demencia, pero eso no significaba que nadie tuviera a un demente con una camisa de fuerza escondido en alguna parte de su interior.

-¿Qué estas haciendo aquí, Dorian?- El vampiro miro hacia arriba y se encontró con la cara deformada del Lich sobre el.

-Señor Lich. Yo… solo estaba… este…

-¿Es que todavía no vas a superarlo?- La pregunta le cayo de sorpresa- Acepta que la Reina de los Vampiros ya esta muerta, Dorian, tú la mataste, la viste morir ¿Hasta cuando entenderás eso?

El general se quedo helado. No, si para hacerle la vida imposible a alguien estaba el Lich para servirles.

-¡Tú eres un futuro dictador, Dorian! ¡Un futuro gobernante sanguinario al que todos respetaran! ¿Es que no te das cuenta de que ese recuerdo solo te esta apartando de tus deberes?

-¿Por qué dice eso? Yo nunca le eh fallado a usted ni a Satnam, Lich. Fui su lacayo durante décadas y aun lo sigo siendo- Se defendió el vampiro.

-Valla que en verdad eres listo, Dorian- Dijo la calavera con ironía- ¿A poco pensabas que no lo sabía?

-No sé de que me estas hablando- Le dijo, entendiendo perfectamente a donde quería llegar la mano derecha de Satnam.

-No te hagas. Yo te conozco bien, Dorian, y supe interpretar ese sentimiento de amor perdido que emanabas cuando mataste a tu linda amiguita. Mira que te ganaste buen premio, ahí tienes el odio de tu sobrina y el de su padre por haber hecho lo que hiciste. En mala hora de arrepentiste, ¿verdad? Yo hubiera dejado que mi amo me tirara al abismo más profundo del infierno si me hubiera enamorado como tú… pero afortunadamente yo no nací para amar a nadie.

Avergonzado, Dorian bajo la cabeza y sus mechones blancos ocultaron sus ojos hundidos en tristeza cuando el Lich dejo de hablar por unos momentos. El no tenía la culpa de tener sentimientos, fue humano en algún tiempo como cualquier otro vampiro, su apariencia cambio, su color de ojos, la forma de sus orejas y se le agregaron ciertas habilidades, pero a pesar de los cambios drásticos que tuvo la noche en la que lo mordieron a él y a la madre de Marceline, Dorian siguió adoptado los sentimientos básicos del ser humano. Le avergonzaba que el Lich le dijera palabras como esas, cosas que él sabía que debía eliminar de si mismo cuanto antes, pero era muy difícil. Su conciencia estaba consumiéndolo horriblemente y el sentir el odio de su sobrina y el del padre de esta por algo que el no quiso hacer, pero hizo, no le ayudaba mucho. Y en medio de sus pensamientos, de repente Dorian escucho y sintió como su espada samurái era desenvainada de la vaina que llevaba atada a una corrillera que le rodeaba por completo la cintura. Con su mano huesuda el Lich tomo el brazo metálico del vampiro y puso el mango de su espada en la mano de este para después cerrársela haciendo que Dorian primero mirar su mano y luego al Lich, quien seriamente le dijo:

-Si en verdad la amabas, no hay problema, Dorian. Pero- El vampiro escucho con atención-… si ese recuerdo no te va permitir seguir con tu trabajo, lo mejor será que desparezcas ya.

Entendió a la perfección lo que quería decir el Lich con ese comentario pero él en ningún momento pensó en cortar sus dos millones de años de vida justamente ahí. Suicidarse era el camino de cobardes y el General Dorian nunca se había mostrado como cobarde en esos dos millones de años que llevaba viendo a sus seres queridos irse mientras él se condenaba a verlos morir hasta el fin de los tiempos, y lo mismo paso con la anterior Reina de los Vampiros, pero ya se saben la historia. Cuando recién lo mordieron, Dorian pensó que ser inmortal seria lo mejor que a alguien le pudiera pasar, pero se arrepintió de haber dicho eso cuando unos cuantos años después se le dio la noticia del fallecimiento de su padre, y luego de siete años la muerte de su madre, ambos humanos, ambos se amaron y como resultado de ese amor estaba Dorian. Era horrible en verdad saber que por los siglos de los siglos te quedarías de treinta y cinco años y punto pero, como ya se había dicho antes, echar a la basura dos millones de años clavándose su propia espada en el pecho, no era para nada una opción. Y considerando eso último el vampiro lanzo su espada hasta que está impacto con una pared, deteniéndola.

-Bien, como quieras- Dijo el Lich sin tomarle mucha importancia y comenzando a caminar- Ah, y recuerda que mañana mismo tienes que tener al ejercito de los Desterrados preparado para atacar el Dulce Reino de Aaa. No aceptaremos derrotas, Dorian.

-Lo tomare en cuenta- Dijo el vampiro para volver a mirar el suelo tratando de encontrar una solución a todos sus problemas.

El Lich sin más que decir se retiro del pasillo dejando al vampiro consumiéndose en sus propios pensamientos y culpa. No quería darlo por hecho, pero el Lich estaba en lo correcto, si dejaba que esos sentimientos humanos de su pasado lo siguieran distrayendo por cualquier cosa. Dorian también estaba en guerra por querer eliminar para siempre esos recuerdos, sacarlos de su mente para que nunca más volvieran a él, pero sin embargo, a la vez no quería hacerlo por tres simples razones, una; se lo merecía, dos; era todo lo que le quedaba de su vida como humano, y tres; si eliminaba sus recuerdos humanos, con ellos se iría su mejor amiga por segunda vez, y aunque la veía morir hasta en sueños, le gustaba verla, recordarla en sus últimos momentos y sentir el calor y el frio de su sangre cuando ella se abrazó a el para detener su caída manchando el traje de militar que en aquellos momentos llevaba puesto para luego caer derrotada en la tierra…

El debió haber muerto ese día… El debió entregar su vida en lugar de ella…

El guardia estaba dormido en una silla de madera cerca de la entrada que daba paso a los calabozos, los cuales habían sido vaciados y dejando que todos los vampiros y demonios rebeldes salieran e hicieran desastres en la Nocheosfera y por el momento los únicos prisioneros que tenían eran los Reyes Vampiro y los que venían de acompañantes. Todos pensaban que no se podría salir de un calabozo a menos que alguien te abriera la puerta, pero como en este caso a nadie lo iban a dejar salir, pues se tuvieron que tomar medidas algo drásticas.

De la nada un pequeño murciélago apareció y sigilosamente voló hasta el guardia, quien tenía las llaves de los calabozos atadas a su cinturón. Con cuidado de no despertarlo, el murciélago desato las llaves del cinturón del guardia y cuando lo logro las tomo y volvió a irse volando hacia los calabozos con las llaves entre sus patitas. No tardo más de un minuto en llegar a uno de las muchas celdas y atravesar las rejas para luego hacer crecer sus extremidades hasta convertirse en Marceline Abadeer. Finn, la Dulce Princesa y Jake sonrieron al ver que había triunfado en su misión de quitarle las llaves al guardia, y sin retrasos la vampiresa empezó a liberarlos a todos, comenzando con Finn, seguido por Bonnibel y por último a Jake, quien al momento de ser liberado avanzo hacia la reja y activo su instinto destructivo aumentando el tamaño de sus patas para luego golpearla haciendo que esta se impactara en la pared levantando una nube de humo. El sonido seguramente debió haber despertado al guardia y Marceline, que era la única que conocía a la perfección los calabozos de la Nocheosfera, le ordeno a todos que la siguieran y los guio hasta donde se suponía que debía haber una segunda salida que los llevaría a quien sabe donde. Se encontraron con varios soldados durante el transcurso de su camino, pero cada pobre ingenuo que se les atravesaba era noqueado por una patada o golpe de Finn, Jake o Marceline y estos podían seguir su camino sin ningún problema a parte de la preocupación de la Reina de los Vampiros al pensar que en cualquier momento podría aparecer el General Dorian de la nada o el Lich.

Sin embargo, un olor muy familiar le llego de repente a Marceline y esta freno de golpe provocando que Finn la imitara, pero Jake y la Dulce Princesa no lo lograron a tiempo y la monarca choco con la espalda del humano y el perro con la de la monarca.

-¿Por qué te detienes, Marceline?- Pregunto el humano pero la vampiresa indico que se callara poniéndole el dedo índice en los labios. La chica volvió a olfatear el aroma que sintió al principio y entonces lo reconoció en un abrir y cerrar de ojos.

-Chicos, vamos a tener que desviarnos un poco del camino- Les indico.

-¿Por qué?- Se aventuro a preguntar Bonnibel, que de por si ya no podía dar un paso más.

-Creo que mi primo esta atrapado aquí adentro también y quiero sacarlo.

-¿Marshall? ¿Pero que esta haciendo Marshall en los calabozos de la Nocheosfera?- Pregunto Finn ya que él era el único que sabia sobre la existencia del Rey Vampiro.

-Él tenía información sobre las estrategias de Gumball y creo que el Lich las quería.

-¿Y como para que quería las estrategias de mi hermano el Lich?- Pregunto la Dulce Princesa.

-¿No es obvio, Bonnibel? Ya destruyeron a Ooo y ahora le van a seguir con Aaa. Mi primo y tu hermano eran los únicos que conocían esa estrategia y si Marshall les llega a decir algo, todo se nos ira al caño ¡Ahora muévanse que tenemos prisa!- Ordeno empezó a correr en la dirección contraria a la salida y los demás la siguieron.

Marceline no sabia porque, pero el olor de su primo estaba combinado con algo que parecía ser sangre, y el olor de eso último la preocupo un poco…

¡LAMENTO MUCHO LA TARDANZA EN SERIO! Pero es que ahora si mi ordenador se paso. Primero se reinicio, luego, cuando por fin estaba por terminar otra vez el capitulo, se me descargo y cuando la cargue el archivo no se autoguardo ni nada y ahí estoy apurándome a escribirlo todo otra vez. Pero en fin, aquí esta el capitulo doce que espero que hayan disfrutado. Lamento si no se esta viendo mucho el Finnceline, pero ya pronto podrán ver ciertos momentitos que estoy planeando, si es que la escuela me lo permite. Muchas gracias por ser pacientes y un saludo a Paqs y a Gumball Lee por sus Reviews. Nos vemos en a próxima. Adios.

Riux, Chaitooo.