Bueno, este es el capítulo 3 y ya casi se me seca el cerebro, pero seguiré adelante si eso desean.
Yo se que no he contestado ningún review, pero el colegio me tiene un tanto atrapada y, muchas veces, no se que contestar; sin embargo quiero agradecerles sinceramente por seguir esta historia y por darme ánimos.
Disclaimer: Hetalia no me pertenece
ADVERTENCIA: este capítulo contiene lemon bastante explícito. No leer a menos que pueda tolerarlo.
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Nuestra Boda
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Nuestros días se veían cada vez más largos a medida que pasaba el tiempo y cada vez quedaban menos días para la boda cuando un personaje hizo aparición en la oficina.
Ese día un representante Francés venía para revisar algunas relaciones comerciales entre ambos países.
El hombre en cuestión salió del elevador en su elegante traje marfil con sus caros mocasines marrones, su costosa camisa blanca y con una pashmina lila remataba un conjunto que le hacía lucir más refinado que profesional. El inglés frunció el ceño ante el espectáculo dado por aquella persona de cabellos semi largos y ondulados de un rubio más claro que el del propio británico.
—Frog, llegas tarde— le reprende con familiaridad
—Yo también me alegro de verte mon cher— dice galante con su acento afrancesado.
—No nos retrasemos más que tengo que hacer cosas más importantes que estar soportando tus dramas—dijo antes de entrar nuevamente a su despacho siendo seguido del otro europeo quien cerró la puerta tras de si.
Toda esta escena estaba siendo ignorada por los empleados más antiguos del lugar y seguida de cerca por aquellos a los que esos dos tomaban por sorpresa, el americano incluido, mismo que se acercó hasta el japonés llamando su atención.
—oye, Kiku ¿ese quien es? —preguntó curioso
—Él es Francis Bonnefoy, el representante de Francia que viene para la junta de hoy—explica sin apartar la mirada de su computador
— ¿él y Arthy ya se conocen? — sigue cuestionando
—a decir verdad son viejos amigos, aunque solo se la pasan peleando e insultándose se nota que se llevan bien—contesta justo antes de escuchar un fuerte grito proveniente de la oficina
— ¡Aléjate de mi rana pervertida! — gritó Arthur segundos antes de lanzar de una patada al francés desde la puerta del despacho haciéndole caer estrepitosamente cerca de Alfred
Francis solo se levantó sacudiéndose el polvo.
—No deberías de ser tan agresivo, solo era una despedida, por los viejos tiempos— se defendió— mi traje— se lamentó al ver lo arrugada y maltratada que había quedado la prenda
—Por los viejos tiempos mi trasero, no lo hice antes y no voy a comenzar ahora— contestó cruzado de brazos con en ceño fruncido
— ¿qué pasa aquí? — pegunta Alfred algo molesto por obvia connotación sexual en la conversación
—Tú debes de ser Alfred— dice entusiasmado el francés— un gusto, mi nombre es Francis Bonnefoy— dice tirando elegantemente hacia atrás un mechón de cabello
Y así de fácil, y sin darse cuenta, la amistad entre ellos comenzó a crecer rápidamente hasta que, para sorpresa de ambos europeos, Alfred pidió al francés ser su padrino en la boda. Por supuesto, a él le hubiera encantado invitar a su querido gemelo, pero las circunstancias no le permitían tal cosa, así que su segunda mejor opción fue aquel francés que le demostró en unas pocas semanas que, sin importar lo pervertido que fuera o cuanto les hacia enfadar –más que todo a Arthur– y/o avergonzar –específicamente a Alfred–, era una de las personas más confiables que pudo conocer jamás.
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Pov's Alfred
Hoy era el gran día, estaba nervioso, y eso se notaba perfectamente en el sudor de mis manos y en el inquieto caminar que tenía mientras trazaba círculos perfectos con mis pies en el suelo de una habitación de hotel que quedaba a una cuadra de la Catedral de Canterbury*.
Ya faltaba poco, quince minutos para ser preciso, y estaba volviendo loco a mi padrino. Miro la hora nuevamente y veo que solo han pasado tres minutos.
—mon amie, te recomiendo que te calmes en este instante si no quieres desmayarte al llegar a la iglesia—me dijo pareciendo cansado de mi vaivén
Yo solo me paré con el cuerpo inquieto y le miré. Él me tomó por los hombros.
—inhala lento y profundo por la nariz—dijo. Yo obedecí—ahora, exhala por la boca lentamente—y lo hice sintiendo como mi cuerpo se relajaba antes de que me soltara— ¿mejor? —
—Si, mucho mejor—contesté sonriéndole—gracias Francis—
—No hay de que—miró el reloj—creo que deberíamos irnos ya—
—Está bien—estuve de acuerdo
Me miré al espejo una vez más y comprobé que mi esmoquin negro seguía impecable. Ajusté un poco más la corbata azul que resaltaba sobre mi camisa blanca y me puse mis guantes antes de seguir a Francis hacia la salida y subir al auto.
Al llegar ya están todos sentados ocupando las bancas de la enorme catedral casi en su totalidad, pero se voltean al verme parado en la puerta con mi padrino siguiéndome a través de la enorme alfombra roja hasta llegar al altar y ponerme en mi sitio observando fijamente aquellas grandes puertas de madera que se abrieron nuevamente para darle paso a la niña de las flores, Isabella, la hija de Lovino y Antonia, una gran pareja que es nuestra vecina y con la que Arthur y yo nos llevamos de maravilla.
Veo como Isabella va arrojando delicados pétalos de rosa blanca por el altar siendo seguida por Timothy, el adorable hijo de seis años de Elizabeta y Roderich. Y, de pronto, todo pareció haber guardado silencio cuando apareció un ángel en la puerta. ME quedé sin habla y me costaba respirar ante la hermosa visión de Arthur, mi Arthur, vestido con un traje enteramente blanco acompañado por la misma corbata azul que poseía yo y adornado por un hermoso, delicado y largo velo que era sostenido por Felicia, la hermana de Lovino.
Él caminaba al ritmo de la marcha nupcial con una hermosa sonrisa en su rostro acompañada de un encantador tono rojizo en sus mejillas. Sus ojos esmeraldas refulgían de felicidad y sus rubios cabellos se veían dorados bañados por la luz del sol que rodeaba su contorno haciéndole parecer un ser celestial.
En cuanto llegó a altar y tomó su puesto frente a mi le sonreí de manera radiante antes de encarar al padre que comenzó a hablar. Durante todo ese tiempo no escuché ni una palabra de lo que decían hasta que a mis oídos llegó la melodiosa voz de Arthur diciendo sus votos.
—yo, Arthur Kirkland, acepto ser tu amigo, compañero y esposo, Alfred Hotchner, para amarte y respetarte en todo momento, lugar o circunstancia sin importar nada hasta mi último aliento—dijo, y en ese momento me sentí el hombre más feliz de este mundo
—yo, Alfred Hotchner, te acepto a ti, Arthur Kirkland, como amigo, compañero y esposo para respetarte no importa lo que pase, para cuidarte de todo peligro y, más importante aun, para amarte intensamente por el resto de mis días— finalicé con mi corazón latiendo a mil por hora
Y, en cuanto el padre dijo "los declaro marido y hombre, puede besar al novio" nos abrazamos y nos besamos con todo el amor que pudiéramos profesar.
Fin pov's Alfred
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Todos reían, hablaban, bailaban, bebían, se divertían y celebraban a los recién casados que, felices, accedían a tomarse fotos con todos y recibían las felicitaciones y buenos deseos.
En un momento durante la recepción en el que Alfred se encontraba en la pista bailando un vals con Elizabetha, Francis se acercó a Arthur con gesto serio, muy inusual en él.
—y bien mon cher ¿cuándo se lo piensas decir? — habló asustando al recién casado que, hasta hace unos instantes, se encontraba de espaldas observando a su esposo bailar.
— ¿de qué estás hablando wine bastard? — preguntó extrañado
—No te hagas el tonto, ambos sabemos que entendiste la pregunta—
Arthur suspiró
—Se lo diré después de la luna de miel—aseveró
—Entiendo que esto sea algo difícil y respeto tu decisión, pero debiste decirle antes—dijo mientras suavizaba su rostro
—Aunque detesto admitirlo, tienes razón, pero ahora no puedo hacer nada para cambiar eso— dijo con la vista fija en el americano que ahora daba vueltas con Isabella mientras la pequeña reía divertida
Ambos quedaron en silencio y no volvieron a conversar del tema.
Increíblemente, el tiempo pasó volando entre tanta risa y drama causado por algunos de los invitados hasta que se hicieron la una de la mañana. Los primeros en salir fueron los novios, que se fueron casi escapados hacia el Canterbury Cathedral Longe**
Llegaron a la puerta de la habitación donde Alfred tomó por sorpresa al inglés cargándolo estilo nupcial antes de abrir la puerta dejando ver la fantástica habitación que sería testigo de su noche de bodas. Las paredes de un color champagne adornadas con cuadros, una chimenea eléctrica que daba calor al lugar adornada con piedra que se extendía por toda esa pared, los grandes ventanales cubiertos con hermosas cortinas vino tinto y las lámparas de pared distribuidas por la habitación dando una iluminación tenue, romántica, que hacía resaltar la enorme cama matrimonial cubierta con sabanas de seda y un edredón también vino tinto.
La admiración duró unos instantes antes que el deseo se apoderara rápidamente de ambos. Alfred entró cerrando la puerta tras de si dirigiéndose hacia el amplio lecho donde depositó suavemente a Arthur.
—Quédate aquí— le ordenó con una sonrisa
El americano se acercó hacia una pequeña nevera que yacía en una esquina sacando unas fresas y sirope de chocolate. Se volteó hacia la cama nuevamente encontrando una escena tentadora en la que su esposo se hallaba recostado entre las mullidas almohadas, justo donde le había dejado, sin sus zapatos, saco, chaleco y corbata, dejándole a los pantalones y a la fina camisa blanca de lino la tarea de cubrir aquel cuerpo objeto de deseo de Alfred quien se relamió los labios antes de acercarse y depositar las fresas y el chocolate en la mesita de madera a un lado de la cama.
Se desvistió hasta quedar en las mismas condiciones del británico y se inclinó para darle un beso entre la ternura y la lujuria dejándolo sin aliento.
Al separarse, tomó una fresa y, luego de untarla en chocolate, la acercó a los labios rojizos de Arthur quien la mordió de manera sensual y lenta mientras miraba fijamente los ojos azules nublados por el deseo. Se lamió el chocolate de sus comisuras antes de untar su dedo en un poco de chocolate, mismo que utilizó para delinear la boca ajena antes de incorporarse sobre sus rodillas y lamer de manera hambrienta aquellos apetitosos labios iniciando un beso suave en donde las lenguas hicieron acto de presencia acariciándose con fiereza entre ellas por el dominio total, bailando entre el dulce sabor del chocolate y las esencias propias de ambas bocas que trataban de devorar a contraria mientras sus manos, agiles y certeras, iban quitando la camisa del otro en busca del contacto piel con piel.
Casi sin darse cuenta ambos estaban acostados en la cama con sus torsos desnudos, recorriéndose con desesperación, bebiendo del otro cual agua vital después de una larga sequía. Entre anta pasión que parecía querer incendiar más que sus pieles el aire se hizo más vital que la presencia del contrario provocando una abrupta separación para que sus doloridos pulmones recibieran el oxígeno que parecían querer extraer de la boca ajena. Se miraron una vez mas estando Alfred semi sentado en el lecho en medio de las piernas de Arthur que hallábase sentado sobre su regazo dando una perfecta vista de su cuerpo delgado pero formado y de su piel cremosa y blanca casi inmaculada surcada por algunas cicatrices producto de la dura vida que le ha tocado vivir desde su infancia. Una vez más, la mano inglesa entra en contacto con aquel dulce manjar oscuro utilizándolo para trazar caminos y figuras en el fornido y bronceado torso americano, figuras que fue quitando con su lengua de manera pausada y tortuosa sin dejar rastro del chocolate. Al terminar se deleitó con el rostro sonrojado y agitado de su esposo antes de volver a llenar sus dedos de chocolate para volver a trazar deliciosos surcos en su propia piel mientras aquellos ojos azules, ahora casi negros, con pupilas dilatadas a causa de la excitación seguían de cerca cada movimiento de aquellas hábiles manos antes de incorporarse para desaparecer gustosamente cada mancha chocolate de la apetitosa superficie lechosa entre caricias que encendían en llamas cada milímetro de su cuerpo mientras descendía hacia la zona del vientre acariciando las caderas con manos mientras distraía al británico con las caricias que su lengua daba a lo largo del área cercana al borde del pantalón en lo que sus manos, ni lentas ni perezosas, desabrochaban la prenda y comenzaba a retirarla a medida que iba recostando aquel cuerpo hacia atrás hasta tenerlo totalmente bajo su peso, excitado, necesitado, sonrojado y solo para él.
Recorrió aquel cuerpo que ahora se hallaba a su merced con la mirada y su mirada de llenó de morbo al ver aquella palpitante erección al descubierto. Descendió su boca nuevamente hasta aquel punto tan sensible oyendo un gemido ahogado al instante en que su caliente respiración quedó sobre el palpitante miembro. Sonrió de medio lado sintiéndose poderoso y engulló el pene de una sola vez haciendo sonar en la garganta de Arthur un gemido ronco, un sonido gutural y pecaminoso que fue acompañado de muchos más mientras su glande desaparecía por completo dentro de la cavidad de Alfred.
—Ah…y y-yo pensando q-que ah… eras m-ás in-nocente mnah—dijo sin perder de vista los movimientos que le estaban enloqueciendo— e-res un p-puto per-vertido ah—el ritmo de la felación aumentó hasta asemejar una penetración salvaje—Oh my fucking God! …¡me voy a correr! — justo en ese momento dejó de sentir las atenciones americanas sobre su anatomía y dirigió una mirada molesta en señal de protesta
— ¿pervertido yo? — sonrió burlón alzando las caderas de Arthur para tener una mejor vista de su estrecha entrada. Mojó un dedo en chocolate antes de dirigirlo hacia el ano de su pareja y untar el dulce antes de proseguir —puede que tengas razón, aunque no fui yo quien fue a la boda sin ropa interior— acto seguido, lamió los rastros achocolatados antes de introducir su lengua en aquella zona.
El cuerpo del inglés vibraba y reaccionaba ante su toque. Alfred nunca había soñado con ser músico y, sin embargo, ahora se sentía como uno mientras tocaba aquel precioso instrumento entre sus manos, impartiendo caricias precisas que desataran una sinfonía que semejaba un coro de ángeles a sus oídos, haciéndolo agitarse, vibrar y retorcerse.
Con deleite sacó su lengua de aquel agujero para introducir su dedo aun cubierto de chocolate. Arthur se sentía en el puto cielo mientras aquellos dígitos le penetraban con facilidad, acariciando su interior, pero eso no era suficiente, su cuerpo quería más, quería algo más grande, grueso, duro, caliente y dispuesto, quería que se corrieran en él, quería que se lo follaran fuerte y salvaje.
— ¡ya pon tu maldito pene adentro! Ah…—gritó al borde del colapso mental
Alfred sonrió excitado y sacó sus dedos para poder posicionar su miembro en el culo que se servía ante él. Comenzó a entrar lento sintiendo como aquellas paredes se apretaban alrededor de su falo de manera deliciosa; lentitud que estaba desquiciando a Arthur.
— ¡mierda A-Alfred! ¡Métela de una puta vez! —demandó antes de sentir como el enorme miembro americano terminaba de entrar de una sola estocada
Ahora se sentía lleno, completo. Sentía cómo se volvía uno con la persona que amaba y con la que compartiría el resto de su vida. Las estocadas eran salvajes y certeras, adentrándose lo que más podían en aquel sensual trasero inglés mientras tocaba la próstata del susodicho. Y en medio de aquel acto carnal, bestial y lujurioso salieron a flote las palabras más sagradas para ambos. Porque ellos no solo estaban uniendo sus cuerpos, sino también sus corazones. Ellos no tenían sexo, hacían el amor, la expresión más grande, sagrada y magnifica de todo aquello que sentían por el otro.
Finalmente acabaron al unísono, sus voces retumbando en la habitación, antes de acostarse cómodamente abrazados en aquel lecho, entre las sabanas, luego de haber consumado, una vez más, su amor.
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Llevaban una semana casados, la mejor semana de la vida de ambos. Debido al trabajo habían decidido posponer su luna de miel hasta nuevo aviso.
En todo este tiempo, Arthur y Alfred hacían trabajo extras para tener unas semanas libres.
—Arthy, tengo que salir, ya vuelvo— le avisó desde la entrada de la oficina
El inglés levanta la vista del papeleo
—esta bien, pero regresa rápido. Recuerda que aun hay trabajo que hacer— le advirtió antes de volver a lo suyo.
Alfred salió del edificio y tomó el Underground*** hasta South Kesington donde se bajó y caminó tres cuadras hasta hallar el buzón donde, justo en ese instante, era entregado el paquete que debía llevar hasta West Ham con urgencia.
Tenía dos semanas para completar su misión, catorce paquetes que debía recibir y distribuir a lo largo y ancho de Londres, mismos paquetes que eran entregados a otros agentes en diversas partes de Reino unido.
Acalló su conciencia una vez más y regresó a la oficina antes de que Arthur lo matase. Nunca le había desagradado tanto hacer su trabajo como ahora, pero debía cumplirlo.
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Dos semanas transcurridas sin ningún percance, dos largas semanas en las que estuvo trabajando como esclavo para poder tener su luna de miel paradisiaca. Alfred también le había ayudado, aunque parecía que no lo iban a lograr con tanta salida misteriosa. Se encogió de hombros restándole importancia y terminó de hacer sus maletas para irse por una semana a un destino del cual el americano era el único conocedor. Sonrió una vez más y se dirigió hacia la entrada del departamento con su maleta perfectamente arreglada.
Una vez que ambos montaron en el taxi que les llevaría al aeropuerto Arthur notó algo extraño en Alfred,
—Alfred, are you OK? —preguntó un poco preocupado recibiendo una radiante sonrisa
—no es nada my love, solo estoy algo nervioso— le calmó sin saber que había despertado la curiosidad del británico
— ¿porqué estarías nervioso? —cuestionó
—No estoy nervioso— negó
—claro que si, me lo acabas de decir— le replicó un poco enojado por la evasiva
Alfred suspiró resignado
—está bien, pero que conste que es lo único que te diré— le dijo antes de darle un dulce beso en la mejilla— Es que antes de ir al sitio de nuestra luna de miel quisiera pasar por Washington D.C. para que conozcas a mi hermano—
Arthur abrió los ojos de sorpresa y se le colorearon las mejillas "conoceré a la familia de Alfred" pensó y su corazón se alegró. Sonrió tiernamente y dio un casto beso en los labios de su esposo
—no tienes de que preocuparte, todo estará bien— le calma antes de mirar por la ventada del auto las pistas de despegue del aeropuerto
"ojalá que tengas razón Arthur" pensó a su vez el americano viendo una vez más su reloj. "Ya falta poco"
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Washington D.C.
El Capitán Ian Walker se encontraba en la sala de mando de la Operación Puente de Londres viendo la enorme pantalla con el mapa de Reino Unido surcado en puntos rojos.
—Capitán, ya todo está listo para la Operación Puente de Londres— dijo un agente a su superior
—muy bien, pongan el cronómetro en pantalla—ordenó
—Si señor—acató—Cronómetro en pantalla, iniciado cuenta regresiva— e inmediatamente apareció el cronómetro marcando diez minutos.
—Recuérdenme quien le puso un nombre tan ridículo a la operación—se quejó para si mismo en voz baja
Y, como si lo hubiese invocado, el responsable atravesó las puertas de la sala llamando la atención de todos. Los presentes hicieron un saludo en señal de respeto
— ¿cómo van las cosas por aquí? —preguntó el recién llegado ajustándose sus lentes
—se ha iniciado la cuenta regresiva, señor— le informaron
—Bien— dijo con una voz inusualmente seria mientras se acercaba hacia la silla del Capitán quedando parado al lado de este observando ambos la pantalla.
— ¿está seguro de esto? — preguntó en capitán mirando de reojo al hombre rubio a su lado
—jajajaja, totalmente—dijo de modo infantil y escandaloso—tampoco es como si tuviera elección— dijo más bajo sorprendiendo al moreno quien pudo notar la fuerza con la que cerraba su puño.
Era la verdad, nadie quería esto, pero una orden era una orden ya había que cumplirla aunque la conciencia les pesara después.
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Una vez en la pista de aterrizaje, la pareja se dirigió al Jet privado que estaba esperándolos. Arthur veía con ojos asombrados la escena sin poder creérselo.
—Alfred ¿qué es esto? — logró articular
—jajajaja, es un Jet Arthy—contestó viéndolo con una sonrisa divertida
—Sabes que no me refiero a eso—le miró severo y algo molesto pues sentía que le estaban tomando el pelo
Al no recibir una respuesta paró de andar quedando al pie de la escalera de abordaje cruzando los brazos. Alfred, al percatarse de esto, se giró
—Es solo una sorpresa—dijo tendiéndole una mano
Arthur suspiró y tomó aquella cálida mano subiendo a bordo del Jet.
Una vez dentro, ambos tomaron asiento, uno en frente del otro.
— ¿algún día me dirás cómo conseguiste un avión privado? —preguntó a su esposo
—Tengo mis contactos—fue todo lo que pudo decir
La aeronave inició su despegue sin dificultades alejándose rápidamente de Londres. De un segundo a otro por la ventanilla no se veía más que el majestuoso océano Atlántico sin nada más que agua hacia al frente y la silueta de Reino Unido a sus espaldas. En ese momento Arthur supo que debía decirlo.
—Alfred—le llamó captando su atención— yo tengo que decirte algo— sonaba serio, así que el americano se quedó callado, expectante— yo soy…— pero antes de que pudiera terminar la oración una fuerte turbulencia agitó el Jet y los ojos de Arthur se abrieron inmensamente al ver por la ventanilla.
Bueno! ya casi llegamos a la parte que todos querían saber. En el próximo capítulo se responderan todas las preguntas que se han hecho. Muy probablemente actualice tarde el prox. capítulo. Solo pido pasiencia
*La catedral es totalmente existente. Es una de las más antiguas de Inglaterra y el foco de la iglesia Anglicana ubicada en Canterbury, no muy lejos de Londres.
** Este hotel también existe y, curiosamente, queda en los jardines privados de la misma catedral. Si quieren saber más acerca de este hotel aquí les dejo un link: www. booking. com .html?aid=306396;label=canterbury-rh16q3Yo6tFLRy4u_8QIAgS9247952965%3Apl%3Ata%3Ap140%3Ap2%3Aac%3Aap1t1%3Aneg;sid=7f1da2fc790dc0a41f2b0ebb7a50 54d3;dcid=1;srfid=3890a3bbc685f0d3f8ef91a7db96 a3cdX20
***Underground: es el metro de Londres, también conocido como "subway" en Estados Unidos. En este capítulo he mencionado dos estaciones completamente existentes.
¿Review?
