Tristeza
Esa mañana ella se levantó más temprano a comparación de anteriores ocasiones.
Alistó su vestido de seda.
Limpió los zapatos de tacón más altos que tenía en su armario.
Eligió un peinado extravagante con el cual lo sorprendería.
Estaba más que ansiosa por disfrutar de aquel día en compañía de la persona que más amaba en su existencia. Ese alguien por quien estaba tan dispuesta a hacer todos los sacrificios posibles, por quien sufrió tanto, luego de que tomaran rumbos distintos al terminar la escuela secundaria. Pero esta era una oportunidad diferente, ella había forzado al destino para lograr ese encuentro. No soportaba estar lejos de Touya ni un día más, suficiente había llorado e implorado a los cielos por ese reencuentro. Quería contarle todo lo que no se había atrevido en sus días de escuela.
Salió a su encuentro con una hora de anticipación. Quería estar segura de llegar a buena hora para no hacerlo enojar.
Las mariposas que sentía en el estómago, denotaba la alegría que su cuerpo sentía dentro de sí
Entró al restaurante y tomó asiento en la primera mesa. Esta se encontraba al lado de la ventana, era el lugar propicio para darle la voz a Touya cuando llegase
—¿Desea servirse algo señorita? —Preguntó el mozo dándole la carta a Nakuru
—Aun no, estoy esperando a un acompañante —Se excusó ella
Los minutos comenzaron a transcurrir hasta detenerse en la hora pactada
—Ya es hora —Alegó Nakuru acomodándose el cabello frente al reflejo de los vidrios
Esos minutos se habían detenido por un momento, pero luego siguieron avanzando con más fuerza hasta dar las cinco, las seis, las siete de la noche…
—No debe de tardar, seguro se dilató con algo —Dijo entre dientes contendiendo las lágrimas
—¿Está bien señorita, no desea ordenar nada todavía? —Inquirió el mozo evitando sonar irritado— Hay personas que están haciendo fila desde hace horas, será mejor que se retire
Con la pena cargada en sus ojos. Nakuru tomó su cartera y se dispuso a salir del restaurante.
—¿Acaso estás lágrimas son de tristeza? Pero si él llegará, estoy segura que lo hará —Se recargó en uno de los muros del exterior del Café cubriéndose los brazos por el frío
Alzó la mirada y observó a Yukito caminando con una bolsa de pan en los brazos. Quizás ella sentía un tipo de fastidio hacia él, pero en esta ocasión, él le podía dar las respuestas que ella andaba buscando
—¡Tsukishiro! —Exclamó ronca por el aire gélido.
—Hola Akizuki
—Dime ¿Y Touya? —Preguntó sin moverse ni un solo centímetro de su posición
—Hoy tenía una presentación importante en la universidad. Esta mañana lo vi haciendo unos gráficos para la ponencia
—Ya veo—Respondió con la voz resquebrajada
—¿Sucede algo?
—No es nada. Nos vemos, cuídate ¿sí? —Corrió con los retazos de su corazón en la mano
Solo la noche y su inminente tristeza podían entender sus sentimientos fúnebres. Un mar de lágrimas no sería suficiente para descargar toda su melancolía
N/A: 500 palabras sin notas de autora
