Disclaimer: ni Sasuke, ni Itachi, ni ninguno de los personajes de Naruto me pertenecen, son

del gran Masashi Kishimoto, esto sólo lo hago por diversión y llevar a cabo mis retorcidos ensamientos.

Advertencias del fic: yaoi, incesto, shota, lime, lemon, muerte de personajes, intento de violación y un poco de gore. Por supuesto todo ésto se irá sucediendo a lo largo de los capítulos.

Siento mucho la tardanza, pero los exámenes se acercan y me tuvieron ocupada, además de otro gran proyecto que me absorbió mucho tiempo por culpa de una amiga.

Bueno, basta de excusas y aquí va el siguiente capítulo del fic. Espero que les guste.

Capítulo III

El sonido del teléfono me desconcentró de mis tareas. Me levanté sin prisas y lo cogí. Una mujer me saludó amablemente desde el otro lado, quizás sería una llamada de esas en las que te intentaban vender algo. Me extrañó que no preguntase por mis padres sino por mí. Entonces, la mujer con su voz suave, me pidió que fuese inmediatamente al hospital. Había habido un accidente.

- ¿Y mi hermano? –pregunté desesperado al escucharla-. ¿Está bien mi hermano?

No me dijo nada. Yo insistí y, al no recibir respuesta, empecé a gritar. La mujer dijo unas palabras que yo no escuché y me colgó.

- Por favor… dígame solamente cómo está mi hermano –sollocé agarrando el cable y hablándole a nadie-. Por favor… mi hermano.

Mis padres habían tenido un accidente y tú ibas con ellos.

Podría perderlo todo; a mi padre, a mi madre, a ti, mi querido hermano menor…

Respiré hondo, aún no debía ponerme nervioso, debía controlar mis emociones.

Temblando aún, colgué un segundo el teléfono para, a continuación, marcar a un taxi. Imploré que fuesen rápidos. Durante los minutos que tardó en llegar, preparé el dinero y esperé en la calle. Nada más llegar le di las indicaciones pertinentes y me dejé caer en el asiento.

Miré mis manos temblorosas. Debía relajarme, respirar hondo y tranquilizarme. Aquel estado sólo podía empeorar las cosas. Lo intenté, pero no pude. Tú podías estar muerto. El simple hecho de pensar que quizás lo había perdido todo me aterrorizaba.

Debería haber ido al templo con todos. Debería haberme olvidado de todos los libros que quería leer antes de que empezase el curso.

Debería haber ido al templo y no haberme preocupado de si pisaba suelo sagrado.

Comencé a rezar a todos los dioses que conocía para pedirles que estuvieseis todos bien. Añadí a mis plegarias a los seres de naturaleza demoníaca si con ello podía salvarte. No quería perder a nadie, pero si tenía que elegir…

Si tú morías, ¿qué haría yo? Yo no era nada sin ti, nada.

Te necesitaba, igual que te necesito ahora a pesar de todo lo ocurrido.

Pase tanto y tanto miedo de perderte…

Pagué al taxista al llegar y salí corriendo hacia el interior del hospital. Pregunté por ti en recepción y un enfermero me guió hacia donde estaba la médico que podría darme la información. Durante el poco tiempo que duró el trayecto le pregunté por ti al chico que no me pudo decir nada. Por fin me encontré con la mujer.

- Buenas tardes ¿Uchiha Itachi?

- Sí… ¿podría decirme cómo está mi hermano? –pregunté sin darle tiempo a decir nada más a la pobre médico.

- Él está bien… -dijo dudosa-. Está fuera de peligro.

Suspiré aliviado ante la noticia. Tú estabas vivo. Me tranquilicé notablemente, pero seguí en alerta, pese a eso no vi la mirada que me dirigió.

- ¿Mis padres? –volví a preguntar preocupado.

Negó suavemente con la cabeza.

- Me temo que debo decirle que su madre ha fallecido.

Palidecí ante la noticia. Las piernas me temblaron.

- Muerta –susurré con voz lastimosa.

Miré a la médico suplicante. No sé por qué en aquel momento pensé que ella, sólo ella, era capaz de decirme que, al menos, mi padre estaba vivo. Estaba seguro de que aquella médico había salvado a mi padre.

- Su padre se encuentra en la UCI.

Me sentí aliviado al escuchar eso. Ella había muerto, nuestra querida madre, nuestra cariñosa y sonriente madre había fallecido.

- Pero me temo que está muy grave –añadió para no darme falsas esperanzas.

Si hay algo que debería haber comprendido en aquel instante era que, por mucho que no empeñemos, un ser humano no es un Dios y, por tanto, no depende de él la vida de un hombre.

Pero yo era muy joven para saber eso. Cuando tienes 15 años sueles renegar de los dioses, aunque después les reces desesperadamente, sin ser consciente, cuando no puedes hacer otra cosa. Tienes toda tu fe en algunas personas que creen que pueden ser comparadas con los dioses.

Es una de las peores creencias que puede tener alguien. Lo seres humanos no podemos decidir en la muerte, es algo que se nos escapa de entre las manos por mucho que nos afanemos en cogerlo.

- Si quiere puede ir a ver a su hermano, pero antes –añadió sin dejarme ir- me gustaría que nos diese el número de teléfono de algún familiar.

Asentí y saqué el móvil para encenderlo y ver el número de tío Izuna. Se lo di y fui a tu habitación. La médico me observó marchar con sus grandes ojos marrones que se asemejaban a los de una madre. Eran reconfortantes.

Al entrar vi que estabas dormido.

- Le hemos tenido que dar un sedante –me informó una de las enfermeras antes de salir y dejarnos solos.

Me acerqué lentamente y cogí tú mano que descansaba sobre tu pecho. Empecé a temblar sin control. Había estado a punto de perderte.

- Sasuke –te llamé aún sabiendo que no me contestarías-. Mi pequeño Sasuke…

Por primera vez fui consciente de lo efímero que era todo en la vida. Tu fría mano me enseñó que en cualquier momento podía llegar la muerte y acabar con todo lo que amaba.

Te observé dormir.

Si tú murieses, ¿qué haría yo? ¿Qué sería de mí? Preferiría morir, agonizar a vivir en un mundo en el que no estás tú.

Entonces un loco impulso se apoderó de mí. Al menos una vez quería probar tus labios. Sólo una vez. Sólo una… No necesitaba más. O eso creía en aquel instante porque ese loco impulso se apoderó de mis varias veces hasta sumirme en la más oscura de las desesperaciones.

Acerqué mi rostro a tuyo y uní mis labios con los tuyos resecosos. Me sentí completo los poco segundos que duró el contacto. Me olvidé de nuestra pobre madre muerta y de nuestro agonizante padre. Me olvidé de lo prohibido que estaba lo que sentía por ti y de la edad que tenías. Me olvidé de todo y disfruté de tenerte a mi lado aún porque lo demás no era realmente importante para mí.

Era un mal hijo.

Era un mal hermano mayor.

En definitiva, era una mala persona.

Pero un excelente amante.

No creo que necesitase nada más, pero aún así, cuando rompí el contacto me sentí culpable, porque lo que para mí carecía de importancia, para ti significaba mucho.

Yo les quería, te juro que quería mucho a nuestros padres, pero comparado con el amor que te profesaba no era nada lo que podía llegar a sentir por ellos. Lloré su muerte, pero más lloré tu pena.

Aquella noche me quedé junto a ti Sasuke. Las enfermeras intentaron disuadirme, pero no lo consiguieron. ¿Por qué iba a querer ir a una casa vacía? ¿Por qué iba a querer separarme de ti cuando más me necesitabas? Aquellas preguntas resonaban en mi cabeza cuando me pedían que volviera a mi casa. Parecían no entender que volver a casa significaba chocar contra una nueva realidad que aún no podía afrontar.

Aunque quizás debí hacerles caso porque lo que ocurrió aquella noche fue demasiado duro para mí.

Yo dormía plácidamente junto a tu cama. Cuando, de repente, sentí que te movías. Desperté bruscamente. Alcé mi rostro y te observé. Empezaste a abrir tus ojos lentamente. Busqué tu mirada, pero no la encontré. Parecías estar muy lejos de esta habitación y de mí. Te erguiste y fijaste tu mirada en tus manos. Comenzaste a temblar sin control.

Lo siguiente que recuerdo es que gritabas desesperadamente el nombre de nuestros queridos padres. Una y otra vez, sin parar. Y comenzaste a llorar.

Estabas muy lejos de mí.

Estabas en el accidente.

Salté sobre la cama y te abracé con fuerza.

Tú seguías llamándoles mientras llorabas.

Unas enfermeras entraron a causa del escándalo. Al verte en ese estado salieron corriendo.

- Sasuke… Sasuke mírame… -te pedí cogiendo tu rostro con una mano mientras con la otra seguía agarrado a ti-. Sasuke estoy aquí.

Por fin tus ojos enfocaron los míos.

- Itachi –susurraste.

Las enfermeras entraron con una jeringuilla, pero pararon al vernos así.

Tus temblores desaparecieron poco a poco.

- ¿Por qué Itachi? –me preguntaste sin parar de llorar.

Yo no entendí a qué te referías.

- ¿Por qué no estabas… allí?

Te abracé con fuerza y sentí como una lágrima resbalaba por mi mejilla.

- No lo sé –contesté sinceramente sin añadir nada que te tranquilizase.

Las mujeres se acercaron sigilosamente a nosotros y, con delicadeza, nos intentaron separar, pero tú te aferrabas fuertemente a mis ropas y me mirabas fijamente, esperando algo. Las enfermeras no podían separarnos.

- Necesitamos administrarle este tranquilizante –comenzó a decir una de ellas.

Asentí. Realmente creo que no quería que te lo diesen, quería ser yo quien te sosegase con bonitas palabras y el amor que te profesaba. La mujer esperó pacientemente a que te tumbase. Coloqué mi mano sobre tus ojos y con la otra ejercí un poco de presión para conseguir que te fueses separando de mí.

- Vamos Sasuke –te susurré-, descansa…

Intentaste alargar tus brazos para cogerte a mí, pero ya te habían inyectado el tranquilizante. Actuó más rápido de lo que esperaba y, a los pocos segundos, ya no te movías. Las enfermeras se fueron.

- ¿Por qué me dejaste… solo… en ese infierno? –murmuraste a duras penas.

Tu voz sonó apagada y vacía. Quizás fue por el tranquilizante o quizás porque te sentías así realmente.

Eso nunca lo sabré.

Pero lo que sí supe en ese instante es que me habías necesitado y yo no había estado contigo en aquel infierno de llamas y sangre. ¿Me perdonarías algún día ese fallo?

Cogía tu mano y apoyé mi cabeza sobre tu colchón. No me separaría de ti hasta saber si me perdonabas.

A primera hora de la mañana llegaron los tíos. Maki me abrazó dándome un poco del consuelo que necesitaba. Me hizo un par de preguntas sobre mi estado que contesté con simples monosílabos. El tío Izuna se fue a hablar con los médicos casi inmediatamente. Desde donde estaba, pude verle hablar con la médico rubia, no mostraba mucha esperanza en su rostro.

- Shisui, ve con Itachi a que se compre algo de comer.

Yo iba a replicar que no quería alejarme de ti, pero ella no me dejó.

- Desde ayer no comes nada –dijo con voz dulce y autoritaria-. No creo que sea bueno que te saltes el desayuno también. Además –añadió con una triste sonrisa mientras te miraba-, cuando despierte Sasuke lo mejor será que te vea con buena cara.

Tenía razón, lo admití. Comencé a andar hacia la salida seguido de Shisui, que aún no había dicho nada. Durante el camino a la cafetería reinó un incómodo silencio. Pedí un café y un bollo que, de antemano, sabía que apenas probaría. Nos sentamos en una mesa cerca de la salida y empecé a comer.

- ¿Quieres? –le ofrecí el bollo con desgano-. No me apetece.

Entonces me miró a los ojos.

- Lo siento mucho Itachi –murmuró a duras penas.

Dirigí mis ojos a la bebida.

- No lo sientas aún –dije dando un sorbo.

No sé qué expresión puso al oírme, no le miré.

- Aún no lo he aceptado del todo –continué-. No estoy preparado para aceptarlo… Así que, por favor… No me digas que lo sientes.

En aquel instante sabía que mi madre estaba muerta y mi padre en coma, pero no comprendía todo lo que eso significaba. En cierto modo, negaba la nueva realidad que iba a ser mi vida. Por eso le pedí a Shisui que no lo sintiera, aún quería estar en aquel limbo que creé en el hospital.

- ¿Quieres? –volví a ofrecerle el bollo-. Está bueno.

Sin decir nada lo cogió y lo mordió.

- Sí, es una lástima que no te apetezca.

Le tuvo que costar mucho decir aquello en esa situación. Nunca podré agradecerle todo lo que ha hecho por nosotros el primo Shisui.

Volvimos a la habitación con paso tranquilo y en silencio otra vez. Volví a sentarme junto a ti. Moviste levemente la mano, dentro de poco despertarías. De repente una enfermera entró en la habitación y llamó al tío Izuna. Sólo pude escuchar unas palabras sueltas, pero supe que significaban. Nuestro padre había empeorado.

Abriste los ojos y me miraste. Antes de que pudiese hacer nada me abrazaste como nunca antes lo habías hecho, desesperado y temeroso. Empezaste a hablar. Yo sólo pude enterarme de unas pozas palabras: fuego, sangre, miedo… tú. Habías estado consciente todo el rato hasta que llegó la ambulancia.

Te apreté contra mi pecho y recé para que no hablases más, pero lo hiciste. Preguntaste por ellos entre sollozos.

- ¿Papá…? ¿Papá y… mamá cómo…? –preguntaste entrecortadamente-. ¿Están bien…? ¿Cómo…'

Nuestra madre había muerto y ya ni tan siquiera sabía como estaba él. Nuestro padre parecía que iba a seguir el mismo camino que Mikoto, como siempre.

- ¿Cómo…? –sollozaste esperando una respuesta que yo no te iba a dar.

Te apreté contra mi pecho intentando ahogar tus palabras. Intentando que no pudieses pronunciar nada más.

Tú lloraste al no recibir una respuesta que acallase tus miedos.

Yo lloré contigo al no poder dártela.

Y lloramos juntos. Tú, Sasuke, aferrándote a mí al saber que era lo único que te quedaba. Y yo apretándote contra mi pecho, queriendo robarte todo el dolor que sentías en aquel momento.

Nadie se unió a aquel abrazo desesperado que nos dimos. Sólo nos observaron llorar y llorar por la muerte de nuestros padres.

No me lo dijeron, pero yo supe que, al volver la médico, mientras aún estábamos abrazados, Fugaku había muerto.

Acaricié tus cabellos con profunda lástima. ¿Qué haríamos ahora?

¿Qué sería de nosotros?

Besé tu cabeza sin saber qué otra cosa hacer.

¿Cuánto tiempo permanecimos así?

No lo sé.

¿Cuándo dejamos de llorar?

No lo sé.

¿Cuándo nos dormimos abrazados?

Tampoco lo sé.

Pero no importaba porque estuvimos juntos. Tú y yo… Y nadie más.

Al despertar vi tu rostro dormido. Estabas pálido y ojeroso. Representabas la belleza demacrada en todo su esplendor. Acaricié tu mejilla y sonreí tristemente. Estábamos solos. Sólo me quedabas tú, Sasuke; y tú sólo me tenías a mí.

Durante un segundo, la felicidad me embargó. Ahora yo era lo único que tenías en la vida. Ahora ya no debía competir por tu atención. Nuestros padres habían muerto. Ya no tenías nada excepto a mí.

Una punzada de culpabilidad eliminó cualquier rastro de la alegría sentida hacía tan solo unos segundos.

¿Qué clase de persona pensaba eso tras la muerte de sus padres?

Gemí de dolor.

Era malo y era consciente de ellos, pero no hacía nada por evitarlo.

- ¿Itachi?

Me giré al escuchar mi nombre. Shisui nos miraba lloroso. Me erguí lentamente para no despertarte y me levanté de la cama. Sólo estábamos nosotros tres; tú, Shisui y yo. Ni rastro de los tíos. Miré a Shisui interrogante.

- Están fuera. Acaba de llegar tío Madara y bueno… lo están preparando todo – dijo evitando pronunciar la palabra funeral.

De repente sentí unas terribles ganas de llorar, pero no lo hice. Me masajeé los párpados unos segundos hasta que ya no tuve deseos de llorar. Todo era muy extraño. Ellos estaban muertos, lo sabía; pero aún no era capaz de desentrañar lo que significaba eso. Y no lo entendía, porque yo sabía lo que era morir, lo sabía, y sin embargo mi corazón negaba esa información.

- ¿Los has visto? – pregunté, sentándome junto a la cama.

- No, no creo que los veamos hasta…

- El funeral – completé la frase con una facilidad que me sorprendió incluso a mí.

Permanecimos en silencio el resto de la tarde al no hacer nada que decir. Tío Madara se pasó un rato y me dio el pésame, sus ojos llorosos me confundían, pues me decían que lo sentía de verdad, y a la vez, podía ver un extraño brillo en ellos que me atemorizaba.

Aquella tarde, despertaste en el momento más inoportuno, o quizá no, porque así pude evitar ser yo quien te diera la noticia. La médico rubia vino a la habitación a hablar conmigo a solas. Fue muy amable.

- Lamento mucho la noticia que voy a darle, joven Uchiha – comenzó a decir, afligida de verdad.

Yo ya sabía lo que me iba a decir.

- Esta mañana su padre empeoró – continuó sin apartar la mirada -. Intentamos hacer todo lo posible, pero al final nos fue imposible salvar su vida. Asentí con la cabeza y te miré. Lo habías oído. Lo sabías.

Ahora estábamos solos. Cerraste los ojos y comenzaste a llorar silenciosamente.

- Gracias – dije, agradecido.

Aquella mujer había intentado salvarle la vida con todas sus fuerzas. Me lo decían sus ojos que brillaban agotados. Nos dijo algunas frases de consuelo y se quedó con nosotros unos minutos, dándome la oportunidad de preguntar lo que quisiera sobre la muerte de nuestros padres. Pero de mis labios no salió nada. No quería saber qué habían hecho y qué no. No quería saber si sufrieron. No quería saber nada. Sólo quería que me siguiese mirando con sus ojos pardos y maternales que conseguían mitigar levemente mi dolor, y creo que el tuyo también.

- Gracias por todo, doctora Tsunade –volví a decir antes de que se fuese.

Acaricié tus cabellos, pero tú no abriste los ojos. Quizá estabas dormido o quizá esa fue la primera señal del cambio que darías poco a poco. Ya nunca lo sabré.

-_-_-_-

A los dos días se celebró el funeral por la muerte de nuestros padres. Te dejaron salir del hospital, al suplicarles tú que te dejaran ir a la ceremonia. Yo no me negué. Tú les habías visto agonizar sobre el asfalto entre fuego y sangre. No creí que te pudiese importar mucho más el verles vestir de gala con sus caras pálidas como la cera dentro de una caja de madera. Sin embargo los tíos sí se opusieron al principio. Eras muy pequeño para ir a un funeral. Pero al final conseguimos convencerles de que era lo mejor, así tu última imagen de ellos no sería en el infierno.

Lloraste durante casi toda la ceremonia, aunque sólo yo lo noté. Tus lágrimas recorrían tus mejillas en silencio y sin prisa, una por una. Era un llanto tranquilo. En el momento en el que empezaron a enterrarles tú cogiste fuerte mi mano, pero no me miraste. Tus ojos siguieron fijos en sus tumbas.

Yo me despedí de ellos mentalmente. Les había querido tanto que no me importó que me hubiesen robado tu atención muchas veces. Siempre los iba a querer.

Al terminar el funeral nos fuimos a casa de los tíos Izuna y Maki. Fue una vuelta silenciosa. Ibas sentado al lado de la ventana y mirabas a través de ella concentrado en el paisaje. A veces que pequeños espasmos te sacudían cuando intentabas ahogar tus lágrimas.

Tu silencio fue más doloroso que tus lágrimas porque cuando llorabas yo podía enjugarlas y obligarte a mirarme a mí para que buscases consuelo en mis ojos. ¿Pero qué podía hacer ahora…?

Observé tu reflejo en la ventana. Tus ojos negros no brillaban.

No podía permitirlo.

Pasé uno de mis brazos por tus hombros y te atraje hacia mí para abrazarte. Te enterré en mi pecho y quise arrancar toda la soledad y pena que sentías.

Y lloré al ver que quizás yo no era suficiente para ti. Quería arrancar todo tu dolor. Quería llevármelo junto con mis lágrimas.

Me habría gustado decirte algo en aquel instante, pero las palabras no salían de mi boca, me sentía incapaz de decir nada coherente. Opté por abrazarte con más fuerza y rezar para que el dolor desapareciese.

Al llegar a la casa de los tíos nos sirvieron algo de comer antes de irnos a dormir, pero no cenamos nada para desespero de la tía. Cuando íbamos a la habitación escuché a Madara hablar con Izuna. Hablaban sobre nuestra custodia.

- Yo me encargaré de ellos – dijo el tío Madara -. Siempre he envidiado el que hubieseis formado una familia y yo no.

Tío Izuna replicó algo sobre cuidado y estudios.

- Dame una oportunidad, si lo hago mal no me opondré a que se vayan con vosotros.

Renuente, el tío aceptó.

Yo temblé al pensar que ahora viviríamos bajo la tutela de tío Madara. Aquella noche me abracé fuertemente a ti y no paré de lamentar sus muertes. Incluso lloré de rabia al no haber podido hacer nada por ellos.

- Lo siento Sasuke – me disculpé.

No sabía si estaba despierto o dormido pero me disculpé una y otra vez contigo. No sé por qué me disculpaba, sus muertes no habían sido mi culpa. Quizá me disculpé porque no iba a decir nada contra tío Madara por miedo a revelar con ello mi propio secreto.

Fin del capítulo III

Pues hasta aquí. Espero no haberles decepcionado.

Agradecimientos: Hagobi, Taumaturga, Uchihas_Forever, akane 01, gamaki, maka-chan, Manzanita Roja, meikyo, Ares Sasuke, Akira Nishikawa, Misaki, MaliciadoUrden.

Y ya por último pedirles como siempre un review con sus opiniones, que son importantes para mí y la historia. Y también pedirles que tengan paciencia para los siguientes, que tardarán un poco en ir llegando.