Disclaimer: ni Sasuke, ni Itachi, ni ninguno de los personajes de Naruto me pertenecen, son

del gran Masashi Kishimoto, esto sólo lo hago por diversión y llevar a cabo mis retorcidos ensamientos.

Advertencias del fic:yaoi, incesto, shota, lime, lemon, muerte de personajes, intento de violación y un poco de gore. Por supuesto todo ésto se irá sucediendo a lo largo de los capítulos.

Con un poco de retraso, pero aquí está la continuación del fic. La facultad me ha absorbido completamente entre los exámenes y los malditos trabajos ¬¬ Pero aquí está el cuarto capítulo. Espero que les guste ^^

Capítulo IV

Desde el día en que empezamos a vivir con el pederasta de tío Madara, mi vida fue un infierno. Apenas tenía oportunidad de estar contigo a solas. Era un asqueroso incordio que, para ser más repulsivo aún, te obligó a que le llamaras Tobi, seguro para satisfacer alguna retorcida fantasía suya. Vivir con él era estar vigilándole constantemente. Y lo peor de todo fue que se dio cuenta de mis sentimientos por ti y decidió vigilarme como yo lo hacía con él. Sólo cuando desaparecía unos días podía descansar en paz.

Desde la muerte de nuestros padres todo había ido de mal en peor, y no sólo por tener que vivir con tío Madara, sino por los cambios que sufriste.

Acababas de entrar en mi habitación en silencio, solías venir muy a menudo y, como siempre, no dijiste nada. Ya no me hablabas como antes, ni me sonreías, ni me mirabas. Desde el día del funeral te volviste taciturno y melancólico, ocultabas tu presencia en tu frialdad. En aquellos casi dos años cambiaste mucho.

- ¿Qué libro me recomiendas ahora? – me preguntaste mirando mi estantería.

Ya no me hablabas como antes, ni me sonreías, pero seguías buscándome como antes. Si hacías algún dibujo de los tuyos no corrías a enseñármelo, pero te aseguraras de que lo vería colocándolo en un sitio estratégico.

- Podrías leer La Canción de Cazarrabo – dije levantándome de mi asiento y colocándome detrás de ti -. Creo que te gustará.

Alargué el brazo y rocé tu oreja cabellos al ir a recoger el libro. Alzaste la mirada para verme. A escasos centímetros tenía tus finos labios entreabiertos. Lástima que fueses algo prohibido para mí e inalcanzable cuando estabas consciente. Habría sido un beso precioso. Te sonreí imperceptiblemente.

- Pero antes de llevártelo tienes que traerme el anterior. No puedes ir quedándote con mis libros – comenté disimulando mi diversión.

Iba a añadir algo más cuando apareció tío Madara. Y como siempre que nos pillaba juntos, te ibas, quizá intuías algo de lo que pasaba.

Suspiré derrotado. Era muy bueno.

Maldito tío Madara, siempre se interpuso entre nosotros.

¿Acaso podía llegar a sentir lo mismo que yo ese degenerado?

¿Querría meterte en tu cama y follar contigo hasta saciar su repugnante deseo?

¿Era un enfermo que no veía la edad que tenías?

Sonreí tristemente. Si era cierto, él pensaría lo mismo de mí.

Porque esa enfermedad también la sufría yo.

Porque ambos padecíamos la misma enfermedad.

Una en la que te alzábamos en un altar de plata con adornos de oro y diamantes realzando tu belleza.

Éramos unos enfermos sin cura posible cuyo único placebo era buscar a alguien o masturbarnos pensando en ti.

¿Le odiaba por reflejar el monstruo que yo era?

¿Me odiaba Madara por lo mismo que yo a él?

Sí.

Definitivamente la respuesta era esa.

Nos odiábamos por eso.

Ser igual a tío Madara era algo que me consumía lentamente. No entendía por qué estaba condenado a vivir con él.

- Quiero hablar un momento contigo.

Asentí levemente.

Él entró en la habitación y cerró la puerta tras de sí. Yo simplemente esperé a que dijese algo. Si no fuera porque sabía que quien le gustaba eras tú seguramente en aquel instante habría sentido miedo.

- No me gusta su profesor de música.

- ¿Por qué?

- Le quita mucho tiempo y es raro.

Yo ya sabía todo eso, pero no veía el problema. Quizá creía que Orochimaru era como él. Era un paranoico que no te quería compartir.

- ¿No lo ves? – preguntó extrañado - ¿Y si le hace algo?

- Sí… Orochimaru quiere enseñarle a tocar el violín y que sea un músico con nombre. Su profesor de música es de mucha más ayuda que nosotros – añadí harto de sus tonterías -. Sólo es raro como el resto de los músicos, no es como nosotros.

Con aquella última frase esperé haberle dejado claro a tío Madara que Orochimaru no era un pederasta como nosotros. Sin embargo busqué otras frases que dijeran lo mismo sin necesidad de utilizar esa palabra o similares. Los dos sabíamos el secreto del otro, pero nunca hablábamos abiertamente de él. Era algo casi tan prohibido como estar a solas contigo Sasuke más tiempo del necesario.

- Pero no es del todo seguro – replicó ceñudo.

Decidí cambiar de estrategia para convencerle.

- Es de fiar, le conozco desde hace mucho tiempo y sé cómo es él. A diferencia de ti me he molestado en conocerle – empecé a decir seriamente -. Además, Sasuke siempre habla bien de él y le encanta como enseña. Si le cambias de profesor se va a llevar un disgusto… Y tú no quieres eso, ¿verdad?

Sabía que había dado en el clavo en el instante en el que tío Madara me miró. Supo que tenía razón. Si ya bastante tenía con que tú no te fiases de él, como para soportar que le odiase por cambiarle su profesor de violín.

Sonreí victorioso cuando asintió.

- Bueno, ahora voy a seguir estudiando – dije echándole de mi cuarto con esas palabras.

Salió con gesto contrariado, no soportaba haber perdido contra mí.

Sin embargo ya nunca más volvió a salir el tema del profesor de música, pero siempre que podía criticaba mordazmente conmigo a algún maestro tuyo, sobretodo al pobre Iruka, y sólo por ser amable. Supongo que se desquitaba con ellos al no poder hacer nada contra mí.

Yo siempre les defendí, aunque algunas veces dudaba si yo estaba en lo cierto. Muchas veces llegué a pensar que tío Madara se preocupaba más por ti que yo. Un pensamiento que me horrorizaba porque significaba que te quería más que yo.

Lo pasaba muy mal con aquellas dudas.

De repente, el armonioso sonido del violín me hizo olvidar aquellos funestos pensamientos. Un par de veces desentonaste y te paraste para encontrar el ritmo. Supe que debía ir a tu cuarto para poder darte ánimos. Orochimaru te estaba exigiendo mucho, quería que hicieses dos cursos a la vez. Quería llevarte a lo más alto.

Esa sería otra de las razones de tío Madara para odiarle, si triunfabas te alejarías de nosotros, te veríamos menos y eso nos destrozaría. Porque te queríamos.

O eso creía yo.

Al llegar a la puerta me apoyé sobre el marco y te escuché sin decir nada.

Tú estabas de espaldas a mí. Yo te observaba mover los brazos con energía. Veía como movías el cuerpo irguiéndote aún más. Veía como movías ligeramente la cabeza al dejarte llevar. Me gustaba verte así.

Me resultaba muy erótico.

Ver tu espalda era una de las cosas más eróticas de mi vida.

Suspiré cuando terminaste. Te volviste hacia mí. Nuestras miradas chocaron durante unos segundos. Después volviste a colocarte bien el violín e iniciaste otra pieza. Cerraste los ojos y te concentraste en la melodía. Frunciste el ceño en las partes complicadas, e hiciste una leve mueca de dolor cuando te equivocaste.

¿Habrías puesto?esas expresiones si tuviésemos sexo?

¿Fruncirías el ceño mientras mi lengua recorría tu miembro?

¿Harías esa misma mueca ante el dolor que te causaría mi primera penetración?

Sentí deseos de lanzarme sobre ti y empezar a besarte. Pero mi amor por ti, extraño y peculiar, me detuvo.

Yo no era un monstruo, aunque mis instintos se asemejaran a los de uno, mis sentimientos eran totalmente humanos. O eso quería creer en aquel instante.

Al terminar me miraste anhelante. Exigiendo un comentario sobre lo que acababas de tocar. Tus ojos brillaban con un extraño deseo en ellos. Desvié la mirada, si no la apartaba corría el riesgo de ir hacia ti para buscar un beso tuyo. Al volver a pasar mis ojos sobre los tuyos ese brillo había desaparecido.

Iba a decir algo, pero tú empezaste a tocar otra pieza. Ésta era más complicada y más bonita. Esta vez no cerraste los ojos, los mantuviste fijos en mí.

Durante el tiempo que permanecimos así todo lo demás desapareció. Solo éramos tu y yo. Sasuke, me hiciste tocar el cielo sin necesidad de tocarte o si quiera rozarte.

Aquella vez fue la que más unido estuve a ti, Sasuke,

Te miré con amor, sin temer nada, porque estábamos muy lejos del mundo. Estábamos en un lugar muy lejano, solos tu y yo. Y me sentí libre de amarte, sin culpa, ni miedo.

- Sasuke - susurré acercándome a ti.

Paraste de tocar, pero seguías mirándome a mí.

Me habría gustado abrazarte. Me habría gustado decirte que te amo. Y deseé besarte.

Pero no podía.

Rocé tu mejilla y sonreí levemente.

- Ha sido precioso.

No sabía si lo decía por la pieza o por las sensaciones que me habías hecho sentir

- Realmente precioso - dije casi en un sollozo.

Te sonrojaste levemente y entonces me di cuenta de que eras un ángel. Mi ángel.

¿Por qué no me había dado cuenta antes?

Eras hermoso.

Eras efímero.

Eras puro...

Sólo los ángeles poseen esas cualidades.

Tus cabellos negros enmarcaban tu pálido rostro de rasgos afilados. Y tus ojos reflejaban tu inocencia. Eras mi pequeño ángel. Sólo mío.

Me alejé con parsimonia de ti.

Me mirabas extrañado, pero alegre por el elogio. Y tras mucho tiempo te lanzaste a darme un abrazo. Y me di cuenta de cómo echaba de menos todos aquellos gestos cariñosos que me otorgabas antes del accidente. Quizás si nuestros padres no hubieran muerto habrías continuado siendo tan cálido.

De repente, me asaltó una duda. Quizá si nuestros padres siguiesen con vida se habrían dado cuenta de lo que sentía por ti. Temblé. Lo mejor para ellos fue morir en aquel accidente porque así no tuvieron que ver a su perfecto hijo mayor convertido en un enfermo enamorado de su hermano y soñaba que follaba con él por las noches.

Sí, lo mejor había sido eso, por mucho que doliese.

Por mucho que te doliese.

Entonces tío Madara nos llamó para cenar.

Qué asquerosamente oportuno conseguía.

Nos separamos y tú fuiste a guardar el violín antes de bajar conmigo.

Tío Madara te felicitó por tus avances con el violín.

- Gracias Tobi.

Me daban arcadas cada vez que decías ese nombre.

- Orochimaru se sentirá orgulloso cuando vaya a clase y vea que ya puedo tocar la pieza para la audición.

Madara frunció el ceño al escuchar ese nombre.

- Mañana vendrán unos compañeros de la escuela - dijiste.

Me diste una grata alegría al saber que por fin tenías amigos.

- Es que tenemos que terminar un trabajo de plástica.

- ¿Cuántos serán? - preguntó con bastante interés tío Madara.

No me gustó el tono que utilizó.

- Sólo dos, Naruto y Sakura.

No me gustó el movimiento de manos que hizo.

- Muy bien.

Definitivamente no me gustó el brillo de su mirada.

Un escalofrío me recorrió la espina dorsal cuando dijo algo más.

- Les estaremos esperando - añadió mirándome divertido.

Sentí asco, sentí unas náuseas que nunca antes había tenido. Me disculpé y fui al baño. Necesitaba refescarme. Necesitaba vomitar. ¿Acaso tío Madara creía que los niños me atraían? El único en mi vida eras tú, Sasuke. El único infante que despertaba en mí el deseo sexual eras tú, mi querido hermano pequeño. Nadie más me interesaba.

Al vomitar me sentí mejor. Me lavé la cara y me limpie la boca. Al salir, tus ojos me miraron preocupados.

- ¿Te encuentras bien? - me preguntaste.

- Sí, es que me atraganté al tragar y me dieron... - no terminé la frase, lo que iba a decir era desagradable. - Ya estoy bien Sasuke.

Te sonreí al sentarme y continué cenando. Evité la mirada de tío Madara durante el resto de la cena. No quería ver ese repulsivo brillo en ellos.

¿Mis ojos brillaban así cuando te observaba?

Rezé para que no fuese así. Quizás Madara y yo sintiésemos por ti algo similar, pero me arrancaría los ojos antes de tener ese resplandor.
Al terminar la cena me fui a acostar directamente. No me sentía nada bien.

Y cuando estuve ya refugiado entre mis sábanas, esos ojos me persiguieron. Aquella mirada llena de oscuro deseo se dedicó a observarme mientras te poseía en mis sueños.

Lo primero que hice a la mañana siguiente fue ducharme. Me sentía más sucio de lo normal. Me restregué la esponja con fuerza por todo mi cuerpo.

Y lloré.

No sé si de dolor o por mis sueños.

Yo sólo lloré, deseando que con mis lágrimas pudiese limpiar mi pecado.

-_-_-_-

Durante toda la tarde estuviste nervioso, aunque apenas se te notó. Yo sabía que era por tus compañeros de clase. Seguramente no sabrías muy bien cómo comportarte con ellos fuera del ámbito escolar. Al sonar el timbre te levantaste como si tuvieras un resorte de la silla y fuiste a abrir. Escuché sus voces y bajé a saludar.

El chico rubio se presentó nada más verme con una ancha sonrisa zorruna.

- Uzumaki Naruto - dijo con voz chillona -. Un placer conocer al hermano de éste.

Le miré extrañado al notar la manera despectiva con la que se había referido a tí. Iba a decir algo, pero la chica de pelo rosa clavó sus ojos verdes en el otro y le gritó a la vez que le daba un cate.

- Trata mejor a Sasuke-kun... –gritó.

De repente me miró avergonzada.

- Haruno Sakura, un placer - se presentó cambiando de tono a uno mucho más suave.

- Uchiha Itachi, encantado de conocer a los compañeros de mi hermano.

- Sasuke, debería aprender de tu hermando, él es amable.

- Sasuke-kun es amable con las personas.

- Yo soy una persona.

- Tú eres un monstruito con forma de persona - replicó la chica.

Tus compañeros de clase me cayeron hasta bien. Te miré y te sonreí. Tu sólo apartaste la mirada abochornado.

- ¿Qué es este escándalo? - preguntó Madara bajando las escaleras.

- Son mis compañeros de clase, tío Madara - contestaste mirándole fríamente.

Sin embargo, ninguno de tus compañeros se mostró realmente intimidado.

- Son Haruno Sakura y Uzumaki Naruto - les presentaste.

- Un placer conocerles.

En sus ojos vi entonces el mismo brillo que cuando te miraba. Suspiré aliviado. No éramos iguales.

- Bueno, Sasuke-kun... empezemos a trabajar - dijo la chica mirando mal a Madara.

Quizás era más despierta de lo que parecía en primer lugar. Quizás, a pesar del enamoramiento obsesivo que parecía sentir por ti, por lo que me habías contado de ella, era más lista de lo que parecía.

Asentiste agradecido y cogiste a Naruto de la muñeca para arrastrarle escaleras arriba. Me volví a fijar en Madara que os siguió con la mirada hasta que desaparecisteis. Y me di cuenta de la diferencia que había entre nosotros.

Cuando él se relamía los labios pensando en follarte, yo suspiraba soñando en hacer el amor contigo.

Él era un monstruo.

Yo, un pobre diablo enamorado de algo prohibido para mí.

No nos parecíamos en nada.

- Me das asco - susurré pasando por su lado.

- ¿Tú? - dijo con sorna -. Pero si somos iguales.

Me paré al subir un par de escalones y le miré con una mezcla de superioridad y repulsión. No, no éramos iguales. De hecho no nos parecíamos en nada.

Torcí el gesto en una mueca de verdadero asco.

- No compares lo que eres con lo que yo siento - susurré arrastrando las palabras.

Continué subiendo y me encerré en mi cuarto. Miré mis apuntes. debía ponerme a estudiar, pero no tenía ganas. Era feliz. Después de tanto tiempo algo parecido a la felicidad me embargaba. Sin ninguna culpa. No iba a desaprovechar un momento así para estudiar. Si no fuese porque estaban los dos amigos de Sasuke, ya habría ido a tu cuarto para estar contigo. Era tan feliz en aquel instante.

Los pasos de tío Madara me alertaron. Por un momento pensé que vendría a mi cuarto a decirme cualquier cosa sobre lo que yo era, pero no lo hizo. Fue a su cuarto y al rato salió de la casa. Al escuchar la puerta de la calle cerrarse corrí a mirar por la ventana. Se iba. Tío Madara iba a desaparecer unos días.

Estaba siendo un gran día. Y podría haber mejorado de no ser porque ese día habían venido tus amigos. Aunque debo admitir que fue gracias a ellos que pude ver la diferencia entre Madara y yo.

Entre ese pederasta degenerado y yo.

Durante cinco minutos estuve dando vueltas en la cama pensando qué hacer.

Quería verte. Necesitaba estar a tu lado.

Decidí ir a haceros una visita para ofrecer algo de comer. No podría estar mucho rato, pero sí el suficiente como para sertirme lleno y no pedir más.

Me levanté y me dirigí a tu cuarto. Antes de entrar llamé. Lo que vi no me gustó. Sólo tú trabajabas. La chica pelirrosa y el rubio estaban discutiendo mientras tú les ignorabas. Al verme te sonrojaste levemente.

- Venga Naruto, termina de una vez - le dijiste al ojiazul algo molesto.

¿La chica se libraba? ¿Acaso te gustaba?

No tenía nada en contra de ella, pero eras muy pequeño y no quería perderte tan pronto.

Naruto se sentó refunfuñando y miró el papel.

- ¿Queréis algo de comer? - pregunté cortesmente.

- Yo sí - gritó el chico de vivaces ojos azules a quien le habías llamado Naruto.

La pelirrosa frunció el ceño y le miró de mala manera.

- Si no es mucha molestia –dijo la chica.

Negué con la cabeza y te miré esperando a que dijeses algo.

- ¿Necesitas ayuda? - preguntaste sin mirarme.

Sabía que tenías que terminar tu trabajo, pero quería estar a solas contigo un momento. Necesitaba celebrar la gran noticia que me había otorgado la visita de tus amigos. Yo no dije nada cuando tú te levantaste de tu asiento.

- Disculpad, ahora vengo.

- No te preocupes, Sasuke-kun.

El otro chico abrió la boca para replicar, pero al final no lo hizo.

Bajamos juntos a la cocina donde preparamos algunos dulces y unas bebidas.

- Parecen muy simpáticos - comenté.

Te encogiste de hombros.

- Uno es un gamberro y la otra es demasiado ruidosa.

- Creo que le gustas.

- Le gusto a la mayoría de las chicas - contestaste algo hastiado. - Son unas pesadas.

Sonreí levemente. Seguías siendo mío.

- ¿Y Tobi?

- Se ha ido, - dije intentando permanecer sereno - y como de costumbre no ha dicho a dónde va ni cuando volverá.

- Mejor - farfullaste -. ¿Me acompañas mañana a comprar unas partituras?

- Por supuesto. Bueno, esto ya está - dije cogiendo la bandeja -. No te entretengo más.

Subimos juntos y te dejé con tus compañeros en tu cuarto. Ya no necesitaba más de ti por el momento. Volví a mi cuarto y me eché en la cama. Al tumbarme empecé a pensar qué podríamos hacer por la noche, ya que estaríamos solos. Y así, pensé y fantaseé lo que haríamos juntos hasta que se fueron tus amigos.

Pero entonces alguien llamó a la puerta. Temí que Madara hubiera vuelto. Sabía que él llevaba sus llaves, pero algo dentro de mí se obcecaba en decirme todos los "y si..." que justificase que no llevase las llaves. Cogí aire antes de abrir la puerta y lo solté al ver quién era.

- Buenas tardes, Itachi - saludó Orochimaru sonriendo.

Nunca llegaría a acostumbrarme a su sonrisa.

- Buenas. Pase, por favor.

- Gracias.

Le invité al salón y le ofrecí algo de beber.

- ¿Tiene té?

Fui a la cocina y lo preparé rápidamente. Él lo agradeció y le dio un sorbo.

- Disculpe que venga sin avisar, pero es que es algo que se me ocurrió y pensé en venir sin perder más tiempo.

Asentí esperando a que continuase.

- ¿No está Madara?

- Ha salido y no sé cuándo volverá.

- Bien... De todos modos se lo diré. He estado pensando en lo que es mejor para Sasuke y creo que no debería matricularse otro año más al conservatorio.

Iba a replicar, pero Orochimaru hizo un gesto para que no le interrumpiese.

- En mi opinión está perdiendo el tiempo allí. Él es un virtuoso del violín, - dijo con ímpetu - yo podría ser su profesor particular, me encargaría de todo su aprendizaje y le llevaría a lo más alto.

Sus ojos brillaron con orgullo. Pensé en Madara y en la negación que daría, pero él no estaba allí y yo pronto tendría la edad suficiente para tomar decisiones y tío Madara ya no me podría controlar por ser menor. Sonreí de medio lado, si dabas clases con Orochimaru pasarías menos tiempo en casa y el tío Madara no se aprovecharía de mi ausencia por la universidad.

- Me parece una gran idea, sin duda - asentí -. Yo me encargaré de convencer a mi tío, y no se preocupe, será su profesor.

Orochimaru asintió, complacido por mi respuesta.

- Me alegra mucho escuchar eso - dijo dando otro sorbo -. Pensé que me contaría más convencerle... Bueno, creí que tendría que hablar con el señor Uchiha y que me costaría mucho...

Me miró y supe que pensaba que le caía mal a tío Madara. No le faltaba razón para pensar así. A veces parecía incluso que no quería que estuases violín porque te quitaba tiempo para él. Nuestras miradas se cruzaron y nos sonreímos con complicidad.

-_-_-_-

Cuando escuché a Naruto gritar de alivio supe que se irían. Esperé pacientemente a que saliesen de casa y me fui a mi mesa para hacer como el que estudiaba. Al minuto de irse tus amigos viniste a mi cuarto. Llamaste antes de entrar y te sentaste en mi cama. No me dijiste nada, pero yo sabía por qué habías venido.

- Vino Orochimaru a hablar sobre ti - dije volviéndome para mirarte -. Está muy orgulloso contigo y quiere ser tu profesor particular para el año que viene.

Bajaste la mirada levemente sonrojado y sonreíste.

- ¿Sabes? Ya que no está tío Madara y que mañana no tienes clase - empecé a decir -. ¿Qué te parece si alquilamos una película?

No hizo falta que dijeses nada, tus ojos brillantes hablaron por tí.

- Venga, vamos al videoclub.

Nos levantamos y fuimos juntos a la salida. Acabaríamos cogiendo una película manga, lo sabía, pero no me importaba, iba a verla contigo.

Cogí tu mano al cruzar por la carretera, te quejabas cuando hacía eso, pero no te soltabas nunca. Yo adoraba hacerlo porque me podía engañar pensando que lo hacía por tu seguridad, nunca porque sólo quería sentir tu fría y suave piel. Solía acariciar tu mano con movimientos suaves con mi dedo pulgar.

Era excitante pensar que nadie excepto yo sabía lo que hacía, lo que sentía mientras te rozaba.

Y sólo lo hacía por tu seguridad.

Tal y como predije, cogiste una manga, La Princesa Mononoke. De allí fuimos a por algo de cenar. Podría haberla hecho yo, pero no tenía ganas de perder tiempo en la cocina. Yo solamente quería estar contigo y algo dentro de mí decía que tú querías lo mismo que yo.

Cuando volvíamos y empezó a anochecer te cogí y te llevé sobre mis espalda. Desde el funeral no había vuelto a hacerlo. Habían pasado un par de años ya. No me dijiste nada. Tu silencio me dolió. A veces eras más frío de lo que podía aguantar. Fugau y Mikoto estaban muertos desde hacía mucho, deberías superarlo y volver a ser tan tierno y cariñoso como antes. No frío y arisco.

Pensé en bajarte y empecé a aflojar mi agarre, pero tus manos se aferraron con fuerza a mi cuello.

- ...Sasuke... - susurré con voz queda.

Me seguías queriendo igual, y yo no debía dudarlo, aunque no me lo dijeses.

Aunque fueses frío me amabas, no de la forma enfermiza en la que lo hacía yo, pero me amabas y yo no podía dudarlo nunca.

Nada más llegar a la casa nos dispusimos a cenar mientras veíamos la película. Sacamos las bebidas y la comida, y preparamos el DVD. Nos sentamos y empezamos a comer. No hablamos mucho, y hasta que no terminaste la cena no te acercaste a mí.

No nos movimos cuando terminó. Estabas cansado, pero no querías irte a dormir todavía, ni yo tampoco. Dejé la tele puesta en una serie. Al rato sentí tu cabeza caer sobre mi hombro. Te habías dormido con movimientos pausados y suaves hice que te tumbases y tu cabeza reposara sobre mis rodillas. Te observé dormir embelesado. Rocé tu mejilla con mi dedo índice. Hoy estaba siendo un día perfecto.

Lo iba a culminar.

Posé mis manos sobre tu rostro y te besé en los labios.

Fue un contacto corto. Pero no necesitaba más porque unos pocos segundos bastaban para transmitir todo mi amor y recibir tu ternura.

No necesitaba más.

Y poco a poco me dormí mientras observaba tu pálido rostro.

Y sentí que eras mío, Sasuke. Completamente mío.

-_-_-_-

Al día siguiente, nada más despertar lo recogimos todo y desayunamos, y nos preparamos para ir a comprar tus partituras. Ya estaba ideando otro día juntos, pero él se las ingenió para joderme ese día con una de las peores noticias que podría recibir en mi vida.

- Vamos Sasuke, saca las llaves.

Ibas sobre mi espalda e ibas cargando la bolsa. Sacaste las llaves y me las pasaste.

Metí la llave en la cerradura y las comencé a girar cuando de repente alguien abrió desde dentro.

Ahí estaba tío Madara.

Te dejé con cuidado en el suelo.

- Qué sorpresa, tío. No te esperábamos.

- Ya lo sé - dijo sonriendo desagradablemente.

Y por primera vez en mi vida tuve miedo del peligro que él representaba en nuestras vidas.

- Sasuke, ve a guardar las partituras.

Asentiste y te fuiste veloz de allí al sentir la extraña atmósfera que se estaba creando entre nosotros.

- He estado pensando en qué es lo mejor para vosotros - empezó a decir -. Y creo que lo mejor para tu futuro es que te vayas a estudiar al extranjero.

- ¿Qué? - exclamé sin querer creer lo que oía.

- Lo mejor es que vayas el primer año - continuó sin hacerme caso -. Mejorarás tu inglés y cogerás experiencia en muchas cosas que te servirán para el futuro, y lo mejor es que descubrirás cientos de cosas útiles para tu vida que te enseñarán grandes verdades como que los padres, o padres adoptivos en este caso comen huevos.

Era una venganza por mis palabras. Una cruel venganza con la que quería demostrar que éramos iguales.

Le miré, por primera vez, suplicante.

- No servirá de nada porque no somos iguales - dije en un murmullo.

- Demuéstramelo - dijo deleitándose al decirlo.

Y en sus ojos vi el motivo oculto. Te quería sólo para él, te sentía como algo de su propiedad.

Deseé poder matarle, estrangularlo lentamente y demostrarle que tú no le pertenecías ni nunca lo harías.

Ese día no pude matarle, ni al siguiente, pero algo dentro de mí me dijo que algún día tendría el placer de ver su cuerpo muerto y mutilado ante mí.

Me erguí con el orgullo herido y empecé a andar con la intención de ir a tu cuarto, necesitaba estar contigo, tenía que aprovechar los días que nos quedaban juntos.

- No ganarás nada con ésto –dije arrastrando las palabras.

No dijo nada, pero sonrió de la manera más desagradable posible.

Yo era un demonio y el infierno estaba de mi lado, él sólo era un patético monstruo.

Fin del capítulo IV

Pues hasta aquí fue todo. Ojalá les haya seguido gustando.

Agradecimientos: Akira Nishikawa, Ares Sasuke, Hagobi, SakuyaUchihaMitsukai, Uchihas_forever, Taumaturga, Manzanita Roja.

No sabría que hacer sin vuestros reviews.

Y como siempre pedir un review con sus opiniones de como va la historia y si les gusta o no. Pedir también paciencia para esperar el siguiente capítulo que espero que no tarde tanto como este.