Disclaimer: Naruto no me pertenece, es del gran Masashi Kishimoto, yo sólo hago esto para llevar a cabo mis perversiones con sus personajes.
Advertencias del fic: yaoi, incesto, shota, lime, lemon, muerte de personajes, intento de violación y un poco de gore. Por supuesto todo ésto se irá sucediendo a lo largo de los capítulos.
Bueno, ésto es un AU (Alternative Universe), visto todo desde la perspectiva de Itachi. La diferencia de edad entre los dos hermanos será de 7 años.
Tras bastante tiempo, he vuelto... Malditos trabajos, no hacen más que robar tiempo. Pero por fin he conseguido sacar tiempo para continuarlo. Bueno, dejemos las excusas que a nadie le interesan.
Espero que disfruten este capitulo^-^
Capítulo V
En el año y medio que pasé en Londres por su culpa, mi odio hacia tío Madara aumentó. Se aprovechó mucho de la nueva situación y algunas veces cancelaba las visitas por sus motivos de trabajo. Yo sabía que lo hacía por fastidiarme y mostrar su poder. Muchas veces ideé la manera de matarle y librarnos de él, pero siempre fallaba algún pequeño detalle.
Algo que siempre me tranquilizó era saber que los tíos se habían mudado cerca de donde vivías con el asqueroso tío Madara. Shisui iba contigo a las clases de Aikido, algo que sé que molestó a tío Madara sobremanera y que a mí me permitió relajarme pues él solía informarme de si ocurría algo fuera de lo normal.
Mi primer año en Londres fue catastrófico. Saqué notas excelentes, eso no cambió, pero mi vida no pudo ser peor. Vivía en la duda de saber que era de ti. Sólo consiguió sosegarme el saber que el primo estaba cerca, no todo lo que yo querría, pero sí lo suficiente.
El siguiente fue más llevadero, habías madurado. Habías cambiado lo suficiente como para poder defenderte de él. Y habías crecido irremediablamente, lo que significaba para mi alivio que pronto dejarías de atraerle como lo habías hecho en años anteriores.
Lo único bueno de Londres fueron tus cartas, las que me empezaste a mandar sin avisar y que yo contestaba con ferviente ilusión. Unas cartas que me decían más de lo que podía leer en ellas.
- Itachi - me llamó Kisame, mi compañero de piso, nada más llegar -. Tienes una carta.
Me acerqué a la mesa con tranquilidad, no queriendo darle más razones a Kisame para que dirigiese sus comentarios de doble sentido sobre mí que, aunque pocos, me insinuaban que sabía algo. Al cogerla y leer tu nombre me fui a mi cuarto a leerla. Abrí el sobre con el abrecartas que me regalaste antes de mi marcha a Londres, y me tumbé en la cama para leerla con comodidad.
Querido Itachi:
Me encantaba cómo empezabas tus cartas.
Espero que te vaya todo bien en los estudios y demás cosas allí en Londres. Si todo va según lo previsto iremos a verte o vendrás tú, aún no está claro.
Sonreí de medio lado, esperaba ver qué haría al final Madara para evitar el encuentro.
A mi el colegio me va bien, sigo trabajando con Naruto y Sakura, aunque Naruto es un pesado al final los trabajos los hace bien.
Se repetía mucho ese nombre en tus cartas. Y eso era algo que me molestabaal igual que me alegraba. Al fin y al cabo no eras mío y nunca te entregarías a mí, a tu hermano mayor. Y que hicieras buenos amigos debía alegrarme.
Sólo espero que esta vez Tobi no haga nada por evitar que nos veamos como suele hacer con sus excusas.
Al parecer te habías dado cuenta de eso.
Te echo de menos.
Sabía que escribir eso te había costado, no solías decir ese tipo de cosas que pudiese mostrar parte de tus sentimientos. Lo sabía y, aunque conmigo te permitías ser más efusivo, no supe ver el mensaje oculto tras tus palabras. Me necesitabas, y yo no lo supe ver.
Con esto, se despide:
Uchiha Sasuke
P.d.: me gustó mucho la canción de Garbage "I would die for you"
Sí, sabía que te gustaría, lástima que no supieses todo lo que esa canción significaba para mí, porque me identificaba tanto con ella.
Volví a releer la breve carta que me habías escrito. La guardé con sumo cuidado y la coloqué donde estaba el resto. Parecía un enamorado que guardaba las cartas de su amor a la que no podía ver por culpa de una guerra. Sí... me sentía como un soldado en el campo de batalla.
De repente una melodía irrumpió mis pensamientos. Era un mensaje de mi novia, Asuka.
"Qué tal si quedamos esta noche?
Necesitaba ver a Asuka. Yo también te echaba de menos.
Le contesté poniéndole la hora y el lugar en el que nos veríamos. Necesitaba follar con ella.
Necesitaba follar con Asuka.
Necesitaba hacer el amor contigo, Sasuke.
-_-_-_-
Desde hacía medio año, Asuka era mi novia, pero la conocía de antes. Todo fue gracias a Pain y su novia Konan, de la que era hermana. Sin ellos nunca habría conocido a la que sería una chica tan maravillosa que tan gratos momentos me haría pasar, la mayoría de ellos pensando en ti. Y se lo debía a su asombroso parecido a ti, físicamente sobretodo.
Asuka había traído tanta luz como tinieblas a mi vida. Con ella había satisfecho mis oscuros deseos carnales. Y a la vez, había maldecido en secreto el aprovecharme de ella sólo por quien me recordaba.
-¿Quieres quedarte en mi casa? -le pregunté antes de tener que llevarla al metro.
- ¿Me estás invitando a tu casa? -dijo incrédula.
Jamás había ido a mi apartamento pese a conocernos desde hacía tanto, mientras que yo ya me conocía su piso a la perfección. Nunca la había llevado porque me daba lástima. Alguna vez habías dormido allí, y yo había soñado contigo en esa cama. Siempre había pensado que llevarla allí era para complacer mis fantasías contigo a un nivel que dudaba de si realmente quería pasar. Pero ese día no me importó.
Ella sólo era tu sustituta.
- Sí, ya va siendo hora -contesté girándome para que ella me siguiera, iba a aceptar.
- Ya tenía ganas de ir y ver tu cuarto -dijo sonriendo.
Ese día necesitaba sentirte y sólo la tenía a ella.
Al mirar sus ojos negros me pregunté si podía ser peor persona. Y, como siempre, llegué a la conclusión de que aún podía llegar a ser peor.
Durante el trayecto a casa apenas se habló. Era la chica perfecta para mí, más bajita que yo, piel blanca, largos cabellos negros, callada, buena conversadora y tenía unos hermosísimos ojos negros, casi idénticos a los tuyos. Habría sido mi pareja perfecta de no ser porque tú existías.
O quizás no. Quizás sólo podía gustarme por su parecido a ti, y si no hubieses existido, yo no la habría tomado en cuenta.
Me cogió del brazo y me sonrió tiernamente.
No quería pensar que fuese la segunda opción porque entonces significaría que yo no quería ver nada que la hiciese especial y la subyugase a ser una mera sustituta sin posibilidad de ser nada más para mí. Y, aunque fuese así, yo aún no estaba preparado para aceptar esa terrible verdad.
Sin embargo, pese a eso, ese pensamiento no me hacía sentir tan culpable como cuando te tocaba. Sino aliviado al ver que, pese a acostarme con ella, a quien seguía amando era a ti. Y nada podría cambiarlo.
Era contradictorio y hasta irónico que el hecho de amarte sí me hiciese sentir culpable, pero el follar con otra persona pensando en ti, no.
Me dieron ganas incluso de reír.
Al llegar al apartamento, me cercioré de que Kisame no estuviese por allí para fastidiarme con cualquiera de sus comentarios. Invité a pasar a Asuka. La guié hasta mi cuarto, que observó con curiosidad.
- ¿Y ésto? -me preguntó cogiendo una foto tuya.
- Mi hermano pequeño.
- Nunca me dijiste que se pareciese tanto a mí -comentó observando bien la foto.
La verdad es que aunque me había dado cuenta perfectamente de ello, pero no se lo había dicho porque no quería que se percatase de ello.
- No me había fijado.
Mentí con naturalidad. Conforme habían pasado los años me costaba menos negar lo evidente. Y no importaba que tuviese la evidencia contra mí, las negaría con pasmosa facilidad.
- En serio, pero si somos iguales... Mira -insistió.
Ella me miró extrañada. Le parecía inconcebible que no me hubiese dado cuenta de algo que se veía a leguas.
- Asuka, no insistas más en eso -dije que con una media sonrisa.
- Pero si es cierto.
- Pero no agradable para mí -repliqué acercándome a ella-, si sabes qué es lo que vamos a hacer ahora.
Ella comprendió al instante y me sonrió pícaramente.
- Entiendo -dijo colocando sus manos sobre mis caderas-. Definitivamente que nos parezcamos no es algo que tú quieras en este momento.
Sus manos desabrocharon el cinturón y bajaron mi cremallera.
- Ahora mismo te compenso.
Me empujó con delicadeza para que me sentara sobre la cama y liberó mi miembro, ya levemente despierto. Su lengua experta comenzó a deslizarse suavemente por él. Era una diosa con las mamadas.
Gemí de placer y ya no la vi a ella.
La lengua hizo más presión en la punta de mi miembro y fue entonces cuando lo introdujo por completo en su boca. Comenzó a subir y bajar por mi miembro haciendo fricción con sus dientes levemente.
- Sas...-medio gemí tu nombre-.... Suk...
Me aferré a sus largos cabellos negros para recordar entre jadeos que no eras tú quien estaba entre mis piernas sino una triste sustituta.
- Asu...ka -conseguí pronunciar su nombre.
-_-_-_-
A la mañana siguiente, en cuanto se fue Asuka, me arreglé y me fui al salón a leer y esperar que llegase Kisame, a quien dejé en la calle. Abrí el libro de "Lolita" y esperé. Levanté la mirada del libro que estaba leyendo al escuchar la puerta. Kisame acababa de llegar.
- ¡Te parecerá gracioso! –espetó nada más llegar al salón-. ¡Me dejaste fuera toda la noche!
- Estaba con Asuka, no sería cómodo para ninguno de los tres. En parte lo hice por ti –contesté con tranquilidad-. Podrías haber aprovechado la noche –añadí con cierta malicia.
Kisame entrecerró los ojos molesto por el último comentario. Iba a contraatacar.
- Con Sasuke me hiciste lo mismo… ¿Tan escandaloso eres?
Cerré el libro de golpe al escucharle. Le miré de la forma más asesina posible. Había cosas que era mejor no insinuar y Kisame lo sabía.
No sabía a ciencia cierta qué era lo que Kisame sabía de mi relación contigo. Desde aquel día que viniste tú solo a visitarme a Londres, Kisame había empezado a hacer comentarios pesados en tono algo jocoso sobre lo que sentía por ti como venganza a las cosas que le molestaban sobremanera, como dejarle fuera toda la noche. Él sabía a la perfección lo que me molestaba y se aprovechaba de eso a falta de tener algo mejor contra mí.
Kisame sonrió satisfecho mostrando su perfecta dentadura adornada de unos colmillos que le daban un aspecto malévolo, al saber que me había conseguido molestar con una frase. Yo intensifiqué mi mirada asesina y él pareció satisfecho.
- ¿Y qué tal con Asuka? –preguntó entrando a la cocina para coger algo de comer.
- Bien, se fue hace un rato –contesté escuetamente.
Volví a abrir el libro para continuar leyendo.
- Yo conseguí alojamiento en casa de Sasori -comentó saliendo de la cocina.
- ¿Y qué tal su novio?
- Bien… -contestó sin mucho ánimo-. Fue Deidara quien me invitó a ir a su casa al verme en la calle desamparado.
- Al menos conseguiste alojamiento.
- No es divertido querer entrar a tu casa y ver que te han puesto la cadena –replicó.
Tenía razón, pero es que lo necesitaba tanto.
Volví a centrarme en el libro. Entonces leí una frase en el libro que captó mi atención. Cuánta razón tenía esa frase. Nabokov decía una gran verdad y la había mostrado en el momento preciso del libro.
Kisame se sentó en el sofá para poner la tele.
- Dime qué opinas de esta frase: "El sentido moral de los mortales es el precio que debemos pagar por nuestro sentido moral de la belleza" –recité.
- Es muy buena.
- ¿Crees que le gustará a Sasuke?
- Quizás en el contexto en el que se dice en "Lolita" lo entienda mejor.
Le miré de manera asesina, pensaba que ya se le habría pasado el mosqueo y que no le pondría la guinda a ningún comentario.
- ¿Y tú que sabes?
- Tienes razón, Sasuke es muy inteligente y no le hará falta el libro para comprenderla –dijo sonriéndome pacíficamente.
Ese día le noté que estaba más burlón y lanzado de lo normal. A veces me preguntaba por qué no nos habíamos peleado todavía.
De repente una suave melodía de violín procedente de mi móvil, me avisó de que me llamabas. Decidí dejar morir el comentario soez contra Kisame. Tú eras más importante.
Me levanté y fui a mi cuarto para contestar.
- Hi! Baby brother –saludé en inglés.
- No me llames así –dijiste respondiendo de esa manera a mi saludo.
Nos quedamos unos segundos en silencio, escuchando la respiración del otro a través del móvil.
- ¿Recibiste mi carta? –preguntaste finalmente, rompiendo así el silencio.
- Sí, ayer me llegó.
- Bien…
- ¿Algo más?
No contestaste inmediatamente. En realidad no sabías por qué me llamabas sin nada que decir. Yo quería pensar que lo hacías porque querías oír mi voz, porque me necesitabas cerca de ti.
- Bueno, sí –respondiste-. Dentro de un mes voy a tener una audición.
- ¿Y a qué se debe eso?
- Orochimaru quiere que vaya a tocar a un teatro, donde van a hacer un concierto de alumnos.
- Que bien –exclamé sinceramente-. Ya me dirás la fecha exacta.
Aquello significaba una excusa para volver a verte y abrazarte mientras estamos en el sofá esperando a que llegue la hora de irnos.
- Quiero ir a verte.
Supe que estabas sonriendo tímidamente desde el otro lado de la línea.
- Gracias –murmuraste-. Bueno, te dejo, que sólo te llamé para eso.
- Bien. Pronto te contestaré.
Nos despedimos como siempre y colgaste primero.
Volví al salón donde estaba Kisame y me senté en mi sillón dispuesto a continuar con la lectura. De repente mi móvil volvió a sonar con otra melodía, era Asuka. No tenía ganas de verla. Ese día quería pensar sólo en ti Sasuke.
- Hola Asuka -saludé intentando parecer normal.
- ¿Esta tarde puedes salir? –preguntó con tono de súplica cariñoso.
- No, esta tarde tengo que estudiar –contesté esperando que no insistiese.
- ¿Ni un poco?
- No Asuka, ni un poco. Porque después seguro que me lías y es un mucho.
- Bueno… -suspiró-. No pasa nada.
Como me alegré en ese instante de que Asuka tuviese ciertos parecidos a ti en eso de insistir. Hubiese sido la chica perfecta para mí, definitivamente, de no ser por ti.
- Ya nos veremos –se despidió.
- Un beso.
Colgué y volví a mi libro, o eso intenté.
- Deberías dejarla –dijo Kisame-. Si no la quieres deberías dejarla.
Alcé la mirada de mi libro hastiado.
- ¿Por?
- Porque tú estás enamorado de otra persona.
Conseguí que mi rostro permaneciese impasible, pero mis ojos me traicionaron al brillar con profundo terror al escucharle.
- Lo sé todo –continuó lentamente, relamiéndose los labios.
El libro cayó al suelo.
Yo intenté hablar, negar aquella acusación, pero no se me ocurrió nada bueno que decir.
La angustia empezó a apoderarse de mí al ver descubierto el secreto.
Mi secreto.
- Tu hermano…
- No lo digas –le corté-. No quiero oírlo.
Sabía que escuchar de los labios de otra persona mis sentimientos, vería la aberración que estaba cometiendo al concebir semejante amor por ti.
- No puedo oírlo.
Él se acercó a donde estaba.
- No, por favor -pedí con seguridad.
Kisame asintió.
No tenía ninguna sonrisa burlona, ni sus ojos brillaban con malicia.
Nada.
Sólo me miraba intentando darme algún tipo de apoyo.
- Deberías dejar a Asuka.
- ¿Desde cuándo?
Debía saber desde cuando conocía mi abominable secreto.
- Desde que vino de visita él solo – contestó –, la primera y única vez que os he visto juntos sin vuestro tío alrededor.
¿Tan obvio era?
- Verte así con Sasuke, siempre pensando en él, y luego estaba Asuka, se parecía demasiado. Sólo tuve que atar cabos y la solución llegó sola.
Asentí, no por nada me conocía desde el instituto.
- Sé que no lo quieres, pero lo tienes; un confidente y ese soy yo. Aprovéchate al menos.
- Como tú has dicho no lo quiero.
Sonrió ampliamente.
- Pero lo necesitas.
- Llevo 20 años sin uno, no lo necesito, Kisame.
- ¿Por eso tienes a Asuka?
Kisame me miró fijamente sin parar de sonreír.
- No tienes escrúpulos – dijo finalmente -. No te importa nada Asuka.
Iba a negarlo, pero no pude, Kisame me había descubierto, había desentrañado todo mi secreto. Conocía mi verdadera naturaleza.
Y no lo dijo, pero en sus ojos vi reflejada la pena que sentía.
- ¿No es otra cosa que su sustituta?
- Exacto.
- Pobre chica.
Sí, pobre chica, pero no me importaba, y por más que quisiera Kisame no la iba a dejar. Sin embargo al estar en esa situación con Kisame, sentí que debía contárselo todo, compartir con alguien mi culpa, mi pecado.
Y lo hice.
Le conté todo. La primera vez que me masturbé pensando en ti.
La primera vez que me masturbé restregándome contra ti.
La primera vez que te vi tocar el violín.
Y no me olvidé de nuestros padres, ni de tío Madara, ni de Asuka.
Y él me escuchó sin decir nada, sin juzgarme y cuando terminé sentí que no era tan malo, que no era el monstruo que creía ser.
Al terminar esperé a que dijese algo.
- Ya es muy tarde para todo – se limitó a decir -. Ese amor por tu hermano te consumirá.
No me llamó monstruo, ni utilizó la palabra enfermizo para describir mi amor, no le pareció repulsivo.
- Sigue con Asuka si eso te reconforta.
- ¿Nada más?
- ¿Hay algo más que pueda decir?
No, porque no me iba a engañar diciéndome que lo que hacía estaba bien. Ni tampoco me iba a repudiar por ello.
Respiré aliviado al escucharle.
Me dio un golpe en el hombro como forma de compañerismo.
- ¿Crees que soy malo? – no pude evitar preguntar.
- No.
- ¿Un monstruo?
- No Itachi – negó -. La palabra para describirte no existe.
Aquella respuesta no era ni buena ni mala, no me decía nada.
- Si algún día encuentro esa palabra, te la diré.
Asentí.
- ¿Y qué harás cuando ya no seas sólo tú?
- Aceptar que nunca pudo amarme.
Kisame me miró fijamente con sorpresa. Seguramente no se esperaba que aún mantuviese la esperanza de que me amases algún día.
Negó con la cabeza. Sabía que no valía la pena intentar convencerme de lo contrario. Tal y como había dicho, ya era demasiado tarde para todo.
Kisame se quedó un rato conmigo en silencio, hasta que decidió irse a estudiar. Fue comprensivo, amable y sincero. Kisame fue muy considerado a su manera, aunque después se burlase de mí y me quisiera sacar de quicio con ese tema, fue muy considerado en ese momento.
Antes de cerrar la puerta le oí decir una frase.
- El sentido moral de los mortales es el precio que debemos pagar por nuestro sentido moral de la belleza.
Sin duda alguna, Vladimir Nabokov tenía razón y aquella cita me describía perfectamente, carecía de sentido moral. Desde aquel día, fui perdiendo el sentido moral que caracterizaba al ser humano. Y no podía sentirme más feliz y desgraciado al perderlo porque sólo así fui capaz de ver lo hermoso que eras.
-_-_-_-_-_-_-
Desde que hice de Kisame un confidente me sentí más relajado, la culpa no desapareció, pero me fue más sencillo sobrellevarla. Y ante él pude estar con Asuka sin avergonzarme de su parecido contigo.
Fueron días muy tranquilos que gracias a los dioses no duró mucho. Estaba acostumbrado al dolor de la culpa y lo echaba de menos, lo necesitaba porque eso era mi castigo como pecador.
Faltaban dos semanas para tu audición y desde el día que me diste la noticia me habías llamado varias veces sin razón aparente. Yo pensé que era por los nervios, no queriendo, por primera vez en mi vida, ver más allá por miedo a perder la tranquilidad que reinaba en mi vida. La misma tranquilidad que esperaba perder pese a todo.
Sonó mi móvil y vi el nombre de Shisui aparecer.
- ¿Si?
- Hola Itachi – saludó nervioso.
- ¿Pasa algo? – pregunté sintiendo que mi corazón se encogía.
- No estoy muy seguro – empezó a decir.
Era algo sobre ti, sino no hubiese llamado de esa manera, tan nervioso.
- Lo más seguro es que no sean más que imaginaciones mías – dijo atropelladamente -. Es que hoy Madara ha estado más… raro de lo habitual con Sasuke.
- ¿Cómo raro? – pregunté preocupado -. ¿Le ha hecho algo?
- No nada, es una sensación, no sé por qué te alerto así.
- No pasa nada Shisui, gracias por avisar. Bueno, voy a hablar con Sasuke a ver qué me dice. Adiós y gracias – me despedí sin darle tiempo a nada, no tenía tiempo.
Si Shisui, que no sabía nada, se había dado cuenta de que ocurría algo con Madara significaba que se estaba pasando contigo.
Temblé de miedo al pensar en lo que podría estar haciéndote ahora.
No lo pensé, tan solo cogí una bolsa de viaje y la llené de cualquier manera, cogí mi cartera y salí corriendo del apartamento camino del aeropuerto.
Al llegar pude comprar el billete sin demasiados problemas. Agradecí mentalmente a nuestros padres por la herencia que nos habían dejado y de la que yo ya podía hacer buen uso en caso de necesidad, como ahora y que me permitió conseguir asiento para el siguiente vuelo.
Miré el reloj. Faltaba una hora y media para que saliese el vuelo. Esperé sentado hasta que me permitieron facturar la maleta y pasar a la Terminal. Había cientos de tiendas brillantes y coloridas que provocaron en mí que me sintiese más nervioso y angustiado. Corrí a la cafetería para tomarme una tila e intentar tranquilizarme, sin éxito alguno.
El vuelo duró unas horas que me parecieron interminables y que yo aguanté estoicamente en mi asiento.
Pasó una hora.
Y después otra.
Y otra.
Y yo sabía que cada minuto, cada segundo que pasaba tío Madara podía estar aprovechándose de ti. Y yo no podía hacer nada por ti Sasuke.
Y el tiempo siguió pasando impasible, llenándome de miedo y haciendo vagar a mi mente en pensamientos que me hacían temblar ante el horror que me mostraban.
Finalmente el viaje terminó, permitiéndome suspirar al ser consciente de que estaba más cerca de ti, mi adorado Sasuke.
En cuanto bajé del avión, empecé a correr como alma que lleva el diablo. Estuve a punto de caerme y que me atropellase el taxi que paré al lanzarme sin pensar sobre el asfalto. A pesar de la lejanía, el viaje se me hizo rápido gracias a mis cavilaciones.
Lo preparé todo. Lo pensé todo. Como acusarle, como defenderme, como poder quedarme con tu custodia, las alegaciones que diría. No dejé ningún cabo suelo. Preví cualquier situación; si estabais tranquilamente sentados, si discutíais, o si te estaba acosando, o directamente abusando de ti.
Lo preví todo.
Todo menos lo que realmente pasó.
Fin del Capítulo V
Hasta aquí. Espero que no me maten por lo que hecho y que les haya gustado este capítulo.
Agradecimientos: Sinlen, hermychii, Akira Nishikawa, Manzanita Roja, Kalluz, Murtilla, meikyo, Uchihas_love, Ares Sasuke, Kairi-Sparda, LuciaUchiha, Claressa, Vampirika, Ayumi Warui, SakuyaUchihaMitsukai, o.O haru-chan O.o, .Gaa, Mireille.
Espero no haberme equivocado -.-
Bueno, como siempre, antes de irme pediré que me dejen reviews con sus opiniones y críticas, que siempre son bienvenidas y tenidas en cuenta.
