Disclaimer: Naruto no me pertenece, es del gran Masashi Kishimoto, yo sólo hago esto para llevar a cabo mis perversiones con sus personajes.

Advertencias del fic: yaoi, incesto, shota, lime, lemon, muerte de personajes, intento de violación y un poco de gore. Por supuesto todo ésto se irá sucediendo a lo largo de los capítulos.

Y tras mucho tiempo y sufrimiento por culpa de los estudios he vuelto *Hawk salta y baila alegremente*. Puedo asegurar casi sin dudar que en estos momentos no hay nadie más feliz que yo al subir el capítulo.

Espero que lo disfruten aunque sea la mitad de lo que yo lo hice mientras lo escribía cuando se suponía que debía estar estudiando... Este capítulo es másagradable (lo cual es normal teniendo en cuenta que el anterior fue como fue). Hoy me estoy enrollando más de lo normal, es la felicidad de la "libertad" del verano.

Capítulo VII

Vivir con los abuelos fue positivo para ambos. Con ellos aprendí ciertas cosas para llevar la casa sin demasiados problemas. Me ayudaron para volver a abrir la escuela de aikido de papá que tío Madara había llevado bastante mal. No teníamos problemas de dinero, pero no quería depender continuamente de la herencia de nuestros preciados padres. Y quería ser capaz de mantenerte por mis propios medios.

La casa ya estaba pagada que era lo que más dinero nos podría haber quitado. Después estaba la Luz, el Agua y la Comunidad, que calculé cuanto nos costaría. Y ya aparte estaba la comida y útiles para el estudio. La familia decidió ayudarnos en caso de tener algún problema. Al fin y al cabo, debíamos acostumbrarnos a vivir por nuestra cuenta. Y yo no quería depender más de ellos.

- Pues así queda todo –dijo el abuelo tras terminar las cuentas.

- Muchas gracias.

- En verdad nos gustaría hacer más por vosotros…

- No es necesario –corté a la abuela-. Tenemos que empezar a saber cómo cuidarnos solos.

La abuela me sonrió con dulzura y me acarició la cabeza.

- Ya eres todo un hombre.

Asentí con una gran sonrisa a los abuelos. Entonces escuchamos la puerta de la calle abrirse, acababas de llegar del colegio. Nos miraste, alzaste la mano a modo de saludo y subiste a dejar la maleta.

- Mirándolo por el lado positivo, ya nos hace un gesto con la mano –comentó la abuela.

Asentí. Desde el incidente te habías vuelto mucho más serio y taciturno, además que no sonreías mucho. Tampoco te dejabas tocar demasiado y pasabas mucho rato para ducharte y solías salir con la piel rojiza. Yo no tocaba mucho ese tema porque sabía que te desagradaba sobremanera y pronto te las ingeniabas para eludirlo. Y las sesiones con la psicóloga tampoco veía que te hicieran demasiado efecto. Ella decía que todo era un proceso y yo, como futuro psicólogo, debía saberlo. Me pedía paciencia.

Bajaste y te sentaste con nosotros. No hablabas mucho, ni te acercabas a nosotros, pero te gustaba nuestra compañía.

- ¿Qué tal te fue el día Sasuke?

- Bien… Ya sabéis, sin nada digno de mención.

Al menos ya empezabas a intentar hacer frases y no te quedabas en los monosílabos. Era algo que nos alegraba a todos. El resto de la familia llamaba diariamente para saber de ti.

De repente sonó mi móvil. Era Kisame, seguramente me daría las fechas de los exámenes y me daría noticias sobre Asuka. Me levanté y descolgué.

- Dime.

- Pues ya tengo todas tus fechas, te los he mandado por correo –me informó-. También he hablado con Asuka, ha preguntado por Sasuke y por ti… ¿No le coges el teléfono? –preguntó extrañado.

- La mayoría de las veces no, me ha llamado muchas veces cuando estaba haciendo el cursillo o reorganizando la escuela… Y después se me olvida llamarla -contesté con sinceridad.

No huía de ella. No tenía miedo de hablar con ella. Sólo era que se me olvidaba. Al fin y al cabo tú, mi pequeño Sasuke, ocupabas gran parte de mis pensamientos y no podía permitirme el lujo de gastarlos en otra persona.

- Está muy preocupada por ti.

- Ya hablaré con ella.

- ¿La vas a dejar?

- Evidentemente, no puedo llevar una relación con ella a distancia… no serviría de nada.

- Mejor así –asintió complacido-. Ella sólo sirve para recordarte lo que anhelas.

Alce una ceja, nunca me lo había planteado de esa forma, pero tenía razón, al ser tu sustituta me recordaba cada vez que estaba con ella lo que no podía poseer. Yo sólo la veía como una vía de escape, pero la visión de Kisame era más acertada.

- ¿Y qué hay de tu tío? -preguntó.

Kisame no sabía nada sobre eso, pero creo que quizás intuía algo. Éramos amigos desde hacía tiempo y había aprendido muchas cosas sobre mí. Lo bueno que tenía Kisame y por lo que éramos amigos era que era un amoral como yo. Tenía un gran respeto por la vida, pero no le importaba cargar con ciertos crímenes si con ello defendía un ideal suyo. Por eso nunca decía nada sobre la extraña desaparición de tío Madara y se limitaba a preguntar por él.

- No se sabe nada aún.

Con esa actitud me sentía siempre bien.

Había días en los que lo pasaba muy mal, pero gracias a Kisame y su pasotismo y sus macabras bromas sobre lo bien que le iría al mundo si hubiese muerto, me sentía siempre mejor.

- No pasa nada, él sólo está desaparecido, ¿no? –dijo con confianza y riéndose desde el otro lado de la línea-. Sabe que la policía le busca por pederasta, no creo que vaya a salir de donde está para atormentarnos ni nada por el estilo.

Hubo un silencio largo.

- No olvidemos que se fue de casa por su propio pie –concluí.

No debía olvidar eso.

Nunca.

El tío no estaba muerto.

El tío se había ido.

Y había testigos que lo corroboraban.

No debíamos preocuparnos de ser descubiertos.

- Bueno, te dejo.

Asintió y procedimos a colgar.

Temblé al bajar las escaleras y ver donde había descuartizado al tío Madara, pero no sabía si era de placer o temor. Debía empezar a repetirme una y otra vez que no estaba muerto por más que eso me satisficiese. Pero no quería insinuar nada delante tuya, pues no sabía bien como reaccionarías.

- Bueno, vamos a comer.

-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-

Los abuelos se volvieron unos días a la casa mientras yo entonces me encontraba en Londres preparado para hacer los exámenes que me quedaban para terminar el año. El día del último examen quedé con Asuka, que también había terminado los suyos. Iba a dejarla y ella lo intuía, pues se lo tomó muy bien y no me insistió en intentar una relación a distancia.

Mientras le explicaba todo, ella asintió. Aunque podría haberla alejado de manera cruel y efectiva, no pude y no fue sólo por su parecido a ti, sino porque no se lo merecía. Era cruel, pero ese día descubrí mi límite.

- Me lo imaginaba –se limitó a decir cuando se lo dije-. Bueno, al menos, seguiremos en contacto, ¿no?

- Lo que tú prefieras.

Seguiríamos en contacto, por carta, teléfono o Messenger si ella insistía.

- Al menos has venido a decírmelo directamente –soltó con una triste sonrisa-, por unos días pensé que me mandarías a Kisame o me enviarías un mensaje.

Se notaba que estaba intentando retener las lágrimas.

- No sería capaz de eso, ya lo sabes.

- Ya, pero como no me cogías el teléfono ni me dabas señales de vida –medio sollozó.

- Lo siento, no tenía mucho tiempo y mi cabeza estaba muy ocupaba –me disculpé por cortesía.

Y fue aquel día cuando me di cuenta que no la había querido realmente y que nunca tuvo opción a ser nada más que tu sustituta.

Me sentí mejor conmigo mismo al saber que eras el único.

La echaría de menos.

Echaría de menos todas las noches juntos, en las que tenía que luchar por no gritar tu nombre mientras yacía con ella. Echaría de menos todas las veces que te veía en ella.

Echaría de menos a la chica que te sustituía.

- Te voy a echar mucho de menos –dijo cogiendo una de mis manos y entrelazándola con la suya-. No te imaginas cuanto voy a echarte de menos.

Le permití el que hiciese ese gesto por lástima.

Ella me miró con ojos suplicantes. Se había enamorado de mí. De mi horrible persona.

Si hubiese querido intentar olvidarme de ti, ese había sido el momento decisivo. En ese instante podría haberme arrepentido de haberla dejado y haberle dicho que podríamos continuar una relación a distancia.

Podría haberle dicho que no quería dejarla

Podría haberle dicho que no quería separarme de ella.

Podría haberle dicho cuanto la quería.

Porque sin lugar a dudas si alguna vez hubiese podido amar a otra persona que no fueses tú, habría sido ella la elegida.

Pero permanecí callado. No quería dar ese paso que me alejaría de ti. Aún mantenía unas remotas esperanzas en ser correspondido, unas esperanzas que yo mismo me encargaba de eliminar y rehacer. Unas esperanzas obsesivas que no me permitían ver nada más.

- Lo siento mucho Asuka.

La dejé ir.

Y no me arrepiento de ello.

Porque sólo te he amado a ti.

Porque sólo te amo a ti.

Porque sólo podré amarte a ti.

Mi amado hermano menor.

-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-

Poco antes de empezar el curso fuimos a comprarte ropa, aquel verano habías crecido bastante y ya no te servían la mayoría de los pantalones y camisetas. Empezaba a temer que pudieses ser más alto que yo.

- Bueno, vamos a las tiendas góticas, porque es allí donde supongo que encontraremos antes algo que te guste, aunque sea un poco más caro.

Ibas a negarte, pero te callé antes de que pudieses abrir la boca.

- Y no digas nada que para algo nos han dado ese dinero. Prefiero comprarte cosas que sé que te vas a poner antes que cosas más baratas que vas a evitar ponerte al final –dije con rotundidad.

- ¿Y tú?

- Yo ya tengo ropa Sasuke, en Londres pude comprarme muchas cosas. Además tú aún estás creciendo y necesitas ropa para el último estirón que has dado.

Te arrastré a la tienda y empecé mirar cosas con más ánimos que tú, hecho que aún se me hacía raro. Escogimos varias cosas que sabía que no te probarías allí, frente al espejo de los probadores. Odiabas tu reflejo. Odiabas la imagen que te devolvía el espejo. Te veías sucio.

Yo luchaba porque no te vieses así, pero mis palabras caían en saco roto. Escogí la ropa que sabía te había gustado y hablé con el dependiente. Me llevé varias cosas que podría cambiar en caso que no me gustasen.

Me gustaba el nuevo estilo que estabas adquiriendo. Siempre vestido de negro, con pantalones, en su general, más bien pegados y varias camisetas, algunas con rejillas, que me volvían loco. Era provocativa, pero a la vez ta hacía ver distante, lejos de todos.

Al llegar a casa te cambiaste y te probaste toda la ropa. Te quedaba perfecta. Al final del día te metiste en el baño. Ibas a ducharte. El agua comenzó a caer. Me apoyé en la puerta, como se había hecho mi costumbre, para escucharte ahogar tus gemidos de dolor ante el agua ardiendo y el daño que te hacía el frotarte tan fuerte la piel.

Al hacer aquello esperaba encontrar una solución entre arañazo y arañazo para poder tranquilizarte.

Quería ayudarte, pero no sabía cómo.

Quería salvarte, pero no sabía cuál era la manera.

Te escuché murmurar algo.

Sucio.

Pensabas que estabas sucio.

Cerré los ojos con pesar.

No sabía hasta donde había llegado realmente.

No sabía hasta donde había llegado a poner sus asquerosas manos.

Tu camiseta estaba rota. Tus pantalones medio caídos. Los boxer levemente más bajos de lo que debían.

Y los médicos sólo me habían dicho que no había habido penetración, pero no estaban seguros de si había pasado algo más.

Debí haberme ensañado más con él.

Hundí mi rostro en mis manos.

¿Qué podía hacer?

¿Qué podía hacer por ti?

Escuché otro gemido y no pude aguantar más. Abrí la puerta y la cerré con fuerza.

Había vapor por todos lados. El agua estaba demasiado caliente.

Me miraste asustado durante unos segundos al verte descubierto en tu obsesión de limpiarte de aquella manera.

Me lancé a abrazarte.

El agua ardía y me quemaba.

Pero no me aparté ni un ápice de ti, ni hice ningún gesto de dolor, al menos no por el agua.

- Para ya Sasuke –dije con voz suave.

Mis brazos rodearon tu cuerpo desnudo bajo el agua y te acercaron más a mí.

- No sigas con eso…

Te apreté contra mi pecho con fuerza.

- No estás sucio Sasuke… no estás sucio.

Besé tu frente.

- No hay suciedad en tu cuerpo –te murmuré en el oído-. Eres puro Sasuke.

Eras un ángel.

Mi ángel.

Una de mis manos empezó a recorrer tu brazo para quitarte la esponja y tirarla fuera de la ducha.

- No sigas…

Entrelacé mi mano con la tuya y volví a besar tu frente, mientras con la otra me dedicaba a acariciar tus cabellos.

- No estás sucio.

Eras hermoso.

Eras puro.

Acerqué mi frente hasta tocar la tuya. Te miré a los ojos y tú me devolviste la mirada con ojos acuosos.

- Eres puro Sasuke –susurré con convicción.

No sé si estabas llorando, el agua no me dejaba verlo.

Yo sí lloraba como hacía demasiado tiempo que no lo hacía.

Mis lágrimas resbalaban de mis ojos negros y se mezclaban con el agua caliente que caía de la ducha.

Yo lloré por mí.

Yo lloré por ti.

Lloré por ambos, porque era lo único que podía hacer por ti en ese momento. Llorar era lo mejor que se me ocurrió.

Llorar por lo que eras.

Llorar por lo que estabas perdiendo.

Llorar por lo que te estaba pasando por mi pecado.

Llorar por la culpa que me embargaba cada vez que sabía que hacía algo que no estaba bien.

Acaricié tu rostro como si fuese de porcelana.

Los ángeles no deberían sufrir.

Tú no debías sufrir.

¿Qué puedo ofrecer a los Dioses para que dejes de atormentarte?

Lo daría todo por ti.

Excepto mi amor.

Hasta mi vida.

- Vamos Sasuke…

Te cogí en brazos y te saqué de la ducha para dejarte en el suelo y envolverte con una toalla.

- No lo olvides mi pequeño Sasuke, tú eres puro. Tú eres mi ángel puro.

Quizás no debí decir eso último, pero eso iba a ser lo más cercano a una declaración de amor que iba a hacer en toda mi vida.

Te abracé y te alcé para llevarte a tu cuarto.

Que absurdo tuvo que ser verme andar por la casa chorreando, pero en aquel momento no lo pensé.

Tus ojos cristalinos miraban los míos fijamente, diciéndome lo que tus labios no pronunciaban.

Sentías odio, repulsión, asco de ti mismo.

No quería ver eso en tus ojos.

¿Pero qué podía hacer yo?

Te apreté contra mí, obligándote a enterrar tu rostro en el hueco entre mi cuello y mi hombro.

Lloré silenciosamente.

Todo era mi culpa.

Tus ojos brillaban así por mi egoísmo.

Te senté sobre tu cama y me arrodillé ante ti.

- Dime qué puedo hacer por ti.

No dijiste nada.

- Dime qué hacer para que tus ojos no vuelvan a brillar así.

Seguiste sin decir nada.

Bajé mi mirada derrotado.

- ¿De verdad no estoy sucio? –preguntaste con hilo de voz.

Alcé mi rostro.

- No Baby Brother, no estás sucio.

Me diste una sonrisa afectada.

- Recuerda mis palabras Sasuke, nada podrá mancillarte nunca.

Me abrazaste y permanecimos así largo rato. Creo que susurraste un torpe "gracias".

A partir de ese momento, y poco a poco dejaste de odiarte, de sentirte sucio.

Tus duchas se acortaron.

Tu piel dejó de tener rozaduras.

Y a veces podía ver en tus ojos un brillo de agradecimiento que me hacía infinitamente feliz.

Y aquel día descubrí el peso que tenían mis palabras sobre ti.

Y me sentí inmensamente feliz por ello.

Porque sentía que eras mío.

-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-

El instituto empezó y mis clases en la facultad también. Tus amigos empezaron a intentar salir más a menudo contigo, incluso venían a la casa sin previo aviso, sólo para sacarte a rastras al exterior. Era algo que debía agradecer por parte de ellos.

Una mañana, vino Sakura a recogerte a casa directamente.

- Buenos días –dijo educadamente al verme-. He venido por Sasuke.

Yo le saludé y le invité a pasar para esperarte.

- Disculpa un momento, voy a avisarle.

Ella me sonrió.

Yo fui a tu cuarto y te avisé de quien estaba en casa. Suspiraste al escucharme y procediste a terminar de vestirte. Pantalones negros y una camiseta sin mangas, negra también pero con una cruz roja y plata en el centro. Como siempre, me pareciste hermoso. Vi de espaldas como te la ponías y contuve la respiración unos segundos. Me resultaba tan erótico.

- Dile que ahora bajo.

Asentí y te dejé centrado en mirar los libros que había en la maleta.

- Sakura, ahora mismo baja –le informé-. ¿Cómo es que hoy has venido a recogerle? -pregunté por curiosidad.

- Porque he dormido en casa de mi abuela y me pilla de camino… ¿He molestado? –preguntó inmediatamente.

- No –negué-. Sólo que me ha extrañado, nada más.

- Generalmente a quien recojo es a Naruto –comentó con una agradable sonrisa-. Siempre está medio dormido, hoy seguramente llegará tarde sin mí.

- Vaya… ¿Y qué tal el instituto? -pregunté intentando enterarme de esa manera de cualquier cosa que no me hubieses contado y de paso para saber cómo eran tus amigos.

- Oh, bien. Hasta el momento sin problemas. Creí que sería un cambio más grande, pero como nos ha tocado a todos en la misma clase pues nos hemos adaptado mejor.

Asentí. Bajaste entonces y la saludaste con la mano.

- Nos vamos –te despediste.

Aquella escena no se repitió muchas veces, Sakura dormía rara vez en casa de su abuela. Yo creía que se iba a aprovechar más de esa excusa para venir por ti, pero no fue así. Algo que me sorprendió pues yo creía que le gustabas.

Aquel primer trimestre fue muy tranquilo para ambos. Fui capaz de llevarlo todo al día siempre y conté con tu ayuda con las clases de aikido.

-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-

Aquellas Navidades fuimos a visitar al abuelo que se encontraba mal de salud, no habían sido esas mis verdaderas intenciones para el invierno, pero tuvimos que ir al enterarnos de su precario estado de salud. Durante el viaje en tren apretaste fuertemente tu violín contra ti, querías enseñarle la última pieza que estabas ensayando para dar un pequeño concierto en un teatro por el que te darían una pequeña suma de dinero, Orochimaru estaba consiguiendo maneras de promocionarte. Estaba esperando una gran oportunidad para que te mostrases tocando "El trino del Diablo", una de las obras más difíciles de interpretar, según había escuchado.

- Sasuke, voy a pedir algo de comer –te dije dándote un toque en el hombro para que me escuchases-. ¿Quieres algo?

Me miraste unos momentos pensativos.

- Lo mismo que tú.

Suspiré al escucharte y cogí la carta. De bebida querrías agua y de comer cualquier cosa calentita. Llamé a una azafata y pedí nuestra comida. Al traerla te fijaste que ambos platos y bebidas eran diferentes. Sabía que era lo que me gustaba a mí y lo que te gustaba a ti, y no coincidíamos en nada, no iba a pedir lo mismo para los dos pudiendo escoger.

- No hacía falta que te molestases –dijiste finalmente.

- Vamos, come –te insté pasándote la comida-. Pudiendo comer cosas distintas, para qué repetir.

Asentiste y procedimos a comer.

- Y ahora que lo pienso, en cuanto salgamos nos vamos a abrigar mejor que allí hace más frío.

- Ya.

Sonreí levemente. Seguías sin hablar demasiado, pero al menos me contestabas más a menudo. Debía agradecérselo al instituto que te había obligado a ello y a tus compañeros, sobre todo a esos dos que solían estar a tu alrededor continuamente y que te obligaron a escribir notitas en clase para poder estar comunicados sin ser castigados por hablar, aunque tú no solías escribir demasiado.

Permanecimos en silencio mientras comíamos. Al terminar te acomodaste en el asiento y te dispusiste a dormir mientras escuchabas música. Yo me dediqué a observarte tranquilamente. Estabas tan tierno así.

Nada más llegar nos abrigamos bien y salimos. En la puerta estaba la abuela esperándonos junto a un taxi. Se acercó y nos abrazó con fuerza.

- Que bien que hayáis llegado por fin, el abuelo está que se sube por las paredes. Tanto tiempo en cama no le hace ningún bien –añadió con una gran sonrisa-. A ver si lo cansáis un poco.

- Claro abuela, Sasuke se ha traído su violín sólo para tocarle sus piezas nuevas.

Asentiste.

La abuela me miró con ojos brillantes.

- Me he traído todas las partituras que tengo –dijiste para más alegría de la abuela que se lanzó a abrazarte otra vez.

- Ya verás que contento se va a poner.

El abuelo saltaría de la cama si pudiese sólo para gritar su alegría al verte hablar así, sólo te faltaba sonreír. Estaría muy contento.

Nos pusimos en camino y la abuela nos preguntó cómo nos iba la vida a los dos, por la facultad y el instituto respectivamente. Después ella nos comentó como iba todo por allí, comentándonos también la salud del abuelo que se negaba a dejarse vencer por la enfermedad.

- Lleva muy mal eso de no poder levantarse de la cama –comentó con tono alegre-, menos mal que los amigos se pasan a menudo, ya que no hay nada mejor que hacer. Tu abuelo no entiende quien quiere conseguir una baja por no poder moverse.

- ¿Pero se irá recuperando otra vez? –pregunté al darme cuenta que no nos había dicho nada de eso.

- Los médicos lo dudan bastante –contestó levemente afligida-, pero que se le va a hacer, a todo el mundo nos llega el momento de partir y ni tu abuelo ni yo seremos la excepción.

- No hables así abuela, que parece que esperas morirte mañana.

- No podrá conmigo la muerte tan fácilmente –replicó con una sonrisa-. Mi salud todavía es de hierro.

Los tres sonreímos ante aquello. La abuela tenía razón, si de algo se caracterizaba era de tener una salud a prueba de casi cualquier cosa, nunca se enfermaba.

- Abuela –la llamaste dudoso-. ¿Sólo estaremos nosotros cuatro en Fin de Año?

Supe de inmediato que no era eso exactamente lo que querías preguntarle. Ya lo averiguaría más tarde y lo preguntaría yo después.

- Bueno, ya llegamos.

La abuela pagó el taxi y el hombre nos ayudó a acercar las maletas hasta la puerta antes de irse. Nada más entrar a la casa subimos a dejar las cosas y ver al abuelo que estaba leyendo un libro en la cama. Al vernos se le iluminó la cara y tiró el libro a un lado de la cama para alzar los brazos para que fuésemos a por él.

- Que alegría teneros por fin en casa –exclamó al abrazarnos.

Hablamos durante un rato sobre como nos iba todo, estudios, trabajo, violín. En cuanto tocamos el último tema quisiste enseñarle alguna de tus nuevas piezas, pero no supiste como decirlo, por lo que yo me ocupé de eso.

- Por cierto, Sasuke quiere interpretar algo para vosotros –dije con una leve sonrisa mientras ponía la mano sobre tu hombro-. Voy a llamar a la abuela que está en la cocina.

Salí unos segundos en los que tú te ocupaste de preparar las partituras y escogiste la pieza. La elegida fue una sencillita, ya tendrías más tiempo de mostrarles otras más complicadas, pues estabas cansado del viaje. Nada más llegar con la abuela te colocaste el violín y empezaste a tocar.

Vi tu brazo moverse con lentitud, pero con seguridad. Tu rostro permaneció impasible durante los minutos que duró. Te dejaste llevar y me llevaste contigo. Me alcé hasta el cielo guiado por tu dulce melodía.

Al terminar suspiré.

Volver al mundo era tan difícil.

Tan cruel.

Abriste los ojos y me miraste primero a mí, después los abuelos que te aplaudieron emocionados.

- Que bien tocas ya –dijo el abuelo-. Dentro de nada harás conciertos.

Sonreíste tímidamente. Adoraba esa sonrisa que había vuelto a ti.

Los abuelos me miraron alegres y yo les sonreí. Estaban viendo en ti al reflejo del Sasuke de antes.

- Sasuke, acompáñame a la cocina a servir la comida –dijo la abuela al ver que terminabas de guardar tus cosas.

En cuanto os fuisteis me volví al abuelo.

- Parece que vuelve a estar bien –comentó con una agradable sonrisa.

Me recordó a la de papá cada vez que veía que no te sentías inferior en mi presencia.

- No fue buena idea dejaros con Madara.

- Fue un error de todos –repliqué harto de que siempre saliese ese tema.

¿Nadie era capaz de dejarlo estar? Se había ido para siempre. ¿No entendían algo tan sencillo como eso?

- Ha sido desaparecer de vuestras vidas y empezar a recuperarse de todo. Ojalá sonriese como antes.

- También es porque ha madurado.

- ¿Sigue teniendo miedo del contacto y todo eso?

Negué con la cabeza, seguías temeroso si, sin querer, se te tocaba cerca de ciertos puntos. Te tensabas y girabas la cabeza hacia donde fuese para mirar levemente asustado la mano. Además, si se mantenía el contacto mucho tiempo te molestabas.

Como dolía cuando me lo hacías a mí.

- Ya menos –contesté con tranquilidad-. Supongo que será cuestión de tiempo… No sé hasta donde llegó, pero hizo daño.

- A ver si encuentra a alguien pronto que le enseñe las cosas bonitas de ese tipo de contacto.

- Seguro que sí. ¿Cómo estás? –pregunté cambiando de tema radicalmente y algo molesto.

Eso era tabú para mí. Aún las esperanzas no se desvanecían y quería mantenerlas a toda costa, por mucho que doliese.

- Pues tirando. Los médicos creen que esto sólo puede ir a peor, aunque aún me queda tiempo.

- No hables así, que parece que tienes los días contados.

- Pues casi.

Fueron unos días muy agradables los que pasamos allí. Una tarde fuimos a Shibuya los dos solos y pateamos varias tiendas y nos paramospara tomar algo por la tarde.

Al volver a casa mostramos las adquisiciones y preparamos algunas para mandarlas por correo, pues no todo cabía en las maletas, ni el peso nos lo iba a permitir.

El Fin de Año hicimos una mini fiesta para los cuatro. Pese a ser pocos estuvimos muy animados, todo lo que nos permitía el ser Uchihas, toda la noche. El abuelo salió de la cama y se unió a todo lo que queríamos hacer.

- Vamos a brindar con otro poquito de sake.

- Cariño, no puedes beber demasiado.

- Una noche es una noche, además que este es sólo el tercer chupito. Bueno –añadió pensativo-, que cada uno piense un pequeño brindis.

- Que podamos estar todos juntos durante muchos años más –dijo preocupada por la salud de su marido.

- Que lo que nos quede por vivir, aunque no sea fácil y agradable siempre, nos llene.

- Que consigamos lo que nos proponemos en la vida –dije yo pensando en ti.

- Que permanezcamos siempre unidos –concluiste la tanda de brindis con un sonrojo y mirándome de reojo.

Fue el mejor trago de sake que he probado en mi vida.

La abuela nos quitó los vasitos y retiró la botella para que el abuelo no cogiera más.

- Chicos, escuchadme bien que lo que voy a decir es una gran verdad –nos dijo en cuanto la abuela se fue a dejar la botella-. Si para vivir veinte años más hay que dejar todo aquello que os gusta, vivid diez años, pero permitiéndoos ciertos vicios.

Sonreíste casi por primera vez desde que fuimos y asentimos. Era un vividor.

- Ya sabes que hasta dentro de un tiempo te quedaste sin sake –le advirtió la abuela.

- Tú no te preocupes. ¿Sabéis qué es lo bueno del té?

Negamos.

- Que nunca te lo van a quitar los médicos.

- Sí lo hacen, la teína pone nervioso.

- Al menos a mí no me lo han hecho –dijo aliviado ante mis palabras-. Bastante tengo con el sake como para que me quiten también el té.

- No seas fatalista –dijiste.

Te estabas volviendo a integrar.

No eras más feliz.

No te sentías del todo bien contigo mismo.

Te estabas hundiendo.

Pero lo disimulabas bastante bien.

Y por eso, yo no me estaba dando cuenta de eso.

-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-

El curso pasó con relativa rapidez. Me costó, pero conseguí llevarlo todo para adelante. Algunas veces viniste a clases para ayudarme, derrotando a mis alumnos que tenían un nivel muy bajo aún. Tus amigos vinieron varias veces a casa y armaron gran follón. A veces dudaba de si realmente te caían bien por como les tratabas.

Una tarde estaba solo en casa, tú habías salido con tus amigos que habían insistido en que fueses con ellos a comprar algunas cosas.

Entonces alguien llamó. Fui a abrir sin muchas ganas. Era Orochimaru. Le invité a pasar y le ofrecí té, que él aceptó gustoso. Parecía bastante serio. Esperó sentado en el salón a que yo le llevase la bebida y algo para acompañarlo. Me dio las gracias y colocó sus manos alrededor de la humeante taza.

- Te preguntarás qué hago aquí –dijo sonriéndome.

Asentí con la cabeza.

- La verdad es que ha sido por una… porque quería darle las gracias –rectificó lo que iba a decir.

Me sorprendieron mucho sus palabras. Orochimaru no era de dar las gracias.

- Necesito sincerarme contigo –empezó a decir-. Al principio yo me interesé por Sasuke con tanto ahínco porque noté que tenía bastante potencial. Entonces quise hacer de él un genio.

Su tono sonó a reproche, pero yo no veía por qué era malo aquello. Todos los profesores quieren tener al mejor alumno.

Se detuvo unos momentos para beber el café.

- Aprendía rápido, como ningún alumno que había tenido antes, y entonces vi que mi sueño, él lo podría llevar a cabo… Verás –añadió al ver mi rostro de desconcierto-, yo era muy bueno, más que la media, pero no lo suficiente como para ser considerado un genio. No se me abrieron todas las puertas que yo habría querido y a las que aspiraba. Y eso me dolió.

Empecé a comprender muchas cosas al escucharle aquel día.

Por qué era siempre tan atento contigo.

Por qué te tenía en tan alta estima.

Por qué quería ser él quien te enseñará todo aquello relacionado con el violín.

- Los conciertos y la fama de ese mundo… la que yo conseguí me pareció insuficiente para mí. Pensaba que merecía más.

- Por eso le dedicaste tanto tiempo a Sasuke –murmuré.

Él asintió.

- Él me abriría las puertas como maestro que como alumno y profesional yo no pude abrir. En breve lo hará.

- ¿Cree que estará preparado para eso? –pregunté asombrado por la noticia.

- Por eso estoy aquí también –dijo con rotundidad-. Ahora le estoy enseñando un poco de piano, como bien sabes, sólo para que tenga más estudios, aunque con el violín le sobra para llegar a donde quiera.

Asentí.

- Quisiera que en cuanto terminase el bachillerato, se dedique exclusivamente a la música. Por eso he venido, para pedirte que pienses bien si te gustaría ese futuro para Sasuke. Y esto no sólo lo hago por mí, sino por él, que se lo merece.

- ¿Por qué me ha dicho todo eso?

- Porque quería que supieses por qué me interesa tanto el futuro de Sasuke junto a la música, sin dobles sentidos. Y para que veas que tengo una gran fe en sus habilidades –contestó sonriendo-. No permitas que lo deje.

- No se preocupe, me aseguraré que así sea.

- Muchas gracias.

Había algo más en su mirada, pero no me lo dijo.

Hablamos de otros temas más distendidos hasta que tuve que irme para dar las clases de kendo de esa tarde.

-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-

A los pocos días entendí el por qué de la visita de Orochimaru, seguramente habrías comentado algo y él, asustado de perder a su genio, vino a verme. Aquel día, te vi mirar la información sobre las universidades. Aquello no me estaba gustando nada. Sabía que no te gustaban demasiado las ciencias y últimamente no hacías otra cosa que hojear el bachillerato de ciencias y sus salidas. Alzaste un segundo la mirada y pude ver en tus ojos que querías dejar el violín para estudiar una carrera.

Yo no tenía ningún derecho a elegir sobre ti, pero tenía que hacer algo pese a todo.

Corrí y te quité el panfleto.

Medicina.

Negué con la cabeza. Querías estudiar medicina. Te devolví el papel pensando en qué podía decirte para alejarte de la cabeza la idea de abandonar el violín por esa carrera.

Adoraba verte tocar el violín.

Adorabas la música.

Adorabas lo que sentían mientras arrancabas hermosas melodías de tu instrumento.

- Tú no quieres hacer eso.

Me miraste sin comprender bien lo que estaba diciendo.

- No quieres ser médico.

- ¿Por qué dices eso? –preguntaste algo molesto ante mi afirmación.

- Porque lo sé Sasuke –contesté con seguridad-. Quieres ser médico por algo totalmente absurdo.

- No creo que mis razones sean absurdas –replicaste con acidez-, ni siquiera las sabes.

- Por mucho que sepas medicina ellos ya han muerto.

- Eso ya lo sé -asentiste sorprendido ante mi seguridad.

- Y papá no habría querido que dejases el violín por nada del mundo.

- Eso no lo sabes.

- Él no quería obligarte a estudiar nada…

- Por eso tenía que sacar las mejores notas de todo el curso para que se sintiese orgulloso de mí –me cortaste con mordacidad.

- Siempre quiso que fuésemos los mejores, a mí también me obligó a ello –dije con voz suave-. Quería que fuésemos los mejores porque esa fue la educación que recibió… pero nunca nos habría obligado a estudiar algo que no quisiéramos.

- Yo quiero estudiar…

- No, la medicina no es para ti, ni lo que él hubiese querido para ti.

Me miraste preguntándome qué es lo que él hubiese deseado.

- El violín Sasuke. Él sólo habría querido verte tocar el violín -te contesté con una triste sonrisa-. Adoraba verte tocar el violín porque veía lo feliz que eras rasgando sus cuerdas. Y por eso te digo que nunca lo hubiese permitido…

No podía permitirte dejar el violín, si no nunca me lo perdonaría, ni yo ni nadie que te hubiese escuchado tocar.

- Nunca sabré lo que se siente cuando oyes a tus padres decir sus últimas palabras, nunca sabré que lo que se desea cuando les ves agonizar. No sabré lo que se desea mientras llega la ambulancia que puede salvar sus vidas. Nunca sabré nada de eso.

Mis palabras sonaron roncas, llenas de dolor.

- Nunca sabré todo lo que sufriste.

No, nunca sabría nada de eso, pero para mí ya había sido lo suficiente con lo que había vivido.

- Y no quiero que sufras más al pensar cuando salves la vida de una mujer, que ella podría haber sido nuestra madre de no ser por la ambulancia –añadí con decisión, sabiendo que mis palabras te causarían dolor-, ni que cuando salves la vida de un hombre pienses quizás si hubiesen reaccionado antes podrían haber salvado la vida de nuestro padre.

No, definitivamente no quería eso.

- No Sasuke, si eres médico al menos que sea porque realmente te apasiona y no para revivir un accidente.

No dijiste nada. Permaneciste callado mirándome fijamente.

En tus ojos se reflejó el dolor de la verdad de mis palabras.

No me reprochaste mis duras palabras.

No me dijiste nada.

Y yo esperé en silencio también.

Te limitaste a asentir con la cabeza suavemente.

Tus cabellos cubrieron parcialmente tu rostro, dejando a la vista tu boca con gesto serio.

¿Qué significaba aquello?

Fui a abrazarte.

No rechazaste el contacto como solías hacerme siempre, pero tampoco me correspondiste.

- Perdona mis palabras, Sasuke –dije acariciando tu cabeza-. Perdóname, pero sabes que es cierto.

Poco a poco alzaste tus brazos y rodeaste mi espalda.

Días más tarde tiraste todos los panfletos informativos que habías ido cogiendo.

Me sentí orgulloso de mí mismo al haber evitado que abandonases aquello que realmente te llenaba.

No, la medicina no era para ti. Quizás si hubieses elegido otra carrera te habría dejado más libertad, pero esa no... esa no. No podías elegir una carrera que te llenase de dolor cada día. ¿Qué clase de hermano habría sido? Ya había cometido muchas equivocaciones y no podía arrastrar con otra más.

Fin

Pues eso fue todo, espero que con este capítulo me perdonen el haber tardado tanto en actualizar. Y sé que me van a matar, pero ahora que empiezan las vacaciones empiezo a viajar y no tengo demasiado tiempo para dedicarle al ordenador, por lo que quizás (no es seguro) tarde un poquito en actualizar... No tengo remedio -.-

Y como siempre, agradecimientos: Asuka Uzumaki, Tsubaki. Uzumaki, Gaa Dudesons, Quaessivi. Esset, M. F. Sarath, Kalluz, Akira Nishikawa, Mireille, Ayumi Warui, Ares Sasuke, Naoto-chan, GummyBear. Murerer. Chibiichigo, leontinees, Uchihas_love, junjou-midori-chan, Isabellatrix Black Swan, Alexa Hiwatari, Rika de Hiwatari, oSiToPaNdA, MaliciadoUrden, Naru Nishihara, Yue, Meikyo.

Espero no haber escrito ningún nombre mal... Sino pido disculpas.

Sin sus reviews no sé que habría sido de este fic.

Además quiero darles las gracias porque tengo más de 100 reviews, algo impensable cuando empecé ha publicarlo, en serio, muchas gracias por las molestias de dejar comentarios que me hacen mucha ilusión y me animan a continuar.

Y ya corto que me estoy poniendo pesada.

Hasta el próximo ^-^