Disclaimer: Naruto no me pertenece, es de Kishimoto, yo sólo hago esto por diversión y porque quiero llevar a cabo mis perversiones.

Advertencias del fic: yaoi, incesto, shota, lime, lemon, muerte de personajes, intento de violación y un poco de gore. Por supuesto todo ésto se irá sucediendo a lo largo de los capítulos.

Pues nada, aquí va otro capítulo más. Siento la tardanza, pero apenas he tenido un par de horas internet en todos estos días que he estado por ahí casi sin tecnología…

Antes de dejarles con el capítulo quiero dedicárselo a Yue, que ha sido quien se ha encargado de hacer que mi pequeñín vuelva a funcionar bien e incluso a logrado que el teclado no me vuelva a dar ningún tipo problemas. Por eso, este capítulo va por ti Yue.

Ahora sí que les puedo dejar con la continuación, espero que la disfruten.

Capítulo IX

Al despertar noto como todo mi cuerpo está frío y entumecido por haber pasado la noche tirado en el suelo.

Siento que algo me rodea, me abraza. Algo cálido choca contra mi pecho.

Abro los ojos lentamente y veo tu pálido rostro ante mí. Tienes unas notorias ojeras y rastro de haber estado llorando.

¿Habías llorado por mí?

¿Por mi pecaminosa y oscura alma?

No sé lo que has hecho esta noche, aunque lo intuyo, pero no pienso en ello porque estás a mi lado otra vez.

O quizás sea un sueño... pero eso ahora no importa...

Porque estás a mi lado otra vez.

Te abrazo con más fuerza y cierro los ojos.

Sea lo que sea, sueño o realidad, no quiero que cambie nunca.

De repente, te mueves entre mis brazos. No quiero que despiertes, aún no, es demasiado pronto para mí. Pero no importan mis pensamientos porque vas despertando poco a poco sin que pueda evitarlo. Porque ésto no es un sueño.

¿Por qué me haces esto?

¿Por qué…?

Al abrir tus ojos, me miras fijamente. Me acusas de algo, lo veo en el negro cristalino de tu mirada. Sin embargo no dices nada, permaneces callado, clavándome tu mirada suspicaz. No entiendo nada… nada.

Te separas de mí y te levantas sin desviar la mirada.

- Anoche me acosté con Naruto –dijiste con voz seria.

Me encojo de dolor al escucharte. Eres cruel Sasuke. Yo ya me imaginaba eso sin necesidad de que me dijeses nada.

¿Has venido sólo para atormentarme?

- He acariciado su piel cálida y dura de color canela. He agarrado sus cortos y fuertes cabellos rubios. He besado sus gruesos labios con pasión. Y me he visto reflejado es sus ojos azules…

- Sasuke… por favor –susurro en tono suplicante.

No sigas Sasuke… No me hagas más daño. Ya sé lo que has hecho con Naruto esta noche. Y sé también por qué le escogiste a él para ello. Es justo lo contrario a mí. Posee cualidades que yo no tengo y carece de aquellas de las que yo me enorgullezco.

Sé por qué te gusta.

No sé por qué me lo tienes que explicar.

¿Acaso no ves que me hace daño el que tú me lo digas?

¿Acaso quieres ser cruel conmigo?

- Cuando estaba tomando su cuerpo, cerré los ojos y me dejé llevar por las sensaciones. Y, sin darme cuenta, entre gemidos te llamé. Grité tu nombre Itachi… Lo grité alto y claro -añades con seguridad-. Y abrí mis ojos para ver que el cuerpo que estaba tomando era más pequeño y robusto que el tuyo, con un suave color canela.

Alzo mi mirada sorprendido.

- Al ver que no eras tú, lloré… Lloré porque no era tu piel la que rozaba, ni tus cabellos los que agarraba, ni tus ojos los que me miraban. Lloré porque no eras tú –al decirlo, agachaste la cabeza-. Y yo que pensé que podría olvidarte con él...

Las lágrimas empezaron a rodar por tus mejillas.

- Y Naruto también lloró conmigo, al ver que no era él a quien yo más quería.

No sé cómo reaccionar Sasuke, no sé qué esperas que diga ahora.

- Y al ser consciente de eso, comencé a llorar sin remedio, frente a él. Y él lloró conmigo. Pero no nos separamos, continuamos hasta llegar al final.

Me levanto y voy hacia donde estás, dispuesto a abrazarte, pero rechazas mi contacto.

- Me prometiste que no me tocarías nunca más –me recuerdas entre sollozos-. ¿Romperías tu promesa?

Durante unos segundos me quedo estático. No entiendo nada Sasuke, no te entiendo…

Me amas, sé que me amas. Entonces, ¿por qué me rechazas?

No lo entiendo. No te entiendo.

- Por ti, Sasuke, haría lo que fuese –te contesto finalmente-. ¿Qué quieres que haga Sasuke? –te pregunto con miedo.

- Abrázame –me pides fuertemente entre lágrimas-. Te amo…

Por mi mente pasan cientos de preguntas. Dudo de si sabes realmente lo que significa el que tuviésemos una relación amorosa tú y yo. No podríamos ir por la calle cogidos de la mano, no podría demostrarte cuanto te quiero en público, aunque dudo que te agradase esa idea. La sombra de tío Madara aún se cierne sobre ti, de manera sutil, pero aún perdura.

Lo nuestro es incesto Sasuke.

Y es pecado.

¿Estás seguro de que ésto es lo que quieres?

¿Sabes que yo sólo soy capaz de matar y dar mi corazón por ti?

¿Estás seguro que con eso tendrás bastante?

Y siento si te sorprende el que ni pueda morir por ti.

Lo siento Sasuke, pero no puedo dar mi vida si tengo la opción de matar. Soy egoísta, no pienso perderte por culpa de mi muerte.

Sin embargo no digo nada, por miedo a que cambies de opinión e intentes olvidar lo que sientes por mí en los brazos de Naruto como ya intentaste esta noche. Y desgraciadamente para ti, no es eso lo que quiero.

Extiendo mis brazos hacia ti y, entonces tú, te lanzas hacia mí para abrazarme con fuerza y enterrar tu rostro en mi pecho.

- Y no sé por qué te amo, eres mi hermano, no debería sentir esto por ti…

Y mientras tú lloras, mi pequeño Sasuke, yo sólo soy capaz de sonreír. Porque tengo lo que más he amado y deseado entre mis brazos.

Porque te tengo.

- Yo no sé por qué te amo, pero lo hago. Yo no debería quererte... no quiero amarte...

Mi sonrisa no se desvanece mientras hablas, no me importa nada, me amas a mí, sólo a mí. Y no importa lo que quieras, porque ya no puedes evitarlo.

- Es doloroso, lo sé –digo con voz suave.

Yo te comprendo.

Te separas levemente de mí. Las lágrimas resbalan por tus mejillas libremente. Tu ceño está fruncido y tu boca abierta haciendo una mueca hacia abajo. Adorable, como cuando tenías 6 años y venías llorando hacia mí porque te habías caído.

Acaricio tus desordenados cabellos.

- Perdóname Sasuke, perdóname por todo lo que te he hecho, pero ya es demasiado tarde para todo.

Asientes sin parar de llorar, refugiándote en mi pecho.

- No llores mi pequeño Sasuke, no llores más.

- ¿Desde cuándo empecé a sentir esto por ti? –preguntas angustiado.

- Quien sabe… -contesto besando tu frente-. De todos modos, eso no es importante ahora.

No, no es importante para mí, porque eres mío, porque me amas sin poder remediarlo. Y de repente soy consciente de que he conseguido lo que me propuse desde que supe que estaba enamorado de ti. Me he hecho un espacio en tu corazón a través de mis erróneos actos.

Y entre lágrimas me miras y me haces una muda pregunta.

¿Desde cuándo siento esto por ti?

- Desde que tenías 6 años… –contesto sin pensarlo demasiado-. Eras muy pequeño, demasiado, pero no pude evitarlo -me excuso.

No sé qué piensas al escuchar mis palabras. No dices nada. Piensas en el tío, que intentó violarte, con quien me comparaste antes de irte.

- Sé que es horrible, sé que soy un demonio y un ser repulsivo, pero… -empiezo a decir en un intento desesperado por excusarme.

¿Por qué negar la verdad?

- No eres como el tío Madara –me cortas-. No eres como él.

Y creo que es en este mismo instante cuando ves la diferencia abismal entre él y yo.

Y, por primera vez, me das un beso. Te acercas sin decir nada, sin prepararme para recibirte. Y unes tus labios con los míos en un cálido beso.

Nos besamos por primera vez. Y siento que soy transportado a otro mundo en el que sólo estamos tú y yo. Nadie más.

Es un beso suave y pasional. Con este contacto intento transmitirte todo el amor que siento, olvidando durante este lapso de tiempo todo el dolor que he sufrido durante tantos años.

Sabe tan bien… Por primera vez en mi vida, al romper un beso, no queda impregnado en mis labios el sabor de la culpa.

- Te amo, hermano mayor.

Mis brazos te estrechan con más fuerza por la cintura, alzándote levemente. Comienzo a besar tu rostro, sin dejar ninguna zona atrás; la frente, los párpados, la nariz, las mejillas, los labios, la barbilla. Bajo por el cuello con prisa. Y tú no me lo impides.

Y a cada beso que te doy, siento que la culpa y el dolor que sentí a lo largo de los años, va desapareciendo sin dejar apenas rastro alguno. Porque es entre tus brazos que encuentro la paz y el perdón que necesito.

Te miro y entiendes lo que vamos a hacer. Asientes suavemente con la cabeza, dándome permiso para continuar.

Te quito la camiseta con avidez y continúo por tu pecho. No quiero perderme nada de ti. Quiero recorrer tu cuerpo prohibido durante tanto tiempo para mí.

Tú simplemente te dejas hacer mientras acaricias mis cabellos con dulzura.

Tocar sin miedo tu piel, acariciarla, besarla… sin miedo a nada.

Y comienzo a llorar.

Nunca imaginé que podría hacer lo que estoy haciendo ahora con tanta libertad.

Te alzo entre mis brazos y te llevo hasta mi cama, en las que tanta veces soñé que te hacía el amor como voy a hacerlo ahora.

- Sasuke, mi pequeño Sasuke –digo totalmente extasiado-. Lo que vamos a hacer es pecado hermano mío. ¿Estás seguro que tu amor vale más que la ira de los Dioses?

Pasas tus brazos alrededor de mi cuello. Veo en tu rostro aparecer una extraña sonrisa, como si esperases que dijese algo así.

- No me importa la ira de los Dioses, al fin y al cabo, este horroroso pecado, escandaliza a los Dioses tanto como complace a los demonios, que de seguro nos proporcionarán seguridad para que podamos seguir pecando toda una eternidad con este amor –contestas con una sonrisa que hacía años que no veía y que es capaz de iluminar tu rostro y todo mi mundo.

Tu respuesta me sorprende. ¿Es posible que sientas lo mismo que yo? ¿Qué veas lo mismo que yo mientras nos besamos y nos entregamos al pecado?

Pero alejo esas preguntas de mi mente con rapidez. Hay algo más importante ahora que eso. Y es que eres feliz.

Eres feliz a mi lado.

Tus ojos brillan con fuerza al pronunciar esas palabras.

- Itachi –susurras mi nombre, anhelante.

Y con tus brazos me empujas para unir nuestros labios una vez más.

Y con ese contacto voy perdiendo poco a poco el control de mi mente. Ahora sólo deseo poseerte y gritar tu nombre, mientras gimes el mío con devoción. Quiero ser uno contigo en la más pecaminosa unión de cuerpo y alma que podríamos perpetrar.

Te ayudo a quitarme la camiseta. Comienzas a besar mi cuello y bajas todo lo que te es posible en esa posición. Y mientras me dedicó a acariciar tu pecho con una de mis manos, sin prisas. Recordando las veces que hice algo similar temblando de excitación, como ahora, y de miedo al poder ser descubierto. Llego hasta tu ombligo y me detengo, aún es demasiado pronto para continuar.

Cambiamos de posición en un segundo, ahora eres tú quien está sobre mí. Me sonríes tímidamente y te sonrojas ante lo que vas a hacer.

Tus cabellos acarician mi piel, provocando en mí ligeros estremecimientos. Y me das pequeños besos por el pecho y entonces comienzas a pasar tu lengua por mi cuerpo, saboreándolo.

Te intento detener, pues el día anterior estuve tirado la mayor parte del día, llorando tu marcha y maldiciendo mis impulsos.

- No, Sasuke, sólo podrás saborear la culpa que impregna todo mi cuerpo.

- Es la culpa que tus sentimientos hacia mí provocaron… quiero limpiarla de tu cuerpo.

Y veo en tu rostro al ángel que siempre pensé que eras.

- Lleva tantos años conmigo –consigo susurrar.

- Deja que me lleve una parte.

Cierro mis ojos y asiento con lentitud. Te lo permito porque sé que siempre quedará algo de ella, la que mi conciencia nunca permitirá que se vaya. Ya no soy capaz de vivir sin ella.

Te escurres por todo mi torso hasta los pantalones, que decides quitarme. Tus manos se mueven pausada y delicadamente, como cuando se deslizan entre las cuerdas de tu violín en las melodías lentas.

Empiezo a adorar la nueva sensación que estás introduciendo en mi penosa vida sasuke.

Te ayudo en la laboriosa tarea de quitarme las últimas prendas que me quedan, quedando así desnudo ante ti. Te yergues y me observas con tus brillantes ojos negros. Yo sólo espero a que decidas qué hacer. Y es entonces cuando guías mis manos hacia tus pantalones para que te los quite.

Me consigo poner de rodillas en la cama quedando frente a ti. Poso mis manos sobre tu pecho, diciéndote con ese gesto que te tumbes. Me obedeces.

Yo soy más tosco y torpe en mis movimientos. Nunca tuve la misma delicadeza que tú y los nervios me traicionan al hacer temblar mis manos tras tantos años deseando lo que está ocurriendo en este momento. Pese a todo, logro concluir con éxito el desnudarte.

Te observo.

Tan perfecto.

Tan blanco

Tan puro.

- Mi ángel –susurro posando mis manos sobre tu rostro-. Mi bello ángel caído.

Empiezo a deslizarlas, memorizando cada parte de tu cuerpo y la textura tan suave y aterciopelada de tu piel.

Tan efímero.

Tan hermoso.

- ¿Qué hiciste para caer en mi infierno?

- Enamorarme de un demonio que me enseñó la esencia de lo que significa la vida –contestas comprendiendo que es ese el error que cometiste-. Enamorarme de ti.

Y es con esta respuesta que entiendo que ves el mundo exactamente como yo lo veo.

Mis palabras y mis actos… Siempre has comprendido en qué me iba transformando poco a poco sin remediarlo a cada día.

Beso tu bajo vientre, subo hasta tu boca pasando por tu ombligo y sin olvidarme de tu pecho, dejando un rastro de besos.

Y entre caricias y besos te preparo para lo que viene a continuación. Chupo una de mis manos que a continuación se dirige hacia tus glúteos. He soñado tantas veces con este momento que ya sé lo que debo hacer. Y sin avisarte introduzco el primero de mis dedos.

Suspiró al como cierras los ojos con molestia. Si realmente has estado con Naruto debes imaginarte lo que debe doler.

La primera vez es difícil. Pero no te preocupes Sasuke, yo haré que la recuerdes con placer y mostrando una sonrisa tímida de satisfacción junto con un adorable sonrojo.

Hago un movimiento circular, intentado que te adaptes. Cuando veo que tu rostro se relaja, meto un segundo dedo con más cuidado que el anterior.

Beso tu ombligo, intentando que olvides cualquier dolencia por culpa mía.

Introduzco mi tercer dedo, creo que ya estás preparado. Y al hacerlo tus manos se aferran a mis cabellos.

- Tranquilo –susurro dándote suaves besos-. Tranquilo.

Soy ahora más gentil en mis movimientos, comprendiendo que ésto llevará algo de tiempo para que te acostumbres.

Espero a ver que tu cuerpo y rostro se relajan.

Y al mirarte a los ojos, tú mismo me imploras que lo haga con tu mirada.

Te sientes preparado.

Me coloco cómodamente y guío mi miembro lentamente hasta tu entrada. Sé que dolerá. Sé que debo tener paciencia. Sé que debo tener cuidado contigo. Te doy un corto y suave beso en los labios. Y entro en ti lentamente. Noto como tu cuerpo se tensa bajo mí.

En tus ojos veo el dolor y la alegría de sentirlo.

Lloras. Y es mi boca quien se encarga de limpiar tus lágrimas.

Durante largo rato permanecemos así, quietos. Sólo yo me atrevo a moverme para besarte intentando que olvides todo el dolor que estás sintiendo, sabiendo que es en vano. Decides que es momento de iniciar un ritmo, que es lento y tortuoso para ambos.

Y poco a poco, aligeramos el ritmo.

Y es así cuando escucho mi nombre salir de tus labios con la voz rota de placer, porque ya no veo el dolor brillar en tu intensa mirada negra.

Y es así cuando grito tu nombre con voz ronca de placer, porque eso es lo único que me puede provocar el estar contigo.

Entrelazo mis dedos con los tuyos. Agarrándolos con fuerza. Aferrándome a ti con desesperación. Como si con ese gesto estuviese más unido a ti de lo que ya estoy. Y tus manos se cierran haciéndome daño. Nos sentimos igual. Por mucho que intentes ocultarlo.

Todo lo que hacemos está lleno de dolor y pecado; pero no nos importa porque sufrimos por amor.

Siento como en mi bajo vientre se centra un placentero calor. Intento retenerlo y aguantar hasta que tú te vengas. Pero no lo consigo. Gimo con fuerza y me voy sin poder, ni querer evitarlo, dentro tuya.

Al abrir los ojos veo tu rostro relajado mirarme y noto con alegría que hemos llegado a la vez al orgasmo.

Mi estómago está bañado por tu semen, pero no me importa.

Nos miramos con una leve sonrisa

Y sólo deseo que este momento no acabe nunca. Que estemos juntos de por vida.

No decimos nada, pero no hace falta porque ambos sabemos lo que siente el otro y en nuestra nueva relación las palabras son traicioneras porque hasta las paredes pueden escuchar.

Te abrazas a mí, como cuando eras pequeño y no querías dormir solo, y mis brazos te reciben preparados para cerrarse tras tu espalda, pero antes me encargo de echarnos las mantas para cubrirnos.

Y vuelvo a entrelazar nuestras manos.

Y es así como desaparece el miedo que me empieza a embargar por la pureza que te he arrancado a cada beso.

Porque siempre fue en tus brazos donde encontré la paz que mi pobre alma atormentada necesitaba.

Sólo tú me das paz, Sasuke.

Beso tu frente con dulzura y me dejo envolver por un ligero sueño en el que tú eres protagonista que me recoges del abismo con tus blancas alas, y me muestras la luz del sol y las estrellas, mientras me dices que me amas y siempre será así.

Fin del Capítulo IX

Pues eso fue todo, espero que lo hayan disfrutado y que no les haya defraudado, he tenido muchas dudas con respecto a este capítulo que me ha traído de cabeza -.-

Bueno, pedirles como siempre un review para decirme como ha quedado la cosa, ya sea bueno o malo, siempre tengo en cuenta sus valoraciones.

Agradecimientos: Tsubaki. Uzumaki, leontinees, Akira Nishikawa, Claressa, Ayumi Warui, sairiko, M. F. Sarath, SaiAnbuNe, Mikochan92, Murtilla, Alexa Hiwatari, edison, karla-chan, Isabellatrix Black Swan, Mirelle, Uchihas_Love, Yue, Hagane No Kiba, junjou-midori-chan, dei-chan (x2, que por cierto, tu Messenger no se ve), Ares Sasuke.

Ya sólo decir que el siguiente capítulo será el epílogo. Así que les esperaré una vez más con este fic.

Hasta la próxima ^o^