Eran las cuatro de la tarde cuando Serena miró el reloj y abrió los ojos como platos. La pastilla sí que le había hecho efecto, pero se sentía muy bien de haber descansado tanto. Lo primero que hizo fue darse un baño porque quería ir al Crown a comer algo, moría de hambre después de haber dormido catorce horas. Se puso unas sandalias que le daban su estatura normal, que era algo baja a comparación de cuando usaba tacones, y un vestido floreado sencillo. Decidió hacerse una trenza para sostener su cabello porque le daba pereza peinarlo. Cuando estuvo lista tomó sus cosas y estuvo a punto de salir cuando escuchó el timbre. Quién podría ser a esa hora y en su departamento, probablemente era Sammy, y si así era mejor porque tenía unas cuantas cosas que reclamarle.

-Sammy eres un tonto por qué…-dijo mientras abría la puerta, pero se calló al instante en el que vio a Seiya Kou parado en su puerta.

Seiya cargaba un ramo de flores, tulipanes y gardenias para ser exactos. Eran muchas y de varios colores.

-Me puedes decir qué rayos haces aquí, ¡en mi casa! Eres la última persona a la que quiero ver. Tengo que salir, Kou, vete de una vez. No creo que Rei esté por aquí para recibir esas flores, además quién…

-¡Serena! Deja de hablar por un minuto. Solamente vine a disculparme por lo que hizo Rei anoche. Realmente estoy avergonzado, ella no tenía por qué…

-Mira, Seiya, si alguien tiene que disculparse es ella en persona, y para serte sincera, no me importan sus disculpas.

-Lo sé, lo sé, tal vez no te importan sus disculpas o las mías, pero yo sí me quiero disculpar porque realmente no tuvo que haber hecho eso. Te traje estas flores.

Serena las tomó de mala gana, lo último que quería era recibir flores de un patán.

-Muy bien, ya está listo, tengo las flores, ahora puedes irte.

Seiya dibujó una sonrisa socarrona, no podía creer que Serena fuera tan orgullosa. Decidió que hacerle caso era lo mejor si no quería hacerla enojar más de lo que ya estaba.

-Bien, ya me voy.

-Muchas gracias. Seiya… puedes explicarme cómo rayos conseguiste mi dirección, no me digas que mi hermano…

Seiya sonrió deliberadamente. Sammy era un pequeño traidor.

-¡Ese maldito traidor! Si alguien que no quiero sabe mi dirección te juro que…

-No le diré a nadie, ¡Dios, sí que te enfadas! ¿Alguna vez sonríes?

-¿Qué estas insinuando, Seiya Kou?

-Solo digo la verdad, ¡Siempre estas enojada! Ni siquiera yo me enojo tanto como tú.

-¡No quiero discutir en mi día libre contigo! Ni siquiera quiero verte más.

-Solo estoy diciendo que tal vez deberías sonreír un poco y dejar de gritar siempre.

-¿Tú vas a decirme cómo actuar y comportarme? ¡Grandioso! ¿No tienes una novia a la que sacar a pasear o algo parecido?

-¡Tengo muchas cosas que hacer hoy! Y sin embargo estoy aquí tratando de ser amable contigo.

-¡No me digas! Entonces debo agradecerte por el tiempo tan valioso que te has tomado hoy para venir a disculparte.

Antes de irse, Serena aventó el ramo de flores en el sillón y luego cerró la puerta de su departamento pues no quería seguir perdiendo el tiempo y se moría de hambre. Ella y Seiya siguieron discutiendo mientras caminaban hacia el ascensor, pero estaba descompuesto por lo que tuviera que dirigirse a las escaleras. Tener que bajar cuatro pisos al lado de Seiya Kou le pareció una pesadilla que nunca terminaría.

-Ya deja de decirme qué hacer o no hacer, Kou, tu opinión es lo que menos me importa.

Seiya se adelantó algunos escalones para mirarla de frente, quería terminar con esa discusión de una vez por todas, pero Serena quiso alcanzarlo y no se fijó dónde pisaba. Se tropezó tan fuerte que sus cuerpos chocaron durante la caída y Serena tiró a Seiya al suelo. Quedó exactamente arriba de él. Sus rostros estaban tan cerca que sus labios casi se rozaban, Seiya lucía muy divertido mientras que Serena estaba muy enojada por su torpeza. No supieron cuánto tiempo pasó hasta que Serena notó las manos de Seiya sosteniéndole la cintura. Las quitó con un fuerte movimiento, tratando de ponerse de pie.

-¡No puedo creerlo! Quítame las manos de encima, no vuelvas a tocarme.

Seiya se levantó después sin poder dejar de reírse. No podía creer la ineptitud de Serena.

-Realmente no sé cómo es que gente como tú sale a la calle con toda esa torpeza.

-¡Déjame en paz! Yo no soy torpe, fue un accidente, ¿acaso no sabes el concepto de esa palabra?

-Claro…-dijo Seiya cuando al fin llegaron al último piso.-Yo ya hice todo lo que tenía que hacer, así que me voy.

-¡Genial! Y no quiero verte hasta el lunes, por favor…

-Si sabes que vivimos en la misma ciudad, ¿cierto?, si nos encontramos por ahí yo no…

-Si nos encontramos por ahí significa que me has seguido o que lo haces a propósito.

Seiya rió una vez más y se fue sin despedirse. Serena al fin se relajó y se fue a su coche. Tenía que ver a su tonto hermano cuanto antes, estaba muy enojada con él por la tontería que hizo anoche, si no fuera por él, ella nunca habría tenido que entrar con Seiya al partido y Rei nunca la hubiera golpeado. Se estacionó fuera de la casa donde Sammy y sus amigos vivían. Vio algo de movimiento, por lo que tocó la puerta y Hachi, uno de sus compañeros le abrió. No pudo evitar recortarla de arriba abajo, ya que Serena entró sin preguntar y en cuanto vio a Sammy tirado en el sillón jugando videojuegos le apagó la tele y lo jaló de las orejas.

-Me puedes explicar qué pasó anoche.

Sammy se asustó de verla ahí, pero después se avergonzó, pues sus amigos los miraban muy divertidos. A Serena no le importó ser objeto de burlas ni mucho menos de observaciones, pues los otros dos roomies de Sammy estaba embobados con su presencia.

-No sé de qué hablas.

No te hagas el tonto, Samuel Tsukino, sé muy bien que lo hiciste todo a propósito, me convenciste de ir a ese partido contigo solo para que al final fingieras no haber podido ir y le dieras los boletos a Kou, ¡no soy tonta!

-¡Serena! Yo no hice nada, ¡lo juro!, en verdad no pude ir, tuve que ir a la escuela, pregúntale a ellos.-dijo apuntando a sus compañeros.-Seiya estaba ahí cuando recibí la llamada y como recordé que él también ama el baseball le di los boletos, ¿qué te molesta tanto?

-Que tuve que pasar tiempo con ese infeliz, ¡eso me molesta!, al menos me hubieras avisado que iría él para estar preparada, ¿sabes qué tonta me sentí al verlo ahí?

-De acuerdo, de acuerdo, perdón… en eso sí me equivoqué, pero te juro que no lo hice a propósito, de hecho Seiya tampoco estaba seguro de querer ir, pues sabía perfectamente que tú te comportarías como una niñita llorona.

-¡Va!-gritó Serena. Se sentó un momento para calmarse y cuando al fin respiró profundamente volvió a pararse.-Bien, ya que aclaramos esto, me voy, tengo algunas cosas que hacer.

-¡Espera!, yo voy contigo, Mina me invitó a ir con ustedes.

-¡Oh, genial!, Apresúrate o me iré. Te espero en el carro.

Sammy tomó sus pertenencias y salió a la calle. Fueron a comprar la comida que necesitarían para el día de campo, y de pasada, Serena se compró una hamburguesa pues moría de hambre, luego Serena pasó a comprar un bañador, pues no tenía ninguno adecuado. Por último pasaron al departamento de Serena por unas cuantas cosas más y partieron a playa Shonan, que estaba a tan solo veinte minutos saliendo de Tokio. Cuando llegaron, las chicas y los chicos ya estaban ahí, eran alrededor de las siete de la tarde cuando se estacionaron cerca de donde tenían el campamento. De hecho, Serena no tenía idea de que los chicos también irían, por lo que al ver a Seiya Kou se le revolvió el estómago antes de tiempo.

Sammy le ayudó a bajar las cosas que traían, incluyendo las cobijas con las que dormirían y comida. Sammy acomodó su casa de campaña junto a la de Mina para que Serena estuviera tranquila y no se enojara por estar cerca de los Kou, o más bien de Seiya. Saludaron a todos y aunque Serena había visto a Seiya hacía unas horas, él aprovechó para molestarla.

-Querida jefa, hace mucho que no tenía razón de usted.

-No empecemos, Kou, vine a divertirme y a pasármela bien.

-¡Bien! Primera vez que coincidimos en algo.

Seiya se dio la vuelta y regresó al lado de sus hermanos. Por suerte para él, Rei no estaba invitada y no tendría que lidiar con sus celos absurdos ni con peleas entre ella y Serena. Aunque por dentro se sintió extrañamente satisfecho de que Serena estuviera ahí. Mina, Amy, Lita y Unazuki formaron un equipo contra Serena, Hotaru, Michiru y Haruka para jugar voleibol playero. Jugaron alrededor de treinta minutos hasta que el equipo de Serena ganó gracias a Haruka, los chicos decidieron unirse después de ver el primer juego fallido de las chicas, por lo que Taiki y Yaten se unieron al equipo de sus novias mientras que Seiya y Sammy se unieron al equipo de Haruka. Luna y Artemis prefirieron quedarse a preparar la carne asada mientras ellos jugaban, ya no se sentían tan jóvenes para andar dando brincos por ahí. Además, a Artemis le quedaba deliciosa la carne asada.

Con la ayuda de Yaten y Taiki, las chicas lo estaban haciendo mejor, por lo que el otro equipo decidió reforzar sus tácticas de juego. Como esta vez fueron ellas quienes ganaron, decidieron ya no jugar voleibol, ahora harían un rally y tendrían que llegar hasta unas banderas que Taiki colocó en el mar. La carrera comenzó con Mina y Sammy, por parte de cada equipo. La carrera transcurrió rápidamente, iba muy reñida, pero ahora era el turno de Serena y tendría que correr más rápido para alcanzar la bandera antes que Lita, lo único malo es que tendría que coordinarse muy bien con Seiya para lograrlo. Vio a Seiya correr tan rápido como pudo hasta ella y le entregó el pañuelo. Serena comenzó a correr y en cuanto entró al agua se colocó en posición para nadar, pero algo la pico porque cuando ya iba adentrada comenzó a retorcerse.

Seiya notó todo lo que pasó y se dio cuenta de que Serena ya no se veía, por lo que supuso que estaría bajo el agua. Corrió más rápido de lo que nunca había corrido en toda su vida y se sumergió al agua. Encontró a Serena segundos después desmayada bajo el agua. Una medusa la había electrocutado pues aún estaba enredada en su pie. Seiya tuvo que quitarla con sus propias manos, lo que significó que él también recibió un choque eléctrico. Los chicos estaban viendo todo desde la costa desesperados, Luna lloraba inquieta y no dejaba de cubrirse los ojos. Aunque le dolió mucho, fue resistente y logró tomar a Serena y nadar a la orilla.

La colocó en la arena donde el agua no llegaba más e inmediatamente comenzó a golpearle el vientre para sacar el agua, y aunque expulsó unas gotas, no era suficiente, por lo que optó por darle respiración de boca a boca. Después de varios intentos, Serena al fin expulsó toda el agua que había tragado y comenzó a toser muy fuerte. Minutos después de que terminó de toser todo lo que traía dentro, aclaró su vista y lo primero que vio fue a Seiya sobre ella sosteniéndole la cabeza. Un dolor punzante le lastimaba su tobillo y le ardía como si le hubieran quemado con el mismo fuego. Seiya lucía realmente asustado, ella no recordaba nada, tan solo se acordó de haber entrado al mar, de haber estado jugando con sus amigos.

-Serena… ¿estás bien?, ¿me oyes?, ¿Serena…?

-Yo… ¿qué sucedió? ¿Seiya Kou… por qué estas sobre mí…?

Seiya sonrió de oreja a oreja.

-Parece que ya has vuelto. ¿Te duele el tobillo?

-¿Qué sucedió? Siento como si me hubiera quemado con algo, no puedo mover el pie, me duele…

Seiya cargó a Serena, incluso cuando sabía que se opondría. Como si fuera un bebé la llevaba en brazos y los demás se acercaron a ver cómo estaba.

-Por favor, Seiya, no tienes por qué hacer esto, alguien más…

-Deja de ser tan testaruda, Tsukino, tan solo te estoy ayudando.

La dejó en una silla junto al campamento, en donde Luna y Artemis pudieran cuidarla.

-Parece que acabo tu diversión por hoy.-dijo Seiya mientras la colocaba cuidadosamente en la silla.

Serena estaba muy nerviosa, no entendía bien por qué, no sabía si por su accidente o si eran los enormes músculos de Seiya, pero lo único que quería era estar en el suelo.

-Bueno, no quise decir que se acabó tu diversión, más bien ya no vas a poder caminar al menos por unas horas, no te preocupes, el ardor se quitará con mostaza que Luna ya te está trayendo y luego podrás mover el pie normalmente.

Serena no pudo evitar notar que Seiya tenía las manos quemadas también. Las tomó entre las suyas instintivamente y las observó con cuidado.

-Gracias.-le dijo finalmente.-No sé qué me hubiera pasado si…

-Ya, ya, no seas tonta, lo hubiera hecho por cualquiera.-dijo Seiya tratando de ocultar que le dolía mucho.

-Claro…

La dejó ahí sentada y se fue a curarse sus propias heridas. Sammy se acercó y se sentó junto a ella.

-Nunca dejarás de ser tan distraída, hermanita, por cierto, no puedo creer que seas la única aquí que no soporta a Seiya, mira que prácticamente te salvó la vida. ¿Ves que si lo tratas hasta te puede llegar a caer bien?

-¡Sammy!, vete de aquí y deja que me cure, por el amor de Dios.

Sammy rió divertido y se fue a seguir jugando. Luna le ayudó a curarse la herida y Serena tuvo que quedarse sentada por el resto de la tarde, aunque las chicas la acompañaron. Cuando el sol ya estaba ocultó y la luna estaba en todo su esplendor, debían de ser alrededor de las once de la noche, Serena ya podía caminar. El dolor había pasado y era libre de nuevo. Decidió caminar un rato por la orilla, sintiendo la marea bajo sus pies. El agua estaba muy fría, pero nada que no pudiera soportarse. No podía dejar de pensar en su accidente y en cómo Seiya la había salvado. Tenía una idea equivocada de él, quizá le seguía cayendo mal y seguía pensando que era un idiota, pero no podía negar que era una buena persona y que tenía que estarle muy agradecida. Los chicos preparaban una fogata para quemar malvaviscos y protegerse del frío de la noche. De pronto notó que Seiya se paraba junto a ella, mirando en la misma dirección. El corazón de Serena se aceleró un poco, aunque no supo si por el susto o por su presencia.

-¿Eres mi guardaespaldas ahora?

-Bueno, eres tan tonta que serías capaz de ahogarte por segunda vez.

-El punto es, Kou, que estoy sinceramente agradecida contigo, nunca voy a olvidar esto a pesar de todos nuestros… problemas, muchas gracias otra vez y… ¡Yo no soy tonta!

-No tienes nada qué agradecer, Serena, seguro habrías vuelto de la tumba para reclamarme algo de no haberlo hecho.-sonrió. Y tienes razón, solo eres demasiado distraída, casi al punto de ser tonta.

-Tú eres un molesto, no puedo creer que esté aquí hablando contigo, es como hablar con una pared, en verdad, Seiya, tienes serios problemas.

-¿Que yo tengo serios problemas? No quiero ser la persona que te diga que necesitas un psiquiatra urgente.

-¡Qué estas insinuando! ¿Me estas llamando loca?

-Tu sola lo dijiste.

Serena comenzó a golpetear a Seiya en el pecho mientras le gritaba.

-Nadie nunca me ha llamado así, Seiya Kou, arrepiéntete ahora, pídeme perdón, eres la persona más nefasta que jamás he…

Pero Seiya no pudo resistirlo más, tomó a Serena entre sus brazos y colocó sus labios sobre los de ella. Desde que tuvo que darle respiración de boca a boca se dio cuenta de que era algo que hace mucho quería hacer. Sus labios eran los más suaves y finos que jamás había besado nunca y eso mismo lo provocaba a no dejar de hacerlo. Serena luchaba contra él en vano, pues Seiya era mucho más fuerte, no quería rendirse, no quería dejar que alguien a quien no amaba la besara ni se aprovechara de ella. Pero de pronto las cosas fueron borrándose lentamente de su cabeza, todo poco a poco se volvió Seiya Kou cuando sintió sus fuertes manos sosteniendo su rostro y se vio encarcelada en su enorme torso. Pero tenía que ser fuerte, ningún idiota se aprovecharía de ella, al fin logró separarse de él y lo miró casi aterrada.

-No puedo creer que te hayas atrevido a hacer eso.-dijo Serena mientras le daba una cachetada.-Tienes novia, ¿recuerdas?, yo no recibiré otra de estas por tu culpa. Eres un patán cretino, Seiya Kou, ¡eres el diablo en persona!

Se dio la media vuelta y caminó hasta el campamento. Seiya solo pudo reír ante el comportamiento de Serena, todo lo que ella hacía le causaba gracia, no podía evitar pelearse con ella porque era lo que los hacía estar cerca. Al fin había probado sus labios y había sido mejor de lo que esperaba, Serena Tsukino le provocaba muchas cosas, veía en ella a alguien que podía hacerlo olvidar al amor de su vida, a esa mujer que jamás podría conocer y que vivía tan lejos, a esa mujer a la que solo conocía por cartas, de alguna manera u otra, Serena le recordaba a ella, a pesar de que sus personalidades eran tan distintas, ella tenía algo… sonrió para sí mismo porque estaba seguro de que Serena había sentido lo mismo entre sus brazos, pero su caparazón de chica fuerte y autosuficiente le impedía ceder ante los besos de un hombre que se la pasaba sobrepasando sus límites. Decidió regresar al campamento antes de que lo comenzaran a buscar mientras pensaba para sí mismo, "Sí, Serena, soy el diablo en persona, pero tú eres el pecado."

Al siguiente día, Serena dejó a Sammy en su casa a eso de las diez de la mañana. Ella regresó a su departamento para descansar de su viaje exprés, se sentía muy cansada además de no haber dormido bien. Cuando entró, lo primero que vio fue el ramo de flores que Seiya le había llevado el día anterior, de tan solo verlo recordó todo lo que había pasado y se le revolvió el estómago. Cómo era posible que hubiera permitido que Seiya la haya besado. No se lo perdonaría nunca. Tomó el ramo de flores y lo tiró al cesto de la basura. Eso tenía que enseñarle a Seiya a comportarse como un hombre. Se quedó mirándolo, recordando como la había tomado con esa fuerza y la había besado sin preguntarle nada. Le dio un escalofrío, estúpido Seiya Kou… ya se vengaría, lo haría pagar por sus desfachateces. Pensándolo bien… no tenía por qué desquitarse con el ramo de flores, después de todo las flores eran hermosas, sabía perfectamente con quién debía desquitarse. Tomó el ramo y lo colocó en un jarrón con bastante agua, después, tomó el teléfono y marcó su número favorito solo para gritar "idiota" tan fuerte como pudo. Era tiempo de darse un baño y descansar, porque al siguiente día había mucho trabajo por hacer. La verdad era que Serena no pudo conciliar el sueño sin quitarse a Seiya Kou de la cabeza, ¡lo odiaba con toda su alma! Seguramente si su amado estuviera con ella, esas cosas no le sucederían…