Cuando Serena entró a su oficina, lo primero que vio fue el montón de borradores encima de su escritorio. Realmente no tenía ganas de ponerse a leer todo eso y mucho menos poner a trabajar su cerebro para encontrar errores y borrarlos. Después de hacer unas llamadas y firmar algunos documentos que Luna le llevó, se dedicó a leer.
-Luna.-dijo Serena bostezando.-Por favor tráeme mi café, ya sabes cómo me gusta.
-Claro, mi niña pero… ¿qué tienes? Luces muy cansada.
-Es que no dormí bien este fin de semana. Anda, ve, que tengo mucho trabajo.
Luna sonrió con sarcasmo y salió de la oficina. Los cuatro primeros artículos eran de Yaten, encontró algunas correcciones que hizo sobre el mismo papel, con algunas anotaciones y después se dedicó a leer los de Michiru. A juzgar por lo que leyó de ella, se dio cuenta de que estaba muy influenciada por grandes periodistas, lo que le agradó, su manera de escribir era muy formal pero al mismo tiempo halagadora. Una hora y un café después, Luna le anunció por el interfon que Artemis venía por las correcciones.
-Hola, Serena.-dijo Artemis dándole un beso a Serena.-Vengo por tu trabajo del día de hoy.
-¡Artemis! Apenas llevo esta mitad, llévatela y ven más tarde por lo que queda. ¿Esto ya pasó por manos de Amy?
-Sí, por supuesto, antes de que llegaran a tu oficina, querida. Vuelvo en unas horas.
Artemis salió dando tumbos mientras que ella se colocaba sus anteojos de nuevo y comenzaba a leer. Para su sorpresa, se dio cuenta de que lo que leía le estaba gustando mucho. Las palabras que usaba, las metáforas. Eso debía pertenecer a la sección de literatura. Realmente le gustaba mucho.
"Yo soy quien te ha esperado. Soy tu escudo aun cuando no te he tocado, y te ruego de favor que seas lo que me salvará. Cientos de estrellas disfrazan el cielo, solo para que tú y yo nos encontremos. Dime que siempre ha sido así, que siempre fuiste tú la que salía en esos sueños tormentosos de alegría."
Serena terminó de leer dos hojas y se pasó a la tercera.
"Cómo saber que alguna vez hemos estado enamorados. Cómo darnos cuenta de que lo que está frente a nosotros es lo que siempre hemos estado esperando. Cómo permitir que se quede a nuestro lado. Cómo superar esa distancia que aunque estando cerca, nos separa miles de kilómetros. Nada de lo que yo te diga significa algo si no me escuchas."
Después de varias hojas más, Serena estaba demasiado inmersa en esos pensamientos que aunque no eran de ella, los sentía más suyos que de nadie. Ya llevaba su segundo café cuando entonces leyó su nombre. "Seiya Kou" rezaba al final del montón de hojas. Serena casi se ahogó después. Simplemente no podía creer que aquellos pensamientos, aquellas palabras vinieran de él. No podía creer que una persona como él tuviera la capacidad de querer así, de amar… ¿Acaso eran para Rei? ¿De verdad Rei le inspiraba todo eso al idiota de Kou? Irreal. Simplemente, irreal. Escuchó la voz de Luna en el interfon que anunciaba a Amy.
-Serena, Amy esta al teléfono, contesta por favor.
Serena casi automáticamente contestó el teléfono.
-¡Serena! No voy a poder ayudarte a organizar el congreso ni a escribir las cartas que necesitamos, acabo de recordar que tengo la cita con la señora Krazovzki que vendrá a Tokio para revisar lo del tratado que le ofrecemos, ¿recuerdas?, me enviaste a atenderla y las fechas cruzan exactamente con las del congreso.
-¿Y entonces qué debo de hacer, Amy Mizuno?
-Pues…tengo una opción pero…
Serena abrió los ojos como platos.
-¡Ah, no!, eso sí que no.
-Pero Serena, es la única opción, te aseguro que todo saldrá bien, no me hagas esto, si no quieres entonces envía a alguien más con la señora Krazovzki.
-Por supuesto que no… tú eres la más indicada para hacer esto. Está bien… supongo que unos cuantos días trabajando juntos no me harán daño.
-¡Muchas gracias! Le informaré a Seiya y esta tarde estará contigo, ¿de acuerdo?, ¡nos vemos a la hora de comer!
Serena colgó el teléfono y su estómago rugió. Como al fin había terminado de revisar sus pendientes, decidió ir a la cafetería. Necesitaba un descanso de tanto leer y algo para rellenar su estómago y carburar mejor. Se encontró a Taiki en la puerta y se sentaron juntos a comer algo de fruta mientras charlaban. Al parecer, Serena le pidió a Taiki que se encargara de la preparación técnica del congreso. El Primer Congreso Anual de Revistas tomaría lugar por primera vez en Tokio, todo gracias a Serena. Periodistas, escritores, directores ejecutivos de revistas, impresores, toda persona relacionada con el mundo de la comunicación masiva estaba invitada al congreso y tendría lugar en Tsukino Enterprises. Así se haría cada año de ahora en adelante gracias a Serena. Se pusieron de acuerdo para organizarlo todo, pues el congreso sería una semana y ya tenía a Mina encargándose de los horarios y las ponencias. Invitaron a escritores y periodistas famosos para dar pláticas frente a miles de personas al igual que algunas personas importantes que estaban inmiscuidas en el asunto. Después de desayunar, antes de regresar a su oficina, decidió pasar al taller de foto-revelado. Encontró ahí a Lita, Haruka, Hotaru y Sammy revelando unas fotografías. No tenía idea de que Sammy estuviera en la empresa por lo que se sorprendió pero se puso feliz. Los cuatro le enseñaron varias fotografías que habían revelado hacía quince minutos y se dedicaron a revisarlas. Entre los cinco escogieron cuáles estarían en los tres primeros artículos y cuáles en la entrevista del mes. Estuvieron alrededor de una hora revelando y escogiendo fotos, después Serena tuvo que irse porque necesitaba ir a firmar algunos contratos en recursos humanos con Reika. Contrataron a personal nuevo para el área de intendencia y necesitaba ella personalmente entrevistarlos y firmar sus contratos. Cuando al fin regresó a su oficina ya era más del medio día. Luna entró tras ella para explicarle unas cuantas cosas acerca de las visitas de la próxima semana de los invitados al congreso.
-Y recuerda también que tienes cita con el dentista esta tarde.
-¡Luna! Estoy muy cansada, cancélala y cámbiamela para mañana o cuando sea, por favor, ¡pero no hoy! Solo quiero dormir.
-De acuerdo, de acuerdo… necesitas realmente dormir.
Serena pasó horas haciendo cuentas, enviando correos, revisando papelería y avances. Las horas pasaron lentamente hasta que escuchó la voz de Luna en el interfon anunciando a Seiya Kou. "Genial" pensó Serena, lo único que le faltaba era ver a ese idiota.
Seiya entró sigilosamente a la oficina de Serena. No la veía desde el domingo y algo en su interior se agitó cuando vio su rostro molesto y rojo del cansancio. Se sentó en la silla frente a ella y la miró sin decir nada.
-¿Y bien?-dijo Serena algo molesta de verlo. No sabía cómo reaccionar ante su presencia después de lo que había sucedido en la playa.
-¿Y bien? Dímelo tú, fue Amy quien me envió aquí, no vine por mi cuenta.
-Claro… bien, pues enséñame lo que tienes porque realmente no quiero estar mucho tiempo cerca de ti.
Seiya sonrió socarronamente y comenzaron a evaluar. Estuvieron alrededor de una hora discutiendo los temas que debían ser establecidos, aunque no se ponían de acuerdo. Después intentaron escribir juntos las cartas de agradecimiento pero no podían hacerlo ya que tanto el uno como el otro se sentía muy incómodo. Seiya se dio cuenta de que Serena tenía en su escritorio lo que se publicaría de él en la siguiente edición, vio que no tenía correcciones y necesitaba preguntarle.
-¿Por qué no has corregido nada de mis escritos?
-¿Bromeas? Eres tan engreído, Kou. Sabes muy bien que no necesitas correcciones.
-Bueno, no soy engreído, es que me han dicho que tú escribes muy bien, supuse que me harías correcciones porque tienes que ser mejor que yo.
-No hagas asunciones, Kou, nunca has leído nada mío y por más que te digan algo no debes creerlo hasta que tú mismo lo compruebes. Ahora será mejor que ya nos vayamos es tarde. ¿Me haces un favor? Llévale esto a Artemis por mí.
Seiya tomó el bonche de hojas y notó cómo Serena agarraba todos los documentos que acababan de usar y los echaba a su portafolio. Temió que Serena decidiera hacer todo por su cuenta, pero no era momento de molestarla, por lo que prosiguió a hacer su encargo.
Serena llegó a su casa a eso de las siete de la tarde. Lo primero que hizo fue prepararse algo de comer, ya que moría de hambre. Su cabeza no daba para más, pero había que seguir trabajando lo que se pudiera. Terminó de comer y comenzó a trabajar en lo del congreso nuevamente. Empezó a escribir una carta, pero por más líneas que comenzaba a escribir, la imaginación se le iba en pensamientos triviales que nada le ayudaban. Duró más de dos horas tratando de escribir, pero no pudo. Decidió que un café no le vendría nada mal. Mientras esperaba a que el agua hirviera, el timbre de su departamento sonó de pronto. Se le aceleró el corazón pues no esperaba a nadie. Se asomó por la mirilla y vio el rostro de Seiya Kou distraído por algún chiquillo que gritaba del otro lado del pasillo. Abrió lentamente la puerta y se detuvo.
-Buenas noche, jefa.-dijo Seiya quitando a Serena de su camino y entrando a su departamento sin estar invitado.-He venido a ayudarte.
-¿Disculpa? Ni siquiera te he invitado a pasar, Kou. ¡Qué sucede contigo!
Seiya dejó una caja que traía en la mesita de la cocina y la miró.
-Ya sé que no me has invitado, pero dado que estamos en esto juntos, te voy a ayudar así quieras o no, eres tan obstinada que estoy seguro de que jamás me habrías pedido ayuda. Afortunadamente soy tan buen empleado y compañero, por supuesto persona, que he decidido venir sin que me lo hayas preguntado a pesar de tu orgullo.
-Mira que bueno eres, no puedo creer tu osadía. Ya qué puedo hacer, ¿correrte? Siéntate.
-Gracias.-rió.-Y para que veas que no vine con las manos vacías, he traído tu pastel favorito en todo el mundo.-dijo abriendo la caja.
Un pastel de fresa con chocolate brillaba dentro. A Serena se le iluminó el rostro. El sabor del chocolate mezclado con fresa era su favorito, no recordaba nada que la hiciera más feliz que eso.
-¿Quién te dijo eso?-preguntó Serena.-Ah, ya… déjame adivinar, ¡mi estúpido hermano! ¿Cuándo dejara de chismearte todo sobre mí?
-No lo culpes, Sammy solo intenta ayudar. Siéntate ya y continuemos trabajando.
-Estaba por servirme café… ¿quieres?
Avanzaron muchísimo en algunas horas, ni siquiera se dieron cuenta de que ya eran casi las doce de la noche. Después de tres café, decidieron comer el pastel que Seiya había traído. Partieron dos trozos respectivamente y cuando estaban comiendo, Seiya no pudo evitar molestar a Serena y le embarró algo de betún en la cara. Serena, ya molesta, hizo lo mismo aunque con más betún. Comenzaron a lanzarse trozos de pastel hasta por todas partes hasta que sus cabellos, ropas y cuerpos quedaron manchados. No quedó ningún rastro del pastel que había en la caja porque todo estaba encima de ellos.
-Genial, ahora estoy toda manchada de pastel, ¡Seiya!
-No voy a poder subirme así a mi carro.
-¡Eres un tonto! No puedo creer que me hayas hecho hacer esto… será mejor que te des un baño que ya es muy tarde.
Serena le indicó a Seiya dónde estaba el baño de huéspedes, le indicó el agua fría y caliente así como los jabones y shampoo. Ella aprovechó para bañarse en su habitación. Quince minutos después, salió del baño y cuando se colocó ropa interior, Seiya entró a su habitación con tan solo una toalla puesta. Serena abrió los ojos como platos y se tapó los ojos.
-¡Qué haces aquí! Salte de mi habitación y espérame afuera, ¡anda, vete!
Seiya se rió del comportamiento de Serena y se acercó a ella.
-Por favor, Serena, no me digas que nunca has visto a un hombre semidesnudo.
-Claro que sí pero… tu no estas semidesnudo, estas completamente desnudo con tan solo una miserable toalla tapándote.
-¿Y qué me dices de ti, eh? Tu solo traes ropa interior.
Seiya recorrió el cuerpo de Serena de arriba hacia abajo, estudiando cada rincón de su cuerpo y se sorprendió de todo lo que veía. En realidad le parecía muy muy hermosa. Serena se destapó los ojos y se dio cuenta de que Seiya estaba más cerca y la miraba con mucho interés.
-¡Aléjate, depravado! Y deja de mirarme, ¡sal de aquí!
Pero Seiya continuaba acercándose a ella sin piedad, acortando cada vez más la distancia entre ellos, hasta que Serena quedó acorralada entre la pared y los brazos de Seiya. Su respiración era entrecortada y su sangre viajaba a miles de kilómetros.
-¿Te han dicho que eres muy, muy pero muy hermosa?
-Por supuesto que sí, más veces de las que puedas imaginar, ahora hazme el favor de alejarte de mí.
-No puedes andar por ahí "semidesnuda" y esperar que me vaya, soy hombre.
-No estoy jugando, Seiya Kou… será mejor que te alejes de mí.
Pero Seiya recargó su cuerpo con el de ella y le tomó la cabeza fuertemente.
-Quiero que intentes zafarte de mis brazos y mi cuerpo.-le dijo con voz suave al oído.
Lentamente le plantó los labios en su boca, saboreando el dulce sabor que ellos expedían. Aún no terminaba de creer la suavidad de ellos ni lo bien que se acoplaban juntos. Sentir el cuerpo de Serena era algo que lo prendía demasiado, lo atraía muchísimo y no podía evitar estar cerca de ella. Serena luchaba en vano contra la fuerza de Seiya y a pesar de que lo último que deseaba era estar en esa situación, algo dentro de ella se calmaba con cada movimiento de los labios de él. De nuevo ese sentimiento de impotencia, de calma pero al mismo tiempo de tormenta. No podía permitir verse débil y ya era la segunda vez que el idiota de Seiya Kou la besaba. Con las pocas fuerzas que los besos de Seiya le habían dejado, lo golpeó en la entrepierna con su rodilla.
Seiya retrocedió mientras se retorcía de dolor en el suelo. Serena de pronto se sintió mal, pues aunque quería alejarlo de ella, sabía que había sido muy brusca. Se acercó a él para tratar de calmarlo y se sentó junto a él en la cama.
-Por favor, Seiya, discúlpame, no quise golpearte tan fuerte, por favor, ya calmate…
Pero Seiya seguía gritando y retorciéndose en la cama hasta que sintió los brazos de Serena en su rostro. Segundos después dejó de moverse y fue él quien agarró a Serena con sus brazos hasta dejarla bajo su cuerpo. La miró durante unos segundos solo para volver a besarla, aún con más ganas que antes.
-Vamos a ver quién pierde primero, Serena Tsukino.-dijo mientras se reía.
-¡Quítate! Te odio Seiya Kou, ¡te odio!
-Ya, ya, me quitaré, comprenderás que no puedo salir a la calle desnudo y menos con mi ropa llena de pastel.
-Sí, ya comprendí, quítate y echaré tu ropa a la lavadora, pero por el amor de Dios quítate de encima de mí.
Seiya la obedeció mientras se reía, no podía creer que Serena, una mujer fuerte y autosuficiente, se viera debilitada ante los besos de un hombre. Serena se puso su pijama y después echó la ropa de Seiya a la lavadora y mientras se terminaba de lavar, regresó a la sala, en donde encontró que Seiya ya había limpiado los restos de pastel. Decidieron seguir trabajando mientras la ropa de Seiya estaba limpia.
-Dime algo, Serena, siempre te enojas porque me acerco a ti, ¿tienes novio?, ¿hay alguien a quien le guardas respeto?
-No creo que tenga que contestarte esa pregunta.
-Hay, Serena, no es que quiera molestarte ni nada, solo tengo curiosidad.
-Pues no creo que sea solo curiosidad, no creo tampoco que sea para respetarme, porque incluso tú teniendo novia, me has besado, eso no se hace, Seiya Kou, eres de lo peor.
Seiya sonrió.
-Eso significa que no.
-¡No! No tengo novio y si conozco a puros hombres como tú… bueno, no creo tener nunca, sinceramente.
-No deberías ser tan obstinada, Serena, algún día puedes tropezarte con tus propias palabras.
Serena lo miró severamente. A veces Seiya podía ser un testarudo, pero quizá tenía razón.
-Además.-dijo mientras escribía algo en el papel.-Hay algo que quisiera aclararte. Rei no es mi novia, no sé por qué insistes tanto en eso.
Fue esta vez Serena quien rió.
-¿En verdad lo vas a negar para aprovecharte de mí?
-Estoy diciendo la verdad. No es mi novia, sí he salido con ella, lo acepto, pero nunca le he pedido que sea mi novia, verás… siempre le he gustado a Rei, y decidí que no tenía nada de malo hacerle caso, pero resulta que ella no…
-Basta. No necesito explicaciones. Es tu vida y tú puedes hacer con ella lo que quieras.
-Está bien, como quieras, solo dime si es que me crees. Porque yo podré ser un patán y un idiota, pero no soy ningún traidor. Si me he atrevido a acercarme a ti, es porque no tengo ningún compromiso con nadie.
Serena sopesó sus palabras. Tampoco iba a caer en ese juego, pero dentro de ella le creyó. Más porque no quería ser usada como un objeto que por otra cosa.
-Sí te creo, Seiya Kou, pero será mejor que te vayas con cuidado, no porque Rei no sea nada tuya significa que yo accederé a tus jueguitos. Yo pensé que existía el hombre que me hiciera amar, que me hiciera sentir bien conmigo misma, pero eso se acabó, el hombre que pensé que podía amarme no existe, es solo un mito en mi cabeza y aunque lo viera por primera vez, no caería en sus palabras nuevamente. Quien me engaña una vez, jamás lo vuelve a hacer.
Se miraron a los ojos por largos minutos hasta que la lavadora indicó que ya estaba lista la ropa. Serena se dirigió al cuarto de lavandería y le llevó la ropa a Seiya. Mientras Seiya se cambiaba, Serena pensó en lo que acababa de decirle. ¿Era posible que ya nunca volviera a enamorarse? Su amante secreto ya no escribía y seguramente ya no le escribiría nunca. Era su culpa por haber depositado sus esperanzas en una persona a la que no conocía. Seiya regresó ya cambiado y Serena le abrió la puerta.
-Nos vemos mañana, creo que tendremos que terminar eso…-dijo Seiya mientras se detenía a unos milímetros de ella, con el rostro muy cerca.
-Por supuesto que lo tenemos que terminar.
Seiya le dio un beso en la mejilla y se fue. Serena golpeó la puerta lo más fuerte que pudo y regresó a su habitación. Cómo era posible que fuera tan descarado e irrespetuoso para besarla cuando ella no quería y menos cuando ella no lo permitía. Trató de dormir, pero por más de una hora le imagen de Seiya besándola no se le quitaba de la cabeza. ¿Pero acaso era capaz de caer bajo los juegos de ese cretino? ¡No! No podía permitir eso, no podía caer en los brazos de nadie, de nadie después del patán que le había dejado de enviar cartas. Lo único que la haría dormir sería llamarle al idiota al que siempre llamaba. Después de hacerlo, pudo dormir tranquila.
Al siguiente día, Seiya se encontró a su hermano Yaten en el pasillo. Decidieron ir a desayunar juntos antes de comenzar a trabajar, pues quizá más tarde no tendrían tiempo de hacerlo.
-Te digo que ya estoy harto, Yaten, recibo estas llamadas muy seguido y siempre que intento responder, me cuelgan. Es urgente que sepa quién lo está haciendo porque pienso golpearlo hasta que este casi muerto.
-No deberías tomártelo tan a pecho, ¿y por qué no consigues el teléfono?
-Eso intento pero es imposible, tiene número privado y cuando trato de averiguarlo o llamarle de nuevo, no me deja.
-Hmmm… podríamos ir a la agencia telefónica y quejarnos, así podría ser que te den el número del individuo que lo hace.
-Para mí que suena más a una mujer, tu sabes que mi celular no está bien de la bocina y por lo tanto no se escucha claramente, pero a pesar de eso, estoy casi seguro de que no es un hombre.
-No te preocupes, Seiya, en cuanto tengamos tiempo libre te acompañaré a la agencia, ya deja de agobiarte por eso.
-Es que es muy molesto, no imaginas cuanto, pero cuando me entere de quién me ha estado llamando… ¡Lo mato!
-Ya, ya. Mejor dime qué hacías anoche, te estuve llamando a tu departamento y no contestaste.
-Lo siento es que no estaba. Tuve que ir a seguir trabajando.
Yaten rió.
-Claro, en la noche.-dijo riendo.-Solo falta que me digas que con Serena.
-Pues sí. Estuve con Serena trabajando.
Yaten miró a Seiya sorprendido.
-Claro que no. Eso nunca pasaría.
-Te lo juro. Puedes preguntarle tú mismo. Me di cuenta de que pensaba trabajar sola pero es algo que tenemos que hacer juntos, y como aquí no terminamos, pues decidí ir a ayudarle.
-Mira, que trabajador y altruista me saliste. A mí no me engañas, Seiya Kou, sé que andas buscando otra cosa con Serena. Pero eso no puede ser, Serena es nuestra jefa y con ella no puedes andar jugando como lo haces con todas tus amiguitas.
-¡Que no!, te aseguro que no estoy jugando con ella.
-Entonces sí estas planeando algo, ¡no seas un desgraciado!
-Mira, Yaten, te voy a explicar algo. Al principio Serena me parecía una engreída que solo venía aquí a cambiarnos todo, pero no sé… creo que de tanto pelearme con ella…
-¿Te gusta?
Seiya miró a Yaten con seriedad.
-Creo que me gusta. Es muy hermosa y…
-No, no. No me refiero a eso, a ti cualquier mujer te puede parecer hermosa pero… quiero decir que si, ¿te gusta?, ¿te gusta de verdad?
-Podría ser… algo me pasa cuando estoy con ella.
-Pero si se la pasan peleando. No puedes decir eso. ¿Acaso ha sucedido otra cosa entre ustedes?
-Pues no exactamente… solo la he… besado…
-Mira, Seiya, como tu hermano te voy a decir que te vayas con cuidado, Serena no es una mujer con la que puedas jugar, ella es tu jefa y la mía, no es ni Rei ni cualquier otra mujer. Será mejor que me vaya a trabajar. Piensa bien las cosas.
Serena tenía hambre, por lo que decidió ir a la cafetería. Se odiaba a si misma por no dejar de pensar en el estúpido de Seiya Kou. Por qué dejaba que se apoderara de sus pensamientos, eso no estaba bien, ella no podía permitir eso. No podía permitir que alguien tan patán como Seiya, que era capaz de salir con Rei y al mismo tiempo tratar de seducirla. Pero jamás la habían besado así. Jamás en toda su vida había sentido tanta pasión en un beso como con Seiya. Cuando salió del elevador lo vio del otro lado del pasillo. Se miraron durante largos segundos que parecieron eternos. Los ojos de ambos estaban inmóviles, como esperando a que cualquiera de las dos se acercara. Diamante Blackmoon se encontraba pasando en ese momento por el pasillo, por lo que cuando vio a Serena no dudó en acercarse a ella. A pesar de que notó que Seiya se encontraba ahpi también, no le importó. No iba a dejar que le robaran el mandado.
-Buenos días, Serena.-dijo dándole un beso en la mejilla.-Quería saber si querías comer conmigo esta tarde.-sonrió.
Serena lo miró y estaba algo confundida, después miró a Seiya de nuevo, quien los observaba con el ceño fruncido, pues a Seiya no le gustaba para nada Diamante. Pero Serena tenía que ser fuerte y no podía dejar que Seiya la manipulara.
-Por supuesto.-dijo tratando de sonreír.
Diamante se despidió de ella y continuó su camino. Serena vio como Seiya también se retiraba del lugar seriamente. Seiya entró a su oficina y golpeó la pared lo más fuerte que pudo, luego se sentó en su escritorio y se dio cuenta de que Amy estaba en su escritorio también.
-¿Estas bien, Seiya?-preguntó Amy extrañada.-No luces muy feliz.
-Lo siento, Amy, no tenía idea de que estabas aquí, no te preocupes, estaré bien.
Pero la realidad era que Seiya odiaba a Diamante y no quería que invitara a Serena a ningún lado, de hecho no lo quería cerca de ella porque nunca había confiado en él. Durante todo el día no pudo quitarse de la cabeza que Diamante iría a comer con Serena.
