El día pasó lentamente para Seiya. Ni siquiera podía pensar bien lo que se encontraba haciendo porque de su cabeza no salía la imagen de Serena aceptando comer con Diamante. Amy lo notó extraño, pero no le dijo nada. Después de un rato se hartó de verlo tan distraído y se acercó a su escritorio.
-Ya basta, Seiya Kou.-dijo Amy cruzada de brazos.-Tienes todo el día comportándote así, es suficiente, necesito que estés conmigo, ya son las dos… ¿por qué no te vas a comer para despejarte y vuelves al rato?
-De acuerdo… lo siento, de verdad, Amy.
-Te quiero aquí a las cuatro a más tardar.-dijo Amy regresando a su escritorio.
Seiya salió de la oficina sin siquiera tomar su saco. Caminó por los pasillos sin saber exactamente a dónde ir. Su hermano Taiki cruzaba el pasillo con un folder en las manos y entonces se le ocurrió una idea.
-¡Taiki!-gritó Seiya.
Taiki se detuvo al ver a su hermano acercarse a él.
-¿Qué sucede?
-¿Vas a comer?
-Sí, pero iba a entregarle estos documentos a Serena.
-Vayamos juntos, Amy quiere que me despeje.
-Muy bien, espérame en el carro, te veo en cinco minutos.
-Estaré en el tuyo, el mío está muy lejos.
Seiya se dirigió a la recepción para poder salir al estacionamiento y entonces se acercó a Unazuki para comenzar su plan.
-Buenos días, hermosa.-dijo Seiya utilizando sus tácticas de seducción.-¿Podrías comunicarme al departamento de contaduría y administración?
-Claro que sí, Kousito.
Unazuki marcó algunos números tan rápidamente que Seiya dudaba de que en realidad hubiera marcado.
-Buenos días, Paty, déjame te paso a Seiya Kou.
Hola, Paty, soy Seiya de redacción, ¿sabes de casualidad a dónde irá Diamante a comer?, quedó de decirme pero lo olvidó.-La secretaria de administración le dio la respuesta que quería y colgó.
-Nos vemos más tarde, Unazuki.
Seiya reía mientras caminaba hasta el coche de su hermano. Taiki llegó algunos minutos después y entraron al coche.
-¿Adónde vamos?
-Vayamos a Super Salads.
-Pero… odias Super Salads.
-¿Yo?, No… es solo que necesito comer algo ligero.
-Como quieras.
-¿Encontraste a Serena?
-No, ya había salido, le dejé los papeles con Luna.
-Oh…
Llegaron a Super Salads rato después y lo primero que vieron al entrar al restaurante fue a Diamante y Serena sentados en un rincón muy cerca. Seiya los miró fijamente sin pestañear, Taiki trató de no hacerse notar, pero Seiya estaba decidido a arruinarlo todo.
-¡Diamante!, ¡Serena!-dijo acercándose a su mesa.-Pero qué coincidencia que estemos aquí, ¿nos sentamos todos juntos?
Diamante atravesó a Seiya con la mirada mientras que Serena solo lucía sorprendida.
-No creo que debamos, Seiya.-dijo Taiki.-Tomemos otra mesa.
-No…por mí no hay problema.-dijo Serena quien tampoco se sentía muy cómoda estando sola con Diamante.- ¿Tú lo tienes Diamante?
Diamante negó con la cabeza. Taiki y Seiya tomaron los asientos restantes y comenzarona charlar de cosas triviales hasta que la mesera llegó y les tomó su orden. Taiki y Diamante se inmiscuyeron en una plática relacionada con la empresa mientras que Seiya tomaba su agua de Jamaica.
-¿Me puedes decir qué hacen aquí?
-Mi hermano y yo vinimos a comer, ¿problema?
-¿Crees que soy tonta? Tú no estás aquí por casualidad.
-¿Dices que te estoy siguiendo? ¿Por qué querría seguirte, Serena? Qué locuras dices, no eres tan especial.
Seiya la ignoró y trato de incluirse en la plática. Las dos horas que duraron en el restaurante parecieron eternas. Cada vez que Diamante trataba de decirle algo a Serena, Seiya lo interrumpía y comenzaba otra charla trivial en la que todos participaban. Cada vez que Diamante trataba de tomarle la mano a Serena, Seiya hacía alguna broma, le jalaba el cabello el Serena, le decía algo al oído o cualquier cosa que impidiera su acercamiento con Diamante. Seiya ni siquiera disfrutó su comida porque odiaba las ensaladas, pero no le importó porque había logrado lo que quería.
De regreso al trabajo, Taiki iba serio mientras Seiya no dejaba de cantar una estúpida canción que pasaba en la radio. Se estacionó en el mismo lugar de antes y antes de bajarse tomó del brazo a Seiya.
-Seiya.-dijo dando un respiro.- ¿Cuántos años soy mayor que tú?
-Cuatro…
-Exactamente. Por lo tanto, son cuatro años que he vivido más que tú, y por lo tanto, te conozco desde más tiempo que tú mismo.
-No te entiendo.
-Me di cuenta de todo lo que acabas de hacer.
-No hice…
-Me hiciste ir a comer a un restaurante que odias solo para interrumpir la cita de Serena y Diamante, y no conforme, te portaste como un idiota durante todo el tiempo.
-Tiene una explicación.
-¡No me digas!-dijo Taiki rodando los ojos.- ¿Qué es lo que pretendes? ¿Te gusta Serena Tsukino? Porque no encuentro ninguna otra explicación, Seiya Kou. ¡A mí no me haces tonto!
-¡De acuerdo!-gritó Seiya.-Puede que quizá me guste, ¿hay algún problema?
-¿Problema?, ¡Claro que lo hay! Serena Tsukino es tu jefa, la mía y la de nuestro hermano Yaten. Es nuestra JEFA, Seiya, nuestra jefa, si le haces daño no solo vas a quedar mal tú…
-Por qué todos me dicen lo mismo, ¡por Dios!
-¿Quién más sabe esto?
-Yaten…
-Ah, mira, pues por algo somos tus hermanos, ¿no?, obviamente nosotros te conocemos bien. Estas advertido, porque si algo malo pasa entre tú y Serena, tanto yo como Yaten seremos los primeros en romperte la cara.
Serena llegó muy enojada a su oficina. Tanto, que aventó su bolsó contra la pared al tiempo que Luna entraba a su oficina. Luna la levantó y la colocó en el perchero.
-Mi niña, ¿qué te sucede?
-Ese nefasto de Seiya Kou me tiene harta, ¡imagínate que llegó al restaurante en donde tenía una cita con Diamante! Se sentó en nuestra mesa y lo arruinó todo.
Luna no pudo contener su risa.
-¿De qué te ríes, Luna?
-No es nada, princesa, es solo que… es gracioso que te enojes por eso, pensé que te sentirías mejor, pues creí que estabas algo incómoda con esa cita.
-Pues sí, es verdad, debo admitir que me salvó, pero me hace enojar porque estoy segura de que lo hizo todo a propósito.
-Perdónalo, mujer, Seiya seguramente solo quiere ganarse tu corazón.
Serena escupió el agua que estaba tomando.
-¡No! Eso sería como… como si los hombres de pronto pudieran embarazarse, Luna, ¡jamás podría ser! Jamás le haría caso a Seiya Kou, jamás Seiya se enamoraría de mí.
-Hay, Serena, cae más rápido un hablador que un cojo.
-¿Qué se supone que debe significar eso?
-Pronto lo entenderás.
Luna salió de la oficina sin decir nada más. Serena se pasó la tarde entera tratando de asimilar las palabras de Luna, tratando de asimilar la escena que Seiya preparó a la hora de comida. Las horas pasaron lentamente. No salió de su oficina en el resto de la tarde y no se sentía bien. Miles de pensamientos invadieron su cabeza. Por un lado, se sentía extraña de que Diamante quisiera salir con ella, por otro, Seiya Kou la confundía mucho, se odiaban, pero él la besaba… y por último, estaba su amado Sailor, ¿dónde estaba?, ¿por qué no le respondía? Había pasado tanto tiempo que ya no recordaba cuándo había sido la última vez que supo de él. Sacó de su caja fuerte todas sus cartas y leyó la última. Se escuchaba bien, se escuchaba normal, ¿por qué entonces dejó de escribirle? Las lágrimas comenzaron a rodar por su rostro, no podía evitar llorar cada vez que lo recordaba. Ella jamás había amado a nadie hasta que lo conoció, o al menos hasta que comenzó a escribirse con él. Era el hombre perfecto, el hombre que siempre soñó y ahora… ahora no existía, todas esas cartas que ella guardaba eran lo único que le quedaba. Palabras, palabras, papel… tinta… eso no significaba nada ahora. Cómo podía pensar en siquiera confiar en un hombre, cómo podría creer en las palabras de Seiya Kou, un mujeriego, o en las palabras de un hombre arribista como Diamante. Guardó sus cosas y salió de la oficina. Se despidió de Luna y le pidió que no la molestara, no se sentía bien y necesitaba estar sola.
Seiya ni siquiera prendió la luz cuando el sol se ocultó. Ni siquiera notó que Rei había entrado a la oficina y ahora estaba frente a él con los brazos cruzados.
-¿Me puedes explicar por qué me has ignorado todo el día?
-¿De verdad? Ni siquiera lo noté.
-¡No te hagas el gracioso conmigo!
-Mira, Rei, ya me cansé de que me estés checando todo lo que hago o dejo de hacer, tú y yo no somos novios, no tenemos una relación seria y ya me cansé de tus reacciones.
-¿Qué? ¿Cómo te atreves? Si no somos novios es porque nunca me lo has pedido.
-Porque no quiero, Rei, eres tan posesiva que me asustas, ya me cansé. Me voy de aquí.
-¡No vas a ningún lado, cretino!
Seiya tomó sus cosas y salió de la oficina.
Serena no se sentía tranquila, no sentía paz en su interior. No deseaba regresar a su departamento a estar encerrada y seguir pensando en todo lo que le hacía daño. Solo había un lugar en todo Tokio que la hacía sentir segura y en paz. Un lugar donde podía pensar con claridad, distraerse, estar tranquila. Un lugar donde nadie la conociera, donde fuera una más en el montón. Desde pequeña su papá la llevaba al parque de diversiones del centro. Siempre que se sentía triste por algún problema en la escuela, cuando se peleaba con Sammy, cuando su mamá la regañaba, su padre la traía hasta aquí y la dejaba libre. Se sentaba en una banca y la dejaba ir a todos los juegos que había, cuando ya se sentía mejor, regresaban a casa. Siempre venía aquí, cada vez que se sentía mal. Cientos de veces deseó que hubiera un lugar así en Londres cuando se fue, incluso vino cuando sus padres murieron y se estuvo horas. Pagó la entrada y de inmediato escuchó la música que sonaba en todo el parque, hasta en el rincón más escondido de él. Camino durante varios minutos hasta que decidió subirse a la primer montaña rusa que encontró a su paso. Las miles de luces que iluminaban el lugar, de cientos de colores diferentes, aun le parecía extraño cómo era que aun cuando había muchísimo ruido, ella pudiera estar tan tranquila en medio de todo aquel embrollo. Su padre le enseñó a concentrarse en sí misma, a escuchar tan solo sus pensamientos más profundos. En momentos así era cuando más lo extrañaba, porque él siempre tenía las mejores palabras para hacerla pensar.
Dos horas después, Seiya caminaba con las manos en los bolsillos de su pantalón. Su cabeza le dolía como nunca. Quería pensar, quería olvidarse de todo, pero cómo poder olvidar por un lado a la mujer de su vida, a la mujer que se le había escapado, y por otro existía Serena Tsukino, no comprendía ni una pizca de por qué de pronto su mundo giraba en torno a ella, cómo era posible que tan solo a un par de meses de conocerla se sentía tan atraído hacia ella. Se formó en la fila para subirse a la rueda de la fortuna, siempre había sido su juego favorito desde que era pequeño. Cuando se encontraba en lo más alto, sentía que podía controlar todo y que el mundo estaba a sus pies, sentía que era el rey del mundo. La fila estaba larga y todos tenían una pareja, se sintió raro, normalmente siempre iba con Taiki o Yaten, pero nunca solo. El joven que administraba el juego gritaba algo, al parecer quedaba un asiento un espacio y Seiya era el único que iba solo, así que levantó la mano y se acercó.
-Por favor, joven, pásele, tengo que comenzar el juego.
Seiya abrió los ojos como platos cuando vio a Serena Tsukino sentada solitariamente. Serena inmediatamente se limpió las lágrimas que resbalaban por sus mejillas y trató de esconder el rostro. Seiya se sentó con cuidado y abrochó su cinturón. No dejaba de mirar a Serena, ella giraba su rostro para que Seiya no viera que lloraba. El juego comenzó a moverse y comenzaron a ascender. Se detuvo exactamente cuando su cabina estaba en el centro de lo más alto. Fue entonces cuando Seiya se animó, tomó el rostro de Serena y la obligó a mirarlo.
-Ya te vi, Serena, te vi llorando, ya no me lo ocultes. Estamos en un parque de diversiones donde nadie nos conoce y donde no hay nadie conocido.
-No creo que sea algo que te vaya a importar.
-Te lo estoy preguntando, por supuesto que me importa, por una vez en tu vida olvida que me odias, haz de cuenta como si fuera un extraño, o tu mejor amiga si así lo deseas.
Serena sopesó las palabras de Seiya lentamente. Él tenía razón, muy a su pesar, tenía razón, y quizá lo que más necesitaba en ese momento era desahogarse.
-Lo que sucede es que… de pronto me siento melancólica. Extraño mucho a mis padres, estoy…confundida…
-¿Confundida?
Comenzaron a moverse de nuevo. No pudieron seguir platicando porque terminó. Cuando se bajaron, estuvieron caminando durante algunos minutos sin decir nada hasta que Seiya habló de nuevo.
-¿Qué es lo que te confunde?
-No es… lo que sucede es que… solía tener un enamorado.-dijo Serena sin mirarlo.-Tenía mis esperanzas puestas en él, lo amaba tanto que… estaba dispuesta a dar mi vida si hubiera sido necesario. Y ahora… ahora eso no existe, ni él, ni nada.
-¿Te dejó?
-No precisamente… pero no quiero hablar de eso, estoy cansada de pensar, Seiya Kou. Por otro lado, estás tú, que siempre me molestas, me besas, arruinas mis citas, peleas conmigo. ¿Qué pretendes?
Seiya no dijo nada. Encontraron un puesto de helados y Seiya compró dos. Serena sonrió a medias y aceptó. Se sentaron en una banca mientras saboreaban sus helados.
-Cómo es que de entre todas las personas tuve que encontrarme contigo aquí, Seiya Kou.
-Siempre venía aquí cuando era pequeño, dejé de venir cuando cumplí los 18, entonces me parecía estúpido, pero de un tiempo para acá, he encontrado nuevamente mi refugio. Mi padre siempre me traía a mí y a mis hermanos, pero por alguna razón yo fui el que lo disfrutaba más siempre.
-Qué extraño.-dijo Serena mientras trataba de evitar que su helado escurriera.-Mi padre también me traía aquí, a divertirme, pero más cuando me sentía mal, encontré una extraña manera de sentirme mejor en este lugar, y cada vez que mi papá me veía con cara de enojo o tristeza, me traía.
-Eso mismo hacía mi padre. Pero todo esto tiene una explicación.-dijo Seiya riendo.-Nuestros padres fueron muy amigos, Serena, desde pequeños ellos mismos venían aquí a olvidarse de sus problemas, justo como tú y yo.
-No entiendo por qué nunca conocí a tu padre, si todo lo que dices es cierto, que fueron muy amigos… no recuerdo nada de él.
-Bueno, lo único que podría decirte es que tu padre siempre se quejaba de que estudiabas demasiado.
-Ni lo digas… desde que murió no dejo de reprochármelo, no sabes todo lo que daría por regresar el tiempo y no haberlo hecho.
-No, Serena, no digas eso, lo que pasó ya fue, por algo suceden las cosas, tú disfrutaste a tu papá todo lo que pudiste, él te amaba por sobre todas las cosas, tú lo único que querías era superarte, hacer que tu padre estuviera orgulloso de ti, ¿no es cierto?, tú querías algún día hacer todo lo que hizo él, y eso es justamente lo que haces ahora.
-Nunca lo había pensado de esa manera…
-Mi padre se fue a vivir a su pueblo natal después de mi mamá murió, está a un par de horas de aquí, cuando quieras puedo llevarte a conocerlo, estoy seguro de que le dará mucho gusto.
-¿Lo harías? Me gustaría a mí también, quisiera conocerlo, si fue el mejor amigo de mi papá, es como lo más cercano a él que tengo ahora.
-Créeme que tu padre estaría orgulloso de ti ahora, y también debes creerme que ningún hombre merece tus lágrimas, y si ese hombre no existe ya, es un idiota, yo no me escondería de ti.
Serena miró a Seiya directamente a los ojos. Tenía miedo de creer en lo que le decía, cómo podría saber si era verdad. Se puso de pie.
-No sé si debería creerte, Seiya, tú has estado jugando conmigo durante algún tiempo, ¿crees que podría creerte así nada más?
Seiya se paró también. El cielo estaba más oscuro que de costumbre, las nubes comenzaban a amontonarse arriba, golpeándose las unas contra las otras, haciendo vibrar sus ondas para crear una lluvia perfecta. Las gotas comenzaron a empaparlos, sin piedad.
-No estoy jugando, Serena, te digo las cosas sinceramente.
-¿Entonces por qué no me explicas qué pretendes? Crees que para mí es gracioso verte arruinar mi cita y luego saber que andas por ahí con Rei?
-¿Y eso qué significa? ¿Acaso estas celosa o simplemente odias que haya arruinado tu cita con el espléndido Diamante?
-¡No! Jamás podría estar celosa de Rei, ¡por Dios! Me apiado de ella por tener que soportarte, pero obviamente es una tonta, y tampoco me importa Diamante.
La lluvia se hacía cada vez más brusca, tanto que tenían que gritar para poder escucharse.
-¡Entonces qué rayos te molesta!
-¡Tú!, ¡me molestas tú!
Seiya ya no lo resistía más. La tomó por los hombros y la acercó a él, tanto que sus rostros casi se tocaban, podía sentir su aliento, cálido y húmedo.
-Cállate, Serena, cállate y bésame.
Sus bocas se tocaron una vez más. Era como si existiera alguna clase de reacción química que las hacía acoplarse perfectamente. Tanto Seiya como Serena sintieron sus cuerpos electrizarse con cada movimiento de sus labios, sintieron como sus estómagos se contraían y por supuesto, cómo sus corazones latían al ritmo de sus labios. Serena no había sentido nada parecido nunca, jamás había sabido lo que significaba recibir un beso con… ¿amor? Y Seiya jamás había tenido tantos deseos de besar a una mujer, jamás había querido tanto a una como para arruinarle una cita. No estaba jugando, definitivamente eso no era un juego. La quería, la quería demasiado.
-Te quiero, Serena, desde el primer día que te vi me encantaste, eres la mujer más hermosa que he visto, me encantan tus ojos, tu molesta voz, tus gritos, me encanta cuando tu rostro se sonroja al momento de enojarte, me encanta que me grites, que me golpees, jamás me había sentido tan atraído a una mujer. Te admiro demasiado, eres la mujer más fuerte que conozco, la más inteligente… a pesar de que no he podido conocerte más a fondo, no necesito nada más para saber que eres una buena persona y que tienes unos hermosos sentimientos.
Seiya la tenía fuertemente agarrada con ambos brazos. Sus cuerpos se pegaron y Serena instintivamente puso sus brazos alrededor de su cuello.
-¿Tú crees que en este momento te estoy mintiendo? Me encanta besarte… me encantan tus labios…
-Seiya yo… no sé… tengo mucho miedo.
-¿Miedo por qué?
-Porque tengo miedo de que me engañes, tengo miedo de que juegues conmigo… tengo miedo porque también siento muchas cosas por ti, cada vez que te veo siento ganas de hablarte, de acercarme, pero mi única arma es pelear contigo, te odio porque eres tan parecido a mí que no soporto estar del otro lado, cuando te vi besando a Rei… creí que eras un patán, un idiota, aun cuando ni siquiera éramos nada hubiera querido arrancarte de sus brazos. Yo… yo… amo tu cabello, tus ojos, me encantan tus músculos, tu rostro… me encanta como hueles… y tengo miedo.
Seiya dibujo una sonrisa de oreja a oreja, no podía creer las palabras que salían de su boca. Volvió a besarla, nunca se cansaba de ello, nunca se cansaba de sus labios. Un guardia de seguridad se acercaba a ellos lentamente, tratando de no llegar de improviso. Ambos lo miraron sorprendidos hasta que el guardia les pidió de favor que salieran porque el parque estaba por cerrar. Salieron tomados de la mano, ni uno ni el otro deseaba soltarla, pero sus coches estaban en lugares diferentes. Se miraron largamente sin decir nada, sus manos se separaron y cada quien tomó su rumbo. Segundos después, ambos se giraron, volvieron a mirarse y fue entonces cuando Serena corrió hasta él de nuevo. Se lanzó a sus brazos en medio de toda esa lluvia y lo besó nuevamente. ¿En dónde quedaron todos esos sentimientos? ¿Cómo es que jamás experimentó nada así antes?
-Mañana nos vamos a ver.-dijo Seiya besando sus mejilas.
-No sé si podré esperar tanto.
-Yo menos, voy a estar saboreando tus labios toda la noche, voy a soñar contigo.
-Te odio, Seiya Kou, te odio por hacerme sentir tantas cosas.
-Yo te odio por convertirte en mi droga persona, eres mi adicción.
Un tierno beso fue el último que se dieron. Ya era tarde y necesitaban dormir. Pero ni siquiera cuando intentaba dormir podían olvidarse de lo que había sucedido. Ambos se querían, se deseaban, se necesitaban. Ahora era demasiado tarde para mirar atrás, ahora ambos se pertenecían, en todos los sentidos posibles, era demasiado tarde, se amaban. Pero aun ni con toda esa felicidad que sentían ahora, podían borrar a sus amados… esa huella jamás podría borrarse porque era algo que a ambos les dolía inmensamente, pero al menos ahora se tenían el uno al otro, y se querían de verdad.
