Seiya jamás antes se había despertado tan contento. A pesar de no haber podido dormir por estar pensando en Serena toda la noche, tenía muchas energías y lo único que quería era llegar a Brightness Magazine para verla otra vez. Quizá quien lo viera no se percataría nada extraordinario en él… a menos que lo conocieran bien. Así fue como Seiya entró al elevador del edificio junto a su hermano Taiki, quien no dejaba de notarle algo extraño. Seiya lucía completamente normal, demasiado normal, con la única diferencia de que tenía una enorme sonrisa en su rostro, de esas sonrisas que son sinceras y especiales, esas sonrisas que solo cosas tan perfectas como el amor podía provocar.
-¿Estas bien, Seiya? Es decir… luces bien, pero no has dicho nada desde que llegaste, solo has estado ahí de pie sonriendo como un maniaco.
-Nunca he estado mejor, hermanito.-dijo antes de salirse del elevador a su piso.
Seiya encontró a su jefa Amy sentada en su escritorio, y pesar de que lucía muy ocupada, Seiya no dudó en darle un beso en la mejilla, lo cual provocó que Amy levantara la vista muy sorprendida y lo mirara de una manera extraña. Seiya se quitó el saco y lo colgó en el perchero para comenzar a trabajar. No dijo nada en toda la mañana, ni siquiera miró a Amy, pero no dejó de cantar y silvar. A Amy le parecía curioso la actitud de Seiya, jamás en todo el tiempo que tenía de conocerlo lo había visto tan… contento desde que conoció a la chica misteriosa de las cartas.
Gracias a la energía que tenía Seiya, terminó casi todo su trabajo antes de tiempo, por lo que se tomó la libertad de ir a desayunar. En el camino se encontró con Rei, aunque por supuesto él no lo notó hasta que ella le hablo.
-Seiya.-dijo Rei sin obtener respuesta.-¡Seiya!
Seiya la miró indiferente.
-Ah, hola Rei, ¿cómo estas hoy?
-Estaría mejor si me explicaras por qué no me has llamado en varios días… sabes lo mucho que odio que…
-Oye, Rei, ¿hablamos después?, iré a desayunar.
Entonces Seiya entró a la cafetería y dejó a Rei ahí parada sin respuestas y con más dudas que antes.
Ya no era ningún secreto la actitud positiva y linda que Seiya estaba teniendo, hablaba con todos, los saludaba, sonreía, comía bien. Yaten no pudo evitar notar que ni siquiera lanzaba miradas de coquetería a las mujeres que pasaban por ahí.
-Ya. ¿Me dirás qué rayos te sucede hoy, Seiya?
-¿Me tiene que suceder algo?
-Bueno, pues la verdad sí, tú no eres así, nunca estas tan feliz como hoy, me asustas.
-Bueno, la verdad es que sí estoy feliz, hermanito.
-Ya. Eso es obvio, no seas tonto, dime por qué.
-Pues porque hoy desperté…
-¡Seiya Kou! ¿Tiene esto que ver con Serena?
-Quizá…
-¡Dios mío! ¿qué le hiciste?
-¡Nada! Ambos nos hicimos.
Yaten abrió los ojos como platos.
-Solo nos besamos, tonto, nada más.
-Pero… si estás feliz quieres decir que ella accedió por su cuenta.
-Así es, estoy feliz porque sé que Serena también me quiere, ¡es que no sabes qué feliz me siento!
-Ya podemos notarlo todos. ¿Cómo rayos lograste que Serena te hiciera caso?
-Nada, Yaten, cuando uno se gusta, se quiere, son cosas que tienen que pasar tarde o temprano.
Seiya terminó de comer y salió de la cafetería después de despedirse de su hermano. Ya no aguantaba más, había esperado toda la mañana para verla, pero ya no podía esperar. Subió las escaleras en vez de tomar el elevador, porque su energía era tanta que no le importaba subir varios pisos corriendo. Como Luna no estaba en su escritorio, decidió entrar a la oficina de Serena sin preguntar. Abrió la puerta y la encontró de pie colgando su saco en el perchero, por lo que caminó lentamente hasta ella observándola de pies a cabeza. Lucía más hermosa que el día anterior, su rostro brillaba y cuando sus miradas se encontraron, Serena sonrió silenciosamente. Lo único que Seiya hizo fue tomarla entre sus brazos y besarla sin necesidad de ninguna palabra. Sus labios se unieron como dos imanes atraídos fuertemente, como si hubiera un campo magnético que los obligaba a unirse, casi a la perfección. Seiya acarició su lacio cabello, aspirando el aroma a rosas que expedía, saboreando sus labios carnosos y dulces, tan dulces que probablemente ni el mejor de los chocolates sabría tan delicioso como sus labios. Serena sentía que si el mundo se acabara en ese momento, no le importaría porque esa sensación jamás la había sentido con ningún hombre. Jamás sintió tanta electricidad viajando dentro de su cuerpo, jamás su cuerpo tembló tanto bajo el beso de un hombre.
Se separaron cuando escucharon el sonido de una taza quebrarse en el suelo. Luna los miraba sorprendidísima y a causa de esto se le cayó la taza con café que traía para Serena. Ambos se asustaron y miraron lo que sucedió pero a pesar de haberse dejado de besar, ninguno de los dos se separó del otro. Entonces Serena comprendió que aquello no era normal y que la pobre de Luna estaría haciéndose muchas preguntas, por lo que decidió separarse de Seiya y arreglarse el cabello.
-¡Seiya Kou! ¡qué le haces a mi niña!
Seiya rió divertidamente y fue Serena quien respondió.
-No me está haciendo nada, Luna, nosotros solo…
-Nos besábamos. Eso hacíamos.
-Por supuesto que lo noté.
-No te asustes, Luna, fue algo que ambos… quisimos.
-Me están diciendo que… ¿son novios?
-Oh, no no no… no sé…-dijo Serena mirando nerviosa a Seiya.-No te preocupes, Luna, todo está bien, yo acepté ese beso.
Luna hizo una mueca.
-De acuerdo, si ustedes están locos…-dijo saliendo de la oficina.-Traeré a alguien que limpie ese desastre.
Seiya y Serena rieron divertidos. Se miraron y fue Seiya esta vez quien la besó en la comisura de los labios.
-Solo quise venir a saludarte y ver cómo estabas.
-Pues creo que… estoy mejor ahora.-sonrió.-La verdad me sorprendiste mucho, no te esperaba.
-Pues quiero que desde ahora me esperes siempre, porque no sé si podré aguantar mucho tiempo sin estar cerca de ti…
-Seiya.-dijo Serena acariciándole el rostro.-Yo creo que ya debes regresar a tu trabajo.
-Esta bien, esta bien, solo si aceptas ir conmigo al cine esta noche.
Serena lo pensó mucho. ¿Ir al cine? Sería muy raro salir con alguien pero… no podía negarse a los ojos de Seiya.
-De acuerdo.-dijo.
Seiya entonces le dio un beso fugaz en los labios y salió de la oficina. Luna entró segundos después con una muchacha de intendencia y mientras se encargaba del desastre miraba a Serena severamente.
-No me mires así, Luna.
-Es que no comprendo, ayer odiabas a Seiya y hoy los encuentro… besándose, eso no es normal.
-Bueno es que… nos encontramos en el parque de diversiones ayer… hablamos y de pronto…
-Sabía perfectamente que tarde o temprano ustedes dos iban a caer así, pero bueno… prefiero verlos dándose besos que peleando cada vez que se encuentran, solo espero que tengas cuidado, recuerda que los hombres…
-Lo sé, Luna, créeme que yo ya tengo bastante miedo como para vivir con el tuyo también.
-Hay, mi niña, es que no es miedo, es solo que… me daría mucho gusto verte feliz, contenta, pero al mismo tiempo me da miedo que salgas lastimada.
-Esperemos que no, Luna, todo saldrá bien, ya verás.
Serena llegó a su apartamento esa tarde muy apurada porque se le había hecho tarde en la oficina. Se dio un baño rápido que no tuvo tiempo de hacerse un buen peinado, por lo que optó por recogerlo en una cólera y asunto terminado. Justo terminó de ponerse algo de polvo cuando escuchó el timbre de su departamento y se vio en el espejo antes de abrir. Su vestido rosa pálido quedaba a la perfección con el color de sus mejillas, no era muy atrevido ni muy elegante, pero era justo lo que necesitaba. Seiya se encontraba en el pasillo recargado en el marco de la puerta cuando ella abrió y lo único que pudo hacer fue mirarla de pies a cabeza. Caminaron hasta el cine que se encontraba cerca del edificio donde Serena vivía, pues la noche estaba fresca y no deseaban encerrarse en el coche. Ninguno de los dos se la había pasado tan bien antes, vieron la película, comieron palomitas, jugaron… ni siquiera prestaron atención a la trama de la cinta por mirarse tanto el uno al otro. Serena solo podía pensar en que no deseaba apartarse de Seiya ni por un solo segundo.
Dos horas después salieron de la sala tomados de la mano, mirándose y riendo de sus ocurrencias. Rei y Setsuna se encontraban en la fila para comprar entradas, Setsuna ya los había visto, pero prefirió no decir nada porque no deseaba incomodar a su amiga. Aunque lo inevitable sucedió. Rei giró su rostro hacia donde provenían las voces y los vio. Casi vomitaba de la rabia de ver a su Seiya tomado de la mano con la mustia de Serena Tsukino. Solo se calló y los observó en silencio tratando de controlar su ira. Hubiera querido lanzarse sobre Serena y destriparla viva, pero lo único que hizo fue cerrar los ojos y respirar hasta que salieron de su vista. Ella no permitiría eso, esos dos no saldrían vivos de su rabia y ya se encargaría ella de poner a la tonta rubia en su lugar.
Ninguno de los dos habló durante el camino de regreso al departamento de Serena. Se conformaron con ese silencio encantador que envolvía a ambos y que los hacía sentirse seguros el uno del otro. Serena abrió la puerta de su departamento y le pidió que pasaran, aunque Seiya prefirió mirarla de una manera tan seria y extraña que Serena se asustó. Él le acarició el cabello con suavidad e hizo una de esas muecas que tanto hacía.
-No crees que sería mejor si fueras mi novia.-dijo Seiya de pronto.
Serena se quedó paralizada por unos momentos. En esos momentos no supo qué decir, no supo realmente qué esperaba Seiya de ella.
-Seiya… eso es un asunto muy delicado, tú y yo apenas nos conocemos, no sabemos nada el uno del otro, esto no es nada seguro… ni siquiera sé si esto durará, o si…
-Es que no deberías pensar así, no deberías de sugestionarte con pensamientos absurdos que nada cambiarán lo que siento. Tienes razón en que no nos conocemos bien, pero yo no necesito conocerte para estar seguro de que siento algo muy fuerte dentro de mí, algo que hace tiempo no sentía… me has hecho olvidar cosas dolorosas de mi pasado, y eso para mí es algo que me dice mucho.
Serena sonrió.
-Me resulta difícil creer que un chico como tú diga cosas tan… sinceras, sin embargo, me da gusto conocer tu verdadera personalidad.
-A mí me resulta difícil creer que no me estés gritando como siempre…
-Dime algo, Seiya… ¿tú crees que todos tengamos dobles oportunidades en esta vida…? ¿Crees que podamos amar más de una vez?
-Yo pienso que solo se puede amar una vez de verdad, que cuando encuentras a alguien es para siempre y el pasado solo fue una ilusión, pienso que solo hay lugar para una sola persona en el corazón.
Serena no dijo nada. Agachó la mirada y se quedó pensando en su amor… pensó en que lo amaba más que a nada en el mundo y que lo único que había deseado por cinco años había sido conocerlo en persona y vivir junto a él el resto de su vida, pero ahora… ahora todo era diferente porque ella nunca pensó que alguien más aparecería en su vida y mucho menos que ese alguien fuera Seiya Kou, la persona más diferente a su enamorado secreto. Sintió las manos de Seiya tomarle el rostro y obligarla a mirarlo.
-¿Te han lastimado mucho, Serena? ¿A qué le temes?
-Seiya… no estoy lista para hablar de ello, lo único que se me ocurre responderte es que podríamos llevar las cosas con calma, ver qué es lo que está escrito para nosotros porque no estoy segura de sí podría soportar una desilusión más…
De pronto Seiya la besó. La besó como la besó la primera vez. Él no quería lastimarla, eso lo tenía claro, pero él también tenía muchas cosas qué pensar… esa mujer que tanto había querido ahora no existía, y él estaba dispuesto a olvidarla. Serena había logrado borrar todas esas cosas que ella había fundado en él, ahora sus pensamientos solo se dirigían a ella y eso se lo demostró en ese beso.
-Ya es tarde.-dijo Seiya separándose de ella.-Tengo algunas cosas que hacer… pero puedes estar segura de que las horas para verte de nuevo se me harán eternas.-sonrió.
Serena tenía que aceptar que los besos de Seiya la dejaban helada. Llegaban hasta lo más profundo de su alma… pero… ¿Cuándo sería lo suficientemente valiente para olvidarse para siempre de su amor secreto? Tomó una hoja de papel y comenzó a escribir. Era más bien una despedida, escribiendo todo lo que sentía, todo lo que le dolía y lo mucho que necesitaba hacer eso. A pesar de todo, lo quería, no podía negar eso, pero era tiempo de despedirse aunque ella sabía perfectamente que no habría respuesta, y mejor así… porque de haber una estaba segura que olvidaría a Seiya y regresaría con él. Descargó todo lo que llevaba dentro y no pudo evitar derramar lágrimas sobre el papel, pero era esencial desahogar todo el rencor y dolor que llevaba dentro. Quizá no estaba muy segura de estar con Seiya, era verdad que tenía mucho miedo y sin embargo, estaba segura de que quería olvidarse de él para poder seguir adelante y encontrar su verdadero amor. Quería darle una oportunidad a Seiya y la única manera de hacer eso era despidiéndose para siempre de su amor secreto. Sus labios aun temblaban por el contacto de los de Seiya, aun anhelaban sentirlos una vez más, porque había encontrado en ellos un refugio hermoso.
