Capítulo VIII
Bella
A veces dudaba de mi inteligencia, que mas podía querer, acostarse conmigo. Era obvio, no era otra cosa. Sé que mi cursado en la academia seria más fácil, pero si por esa mala suerte nos descubrieran, ellos se lavarían las manos y me expulsarían.
Tengo que sacarme a James de encima como sea. Ya con el director me está resultado demasiado.
Aun quedaba tiempo para irme al club. Llame a Mike Y Eric, eran los únicos amigos que tenía en cual podía confiar.
Poniendo en la balanza, que creen que es peor, ser una perra para triunfar en tu profesión, o una perdedora sin ambición drogadicta. Mi madre me dio la vida, desafortunadamente, es lo único que me dio.
La puerta sonó, corrí a atenderlo.
-Ay cariño, le falta un buen decorado – dijo Eric, criticando mi pobre departamento. Mientras que Mike lo miraba de punta a punta.
-Es lo que hay – me queje – Por favor tomen asiento en mi humilde sofá – bromee.
-Cariño nos tienes de los nervio con tu llamada – Agrego Mike.
-Ok. Bien antes que nada… no voy a contarle mi trágica y larga historia para que piensen .. "aH por eso hace lo que hace". Necesito su ayuda y su consejo. Bien por dónde empezar… - vacile.
-Al grano por favor.
-NO me gusta el suspenso – continuo Eric.
-Ustedes saben que para entrar a la academia necesitan cursos previos, bien.. el director omitió esos requisitos a cambio que me acueste con el. En cuanto a James fui a la dirección que me dijo. Obvio que quería sexo a cambio me resultaría más fácil – Mike y Eric me escuchaban atentos. Como a unos niños que le cuentan una historia de acción y suspenso.
-No es justo, tú te quedas con los más lindo – lloriqueo Mike.
-Bella quédate tranquila veremos cómo sacarte de encima al profesor, en cuanto al director en eso no te podemos ayudar – me alentó Eric.
Me sentí de aliviada de poder contarle a alguien mis problemas, un peso menos de encima.
-Gracias por escucharme y no juzgarme – agache la mirada apenada. Ambos se acercaron a darme un abrazo grupal.
Nos quedamos escuchando las anécdotas de Mike, que era demasiado divertido. Me di cuenta que debía comenzar a prepararme para el trabajo.
-Chicos, lo siento pero debo ir a trabajar – debía darme una ducha.
-¿Dónde Trabajas? – ambos se quedaron esperando mi respuesta. Di un suspiro.
-En club de strippers – abrieron los ojos tan grandes que parecían salirse. Asombrados.
-Wow… Eso es genial, ¿podemos ir a verte? – pregunto Mike.
-si si si . Gran idea Mike – alentó Eric.
-Si, pero hoy no chicos, por favor, los llevo conmigo el sábado.
-Mmmmm… ok.
Siguieron insistiendo que los llevara, hasta que pude convencerlos, se fueron.
Entre directo a la ducha, no estaba de humor hoy para ir al club. No podía darme el lujo de faltar, era uno de los mejores trabajos bien pagados. Con mi sueldo más las propinas sostenía el alquiler del departamento y el salón de prácticas de baile.
Me tumbe sobre la cama, aun envuelta en toalla, sin pensar en nada. En el momento que pensaba me dolía la cabeza. Alguien tocaba la puerta. Fui a abrir y me fije que se habían olvidados. Pero no llegue a ver anda sobre el sofá.
-¿Qué se olvidaron? …. – la respiración se me detuvo, el corazón iba salirse por mi pecho.
Tenía su antebrazo apoyado en el marco de la puerta, traiga un bléiser color arena, esos ojos me miraron picaros, y me sonrió.
-¿Puedo pasar? Traje café y algunos bocadillos – solo me aparte para no impedirle el camino, continuo sin dejar de mirarme, riéndose de mi asombro. Respire profundo para poder decir algo.
-¿Qué haces aquí? – los nervios no me dejaban pensar, como pude haber preguntado de esa mala manera. El solo me sonrió.
En esos momentos, me olvide que aun me encontraba en toalla, sin decir que el departamento parecía una pocilga. Oh por dios que desastre. Sentía arder mis mejillas. En confianza entro y se sentó de lo más relajado en el sofá.
Golpeteo su mano en el sofá, llamando para que me sentara. Sin decir me senté a su lado. Tenia ambas manos agarrada en medios de mis piernas, aun el cabello me goteaba.
-Solo deseaba verte – me susurro al odio corriendo el cabello hacia un lado. Hizo que me diera escalofrió en todo el cuerpo. Pude sentir su sonrisa torcida en mi cuello.
-Debo… irme al… trabajo – sus labios cálidos en mi piel, me desconcentraban, el olor de su cabello. La dulzura con la cual me miraba, hacían temblar mi cuerpo, y apenas coordinaba las palabras.
-Sera un placer llevarte – dijo mientras besaba mi hombro. La respiración se me entrecortaba. Mis ojos se cerraban dejándome llevar por sus besos que me hipnotizaban.
-No quiero molestarte – jadee. De repente me di cuenta. ¿Bella que estás haciendo?
-No, no te preocupes – sobresaltada me levante. De su lado.
-Voy a cambiarme. En un minutos estoy lista – el solo se acomodo y se rio.
No no no en qué demonios piensas Bella, no puedes regalarte de esa manera, No lo niego Edward me vuelve loca. Y lo acabo de comprobar. Apenas podía pensar, ni si quiera me di cuenta que estaba prácticamente desnuda.
Me puse lo mejor que tenia, me retoque un poco, aunque rubor no me hacía falta, mis mejillas parecían dos tomates.
-Estoy lista – se levanto se acomodo su ropa y me tendió el vaso de café y los bocadillos.
-Así comes algo en el camino – dijo sonriendo. Oh que hermoso y dulce. No no Bella basta. Tome mi bolso, el café y la pequeña bolsa de papel.
Caminamos en silencio hasta su auto, abrió mi puerta, esperando que me abrochara el cinturón. El camino al club fue eterno, ninguno decía ni una palabra, pero el rostro de Edward estaba tranquilo y relajado. Todo lo contrario de mi, tensa nerviosa, sin saber cómo romper el silencio.
Al llegar, se bajo primero para abrir mi puerta, como todo caballero que es.
-Gracias – dije casi aliviada de haber llegado al club. Pero el sonrió y camino conmigo a mi lado. Entrando al club, sin entender. ¿Qué pretendía quedarse? Como iba a poder concentrarme así.
Edward era demasiado bueno para ser verdad, imagino que solo seré una más en su lista de las mujeres que se derriten y se acuestan con el.
No no Bella no, tú tienes que ser la diferencia. Pero como si apenas me resisto para no besarlo.
Edward se sentó en una mesa que daba justo al frente del escenario. Solo le sonreí y me retire a cambiarme.
Salude a victoria y a los demás. Mi cara se caía de la vergüenza, debido a que hoy era día temático en el club. "Mucamas". Hoy Edward era mi cliente especial, sonaba feo decirlo de esa manera. Pero él no era más que eso un cliente…
Edward
Bella se acerco directo a mi mesa, con ese uniforme sexy que insinuaba todas sus curvas.
-¿Qué desea señor? – me sonrió como una niña traviesa. Despertando toda clase de emoción en mí.
-Un café contigo cuando salgas – le sonreí y ella me la devolvió.
-Lo siento no está en la carta.
-Y un whisky por favor – sonrió y se fue con esa caminata glamorosa. y provocadora.
Pude ver como su amiga me miraba y le murmuraba al odio. Imagino que preguntando sobre mí.
En demonios estoy pensando. No sé que me traía de ella, más allá del cuerpo. Se que puedo tener a la mujer que quiero. Pero yo la quería a ella. Hasta el punto que no me importaba su trabajo. A lo mejor estaba obsesionado con ella. La idea de saber que era la alumna callada y tímida y una perra de noche. Me excitaba.
La deseaba como a ninguna. Me gustaba verla sonrojar y ponerla nerviosa. Sabía que la estaba asechándola sin su consentimiento. Me ubique al frente del escenario para tener la vista perfecta.
Una canción de que hacia volar tu cabeza comenzó a sonar, la luces se bajaron. Salió caminando despacio, con un traje de mucama. Media y zapatos blancos. Agarrada de porta ligas. Una braga de encaje que se perdía en sus muslos. Un corpiño donde sobresalían sus pechos. Su cabello ondulado castaño que apenas cubría su cola.
Comenzó a subir por el caño. Deslizándose suavemente por él. Bailo e hizo varias figuras arriba del caño. Bajo las escaleras y comenzó a acercarse a las mesas vecinas. Me aferre con fuerza a la silla, moría de celos.
Era como si no me conociera, se sentó sobre mí, girando su cabeza con los ojos cerrado. Entre lazo sus dedos en mi cabello, haciendo una leve presión.
-No hace falta que baile para otro – apenas le susurre el oído. Depositando 500 dólares en medio de sus pechos.
Se fue a seguir pecando la cabeza de los hombre en el escenario. Hasta quedar en ropa interior. El show termino y todo el club estaba loco y lujurioso.
Ordene otro dos whisky esperando que bella saliera. Ella se acerco a la barra, y vi como el mismo chico de la otra vez. La tomo de la cintura y la beso en la mejilla. Me levante y me acerque hacia ella.
-Te espero en el auto – le dije al odio. Ella no dijo nada. Solo me miro sorprendida.
Odiaba la espera ¿estará con ese tipo? Estoy seguro que debe pensar que soy un sicópata. O…
-Perdón… debía cobrar – solté un suspiro pensé que no iba a venir. Encendí el auto. Aliviado de que no se fue con él. No tenía derecho de reprochar nada.
-Dime algo ¿Por qué te quedaste? – pregunto sin mirarme, titubeando. Sonado algo preocupada.
-Porque me gusta – aunque odiaba admitirlo ella me ponía nervioso, delante de ella lo disimulaba bastante bien. Después de su pregunta el silencio se interpuso entre nosotros.
Al llegar me baje con ella a acompañarla hasta su puerta.
-¿Sueva o cargado? – dijo sonriendo, invitándome a pasar.
-Cargado.
-Disculpa el desorden – dijo apenada. Mientras se sacaba su abrigo y colgaba su bolso.
-Descuida – me acomode en el sofá.
Primero entro a su cuerpo a cambiarse. Parecía tan normal y sencilla cuando salía de ese club. Se dirigió a la cocina y trajo dos tazas de café bastante grandes.
Estuvimos charlando un buen rato, sobre sus gustos y los míos. Evito preguntar sobre mis padres, y vi que la incomodo por lo tanto no quise saber más. Hasta que ella no me lo permita.
Me sentía demasiado incomodo, deseaba besarla, pero no sabía cómo hacerlo. Sentí como Bella se apoyo en mi pecho. Rodee mi brazo, para que estuviera más cómoda. Su respiración era más tranquila y suave. Bella se había quedado dormida.
Espere que entrara en sueño más profundo para llevarla a la cama. La lleve en mi brazos, la acomode y la tape. Intente besarla, pero arrepentí en el último segundo y no lo hice. Solo la bese en la mejilla. Y partí a casa.
Bella
Me desperté sobresaltada, asustada, sin idea de la hora. Me encontraba en mi cama y el reloj marcaba las 8.30. ¡Maldición llegare tarde!
Ya me había perdido la primera clase, me tome mi tiempo para desayunar y ducharme.
Mientras me duchaba.
Edward… salió de mi boca. Es como si todo fuera un sueño, como nunca paso, sinceramente no se cual eran las intenciones de Edward. Era tan dulce conmigo, pero no me dice nada. Eso me inquieta demasiado. Lo peor es que creo que me estoy enamorando de el.
No estaba en mis planes enamorarme, porque se lo implica. Amar incondicionalmente y sufrir. Es la ley del amor, reír y llorar.
Pero no iba a ser demasiado buena con Edward. Si él quiere esto deberá ganárselo, y derribar a sus competidores.
Se perfectamente que soy una persona demasiado cambiante, un día te amo con locura, al otro te odio hasta matarte. Soy dulce, o muy perversa.
Llegue a la academia y la clase aun no comenzaba.
-Bella Párate al medio. Los últimos pasos ¿Entendiste? – me ordeno James a penas me vio entrar. Solo me ubique y comenzamos hacer la coreografía. Pero sus toques, cuando me levantaba para hacer un truco, eran tocos y furiosos. Me encontré desconcentrada.
-De nuevo lo haremos, parece que su compañera aun no se despertó – dijo para todas la clases refiriéndose a mi.
Eso es lo tú crees mi querido James. Le hice seña al dj "del principió" .
Fui y tome de la mano a Mike. Nos centramos al medio y comencé hacer toda la coreografía improvisada. Fue demasiado divertido ver las bocas abiertas.
-Ya me desperté profesor – le dije suavemente a su espalda.
-Tome Cinco minutos. Bella ven aquí – dijo furioso. Me llevo hasta cerca de la puerta del salón. Para que nadie nos pudiera oír.
-Como te atreves a desafiarme… - lo interrumpí.
-No te olvides que soy una alumna, y no tu muñeca de baile para que me maltrates – lo mire a los ojos, y el quedo sorprendió al oír mi tono desafiante.
Pero quien se cree que es, para tratarme de esa manera, el ni nadie me humillaría de nuevo. Salí furiosa del salón, casi sin mirar. Sentía que los ojos se me llenaron de lágrimas de la furia.
Me quede sentada en uno de los tantos pasillos, donde no había nadie. Arrodillada con mi cara escondida entre mis brazos.
-¿Qué haces aquí? – me susurro esa voz que hacía temblar mi cuerpo.
Alce la mirada y me mira con esa mirada confusa. Rodee mis brazos por su cuello, y lo bese. Con esa frustración que llevaba dentro el beso fue medio violento. Ambos caímos al piso besándonos. Sin soltarnos, me tomo de la cintura, y me aferre con uñas a su cabello.
Me levanto con una mano, mientas que con la otra abrió una de las puertas del lugar. Me estrello contra la pared, no deje de besarlo ni un momento. El beso comenzó hacerse mas desesperado, despertando todos mis deseos carnales.
Se apodero de mi cuello, no pude evitar soltar un gemido. Me levanto ambas piernas que rodee a su torso. Y continuamos jugando con nuestras lenguas.
No debíamos hacerlo en este lugar, pero Edward estaba haciendo perder mi cabeza. Solo me deje llevar. Nunca creí que sería de esta manera y de la nada.
Se deshizo de mi musculosa, aun sin soltarnos los labios, desabotone sus pantalón, el bajo mi calza junto con mis bragas. Bruscamente me volteo apoyando mi pecho contra la pared. Me tomo del cuello, para que lo siguiera besando y sin darme cuenta me penetro sin medir su fuerza. Me dolió profundamente. Pero Edward comenzó acelerar cada estocada haciéndome pasar todo el dolor por placer.
Masajeo mis pechos con fuerza, penetrándome hasta el fondo, en el momento que mis gemidos fueron fuertes, me topo la boca con fuerza, y me dio mas fuerte.
Solo escuchaba el sonido de nuestra piel golpeando y los jadeos salvajes de Edward en mi espalda. Era un placer extremo, no deseaba que pare, pero mi cuerpo si.
Me giro y me levanto, haciendo que lo sintiera más adentro. Apenas podía mirarlo, mis ojos se cerraban de placer.
-Edward… por favor… me voy correr – gemí casi con la voz entrecortada.
-Mójate toda en mi, mi amor – mi cuerpo obedeció a sus palabra, excitándome aun mas. Pude sentir como se endurecía dentro mío.
Sentí como Edward se corrió dentro mío, acabamos casi juntos. Fue muy intenso. Sin bajarme de el. Me beso.
-Me encanto – susurro en mi oído.
-Edward…. – me bajo. Se prendió el pantalón.
-Debo irme. Te veré luego… - la puerta se cerro. Sin darme tiempo que le dijera ni una palabra.
Quede sin poder moverme. Esto… es lo que el deseaba…
(MUY buenas a todas mis hermosas lectoras y amigas escritoras que me siguieron. Lamento de corazón haber dejado abandonadas mis historias, pero es una larga historia. Aquí le dejo un capi que la verdad no se como me habrá quedado =P , espero haya quedado bien y no haya perdido el don de la escritura, jeje. Las quiero muchos y gracias por seguirme.)
