Capitulo IX
Bella
Como explicarlo, me sentía una estúpida, una prostituta, algo desechable, si ni quiera un beso de despedida. Me sentía tan frustrada de haberme dejado llevar por mis impulsos. Sabía que tenia que esperar, pero no me pude controlar.
Me fui directo a la ducha, no podía creer lo estúpida que había sido. Las lagrimas comenzaron a mezclarse con el agua caliente de mis mejillas. Lo peor es que no me arrepentía de haberlo hecho. Que demonios se creyó, que por ser una bailarina, era una maldita ramera. Salí furiosa, y me dirigí a la última clase. Edward no volveria usarme de esa manera. Si tenia una defecto, era la dulce espera de la venganza. No era una muñeca descartable.
-Perdón la demora – me disculpe con jame.
-Bien continuemos. – dijo molesto.
Me tomo de la mano, para hacer las muestras de los trucos. Levanto mi pierna izquierda, colocándola en su hombro, su mirada era aún más fría. Voltee la mirada y alcance a verlo, observando la clase.
Eso me lleno de furia y una mezcla de emociones, la música comenzó a sonar. Tome con delicadeza el cuello de james, mirándolo fijo y dulcemente. Se desconcentro, pero sus manos fueron más dulce, hicimos el truco a la perfección, me trajo contra su cuerpo sin ser tan brusco, yo solo le sonreí. Me di cuenta que el ya no estaba.
Al finalizar la clase, nos dirigimos a la cafetería con los chicos. Necesitaba dejar de pensar un momento en el. Iba a mentalizarme en olvidarlo.
-Bella, ¿Dónde estás? Te estamos hablando y no nos prestan atención – se quejó Mike por mi desinterés.
-Lo siento, no tuve un buen dia – no estaba lista para contarle, ya era demasiado fácil por lo del profesor.
Lo vi pasar por delante de mi con sus amigos, y ni si quiera me miro. Solo baje la mirada, tome mi botella de agua y me fui.
-¿Bella donde vas? – los chicos no entendieron.
Me fui directo a tomar el autobús. Me puse los auriculares con música alta para no pensar. Concentre toda mi mente para tenerla en blanco.
-¡Bella! – hizo que sobresaltara de un susto. Era el con su sonrisa tan linda y tan alegre – pase por la academia y tus amigos me dijeron que ya te habías marchado, por suerte te encontré.
En estos momentos hacia que Jacob pareciera más dulce de los que es. Solo le di un fuerte abrazo, el me tomo de la cabeza y me dio uno cálido que calmo mis emociones. No dijo nada, solo tome el casco me lo puse y subí en la motocicleta.
-¿Dónde vamos? – pregunte siempre con su lindo humor.
-Donde tu quieras – Jacob era la persona que necesitaba en estos momentos.
Fui a una heladería que tenía una vista preciosa de lo más tranquilizadora.
-Voy a ver si tengo suerte con tus gusto, en una de esas le doy al blanco – solo le sonreí. ¿Por qué el no era así? Parecía tan dulce las primeras veces.
Trajo una copa gigante de helado, de fresa, chocolate, frutilla, mucha crema. Mi favorito.
-Definitivamente hoy es tu día de suerte – le sonreí llevando una enorme y deliciosa cucharada de helado.
-Espero que dure todo el día entonces – jugueteamos toda la tarde, terminamos manchado de helado ambos.
Caminamos por el parque haciendo bromas, parecíamos una pareja de adolescentes. Me llevo a casa. Pero no quería que me dejara.
-Entra, así te sacas todo ese helado jaja – me rei, el solo me la devolvió y entro.
-Las damas primeros – entre a baño.
Me quede un buen rato, el agua caliente esta tan deliciosa. Que no quería salir de ella. Me envolví y Salí. Me tendí en la cama. Le di una toalla a Jacob. Para que se diera una ducha.
Por suerte tenía mi día de descanso. No debía trabajar esta noche. Necesitaba despejarme. Descansar. Y lo mas importante no pensar. Aunque Jacob, hacia que olvidara absolutamente todas mis preocupaciones.
Entro un viento helado, la ventana estaba abierta, me tape con las brazadas, y sin darme cuenta el sueño comenzó a vencerme.
Aun somnolienta, sentí a Jacob a mi lado, le tome la mano y no se la solté.
-Quédate – dije entre dormida.
Jacob se quedó a mi lado tomado de la mano, abrazando con sus enormes brazos toda la noche.
Edward
Bella me había hecho sentir sensaciones que nunca senti, deseaba seguir y seguir sin parar, que mi cuerpo se mezclara con el de ella. Era desesperante la manera en la deseaba aun mas. Pensé que estando con ella, se me pasaría esta ansiedad, y mi capricho desaparecería. Pero aun no podía dejar de pensar en ella.
Me senti un imbécil, luego de dejarla e ignorarla. Pero como igonrar lo que me acaba de hacer sentir. Su cuerpo era como probar algo tan delicioso que jamás probé. Supuse que lo que hice era lo que ambos queríamos. Tener sexo y listo.
Pero cuanto la mire, su rostro estaba tan desorientado, sus ojos me mirando como esos cachorros que estas a punto de abandonar.
Maldita sea pensé que ambos queríamos lo mismo. No estaba tranquila. Pase todo el día pensando en bella.
En cuanto cayo la noche, tome las llaves de auto y me fui a buscarla en club. Necesitaba pedirle disculpa, darle una explicación porque me había comportado como un imbécil. No quería estar sin ella.
Al llegar al club, vi a su amiga afuera.
-Buenas noches señorita ¿Bella?
-Hoy era su día de descanso, debe estar en casa.
-Muchas Gracias.
Necesitaba hablar con ella, no soportaba estar asi, deseo que me perdone. Fui directo a su casa.
Subi corriendo las escaleras, ansioso de encontrarla aun despierta, y pasar esa hermosa noche charlando y durmiendo a su lado. Toque el timbre desesperado.
Al abrir la puerta… no era ella…
-¿si?
Me di la vuelta y me marche a casa, furioso y decepcionado. Eso era lo que quería. Sexo.
