Capitulo XI
Edward
Me sentía un completo imbécil, un estúpido por haber creído esa cara de niña buena, como podría serlo, si el trabajo lo decía todo. Mi padre tenia razón todas las mujeres son iguales, solo le gusto acostarse conmigo, si eso era todo lo que desea, fui un iluso por no darme cuenta. No tardo en acostarse con otro. Y con cuantos quien sabes mas. Conduje hasta la academia.
-Rosalie, te espero en mi habitación, no te demores – colgué el teléfono, lo único que necesitaba sacar este estrés.
Debía sacármela de la mente a toda costa. El sujeto, ese si mi memoria no me traiciona, lo vi un par de vez en club. Mirándola como se regalaba a todos esos hombres, aun así creí en su malditas mentiras, que ingenuo que fui en creer que una mujer asi era decente. Pensé por un momento que ella era la excepción de la regla, la que solo lo hacia por necesidad, y una vez que tuviera la oportunidad dejaría ese lugar, pero veo que no solo trabaja de eso. Mi opinión sobre ella estaba bajo la influencia del machismo heredado e inculcado por mi padre. Pero veo que el no se equivocaba del todo en su criterio de esas clases de mujeres.
Me sente en el borde de la cama, y me tumbe mirando el cielo razo de color marfil. Esa sonrisa tan pura, esa piel blanca como la nieve.
Entro de repente se subió encima de mi regazo, me tomo del cabello, y comenzó a besarme mientras me desprendía los botones de la camina con desesperación. Poco a poco acaricio todo mi torso, introduciendo su mano dentro de mi pantalón, produciendo que mi hombría despertara. Mi mente recordaba sus besos. Su lengua tan caliente y húmeda. Abrí los ojos y vi que la realidad era otra, no dejaría que una mujer como ella me quite el sueño. La tome de la cintura con fuerza, la voltee y quede encima de ella. Subí su falda y le quite las bragas. La penetre sin pensarlo, mis movimientos eran grotesco, pero solo pensé en mi placer, ella gemía como si de verdad lo disfrutaba, pues yo si lo hacia. La penetre hasta donde mi miembro golpeaba sus paredes. Acelere el proceso y me eyacule dentro de ella.
Ella me beso, quería mas lo se, pero no le correspondí a su beso, solo me acosté y cerré los ojos del cansancio. Sin importar lo que hiciera, tenía claro cuáles eran las reglas. ¿Culpa? No lo creo.
Apenas pude dormir, era aun las seis de la mañana, la luz del amanecer acariciaba su hermosa espalda, su amor estúpido era irracional, la manera en que hacia cada cosa que le pedía, aun dejando en claro lo que ella significa para. Su elección.
Me vestí en silencio, no deseaba hablar con ella, hice el menor ruido posible, y la deje en mi habitación. Me dirigí a la cocina de la academia, dentro de unas horas ya tendría que dar clases. Me concentre en preparar los ensayos para hoy. Me distraje tocando el piano, hasta que la hora me llevo la delantera, e hizo que los minutos fueran segundos. Esos que en ningún momento sus recuerdos habitaron en mi mente.
Me quede en la entrada de la academia, para no cruzarme con Rosalie, ella siempre salía por la puerta de atrás, y seguro andaba buscándome.
De pronto…
La vi con el, me termino de confirmar que pasaron la noche teniendo sexo, usando el cuerpo que fue mio por unos instantes, pero de que servía, el había borrado mis marcas. Que ahora eran de el. Verla sonreír mientras el la besaba en la mejilla, me lleno de celos, e ira.
Paso por mi lado, sin ni siquiera subir su mirada, el viento trajo su perfume hacia mi. Me daba tanta rabia. Como me mintió, lo peor es que cai como un adolescente.
Intente concentrarme en mis actividades y en mi rutina.
Necesitaba hablar con mi padre, tal vez no era el indicado, un experto en el tema, ya que su frialdad no le permitía. Aun así me ayudaba a sentirme mejor.
-¿Papa tiene un… -
