Capitulo XIII
Edward
De mi padre podía comprenderlo, pero esa tanto el maldito karma, que la chica que me estaba volviendo loco se encame con el. Mi padre tuvo la costumbre de abusar de la situación de las jóvenes de la academia, pero Bella, pretendía sacar provecho de ambos. Esa imagen daba vuelta en mi cabeza, es dueña de acostarse con quien se le venga en ganas, tanta es mi maldita suerte.
Esa noche descargue mi frustración con Rosalie.
Luego de desayunar, no pude aguantarme las ganas y fui hasta su salón. Estaba allí subida en lo alto del caño metálico, deslumbrando con su figura, como si nada le hubiera pasado, sin preocupación, o inquietud, mas en claro me dejaba que simplemente jugo al profesor y la alumna, aun asi no soportaba como James la miraba, o la sujetaba de su cintura. Seguramente con el también se acostó.
Ella me dirigio con odio su mirada, al igual que la mía.
El dia me pareció eterno, sin poder sacármela de mi cabeza. Hacer con mi padre como si nada pasara. El no me hizo preguntas referente a ella. Dijo que dejaría transcurrir sus años con regularidad, si volver hablar con , por respeto a su hijo. Si claro luego que se revolcó con el. El hombre puede llegar hacer tan iluso a veces. Este ya no seria el caso.
Mi mente era masoquista, recibi una llamada de un amigo, el cual me sirvió de excusa para ir a donde no debía. Tome un par de trago de coraje envuelto wisky, el cual ocultaran mi orgullo de hombre por unos instantes.
Al llegar, al club, me sente al final del escenario, permaneciendo discreto, sin que pudiera verme.
-Edward, vamos adelantes, las bailarinas no vendrán hacia aquí.
-Ve tu, no estoy de animo solo quiero beber – el se alejo a una mesa frente al escenario.
Continúe bebiendo.
Salio con un vestido transparente de seda, blanco, el cual la hacia parecer a un angel. Comenzó a deslizarse suave y delicadamente, con una melodía de piano de fondo. Una danza de los mas adorable. Sus movimientos eran dulces, su mirada tierna. Hizo figuras envueltas en telas, de colores rosas. Parecia una obra del cual el erotismo jugaba de aliado. La otra mujer aparecio entre medio de ellas, haciéndola balancear, como un columpio.
Poco a poco ella se deshacía del delicado vestido, dejándola solo en ropa interior blanca. Su piel blanca resaltaba entres las telas rosadas. Ambas subían juntan, acariciándose entre ellas, hasta finalizar con un calido beso, llevando al limite las caricias, suaves, como el satén. Algo dulce pero orgásmico de ver.
Ella ni si quiera levanto la mirada para ver al publico. Mire a mi alrededor pero ese sujeto no estaba. Deseaba hablarle, preguntarle, tocarla.
Espere que mi amigo dejara de charlar con cada mujer que pasaba. Había bebido demasiado. Y la lluvia acariciaba brutalmente las calles, fui a buscar mi coche.
La vi parada al borde de la calle, empapada por la lluvia, me acerque a ella, tenia la piel erizada del frio. Me miro con los vidriosos.
-Que haces aquí – Pregunto.
-Dime por que Bella, te acostaste con mi padre – Arrojo sus bolso con fuerza, de pronto una bofetada resonó en mi mejilla.
-Eres un tonto, tu no sabes nada, y que demonios te importa a ti lo que haga.
La tome de la cintura, y la bese, me forsejeo un poco, pero al final sedio. Su beso fue desesperado. La levante y la lleve al costado del club, el cual no nos protegíamos de la lluvia. No se separo ni por un instante, su lengua no solto la mia. Bese su cuello, hasta llevar a sus pechos, subiéndole el sostén brutalmente, para llegar a sus pezones duros por el frio y la exitacion. No contralaba mi fuerza, pero no oia quejas de ella.
Desabroche mi pantalón dejando afuera solo mi miembro, corri su braga y lo introduje sin pensarlo. Ella solto un gemido el cual hizo correr mas calentura.
Me agarro del cabello con fuerza, y comenzó a gemirme en mi oído.
-Edward… No pares… pór favor …
Estaba tan mojada por dentro, humedas sus paredes contraían a miembro haciéndolo endurecer aun mas . Ella se sujetaba con fuerza a mi cuello.
Mientras yo mordía sus pezones. Lo hacia con tanta fuerza, que ella gritaba de placer, la lluvia tapaba sus gritos.
-Edward, Edward, Sigue , sigue, acabo ,acabo - sus gemidos hizo que acabara dentro de ella sin pensarlo.
Verla, sentirme dentro de ella, tocarla, sus labios, no podía resistirme, aunque fuera como fuera, en estos momentos mi orgullosa se excusaba con placer y deseo de tenerla en mis brazos.
Me abrazo, con fuerza y beso mi mejilla.
La lleve en mi coche hasta su apartamento. Ninguno dijo nada, el efecto del alcohol se desvaneció, comenzando a traer fantasma en mi cabeza. Resurgiendo el resentimiento con ella.
-Vas a dejar que te explique – dijo sin mirarme.
-No hay nada que explicar, no tienes como – sus ojos se taparon por lagrimas que no dejaba caer.
-Eres un imbécil, por que demonios. No la tonta soy yo, por querer estar con alguien que solo quiere sexo. Por que te enojas.
-Tu eres la que solo deseo satisfacer sus necesidades – me miro con tristeza y odio. Tomo su bolso y azoto la puerta del auto.
-Te odio Edward, no quiero verte mas – dijo en llantos.
Lo único que hacia sus reacciones confundirme aun mas.
