Disclaimer: todos los personajes asi como también las frases de los libros de la Saga Twilight son propiedad intelectual de Stephenie Meyer, yo solo juego con ellos y armo esta historia producto de mis locuras. El título del fic pertenece al estribillo de This never happened before de Paul McCartney.


Capítulo 2

La escena que se desplegaba ante mis ojos era absolutamente increíble, casi sacada de una película muda, pero yo seguía sin entender donde estaba. No podía ser un sueño, ¿o sí?, yo recuerdo haberme despertado pero eso también podría haber sido parte del sueño ¿o no?; me estaba empezando a desesperar y la gente me estaba entrando a mirar raro. A ver Bella razona, se supone que estas en algún punto del tiempo, en la época colonial, vestida con jeans, ¡por supuesto que te van a mirar raro!

Estaba yo desesperándome con mi monólogo mental cuando vi a lo lejos, en la otra cuadra probablemente, una pequeña capilla. Según lo que yo sabía, se suponía que las iglesias ayudaban a los desamparados, podría probar suerte ahí, supongo que eso es mejor que quedarme acá parada donde todo el mundo me mira como loca ¿no? Bueno, definitivamente debo estar loca si estoy hablando sola.

Camine hacía la capilla, pero cuando llegué me di cuenta de que tal vez no había sido una muy buena idea. Había muchas mujeres de vestidos largos seguidas de sus criadas y algún que otro hombre con traje, pero todos seguían mirándome raro y yo me estaba empezando a desesperar. Sentí como se me empezaban a caer las lágrimas, ¿cómo pudo pasar esto? ¿qué se suponía que iba a hacer yo sola y sin conocer a nadie en una época que parecía1900?

Me di vuelta, dispuesta a marcharme para encontrar un lugar solitario donde pudiera desesperarme tranquila cuando me choque con un hombre petiso y caí al suelo. Era calvo, tendría aproximadamente 30 años y vestía con toga.

-¿Necesita usted ayuda? – preguntó mirándome compasivamente.

Trate de responder pero solo conseguí que se me llenaran los ojos de lagrimas, por lo que me limité a asentir. Sonriendo afectuosamente me ayudo a levantar y me condujo a lo que supuse que era la parte de atrás de la iglesia. Me señalo una silla y me senté, me miro expectante seguramente esperando escuchar una explicación de que hacía yo allí sola, desesperada y vestida de hombre. No tenía idea de lo que le iba a decir.

-Me llamo Isabella Swan, Bella...- le dije con voz ahogada dado qué el nudo en mi garganta seguía sin aflojarse.

-Un placer Sta. Swan, soy el padre Frank, puedo preguntarle que hace usted por aquí sola- su voz era amable, pero tenía un dejo curioso.

-Eh... si... yo, vera pues perdí a mis padres en un incendio y, eh yo estoy tratando de buscar una nueva forma de vivir- dije titubeando a la vez que maldecía una y mil veces mi incapacidad para mentir, espero que me lo crea.

-Oh cuánto lo lamento Sta., ¿no tiene usted familia o alguien que pueda hacerse cargo suyo?-

-No, no hay nadie, solo yo y he estado viajando, no sé bien donde estoy ni que día es hoy- le dije con voz temblorosa.

-Señorita hoy es 17 de febrero de 1819, nos encontramos en Chicago-

¡Febrero de 1819! ¡Chicago! ¿Cómo vine yo a parar acá? ¿Qué voy a hacer? Esto debe ser un mal sueño, quiero despertar, necesito despertar...

-Señorita, Señorita ¿me está oyendo?- me miraba preocupado- le repito lo que le dije, nosotros podemos ayudarla a conseguir trabajo en una casa, ¿sabe realizar tareas domesticas?

-Eh sí, yo sí, eso sería de mucha ayuda, eh…gracias- gran respuesta Bella va a pensar que eres tarada.

-Si no le molesta señorita, ¿Por qué esta usted vestida de este modo?-

-Yo, es que es eh… es más fácil vi-viajar vestida de hombre- dije tartamudeando, a la vez que pensaba que desafortunadamente no existían los jeans en esta época y rogaba para que no se diera cuenta.

-Por supuesto Señorita, quédese aquí veré que puedo hacer y le traeré algo de ropa- sin perder su compasiva mirada se retiró, dejándome sola.

Hoy hacía dos días que había estado viviendo en 1918 y me dirigía a mi nuevo trabajo. Parece que realmente, y sin saber cómo, conseguí viajar en el tiempo, siendo ahora lo único que me queda por hacer adaptarme a este tiempo y tratar de encontrar un modo de volver a casa. Me dirigía a la residencia de los Masen, a unas 6 cuadras de la iglesia, donde iba a trabajar haciendo la limpieza; no es que fuera el trabajo ideal pero no había muchas otras cosas que una mujer pudiera hacer honradamente en este tiempo. Me iba a alojar en su casa y solo llevaba una pequeña valija destartalada con 2 sencillos vestidos que me habían dado en la iglesia, más el que tenía puesto que era color gris claro; esa era toda mi ropa, al menos hasta que cobrara y pudiera comprarme algo.

Lo primero que pensé cuando vi el lugar es que no era una casa sino una mansión, ocupaba casi la mitad de la cuadra, era alta, con un inconfundible estilo inglés, toda pintada de blanco con detalles en la gama de los azules, grandes ventanales y un jardín lleno de rosales, parecía sacada de un sueño. Golpee la puerta y salió una mujer de unos cuarenta años de pelo recogido en un rodete y rostro severo.

-¿Es usted la señorita Swan?- pregunto evaluándome.

-Sí, soy yo, mucho gusto- se me quedo mirando extrañamente unos minutos hasta que me invito a pasar

-Llamaré a la Señora- dijo, y con esto se retiro dejándome sola en una sofisticada sala de estar, llena de lujosos sillones que formaban un óvalo alrededor de una amplia alfombra, todo decorado en tonos rojizos y dorados. Una puerta se abrió y de ella salió una alta mujer de rostro amable y penetrantes ojos verdes, tenía el cabello cobrizo elegantemente recogido y un vestido verde que combinaba con sus ojos.

-Mucho gusto señorita Swan, soy la Señora Masen, Elizabeth Masen- me sonrió cálidamente y yo le sonreí casi al instante, inspiraba un aire profundamente maternal. Manteniendo mi sonrisa y vistiéndome de actriz, comencé a contar mi historia.

Resulto ser que tanto la Sra. Masen, como el ama de llaves, Grace, fueron personas muy amables. Grace me hizo un tour por la casa mostrándome todas las habitaciones, la biblioteca, el cuarto de costura, el estudio, la despensa, el comedor, mi habitación en la planta baja, más habitaciones y recovecos y lugares y yo estaba empezando a pensar que necesitaría un mapa. Deje mi valija en mi cuarto, me recogí el pelo y me dispuse a trabajar.

Llevaba aproximadamente una hora limpiando el comedor, cuando escuche voces provenientes de la sala. La Sra. Masen me llamo y me presento al Sr Masen, un hombre alto ojos grises y cordial sonrisa; bueno me dije a mi misma, tal vez eso no vaya a ser tan terrible como lo pensé, mis jefes no parecen ser ninguna clase de ogros.

Estaba por volverme para seguir con mi tarea cuando levante la mirada y lo vi. Era alto, pálido, con un revoltoso cabello color cobrizo, brillantes ojos verde esmeralda, nariz recta y una fuerte mandíbula, que quedaba suavizada por una cálida sonrisa que se asomaba en sus labios, era absolutamente perfecto. Escuchaba a la Sra. Masen hablar pero no podía entender lo que decía, todo mi ser estaba concentrado en esa especie de dios griego que se dirigía hacia donde yo estaba.

-Hijo, ella es la señorita Isabella, nos ayudara en la casa- escuche que decía una voz lejana. Su sonrisa solo se acentuó un poco más y tomando mi mano, deposito un suave beso en su dorso.

-Encantado de conocerla Isabella, permítame presentarme, soy Edward Masen-


Chan chan chan chan ¿y? que les parece...

Lindo, feo, espantoso, horrible, brillante, mas o menos, lo que sea que opinen o que les parezca cuéntenmelo en un review. Espero no haberme abusado con las descripciones...

PD: Quería agradecer a quienes leyeron esta historia y me dejaron un review o me agregaron a su story alert, realmente q alguien se haya tomado la molestia de leer esto y que le haya gustado aunque sea un poquito es algo que me hace muy feliz.

Nos leemos. Besos