Disclaimer: todos los personajes así como también las frases de los libros de la Saga Twilight son propiedad intelectual de Stephenie Meyer, yo solo juego con ellos y armo esta historia producto de mis locuras. El título del fic pertenece al estribillo de This never happened before de Paul McCartney.


Capítulo 4

Estábamos tan cerca, su intensa mirada me hipnotizaba por completo, era como estar flotando. Parecía un sueño, pero como todo sueño, se corto cuando oímos una tensa voz a nuestras espaldas.

-Perdón, ¿pero qué se supone que es esto?

Nos separamos al instante. Frente a nosotros se encontraba, con los brazos en jarras y una mirada severa, Elizabeth Masen.

-Eh... Señora Masen, esto…. yo…- dije tartamudeando y tratando de hilar dos palabras, pero rápidamente fui interrumpida por Edward.

-Madre en realidad Bella solo estaba agradeciéndome- dijo esto con una voz que pretendía ser segura, pero también estaba asustado.

-¿Agradeciendo qué?- dijo a la vez que nos observaba de forma penetrante.

-Eh… un libro, uno que yo le regale, porque era solo eso madre, yo le regale un libro- dijo Edward tartamudeando mientras yo sentía como el nudo en mi garganta crecía.

Elizabeth nos miro fijamente pero parecía haberse quedado sin palabras, hizo varios intentos de hablar pero no consiguió decir nada. La tensión del ambiente parecía haber disminuido un poco dando paso a la incertidumbre. Nadie sabía que decir o hacer, el silencio era agobiante, pero fue roto por unos suaves pasos que se oían en la entrada. La puerta se abrió dando paso a un sonriente Edward padre. El semblante de Elizabeth automáticamente se suavizó a la vez que Edward y yo respiramos aliviados. Tome mi libro y me escape tan pronto como fue posible.

En los días que siguieron al incidente trate de evitarla a toda costa, realmente no quería escuchar lo que tenía para decirme, era mi jefa y el mío fue un comportamiento completamente inapropiado para la época, podría haberme echado a la calle si así lo quisiera. Por otro lado, en mi continua huída, encontré muchas oportunidades para hablar con Edward y su padre. En una ocasión estaban en la biblioteca y yo había entrado a limpiar, para mi gran vergüenza Edward menciono que me gustaba leer y los tres nos sumimos en una interesante charla sobre el tema.

Honestamente no entendía que era lo que me pasaba, cualquier conversación con Edward, por pequeña que fuera, incluso un simple buen día, plantaba una sonrisa estúpida en mi cara. Ni hablar de cuando lo observaba, era absolutamente perfecto y todo lo que había en el, también lo era. Adoraba verlo cuando se iba por las mañanas a la empresa con su padre, cuando volvía y tenía cara de cansado e incluso cuando se despertaba por las noches bien tarde y bajaba a comer algo, muchas veces me lo encontraba con cara de dormido en la cocina, ya que parecía que ambos teníamos problemas para dormir.

Era increíble decirlo pero me había enamorado de el por completo, sin pensarlo, sin planearlo, sin siquiera desearlo, a pesar de saber que era la mayor estupidez que podría haber hecho, no solo porque no sabía si él me correspondía, sino porque sabía que en algún momento, tarde o temprano, y sin saber cómo, irremediablemente volvería a casa. Esta era una situación tonta, ridícula y absolutamente irresponsable, pero no por eso menos perfecta.

Era una cálida mañana en la que estaba acomodando la sala de costura cuando Elizabeth entró por la puerta y la cerró. Camino hasta uno de los sillones y se sentó, invitándome con la mirada a que lo hiciera. Ella tenía una expresión tranquila pero no sabía que pensar, nos había encontrado en una situación bastante comprometedora y tenía todo el derecho del mundo de estar enojada.

-Tenía muchas ganas de hablar contigo Bella- dijo con una tenue sonrisa-creo que debes tener muchas dudas sobre lo que pienso pero creo que primero deberías dejarme aclararte unas cosas, si te parece.

-Si claro- dije no muy segura.

-Mi hijo ya no habla de la guerra- dijo de golpe, me miro viendo que no entendía a que se refería y prosiguió- ya no lo hace más, antes el sueño de su vida era ir a la guerra, combatir y ayudar otros. Iba a enlistarse el próximo verano, eso era al menos lo que decía hasta hace unos meses. Cuando llegaste a esta casa dejo de hablar sobre querer ir a la guerra.- me sonrió con dulzura, yo me limite a esbozar un intento de sonrisa, estaba en shock.

-Hay cosas que son demasiado evidentes, he visto como mi hijo te mira y veo como lo miras a él, es la misma forma en la que yo miraba a su padre cuando era adolescente-dijo con ojos brillantes. Mi cara enrojeció y mis ojos se agrandaron, que se suponía que le iba a contestar.

-Elizabeth, yo… este, en realidad…-

-Deberías escuchar todo lo que tengo para decir antes de opinar- dijo interrumpiéndome- no soy tonta Bella yo se que se están enamorando, incluso lo sabia creo que antes que ustedes, para ser exactas desde el momento en que se conocieron. Tenía la esperanza de que se les pasara, espero que no me malinterpretes pero no era lo que yo mas deseaba ver a mi hijo con una sirvienta, pero el hecho aquí es que, no eres solamente una sirvienta- mis ojos se abrieron de la impresión, ¿qué es lo que ella sabia?

-No eres como las demás- prosiguió- hablas y pensas de una forma distinta, no tenes que confirmarlo o negarlo, pero yo creo que estas escapando de tu pasado, ocurrió algo que te hizo dejar tu casa y te obligo a trabajar. No espero que me lo cuentes te lo repito Bella, pero no creo que toda tu vida hayas sido lo que hoy eres.

-Elizabeth yo..., en realidad tienes razón no siempre fui esto, antes era distinto- fue todo lo que pude decir sin comprometerme, pero que mas podía hacer ella ya se había dado cuenta de todo.

-He visto como Edward te mira, jamás miro se esa manera a ninguna de las muchas chicas que se le presentaron; cuando te mira sus ojos brillan- prosiguió con una radiante sonrisa.

-Elizabeth creo yo que estas apresurando un poco las cosas, Edward y yo somos amigos, solo eso-

-Bueno, pero ya sabes mi opinión en caso de que en un futuro no sean solo amigos- dijo con una misteriosa sonrisa, y prosiguió- No somos mucho de seguir las normas sociales en esta casa, ni mi marido ni yo. En realidad fue él quien quería que hablara contigo. Cuando los encontré juntos no sabía que pensar, en realidad soy muy impulsiva y tiendo a reaccionar mal ante las sorpresas. Pero después de hablarlo y de ver lo feliz que es mi hijo contigo, aun cuando sean solo amigos, me hizo ver las cosas en otra perspectiva.- la mire boquiabierta, de todas las cosas que podía esperar haber escuchado, esta era la que nunca me hubiera imaginado, prácticamente me estaba dando su bendición.

-Yo realmente no sé qué decir-

-No tienes que decir nada. Pero me gustaría aclararte que hay una recepción este fin de semana y me consta que Edward piensa invitarte. Me gustaría mucho que estuvieras ahí, creo que pasaríamos un buen rato-

-¿Llevarían a una sirvienta a la fiesta?- pregunte incrédula.

-Oh Isabella tú no eres una sirvienta. Simplemente eres la hija de un amigo de mi marido que quedo huérfana y vive en nuestra casa, si colaboras en la limpieza es por el simple hecho de que no quieres ser una carga y te gusta ayudar- dijo con una pícara sonrisa mientras caminaba hacia la puerta- te dejo seguir con lo que estabas haciendo.

Tres días después de mí conversación con Elizabeth me encontraba en un precioso auto antiguo, moderno para esa época, en el asiento del copiloto, junto con Edward. Realmente no entendía como todo se había dado vuelta, la misma tarde en que tuve la charla, él vino y me pidió que lo acompañara, automáticamente acepte. Toda la situación era tan mágica y a la vez tan descabellada que creo que si hicieran una película con ella nadie la miraría por ser demasiado obvia; no solo estaba el hecho de que había viajado en el tiempo, sino que además había conseguido un trabajo y mi jefe me había invitado a un baile con la aprobación de sus padres, esto era increíble.

-¿Dónde estás?- pregunto Edward interrumpiendo mi monologo mental.

-¿Qué?-

-¿Dónde estás? Pareciera que tenés la cabeza volando en una nube- me limite a sonrojarme y sonreír. El también se sonrojo un poco y añadió- estás muy hermosa con ese vestido.

Mi sonrojo creció aun más y baje la vista hacia la pollera del mismo. Ciertamente el vestido era hermoso, rosa pálido con encaje y una pollera larga*. Elizabeth me lo había prestado alegando que me quedaría perfecto, tenía razón, me veía como una princesa.

Antes de que me diera cuenta llegamos a la fiesta. Cuando descendimos me quede helada, era una impresionante mansión color pastel, tenía grandes ventanales coronados por cortinas color bordó y pisos brillantes. La sala estaba prácticamente atestada de gente, era un colorido espectáculo ya que todas las mujeres llevaban costosos y cargados vestidos que contrastaban con los oscuros trajes de sus acompañantes. Tan maravillada estaba que ni siquiera note en qué momento Edward engancho mi brazo con el suyo, y empezó a caminar.

-Tranquila Bella, lo único que tienes que hacer es sonreír y caminar. Te presentare a un par de personas, dirás dos o tres palabras, comemos, bailamos un par de piezas y nos vamos- sonreí ante su conciso resumen de la fiesta, era evidente que no le gustaba estar allí.

-¿Qué es tan divertido?- pregunto mirándome sospechosamente.

-Tú. Me da gracia lo poco que te gusta estar aquí-

-Ciertamente no es una situación placentera para mi, aunque con tu presencia en este lugar creo que lo pasare muy bien- dijo con una sonrisa torcida que me paro momentáneamente el corazón-ven, hay que empezar con las formalidades-

Al final resulto que Edward tenía razón, no fue tan terrible y nadie cuestiono mi historia, parecía ser algo muy común en esa época. Solo hubo unas cuantas miradas poco amables por parte de algunas chicas que Elizabeth me señalo como "las rechazadas de Edward", no pude evitar sonreír tontamente. Todas esas mujeres, con todo su estatus y belleza, no habían podido conseguir lo que milagrosamente yo sí, ir del brazo de Edward.

Cuando empezó la música inmediatamente me tensé, no era una novedad que yo tenía dos pies izquierdos.

-Vamos Bella, es solo un baile- dijo divertido.

-Un baile que para mi puede ser una trampa mortal. Todo ha ido muy bien hasta ahora, no quiero hacer el ridículo Edward- dije suplicante.

-No harás el ridículo ni te caerás, yo te protegeré- afirmo muy convencido. Ante su sus palabras no pude hacer más que quedarme muda y dejarme guiar. Dijo que me protegería, esa simple afirmación hizo que mi corazón flotara. Coloco mi mano en su hombro y el puso la suya en mi cintura, era un típico vals de salón, no es tan terrible Bella, me dije a mi misma.

Y después de unos instantes me dí cuenta de que no era tan terrible, me estaba dejando guiar, se sentía tan segura estar entre sus brazos mientras nos mirábamos profundamente a los ojos, era como estar en nuestra propia burbuja personal.

Cuando la música cambió a una mas movida, suavemente nos retiramos de la pista sin dejar de mirarnos. En un momento el se empezó a ver nervioso, parecía que algo lo preocupaba.

-¿Todo está bien Edward?- pregunté extrañada.

-¿Tan evidente es?- dijo avergonzado- en realidad yo pensé el salir al patio a tomar algo de aire pero después me di cuenta de que no es correcto pedirte eso, y yo, en realidad no quiero incomodarte pidiéndote algo que en realidad no quieres hacer. Deberíamos ir a sentarnos- dijo en forma atropellada, a cada palabra se ponía más nervioso.

-En realidad me gustaría mucho tomar un poco de aire- le conteste sonriendo. Se relajó al instante. Compuso una tenue sonrisa y me guió hacia el patio.

Era un bello jardín, delicadamente iluminado, que contaba con una fuente en centro, varios rosales y un pequeño camino de adoquines. Nos fuimos a sentar a un banco. La noche estaba llena de estrellas y se escuchaba de fondo la música de la fiesta. Nos miramos profundamente a los ojos; los suyos brillaban como esmeraldas.

-Es una hermosa noche- dijo de repente.

-Sí lo es- le constesté sonriendo

-Eh... brillan mucho las estrellas hoy- continuo diciendo. Me limite a mirarlo y asentir, estaba nervioso hasta lo imposible. No es que yo estuviese tranquila o tuviera mucha experiencia en esto ni nada por el estilo, pero él se encontraba mucho más nervioso de lo que yo estaba.

-¿Tienes frío? ¿Volvemos adentro?- continuó preocupado

-No Edward estoy bien, como ya digimos es una hermosa noche y no tengo ni frío ni calor ni nada, realmente estoy bien-

-Qué bueno, te ves muy hermosa con ese vestido- dijo mirándome intensamente a los ojos mientras sentía como mis cachetes se enrojecían.

-Gracias- dije a la vez que bajaba la cabeza hacía mi vestido, nunca había vivido una situación como esta, tan mágica pero a la vez tan avergonzante.

-Bella yo..- dijo suavemente levantándome el mentón con su mano, pero cuando nos miramos a los ojos, lo que sea que fuera a decir murio en su boca. Lentamente fué acercando su rostro al mío hasta que prácticamente nuestras narices se rozaron, sus labios estaban entreabiertos y sus ojos se habian dilatado al punto de que solo había una pequeña franja verdosa alrededor de sus pupilas. En su mirada se reflejaba una infinita cantidad de sentimientos, entre los que prevalecían la inseguridad y el amor.

Lo miré tratando de transmitirle todo lo que sentía, tratando de decirle lo mucho que lo quería. Sus labios se curvaron en un asomo de sonrisa y lentamente los fué acercando hasta que quedaron suavemente apoyados sobre los míos.


y mis queridas lectoras lamento decirles que las deje con las ganas ajaja, tarde un poco mas de lo que esperaba en subirlo pero es que quería que quedaba bien

espero que les haya gustado, dejenme un bello review contándome que les parece

Nos leemos pronto. Besos


* la foto del vestido de Bella esta en mi perfil