Disclaimer: todos los personajes así como también las frases de los libros de la Saga Twilight son propiedad intelectual de Stephenie Meyer, yo solo juego con ellos y armo esta historia producto de mis locuras. El título del fic pertenece al estribillo de This never happened before de Paul McCartney.
Capítulo 5
Lo miré tratando de transmitirle todo lo que sentía, tratando de decirle lo mucho que lo quería. Sus labios se curvaron en un asomo de sonrisa y lentamente los fue acercando hasta que quedaron suavemente apoyados sobre los míos.
Fue un beso suave, corto y casto. Apenas si un suspiro pero que fue suficiente para que mis labios quemaran. Nos miramos intensamente a los ojos, podía notar mis cachetes sonrosados pero los de él no se quedaban atrás.
-Bella perdón eso fue muy rápido, yo lo lamento no quería ofenderte- dijo atropelladamente.
-Está bien Edward, de enserio- dije con una tonta sonrisa que parecía habérseme tatuado en la cara.
-¿No estás enojada?- preguntó incrédulo.
-No Edward yo… vos me gustas- dije tímidamente sin poder creer que esas palabras hayan salido de mi boca- de verdad, mucho me gustas- si una persona pudiera morir de vergüenza yo ya estaría en el cementerio, de donde saque el valor para decirlo. Va a pensar que eres una lanzada, tonta tonta Bella.
-En realidad vos también me gustas, mucho- dijo algo avergonzado. Al instante una pícara sonrisa atravesó su rostro a la vez que se ponía frente a mí de rodillas.
-Isabella ¿te gustaría ser novia?- dijo con solemnidad
Lo mire sin poder creerme lo que estaba sucediendo, ¿cómo había podido tener tanta suerte? Sentí como pequeñas lágrimas intentaban salir de mis ojos y sonreí.
-Si Edward, claro que sí- dije en un murmullo antes de besarlo.
-o-
Me miraba en el espejo sonriente mientras acomodaba mi cabello, hoy hacia dos semanas que Edward me había pedido ser su novia y para festejar me quería llevar a dar un paseo por el centro de la ciudad. A mi lado reposaba un ramo de rosas que me había regalado, la mitad de las rosas eran rojas porque simbolizaban el amor, y la otra mitad eran rosas porque según él yo me veía como ellas. El solo escuchar su explicación sobre el ramo hizo que mi corazón subiera a la décima nube.
Era increíble ver como las cosas habían cambiado en solo quince días, bueno en realidad hacía más de un mes que lo habían hecho, exactamente desde que había viajado en el tiempo. Jamás podría haber imaginado vivir una situación similar, no solo por el hecho de haber viajado al pasado, sino porque jamás pensé que yo podría enamorarme. Siempre fui distinta a todos los demás, siempre pensé diferente y siempre creí que me quedaría sola de por vida ya que nunca imaginé ser capaz de encontrar a alguien que me comprendiera. Pero me equivoque de una forma impresionante, dado que no solo había encontrado a alguien que me entendía a la perfección y que se maravillaba con mis conversaciones sobre libros y situaciones de cultura general, sino que también era un dios griego en persona; era total y absolutamente perfecto y era todo mío.
Solo había dos pequeños detalles que opacaban mi burbuja de perfección: uno de ellos era que lamentaba terriblemente tener que mentirle a Edward en determinadas cosas puntuales de mi pasado, y la otra, que realmente me preocupaba, era mi situación temporaria en esta época. No sabía qué era lo que me había hecho viajar al pasado así que no sabía que me iba a hacer volver y cuando, yo realmente quería quedarme en esta época ya nunca había sido tan feliz.
Aparté rápidamente esos pensamientos oscuros de mi cabeza, no valía la pena preocuparse por algo que no era capaz de controlar. Me concentré en mirar mi reflejo y seguir acomodando mi cabello, que parecía ser un caso perdido. Me distrajeron unos suaves golpes en mi puerta.
-Bella, soy Elizabeth, ¿puedo pasar?-
-Claro pasa-
-Oh Bella te ves preciosa- dijo afectuosamente. Sonreí en respuesta a su exclamación. Mi suegra, una expresión que es sinónimo de horror para muchas personas para mí es sinónimo de amor. Ella es sencillamente maravillosa; cuando se entero de que nos pusimos de novios por poco no se pone a saltar de felicidad, al día siguiente insistió en que me mudara a la habitación de huéspedes, me renovó prácticamente todo el guardarropa y me está enseñando actividades típicas de la época, como bordar. Cada vez que yo me quejaba por algo que hacía y que consideraba excesivo, cabe aclarar que eso ocurría casi siempre, ella hacía un gesto desdeñoso restándole importancia, me decía que ella siempre quiso tener una hija y que yo venía a ocupar ese papel, así que mejor dejaba de quejarme y empezaba a actuar como una verdadera hija haciéndole caso en las cosas que me pedía, que era prácticamente nada. Luego de una continuada insistencia por mi parte, me dejo continuar ayudando con la limpieza, pero siempre que podía expresaba su desacuerdo.
Se acercó y se dispuso a hacerme un peinado, tomo dos mechones de la parte de adelante y los levanto en un hermoso recogido; no tardó más de dos minutos y parecía un peinado de peluquería.
-Gracias quedó fantástico- dije con una sonrisa, la miré dubitativamente y pregunté- ¿no es solo una cena, verdad?
-Pero si Bella solo es un paseo y una cena- hizo una pausa y sonrió pícaramente- ¿qué más podría se?
La mire sospechosamente, por su expresión pude deducir que era algo más que solo un paseo y una cena, pero sabía que no me lo diría.
Me terminé de arreglar y bajé al hall donde Edward me estaba esperando, lo miré y solo pude sonreír, se veía tan magnífico como siempre enfundado en un traje negro que contrastaba enormemente con la palidez de su piel y que hacía que, tanto sus ojos como su cabello resaltaran. Me dedicó una radiante sonrisa antes de besar suavemente mi mano, para luego depositar un casto beso en mis labios. Solo pude sonreír, sus besos eran adictivos, en realidad todo en él era adictivo. No importaba lo cerca que estuviese, las tantas conversaciones tuviéramos, y los muchos besos y abrazos me diera siempre necesitaría más.
Me acompaño al asiento del copiloto donde me abrió la puerta para que subiera, era un perfecto caballero. Nos sumimos en un cómodo silencio, cada tanto nos mirábamos y nuestras sonrisas se acrecentaban aún más, parecíamos los típicos enamorados de una novela de la tarde. Yo no podía borrar la tonta sonrisa que tenía mi cara, jamás había sido tan feliz. No me importaba que haríamos o adonde fuéramos, si estaba con él todo estaría bien.
Mi boca se abrió de la impresión cuando vi adonde nos dirigíamos.
-¿Aquí?- fue la única palabra que logré articular.
Me miro y su sonrisa se acrecentó aún más, si es que eso era posible.
-Si Bella aquí. Hace dos semanas que conocí a la mujer más maravillosa del mundo y lo quiero celebrar. Eres mi novia y te mereces lo mejor, no se hable más, vamos- dijo de un tirón antes de bajarse rápidamente del auto y dar la vuelta para abrirme la puerta, era evidente que se apuró para no escucharme replicar. Solo pude sonreír y pegarme a su brazo, estaba absoluta y totalmente impresionada. Nos encontrábamos en Bon Appétit, el restaurant más famoso, lujoso y caro de toda Michigan Avenue*. Que Edward me haya traído a cenar a este lugar era el equivalente a que publicara nuestro noviazgo en la tapa de todos los diarios.
Luego de que nos ubicamos lo mire fijamente y le pregunté.
-¿Eres consciente de que mañana estaremos en boca de todo Chicago?-
-Lo sé, mi madre me sugirió la idea de venir aquí, lamento admitir que no soy tan creativo- dijo con una avergonzada sonrisa.
-No entiendo ¿Por qué querrías venir?-
-Bella- dijo con amor y un toque de exasperación- eres mi novia y la mujer más increíblemente hermosa que pude alguna vez conocido, pero eres mía, y quiero que todo el mundo cuando te vea sepa de nuestro noviazgo- hizo una pequeña pausa y agregó tímidamente- eso salió un poco más posesivo de lo que debería.
Me carcajeé sonoramente y cuando pare de reír, mirándolo fijamente dije.
-¿Es que acaso Edward Masen está celoso?- toda su cara se puso roja, balbuceó un par de monosílabos y fue oportunamente salvado por la llegada del mozo. Luego de que este se fue, centro su conversación en los diferentes lugares a los que podíamos ir después de cenar, era evidente que no quería volver al tema anterior y que no iba a volver a mencionarlo. En realidad no me importaba, con lo que había escuchado me bastaba para sentirme en las nubes, él me quería a mí, y no solo eso, sino que también quería que todos lo supieran; el pensar en ese lado posesivo suyo que no conocía hizo que las mariposas de mi estómago revolotearan aún más, si es que eso era posible.
Cenamos tranquilamente y cuando terminamos nos fuimos a caminar a un hermoso parque. Era un lugar lleno de canteros y bancos, iluminado con altas farolas que le daban un resplandor dorado a todo el paisaje. Era una velada sencillamente maravillosa, nosotros dos, caminando juntos riendo, charlando y besándonos, el mundo podría caerse mañana pero a mí me sería indiferente, yo lo tenía a él a mi lado.
Tal y como lo predije, al día siguiente éramos la pareja top de Chicago, nos empezaron a llover las invitaciones para bailes, salidas a tomar el té, invitaciones a clubs y cualquier tipo de evento social que fuera. Me encontraba en el salón junto con Edward y sus padres cuando vino Grace a traerme una pila de cartas, todas dirigidas a nombre de "Sr. Masen y Sta.", de solo verlas bufé.
-¿Ya estarás contento no?- dije con un dejo de rabia, realmente me era imposible enojarme con él, pero en momentos como estos sentía ganas de matarlo. El se limito a darme una sonrisa torcida y encogerse los hombros.
-Pero por Dios mi niña si no es tan terrible- dijo mi suegra divertida, al parecer todos encontraban la situación graciosa menos yo- es más, con Edward podríamos acompañarlos a algunos de estos eventos. Sera divertido ¿no lo crees cielo?- concluyó mirando a su esposo.
Edward padre carraspeó y se trató de hundir un poco más en su sillón, antes de contestar con una dubitativa sonrisa.
-Claro, depende del evento puede ser muy interesante-
Elizabeth le dedicó una amorosa mirada para luego dirigirse a mí con una sonrisa.
-Viste, saliendo los cuatro juntos podremos divertirnos, tu tendrás a alguien con quién criticar a los demás invitados y mis Edwards no se sentirán solos, se harán compañía mutua- no miró a todos y prosiguió- pienso que el 10° aniversario del Museo podría ser una excelente salida, muy cultural e interesante, ustedes tendrán cosas interesantes para ver y personas importantes con quien charlar- dijo dirigiéndose a su marido e hijo- y no es un evento tan largo- prosiguió mirándome a mí- no te aburrirás y quedarás bien en sociedad. Solo las personas más importantes se encuentran invitadas, las verás, las saludarás, charlarás un par de palabras y antes de que te des cuenta no estaremos yendo.
Nos miró de forma inquisidora y luego de que todos asintiéramos, continuó hablando sobre la ropa que podríamos ponernos en el evento. La veía hablar y me daba cuenta de donde había sacado Edward su poder de convencimiento, ella era igual, y, a pesar de que no tenía ni una pizca de ganas de ir, sabía que tenía razón.
Entretanto Edward padre la miraba con adoración, se notaba a leguas el amor que le tenía, y Edward, mi Edward, nos miraba a los tres con una sonrisa pintada en el rostro. Estaba encantado con lo bien que nos llevábamos, tan bien que ni yo misma podía creerlo; prácticamente era como si hubiera estado toda mi vida con esta familia. El padre de Edward era una persona maravillosa, que en ocasiones me recordaba a Charlie, mi propio padre, solíamos tener interesantes conversaciones de los temas de la actualidad, especialmente de los casos que tenía en el estudio; en más de una ocasión no hemos quedado hasta tarde charlando sobre las distintas leyes y sobre lo justas que eran o no, una total sorpresa para mí ya que nunca me había sentido especialmente atraída por el Derecho. Elizabeth ante esta situación se encontraba muy feliz, decía que finalmente su marido había encontrado a alguien más a quien aburrir, y de ella, que podría decir, era como una segunda madre para mí, prácticamente hacíamos casi todo juntas. Con ella aprendí a tejer, bordar, zurcir e incluso cocinar, me convirtió en una total ama de casa; pero no solo eso, también hacíamos salidas de compras juntas o solíamos ir a dar caminatas por el parque mientras nuestros hombres estaban trabajando, charlábamos de todo prácticamente en todo momento e incluso me dio unos cuantos consejos sobre "cómo conseguir sutilmente que nuestros hombres hagan lo que queremos", que debo decir, resultaron ser bastante útiles.
Inclusive las criadas me trataban muy bien, yo pensé que podría llegar a haber alguna clase de resentimiento, pero eso nunca pasó, Grace se había convertido en una gran amiga, al igual que la cocinera. En toda la casa se respiraba un aire de familia. Jamás en toda mi vida me había sentido tan acompañada y segura, no es que mis padres no me hayan querido, pero aquí, al tenerlos a todos viviendo en un mismo lugar, y realizar distintas actividades juntos, como las charlas en el salón o las cenas, me hacían sentir parte de esta familia. Me sentía tan contenida y feliz, no solo por tener a Edward a mi lado sino también por tener a sus padres, que podía decir con total certeza que consideraba a mi vida, tal como era hoy, simplemente perfecta.
Hoy cumplíamos dos meses de novios, me hallaba sentada en el salón haciendo un intento de leer, en compañía de Elizabeth, mientras esperaba que Edward y su padre llegaran del trabajo. Me había dicho que tenía algo importante para darme y que lo tenía que esperar en la sala; no tenía idea de qué clase de sorpresa me estaba esperando y me encontraba un poco inquieta. Conociéndolo a Edward seguro que eran flores o bombones o ambos, y luego una salida a un restaurant para cenar. En realidad eso era lo que me decía la lógica, pero por alguna razón sentía que me perdía de algo. Elizabeth levantó la mirada de su tejido para dirigirme una afectuosa sonrisa.
-No te impacientes Bella, ya van a llegar- dijo con un dejo de humor. Me limité a asentir, ella sabía lo que iba a pasar, claro que lo sabía, pero no me lo iba a decir; de todos modos me consolaba saber que lo que sea que fuera a ocurrir la alegraba, hacía días que estaba con una sonrisa plasmada en el rostro.
Escuché el inconfundible sonido de sus pasos en la entrada, deje el libro a un lado y me acomodé en el sillón expectante. La puerta se abrió dando paso a un muy sonriente Edward que portaba el ramo de flores más grande que había visto en mi vida.
-¡Feliz aniversario amor!- dijo mientras se acercaba, me dio un casto beso en los labios y un abrazo. Se separó con una sonrisa bailándole en el rostro.
-No tienes un beso para tu novia- pregunté componiendo un puchero mientras agarraba el ramo.
-Para mi hermosa novia tengo todos los besos del mundo pero antes debo hacer algo- contestó con un dejo de nerviosismo.
-¿Qué es lo que tienes que hacer?- pregunté sin entender. Me miro serio por unos instantes, como dándose valor; luego, sin dejar de sostenerme la mirada, en la que había reflejada una variedad increíble de sentimientos que pasaban del amor y la admiración al miedo, se arrodilló frente a mi lentamente. Metió una mano en el bolsillo de su chaqueta y sacó una cajita, con su otra mano libre sostuvo las mías.
-Isabella, desde que llegaste a esta casa hace casi tres meses cambiaste toda mi existencia. Desde la primera vez que te vi, en esta misma sala, le diste un sentido a mi vida; y desde que aceptaste ser mi novia yo me siento como un hombre nuevo. Estoy total y completamente enamorado de ti, te pertenezco y te amo con todo mi corazón, y quiero pasar el resto mi vida amándote. Quiero que estemos juntos para siempre, porque vos, mi Bella, eres lo más importante del mundo para mí y si me lo permites, pasaré el resto de mis días junto a ti, haciéndote feliz. Por eso es que te lo pregunto. Isabella ¿aceptarías ser mi esposa?
chan chan chan ¿y...? diganme que les pareció en un bello review
Espero que les haya gustado y les cuento que a partir de ahora viene lo más interesante jajaja
Nos leemos pronto
Besos
PD: muchas muchas gracias a quienes leyeron esta historia y la comentaron, es muy lindo leer sus opiniones y saber que les esta gustando
* vale aclarar que Michigan Avenue o Michigan Boulevard es la calle historica muy importante en Chicago, tuve que aprender historia y geografía para hacer este fic ajaja
