Disclaimer: todos los personajes así como también las frases de los libros de la Saga Twilight son propiedad intelectual de Stephenie Meyer, yo solo juego con ellos y armo esta historia producto de mis locuras. El título del fic pertenece al estribillo de This never happened before de Paul McCartney.
Capítulo 6
Quiero que estemos juntos para siempre, porque vos, mi Bella, eres lo más importante del mundo para mí y si me lo permites quiero pasar el resto de mis días junto a ti, haciéndote feliz. Por eso es que te lo pregunto. Isabella ¿aceptarías ser mi esposa?
Me quedé mirándolo en shock, sus palabras repercutían en mi cerebro, esposa, esposa; era como un eco. Tardé un par de segundos en procesar toda la información, lo miré arrodillado frente a mí, con un anillo en su mano y una mirada de profunda ilusión, amor y esperanza. Algo en mi cabeza hizo click y me di cuenta de lo que me estaba pidiendo, ¡Quería que me casara con él! ¡Edward quería que yo fuera su esposa! ¡A mí! ¡Él me quería a mí! Mi boca se abrió ligeramente de la sorpresa antes de que prácticamente me arrojara sobre él.
-¡Sí Edward! ¡Sí! ¡Claro que sí!- grité con lágrimas en los ojos. Lo sentí soltar una carcajada antes de levantarme con él y girarme suavemente. Nos separamos manteniéndonos abrazados para mirarnos a los ojos. Jamás lo había visto tan feliz; tenía las mejillas sonrosadas, su boca formaba una sonrisa torcida deslumbrante y sus ojos eran radiantes esmeraldas; jamás había visto una imagen tan adorable pero a la vez tan tentadora. Lo único que pude hacer fue besarlo; fue un beso suave, romántico, cálido, lleno de promesas y sueños compartidos, un beso que transmitía todo lo que sentíamos en uno por el otro.
Cuando nos quedamos prácticamente sin aire nos separamos, sin perder su sonrisa Edward volvió a arrodillarse frente a mí, tomo mi mano izquierda y deslizó suavemente por mí dedo corazón el anillo más hermoso que alguna vez podría haber visto. Era de oro blanco con tres diamantes engarzados en el centro y otros tres más pequeños a cada costado *. Sentí mis ojos nuevamente llenarse de lágrimas, ¿es que acaso una persona podía ser tan feliz?
-Gracias, es hermoso- dije emocionada
-Simplemente es acorde a su dueña- me contestó antes de besarme nuevamente. Sentí como si mi corazón fuera a explotar de felicidad. Nos separamos cuando escuchamos un chillido a nuestras espaldas.
-¡Oh hijo ya le pediste!- gritó una emocionadísima Elizabeth que corría hacía nosotros- ¡Bienvenida a la familia querida!- dijo abrazándome fuertemente- ¡Oh estoy tan feliz, mi hijo se va casar y lo hará contigo! Es todo lo que una madre puede pedir- continuo sin soltarme, para luego separarse y buscar mi mano- ¡Pero si es precioso Edward! ¡Qué buen gusto tienes corazón! Esto es sencillamente maravilloso. Hay que empezar a prepararlo todo: la fiesta de compromiso, la boda, el vestido, las invitaciones, la iglesia, la comida, la fiesta, el anuncio en el diario, hay tanto que hacer. ¿Para cuándo es la boda?
-Espera Lizzie, si Edward recién se le ha declarado, no esperarás que ya hayan decidido la fecha- dijo Edward padre con amor a su esposa, luego se giro hacía mí y me dio un abrazo- Bienvenida a la familia Bella.
-Edward que hacen aquí cielo, ¿no deberían haberse ido?- dijo Elizabeth inquiridoramente a su hijo.
-Mamá si tú no nos has dado el tiempo-
-Oh por supuesto, tienes razón cielo. Nosotros nos retiramos, que pasen una hermosa velada- dijo con alegría mientras arrastraba a su esposo hacía la cocina. Me giré sonrientemente hacía Edward.
-No me dirás que adónde vamos también es una sorpresa-
-Puede ser ¿y aunque lo fuera gustaría acompañarme futura Señora Masen?- dijo solemnemente mientras me ofrecía el brazo.
-Siempre-
Me acompañó hacía el auto y, tan caballeroso como siempre, me abrió la puerta. Me senté y durante todo el viaje me dediqué a admirar alternadamente a él y al anillo, ambos eran maravillosos.
-¿Te gusta lo que miras?-
-¿Qué de todo lo que estoy mirando?- le contesté haciéndolo ruborizar. Hizo un gesto con la cabeza señalando el anillo.
-Es precioso-
-Qué bueno que te haya gustado, no sabía bien por cual decidirme, había tantos modelos y cuando vi este pensé que era justo para vos, pero luego se me ocurrió que tal vez no te gustaría y…
-Edward es perfecto, el anillo más hermoso que alguna vez haya visto. De verdad me encanta- lo interrumpí cortando su atropellada explicación, el solo me sonrió. Adoraba cuando se ponía nervioso, ver como trataba de explicar algo y se le trababan las palabras.
Fuimos a nuestro restaurant de siempre, solo que esta vez nos sentamos en una mesa apartada, cerca de la ventana. Había flores en la mesa y dos candelabros que daban un tenue resplandor, creando un ambiente sumamente romántico. Edward corrió mi silla para que me sentara y luego fue a la suya.
-Si me permite decirlo, luce muy hermosa hoy futura Señora Masen - dijo tomándome de la mano. Le sonreí en respuesta.
-No dejarás de llamarme así en toda la noche ¿cierto?-
-Me gusta cómo suena- contestó sonriendo de lado- Señora Masen, Señora Masen, Señora Masen, creo que es genial- dijo en un canturreo- ¿tú no?
-También me gusta mucho como suena- dije acercándome a él sobre la mesa, estábamos tan cerca que nuestras narices prácticamente se rozaban.
-Bella…- dijo en un suspiro
-¿Si Edward?- le contesté con otro suspiro; lo tenía tan cerca, sus ojos me hipnotizaban por completo y su esencia me daba de lleno en la cara. Era la imagen más deseable que alguna vez haya visto.
-¿Te casarías conmigo?- soltó de repente, mirándome profundamente a los ojos y sin alejarse siquiera un milímetro.
-Claro que sí Edward- dije confundida- ¿por qué lo preguntas de nuevo?
-Es solo que te veías tan hermosa que no me pude resistir- contestó con una pícara sonrisa mientras yo sentía como mi corazón se derretía al instante.
-Siempre querré casarme contigo- dije antes de apoyar mis labios sobre los suyos, el beso empezó tierno, dulce, pero empezó a subir de intensidad; cuando sentí que su lengua levemente rozó mi labio inferior yo maldije internamente a la mesa que nos separaba, estábamos tan perdidos en las sensaciones que nos asustamos cuando escuchamos un suave carraspeo.
-Lamento interrumpir Sr. y Sta., pero ¿quería saber si ya estaban listos para ordenar?- lo miré con una mezcla de vergüenza y odio. Edward compuso una perfecta sonrisa y pidió la orden; no me dirigió la mirada mientras el mozo estaba con nosotros, pero cuando este se alejó vi como, a pesar de tratar de mantener la cara seria, la risa parecía brotar de su mirada, me tenté soltando una carcajada y haciendo que tuviéramos un ataque de risa.
-¿Le parece muy graciosa la situación comprometedora en la que me colocó futura Señora Masen?-
-Discúlpeme Señor Masen pero no entiendo ¿por qué dice que yo lo coloqué e una situación comprometedora?
-Por ser tan impresionantemente hermosa futura Señora Masen, solo por eso- me contestó con un guiño, no pude replicar porque venía nuevamente el mozo con la bebida, pero, si hubiera podido hacerlo, no sé que hubiera dicho; sus respuestas me dejaban totalmente muda y, tal vez era mi descarada mente del siglo XXI, pero podría jurar que sus respuestas y acciones se estaban volviendo cada vez más atrevidas, era un interesante detalle a tener en cuenta, no es que fuese a quejarme.
Cenamos tranquilamente y luego nos fuimos a caminar a una plaza, era una cálida noche de primavera, las estrellas brillaban notoriamente y había un par de parejas más dando vueltas. Nos paramos casi debajo de un palo de luz que irradiaba una luz dorada sobre los cobrizos cabellos de Edward y hacía que sus ojos brillaran como jemas. Visto de esa manera, con esa sonrisa torcida suya tatuada en la cara y con su traje negro que resaltaba su piel, era la imagen de la perfección. En estos momentos era en lo que me preguntaba cómo había tenido tanta suerte; la respuesta no la conocía y en estos momentos me parecía superflua, todo lo que sabía era que ese dios griego era mío, y que el anillo en mi mano lo confirmaba.
-Bella… hay algo que quiero decirte-
-¿Qué es Edward?-
-Quería decirte lo mismo que te dije cuando te pedí matrimonio, que va a ser lo mismo que escuches por el resto de nuestra existencia porque no me cansaré de repetírtelo. Eres la criatura más dulce, graciosa, inteligente, hermosa y perfecta que alguna vez haya conocido; diste por completo vuelta mi vida dándole un sentido y ahora eres la única que está en mi corazón y en mis pensamientos. Lo que te quiero decir Bella, se resume a dos palabras, que son tan básicas pero a la vez tan significativas, y son: te amo.
Clavada en mi lugar como estuve durante toda su declaración, sentí las lágrimas resbalar por mis mejillas.
-Edward yo también te amo- fue todo lo que pude decir antes de fundirnos en un tierno beso.
Luego de nuestra declaración paseamos y nos besamos por un rato más, hasta que decidimos que era hora de volver. Llegamos a su casa y subimos la escalera tomados de la mano, cuando estábamos frente a la puerta de mi cuarto me miro profundamente a los ojos.
-Y aquí es donde me despido futura Señora Masen- dijo apoyando suavemente sus labios sobre los míos. El beso empezó a subir de intensidad y antes de que nos diéramos cuenta estábamos en el medio de mi habitación. Su lengua quemaba en mi boca, y cuando nos quedamos sin aire se separó para dejarme un camino de besos alrededor de mi mandíbula; sus manos sostenían mi cintura con fuerza, estaba prácticamente pegada a él con mis brazos alrededor de su cuello. Su delicioso aroma estaba intoxicándome al punto de hacerme necesitarlo cada vez más, y sus caricias, a veces tímidas pero sumamente cariñosas, iban a terminar por volverme loca.
Antes de que me diera cuenta estaba sentada en el borde de mi cama con él prácticamente encima, mis manos ávidamente recorrían el contorno de sus brazos y espalda mientras las suyas hacían lo mismo con mi cintura. El recorrido de sus labios siguió bajando hasta llegar a mi cuello donde lo lambió suavemente; un suave gemido se escapó de mis labios y Edward se separó abruptamente. En su mirada había deseo pero también miedo.
-Lo lamento- dijo casi con vergüenza.
-¿Qué?- articulé luego de un momento
-Bella yo lo lamento eso estuvo mal, fue inapropiado y comprendo que estés enojada-
-No entiendo- fue mi única contestación.
-¿No estás enojada?- dijo extrañado
-¿Por qué habría de estarlo?-
-Lo que yo hice fue inapropiado- dijo de forma rotunda. Lo miré exasperada, como hacerle entender que de donde yo venía él no se estaba comportando mal. Por primera vez odie estar en 1916.
-Edward yo en realidad…- titubee un momento, temía que lo que le fuera a decir cambiara seriamente su forma de pensar sobre mí- nosotros vamos a casarnos- concluí con vos temblorosa esperando que eso fuera suficiente.
-Lo sé, pero aún así no tengo excusa yo…-
-Edward basta, dejémoslo ahí, no quiero escucharte disculpándote innecesariamente porque yo no estoy ni ofendida ni enojada ni nada, por favor- dije rápidamente cortándolo. Me miró y sonrió.
-Tienes razón, yo solo…, es bueno saber que no estás enojada- se acercó un poco más- Te amo Bella, de mil formas distintas y más de lo que creí capaz que alguna vez se pudiera amar a una persona; estoy total e irrevocablemente enamorado de vos, y a veces cuando estoy con vos siento que pierdo la cabeza- dijo sonriéndome con amor.
-No debes preocuparte Edward- dije mirando a esos ojos que relucían como esmeraldas- siempre que estoy con vos pierdo la cabeza, siento que floto cuando me ves-
Tomó suavemente mis manos y de esa forma nos quedamos, enfrentados, casi como si pudiéramos ver el alma del otro. Luego de un rato que podrían haber sido minutos u horas, Edward me sonrió, casi con pena por lo que iba a decir.
-Creo que debo irme Bella- no dije nada pero lo miré de forma resignada, sabía que tenía razón- pase una maravillosa velada- dijo acercándose y depositando un suave y casto beso en mis labios- Buenas noches futura Señora Masen- dijo sonriendo contra ellos.
-Buenas noches prometido mío Edward- le contesté suavemente.
Lo mire irse y cerrar la puerta con una sonrisa. Cuando dejé de escuchar sus pasos en el pasillo me di vuelta, me tiré sobre la cama y traté de no maldecir en voz alta su, en este momento, innecesaria, extrema y casi fanática caballerosidad.
Jojojo q les pareció, a mi me divirtió escribir mucho este capítulo, en realidad este iba a ser parte de otro más largo, pero me pareció que Edward y Bella necesitaban un momento solo para ellos. En fin no se qué les parece, comenten pero porfa sean piadosas, es la primera vez que escribo una escena así y me costó horrores, ahora me doy cuenta de que admiro a las escritoras de lemmons ajaja
En fin nos leemos pronto
Besos
*el modelo del anillo está en mi perfil, no es muy 1900 pero es lo mejor que pude encontrar
