Disclaimer: todos los personajes así como también las frases de los libros de la Saga Twilight son propiedad intelectual de Stephenie Meyer, yo solo juego con ellos y armo esta historia producto de mis locuras. El título del fic pertenece al estribillo de This never happened before de Paul McCartney.
Capítulo 7
Los días que siguieron luego de que Edward me propusiera matrimonio fueron muy agitados. Elizabeth me llevaba para todos lados, había tantas cosas que ver, desde el vestido de novia y el traje de Edward, a las invitaciones, la comida, el salón, la fiesta de compromiso y los cientos y cientos de invitados a los que no conocía pero que había que hacer llegar una invitación por protocolo; me estaba volviendo loca.
En este momento me encontraba con Elizabeth eligiendo tarjetas, la mesa de la sala estaba repleta de distintos modelos y colores, ¿cómo me iba a decidir por uno cuándo había mil para elegir?
-Creo que estaríamos entre marfil y blanco- dijo Elizabeth mirando pensativa dos tarjetas que tenía en su mano- ¿cuál te parece?
Las miré fijamente unos instantes.
-Definitivamente marfil queda mejor que blanco- contesté.
-Entonces marfil será, excelente elección querida, para mí también era el mejor color- dijo mientras tomaba una libreta y lo anotaba.
-Entonces ¿por qué sencillamente no lo dijiste? Era más fácil que hacerme elegir a mí- dije contrariada, llevaba toda la tarde viendo miles de tarjetas que eran prácticamente iguales.
-Bella es tu boda, yo opino pero siempre será decisión tuya- dijo con una sonrisa un tanto exasperada, hizo una pausa y añadió- Debemos agregar a los Kentbenburg, ellos nos invitaron al compromiso de su hijo hace dos años, quedaría mal no invitarlos- se estiró y recogió una de las muchas carpetas que estaban desparramadas sobre la mesa, para ponerse a anotar en ella. Mientras la veía escribir me di cuenta de que nunca pensé que organizar una boda fuera tanto lío, era lo único a lo que nos dedicábamos todo el día y siempre faltaba más por hacer. Escuchamos unos pasos en la entrada, la puerta se abrió y por ella entraron nuestros Edwards.
-¿Trabajando?- dijo mi Edward con una sonrisa torcida que me hizo saltar un latido.
-Si hijo y mucho, ahora ven aquí que tenemos que mostrarles todas las modificaciones que hemos hecho- dijo Elizabeth.
Luego de 15 minutos de un discurso ininterrumpido de mi suegra sobre el nuevo color de las tarjetas, Edward sencillamente preguntó.
-¿Por qué tanto lío por un papel que quedará guardado en un cajón?- quise reír ante la mención de la pregunta que yo llevaba haciéndome toda la tarde.
-Edward- empezó a decir Elizabeth en un tono de reproche, pero no pudo continuar porque se puso pálida, se levantó y corrió a la pileta de la cocina donde vomitó. Edward padre la ayudo a sentarse en una silla con las manos temblorosas, estaba asustado. Nadie dijo nada mientras esperábamos que recobrara el color, pero este no volvía.
-Liz cielo, ¿comiste algo que te hizo mal?- dijo su marido, ella lo miró y negó con la cabeza, parecía incapaz de hablar- deberías irte a recostar y tendríamos que llamar a un médico- le sugirió con preocupación.
La acompañó a su habitación y nos quedamos con Edward en la cocina. Lo mire y tenía el mismo semblante preocupado que yo; la lógica me decía que solo era un malestar pasajero, pero tenía la extraña sensación de que era algo más.
-¿Comieron algo que le haya podido haber caído mal?-
-No solo el almuerzo, fideos, hoy se la veía bien estuvimos con las cosas de la boda y salimos a comprar y….- me quedé tildada cuando recordé lo que vimos en el mercado, un hecho al que yo no le había dado prácticamente ninguna importancia. Había un hombre que se estaba arrastrando en el piso, tosía continuamente, Elizabeth se había acercado para preguntarle si necesitaba ayuda y para indicarle donde estaba la iglesia para que fuera a refugiarse. El contacto no duró más de un minuto porque el hombre la trató mal, pero ella estuvo cerca, muy cerca. Algo en mi cabeza hizo click.
-Hay que llamar a un médico- mi voz fue rotunda
-¿Qué? ¿Por qué? ¿Qué pasó?- dijo confundido
-Edward hay que llamarlo- lo miré como disculpándome, ahora me consumía el remordimiento, yo tendría que haberme dado cuenta- cuando fuimos al mercado había un hombre, en el piso, tosía, tu mamá se acercó a ofrecerle ayuda. Fue solo un instante, yo no me di cuenta de que podía ser riesgoso, yo…- los ojos se me empezaron a llenar de lágrimas
-No te preocupes Bella, si se contagió de algo no fue tu culpa, ella habría ido de todos modos- me cortó e hizo un intento de sonrisa que quedó en una mueca- tienes razón hay que llamar al médico.
Se fue dejándome muy aterrada, que tonta era. Se suponía que yo venía del siglo XXI, se suponía que yo conocía las medidas de prevención básicas, ¡y no pude ser capaz de aplicarlas! Estaba realizando todo mi reproche mental cuando me acordé de una cosa que fue como un balde de agua helada, en la década e que estaba viviendo se había producido una de las mayores pandemias de la historia, la de Gripe Española, y fue altamente mortal para muchísima gente. Dios como pude ser tan tonta de no darme cuenta antes.
Subí prácticamente corriendo las escaleras, Elizabeth estaba acostada y no se veía tan mal, pero yo no sabía reconocer ningún síntoma. Ahora solo restaba esperar.
El médico llegó, la revisó y dijo que posiblemente solo fuera un resfriado combinado con algo que le cayó mal, pero aún así no me fié de su diagnostico. En los días que siguieron seguí a Elizabeth a sol y sombra, y, aunque no estaba del todo bien y se cansaba mucho, solo levanto temperatura la primera noche. Parecía que no tenía nada grave.
Estaba con Elizabeth en la cocina, escuchando sus quejas sobre nuestros innecesarios cuidados y todo lo que restaba hacer de la boda, mientras estrujaba mi cerebro una y otra vez para tratar de recordar toda la información posible que conocía sobre la Gripe Española; pero era inútil, no sabía casi nada y ahora lamentaba profundamente no haber aprendido más sobre el tema cuando pude. Tenía miedo, mucho miedo de que todo se empezara a caer, era tan feliz y las cosas iban tan bien, tenía en estos momentos tanto por perder que estaba aterrada; sentía como el pánico me consumía lentamente desde que Elizabeth se enfermó.
-Esto no tiene ni sabor- dijo mi suegra mirando odiosamente a su té.
-Es porque estas enferma y no sentís el gusto- le contesté suavemente.
-Espero mejorarme pronto, esto nos retrasa muchísimo en los preparativos de la boda- dijo contrariada- tenemos que empezar a ver modistas o no conseguiremos el vestido.
-Elizabeth- le dije a modo de reto- deja de preocuparte, conseguiremos un precioso vestido, cualquier modista querría hacerle el traje de boda a la futura Sra. Masen. Ahora vuelve a la cama- me miro fijamente dejándome en claro que no pensaba hacerlo- al menos ve al sillón y descansa un rato.
-Actúas conmigo del mismo modo que lo hago yo cuando Edward está enfermo- me dijo amorosamente.
-Y te molesta que él no te haga caso cierto- me miró con los ojos entrecerrados y una sonrisa escapando de sus labios- se ve en tu cara, claro que te molesta, ahora por favor anda al sillón a recostarte un rato.
-Pero revisamos la lista de invitados- dijo con una sonrisa, no me molesté en replicar, sabía que había ganado. No había nada que deseara menos que revisar la estúpida lista, pero no le iba a negar nada.
Llevaba ya media hora de continua tortura cuando escuchamos unos pasos en la entrada. La puerta se abrió pero la escena que revelaba no era para nada la que pensamos que sería. Edward, con cara de pánico, pálido y despeinado, cargaba como podía la, prácticamente inerte, figura de su padre. Con los nervios a flor de piel nos acercamos corriendo.
-¿Qué ha pasado?- pregunté desesperada.
-No lo sé, hoy estuvo todo el día sintiéndose un poco mal. Le dije que volviéramos pero no me hizo caso, no se veía tan mal, pero cuando veníamos para acá se empezó a sentir mareado y se desmayó- contestó agitado- Perdón mamá, yo tendría que haberlo traído antes a casa- dijo esto último de forma suplicante a Elizabeth que se encontraba en shock mirando a su marido. La escena parecía transcurrir lentamente ante mis ojos, lo que más temía estaba ocurriendo y no sabía qué hacer.
-Hay que ir al hospital- dije con la voz tomada. Edward y Elizabeth me miraron unos instantes mientras sus mentes procesaban la información.
-Tienes razón Bella, vamos- dijo Elizabeth incorporándose y tomando uno de los brazos de su marido.
-Mamá, no estás bien, deberías quedarte- dijo Edward con voz suplicante a la vez que me miraba en busca de apoyo.
-Edward tiene razón, podría ser peor si vas, no te encuentras bien- nos miro a ambos y la determinación brilló en sus ya llorosos ojos.
-Mi marido está muy enfermo, adonde él va yo voy, deberíamos irnos, estamos perdiendo el tiempo- dijo con vos temblorosa.
Como pudimos lo llevamos al auto, me senté con Edward en el asiento delantero y Elizabeth se quedó atrás con su esposo. Íbamos tan rápido como podíamos pero había muchos autos en la calle; cuando llegamos al hospital el alma se me cayó al suelo. Estaba abarrotado, había gente llorando por todos lados. Entre Edward y yo cargamos a su padre y entramos. Tardaron alrededor de media hora en darnos una cama para recostarlo, y cuando vino el médico nos dio el diagnóstico que más temía, era la nueva enfermedad, y ellos no sabían cómo combatirla.
-Le administraremos los medicamentos necesarios y tendremos que esperar para ver como evoluciona- dijo el médico- Lamento informarle que debido a que debido a motivos edilicios solo un familiar puede acompañarlo.
-Soy su esposa, yo me quedaré- dijo Elizabeth
-Mamá no creo que sea lo más prudente, no estás bien-
-Creo que tiene razón Elizabeth. Estás enferma y así no vas a poder cuidarlo, es mejor si nos vamos y se queda Edward. Cualquier cosa él podrá informarnos- dije no muy convencida, no quería que Edward se quedara y pudiera contagiarse pero no había otra salida, Elizabeth no podía quedarse y no dejarían que yo lo hiciera.
Elizabeth nos dirigió una resignada mirada y fue a despedirse de su esposo.
-¿Cómo van a ir? ¿Necesitan que las lleve y después me vuelva?-
-No Edward nos tomaremos un taxi, no te preocupes, estaremos bien- nos miramos fijamente, la desesperación brillaba en nuestros rostros.
-Tengo miedo Bella-
-Lo sé, yo también- le dije mientras lo abrazaba
-Prométeme que te cuidaras Edward, por favor- sentía como los ojos se me llenaban de lágrimas, pero no me importaba, necesitaba que lo dijera.
-Me cuidaré Bella, lo prometo- dijo levantándome el mentón con una mano para que lo mirara a los ojos- Te amo
-También te amo Edward- lo besé suavemente.
-Ten fe, todo estará bien Bella- solo pude asentir rogando porque fuera cierto.
Mientras volvíamos a la casa las palabras de Edward resonaban en mi cabeza, ¡cómo quería creerlas! Deseaba con toda mi alma que todo estuviera bien, que el papá de Edward se mejorara, que todos estuviéramos sanos, que volviéramos a ser una familia. Hoy más que nunca deseaba otra vez escuchar los alegres parloteos de Elizabeth sobre la boda, pero no creía que volviera a escucharlos pronto. Todo el viaje estuvo prácticamente muda, sin decir palabra.
Cuando llegamos se fue a sentar a un sillón y allí se quedó, con los ojos llenos de lágrimas, mientras esperaba que las horas pasaran, ninguna de las dos decía nada y el silencio era abrumador. La cocinera se asomó al salón para saber si comeríamos, no es que tuviera hambre pero Elizabeth necesitaba comer algo.
-Vamos a comer- le dije suavemente.
-No tengo hambre- contestó con la voz tomada.
-Lo sé, yo tampoco, pero vinimos aquí para que tu salud no empeorara, y para eso tienes que comer-
Cenamos en silencio y nos quedamos un rato más esperando. Como deseaba poder contar con un teléfono para hablar con Edward, pero los que había en el hospital no eran de uso público y él no se separaría de su padre, por lo que solo nos restaba esperar. Vi la hora y me sorprendió lo tarde que era, sugerí que nos fuéramos a acostar aunque dudaba que consiguiéramos dormir algo.
Cómo me lo suponía, no pegue un ojo prácticamente en toda la noche, a cada rato miraba el reloj, cuyas manecillas se movían muy lentamente. Cuando empezó a aclarar decidí levantarme y me encontré con Elizabeth en la cocina, estaba sentada, con una taza en ambas manos y gesto ausente.
Continuábamos viviendo, seguíamos con nuestra rutina porque no podíamos hacer nada para cambiar la situación, pero había un inmenso vacío que no se llenaba; seguíamos viviendo pero estábamos incompletas.
Pasamos casi toda la tarde en la sala, esperando. En un determinado momento del día se escucharon pasos en la entrada. La puerta se abrió dando paso a un pálido, demacrado y ojeroso Edward. Cuando vi rostro inmediatamente supe que era lo que iba a decir, y deseé con todo mi corazón que no fuera cierto.
-Hicieron todo lo que pudieron- dijo con la voz rota- no lo logró.
Y el drama empezó…..
Perdón perdón perdón dije que iba a actualizar antes pero no pude, este mes lo tengo bastante complicado, iré tratando de subir los capítulos tan pronto como pueda pero noviembre está bastante lleno de actividades; en diciembre prometo que voy a ir a full con la historia.
Espero que les haya gustado el cap, cuéntenmelo en un bello review ajaja, para las que me quieran matar les digo que lo que paso era un factor necesario en la historia}
Gracias por todos los comentarios
Nos leemos pronto
Besos
