Disclaimer: todos los personajes así como también las frases de los libros de la Saga Twilight son propiedad intelectual de Stephenie Meyer, yo solo juego con ellos y armo esta historia producto de mis locuras. El título del fic pertenece al estribillo de This never happened before de Paul McCartney.
Advertencia: creo que todos los que lo vienen leyendo tienen una idea de lo que puede llegar a pasar, este capítulo es bastante dramático así que pido por favor que si alguien tiene algún problema con la pérdida de algún familiar querido no lo lea. De enserio yo lo escribí así porque soy muy melodramática y porque sé como sigue la historia, pero esto es una tontería que hago para divertirme y no quiero que nadie se sienta mal. Ya están avisados.
Ahora si, a leer se ha dicho.
Capítulo 8
La puerta se abrió dando paso a un pálido, demacrado y ojeroso Edward. Cuando vi rostro inmediatamente supe que era lo que iba a decir, y deseé con todo mi corazón que no fuera cierto.
-Hicieron todo lo que pudieron- dijo con la voz rota- no lo logró.
Inmediatamente Elizabeth soltó un chillido desgarrador y se abrazó a si misma llorando desconsoladamente. Mire desesperadamente a Edward rogando porque fuera mentira, una broma, un sueño o cualquier otra cosa, lo que fuera con tal de que no sea verdad. Pero lamentablemente su mirada me confirmó que era cierto; me dejé caer en el suelo y abracé a Elizabeth llorando, instantes después también Edward lo hizo.
El funeral se arregló para esa misma tarde, fue algo muy sencillo que se realizó en la misma casa, no asistió mucha gente porque prácticamente la mitad de la población estaba enferma. Estuve todo el tiempo junto a Elizabeth que estaba colgada de mi brazo, parecía no ser capaz de sostenerse por sí sola. A pesar de mirar el ataúd aún no podía creer lo que había sucedido, era como si mi mente no pudiera entenderlo.
Entre todo el alboroto que llevó organizar el velorio y el hecho de no podía dejar a Elizabeth sola, no había podido hablar con Edward; lo veía hablar con los distintos conocidos y me preocupaba, estaba muy pálido y no había dormido en días, ninguno de nosotros lo había hecho.
Cuando empezó a caer la tarde lo llevamos al cementerio, fue abrumadoramente triste tener que irnos y dejarlo allí. No creo que haya palabras suficientes para describir lo que te significa tener que desprenderse de una persona tan maravillosa, que tenía tantos sueños, esperanzas e ilusiones; ver como una vida se corta tan de repente, entender que ya no lo vas a volver a ver.
Llore todo el viaje de regreso a casa, junto con Elizabeth que se encontraba devastada; Edward estaba extremadamente pálido y no había dicho palabra.
-Voy a preparar té- le dije con voz ronca una vez que llegamos.
-Vé, yo- titubeo un momento- solo necesito ir a su estudio un rato- beso mi frente antes de entrar rápidamente a la casa.
-El va a estar bien cielo, no te hagas problema- dijo la trémula voz de Elizabeth a mis espaldas, sobresaltándome- creo que todos deberíamos tomar un poco de ese té.
Estábamos sentadas, en la cocina, cada una sumida en sus pensamientos; el silencio era aplastante y yo no podía dejar de preocuparme por Edward.
-Sabes aún estoy esperando que vuelva- dijo de repente, mirándome directo a los ojos con la voz tomada- me cuesta creer que ya no volverá a entrar por esa puerta- señaló con una cabeceo la entrada de la cocina- que no me volverá a decir Lizzie con todo el amor con que él solía hacerlo- continuo mientras los ojos se nos llenaban de lágrimas- que ya no lo voy a tener más aquí, conmigo. Él ya no está Bella, se fue. Él no volverá, no va a estar aquí nunca más- termino tapándose la boca con las manos, yo caí a su lado y la abrace, en estos momentos sentía que no podía tener el corazón más roto.
Pasaron tal vez unos instantes, tal vez horas y Elizabeth se separó y miro alrededor.
-¿Dónde está mi hijo?- preguntó con la voz tomada.
-Dijo que quería ir un momento a su estudio- contesté al tiempo de que me daba cuenta de que ya había pasado mucho rato- voy a buscarlo- agregue inmediatamente.
Recorrí los pasillos velozmente, con el corazón en la boca, rogando porque simplemente estuviera deprimido mirando alguna foto, porque no fuera nada grave. Abrí la puerta para encontrarlo sentado en el sillón, con la cabeza entre las manos. Me senté a su lado suavemente, pero cuando lo miré, entre en pánico. No solo estaba pálido y ojeroso, sino que ahora también todo su rostro estaba cubierto de sudor. Le toqué el rostro y hervía, aunque sus labios estaban algo azulados.
-¡Edward! ¡Edward!- le grité desesperada tratando de despertarlo. Tardó unos momentos en recuperar la conciencia y cuando vió mi rostro aterrorizado se preocupó.
-¿Qué pasa? ¿Mamá esta bien?-
-Si Edward tu mamá esta bien, quien no se encuentra nada bien sos vos.
-No Bella, no te hagas problema yo me encuentro perfectamente-
-No Edward, no lo estas-
-Amor ha sido un día horrible y todos estamos mal, solo estoy agotado- dijo mientras tomaba mi rostro entre sus manos, que también estaban transpiradas.
-Quiero que te vea un médico- dije a la vez que me paraba. El también se puso de pié para replicarme pero no pudo sostenerse y se tuvo que apoyar en mí.
-Médico ahora- fue todo lo que dije mientras lo ayudaba a sentarse y corría a buscar a Elizabeth para que me ayudase a llevarlo al hospital. ¿Es que acaso este día no podía ser más horrible?
Como pudimos lo metimos en el auto de un vecino que se ofreció a llevarlo. El viaje fue largo porque había mucho tráfico; yo iba en la parte de atrás con Edward, lo tenía apoyado en mi falda mientras le susurraba que todo estaría bien. A cada minuto que pasaba más me desesperada, estaba muy enfermo y no había nada que pudiera hacer para ayudarlo.
En cuanto llegamos lo colocaron en una cama, me di vuelta hacía Elizabeth solo para ver como esta, pálida y sudorosa, se apoyaba contra la pared para sostenerse. ¿En qué momento fue que se empezó a derrumbar todo? Las enfermeras la vieron, intercambiaron una extraña mirada entre ellas, y la pusieron en otra cama junto a Edward; a mí me dieron una banquito que coloqué entre ambos. Me senté y sostuve con una mano a cada uno al tiempo que las lágrimas caían por montones de mis ojos. No entendía como esto podía estar pasando, ¿cómo mi alocado viaje en el tiempo había terminado con esto? Habían pasado tantas cosas, tan rápido, que mi mente no llegaba a comprenderlo; rogaba a todos los dioses que existieran porque me ayudaran a salvarlos, porque se repusieran, porque mi viaje no hubiera sido en vano. Tan pérdida me encontraba en mis cavilaciones que no me había dado cuenta de que un hombre se había acercado; era alto, rubio y muy pálido, seguramente en otro momento me hubiera resultado atractivo, tenía una compasiva mirada en sus extrañamente dorados ojos.
-Buenas noches, soy el doctor Cullen, señora- bajo la vista hacía un papel en su mano- Masen-
Por Dios como deseaba que esa afirmación fuera cierta.
-Sta. Swan- dije a la vez que me levantaba- Edward es mi prometido, vamos a casarnos- mi voz tembló- algún día. Ella es su madre, Elizabeth.
-Comprendo- dijo con una piadosa mirada- ahora si me permite voy a revisarlos-
Estuvo cerca de un cuarto de hora chequeando todos sus síntomas. Cuando termino me miro casi con pena y me llevo aparte para explicarme.
-Sta. lamento tener que informarle que su prometido y su suegra- hizo una pausa mirándome fijamente a los ojos- ellos están enfermos de la nueva gripe. Desafortunadamente nosotros…
-No saben cómo curarla- lo interrumpí a la vez que sentía que mis piernas fallaban y los ojos se me llenaban de lágrimas; esto no podía estar pasando.
Me ayudo a sentar en una silla y tomo mis manos entre las suyas, eran asombrosamente frías.
-Sta. le prometo que haremos todo lo posible por salvarlos. Vamos a intentarlo- solo pude mirarlo mientras sentía las lágrimas caer por mi rostro, como quería creerle.
Espera unos minutos mientras les daba la medicación y me recomponía, volví para ver que Edward seguía durmiendo, pero que Elizabeth no.
-¿Cómo te sientes?- dije suavemente acercándome a su cama.
-Digamos que he estado mejor- traté de sonreír ante su respuesta pero no lo logré- ¿qué te dijo el médico? ¿Edward va a estar bien?
-El dijo que…- titubeé tratando de contener las lágrimas- solo tienen gripe pero mejoraran, ambos van a estar bien.
Me miro fijamente unos instantes.
-Bella no nací ayer lo sabías- asentí mientras me largaba a llorar, mi intento de permanecer tranquila por ella fracasó estrepitosamente- es lo mismo que tenía mi Edward- me limité a asentir.
-No te preocupes, Edward es fuerte, yo también. Todo mejorará- vi en sus ojos que no creía lo que decía, ninguna de las dos lo hacía, pero eso no nos quitaba la esperanza.
Pase toda la noche sentada en el banquito, ocasionalmente Elizabeth despertaba pero Edward aún no había abierto los ojos. De vez en cuando también venía el doctor Cullen, los revisaba y se iba. No había cambios, no mejoraban; en estos momentos era en los que desearía saber rezar.
Estaba distraída acariciando el rostro de Edward cuando lentamente abrió los ojos, al verme sonrió. Hice todo mi esfuerzo por corresponderle pero creo que no lo logré, estaba tan pálido, ojeroso y demacrado, y sus ojos eran totalmente opacos.
-¿Cómo estás?- preguntó de repente, su voz era baja y ronca.
-Yo bien, ¿cómo estás vos?- dije mientras le tomaba la mano.
-Mejor ahora que te veo-
-Edward- sentí como nuevamente me estaba largando a llorar, era un desastre, me estaba deprimiendo frente a él cuando se suponía que lo debía apoyar.
-No llores Bella, no estés mal. Tienes que ser fuerte- me miro fijamente- Bella voy a decirte una cosa y necesito que la escuches con mucha atención, quiero que busques un papel y anotes el número de cuenta del banco.
-No- contesté inmediatamente- no Edward- me paré y me empecé a tirar del pelo- no vas a hacer eso. No vas a darme el estúpido número de cuenta, no lo necesito, luego la plata la podes sacar vos, no vamos a hacer como….
-No Bella- me cortó e hizo un intento de sentarse pero falló- te amo Bella, con todo mi corazón, pero no estoy bien. Aunque no me lo quieras decir sé que tengo lo mismo que mi papá- a este punto ambos estábamos llorando- ni siquiera tengo idea de cuándo vamos a poder volver a hablar. Lo único que quisiera en estos momentos es estar bien, casarme contigo, tener una familia, envejecer juntos Bella, pero…. No creo que sea posible.
-No lo digas- lo corté con la voz entrecortada al tiempo que lo abrazaba.
-Tengo que- dijo separándome un poco para que nuestros rostros quedaran prácticamente pegados- Bella te amo, pero no se cuanto tiempo voy a estar aca- su voz se quebró dos veces- necesito asegurarme de que vas a estar bien, por favor Bella solo anótalo- prácticamente suplicó.
Tome un papel y apunté lo que me dijo, cuando terminé guarde el papel y lo miré fijamente, me negaba a creer que esto pudiera estar pasando.
-Lo único que lamento es que no nos hayamos casado- dijo llorando.
-Shhh, no lo digas- lo callé con un beso- te amo
-También te amo mi pequeña. Siempre voy a estar contigo, así no me veas, desde donde esté siempre te voy a cuidar. Prométeme que vas a salir adelante, que te vas a cuidar-
-Lo prometo. Te amo. Te amo. Te amo- dije mientras lo besaba, no podía parar de repetirlo, necesitaba que lo supiera.
-Eres mi vida- susurró contra mi frente
-Tú la mía- le contesté acunándolo suavemente hasta que se quedo dormido. Lo mire, se veía tan desvalido y yo sentía tanta impotencia por no poder ayudarlo. Levanté mi mirada y me encontré con el doctor Cullen, que me veía compasivamente. Le iba a preguntar algo cuando fuimos interrumpidos por una suave y ronca voz.
-Sálvelo- dijo Elizabeth desde su cama- usted puede hacerlo, confío en usted, tiene que haber una manera. Hágalo, es mi hijo y tiene toda una vida por delante. Haga lo imposible pero sálvelo, por favor, yo no voy a sobrevivir pero necesito saber que mi hijo estará bien-
-Sra. Masen- dijo acercándose a su cama
-Solo prométalo, diga que hará todo lo que esté en sus manos para salvarlo.
-Lo prometo- le contestó mientras sostenía una de sus manos. Elizabeth pareció relajarse al instante ante su promesa y cerró los ojos.
-Dr. Cullen ¿podemos hablar?- mi voz sonó más devastada de lo que pensé.
-Por supuesto, acompáñeme- nos dirigimos a una esquina. Lo mire tratando de transmitirle todo lo que sentía, él me inspiraba una extraña confianza y creía que de alguna manera podía salvar a Edward.
-Por favor Dr. Cullen se lo ruego- dije mientras sentía como mis ojos se llenaban aún más de lágrimas y tomaba sus manos entre las mías- por favor, sálvelo, haga todo lo humanamente posible que este en sus manos, y cuando ya no haya nada más posible por hacer, haga también lo imposible. Haga lo que sea pero sálvelo. Por favor, mi suegra confía en usted, yo también; necesito que mi Edward pueda seguir viviendo, tenemos toda una vida por delante, y ya ni siquiera me importa si yo estoy en ella pero necesito que él siga vivo; no sabe lo que daría por estar yo en su lugar. Sé que es injusto pedirle esto cuando hay tanta gente enferma y muriendo, pero yo necesito, que por favor, salve al amor de mi vida, por favor, se que puede hacerlo, así que hágalo, no importa de qué manera.
-Sta. Swan hay ocasiones en las que la muerte suele ser lo mejor- parecía saber mucho de lo que hablaba.
-Nunca Dr. Cullen, nunca la muerte puede ser lo mejor. Necesito que mi Edward continúe existiendo, es la única manera en que todo estará bien.
Me miro durante un largo rato, parecía estar llevando a cabo una lucha interna.
-¿Usted solo quiere que él esté bien, no importa lo que eso implique?- me limité a asentir- Entonces le prometo que hare todo lo que pueda por salvarlo- dijo con la voz un poco temblorosa.
-Gracias, de verdad muchas gracias- dije en un suspiro. Él asintió y se retiró, no podía dejar de pensar que había algo raro en toda la conversación pero no importaba, mientras Edward estuviera bien todo lo demás era secundario.
Volví lentamente a mi antiguo lugar, Edward estaba dormido pero su madre no, y había algo en su mirada que me decía que ya no podía más.
-Elizabeth…- dije entre lágrimas
-No Bella- dijo interrumpiéndome con una voz tan baja que tuve que inclinarme para escucharla- no llores, yo ya viví, tuve una maravillosa vida con un marido que me amó con locura y un hijo increíble, incluso también te he llegado a tener a ti, que eres como una hija. Ahora es su turno de vivir, de ser felices juntos; mi hijo se repondrá, él es fuerte, lo hará y ustedes podrán tener una familia- a este punto yo ya estaba ahogada en mis propias lágrimas y solo podía negar con la cabeza.
-Si Bella escúchame- continuó con voz rota- mi Edward ya se fue, y yo voy a ser feliz yéndome con él, dejo a mi hijo en buenas manos, prométeme que lo cuidaras.
-Claro que sí Elizabeth lo haré- una sonrisa se formó en su ya demacrado rostro.
-Gracias Bella, eres como una hija para mí, sabes lo mucho que te quiero. Creo que mi niño no podría haber encontrado a nadie mejor- solo pude abrazarla, con todo el cuidado del mundo de no aplastarla, la apreté contra mí para hacerle sentir lo mucho que la quería, y lloré. Lloré porque la vida era injusta, lloré porque esto no debería estar pasándoles a ellos, lloré porque por una vez había sido completamente feliz y ahora lo estaba perdiendo, lloré porque mi mundo se caía a pedazos y yo ya no sabía cómo seguir viviendo.
Pasado un rato me separé levemente para verla, tenía una sonrisa pacífica en su rostro, tomo mi mano y sin perderme la mirada, fue cayendo en un sueño profundo. Un sueño del que sabía que ya nunca despertaría. La miré por un instante antes de darme cuenta de lo que había ocurrido y nuevamente llore y, a pesar de que sabía que ella ya no estaba aquí la volví a abrazar y derramé todas las lágrimas que tenía por la mujer a la que consideraba mi mejor amiga.
Luego de unos momentos me separé para observarla, se veía tan pacífica.
-Adiós Elizabeth- dije con la voz rota antes de girarme hacía la cama de Edward. Él se veía igual de horrible que su madre, pálido, cansado y ojeroso. En estos momentos mi corazón no podría haber estado más roto, y tomé una decisión, iría a buscar al Dr. Cullen, él dijo que haría lo que sea para salvarlo y este era el momento. Le di un suave beso en los labios y me quede por unos instantes a su lado.
-No te preocupes amor, todo estará bien, nosotros estaremos bien y seremos muy felices juntos. Te amo Edward, vas a curarte mi amor y todo, absolutamente todo estará bien- le dije suavemente al oído antes de separarme.
Lo miré una vez más y me dirigí a buscar al Dr. Cullen, tan desesperada estaba, lidiando con mi propio dolor y tratando de pasar entre la multitud de camas, los familiares desesperados y las enfermeras que trataban de ayudar, que no preste atención al donde caminaba y tropecé con algo. Empecé a caer y automáticamente puse mis manos para frenar el golpe. Pero cuando estaba en el suelo, el pedazo de piso que podía ver a través de mis manos era muy distinto al que yo recordaba haber dejado. Con todo el temor del mundo levante mi cara para encontrarme con el lugar en el que menos deseaba estar en este momento. La soleada calle 42 de Phoenix que conducía a mi casa. Había regresado.
Guau incerible pero lo terminé, y quedo mucho más largo y dramático de lo que podría haber imaginado.
En fin espero que les haya gustado.
Quería agradecer de todo corazón a las lectoras de este fic, son las que me hicieron actualizar a pesar de tener los tiempos tan complicados. No sé cuando voy a subir otro cap, pero si se que a partir del 3 de diciembre el ritmo de las actualizaciones va a crecer. Espero que me puedan tener paciencia (ya parezco el chavo)
Cuéntenme que les pareció, acepto todo tipo de conjeturas y opiniones
Nos leemos pronto
Besos
