Disclaimer: todos los personajes así como también las frases de los libros de la Saga Twilight son propiedad intelectual de Stephenie Meyer, yo solo juego con ellos y armo esta historia producto de mis locuras. El título del fic pertenece al estribillo de This never happened before de Paul McCartney.
Capítulo 9
Empecé a caer y automáticamente puse mis manos para frenar el golpe. Pero cuando estaba en el suelo, el pedazo de piso que podía ver a través de mis manos era muy distinto al que yo recordaba haber dejado. Con todo el temor del mundo levante mi cara para encontrarme con el lugar en el que menos deseaba estar en este momento. La soleada calle 42 de Phoenix que conducía a mi casa. Había regresado.
Pestañeando lentamente, sin poder creerlo, mire a mí alrededor. Estaba todo exactamente igual a como lo recordaba, como estaba justo cuando volvía de la escuela a mi casa. La misma calle soleada, prácticamente desierta, los mismos árboles e incluso el mismo aire cálido propio de Phoenix.
Desesperada empecé a girar a mí alrededor, me negaba a creerlo, ¡esto no me podía estar pasando! No podía haber regresado, no ahora, no justo cuando Edward me necesitaba tanto.
Era imposible, lo había dejado solo y enfermo, tirado en una cama del hospital; lo había abandonado. Mientras sentía las lágrimas caer por mi rostro, miré hacia abajo para darme cuenta de que estaba vestida de la misma manera que en 1918, con el mismo sucio vestido grisáceo
Una luz se prendió en mi cabeza y corrí en forma desesperada hacía mi casa, rogando porque mi madre no estuviera en ella. Entre y subí corriendo a tirarme en mi cama. Desesperada y furiosa desordené y arrojé todo cuanto estuviera a mi paso; grite, lloré y pataleé hasta que prácticamente perdí la noción del tiempo. Me encontraba en el limbo.
Sentí a lo lejos como alguien gritaba de forma desesperada mi nombre, no podía entender quien era, mi mente no lograba enfocarse. Abrí los ojos para encontrarme con el angustiado rostro de mi madre.
-¡Bella! ¡Bella! ¿Amor que pasó?- preguntó entre lágrimas.
Amor, escuchar esa palabras que solía decirme con tanto cariño Edward fue más que suficiente para que me desmoronara de nuevo. Como pude, entre balbuceos y llantos, traté de convencer a mi madre y Phill que nada malo me había pasado, de que no había sido robada, amenazada, violada, secuestrada o cualquier otra cosa que se le ocurriese, y que solamente un chico, que era una especie de novio de la escuela me había engañado y por eso estaba tan mal. Mi mentira no fue para nada convincente, pero al menos sirvió para aplacarla un poco.
En los días siguientes al viaje mi vida parecía regirse en forma mecánica. Me levantaba, apenas comía, me iba a la escuela, permanecía un par de horas allí, volvía a mi casa y me encerraba en mi pieza. La misma rutina que se repetía día tras día.
No entendía después de todo el propósito de mi viaje, fui a otro tiempo, me enamoré como nunca lo creí posible y regresé dejándolo todo, abandoné al amor de mi vida cuando más me necesitaba. Me carcomía la culpa, aunque sabía que yo no había elegido volver, no podía evitar pensar que lo había dejado solo en su peor momento. Acepté casarme con él, estar siempre a su lado y lo había abandonado.
Si bien, sabía que había muy pocas probabilidades de que Edward sobreviviera, quería estar a su lado cuando se fuera, sostener su mano por última vez, así como lo hice con Elizabeth. Quería que él supiera que era mi deseo estar siempre con él. Que lo amaba y que, de haber estado en mi poder, me hubiera quedado.
Tal vez, solo tal vez, el propósito de mi viaje era que conociera la verdadera felicidad, que me enamorara, que me sintiera dentro de una verdadera familia por una vez en mi vida. Por mi forma ser, obviamente era imposible que encontrara alguien a quien amar de la manera en que lo hice en mi tiempo, tuve que viajar a 1918 para conocer lo que era perder la cabeza por un chico.
Por casi cinco meses había sido completamente feliz, había vivido como se dice en una nube, ahora me restaba pasar el resto de mi existencia sola, pues sabía que nunca encontraría a alguien como Edward. Al menos mi vida no era del todo vacía ahora, tenía un sinfín de recuerdos que atesorar, y no lamentaba el haber viajado. La vida me había ofrecido un sueño que superaba cualquiera de mis expectativas, lo había vivido, disfrutado y lamentablemente perdido, no iba lamentar estar sola, iba a alegrarme de haber tenido semejante posibilidad.
A pesar de todo, mi vida me seguía pareciendo en el limbo. Me resultaba tan vacía e insulsa, que no sabía cómo llenarla. Parecía un robot que actuaba por inercia, en único momento en que reaccionaba era cuando buscaba desesperadamente alguna forma de regresar, pero no encontré ninguna. Era algo esperado, después de todo, cuando viaje al pasado traté de todos modos de volver y no lo conseguí; ahora estaba en mi casa, pero había dejado en 1918 a mi hogar.
Leí libros, busqué en Internet, miré películas sobre el tema y escudriñé cuanta teoría o investigación se cruzara en mi camino, pero nada podía explicar certeramente como viajar. Ni yo misma entendía como lo había hecho, pero en estos momentos daría lo que fuera por regresar.
Un día, en un ataque de masoquismo o de desesperación, fui a la biblioteca y revise archivos. Pase horas y horas buscando entre los empolvados padrones pero no encontré nada, ni un registro, ni una fecha de nacimiento o de muerte, sencillamente no había nada. Era de esperarse dado que ellos vivían en Chicago y yo estaba en Phoenix, pero aun así, el haber hallado algo me hubiera servido para confirmarme que no estaba loca y que no había sido un sueño.
Cuando había perdido casi toda esperanza, en un desgastado y algo apolillado diario, encontré una nota que hablaba de que venía a la ciudad un nuevo, brillante, bien parecido y joven médico, un tal Carlisle Cullen.
Me quede con el diario en mano hasta que una luz se prendió en mi cabeza, era de 1914, cuatro años antes de mi viaje. El Dr. Cullen perfectamente podría haber vivido en Phoenix y luego mudarse a Chicago. Casi grito de la alegría, aunque no fuera Edward, al menos era alguien a quien había conocido, no estaba tan loca. Ahora no solo tenía la ropa y el anillo para confirmarlo, también tenía el recorte.
Arranque cuidadosamente la hoja y volví a mi casa sonriendo, no estaba más cerca de averiguar cómo viajar ni mucho menos, pero era algo.
Solo había una cosa que me carcomía la cabeza, era el hecho de que cuando el Dr. Cullen llegó a Phoenix ya había tenido tiempo de recibirse y hacerse conocido, y que, cuatro años más tarde aún no pareciera mayor de 25, era extraño pero decidí no darle más vueltas.
Por primera vez en dos semanas, ese día no me encerré en mi pieza cuando regresé. Mi madre estaba exultante, convencida de que finalmente me había recuperado de mi "relación perdida en extremo obsesiva", como ella la llamaba.
Aún así, los días seguían pasando y yo seguía sin encontrarle sentido a mi vida. Me deprimía constantemente pensando en Edward, en lo maravilloso que era y en como lo había perdido. Últimamente lloraba tanto que me sorprendía no haber convertido la casa en un río.
Lo peor de todo, sin duda era la calle. La odiosa calle 42 que conducía a mi casa, la misma calle en la que había viajado. Se había convertido en mi obsesión, mi karma. Varias veces por día pasaba por la misma, por el punto exacto en que caí, esperando algo, un indicio, un portal, una señal mágica, cualquier cosa que me indicara como viajar. Había llegado incluso a caerme a propósito, pero nada, la maldita calle seguía tan inmutable como siempre, ajena a mi creciente desesperación.
Estaba muy consciente de mi locura, pero aun así no podía evitarlo. No perdía la esperanza de que algún día, de algún modo, pudiera volver.
Mi madre estaba muy preocupada, yo no había vuelto a ser la misma, no sonreía y podría jurar que mis ojos habían perdido brillo. Me daba cuenta de lo mucho que la hacía sufrir pero no podía evitarlo, estaba de luto, había perdido a una persona amada.
Reneé no se cansaba de sugerir que fuera a ver a un psiquiatra, un neurólogo, un consejero espiritual, una vidente, un parapsicólogo y a una increíble variedad de personas a las que me negaba rotundamente a ver. A cualquiera que le contara mi situación me tomaría por loca.
Sentía como mi vida me agobiaba, era cada vez más desesperante ser quien era. Me hubiera encantado salirme de mi cuerpo y ser otra, empezar de nuevo. Era cobarde pero quería huir, ya no podía seguir pasando por la misma calle para ver si de milagro podía viajar, y cada vez que no sucedía nada deprimirme de un modo desesperante. Necesitaba huir y había una idea formándose en mi cabeza que parecía ser cada vez más cuerda y menos descabellada.
-Mamá- la llamé un día que estábamos los tres cenando. Phill y Renneé se me quedaron mirando sorprendidos, debía ser la primera vez que hablaba por voluntad propia en días- quiero ir con papá.
-¿Quieres ver a Charlie?- preguntó incrédula.
-No yo este…- dude, no había una forma de decirlo sin lastimarla pero necesitaba un cambio- creo que estaría bueno ir a vivir con papá una temporada.
-¿Vivir con Charlie? ¿Por qué?- su voz empezaba a temblar.
-Creo que necesito un cambio, será divertido, por un tiempo, tal vez hasta que termine el año escolar o quizás un poco más, además podrás viajar con Phill a los partidos, ya no tendrás que quedarte- dije tratando de sonar mucho más convincente de lo que realmente lo creía.
No dijo nada, en los días siguientes estuvo sopesando los pros y los contras. A veces trataba de disuadirme para que me quedara pero había días en los que comentaba que con todos los avances tecnológicos no sería tan difícil estar comunicadas.
Finalmente un día tomó la decisión, me mudaría después de pasar las fiestas para empezar allá el semestre. Mi madre no estaba muy convencida pero Charlie estaba exultante, sería la primera vez que viviría con él en forma más o menos permanente. Yo, por otro lado, no sabía que pensar, no creía que pudiera ser feliz pero al menos no estaría constantemente preocupándome por la odiosa calle; sea lo que fuera que me deparara el futuro, una cosa era segura, estaba en Forks.
Si si ya se cortito y conciso, pero necesario
Debido a circunstancias de la vida no voy a poder actualizar tan pronto como me gustaría, pero no se preocupen que al menos un cap por semana voy a subir
Nos leemos pronto
Besos
