Disclaimer: todos los personajes así como también las frases de los libros de la Saga Twilight son propiedad intelectual de Stephenie Meyer, yo solo juego con ellos y armo esta historia producto de mis locuras. El título del fic pertenece al estribillo de This never happened before de Paul McCartney.
Capítulo 10
El viaje en avión fue tranquilo, sirvió para relajarme y mentalizarme de que empezaba una nueva vida. No habría fantasmas que me persiguieran en Forks, solo sería Bella, la hija del jefe Swan y nada más.
Cuando aterrizamos en Seattle estaba lloviendo, no lo consideré un presagio, simplemente me encontraba en camino hacia el lugar más lluvioso del país; era obvio que iba a llover, y tendría que acostumbrarme, por mucho que lo odiara.
Charlie me esperaba sonriente cuando descendí del avión, no cabía en sí de felicidad de que viviera con él.
-Me alegro de verte hija- dijo a la vez que me abrazaba- ¿Cómo has estado? ¿Qué tal resultó el viaje?
-El viaje estuvo bien, dormí la mayoría del tiempo- contesté evadiendo su primera pregunta. Cargó mi equipaje al coche.
El viaje se desarrollo en su mayoría en un cómodo silencio, ninguno de los dos era muy hablador y este era un hecho que en estos momentos agradecía sumamente. Me contó que me había comprado un coche, un "trasto" en sus propias palabras, que realmente espera que anduviera sin problemas. Pase el resto del viaje mirando el paisaje, era de un verde casi alienígena que me parecía francamente horrible, mirara donde mirara todo era verde, verde y verde, incluso el aire, aunque pareciera loco, tenía un deje verdoso. Estuve prácticamente todo el trayecto ocupando mi mente con teorías sobre mi nuevo trasto, no podía darme el lujo de deprimirme frente a Charlie.
Sorpresivamente, mis ideas sobre el vehículo cayeron en picada cuando lo vi, era un viejo monovolumen Chevy color rojo desvaído de aspecto sólido, que me pareció simplemente maravilloso. Subimos mis cosas a mi habitación, que estaba en el mismo estado que al recordaba, a excepción de una vieja computadora que se encontraba sobre el escritorio. Charlie me dejo sola para desempacar, al menos ahora podía deprimirme en soledad. Si bien ahora tenía la sensación de paz que me provocaba no tener que estar pendiente de esa horrible calle, mi vida seguí estando vacía. Incluso aquí, en la desierta y alejada Forks, todo seguía recordándome a él.
No pasé una buena noche, el viento soplaba sin cesar y la lluvia caía copiosamente; estuve horas dando vueltas en la cama, pensando en Edward y en lo mucho que me gustaría que estuviera a mi lado. Solamente cuando la lluvia se convirtió en una suave llovizna pude dormir un poco, aunque mis sueños no eran tranquilos y también él se encontraba en ellos.
Fue un sábado relajado, limpié un poco e hice las compras. Charlie estuvo casi todo el día en la comisaría; esa noche me preguntó si me molestaba que fuera a pescar con Billy a La Push, le contesté que en absoluto. Él tenía su vida armada y, además, disfrutaba de la soledad.
El domingo amaneció lloviendo, de nuevo. Intenté ordenar pero parecía haberme quedado sin actividades domésticas. Intenté leer, pero ninguno de los libros que tenía me atrapaba. Prendí la tele y luego de cambiar dos canales la apagué, no había nada que ver. No sabía que hacer para no pensar en él. Miraba sin cesar las cuatro paredes que me rodeaban, me sentía encerraba, agobiada. Estaba sola, ya no podía estar más tiempo aquí.
Garabateé una nota para Charlie, en caso de que volviera antes que yo, cosa que dudaba; me calcé unas botas de lluvia altas a la rodilla (no tenía ganas de mojarme) y me puse el impermeable sobre la polera. Me mire al espejo, no me veía nada bien, estaba pálida y ojerosa, e incluso más flaca. La ropa ahora me quedaba grande, pero no era en realidad algo que me importara; iba a caminar por el bosque no a un desfile de modas, y además no estaba mi madre para reprenderme de lo mucho que había adelgazado.
Salí e inmediatamente sentí como el húmedo aire se impactaba en mi rostro; era un permanente recordatorio de lo mucho que odiaba Forks. Empecé a caminar por el sendero que estaba en la parte trasera de la casa. Me iba adentrando más y más en bosque a medida que serpenteaba entre distintas clases de abetos, cicutas y arces. Seguí de forma instintiva el camino, mi cerebro estaba apagado y solo escuchaba el succionar de mis botas contra el barro; era bueno solo por un momento parar de pensar.
No sé cuánto tiempo anduve distraída, mirando los árboles, rememorando épocas en las que Charlie me enseñaba sus nombres y mi único problema era lo mucho que me iba aburrir en sus sesiones de pesca, si que eran buenos tiempos aquellos. Antes de que me diera cuenta, el sendero acabó. Decepcionada me senté en un tronco cubierto de musgo que estaba atravesado, pero apenas lo hice el silencio del bosque me agobió y los recuerdos que tanto estaba luchando por sacar de mi mente aparecieron de nuevo. Su mirada, su sonrisa, su voz, todo era tan nítido que parecía que estuviera a mi lado, me picaban los ojos, ya no creía que pudiera aguantar mucho más. En un ataqué de locura o desesperación me levanté y decidí adentrarme aún más en el bosque; sabía que era estúpido y que corría riesgo de perderme, pero necesitaba dejar de pensar, literalmente, los recuerdos me mataban.
Fui con cuidado, tratando de seguir una línea de arces para no perderme, pero antes de que me diera cuenta, ya no sabía ni donde estaba parada. Empecé a girar hacía todos lados pero no conseguí ubicarme, cualquier lugar donde mirara era verde y más verde. Odiando mi momento de estupidez, empecé a caminar hacía donde creía que estaba el sendero, solo para darme cuenta de que me había equivocado, de nuevo. Probé nuevos caminos, pero ninguno conducía a ninguna parte; estaba oficial y totalmente perdida. Sentía como la desesperación me embargaba, en que estaba pensando, o mejor dicho en qué no estaba pensando. Como pude ser tan tonta de adentrarme en el bosque sola; ahora no solo estaba desesperada y deprimida, también estaba perdida. Tenía frío, y tenía miedo, nunca tendría que haber venido ¿por qué no fui capaz de quedarme en la casa? Siempre tenía que andar buscando problemas.
De pronto, en medio de mi creciente angustia, divise a lo lejos algo blanco y grande, no sabía que era pero decidí acercarme. A cada paso que hacía, más me daba cuenta de que lo que había allí era una inmensa y majestuosa casa, mínimo de tres pisos, y llena de ventanales. No tenía idea de quién podía vivir en medio del bosque, pero al menos podría pedir ayudar. Cuando estaba bastante cerca me di cuenta de que el término casa le quedaba corto, parecía una mansión. Era rectangular y bien proporcionada, y tenía en la parte trasera, que era a la que yo me estaba acercando, una pradera desprovista de árboles y un elegante jardín de flores.
Llegue a la pequeña pradera y para mi alivio había cerca de la casa un grupo de gente. Dos mujeres muy bellas, una con rostro de corazón y cabello caramelo, y la otra bajita y flaca como un fideo, de facciones finas y corto cabello negro. Un hombre alto, rubio y de presencia bastante imponente; otro hombre que era increíblemente parecido al Dr. Cullen y uno más, que cuando lo vi me quedé helada.
Era alto, de aspecto algo desgarbado, ojos dorados y con cabello cobrizo que caía sobre su cara en forma despeinada. Pero no era eso lo que me llamó la atención, sino que él era igual a Edward, a mí Edward.
Mis ojos no podían creer lo que veían, era él, de eso estaba segura. Estaba exactamente igual a como lo recordaba, mismo pelo, mismo cuerpo, misma altura y misma cara de sorpresa; incluso sus ojos, que eran de diferente color, seguían expresando la misma mirada. Por más increíble que pareciera era indudable que era él, y se veía incluso más maravilloso de lo que recordaba, tenía algo, que no podía definir que era, que lo hacía verse absoluta y totalmente hermoso. Su piel era mucho más pálida y tenía unas leves ojeras malva, pero había un incomparable halo de perfección a su alrededor.
Mi corazón latía tan rápido que parecía querer salirse del pecho, no entendía como esto estaba pasando. Tenía una mezcla de sentimientos encontrados, alegría por verlo, incertidumbre porque no entendía que hacía aquí, alivio de saber que estaba bien, miedo de haberme confundido y de que en realidad no fuera él, terror de que si fuera él y que ya no me reconociera o no me quisiera. Quería correr y saltar a sus brazos pero al mismo tiempo necesitaba huir. Él estaba en el mismo lugar, absolutamente inmóvil y totalmente mudo; no hacíamos más que vernos fijamente, ignorando las asombradas miradas de los demás presentes. Nadie parecía dispuesto a decir nada, por lo que decidí dar el primer paso.
-¿Edward?- mi voz sonó baja y temblorosa, todo mi ser sabía que era él, pero necesitaba que me lo confirmara. Con el corazón en la boca empecé a dar un par de pasos para acercarme.
-¿Quién eres?- cuando lo escuché me detuve en seco, su voz era filosa y helada, y su expresión sumamente dura ¿Cómo podía ser que no me reconociera? Jamás me había hablado así.
-Edward soy yo, Bella- dije con voz temblorosa tratando de contener las lágrimas.
-Te lo preguntaré de nuevo ¿Quién eres?- su voz era aún más filosa que antes y tenía un dejo de impaciencia. Sentí como las lágrimas se empezaban a deslizar por mi rostro, no entendía porque me estaba tratando así.
-Soy yo Bella, tu Bella- dije tartamudeando.
-No tengo idea de quién eres o de quién te crees que eres, pero deberías irte ahora- dijo seriamente, su mirada era hostil y cada palabra que decía parecía clavarse en mi corazón. De repente, algo en mi explotó, tanto amor, tantos meses de constante sufrimiento para que ahora me tratara de ese modo.
-Es que no te das cuenta- grité desesperada- o no te quieres dar cuenta Edward- hice una pausa, estaba al punto de la histeria- por eres Edward eso lo sé bien, y yo soy Bella, y sé que sabes quién soy, pero por alguna estúpida razón que desconozco no quieres admitir que me conoces. Ni siquiera se, ni me importa como demonios es que estas acá cuando se supone que deberías estar muerto, ni porque estúpida razón tenes otro color de ojos. Realmente no me interesa, pero sería ético que al menos muestres un poco de decencia y reconocieras que sabes quién soy.
Escuche una risita contenida y me gire hacía el lugar del que provenía el sonido para encontrarme con dos personas que antes no estaban. El que encontraba toda esta situación tan graciosa era un hombre increíblemente grande, alto y musculoso, de cabello rizado y pequeños hoyuelos; a su lado había una mujer que era absolutamente hermosa, parecía modelo. Era alta, pálida, con un cuerpo digno de ser tapa de cualquier revista y con un cabello rubio platino que caía en una suave cascada por su espalda; ella estaba seria pero el hombre se seguía riendo; arqueé una ceja.
-Perdona que me ría pero es tienes mucho carácter-dijo entre carcajadas, lo seguí mirando seria, no le veía la gracia al asunto- por cierto soy Emmett, el hermano de Edward- dijo a la vez que me tendía una enorme mano.
Lo mire en forma recelosa.
-Edward no tiene hermanos- me limité a contestar.
-¿Y cómo es que usted sabe cuantos hermanos tengo o dejo de tener?- saltó Edward recalcando en sobremanera el "usted".
-Porque te conozco, y sé que eres hijo único- dije sin vacilar, no entendía porque se comportaba de ese modo, pero para fines prácticos ya tenía el corazón destruido. No había nada que perder, si quería hacerse el rudo yo también lo haría.
-Realmente Edward no se qué te pasa, no sé porque no reconoces que soy yo-
-¿Y quién eres?- preguntó, es que acaso se estaba haciendo el gracioso.
-Soy yo, Isabella Swan, tu prometida ¿recuerdas?- dije con la voz cargada de ironía, a cada palabra que él decía mi enojo aumentaba a mares.
-Isabella Swan, mi prometida, está muerta- su voz fue rotunda; finalmente entendí el quid de la cuestión.
-Te equivocas, soy yo- contesté suavemente
-No, no lo eres- me cortó en forma terminante.
-Sí, si lo soy- argumenté.
-Es imposible que lo seas, mi prometida está muerta-
-¿Por qué dices eso?- interrumpí y vi que vaciló- dices que estoy muerta pero en realidad eras vos quien estaba muriendo de Gripe Española ¿Cómo es que te curaste?
-En 1918 estaba muriendo- dijo con voz helada.
-En el año que fuere Edward, estabas prácticamente muerto- mi voz fue rotunda. Parecía no tener nada que argumentar, nos miramos fijamente, casi midiéndonos.
Una garganta se aclaró y volteamos a ver quién; en otro momento lo que iba a decir me parecería increíblemente estúpido, pero ahora el mundo estaba dado vuelta.
-¿Dr. Cullen, cierto?- dije con una risa casi histérica. Me observó fijamente unos instantes y asintió.
-Creo que deberíamos hablar- dijo en esa voz tan serena y cálida que la recordaba.
Nos sentamos todos en el living, el interior era inmenso y todo, absolutamente todo desde las paredes y el techo a los pisos y alfombras, estaba decorado en distintas gamas de blanco y crema. Todos estaban callados y Edward, que estaba enfrente de mí, no paraba de mirarme.
-Eres Isabella Swan ¿cierto?- preguntó Carlisle con voz pausada. Asentí.
-¿La misma Isabella que estaba comprometida con Edward- hizo una pausa y vaciló- en 1918?
-Sí- contesté con seguridad.
-No te ofendas, pero podrías aclararnos cómo es que habiendo estado en 1918 continuas viva- me miro fijamente y viendo que yo no me decidía a responder aclaró con voz suave- sé que seguramente debes tener tus dudas, y nosotros claro podremos responderte todo lo referido a nuestra situación que se te ocurra- ví como todos, menos Edward, lo miraron asombrados- Pero ahora, en realidad, sería bueno entender todo esto.
-No tengo una explicación convincente- contesté- ni siquiera yo misma lo entiendo.
-Tal vez entre todos podamos deducir algo- dijo con esa serenidad que lo caracterizaba.
-Aún así van a pensar que estoy loca- mire los rostros de todos, estaban expectantes, el de la mujer con rostro en forma de corazón y el de la chica que parecía un duende transmitían una reconfortante sensación de calidez. Edward estaba serio, perecía no decidirse a creer que era yo. Sopesé los pros y contras, mentalicé mi historia y me di cuenta de que era descabellada, pero realmente no tenía nada que perder.
-La razón por la que estoy acá, pero por la que también estuve en 1918- dije con voz temblorosa- es debido a que viaje en el tiempo- completé de un tirón. Siete pares de ojos me miraron sumamente impresionados, nadie articuló palabra, parecían incapaces de hablar.
-¿Qué?- dijo finalmente Edward- ¿A qué te refieres con lo de viajar en el tiempo?- estaba tan impactado que había olvidado mostrarse frío y enojado.
-Bueno exactamente a eso, a que viaje en el tiempo- me miró fijamente sin poder creérmelo.
-No lo entiendo- dijo al fin luego un instante.
-Isabella ¿Cuándo dices que viajaste en el tiempo, exactamente a que te refieres?- preguntó Carlisle.
-Bueno, en realidad ni yo misma lo entiendo- hice una pausa- pero un día iba caminando, volvía a mi casa de la escuela y me caí, pero cuando llegue al suelo, yo ya no estaba ahí. Es decir, el suelo era distinto, había cambiado, cuando caí yo estaba en el pasado. No sé cómo pasó, pero yo ya no estaba en el mismo lugar.
Contando con la total atención de todos los presentes, que parecían demasiado asombrados como para interrumpirme, relaté toda mi historia. La forma en la que me sentí cuando llegué, cómo terminé en la casa de los Masen, mi relación con Edward, la epidemia, la forma en la que todos fueron lentamente enfermando, mi estadía en el hospital, cómo conocí al Dr. Cullen, cómo fue que regresé, mi desesperado intento por volver a 1918 y la forma en que terminé en Forks. Nunca lo había hablado y fue tan liberador, saqué todos y cada uno de los sentimientos que me oprimían el alma, ni siquiera me di cuenta en qué momento empecé a llorar. No podía para y solo sabía que decir todo esto me hacía bien y que no me importaba si me consideraba una loca psicótica, necesitaba sacarlo, necesitaba que alguien lo oyera, lo hacía todo más real.
Cuando terminé todos se quedaron mirándome en absoluto silencio. Nadie parecía dispuesto a decir nada y el silencio era agobiante y me ponía los pelos de punta.
-Bueno, entiendo que tal vez mi historia no parezca muy creíble, pero en realidad es eso lo que me pasó- dije en forma titubeante. Siguieron callados, demasiado impactados como para hablar, incluso Edward tenía la mirada perdida mientras trataba de asimilar las cosas.
Me estaba poniendo más y más nerviosa conforme pasaban los minutos. No entendía porque nadie decía nada, llegue a la conclusión de que pensaban que estaba loca, o tal vez lo estuviera y ese hombre en realidad no fuera Edward y yo hubiera contado mi historia a unos completos extraños. Se me llenaron los ojos de lágrimas; no pudiendo aguantar más el silencio me levanté de repente.
-De acuerdo, entiendo que consideren que estoy loca, no hace falta que digan nada- dije caminando hacia la puerta.
-¡Bella espera! – gritó Edward, que, de manera inexplicable, apareció frente a mí, bloqueándome el paso.
-¿Cómo hiciste eso?- dije sin poder creerlo- ¿Cómo te moviste tan rápido?
-Bella yo entendió que lo que te paso es raro e inexplicable, pero no menos raro que lo nuestro- explicó en forma atropellada e hizo una pausa mirando a alguien detrás de mí - te lo voy a decir pero vas a tener que dejar que te lo expliquemos todo. Luego si quieres puedes irte y no tienes que verme si no quieres, pero prométeme que dejaras que te lo explique ¿por favor Bella? ¿Lo harás?
-Sí, claro- contesté titubeante.
-La explicación a todo en realidad es terriblemente sencilla- hizo una pausa, parecía estar dándose valor- y es que nosotros, todos nosotros, somos vampiros- dijo remarcando lentamente cada palabra.
Oh no puedo creer que lo haya logrado, me costó lo indecible hacer este capítulo porque quería que quedara perfecto y la verdad es que creo que quedó bastante bien, me divertí un montón escribiéndolo y espero que les haya gustado leerlo. Si ya sé me van a decir que lo corte en la mejor parte, pero en mi defensa debo decir que si no quedaba muy largo. No me maten por la reacción de Edward, entiendan que para él pobrecito toda la situación es una locura, ahora habrá que ver en el próximo capítulo cómo reacciona Bella…
Quería aprovechar para agradecer por todos esos hermosos rewievs que me mandaron porque cuando los leo me dan una alegría enorme y me dan ganas de seguir escribiendo, que alguien considere a esta historia tan buena es algo que me hace muy feliz. También quería decir sorry por tardar tanto en contestarlos, porque cuando los leo me sacan una sonrisa y seguro se me ocurre algo que tengo que escribir antes de que me olvide, entonces dejo la contestación para más tarde y así van quedando, pero trataré de responderlos antes.
Así que muchas gracias todas las lectoras/os; este capítulo (y el que sigue) están escritos pensando en ustedes que sé que lo están esperando, espero que esta primera parte haya estado a la altura.
Sin más me despido diciendo que nos leemos pronto
Besitos y besotes
