Disclaimer: todos los personajes así como también las frases de los libros de la Saga Twilight son propiedad intelectual de Stephenie Meyer, yo solo juego con ellos y armo esta historia producto de mis locuras. El título del fic pertenece al estribillo de This never happened before de Paul McCartney.


Capítulo 14

El resto de la semana transcurrió tranquilamente. Edward venía cada noche a mi dormitorio y me acunaba hasta que me quedaba dormida, a veces se quedaba para verme despertar, luego se iba y venía a buscarme para ir a la escuela. Allí seguía siendo el constante blanco de miradas por mi relación con los Cullen, situación que me ponía cada vez más desesperada, pero que al mismo tiempo, tampoco me importaba, estar con Edward lo valía.

Charlie no cabía en sí de satisfacción, cuando llegaba a casa generalmente estaban Alice o Rosalie haciéndome compañía y él no podía creer lo rápido que había hecho amigas. Acordamos no decirle nada referente a Edward al menos por la primera semana, para que tuviera tiempo de adaptarse, ya veríamos luego. Renée me había llamado y me tuvo al teléfono unos 45 minutos contándole sobre mi vida en Forks, a pesar de extrañarme se alegraba al ver que era feliz.

Era el viernes por la tarde y me estaba dedicando a preparar la cena con Edward como espectador, era en momentos como este, en los que estábamos solos, que aprovechaba para hacerme cualquier tipo de preguntas que se le ocurrieran, desde música, películas, libros a colores, recuerdos de mi infancia, comidas y cualquier cosa que se le ocurriera. Conocía las respuestas a varias de sus preguntas, pero el insistía en hacérmelas de nuevo porque ahora se las podía contestar de una forma 100% honesta.

Sonó su celular y miro el mensaje frunciendo el ceño.

-¿Paso algo?- pregunté preocupada

-No, solo ha habido un pequeño cambio de planes- hizo un gesto con la mano quitándole importancia- el sábado saldrás conmigo y el domingo iras de compras con las chicas.

-¿Por qué el cambio?

-La tormenta que Alice predijo en Seattle para el sábado se atrasó para el domingo, por lo que tendremos un hermoso sábado con probabilidades de sol.

-¿Qué tiene que ver el sol en todo esto?

-Oh lo averiguarás mañana- dijo con una sonrisa traviesa- pero hay un pequeño inconveniente, si mañana salimos hoy debo ir de caza, es solo por prevención- añadió al ver mi inquisidora mirada- todas tus preguntas te las responderé mañana.

-¿No vendrás esta noche?- me fue imposible ocultar la desilusión en mi voz.

-No, pero mañana pasaremos el día juntos, y también la noche, te lo compensaré te lo prometo- dijo rodeándome con sus brazos y depositando un suave beso en mi cabello- ¿Algo va mal?- preguntó extrañado notando mi rigidez.

-No nada- dije automáticamente separándome y dedicándome a las papas, quería quitar de mi cabeza la horrible idea que me estaba rondando.

-Bella- su voz fue un regaño mientras me giraba para quedar frente a frente- ¿Qué va mal? Si quieres puedo tratar de volver pronto y….

-No, de verdad Edward no te preocupes, no pasa nada- el escepticismo en su mirada me hizo ver que no me creía, suspire frustrada, ¿Cómo es que era tan transparente?

-Es que has venido aquí cada noche desde que nos reencontramos- el asintió instándome a continuar con una leve sonrisa, pero tenía terror de preguntar aquello que prácticamente quemaba mis labios- ¿Estás seguro de que no te has cansado?- dije de sopetón cerrando los ojos, no quería ver la respuesta en su cara.

Se quedo callado unos instantes que a mí se me hicieron eternos, cada segundo que pasaba me confirmaba más que mi hipótesis era acertada, instintivamente apreté más mis párpados. Sentí como su helada nariz rozaba con la mía, hablo lentamente, teniendo sus labios prácticamente pegados a mi boca.

-Bella ¿Podrías por favor mirarme?- lentamente abrí mis ojos para encontrarme con su mirada, eran dos pozos de un tono dorado oscuro que destilaban tanto amor y ternura que me hacían estremecer, no necesité que hablara para confirmar lo tonta que había sido mi pregunta, Dios como odiaba mis inseguridades.

-Nunca podría cansarme de ti Bella, pasé casi un siglo extrañándote, ahora que te tengo, todo tiempo es poco- sonrió antes de besarme dulcemente.

-Soy una tonta- murmuré escondiendo mi cabeza en su cuello

-No eres tonta, todo esto es parte de tu encanto- me separé para mirarlo ceñuda pero él solo se limito a sonreír- amo todo lo que hay en ti. Charlie viene me tengo que ir- agregó depositando un suave beso en mis labios, no sé si era un intento de desviar el tema o era verdad.

-No me convenció tu respuesta- dije mientras entrecerraba los ojos. Se limitó a darme otra sonrisa torcida mientras se encogía despreocupadamente los hombros, me beso una vez más antes de desaparecer. Instantes después escuché a Charlie en la puerta, sonreí para mí misma mientras negaba con la cabeza, ¡Él y sus súper sentidos vampíricos!

Pasé una noche tranquila y cuando desperté Charlie ya se había ido. Me vestí con un suéter ligero color canela y una remera debajo, también me calcé unos jeans y zapatillas. No estaba muy segura de adonde íbamos y eso me preocupaba, el senderismo nunca había sido mi fuerte, solo esperaba que Edward lo recordara. Apenas había terminado de desayunar y arreglarme cuando escuché unos suaves golpes en la entrada. Me precipité hacía la puerta para abrirla y encontrarme con mi dios griego personal. Se veía absolutamente hermoso, con su pelo tan desordenado como de costumbre y un suéter canela que se ajustaba perfectamente a su escultural cuerpo, era sencillamente maravilloso, y para completar su imagen de perfección llevaba una preciosa sonrisa torcida en el rostro.

-Hola- lo saludé cuando logré encontrar mi voz. Su sonrisa aumentó aún más y rió entre dientes.

-¿Qué ocurre?- pregunté desconcertada.

-Vamos a tono- dijo mientras depositaba un dulce beso sobre mis labios- las grandes mentes piensan igual.

-Se ve que sí- dije mientras lo atraía nuevamente hacía mí. Un simple beso no bastaba para empezar mi mañana.

Me acompañó hasta su auto, donde como de costumbre me abrió la puerta, y empezó a manejar alejándose del pueblo.

-¿Adonde vamos?- inquirí

-A un lugar- contestó con suficiencia.

-Ya, ¿Y donde queda ese lugar?-

-Por la 101 hacía el norte- puse mala cara pero no insistí, sabía que no conseguiría sonsacarle otra respuesta. Manejó hasta dejar los límites del pueblo mientras Debussy sonaba de fondo. Se metió en una carretera secundaria y paró el auto donde terminaba el asfalto. Lo miré con incredulidad. Antes de que me diera cuenta ya estaba frente a mí abriéndome la puerta.

-¿Aquí?- pregunté extrañada

-No, iremos de caminata- dijo como si fuera lo más obvio; pensé que tomaría la senda que estaba marcada pero en vez de eso se introdujo en bosque. Cuando se dio cuenta de que no lo estaba siguiendo se volteó preocupado.

-¿Qué va mal?

-¿No iremos por el sendero?- pregunté casi con pánico.

-No te preocupes- murmuró apareciendo a mi lado- no dejaré que te pierdas y son solo ocho kilómetros, llegaremos enseguida.

-¿Ocho kilómetros?- musité cuando logré encontrar mi voz.

-Supongo que no necesariamente hay que caminar- dijo después de observarme en forma pensativa unos instantes- ¿Confías en mí? Hay algo que quiero mostrarte.

-¿Qué tengo que hacer?- pregunté a modo de respuesta, un brillo travieso paso por sus ojos.

-Súbete a mi espalda- lo miré en forma incrédula- En serio Bella, súbete.

Me ayudo a subir y una vez que estuve acomodada lo rodeé con mis piernas y brazos, se rió suavemente y empezó a correr. No como lo haría una persona normal, más que correr parecía que se deslizaba a gran velocidad entre el bosque, los árboles no nos tocaban por poco y en el suelo no había evidencia de sus pisadas. Sentía como el aire frío azotaba mi cara, la sensación extraña e impresionante, era como si asomaras la cabeza por la ventanilla de un coche que iba a toda velocidad, las formas y figuras se hacían borrosas. En pocos minutos se detuvo a la sombra de unos árboles.

-Estimulante ¿Verdad?- dijo entusiasmado, yo me limité a soltar un largo suspiro- ¿Bella?- preguntó preocupado.

-Aquí, me ayudas a bajar- dije en un susurro. Sus fuertes manos deshicieron mi presa, me bajó suavemente para voltearme y acunarme, tal cual niña pequeña. Descansé mi cabeza en su hombro, mientras me relajaba.

-¿Te sientes bien? Creo que no fue buena idea-

-No solo me sorprendí un poco, la verdad es que fue una experiencia …-hice una pausa buscando la palabra correcta- interesante

Rió entre dientes mientras me acariciaba la mejilla.

-Pensé que nos podríamos estrellar contra un árbol pero parece que tienes bastante dominio sobre eso- dije sinceramente, parpadeó visiblemente sorprendido y soltó una sonora carcajada.

-Tonta Bella, correr es mi segunda naturaleza, no es algo en lo que tenga que pensar.

-Fanfarrón- dije mientras arqueaba las cejas- ¿Aquí es?

-No pero casi llegamos. ¿Ves ese fulgor de allá adelante?- señaló un lugar donde parecía que la luz del sol daba con más intensidad.

Emocionada, me dirigí hacía el notando que Edward me seguía detrás. Cuando atravesé la última franja de helechos me quedé anonadada. El prado que se extendía ante mis ojos era increíblemente hermoso, había flores amarillas, violetas y blancas rodeadas de mullida hierba, y se podía escuchar en la lejanía, el burbujeo de un arroyo que fluía. El sol estaba en lo más alto y brillaba con intensidad, dándole a todo el lugar un resplandor dorado. Avance un par de pasos, solo para darme cuenta de que Edward no me seguía. Giré a mí alrededor asustada, solo para verlo en las sombras, debajo de un árbol. Recordé lo que me había dicho del sol, y le sonreí animándolo. Se veía muy cauteloso, casi asustado de lo que sea que fuera a mostrarme.

-Edward- murmuré llamándolo- Nada de lo que hagas o me muestres va a lograr espantarme. Confía en mí, después de todo yo arriesgué mi vida corriendo contigo entre esos árboles.

Sonrió levemente, desabotonó su camisa y dio un paso hacía el fulgurante sol del mediodía.

Decir que me quedé impresionada es poco, Edward brillaba, centellaba como si tuviera miles de diamantes incrustados en la piel. Resplandecía tanto que había dejado prácticamente opacado al claro. Dio un par de pasos y se detuvo, mirándome con cautela. Pase unos momentos observándolo, y, cuando me pude recuperar de la impresión, caminé hasta quedar frente a él.

Lentamente levanté una mano y la pase por su pecho, seguía siendo duro como el granito y frío como el hielo, pero brillaba como el más fino diamante. Tenía que tocarlo para asegurarme de que no era una ilusión, que era real. En ningún momento quitó su mirada de la mía, parecía estar esperando que saliera gritando, sonreí levemente.

-¿No estás asustada?- preguntó impresionado.

-No- contesté mirándolo fijamente para que supiera que era cierto- un poco impresionada si, pero para nada asustada. Es más- añadí con una sonrisa- estoy considerando arrancarte un pedazo de piel y usarlo como joyería, creo que resaltaría más que un diamante.

Soltó una carcajada mientras negaba con la cabeza.

-Eres imposible ¿Lo sabías?- murmuró en mi oído enviándome escalofríos por todo mi cuerpo- y también estás loca.

-Loca por vos- corregí suavemente. Se rió nuevamente antes de levantarme, hacerme girar un par de vueltas y depositarme suavemente en el centro del prado, acostándose a mi lado.

-Eres hermosa- susurró mientras acariciaba mi mejilla, el momento era perfecto pero tenían que venir mis inseguridades a arruinar las cosas. Le sonreí mientras sentía como se me hacía un nudo en la garganta, no entendía como no veía todas las diferencias entre nosotros.

-¿Qué va mal?- preguntó inquieto.

-Nada- dije en forma entrecortada.

-Bella- su voz sonaba a reproche- sabes que puedes contarme lo que sea, por favor dime qué es lo que esta mal.

-Nada esta mal- lo miré mientras sentía como mis ojos se llenaban de lágrimas y suspiré resignada a decirle lo que pensaba- es solo que cuando te conocí eras perfecto, y ahora lo eres aún más. Siempre fuiste increíblemente hermoso, atlético, caballero, y tienes todas esas cosas tan maravillosas, que no veo que es lo que encuentras en mí, para quererme, somos total y completamente diferente, no tiene sentido...

Puso sus labios sobre los míos cortando inmediatamente mi perorata, me beso tierna y delicadamente, luego se separó, me sentó para que quedáramos frente a frente y su rostro se puso serio.

-Quiero que escuches lo que te voy a decir con mucha atención Bella, porque no quiero volver a oír lo que dijiste. Todo lo que mencionaste sobre la belleza es por lo que soy, el rostro, la voz e incluso mi olor, todo eso que te parece tan maravilloso, es parte de ser un vampiro, estoy diseñado para atraer a las presas y todas esas cosas que mencionaste en realidad no son nada. Nada de todo eso vale, dices que no sabes que es lo que veo en ti, eso es porque no te ves con claridad. Siempre has sido y serás, la persona más maravillosa que pude haber conocido, eres dulce y amable con todo el mundo, te preocupas por la gente, eres sincera, y eres tan hermosa, tienes ese rubor adorable- dijo pasando un dedo por mis mejillas- y la forma en la que te muerdes el labio, y millones de cosas más que no podría jamás acabar de mencionar. No importa que no veas lo que yo veo en ti, porque tampoco veo que es lo que ves en mí que te hace estar aquí hoy a mi lado.

-No seas tonto Edward- lo corté irritada- sabes que eres maravilloso, además- dije decidida a cambiar el tema- esa sonrisa torcida tuya, que tanto me gusta, la conozco desde mucho antes de que seas vampiro.

-Te refieres a esta- murmuró sonriéndome tal y como me gustaba.

-Exactamente esa, no tienes idea de lo que le hace a mi pobre corazón-

-En realidad creo tenerla- murmuró avergonzado, lo miré impresionada.

-Puedo escuchar tu corazón Bella, a metros de distancia- esperó viendo a ver si me asustaba- como me lo imagine, esto tampoco te da miedo ¿verdad?- negué con la cabeza

-¿Puedes escuchar mi corazón siempre?- el asintió, de pronto me sentí avergonzada, él, y no solo él sino también sus hermanos, podían escuchar como se me aceleraba cada vez que me tocaba.

-Oh esto es demasiado embarazoso- dije ocultando mi cabeza en su cuello, el rió suavemente.

-¿Por qué? Considero adorable escuchar como se acelera cuando hago esto- dijo empezando a besar mi cuello- o esto- me apartó suavemente y me colocó frente a su rostro, tan cerca que nuestras narices se tocaban- es simplemente maravilloso.

-Habla por ti- murmuré enfurruñada- toda tu familia también puede escucharlo, a la menor oportunidad que se le presente, Emmett va a cargarme.

-Puede que lo haga- sonrió levemente- pero aún así sigo considerándolo como el sonido más maravilloso.

Me dedicó otra de esas sonrisas que me derretían el alma.

-Eres un tramposo ¿lo sabías?-murmuré contra sus labios.

-¿Ah si? ¿Por qué?- preguntó como si no tuviera idea de que estaba hablando.

-Porque sabes que esa sonrisa se me hace irresistible y la usas a tu favor, reitero, eres un tramposo- lo miré entrecerrando los ojos y él solo se carcajeó

-Ok ok, no hay necesidad de poner esa mirada, me considero culpable ¿Estoy perdonado?- preguntó poniendo cara de cachorrito abandonado.

-Tendré que pensármelo. Mi respuesta depende de cuanto puedas hoy impresionarme, sin usar tu sonrisa- aclaré para evitar toda duda.

-Pero si te encanta-

-Reglas son reglas ¿Querías ser perdonado? Ya sabes las condiciones-

-Creo que se me ocurre otra manera de ser perdonado-susurró antes de besarme nuevamente. Fue un beso tierno, dulce, exactamente como el otro, pero que empezó a subir rápidamente de intensidad. Antes de que me diera cuenta estaba sobre él, sus manos se aferraban a mi cintura y las mías estaban alrededor de su cuello, tratando de evitar toda posible distancia entre nosotros. Sentía como mi cabeza daba vueltas, su olor me intoxicaba, y su lengua, helada, parecía quemar cada lugar que tocara. En menos de un parpadeo me encontraba sentada sola, en el medio del claro, con Edward alejado, mínimo, a 3 metros de distancia. Bufé frustrada, ¿Cómo es que siempre que las cosas que ponían un poquitito subidas de tono terminábamos en este punto?

Me limité a mirarlo enojada mientras se acercaba lentamente y se sentaba.

-Bella…- empezó en tono de disculpa

-No quiero oírlo- lo corté- no quiero y no me interesa oír lo que sea que tengas para decirme. En 1918 lo entendía, no me gustaba, pero aún así lo entendía, era una norma social y eras un perfecto caballero. Pero ahora ¿Qué es Edward? ¿No entiendo que te detiene? Dices que me amas pero cada vez que pasamos de un par de besos te alejas cómo si el alma te la llevara el diablo ¿Qué es lo que te pasa?- concluí furiosa.

-Bella…- volvió a empezar pero nuevamente lo corté.

-No quiero que te disculpes- murmuré entre dientes.

-De acuerdo no voy a hacerlo, pero me parece que hay algo que necesitas entender primero- hizo una pausa- si es que te decides a mirarme.

Levanté mis ojos del suelo y los clavé en los suyos, que se veían tan atormentados, ahora me sentía horrible por hacerlo sufrir tanto.

-Recuerdas lo que te dije sobre los aromas- asentí con la cabeza- también te dije que el tuyo me atraía particularmente, pero creo que no fui claro. Lamento tener que hacer esta comparación pero imagina que estas en una vinoteca, a cada persona le atrae un vino en particular, ya sea por su maduración, su bouquet, el tipo de uva, etc. Para esa persona ese vino es el más delicioso, el que más le atrae, y desesperadamente quiere tomarlo pero no debe, trata con todas sus fuerzas de resistirse ¿Qué crees que pasaría? Tal vez lo del vino no sea muy convincente- dijo más para sí mismo- cambiemos de analogía, piensa un adicto a la heroína, si a tiene en frente, por más que quiera, se le hace prácticamente imposible resistirse. Bueno podría decir que casi eso es lo que eres, como mi marca de heroína.

Nos quedamos un momento en silencio mientras procesaba toda la información.

-¿Mi sangre te atrae más que a cualquier otro vampiro?- asintió lentamente con una triste sonrisa en el rostro- ¿Por qué?

-No tengo la menor idea, son cosas que a veces pasan. A Emmett, por ejemplo, le ocurrió dos veces.

-¿Y qué pasó?- pregunté pero casi al instante me arrepentí al ver su mirada.

-Bella, no dudes ni por un segundo que te amo, y te deseo, no tienes idea de cuanto- sentí como la sangre me subía a las cachetes, estaba hipnotizada por su mirada- pero tengo que ser muy cuidadoso contigo. No puedo distraerme, no quiero hacerte daño- dijo acariciando suavemente mi mejilla- No tiene nada que ver con la caballerosidad, bueno, tal vez un poco sí- se corrigió con una sonrisa tímida- pero lo más importante para mí, siempre es y va a ser tu bienestar. Desearía que fuese menos arriesgado para ti estar conmigo, como lo era cuando era humano y todo se limitaba a una cuestión de protocolo social, pero ahora, lamentablemente, así es como son las cosas.

Terminó su discurso y se quedo mirándome, casi como esperando ver una extraña reacción por mi parte.

-¿No estás asustada?- negué con la cabeza- pero te acabo de decir que tu vida….

-Entendí perfectamente todo lo que me dijiste, y sé que arriesgo mi vida al estar con vos por el mero hecho de que eres un vampiro. Pero te tengo plena confianza, y, mientras estemos juntos, no me interesa lo que pueda pasar.

Me sonrió casi con resignación y me abrazo, susurrándome dulces palabras de amor. Al cabo de un rato me separe para mirarlo, desde el día en que nos volvimos a encontrar tenía una duda dándome vueltas en la cabeza.

-¿No sería más fácil si fuera como vos?- todo su rostro se puso serio

-¿Querrás decir un vampiro?-preguntó, de repente su voz se había vuelto helada- no es una opción Bella, convertirte no es opción.

-¿Por qué?- inquirí casi dolida por su determinación.

-Bella los vampiros no tienen alma, no voy a condenarte a perder la tuya-

-No seas ridículo, claro que tienen alma- rebatí enojada.

-Eso no lo sabes, no deberíamos existir Bella, no es natural, y no voy a condenarte a esto-

-Pero yo quiero estar contigo- dije con lágrimas en los ojos- tu no cambias y yo sí, inevitablemente voy a envejecer.

-Lo sé Bella, encontraremos la manera de estar juntos, pero seguirás siendo humana-

-¿Podemos dejarlo para otro momento?- pregunté con la voz entrecortada, conocía la determinación de su mirada y no tenía más ganas de discutir ahora, ya tendría tiempo de hablarlo después. Me observó y vi como la culpa carcomió su rostro.

-Perdón- susurró- no quería hacerte sentir mal, es solo que- se cortó y me sonrió dulcemente- tienes razón dejémoslo para otro momento. ¿Tienes hambre?-

-¿Tienes comida?- pregunté incrédula.

-Dame 5 minutos- dijo sonriendo ufanamente. Al instante desapareció dejándome sola, me dediqué a mirar las flores pensando en la conversación que tan hábilmente cambio de tema, él no quería que fuera un vampiro pero yo lo quería para siempre conmigo, sonreí para mí misma, no tenía dudas de que, en algún momento, lo iba a convencer.

-Bon appétit- dijo sorprendiéndome mientras aparecía con una enorme cesta de comida- Alice- explicó encogiéndose los hombros al ver como miraba impresionada la canasta.

-Es demasiada comida- alcancé a murmurar

-Quería que tuvieras variedad- dijo al tiempo que sacaba una manta y la extendía sobre el pasto- ¿Me acompaña madame?

Sonreí y me senté a su lado, almorcé tranquilamente entre sus caras de asco mientras respondía mis dudas sobre su peculiar dieta, al parecer los pumas eran deliciosos, imaginé que él lo vería del mismo modo que yo veía una hamburguesa y reí de mis propias ideas.

Luego de que Edward desapareciera otros tres minutos para volver a dejar la cesta en el auto, nos tumbamos al sol, lo miraba y no podía dejar de maravillarme ante lo increíble que era; mi mente empezó a vagar entre todos nuestros recuerdos, apoye mi cabeza en su pecho, necesitaba asegurarme de que era real, pues todo era muy loco como para creerlo.

-Bella ¿Qué estas pensando?- preguntó ansiosamente- Porque sé que hay algo que te está dando vueltas en la cabeza.

-La mayoría de la gente no sabe lo que los demás están pensando en cada momento, y no lo pregunta-

-Una existencia muy triste por cierto, ¿por favor?- añadió sonriéndome tiernamente

-Pensaba en como había cambiado todo desde que nos conocimos, es decir jamás podría haber imaginado esta situación de haberlo intentado. Tu…- empecé a preguntar pero de inmediato de corté, no quería incomodarlo.

-¿Qué?-

-Nada- dije deseando saber mentir.

-Bella, por favor, si no me preguntas voy a pensar que es algo más terrible de lo que en realidad es-

-Yo solo me estaba acordando de tus padres- susurré.

-Ah- dijo pensativo

-Lamento haber sacado el tema- dije apenada.

-No en realidad esta bien, eres la única con quien puedo hablarlo, es decir, Carlisle la conoció pero no como tú- hizo una pausa mientras pensaba- ¿Sabes? Cuando eres vampiro algunos recuerdos se desvanecen, me acuerdo de todas nuestras vivencias humanas, pero creo que me he olvidado algunas cosas de mis padres- añadió con tristeza.

-Bueno-le constesté con una sonrisa- eso tiene fácil arreglo-

Me dedique a contarle con todo detalle cuan maravillosos eran sus padres, todas las anécdotas graciosas que se me ocurrían, lo insistente que era su madre y lo complaciente que era su padre con ella, lo amables que eran con todos, la forma en la que me cuidaron cuando yo no tenía a nadie, le recordé nuevamente lo insistente que era su madre cuando tenía una idea y como siempre conseguía lo que quería, en cierto punto se parecía a Alice. Cuando termine me sonrió emocionado.

-Gracias, no tienes idea de lo que significa para mí todo esto- depositó un suave beso en mi frente-Y gracias, muchas gracias por cuidarnos cuando enfermamos, a ambos. Vi en la mente de Carlisle como te preocupaste por nosotros, como le suplicaste que me ayudara, como cuidaste de mi madre cuando estuve inconsciente, muchas gracias.

Lo miré con lágrimas en los ojos y lo abracé con fuerza.

-No tienes idea de lo que fue verte enfermo- dije con la voz entrecortada- y cuando volví y pensé que te había dejado morir solo- no pude continuar porque no encontraba las palabras. Él me sonrió con tristeza, y me acuño dulcemente mientras me calmaba.

-Todo va estar bien ahora que volvimos a encontrarnos Bella, no tienes nada de qué preocuparte-

Nos quedamos abrazados mirando el crepúsculo, hasta que, para mi mala suerte, Edward sugirió que volviéramos, si queríamos llegar antes que Charlie.

Veinte minutos después estábamos en mi casa, Edward me hizo compañía mientras preparaba la cena y se fue segundos antes de que llegara Charlie, pero cuando me fui a acostar ya estaba sentado en mi mecedora, esperándome. Dormí apaciblemente en sus brazos.

Me desperté sintiendo unos suaves besos en mi frente.

-Arriba dormilona- murmuró Edward- Alice dice que estará aquí en menos de una hora y quiere que estés lista- gruñí a modo de respuesta y él rio suavemente- también dice que vio tu intención de quedarte en la cama, y que, si es necesario, vendrá ella misma a levantarte.

Resignada abrí los ojos para encontrarme con una adorable sonrisa en su rostro.

-Buenos días- dijo besando la comisura de mis labios, sonreí y lo abracé fuertemente, enterrando mi cabeza en su cuello.

-¿De verdad tengo que ir?- mi voz sonó amortiguada de entre sus brazos.

-Si bien vivimos en un país democrático, las resoluciones de Alice no son algo que estén a discusión, te divertirás- gruñí en cuanto dijo eso- y ella estará muy feliz, así como Esme y Rose, y Charlie también, y yo te estaré esperando cuando vuelvas.

-¿Sabes que a eso se lo podría considerar manipulación?- pregunté mientras alzaba una ceja a lo que él solo se encogió de hombros- será mejor que me cambie-murmuré resignada, me dio una de esas sonrisas torcidas que tanto me gustaban, depositó un suave beso en mis labios y desapareció por la ventana.

Me arreglé rápidamente y baje a desayunar con Charlie, estaba exultante pensando en la muy buena pesca que seguro tendrían esa tarde, pero eso no impidió que me diera medio millón de recomendaciones sobre la seguridad en la gran ciudad, le preocupaba todo lo que podría llegar a pasarnos.

-Papá de enserio, la mamá de Edward vendrá- enrojecí dándome cuenta de mi error- Esme, es la mamá de Alice y Rose también, es la mamá de todos ellos.

-¿Y ese tal Edward ira?- pregunto con fingida indiferencia.

-Por supuesto que no, es una salida de chicas- "aunque eso no evita que lo vaya a ver esta noche" añadí mentalmente.

-¿Cuál es Edward? ¿El musculoso?-

-No papá, ese es Emmett, Edward es el de cabello cobrizo, está en mi clase de biología-

Charlie me examinó unos instantes pero antes de que pudiera decir algo fui salvada por el sonido de una bocina en la entrada, "gracias Alice" grité mentalmente. Tome mi abrigo y lo salude, escapando antes de que pudiera decir algo. Abrí la puerta para encontrarme con Esme parada frente a ella.

-Hola Bella- me saludo amorosamente- ¿Te parece si hablo un momento con tu padre para dejarlo tranquilo?

-Seguro- contesté sonriendo- ¡Papá la mamá de Alice esta aquí, quiere hablar contigo!

-¿Sólo la mamá de Alice?- preguntó Esme riendo, enrojecí y negué con la cabeza- Es el auto de Carlisle- aclaró al ver que mi vista se concentraba en un Mercedes negro de vidrios polarizados que se hallaba en la calle- por mucho que Rose quiera conducir su descapotable lloverá esta tarde en Seattle.

En pocas palabras Esme logró que Charlie estuviera convencido sobre mi seguridad en "la gran ciudad", estaba aliviado de que ella fuera con nosotras. Hasta ahora todos los miembros de la familia Cullen que había conocido le habían parecido encantadores, deseaba de corazón que pensara lo mismo de Edward.

El viaje fue muy entretenido y antes de que lo imaginado ya estábamos en el mejor shopping de Seattle.

-¿Voy a ser arrastrada por todas las tiendas del lugar?- pregunte casi resignada pero sin moverme de mi asiento.

-Así es Bella- confirmó una alegre Alice que apareció abriendo mi puerta- vamos a ir prácticamente a todas las tiendas y te vamos a comprar montones de ropa. Es una realidad así que acéptala y baja del coche- me sonrió dulcemente y añadió- por favor Bella, eres como mi hermana, no puedo dejar que vistas cualquier cosa.

Sonreí en respuesta y baje del coche, normalmente hubiera protestado más, pero el que dijera que era como una hermana para ella me había desarmado tanto que baje del auto sin chistar, y, resignada, me deje arrastrar por las tiendas más exclusivas y caras que pudiera llegar a imaginar.

Después de casi tres horas de probarme pantalones, remeras, camperas y zapatos me senté en un banco exhausta.

-Tengo una idea- dijo Alice que, al igual que Rosalie, cargaban una cantidad increíble de bolsas y parecía no molestarles- Rose y yo nos vamos a ver carteras y después dejamos las bolsas en el auto. Ve a almorzar con Esme que después las alcanzamos.

Ya sentadas en una mesa, yo con una suculenta hamburguesa con papas y Esme con un refresco para no llamar la atención, sonreí satisfecha.

-Debes estar agotada- dijo dulcemente- yo a veces me canso con Alice y eso que no soy humana- sonreí a modo de respuesta.

-Ir de shopping no es algo que me encante, pero creo que no me quedaba otra- rió suavemente dándome la razón.

-Sabes Bella- dijo al cabo de un rato de observarme, parecía debatirse entre querer decir algo pero no sabía cómo hacerlo- estoy muy contenta de que estés aquí, es extraño como se dieron las cosas pero supongo que todo en lo que respecta a nosotros es raro. Solo quería decirte lo mucho que me alegra, cuando veo a Edward, hay una felicidad en él que nunca antes había visto- le di una emocionada sonrisa por respuesta, no me sentía capaz de emitir palabra, sujetó mi mano suavemente.

-Yo se que Edward tenía una familia a la quería mucho, en ocasiones me ha contado sobre su madre y lo bien que ustedes se llevaban. Sabes que considero a Edward como un hijo ¿cierto?- asentí levemente- quería decirte que nunca pensé ocupar el lugar de Elizabeth, no es como si quisiera desplazarla. Es algo que con él ya lo he hablado, pero también quería que lo supieras vos porque se lo mucho que la apreciabas.

Di vuelta la mesa para abrazarla, inevitablemente sentí acudir las lágrimas.

-Oh Esme jamás pensaría eso- me separé para mirarla- Elizabeth era una gran persona y yo la quería muchísimo, pero así son las cosas de la vida, ella ahora está donde quería estar, con su esposo. Y sé que hubiera estado encantada de que hayas cuidado a Edward tantos años. Ella nunca hubiera pensado eso, y yo tampoco.

Me sonrió emocionada, creo que de haber podido llorar también lo hubiera hecho.

-Se que no tengo derecho- dijo al cabo de un rato- pero conozco tanto de ti que, prácticamente, también te considero un poco como una hija- sonreí y la abracé aún más fuerte.

-Pues deberías- dije riendo- es mejor tener una suegra que te quiera a una que te odie- se carcajeó conmigo, e, instantes después, sentimos llegar a las chicas, sospechaba de que Alice había tardado el tiempo justo a propósito.

-Muy bien Bells- dijo alegremente sentándose- cuéntanos de tu salida con Edward.

-Oh fue algo asombroso- sonreí instintivamente al recordarlo y me dispuse a contarles todo, nunca había tenido amigas con quienes pudiera hablar y debo decir que la sensación era maravillosa.

-Bella te tengo que decir algo pero no me tomes por entrometida- dijo Alice una vez que hube terminado- es decir, mis visiones vienen yo no las busco. Y como estoy en sintonía con Edward, vienen aún más seguido, y te vi, y es por eso que queremos ayudarte.

-No te sigo Alice- dije perdida, me sonrió en forma casi tímida.

-Vi que Edward sigue siendo el mismo caballero que siempre fue, con los mismos modales con los que se crió.

-Oh- dije notando como el rubor subía a mi cara cuando entendí de que estaba hablando- si a veces es un poco demasiado caballero.

-¡Un poco caballero!- exclamó Rosalie alzando sus manos- Pero por favor Bella si hasta yo me di cuenta, lo único que quieres es que Edward arroje su maldita caballerosidad por la ventana, te arranque la ropa y te lleve a la cama.

-Rosalie- murmuré avergonzada.

-Pero si es cierto, apostaría mi auto a que en todas estas noches no paso nada más que unos simples besos, y tú quieres algo más ¿cierto?- pregunto mirándome fijo con una sonrisa traviesa.

-Pues yo eh si- dije tartamudeando- ¡Mierda! ¿Es necesario hablar de esto?

-Es necesario Bella porque nosotras vamos a ayudarte- explicó Alice sonriendo malévolamente- todos queremos que Edward pase a segunda base, incluyéndote, así que tendremos que implementar el plan EPC

-"Edward Pierde la Cabeza"- agregó Rosalie- y posiblemente los pantalones también.

-¿Y en que consiste exactamente el plan?- pregunté aún sin estar segura de querer saberlo.

-Oh es algo bastante simple, ropa que resalte tu cuerpo, un par de insinuaciones, algunos momentos a solas, y pum, la magia está hecha- explicó Alice alegremente

-¿Qué piensas de esto?- le pregunté a Esme que permanecía en silencio.

-Edward a veces es demasiado caballero, y si tu quieres Bella….- dejo la frase colgando.

-¡Perfecto!- Alice aplaudió con una sonrisa radiante- Ya terminaste de comer así que vamos a empezar con la fase 1 del plan.

Rosalie se paró a mi lado y sonrió en forma malévola.

-Victoria´s Secret es el nombre de la fase 1 del plan- explico mientras tomaba mi brazo y me arrastraba hacía el local.


He vueltoooooo, descansé, me relajé y estoy muy feliz de haber regresado, a partir de ahora las cosas van a estar bastante interesantes

Muchisimas gracias por todos los reviews, alertas y favoritos, de verdad son unos soles

Se los quiere

Nos leemos pronto

Besos