Capítulo 16

-Rose- mi voz fue solo un susurro- ¿Qué hizo Alice?

Emmett iba a contestarme pero con un carraspeo de Rosalie lo calló.

-Es mejor que se lo explique yo- dijo mirándolo seriamente- Bella recuerdas que este viernes tenemos una pijamada- asentí levemente- y como tú misma dijiste necesitas dormir, y ya conoces la pieza de Edward, él solo tiene un sillón, no una cama- hizo una pausa y me miró significativamente esperando que comprendiera el mensaje.

-Entonces ¿todo este alboroto es porque Alice compró una cama?- pregunté sintiendo que me perdía de algo.

-Bueno….- murmuró Rose con una sonrisa divertida- es ver que seguía sin entender Emmett soltó una sonora carcajada.

-Lo que a Eddie le molesta es que compro una gran, enorme y confortable cama matrimonial, perfecta para maniobrar- agregó levantando las cejas.

-¿Qué Alice qué?- pregunté en un chillido. De lejos escuchaba cómo Emmett se quejaba sobre el hecho de que tendría que haber traído una cámara, pero mi mente en ese momento solo podía centrarse en mis deseos homicidas hacía Alice, lástima que no tuviera la fuerza necesaria para llevarlos a cabo. Porque una cosa era idear un plan y otra cosa muy distinta era hacer esto, prácticamente estaba gritándole a Edward "tu novia y yo ideamos un macabro plan para que ella te lleve a la cama pero no preocupes por nada", oh si, definitivamente iba a asesinarla.

-¡Bella! ¡Bella! ¿Me estás escuchando?- la voz de Rosalie me sacó de mi ensueño.

-No, qué pasa.

-Deja de preocuparte de una buena vez, ya conoces a Edward, es el eterno caballero, él solo está molesto porque cree que va a ofenderte el cambio, pero cuando vea que a ti no te afecta y entienda que en algún lugar necesitabas dormir se le pasará- concluyó tranquilamente.

Sin embargo mi preocupación no disminuyó al llegar a la escuela y ver que el Volvo no estaba, y llegó a niveles alarmantes durante las primeras horas de clases. Afortunadamente, cuando me dirigía a Biología una conocida mano agarró mi brazo.

-Hola- murmuré aliviada- ¿Dónde estabas? Me tenías preocupada.

-¿No hablaste con Rosalie?- preguntó extrañado luego de depositar un beso en mi frente.

-Si-

-¿No estás molesta?- parecía incapaz de creérselo.

-Edward por favor, nos conocemos hace bastante- traté de que mi voz sonara lo más monótona posible para que no pudiera sospechar nada- y es Alice, sabes que ella hará lo que le parezca apropiado y francamente me molestó mucho más el cambio de guardarropas que me vi obligada a realizar.

Lo escuché reírse por lo bajo mientras pasaba un brazo por mis hombros.

-Eres increíble ¿lo sabes?-

-No, tú eres un maniático preocupón, pero te quiero igual-

Me deje mimar feliz de la vida, ya iba a tener tiempo de enojarme más tarde, sin embargo olvide momentáneamente que mi cuñada era psíquica, y antes de que yo pudiera descargar mi ira, en clase de Historia horas más tarde, me interrumpió.

-Sí, sí, ya lo sé estás furiosa y tienes deseos de asesinarme- hizo un gesto despectivo con la mano- pero tómalo como consejo de amiga: quita esa expresión de tu cara o vas a terminar muy arrugada.

-¿Sos consciente de que cada una de las fases de tu "brillante plan" van a provocarme un infarto?- susurré mientras me sentaba a su lado.

-Es solo una pequeño empujoncito que hacía falta, además Edward no va a sospechar nada si se hace de a poco y en etapas.

-¿De a poco? ¿Realmente crees que poner una cama matrimonial en su dormitorio es ir de a poco?- mi voz tenía un dejo de histeria.

-Bella- su voz sonó a reproche- Edward solo cree que este es otro de mis proyectos decorativos y no sospecha nada más, confía en mí- dijo señalándose la cabeza- esta nunca falla.

Entre una cosa y otra el viernes llegó antes de lo esperado, Charlie estaba encantado con la idea porque pensaba irse todo el sábado a pescar y de este modo no tendría que dejarme sola. Fiel a su promesa Alice paso a buscarme y estaba tan emocionada que prácticamente iba dando saltitos en el la gran noche de chicas que tenía planeada no resultó ser tan terrible como me la imaginaba, después de peinarme y arreglarme las uñas me dejaron huir, a lo que aproveché para ir a ver qué tan terrible era la cama que había comprado.

"Maldición" Fue la única palabra que mi mente repitió por alrededor de un minuto, era grande y no había otra palabra para describirla. Una enorme colcha dorada recubría un altísimo colchón a la vez que la delicada cabecera de metal se extendía como una enredadera por la pared; era imponente y definitivamente destacaba.

-¿Sigues sin estar enfadada?- me sorprendió una voz a mis espaldas.

-¡Edward! No hagas eso, me asustas- exclamé mirándolo ceñuda. Él solo se rió y me rodeó en un abrazo- Podemos prenderla fuego si tu quieres.

-No, porque se vengaría y sería mucho peor- contesté.

-Tienes razón, probablemente mandaría a construir una cama extra grande que ocupe toda la habitación, y luego modificaría mi guardarropa, dejémosla así. Además- susurró contra mi cuello- se ve mucho más espaciosa que tu cama.

Casi rompí mi cuello de lo rápido que lo gire para verlo.

-¿Espaciosa en qué sentido?- pregunte alzando las cejas, no podía decir esas cosas sin que sonaran a que lo hacía con doble sentido.

-Bella- su voz sonó a reproche- espaciosa en el sentido de que puedas dormir más cómoda, no me estaba refiriendo a ninguna otra cosa.

-¿Y no se te ocurre nada más que pueda hacerse en esa gran cama?- pregunte haciendo un mohín.

-Sé lo que estás pensando, la respuesta es no.

No tenía que decir nada, no debía hacer ninguna contestación, era por el bien del plan; yo sabía que contaba con la ayuda de Alice y Rosalie y que seguramente lo conseguiría, pero aún así ese no tan rotundo acabó con mi paciencia. Él estaba decidido a que no ocurriera nada mientras fuera humana y también estaba decidido a mantenerme humana a toda costa, ¿Dónde nos dejaba eso?

-Oh vamos ¿por qué no?- exclamé frustrada- En 1918 era capaz de entenderlo, ¿pero ahora?

-Quítate esa idea de la cabeza, tienes que entenderlo Bella soy peligroso, podría matarte en apenas una caricia.

-Otra vez la misma historia Edward. Deja de pintarte como a un monstruo porque sé que no me lastimarías.

-No, no lo sabes- por primera vez se veía enojado- La verdad que no tienes ni idea Bella, yo no debería estar aquí, tendría que haber muerto hace casi de 100 años, el que aun siga en este mundo se debe a que soy una peligrosa abominación de la naturaleza, no voy a correr ningún riesgo contigo, no después de tanto tiempo.

Antes de que pudiera siquiera replicar, sonó mi celular, salvada por la campana podría decirse.

-Es mi mamá, tengo que atender- murmuré.

-De acuerdo, te dejaré sola- en tan solo un pestañeo había desaparecido.

Contuve las lágrimas que amenazaban con salir de mis ojos, odiaba verlo enojado. Salude a mi madre con una voz que pretendía ser alegre, luego de más de 20 minutos de charla creo que la convencí de que todo iba bien. Corte la llamada sin saber bien como proseguir, verdaderamente estaba enojado conmigo y no sabía qué hacer; lo conocía demasiado bien y sabia que el trataría de protegerme a toda costa, tal vez lo estaba presionando demasiado en muy poco tiempo, después de todo el solo quería lo mejor para mí. Imagine que si yo había desesperado estando unas pocas semanas sola, el habría sufrido muchísimo más que yo en todos estos años; tal vez el plan de Alice no fuera una buena idea después de todo, decidí que lo mejor sería postergarlo, al menos por un tiempo.

Estaba dando vueltas por la habitación cuando golpearon la puerta, la abrí para encontrarme con la sonrisa maternal de Esme, que me hacía sentir peor si es que eso era posible.

-Él solo te quiere demasiado sabes- dijo suavemente- tal vez deberías ir a verlo, está sentado en su piano.

Le sonreí en asentimiento, recién en ese momento me había dado cuenta de que una suave melodía llenaba la casa. Baje con el corazón en la mano las escaleras, y cuando llegue a la sala lo vi. Lucia magnifico, por supuesto, sus manos viajaban por las teclas pero sus ojos estaban cerrados, y su cabeza miraba hacia arriba, como si su mente estuviera a miles de kilómetros de aquí.

-Has mejorado- murmuré apoyada en el marco de la puerta. Él me miro y por un instante se vio sorprendido

-Tuve mucho tiempo para hacerlo- contestó despreocupadamente.

Nos miramos por unos minutos hasta que los dos hablamos al mismo tiempo.

-Edward…. lo lamento- murmuré en un susurro

-Perdóname Bella- dijo al mismo tiempo, apareciéndose en frente mi. Sonreí levemente por lo casi nada cómico de la situación y fui recompensada con mi radiante sonrisa torcida favorita, era como si me hubiera sacado la lotería. Me estrujo en un necesitado abrazo, cielo santo como lo había extrañado. Nos mantuvimos así por un rato, horas, segundos, no puedo precisar cuánto, el tiempo se detenía cuando él me abrazaba.

-Ya que estas aquí- murmuro contra mi cabeza- me gustaría mostrarte algo

-Adelante-

En menos de un parpadeo me encontraba sentada en un silloncito, mirando frente a su piano.

-Sabes esta es una idea en la que vengo trabajando hace tiempo, de algún modo no había encontrado la inspiración para terminarla hasta que nos reencontramos.

Empezó a deslizar sus dedos por las teclas, y la música me envolvió; era una melodía suave, arrulladora, y tierna, parecía que me envolvía en un fuerte abrazo; me recordaba tremendamente a una tarde que habíamos pasado juntos en una hamaca, hacía casi cien años, solamente abrazándonos y tomándonos, viendo el crepúsculo.

-Es una nana- susurré

-Es tu nana- me corrigió. Solo pude darle una sonrisa de ojos acuosos como respuesta, él sabía cómo hacer para desarmarme de ternura. No sé cuánto tiempo estuve escuchándolo tocar, solo que en algún momento, perdí la conciencia.


Hola, finalmente después de tanto tiempo estoy de vuelta. No voy a dar excusas porque se que haber pasado un año sin actualizar es demasiado, solamente puedo decirles que cada vez que quería continuar la historia la leía y me parecía horrible, anoche la leí y me encanto, y ya hay nuevo capítulo; creo que cada cosa tiene su momento en la vida, y seguramente antes no era el momento.

A todas las personas que venían siguiendo la historia, si es que aun deciden seguirla les digo gracias; a las personas nuevas les doy la bienvenida; y a todos aquellos que dejaron un review, una alerta o un favorito le digo un millón de gracias, porque aunque anduve alejada de la escritura los mails siempre me llegaban y me ponían muy contenta.

Sin más me despido, nos leemos en el próximo.