¡HOOOOOLI! Bueno, volví :P. Ya saben que hacer, leer, comentar, y bla, bla, bla. Igual no vengo a decirles eso xD, quiero agradecer a todos por sus reviews! :D, la historia esta avanzando lenta, lo van a notar en este capítulo porque no es tan gracioso, es más bien tenso, pero el próximo va a ser muy inesperado :P. Gracias shirubatoushiro por comentar en todos mis fics, como no tenes cuenta te agradezco por acá, espero lo leas.

Eeeeeen fin, a leer! :D. Shaman king no es mío.

...

Capítulo doce: ¿Solución? ¿Qué es eso? ¿Se come?

POV Ren

Problemas, problemas, y más problemas. No sabía que pensar, que hacer, ni por dónde empezar. Primero estaba el hecho de que Horokeu me ocultaba algo, no sabía con exactitud qué, pero estaba relacionado con esa mujerzuela, yo lo sabía, él lo sabía, y todo el jodido planeta Tierra lo sabía, incluso el idiota de extensiones con mayor ego que un globo aerostático lo sabía, por esa misma razón necesitaba interrogarlo, y no, estar perdiendo tiempo en el centro comercial, luego del "hermoso" almuerzo que tuve con mi familia, comprando estupideces navideñas con mi hermana y Anna ¿Por qué nunca puedo negarle nada a ninguna? Y no me digan que es porque las quiero y aprecio, porque sé muy bien que ningún hombre, a pesar de que sea gay, merece pasar por esta tortura. Lo único que quieren es usar a alguien para que les cargue sus millones de bolsas.

-¡Mira, Ren! ¡Esa remera es hermosa! ¿No te parece?-Decía Jun, completamente entusiasmada, señalando una de las quinientas remeras que había en la vidriera.

-Por séptima vez, Jun, NO-ME-INTERESA- Respondí lentamente, tratando de que capte el mensaje de una vez.

Ella me ignoró, y siguió hablando sobre lo bien que combinaría con su pollera, zapatos, y bla, bla, bla. Anna se mantenía como siempre, callada, impasible y con cara de haber chupado un limón. No es que a ella no le gustara comprar, para nada, de lo contrario, no estaría cargando cincuenta bolsas que le correspondían a ella, solamente no mostraba las mismas emociones que ¿la gente normal? No obstante, yo había notado un pequeño cambio en su actitud. Sabía a que se debía. Bueno, no era ningún misterio que la imitación irritante de Bob Marley y Anna estaban saliendo, aunque ella lo siguiera negando y él, supongo que, hacia lo que podía para disimularlo. La cuestión en sí, es que ella había cambiado, si bien daba órdenes, seguía siendo una persona seria, fría y mandona, no podía competir con el brillo de sus ojos y su sonrisa, la cual saca a relucir cuando cree que nadie la está mirando.

Volviendo al asunto, el segundo hecho es mi familia. La razón por la que quieren que vuelva a China es porque En esta enfermo. Es tratable pero no curable, así que, según me informaron, le queda a lo sumo dos años en este mundo. Por eso mismo, quiere que empiece a hacerme cargo del manejo de las empresas y, como ya había dicho, todas estas se manejan desde allá ¿y quién tiene la culpa de que esto se vuelva un problema? Exacto, el pitufo cerebro de hielo. No es la única razón por la que no quiero irme, pero si la más importante.

No estaba triste por todo lo que estaba pasando entre nosotros, sino, más bien, frustrado por no poder encontrar la oportunidad de romperle la cara, de obligarlo a hablar, de gritarle todo lo que tenía atorado en la garganta desde el momento en que lo descubrí. ¿Sufrir? Eso no es para mí, no sé el significado de dicha palabra, y si me pongo a pensarlo detenidamente, no creo que esté sufriendo, no, para nada. Lo que quiero es venganza, verlo humillado, llorando, rogando por una nueva oportunidad.

-¿Te pasa algo, Ren?- Me preguntó Anna, mirándome como si estuviera loco. Y probablemente lo sea por haber empezado a reírme bajito como un maniático.

-No- Contesté cortante, sin girar a mirarla.

Lo bueno de Anna es que capta todo enseguida, pero eso no significaba que luego no me interrogaría, no por nada es como una segunda hermana para mí y la persona con la que mejor me entiendo. Yo en su lugar, haría exactamente lo mismo.

Seguimos caminando por, interminables y eternas, hora, hasta que algo, desagradablemente conocido, captó mi atención. Allá sentados, en una de las mesas del patio de comidas, se encontraban Ken sin el atractivo, el manifestante para legalizar la marihuana, y el cabeza de alfiletero. Al parecer, charlaban de algo importante, ya que se los veía serios. Un cuadro muy extraño y para nada familiar en esas tres personas. Decidí alejarme de las chicas e ir a escuchar disimuladamente de que podrían estar hablando "los tres mosqueidiotas". Para mi suerte, no me vieron. Me escondí atrás de la maseta que estaba justo ubicada detrás de Hao.

-No puedo creer haber aceptado esto- Habló Hao de forma incrédula y de arrepentimiento.

-¡¿Vos no podes creerlo?! Yo soy el que tiene todas las de perder- Le espetó Horokeu exaltado y nervioso.

-Yo creo que…- Empezó a decir Yoh.

-Vos no crees nada, copia barata. Ya te dije que no te metas en esto- Le dijo de mala manera Hao a su hermano.

-Hao- Pronuncio Hoto en forma de advertencia.

-Sí, sí, sí. Ya lo sé- Dijo aburrido y restándole importancia- ¿Y ahora qué haremos?-

Escuche suspirar a alguien, supuse que fue a Usui, porque él tomó la palabra después.

-Entonces, si entendí bien, queres usarme para darle celos a Lizerg ¿Estoy en lo correcto?- La respuesta de Hao nunca llegó, por lo que supuse que se limito a asentir con la cabeza- Y, a cambio, vos vas a ayudarme a ocultar todo sobre el embarazo de Damuko-

Y en ese momento el mundo se detuvo. Hijo de…

Llegué lo más rápido que pude al departamento, y entré, cerrando de un portazo, tratando de controlarme para no romper todo y no mandar al noveno círculo del infierno a quien me hablara. Una seria de insultos pasaban por mi mente sin parar. No iba a llorar, no iba a darle el gusto de verme destrozado. ¿Cómo fue tan iluso de querer buscar una solución entre nosotros? Nunca hubo solución, ni un poco de esperanza, ya no había nada. El está esperando un hijo de esa, y yo solo fui algo del momento. Me siento aun más idiota por haber considerado quedarme por él, por solo pensar en él. Sin embargo, el haber hablado con Lizerg, y enterarme de ciertas cosas, me dieron las pautas necesarias para afinar un nuevo y último plan de despedida. Pero eso no logró calmarme.

Me dirigí hacia mi cuarto, hecho una verdadera llama por la furia, dispuesto a sacar todo lo que le pertenece y tal vez venderlo, o tirarlo, o darlo a caridad, me importaba poco, solo sabía que no quería nada de él.

-¿Hijo? ¿Sos vos?- Pregunto mi madre desde, supuse, el baño. ¿Quién diablos iba a ser, si no era yo?

-Si- Respondí, logrando con éxito no infiltrar en mi voz nota alguna de ira. Pero fallé cuando le pegué una patada a la mesita de luz, logrando que esta se rompiera.

-¿Qué pasó, Ren?- Volvió a preguntar Ran, pero esta vez desde la puerta de entrada, mirándome alarmada.

-Pasa que…me voy a China con ustedes- Le dije, sonando seguro, confiado, mientras una sensación de malestar me recorría de pies a cabeza.

-Oh, qué alegría, Ren- Se acercó a abrazarme y, a pesar de que odio las muestras de afecto innecesarias, no me resistí.

"Sí, que alegría" pensé con ironía. Nos separamos luego de unos segundos, y justo cuando ella iba a hablar, tocaron el timbre. En serio, ¿acaso siempre dejan la puerta del edificio abierta?

-Voy a abrir- Dije con renuencia, suspirando resignado.

Ella beso rápido mi mejilla, y se dirigió riendo hacia el baño. Gruñí frente a ese gesto, pero me encaminé hacia la puerta. La abrí confiado, dando por hecho que por hoy nada mas podría sorprenderme, pero ¿Adivinen qué? Todavía hay más.

-¡REN!- Gritó la señora Asakura, abalanzándose contra mí, para luego abrazarme efusivamente.

-Vaya, este lugar sigue igual que como lo recuerdo. Anna sigue dando las órdenes ¿Verdad?- No importaban cuantas veces había visto al señor Asakura, jamás dejaría de preguntarme el por qué usaba máscaras. Era obvio que Hao e Yoh eran sus hijos.

-Sin duda, señor Asakura- Respondí cortesmente, tomando las valijas de la mamá de Hao.

-Gracias, cielo- Me dijo Keiko sonriendo. Bien, ahora sabía de dónde había sacado esa sonrisa el desnutrido cara de dopado.

Como si de mala suerte se tratara, hicieron su aparición el trió de patéticos infradotados.

-¿Mamá? ¿Papá?- Preguntó Hao, tirando las bolsas al piso, con los ojos muy abiertos y su típica cara de imbécil. ¿Qué no es obvio que son ellos?

-Mami, papi- Por el contrario, su gemelo se largo a lloriquear como un bebé de dos años.

-Mis bebés- La señora Asakura abrió sus brazos, y ambos idiotas se refugiaron en ellos.

-Hazte a un lado, Yoh. Mamá es mía-

-¡Eso no es verdad!- Dos años es darles mucha edad.

-¿Y a su papá no lo extrañaron?- Habló Mikihisa, pero ambos lo ignoraron.

Dirigí mi mirada hacia la puerta de entrada. Efectivamente, ahí estaba él, apoyado en el marco de la puerta, mirando sonriente la misma escena que yo. Ahora que lo pensaba, ninguno sabía nada del otro, no hablamos sobre nuestras familias, ni de nuestros gustos y disgustos, ni siquiera de lo que planeábamos para el futuro. Sabiendo tan poco de nosotros mismos ¿Cómo pudo ser posible que llegáramos tan lejos? ¿Cómo es posible sentir que algo se rompió, o desapareció, dentro mío con solo escuchar que ahora jamás podría tenerlo a mi lado? Lo seguí mirando por unos segundos más, hasta que el concentro su mirada en mi, solo entonces la aparte.

-Ren, mi amor, podrías por fav…- Y eso fue todo lo que alcanzó a decir de madre al ver ahí parada, todavía abrazando a los dos grandotes tontos, a Keiko Asakura.

-Oh, oh- Murmuró, sintiendo la presión en el ambiente, el único que debería ser mi compañero de piso, y el mismo que me trajo tantos problemas.

-Ran- Casi escupió el nombre la castaña, mirándola con ojos entrecerrados.

-Keiko- Pronunció, como si te tratara de un insulto, mi madre.

Esto era una tontería. Si, ellas se odiaban desde que tenía memoria ¿Por qué? Según llegó a mis oídos, todo empezó cuando Keiko dijo que a mí me gustaba mucho mas su pastel de durazno que el de mi mamá, luego Ran contraataco diciendo que a Hao le gustaba más como lo peinaba ella, y así siguió la rivalidad. Siempre que se encontraban, la canción de Kill Bill cruzaba por mi cabeza. Raro, muy raro. Menos mal que ninguna de ellas cocinaba cuando rara vez se cruzaban y que no había armas en la casa.

De un segundo a otro, acordaron seguir en lo suyo. Como ya no había lugar en la casa, los padres de los gemelos estúpidos se irían a un hotel, pactando estar, mañana en la noche, presentes para la cena de navidad. Se despidieron de Horokeu y de mí, y partieron con sus hijos hacia el hotel más cercano. Mi madre volvió a lo suyo, otra vez, indignada y refunfuñando, dejándome solo con él.

Vi sus vanos intentos de hablarme, cerrando y abriendo la boca de forma indecisa, y como pasaba una mano por su nuca y pelo en señal de nerviosismo. Yo solo me limité a mirarlo fijamente, no buscaba intimidarlo, sino que quería observarlo, como hacía antes, cuando fingía dormirme primero y después lo veía dormir, roncando como una morsa y balbuceando incoherencias o palabras sueltas. Sonreí por una milésima de segundo. Me di vuelta para irme, resignado y confundido.

-¡Espera!- Se apresuró a decir, haciéndome parar en seco. No me volteé, pero tampoco seguí avanzando- Hay algo que tengo que decirte- Dijo inseguro. Escuche como empezaba a avanzar hacia mí.

Quería reír en ese momento, recordando que no había nada de gracioso en toda la situación.

-¿Qué es?- Pregunté indiferente.

-Quiero que estemos juntos- Esa declaración hizo añicos mi autocontrol y mis defensas. Cerré los ojos con fuerza, respirando para controlarme.

-¿Por qué?- Pregunté casi en un murmullo.

-Porque te quiero- Respondió simplemente. Era la primera vez que me lo decía. Lindo día para declararse, maldito idiota, mentiroso y cínico. ¿Cómo es posible que lo diga y no se le caiga la cara?

-¿Y Durazno?- Me volteé, finalmente, a encararme con él, ocultando todas mis emociones, o al menos las que amenazaban con hacerlo trizas.

-Damuko- Corrigió despacio, casi divertido. Lo fulminé con la mirada, haciendo que borré su casi sonrisa- Sobre ella...- Pero no siguió.

-Sè lo del embarazo- Observé como su mandíbula se desencajaba, mirándome con ojos desorbitados.

El silencio flotó entre nosotros, y sentía que podía cortar con un cuchillo la tensión del ambiente.

-No sé si es mío- Dijo al fin, bajando la mirada.

-¿Acaso importa?- Pregunté despectivo- No es como si no me hubieras mentido, como si no hubiera pasado nada, y en todo caso ¿qué harías si descubrieras que no es tu hijo? ¿cambiaría algo? No, no cambiaría- Ambos sabemos que tengo razón y por eso él solo se limita a estar callado.

-Entonces...¿terminamos?- Fomuló su pregunta como si fuera un nene al que le están negando un juguete.

-No se puede terminar algo que nunca empezó.- Y en parte era cierto, nosotros nunca habíamos empezado- Pero, que no te quepa duda de que, esto, no se va a quedar así-

Y con esa última frase truinfante, felicitándome por lograr controlarme y no matarlo, me dirigí hacia cualquier lado donde no estuviera él. Ahora a buscar a Hao.

POV Anna

Ya estaba un poco cansada de tanto caminar, harta de seguir comprando, y, como Ren había desaparecido, me estaba aburriendo sin ver a nadie sufrir, aparte podría jurar que ya era de noche. Saqué mi celular para ver la hora, pero nada grata fue mi sorpresa al ver que, por quinta vez en el día,Nichrome me había mandado un mensaje. No decía nada original, siempre era lo mismo: Qué cuándo nos podemos ver, que si le puedo dar una oportunidad, que me sigue amando y está muy arrepentido, y millones de bla, bla, bla, que no me interesaban para nada. Por supuesto, lo rechacé e ignoré porque, aunque ni yo misma lo entienda, ya hay alguien ocupando un lugar irremplazable en mi vida. Jamás lo admitiría y siempre lo negaría, pero es muy probable que, haberle dada una oportunidad a Yoh, haya sido el mejor acierto de mi vida.

Sé que muy probablemente piensen que soy fría, rígida y que jamás podría llegar a sentir algo por alguien, e incluso en una etapa de mi vida, luego de lo que pasó con Nichrome, lo consideré seriamente, hasta que apareció él, con toda su despreocupación y su risa tan natural. Desde el principio supe todo lo diferente que mi vida podía llegar a ser, si él consideraba ser parte de ella, y tuve miedo de ese sentimiento abrumador que amenazaba con crecer a cada paso, así que lo evitaba, lo maltrataba y hacia todo lo posible por alejarlo, porque odio los cambios. En mi vida siempre hubo cosas negativas, todo estaba en medio de una crisis, desde que nací me sentí sola, no comprendida por mis padres (aunque muy pocas veces ellos se interesaron por algo mío), y todo lo echaba a perder, por eso optaba por alejarme, relacionándome solo con Ren y Hao. Tenía miedo, también, de echarlo a perder, de terminar con las sonrisas eternas de Yoh, de no poder devolverle el amor que él me daba, pero ahí estuvo, y hasta ahora, se mantiene firme, ocupando un lugar vacío.

No puedo creer haber pensado todo eso sobre alguien, ni siquiera considerar sentir algo fuerte. Me siento un poco perturbada y abrumada por todo lo nuevo, por todo el cambio que experimenté desde que Yoh junto con sus inadaptados amigos llegaron.

-Me voy a casa. Nos vemos allá- Le avisé a Jun, quien estaba en el probador.

-Nos vemos, Anna- Respondió y con eso pauto mi salida.

Caminé en dirección al estacionamiento, para dejar mis bolsas en el baúl del auto, mientras buscaba con la mirada a Ren, ya que el poseía la otra mitad de mi compra. Sin embargo, no tuve éxito. Finalmente, llegué al estacionamiento, ahora solo restaba encontrar el auto de Jun.

-¿Estas perdida?- Me preguntó una voz femenina a mis espaldas.

Me voltee, con el ceño fruncido, evidentemente molesta. ¿Qué le importaba si estaba perdida? ¿Acaso alguien le pregunto algo? Yo creo que no. Pero me sorprendí al ver que era la misma chica que se encontraba, ayer en la noche, en mi casa, con un ramo de flores.

-Te conozco- Afirmé- Vos sos la novia de Usui- Volví a afirmar

Vi como la sorpresa surcaba su rostro. Un tanto extraño siendo que ella fue la que me vino a hablar.

-Sí, soy yo- Confirmó lo evidente. Me abstuve de rodar los ojos- No pensé que me recordarías- Acto seguido lanzo una risita idiota, aun mas que las de Yoh.

Y ahí va otra vez ¿Es qué todo me lo tiene que hacer recordar?

-¿Se te ofrece algo?- Dije impaciente, cansada de esto, dejando las bolsas en el piso para cruzarme de brazos, y alzando una ceja.

-¿Tu novio se llama Yoh?- Su pregunta me descolocó completamente.

-Si- Respondí sin vueltas, avergonzándome por ser la primera vez que lo admitía tan abiertamente.

-Entonces, deberías ver estas fotos- Me tendió un sobre blanco, mirándome entre culpable y lastima. Agarre el sobre que me tendía con desconfianza y extrañeza- Me tengo que ir. Adiós, Anna- Y desapareció por la puerta de entrada al Shopping.

Mi curiosidad pudo más que cualquier otra cosa. Abrí el sobre, aun pensando que solo seria algo inofensivo y no algo que podría destrozar todas mis ilusiones. Tal y como dijo Damuko, eran fotos, lo inesperado fue encontrarme en ellas a Yoh…besándose con una mujer, que no soy yo, y acostándose con ella. Sentí mis ojos escocer, mi garganta cerrarse y las ganas de, así como el rompió mi corazón, romperle sus tan preciados audífonos, y, de paso, su alma.

Sentí mi celular vibrar en mi bolsillo. Lo tomé inmediatamente, miré la pantalla, y no dudé en atender.

-¿Dónde nos encontramos, Nichrome?-

POV Yoh

Sin darme cuenta, los dos días faltantes para navidad habían pasado, y las cosas estaban cada vez mas tensas y raras. Por ejemplo, para dar un panorama, mi hermano había ideado otro estúpido plan (háganse una idea de cuán estúpido puede ser, si yo lo considero así): quería darle celos a Lizerg, creando una relación ficticia con Hoto-Hoto. Había dos fallas en ese plan: La primera, es que mi amigo no le daba ni la hora, y la segunda, es que nadie se tragaría que esos dos podrían tener una relación, por lo que, es demasiado improbable que llegue a resultar. Hablando de Lizerg, en estos últimos días, casi ni se lo vió, pasaba muchas horas con Jeanne y estaba mucho más misterioso de lo normal, pero no le pregunté nada, solo por si las dudas. Sobre Tamao, nadie volvió a saber nada, me dió un poco de pena porque, después de todo, ella es una buena persona y la aprecio mucho. Después estaban Horo y Ren, bueno, ellos estaban raros desde antes, pero ahora parecería que las cosas estaban cada vez más heladas entre ellos, así que les pregunté que pasaba.

-¡QUE TE IMPORTA!- Me gritaron ambos. Lo siguiente que recuerdo, fue despertar en medio de la sala con un gran chichón en la cabeza.

Por eso ya no les preguntó nada y finjó que soy una planta cada vez que estoy cerca de ellos. Sin embargo, esto solo pasaba cuando ambos compartían el mismo espacio, sino, actuaban normal.

Y finalmente, Anna había estado evitándome desde que compramos todo para navidad. Yo le daba su espacio, pero sentía que ella cada vez abarcaba más espacio de lo que me gustaría, hasta el punto de no querer hablarme. Repasé si había hecho algo malo o había dicho algo incorrecto o algo que pudiera molestarla de sobremanera, pero no encontré nada de gravedad.

Suspiré con pesar y tristeza.

-¿Que pasa, Yoh?- Me preguntó mi mamá, mirándome preocupada.

Nos habíamos reunido para desayunar los cuatro juntos en el centro de Tokio, para disfrutar de pasar un tiempo en familia. A pesar de estar ubicado en mi parte favorita del lugar, junto a la vidriera que daba a la plaza central, yo no estaba de ánimo.

-Él siempre fue raro, mami. Yo te dije que lo dieras en adopción cuando podías, ahora ya no hay nada que hacer- Contestó Hao, negando con la cabeza, como si fuera un martirio, mientras comía su triple bocha de helado con crema batida, sus huevos revueltos, su sanguche de jamón y queso, y tomaba su café con leche.

-Hao- Advirtió mi padre. Él aludido resopló.

-Sí, sí, sí- Dijo ignorándolo- ¿Qué te pasa, deforme?- Obviamente se dirigía a mí.

-Annita- Dije esa única palabra, apoyando mi cabeza en la mesa.

-¿Qué? ¿qué pasa con ella?- Preguntó aburrido y fingiendo interés.

Pero no seguí hablando porque cuando levanté la cabeza para contestarle, la vi. Estaba sentada en el banco de la plaza... junto a ese despeinado con complejo de superioridad, cuyo nombre olvidé.

-Tierra llamando a Yoh. Gemelo sexy y bien formado llamando a gemelo espantoso y restrasado- Entonces me volví a mirar a mi hermano, aún en shock- ¿Qué pasa? ¿Por qué me estas mirando así?- Preguntó desconfiado.

-¿Hijo, estás bien?- Me preguntó papá cautelosamente.

Yo solo podía pensar en que la cena de esta noche definitivamente iba a ser muy diferente.

...Continuará?