Hooooooooooooooooooooooooooo oooooooli, :D. Capítulo final de uno de los fics más largos que hice hasta ahora. Ya lo extraño :(. Bueno, espero que lo hayan disfrutado tanto cómo yo, que se hayan reído, sorprendido, encantado y emocionado, pero, sobretodo, que no se hayan decepcionado. Queda el epílogo todavía, obvio. Gracias Misao por comentar, agradezco por acá porque, cómo no tenes cuenta, no te puedo responder el privado. :D.
¡AH! SÍ, lemon de HaoxLis, e.e.
Eeeeeen fin, a leer y comentar :D, no por última vez, pero por penúltima vez. Por Merlín, voy a llorar T.T
Shaman king no es mío.
...
Capítulo catorce, FINAL: Un regalo adelantado. Parte dos.
POV Hao
Luego del gran anuncio devastador del Señor Tao, todos nos dispersamos. Los ánimos de celebrar se habían ido un poco al caño, o al menos, en lo que a mi respecta, y si a mí me parece así, entonces es porque fue así. Miré el arbolito navideño tan bien decorado, lleno de regalos, armado tan cuidadosamente, que lo único que cruzaba por mi cabeza era "quemalo, quemalo, quemalo". Sonreí, haciéndole caso a mi voz buena, y saqué el encendedor que guardaba en el bolsillo de mi pantalón, listo para cumplir con mis deseos.
-¿Se puede saber que estás haciendo?- El encendedor cayó al suelo, y me alejé rápidamente, con las manos en alto.
-Nada, juro que yo no estaba pensando en quemarlo, ni nada por el estilo- Dije nervioso, fingiendo, EH DIGO, con, y no fingiendo, inocencia.
-Ajá, claro, te creo- Dijo el verdoso, mirándome con su estúpida pose de "te descubrí y lo sabes" que tiene. Entonces recordé lo que había pasado en mi...nuestra habitación, hace unos minutos.
-Tenemos algo pendiente- Le dije, sonriendo con cinismo y acercándome a él.
-¿En serio? No tengo idea de que puede llegar a ser- Dijo, retrocediendo, haciéndose el idiota.
-Yo puedo recordártelo- Dije, cada vez más cerca de él, con mi voz seductora, la cual, obviamente, derrite a cualquiera.
Entonces, en un movimiento rápido, y bajo mi estupefacción, él me empujó hacia la habitación, y una vez adentro, estampó sus labios contra los míos. Puedo estar un cien por ciento seguro de que mi cara debe ser la viva imagen del desconcierto.
-El cazador se volvió la presa- Su simple comentario, susurrado contra mis labios, me estremeció de pies a cabeza.
¡Mierda! Y yo que creí todos estos meses que él era un niño bueno y respetado, el cual parecía seguir siendo virgen. Por los Grandes Espíritus, Liserg me va a violar ¡A MÍ!.
-¿Qué pasa? ¿Tenés miedo?- Dijo con burla.
No, sólo estoy un poco, demasiado, excitado cómo para hablar y estoy tratando de que no se me salga la frase "ponete en cuatro, ahora". Sonreí y lo besé, pero ese beso tenía impregnado un sabor raro, desconocido, y no era porque me estaba correspondiendo, sino que era otra cosa, algo que nunca había sentido y que estaba haciendo estragos en mí, cómo subir mi temperatura corporal, el pulso y cierto amigo oculto entre mis ropas. Aprovechando su docilidad, lo conduje de inmediato a la cama, colocándome arriba de él con sumo cuidado, algo sinceramente extraño en mí, y coloqué mis dos brazos a los costados de su cuerpo, todavía sin rozar nada.
Entonces lo comprendí por fin. Estoy enamorado, sí, es la explicación más absurda, pero, sin embargo, la más lógica. Rompí el beso para mirarlo, tenía la expresión más inocente que vi en mi vida; sus mejillas tiernamente coloreadas, los labios entreabiertos, los ojos semicerrados, y la respiración dificultosa.
-¿Qué?- Susurró, casi bailándole una sonrisa en los labios.
-¿Qué querías decirme?- Susurré igual que él, y hasta yo puedo decir que me salió tan dulce que le causaría una carie a cualquiera.
-Ah...bueno...yo- Dijo vacilante, sonrojándose aún más, rehusando a mirarme, algo estúpido porque prácticamente lo tenía acorralado.
-Podés decirme lo que quieras, ya lo sabes- Dije con confianza, sonriendo involuntariamente. Por mí, ¿qué me está pasando? El amor, Hao, el amor. Mierda.
-Quiero...intentarlo- Dijo, sonando más seguro de lo que nunca lo había escuchado.
Cómo respuesta sólo me limité a besarlo, tranquilo, disfrutando el momento, sintiendo que todo cobraba vida porque él, ahora, ya es enteramente mío, nadie jamás podría dudarlo.
-¿Querés, estem, hacerlo?- Me sentí cómo un verdadero Yoh al preguntar esa barbaridad, sin embargo, no pude evitarlo, quería hacer las cosas bien, pero, sí él decía que sí, no me iba a negar, y sí él decía que no, aunque lo insultara por dentro, no iba a obligarlo. Que extraño se siente esto de pensar en el otro.
-No puedo creer que me lo estés preguntando- Dijo con claro asombro e incredulidad.
Iba a replicar, pero al parecer Liserg está más rápido que yo en estos momentos. Me volvió a besar, esta vez con pasión, con profundidad, apretujándome más a él, volviendo a mis brazos de gelatina, logrando que me acomodara entre sus piernas y buscando la fricción de nuestros cuerpos. Todo se sentía tan...caliente, que provocaba en mi un torbellino de emociones nada claras.
Liserg jadeó sonoramente en mi boca cuando una de mis manos se infiltró debajo de su remera, pudiendo acariciar de forma lenta su vientre plano y suave, cómo sí se tratara de seda, o alguna cosa de esas. Cientos de veces me imaginé cómo sería este momento, con que precisión lo haría y que caricias usaría, y créanme, ninguna de mis fantasías se parecía a esta, principalmente porque en ellas le arrancaba la ropa sin el menor cuidado y sólo me limitaba a, bueno, darle la mejor noche de su vida. Pero esto es, aparte de diferente, mucho mejor.
Siento sus manos recorrer mi espalda, su lengua contra mi cuello, y sus jadeos en respuesta a mis caricias, por lo que comienzo a pensar que no puedo quedarme limitado en tocar solamente su abdomen, necesito más. Me deshago de mi remera y mi pantalón, los cuales se vuelven inservibles, y comienzo a deshacerme de su ropa, de forma lenta. Dirijo mi rostro hacia su remera, y con los dientes comienzo a subirla, no tengo que decir que soy un experto en sacar prendas con los dientes, ¿verdad?
Una vez que me deshago de ella, pongo especial atención a su cuello, respirando su olor, pasando mi lengua por su textura, mordiéndolo sin dolor y descendiendo poco a poco hacia abajo, hasta toparme con uno de sus pezones rosas, deteniendo mi camino ahí por un rato, hasta sentirlos endurecer mientras sus gemidos aumentan e inundan toda la habitación. Creo que hasta yo me volvería loco con la lentitud que estoy llevando a cabo.
Mientras sigo descendiendo con mis manos empiezo a buscar los botones de su pantalón, y con éxito los desabrochó rápido, bajándolos, con ropa interior incluida, acariciando sus piernas blancas, e igual de suave que su cuerpo, en el proceso.
-No, no tenés que...- Intenta decirme, pero yo lo ignoro, cómo es común.
Observo su entrepierna, húmeda, goteando y punzante, frente a mí, y con una sonrisa maliciosa, para no perder personalidad en mí, me dispongo a arrancarle más que sólo jadeos. Obviamente, lo logro, mientras sigo succionando, lamiendo, y mezclando mi saliva con su humedad. Empiezo con ritmos lentos, porque después de todo ya me propuse torturarlo de esta forma, y puedo sentir su desesperación y sus "más" que se convierten en súplicas, hasta que finalmente le doy lo que quiere. Pero conste que porque yo quise.
-Espera...ya no puedo...por favor- Decía, y sí supiera el morbo que provoca en mí... no, no sé lo que haría, ya que al parecer todo sale al revés en cuanto a lo que él se refiere.
Luego de sentirlo explotar en mi boca, hecho un vistazo a su cara, asombrándome con lo muy bien que el desgraciado se ve en estos momentos: con su cara de satisfacción, aún mas roja que antes, con un hilito de saliva, que no me contengo de lamer, escurriéndole por al boca, y con su pelo revuelto, el cual siempre esta pulcramente peinado.
Es la viva imagen de la ternura y la vergüenza. ¿Alguna vez se escuchó que alguien muriera mientras hacía el amor? Bueno, creo que yo voy a ser el primero. ¿Cómo puede ser que mi corazón lata de esta manera? Es tan... inconcebible que se altere de esta manera cada vez que lo beso.
-¿Aún estás seguro de seguir?- ¿Podría, por favor, alguien, callarme? Así dejo de hacer estas preguntas tan maricas.
-¿Estás dudando? Porque yo sí quiero seguir- Me preguntó, y afirmó, agitado y seguro.
-No, es sólo que... no quiero lastimarte- Mierda, mierda, mierda, ¡Alguien, máteme! Estúpidos sentimientos de amor que me van a joder la personalidad.
-Te quiero. Eso es lo que verdaderamente quería decirte hoy. Oh, y por cierto, feliz navidad- Dijo, por primera vez, con una sonrisa desconocida hasta ahora, la cual voy a denominar que es una de amor, y que sólo me corresponde a mi, porque esta es la primera vez que me sonríe.
Yo sonreí cómo un verdadero idiota enamorado, y haciéndole caso a mi fiel compañero de luchas hormonales, quien estaba al borde de una asfixia, de lo morado y necesitado que ya debería estar, me dispuse a hacerle la velada lo más satisfactoria posible. En lo posible, quería evitar que me vuelva a odiar.
Coloqué con cuidado dos dedos en su boca para que los ensalive bien. Sí hubieran visto la cara de depravado que puso mientras lo hacía, hubieran pensando que era yo el pobre víctima de todos estos meses. Una vez que sentí que ya estaban, los dirigí hacia el punto culmine de este momento. Introduje uno con lentitud, vigilando su expresión, y esperando a que se acostumbre a la invasión en su cuerpo. Su rostro mostró una pequeña molestia, pero sólo se redujo a eso, por lo que introduje otro más, sintiendo que la zona se estaba humedeciendo y se hacía un poquito más fácil de soportar para Liserg. Esta vez, lanzó un pequeño sonido de dolor, así que lo besé para tranquilizarlo un poco y hacer más llevadero el ¿proceso?. Introduje un tercer dedo, que no tenía planeado, pero dada la estrechez de este, tuve que hacerlo.
-Ah, Hao, me duele- Dijo ahogadamente, haciéndome detener por completo, pero no saqué mis dedos. Lo observé con desesperación, y miedo, por sí había sido demasiado brusco, pero entonces su rostro se relajó otra vez. Me miró y asintió a mi pregunta no formulada.
Seguí con el mismo movimiento hasta que él se acostumbró por completo, sólo entonces, cuando ya sentí que estaba preparado, y sus gemidos de placer volvieron, los reemplacé.
-Lis, sólo tenés que detenerme- Dije jadeando pesadamente, mirándolo con toda la confianza que podía darle.
Él, lejos de sentir miedo e inseguridad, asintió.
Lo siguiente que recuerdo de todo esto, fue la maravillosa sensación que sentí al unirme con él, era cómo cuando uno no puede resolver un problema matemático y de repente se le ilumina el cerebro y lo logra. Bueno, no tan así, pero algo parecido. Una experiencia inexplicable. ¿Será por qué el amor te hace estúpido y todo te parece nuevo y desconocido? ¿O será por qué, aparte de haber logrado mi "cometido", sentía que ahora tenía algo más que sólo una noche? Daba igual. Creo que por fin comienzo a entender que tal vez no todo haya sido tan malo, y que esperar, tiene su recompensa.
...
No, ni en joda me creo eso.
POV Ren
-Tenemos que hablar, en serio, Ren, por favor- Me rogaba en vano ese intento de ser humano, siguiéndome.
Me di vuelta y me encaré con él, juntando fuerzas para no ponerme a llorar, primero porque tengo orgullo, y segundo porque un Tao jamás llora cómo nenita.
-No tengo nada que hablar con vos- Le espeté enojado, intimidándolo con la mirada, para que se avive de que no lo quiero cerca, ni a un milímetro de distancia.
-No podes irte así. No podes dejarme así- Dijo afligido.
-Vos me dejaste hace mucho tiempo, no fue mi culpa, fue tuya el que yo tomara esta decisión- Le dije aparentando indiferencia, retomando mi camino hacia el baño.
-El bebé no es mío- Dijo, apenas en un susurro, pero lo suficientemente alto cómo para que yo lo escuchara, y me detuviera otra vez.
-Ya te dije que eso no importaba- Dije tratando de sonar determinado, pero mi voz se quebró en el momento final de la oración, delatándome.
-Ren, no nos hagas esto- Dijo angustiado. Escuché cómo comenzaba acercarse hacia mí, con pasos vacilantes.
Sería un mentiroso sí negara que no quiero dejarlo, que no me interesa que sea yo el que está poniendo un obstáculo entre ambos, que no me interesa lo que vaya a pasar con él o conmigo, y sobretodo sí negara que lo amo. Es una traición conmigo mismo, pero ya no podía dar marcha atrás. O eso pensé hace unos segundos, antes de que dos brazos que reconocí cómo los de mi hermana me empujaron desprevenido al baño, junto con Horo, y cerrara con llave.
-¡JUN, ¿QUÉ CREES QUE ESTÁS HACIENDO?!- Grité encolerizado.
-Logrando que seas feliz, hijo- ¿Es qué el mundo se volvió loco o esa era la jodida voz de En?
-¡ABRÁN LA PUERTA O JURO QUE LA TIRO ABAJO!- Amenacé. Sí salgo de esta, juro que voy a descuartizarlos a los tres. Entonces reparé en lo que habían dicho y con quien me habían encerrado- ¿Vos no pensás hacer nada? ¿Te vas a quedar ahí parado cómo idiota?- Le dije enojado, mirando cómo una media sonrisa pintaba su cara.
-En realidad, siento que esta es la única posibilidad que voy a tener para detenerte y que no cometas la locura de irte- Dijo tranquilo, mirándome con decisión.
Eso me enojó aún más. No tenía ningún derecho a nada, ni a réplicas, ni a obligarme a escucharlo, ni a decirme más mentiras, ni a seguir engañándome, no, no los tenía, y sin embargo, yo deseaba escucharlo, deseaba que él fuera capaz de convencerme, de jurarme que podía confiar en él.
-Me voy a ir a China, y no voy a cambiar de opinión- Pero mi orgullo siempre va a pesar más de lo que me gustaría.
Él pareció meditarlo, o eso creo, la verdad había tapado sus ojos con su cabello, y la expresión de su rostro se me antojó seria, cómo pocas veces había visto. Me apoyé en la puerta, sabiendo que hasta que no escuchen un posible gemido, no nos iban a dejar salir. Casi me sonrojé frente a la idea. Maldita familia de lunáticos, definitivamente yo soy adoptado, eso no se discute.
-Y...¿Qué opinás, sí me voy a China con vos?-
No sé sí fue su sonrisa o sí ya estaba muy cansado, pero mi cerebro murió en ese preciso momento.
POV Anna
Finalmente, luego de la presentación oficial, Yoh y yo nos quedamos en paz y tranquilidad, sin adultos de tercera edad, sin amigos escandalosos, sólo nosotros, juntos, felices.
-Annita- Me llamó, acariciando mi pelo, mientras estábamos tirados muy cómodamente en sillón.
-¿Sí?- Pregunté casi en la inconsciencia.
-¿Te gustaría ir a vivir conmigo?- Preguntó bajito, cerca de mi oído.
-Sí, me encantaría-Contesté quedándome dormida, sintiendo la calidez de su cuerpo.
...Casi fin. Nos vemos en el epílogo.
