HOOOOOOLI :D. Por última vez T.T. Primero que nada, quiero agradecerle a todos los que me siguieron, pusieron en favoritos, dejaron reviews y que leyeron esta historia, mi segundo fic. De todo corazón y alma, muchas gracias :D. Disfruté un montón haciéndolo, espero que ustedes también ^^.

Por cierto, ¿notaron qué tengo una cierta adicción a las bodas O.O? xD.

Eeeen fin, a leer por última vez :(. Shaman king no es mío.

Epílogo: Tres más tres es AMOR.

-Ren, ¿todavía no estás listo?-

Despegué la vista de la ventana, donde muy atentamente estaba vigilando que los ineptos de los decoradores hicieran todo tal cual se les había ordenado, para dedicarle una mirada aburrida a mi hermana. ¿Qué nunca iba a dejar de molestarme?

-¿Cuántas veces más, en el día, vas a preguntarme lo mismo? Ya te dije que tenemos tiempo, Jun- Le dije exasperado, acercándome hacia el placar para sacar la corbata que le faltaba a mi traje para estar completo.

Ella resopló con indignación.

-No todos los días ocurre que tu cuñada se case, así que apurate, ó a Horo le va a agarrar un verdadero derrame cerebral de los nervios- Dijo mirándome con seriedad, y sin darme tiempo a contestarle nada, se fue por donde vino.

Me quedé mirando la puerta con cierto recelo, pero luego largué un suspiro, sabiendo que no había caso y que ella, aunque no quisiera, tenía razón. No todos los días pasaba que la hermana de mi novio se casara, así que tendría que poner mi mejor cara de imbécil y tragarme todo comentario sarcástico o despectivo hacia los invitados o la recepción o la comida o todo lo que concernía a la boda. ¿Y todo por quién? Por el Hoto, claramente.

Tal vez no tenía la culpa de nada (por esta vez), pero me gustaba culparlo siempre, sobre todo de haber entrado a mi vida sin permiso, de haberme cambiado tanto y de haberme hecho aceptar que me era imposible vivir sin él. Tal vez yo también tenía parte de la culpa por haber aceptado, esa vez, en navidad, esa donde mi tan "amorosa" familia me había encerrado en el baño con él, hace ya un año, que me acompañara a China y se quedara para siempre conmigo, donde pudo apropiarse de toda mi vida por completo.

No lo lamento, obvio, lo amo con locura, de eso no me cabe la menor duda, pero a veces se me hace tan extraño cómo resultó todo, cómo los problemas y los engaños casi matan nuestra "relación" en ese entonces. O, bueno, quizás sólo un engaño, el de esa perra sin escrúpulos, de su ex novia, quien por cierto armó un escándalo en el aeropuerto cuando se enteró (nadie sabe cómo) de que Horokeu se iba conmigo. Francamente ¿se pensaba qué se quedaría con ella? De ninguna manera. Fue una verdadera suerte de que todo se solucionara ese día, de que Nichrome, el cual me sorprendí al enterarme de que era la misma persona que había abandonado a Anna, llegara a decirle la verdad, de lo contrario, no sé, ni me quiero imaginar, lo que hubiera pasado. Aunque es una pena que poco después se enterara de que su novia lo engañaba con otra mujer, por suerte no se lo tomó mal, sino que creo que los tres conviven de lo más felices.

Hablando de cosas raras y perturbadoras, no vi relación más shockeante que la de Hao y Liserg. Los muy pervertidos se creían exhibicionistas haciéndolo por todos lados, a todas horas y en cualquier lugar. Eran incontrolables los primeros meses, ¡MESES!. ¿Se imaginan eso? Jamás creí que Hao encontrara su media lechuga pervertida en ese chico de pelos verdes y modales impecables. Por eso mismo, casi nunca los invitaba a venir a China, a menos que sea estrictamente necesario. Para suerte de Anna, ellos se mudaron al los dos meses (o los echo, todavía no me quedó del todo clara esa parte de la historia).

Sobre Anna y su adicto a la droga, bueno, no hay mucho que decir. Se quedaron con el departamento, juntos y felices, (sacando la parte en la que Anna manda a Yoh para que limpie, compre, planche, cocine, etc.). Ah, sí, y también están esperando a su primer hijo. Ahora que lo pienso, ellos no perdieron el tiempo. Según tengo entendido ella está de tres meses y va a tener un varón, al que lo van a llamar Hanna. Definitivamente, les tendría que haber regalado un libro para nombres de bebé.

Terminé de anudarme bien la corbata, salí de la habitación y bajé por las escaleras hacia la recepción donde se supone tendríamos que aguardar hasta poder ingresar al parque donde se llevaría acabo el "si, aceptó unirme a mi infierno personal". A mi parecer, la idea era genial, mucho mejor que estar en una aburrida Iglesia. Una vez abajo, debía admitir que mi cuñada no tiene ni de lejos mal gusto, lo cual es un alivio a los ojos. Miré mi reloj de pulsera completamente extrañado de que, apesar de ser temprano, ya había más de cien personas en la jodida, y no tan grande cómo me gustaría, recepción. Resoplé con disgusto y fastidio. Odiaba la aglomeración de personas.

Unos brazos, que reconocí perfectamente, me abrazaron por la cintura. Sonreí involuntariamente, entrelazando mis manos con las suyas.

-Creí que no bajarías jamás, Cenicienta- Dijo burlón, apoyando su mentón en mi hombro.

Solté un bufido divertido ante su forma de llamarme.

-Que pena que no haya ningún príncipe por estos lugares- Dije, fingiendo decepción.

Él soltó una leve risita y me volteó para que quedáramos uno frente al otro. Cielos, sí que era lindo, eh. Después de tantas peleas, y golpes, e insultos, logré convencerlo de que no usara nunca más esa maldita banda que siempre llevaba puesta, y vaya que había sido un gran acierto. Sí antes me encantaba de esa manera, ahora me volvía loco ver sus pelos revoltosos e imposibles de peinar, cayendo por su frente y su cara, dándole un aspecto más atractivo de lo que debería.

Él se inclinó un poco hacia mi rostro, sonriendo sólo cómo Usui sabe hacerlo, pero justo cuando ya sentía el roce de sus labios, un carraspeó nos interrumpió.

-Y luego me dicen a mi que monto escenas pornográficas- Dijo el muy… Hao se encontraba, sonriendo divertido, a nuestra derecha, acompañado, por un lado, de Liserg y su cara sonrojada, y por el otro, de su hermano y cuñada, el primero sonriendo con "cara de recién me despierto", y la segunda con picardía.

-Me alegra verlos, muchachos, jiji- Dijo Yoh, ensanchando aún más su sonrisa.

-Yoh, quiero un jugo, ahora- Demandó la futura madre al futuro padre con su típica cara de "sí no lo tengo en mis manos en cinco segundos, considérate hombre muerto", y todos sabíamos que lo cumpliría.

Luego de eso nos quedamos hablando un rato sobre lo que estábamos haciendo, que planes tendríamos a futuro y etcétera de cosas triviales. Finalmente, la puerta hacia el jardín hermosamente decorado, cosa que hasta a mi me sorprendió, se abrió, y una vez acomodados todos en nuestros respectivos lugares, la música empezó a sonar. El novio ya estaba en el altar, claramente, esperando a la novia, y a decir verdad, se lo veía cómo sí fuera a largarse a llorar en cualquier momento. Sonreí internamente cuando Horo tomó mi mano.

Pillika estaba hermosa, acompañada del brazo de su padre, el cual aún hoy, se me hacía imposible creer que tuviera la misma mirada infantil de su hijo. La entregó, renuente y sin poder evitar que un gruñido se le escapara, causando una risa ofuscada entre los presentes, y el cura se dispuso a atarlos de por vida.

-Pst, Ren- Susurró muy bajito mi novio, haciendo que girara mi rostro, discretamente, para mirarlo.

-¿Qué pasa?- Susurré igual que él, extrañado de verlo tan nervioso.

-Es sólo que…- Empezó, pasándose una mano nerviosamente por la nuca- Hay algo que quiero preguntarte-

Palidecí al instante. Él no va a preguntar lo que creo que va a preguntar ¿o sí?

-¿Qué cosa?- Pregunté un poco temeroso, un poco expectante, y un poco ansioso.

-Es que, verás, estuve pensándolo mucho, y, bueno, yo te amo ¿lo sabes, verdad?- Balbuceaba, evitando mi mirada. Él no esperó mi respuesta- Ren, creo que es hora de que agreguemos emoción a nuestras vidas- Concluyó, mirándome con determinación nunca antes vista.

Yo lo miré confundido y desconfiado. ¿Emoción? ¿Qué no se conformaba con qué lo ate a la cama, o con los "juguetes" que él me obligo a comprar? Oh, no, no me digas que lo que quiere es…

-Horo…- Lo llamé asustado-, vos no estarás pensando en…- No pude terminar la frase porque de sólo pensarla ya me daba escalofríos.

-Si, Ren, si. Voy a entender sí vos no querés ahora, pero, por favor, te pido que lo pensés- Me rogó con ojos brillosos.

Entonces la ira hizo espacio en mí. Me levanté de golpe, mirándolo completamente furioso, mientras podía sentir que todos los presentes me miraban atónitos, incluidos los novios. O, bueno, sólo el novio, porque Pillika me enviaba rayos lazers con los ojos.

-¡NO PUEDO CREER QUE SEAS TAN PERVERTIDO!- Grité rojo de la furia, frente a la mirada confundida y avergonzada que tenía Horokeu- ¡¿CÓMO SE TE OCURRE PENSAR QUE A MI ME VA A PARECER BIEN QUE QUIERAS QUE HAGAMOS UN TRÍO?!-

Él se levantó rojo de enojo y de vergüenza, mirándome cómo sí fuera un extrarrestre.

-¡Yo no estaba hablando de eso!- Me gritó exaltado- ¡Yo estaba hablando de que quería que adoptáramos un hijo!-

Entonces todo cobró sentido, y quise que la Tierra se abriera al medio y me llevara hasta lo más hondo del mundo. Sentí cómo mi cara comenzaba a arder en un rojo vivo, cómo algunos presentes, por ejemplo mi padre y el señor Usui, suspiraban con indignación y malhumor, cómo otros lanzaban bromas y se reían nada disimulados, cómo Hao e Yoh, y cómo otros se emocionaban, cómo Pillika.

-Entonces… ¿Qué pasó después?-

-Bueno, alquilamos un vientre, y nueve meses después estábamos esperando a quien iluminaría nuestras vidas- Contesté, sonriendo ante el recuerdo, mirando con ternura a la, ya no tan pequeña, persona que tenía frente a mí.

Él lanzó un bufido divertido, típico de mí.

-Linda historia, papá, muy divertida, y significativa, pero ya me tengo que ir- Dijo Men Tao Usui, nuestro hijo, mío y de Horo, no de ese rubio de nombre horrible que se la pasa perturbándolo.

-Espero que no sea con ese… espantapájaros mal hecho- Dije, cruzándome de brazos y entrecerrando los ojos.

-Papá, su nombre es Hanna- Me advirtió, apuntándome con un dedo, para luego dedicarme una mueca burlona. Malditos genes Usui- Aparte, Hoto me dejó- Se encogió de hombros, y con esas palabras que no tranquilizaban ni a mis más recientes pesadillas, se fue.

Refunfuñé de mala gana, pero me dije a mi mismo que ya no tenía caso. Men ya tenía dieciséis años, no era un adulto, pero tampoco un bebé, así que mejor era dejarlo crecer y que él mismo se de cuenta de sus propios errores. Espero que la historia surja efecto en él, por los Grandes Espíritus, después de todo no me la pasé tres horas hablando para que no aprenda nada de los errores de sus padres y sus tíos.

-¡REN, ¿SE PUEDE SABER POR QUÉ MI PROPIO HIJO ME LLAMA HOTO?!-

Porque, aunque no quiera admitirlo, dejar entrar al amor a tu vida, no es tan malo. Más todavía sí al sumar, el resultado es, igual a, AMOR.

Me levanté renuente de la cómoda silla de la cocina para ir hacia el estúpido teléfono que sonaba sin parar.

-¿Hola?- Dije cordialmente.

-Ren, soy Yoh, ¿sabes? en este momento estamos reunidos, ya sabes, mi hermano, Liserg, Anna y yo, y sé que esto te parecerá raro pero... ¿Crees que tu casa es suficientemente grande cómo para que nos quedemos a vivir un tiempo ahí?-

Y también supe que el tic de mi ojo izquierdo se haría permanente.

FIN.