Esta historia no me pertenece, es una traducción de la obra Evening Sun de rianterren. En mi perfil se pueden encontrar enlaces a la obra y al perfil de la autora.

Capitulo 3:

— ¡Arriba, Arriba, Arriba! ¡Hoy va a ser un día muy, muy, muy importante!— oigo a Effie a través de la puerta cerrada y gruño adormilada. Me doy la vuela y tiro de la colcha intentando recuperar mi calor y volver a dormirme.

Effie llama de nuevo y gruño, esta vez murmurando por lo bajo lo exasperante y odiosa que es. Me obligo a mi misma a salir de la cama y estiro las extremidades; están reventados y crujen. Me da un tirón en el cuello y no pedo girar la cabeza a la derecha.

No me molesto en ducharme y cambiarme porque sé que me entreguen a mi estilista tan pronto como que el tren llegue al Capitolio. En su lugar me arreglo mi enredado pelo en un moño desordenado y recorro el pasillo. Hoy me siento un poco mejor, pienso que mi mente finalmente se ha hecho a la idea de que voy a participar en los juegos pero de que no voy a salir viva de ellos. Aunque lo intentaré. Por supuesto que lo intentaré, le prometí a mi padre que lo haría.

Gale es el único en el vagón comedor. Le miro por unos instantes intentando encontrar algún signo de que se ha rendido, pero siendo fiel a su carácter Gale sigue siendo una roca. Sus ojos no están rojos ni brillantes, su cara no está enrojecida y no hay signos de nerviosismo. El simplemente sigue ahí comendo un enorme desayuno y bebiendo algo en una taza.

— ¿Qué estas mirando?, Undersee— pregunta sin levantar la vista de su plato. Me sonrojo y voy a la mesa repleta de comida.

—nada, yo solo… Nada— balbuceo tropezando con mis palabras. Mi cerebro sigue confuso por todas las lágrimas de ayer. ¿Realmente pasó todo aquello?

Me siento frente a él con un pequeño plato de comida. Sigo sin poder comer nada más que un tazón de sopa o una tostada con jamón.

— deberías comer mas, Undersee. Subir de peso antes de la arena sería un movimiento inteligente— dice Gale pasándome su plato de huevos.

—No tengo hambre— digo empujando el plato de vuela a él. —además, no quiero compasión. — le miro y veo que las esquinas de su boca se levantan un poco.

—nadie te esta compadeciendo. Solo sugiero que es una buena idea— dice Gale empujando el plato de comida de nuevo. —piensa en ello como un regalo.

Es el turno de las esquinas de mi boca de moverse. Sacudo la cabeza y como los huevos lentamente. Nos sentamos en silencio, el único sonido es el golpeteo de la vajilla de plata y el zumbido del viento a través de la ventana.

—buenas. — dice Haymitch mientras se tambalea por el vagón. O está borracho o tiene resaca.

Se sienta en la cabeza de la mesa y saca la petaca. El líquido ámbar cae en su café y me muerdo el labio con enfado, probando un poco de sangre.

—Sabes, —digo mientras me limpio la sangre — va a ser un poco difícil ayudarnos en la arena cuando estas borracho.

—como si fueses a sobrevivir al baño de sangre. La hija del alcalde y un pobre chico de la Veta, patético. —dice, y mis ojos vuelan a Gale, su mandíbula esta tensa y tiene la vista fija en el cuchillo.

—eres nuestro mentor, Haymitch, tienes que tener algún consejo— digo y mi tono se acerca al sarcasmo.

—si: seguid vivos— dice Haymitch igualmente sarcástico. Suelta una risotada y da un trago a la petaca.

Me enfurezco y vuelvo a mi plato mordiéndome la lengua porque discutir con Haymitch no vale la pena. Aunque Gale no piensa lo mismo y, cuando Haymitch deja su petaca en la mesa, la coge con un movimiento fluido y la lanza atreves de la habitación. Se me ensanchan los ojos y mi mandíbula cae. Haymitch le da un puñetazo en la mandíbula a Gale, pero no parece perturbar al chico de la Veta porque un segundo después un cuchillo pasa muy cerca de la mano que Haymitch había dejado en la mesa y la pelea se detiene.

— ¿que tenemos aquí? — pregunta Haymitch mientras mira a Gale. Un moratón está empezando a salir en su mandíbula. Me levanto y voy al recipiente de la bebida fría colocando hielo en una servilleta para él.

—Gracias— dice y se lo coloca en la cara.

—deja que salga el moratón. Parecerá que eres duro, hará que el Capitolio piense que te has peleado con otro tributo antes de la arena. — dice Haymitch y Gale se quita el hielo y lo deja en la mesa.

—pelear antes de la arena va contra las reglas, Haymitch. —Digo y él se gira hacia mí con una sonrisa de superioridad —Gale podría meterse en problemas por eso.

—no, si no lo pillan no hay problema. —dice Haymitch girando de nuevo hacia Gale. — ¿Qué mas puedes hacer?

—soy bastante bueno con el arco y las flechas. — admite y cari rio de lo modesto que es.

—No seas tan modesto, Hawthorne. —digo limpiándome la boca con una servilleta en un intento de disimular la sonrisilla. — es mejor que bueno. Siempre consigue un disparo limpio en el ojo. — le digo a Haymitch con un movimiento de cabeza.

—aja, ¿y en que eres buena tu?, señorita Undersee— pregunta Haymitch mirándome ahora.

—Nada— digo de un trago. — solo soy buena con el piano y no creo que vaya a haber uno en la arena. — Gale sonríe ahora y casi se ahoga con su bebida.

—Undersee es inteligente, siempre saca puntuaciones de 10. También es rápida y tiene resistencia cuando corre. — dice Gale haciendo lo mismo que acabo de hacer por él.

—poned os juntos. — dice Haymitch señalando un punto vacio lejos de la mesa.

Me pongo de pie junto a Gale y mi estomago se aprieta. Como si necesitase que me recordaran lo pequeña que soy en comparación. Haymitch da círculos alrededor de nosotros y nos evalúa con la vista. Toquetea nuestros músculos y empujándonos para ver cuán estables somos.

—Bueno, — comienza e inclino la cabeza, curiosa por lo que tiene que decir. —supongo que no sois un total desperdicio.

— ¿y eso donde nos deja? — pregunto tras un momento de silencio.

— Estoy en ello May –Madge. — dice, me encojo y miro a mis pies. Mis medias tienen un agujero.

— en unos minutes llegaremos al capitolio y se os entregará a vuestros equipos de preparación. Dejad que hagan lo que necesiten para dejaros presentables. No protestéis, no os molestéis, simplemente dejad que pase. — dice Haymitch y asiento, todavía mirando mis medias.

—Que pasa si…— empieza Gale pero Haymitch lo interrumpe con un movimiento de mano.

— Simplemente te aguantas. — Contesta Haymitch y se dirige a la salida — yo los obedecería si fuese tú. El patrocinio puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte de ahora en adelante.

Ni si quiera me había dado cuenta de que habíamos llegado al Capitolio, pero aquí estamos, mirando el tenue horizonte de diferentes colores. Los ciudadanos empiezan a darse cuenta de que se trata de un tren de tributos y empiezan a gritar y saludar. La graciosa gente de brillantes pelucas nos lanza besos y chilla mientras el tren se acerca a la ciudad.

Me acerco tímidamente a la ventana y Gale murmura algo pero no puedo oírlo. Sonrió ligeramente a la gente y saludo con timidez haciendo que griten aun mas alto y se emocionan mas.

—Vamos Gale— digo girándome para mirarlo. Sacude la cabeza pero cojo la manga de la camisa y le empujo hacia la ventana. —Les vas a encantar. — digo y frunce el ceño ante la extraña gente.

El y yo nos quedamos en la ventana juntos. Saludo y Gale gruñe, esto es lo más cercano que tendemos a una amistad. El tren se tambalea al frenar y caigo encima de Gale. Sus manos callosas cogen mis hombros suave pero firmemente. Soy capaz de recuperar el equilibrio y asiento en agradecimiento mientras me giro de vuelta a la ventana.

— ¡venga, los dos! — nos llama Effie y giro la cabeza en su dirección. —el Capitolio espera.

—oh Dios, vamos Madge, no deberíamos tener al Capitolio esperando. Al fin y al cabo se lo debemos todo. — dice Gale con la voz llena de sarcasmo.

— ¡tiene razón señor Hawthorne! Ese es el espíritu. — dice Effie sin pillar el sarcasmo. Se ajusta la peluca mirando el reflejo de una cuchara y asiente para que la sigamos.

Gale y yo nos miramos y encojo los hombros porque no existen palabras para describir a Effie Trinket. Gale rueda los ojos y salimos juntos del tren hacia las luces brillantes y las multitudes gritonas que es el Capitolio.