Aunque había intentado descansar por lo menos un par de horas, Ruby no había conseguido dormir esa noche. No hizo más que dar vueltas por su habitación, mirando el reloj inquieta y organizando mentalmente cómo surgirían los acontecimientos del día siguiente. Sabía que lo primero que debía hacer era comentarle a la abuelita que a partir de ahora iban a ser tres en casa. Había sopesado la idea de traer a Belle directamente, sin comentar nada a la abuelita, y así se vería obligada a acogerla en casa, pero la idea no le convenció demasiado. No sería la primera vez que la abuelita negara la estancia a alguien en su casa.

Cuando el reloj hubo dado las seis de la mañana, Ruby salió de su casa y fue a la cafetería en la que su abuela y ella trabajaban. Normalmente abrían a las siete en punto, pero pensó que quitarle algo de trabajo a la abuelita suavizaría la situación.

-Tortitas con mermelada de frambuesa -. A las siete, la cafetería estaba ya más que recogida y lista para funcionar, y la abuelita estaba realmente sorprendida de encontrarse a Ruby trabajando desde tan temprano. Mayor sorpresa se llevó al ver a su nieta acercándole un plato de tortitas para desayunar. - No te preocupes por tu presión arterial, tanto la mermelada como la masa de las tortitas es baja en glucosa. ¿Verdad que soy la mejor nieta del mundo?

La abuelita miró a Ruby por encima de sus gafas desde el otro lado de la barra de la cafetería. Sería la mejor nieta, pero era una horrible mentirosa. O quizás fuera simplemente que la abuelita conocía demasiado bien lo que significaba que los ojos verdes que su nieta había heredado de ella se clavasen expectantes sobre su abuela mientras sonreía y marcaba un molesto ritmo al hacer percusión sobre la madera de la barra con las yemas de sus dedos.

Posó una mano sobre el borde del plato de tortitas y lo arrastró sobre la madera para devolvérselo a su nieta, regodeándose al ver una expresión que reflejaba confusión y nerviosismo en su cara.

-¿En qué lío te has metido esta vez?

Ruby arrugó la nariz conteniendo una mueca de aborrecimiento tras haber sido pillada tan fácilmente. Se dijo a sí misma que debía haber sido más lista si quería engañar a la abuelita. Recordó que una vez en el Bosque Encantado, cuando Ruby tenía apenas cinco años y dejó la puerta del corral abierta permitiendo a la mitad de las gallinas escapar, su abuela no había tardado nada en descubrir que había sido ella la que había cometido el error y no su amigo Peter, y eso que había intentado ser lo más convincente posible para inculpar al pobre chico.

''¿No sabes que tu abuela huele el miedo, niña?'' Le había dicho ante la cara de asombro de la pequeña Ruby. Gracias a esa revelación por parte de la abuelita, Ruby pasó dos años de su vida frotándose con agujas de pinos, y con cualquier flor que encontrase, cada vez que hacía una trastada, pero ni aún así conseguía disimular el olor a miedo ante su abuela. Cuando creció, se dijo que el miedo no tenía olor, simplemente la abuelita era muy astuta. Ahora, después de haber recuperado los recuerdos sobre su vida anterior, se preguntaba si tal vez su abuela fuera capaz de oler el miedo realmente. ¿Y si su sentido del olfato, gracias a todo el drama del lobo, fuera capaz de detectar las emociones también? Si era así, sería mejor empezar a contar la verdad sin rodeos.

-He... He hablado con el doctor Whale sobre Belle. Necesitaban buscarle un lugar en el que vivir y...

-Y has tenido la brillante idea de traerla a casa -. Terminó la abuelita. Se levó una mano a la frente y se reajustó las gafas para dirigir una mirada llena de reproche a su nieta. - ¿Te das cuenta de lo que estás haciendo, Ruby? Vas a meter a una chica desorientada en la casa de dos extrañas que resultan ser Caperucita roja y su abuelita.

-Lo sé, lo sé, pero... abuelita, si no la acogemos nosotras, ¿quién lo hará? - Ruby se había inclinado sobre el mostrador para sujetar la mano de su abuela. Intentaba que la mirase a los ojos para poder sonar más convincente -. Si no la acoge nadie, lo más probable es que la lleven a algún asilo.

-En un asilo voy a terminar yo si sigues llenándome la cabeza con tus locuras...

-¡No es momento para tus comentarios sarcásticos, abuela! - Las manos de Ruby soltaron la de su abuela para posarse sobre su cabeza. Se apartó el pelo de la cara mientras resoplaba para calmarse. - Belle lleva encerrada veintiocho años. ¿Vamos a permitir que la encierren otra vez?

Las dos quedaron en silencio, una de ellas reflexionando; la otra, expectante, y mirando a su abuela tan fijamente que podía sentir que sus ojos a punto de salirse de sus órbitas.

-Sabes que Belle es la... querida de el señor Gold, ¿verdad? - Granny estaba mirando fijamente a Ruby por encima de sus gafas. Su rostro no presentaba expresión alguna, lo que incrementaba la frustración de Ruby.

-Belle es Belle -. Dijo Ruby tajante. - Nadie tiene derecho a hacerla su lo que sea. Y, por lo que a mi respecta, el señor Gold el que menos.

Tras un cansado suspiro, la abuelita se levantó de su asiento y recogió su bolso. Ruby dejó caer los brazos, desesperada por no haber podido convencer a la abuelita. Pensó en qué iba a pasar con Belle ahora, y tuvo que hacer un gran esfuerzo para no hacer notar que estaba a punto de echarse a llorar. Tal vez el asilo no fuera tan malo después de todo. Seguro que la dejarían ir a hacerle visitas, y tal vez incluso la dejaran sacar a Belle durante algunas horas.

-¿Te acuerdas de ese manazas al que hemos contratado como ayudante? - Escuchar de nuevo la voz de su abuela la tomó por sorpresa Por un momento se había olvidado que seguía en la cafetería. Ruby asintió con la cabeza. Cómo no iba a acordarse del pobre chico al que su abuela se dedicaba a torturar cada día... La verdad es que sentía lástima por el chico, y a veces no podía creer lo torpe que era y el tiempo que pasaba en el suelo porque perdía el equilibrio o se resbalaba o se tropezaba con cualquier cosa. Por culpa de esa torpeza, su abuela había empezado a llamarlo ''Traga Baldosas''. - Pues llámalo y dile que es urgente, que venga aquí. Dile que le estoy poniendo a prueba: si puede llevar la cafetería sin asustar a los clientes con su torpeza, le ascenderé y ya no tendrá que dedicarse a barrer el suelo.- Ruby frunció e ceño, no entendiendo muy bien a dónde quería llegar su abuela. - ¿Por qué sigues ahí parada? ¡Llámale ya! Dios sabe cuánto le cuesta salir de la cama. Yo voy a volver a casa. Últimamente no recoges nada, y no quiero que esa Belle piense que vivimos en una pocilga cuando la traigas a casa.

-¿Abuela...?

La cara de Ruby era un remolino de emociones en ese momento. No sabía si reír, llorar, gritar o si preguntarle a su abuela si era otra de sus bromas crueles.

-Te lo repito por última vez, llama al señor Traga Baldosas y que venga a sustituirte. Y vete ya al hospital, os quiero a las dos en casa para la hora de comer.

Antes de que la abuelita pudiera avanzar un paso más, Ruby se abalanzó sobre ella en un ataque de felicidad para poder abrazarla. Volvió corriendo detrás del mostrador para descolgar el teléfono del local y despertar a su sustituto.

-¡Abuela! - Gritó Ruby antes de que saliera por la puerta. - ¡No te has comido mis tortitas!

-Para ser la mejor nieta del mundo has olvidado que tu abuela detesta la mermelada de frambuesa.

Esa mañana, el olor del hospital le parecía casi imperceptible. Ruby supuso que era debido al hecho de que por las mañanas el hospital estaba más activo que por las noches, con más visitantes y más movimiento por parte de el doctor y los enfermeros. O tal vez fuera su falta de sueño, que inhibía su sentido del olfato y lo rebaja al de un humano normal y corriente. Su estado de ánimo también influía en la percepción de su entorno. Era la primera vez que entraba en el hospital con una expresión en su rostro que no fuera de tristeza y preocupación. Las conversaciones que se mantenían en los pasillos y que antes llegaron a molestarla ahora le parecían de lo más reconfortante, incluso sonrió al escuchar la campana del ascensor cuando le anunció que había llegado al piso que había marcado.

Al llegar a la sala de espera del tercer piso, donde estaban las habitaciones de los enfermos en rehabilitación y, por lo tanto, la de Belle, lanzó una mirada furtiva a las sillas de hierro que tanto la habían acompañado durante un par de días, despidiéndose de ellas con un ''espero no volver a veros en mucho tiempo''. Las tres personas que esperaban de pie en el pasilo mientras hablaban no pasaron desapercibidas ante Ruby. Mary Margaret y David mantenían una apurada conversación con el doctor Whale y, por lo que Ruby pudo ver, su amiga parecía bastante preocupada. Cuando Mary Margaret advirtió la presencia de Ruby, pidió disculpas al doctor y a su marido y se dirigió hacia Ruby.

-¿Es cierto lo que dice el doctor? - Snow enarcó una ceja, acentuando la confusión que expresaba .- ¿Qué opina la abuelita de... bueno, de tu idea? ¿No crees que es peligroso?

-No, yo...

Ruby no entendía muy bien a qué venía tanta preocupación por parte de Snow, y sintió una pequeña opresión en la garganta por culpa de su desconfianza.

-Ruby, esto es muy serio... estás metiendo a Belle en la boca del lobo, literalmente hablando. ¿Has pensado en lo que podría suceder?

Las palabras de Mary Margaret fueron como un interruptor en el cerebro de Ruby. Ya comprendía a qué venía su repentina preocupación. Levantó la barbilla y miró a los ojos a su amiga. El brillo de dolor que apareció en los ojos de Ruby hizo que Snow se arrepintiera en ese mismo instante de lo que le había dicho.

-Tienes miedo de que hiera a Belle cuando sea luna llena.

-Ruby...

-¡Sabes lo que me estoy esforzando por controlar esto del lobo! - estalló Ruby. Se llevó las manos a la cabeza y emitió un gruñido de desesperación mientras elevaba la vista al techo de la sala. - Me mantengo alejada de Storybrooke cuando hay luna llena, ¡no he atacado a nadie! - Snow intentó tranquilizar a Ruby, pero ésta no iba a dejarle hablar.- ¡Creía que por lo menos tú confiabas en mí!

-¡Y lo hago! Ruby... párate un segundo.- Las manos de Snow se posaron cada una contra las mejillas de Ruby. Dada su altura, Snow tuvo que tirar de Ruby para poder hacer que la mirase a los ojos.- Por supuesto que confío en ti, Ruby. Siempre lo he hecho, y sé que te esfuerzas por no herir a nadie... Pero, ¿y si ella te viera convertida en lobo? ¿Y si se asusta y huye? O peor, ¿y si tú te asustas y el lobo toma el control de ti? - Esta vez fue Ruby la que intentó interrumpir a su amiga, pero las manos de Snow se apretaron más contra sus mejillas, impidiéndole hablar.- Compréndeme, Ruby, confío en ti, pero también confío en que Rumpelstintskin cumplirá su palabra de herir a Emma si Belle resulta herida.

Ruby sostuvo la mirada de Mary Margaret durante unos segundos y luego asintió con la cabeza, haciendo saber a su amiga que la entendía. Sintió las manos de Snow abandonar sus mejillas y suspiró aliviada de poder volver a su posición normal.

-No va a pasarle nada a Belle.- Aseguró Ruby. - Y tampoco a Emma. Te lo prometo. Tengo a la abuelita para ayudarme... y la ayuda de mi mejor amiga me vendría bien también. - Ruby sonrió mientras agarraba la mano de Snow entre las suyas.- ¿Por favor? Yo sola no voy a poder hacer que recuerde...

-¿Sigues empeñada en que recuerde? - Snow sonrió a su mejor amiga.- Está bien, cuenta conmigo. Y con David y Henry, seguro que también querrán ayudar.

La sonrisa de Ruby iluminó su cara por completo. Con un agudo chillido de felicidad, abrazó a su amiga todo lo fuerte que pudo, siendo recibida por las carcajadas de Snow y unas palmaditas en la espalda acompañadas de un ''cálmate, cachorrito''.

Snow rompió el abrazo y agarró las maños de Ruby.

-¿Por qué no entras y hablas un rato con Belle?- Le propuso con una sincera sonrisa.- Creo que será mejor si te la ganas un poco antes de decirle que vais a vivir juntas.

Ruby le dio las gracias a Snow y se dirigió hacia donde David y el doctor Whale seguían hablando. David la recibió con una cálida sonrisa y el doctor con una de sus hambrientas y no tan cálidas miradas.

Tras comentar a los dos que, finalmente, ella y la abuelita iban a hacerse cargo de Belle, el doctor Whale se dispuso a avisar a Belle de la noticia.

-Espera.- Ruby lo detuvo antes de que entrase en la habitación.- Déjame hablar con ella un rato, yo se lo diré.

-De acuerdo, tomaos el tiempo que necesitéis.- Whale llamó a la puerta de Belle y abrió. Ruby sonrió al ver a su amiga sentada en la cama y haciendo una mueca ante la bandeja del desayuno que le habrían traído hace una hora pero seguía intacta. Belle dirigió a vista a la puerta y sonrió al ver al doctor.- Buenos días, señorita. Esta mañana tiene visita.

La cara de Belle se inundó de nerviosismo por un momento, hasta que de detrás del doctor apareció Ruby con una tímida sonrisa y dejando escapar un incómodo ''hola''. Escuchó la puerta cerrarse detrás de ella y supo que ya no había vuelta atrás. En ese momento, Belle dejó escapar un suspiro que, por lo que Ruby entendió, fue un suspiro de alivio, y no pudo evitar extrañarse ante aquella reacción.

-¿Esperabas a alguien? - Preguntó Ruby.

-No... bueno, sí, pero no exactamente... sólo pensaba que la visita sería este hombre de el bastón que viene todos los días.

-Gold.- Ruby sonrió, intentando romper la tensión que había en la habitación.

-Sí, supongo.- Belle también sonrió durante un momento. Se llevó la mano a un mechón de pelo castaño que caía sobre su hombro y empezó a jugar con él mientras se acomodaba en su cama.- La verdad es que me asusta ese hombre.

Ruby avanzó hacia el sillón de color azul que había al lado de la cama y se sentó en él, con la mirada confusa de Belle sobre ella. La luz de la habitación y el pelo alborotado daba a la expresión de Belle un toque más infantil y Ruby pensó que más parecía un cervatillo asustado que una persona.

-Créeme, aún no he conocido a nadie a quien no le asuste.

Belle volvió a sonreír a la extraña que se había sentado junto a ella. Era la primera vez desde que había llegado al hospital que disfrutaba de una visita. De pronto recordó que no sabía con quién estaba hablando.

Como si hubiera podido leerle la mente, Ruby le tendió la mano derecha.

-Soy Ruby.

Belle le estrechó la mano y, con la otra, se recogió un mechón y lo colocó detrás de su oreja. La mano de Ruby era cálida y suave, y esa sensación le gustó.

-Yo soy... esto...- Belle frunció el ceño y bajó la cabeza. Ruby pudo ver la confusión reflejada en su cara.- Lo siento... no recuerdo nada, ni siquiera mi nombre.

-¿Nadie te ha dicho cómo te llamas?

-Bueno, ese hombre, Gold, siempre se refería a mi como Belle.- Levantó la cabeza y miró ansiosa a Ruby, con sus ojos llenos de un montón de preguntas.- ¿Es ese mi nombre? ¿Belle?

Ruby apoyó los codos en sus rodillas y se inclinó hacia delante.

-Que yo recuerde, así fue como te presentaste cuando nos conocimos. ¿Te gusta Belle? Siempre podrías pedir que te llamen de otra forma...

Bele no pudo evitar sonrojarse ligeramente ante la dulce sonrisa que Ruby le estaba dirigiendo. Sonrió tímidamente y asintió.

-Belle me gusta, es bonito. Y... ¿quién eres? Quiero decir, sé que te llamas Ruby, pero ¿quién eres?- Belle se quedó mirándola curiosa antes de añadir:- ¿Se supone que somos familia?

-No, no.- Ruby soltó una breve carcajada, no sabía si por la suposición de Belle o por lo divertida que era su cara mientras deducía.- Soy tu amiga. Me ayudaste cuando tuve que pasar por una difícil situación... - Ruby se rascó la cabeza dubitativa. No quería explicarle a Belle que la difícil situación fue la acusación contra ella de asesinar a Billy mientras era un lobo.

-Ojalá pudiera recordarte.- Belle sonreía tristemente.

Ruby abrió la boca para hablar, pero volvió a cerrarla y dejó escapar un suspiro. No sabía exactamente qué decirle. ¿Que será difícil que recuerde algo porque su amnesia es debida a la magia? ¿Que seguramente la única forma de que recuerde esté en la manos (más concretamente en los labios) de el hombre al que tiene miedo?

Ruby extendió las manos hacia la cama de Belle y agarró su mano. El gesto pilló totalmente por sorpresa a Belle, que estuvo a punto de caer de la cama. Intentó calmarse y sonreír, bastante incómoda, mientras observaba a Ruby.

-Voy a ayudarte a recordar.- Aseguró Ruby.- Tú me ayudaste una vez, ahora me toca a mi hacer lo mismo. Sólo necesito que confíes en mi.

-Pero no te conozco de nada...- Musitó Belle nerviosa.

-Lo sé, lo sé... y sé que te estoy pidiendo que des un gran salto a ciegas... pero quiero ayudarte.

Instintivamente, el pulgar de Ruby había estado acariciando la mano de Belle, como si fuera un intento de ganarse su confianza. Belle sopesó lo que le estaba planteando durante unos segundos que parecieron eternos. Una parte de ella le decía que podía confiar en la extraña que decía ser su amiga. Estaba claro que se preocupaba por ella, y de verdad que parecía amable y sincera. Por otra parte, era un extraña para Belle. ¿Cómo podía saber que no le estaba mintiendo? ¿Y si era una farsa?

Concentró su mirada en las manos de Ruby sobre la suya y la sensación de bienestar que el tacto de Ruby le proporcionaba. ''Por lo menos ella ha intentado hablar conmigo... no como el hombre del bastón.'' Levantó la mirada y la dirigió a los ojos verdes que la observaban expectantes. Hizo el amago de una sonrisa y asintió con la cabeza.

-¿Puedes ayudarme a recordar?- Preguntó Belle con cierta esperanza.

-Eso es lo que quiero hacer.

-Entonces... supongo que acepto tu ayuda.

Belle sonrió inocentemente y se encogió de hombros. Ruby soltó su mano con una sonrisa y se levantó del sillón. La habitación no era demasiado grande, pero había espacio suficiente como para que Ruby pudiera pasearse nerviosa por ella, dando pasos cortos y jugueteando con sus dedos. Belle comprendió que había algo rondando su cabeza, pero decidió esperar a que ella lo comentase en vez de preguntar.

-Antes de nada, tengo que comentarte algo...

-¿Y... tienes que moverte tanto para hacerlo?- Preguntó Belle con un tono de diversión.

Ruby dejó de caminar y se paró a los pies de la cama, frente a la barra de metal que impedía que el colchón de Belle se escurriese y cayera al suelo. Se agarró a la barra mientras pensaba la mejor forma de comentárselo a Belle.

-Verás, ayer por la noche estuve hablando con el doctor Whale sobre ti y me comentó que ya estás mucho mejor, que lo único que necesitas son unos días más de reposo.- Belle asintió, animándola a continuar.- Dice también que se les hace difícil mantenerte aquí si ya estás curada de tus heridas, y que no van a poder hacerse cargo de ti... Y me dijo que necesitaba buscarte algún lugar en el que quedarte.

-Oh...- Belle bajó la vista hacia sus manos y asimiló lo que Ruby estaba diciendo.- Y supongo que, ya que a penas tengo visitas... no tengo familia en este pueblo.

Chica lista. Pensó Ruby.

El recuerdo de el padre de Belle y cómo ésta le había dejado bien claro que no quería volver a verle (ni a él ni a Rumpelstintskin) por cómo la había tratado asaltó la mente de Ruby y provocó una mueca en su rostro. Tal vez debiera decirle que tiene un padre... pero supuso que, viendo la situación en la que se encontraba su hija, tal vez querría abusar de su amnesia. De todas formas, los únicos que sabían de la condición de Belle eran ella, la abuelita, Grumpy y la familia de Mary Margaret. Bueno, y Gold. Mary Margaret había dicho que cuantas meos personas lo supieran mejor, porque así la gente seguiría tratándola igual y tal vez de esa forma recordara más rápido. Contarle al padre de Belle lo que había pasado solo aumentaría la confusión en ella.

-No. Llevas mucho tiempo peleada con tu padre. Decías que era bastante controlador.

-Entiendo... ¿Y dónde vivo?

Esa pregunta también hizo dudar a Ruby. Se mordió el labio inferior mientras pensaba en una buena respuesta, pero no se le ocurría nada más que decir a parte de la verdad. O algo parecido.

-Es una pregunta un poco delicada...- Respondió Ruby.- No puede decirse que vivieras en un lugar tuyo propio...

-Como... ¿un motel? ¿O un piso de alquiler?

-Algo así.

-Entonces... ¿no tengo ningún lugar al que ir?

En la voz de Belle había un leve tono de desesperación, y eso animó a Ruby a ir directa al grano.

-No, claro que tienes. Lo he comentado al doctor y está de acuerdo con ello. Verás, lo más probable es que si nadie se hace cargo de ti acabes en el asilo.- O en casa de Whale, que no sé que es peor.- Y no soy muy partidaria de esa opción...

-No, yo tampoco...- Belle jugueteaba con la punta de un mechón de su pelo nerviosa.

-Y mi abuela y yo tenemos habitaciones de sobra y, además, llevamos el motel y el café de Storybrooke, así que estamos acostumbradas a cuidar de la gente. Y, bueno, si quieres...

-Podría... ¿quedarme en vuestra casa?

Ruby asintió y disminuyó la presión con la que se agarraba a las barras de acero de la cama.

-La decisión es tuya, claro.- Se apresuró a añadir.- Nosotras te ofrecemos nuestra casa, pero siempre puedes negarte.

Belle sonrió, el nerviosismo que Ruby presentaba era realmente divertido. Le había caído bien esta chica, y viviendo en la misma casa tal vez pudiera recuperar su memoria antes. Además, se dijo que si algún día quería irse sólo tendría que buscar un trabajo para pagarse alguna habitación en el motel.

Por mucho que se estrujase el cerebro, Belle no podía encontrar una razón lo suficientemente convincente como para rechazar la oferta de Ruby. Salvo que era una extraña... pero, francamente, prefería vivir en una casa con una extraña agradable que en un asilo rodeada de extraños que ni siquiera sabía si hablarían con ella.

-¿Cuándo dices que nos vamos?- sonrió Belle.

La sonrisa de Ruby no pudo haber sido más grande ni aunque lo hubiera querido.