Los susurros y sonidos de pasos apresurados que iban de un lado para otro en el pasillo despertaron a Belle.

Despertarse en una cama que no fuera la del hospital fue una sensación extraña para ella, y tuvo que hacer un pequeño esfuerzo para recordar dónde estaba. Ruby y la abuelita la habían acogido en su casa a falta de un lugar al que acudir y le habían preparado una habitación que tenían en desuso para que pudiera quedarse el tiempo que quisiera. Rodó sobre si misma, hacia el otro lado de la cama, y enterró la cara en las almohadas aspirando el olor que el detergente había dejado en las sábanas.

Recordó lo dubitativa que se había mostrado consigo misma al aceptar la propuesta de Ruby de trasladarse a su casa, y cómo todas sus dudas habían desaparecido el día anterior. Belle estaba segura de que fue la deliciosa comida que había preparado la abuelita lo que la convenció para quedarse. Durante la comida la conversación había sido escasa por su parte, pero muy animada por parte de Ruby y la abuelita. Estuvieron durante toda la comida comentando los desastres que el chico sustituto había causado en la ausencia de las dos en la cafetería y, aunque no hablase mucho, Belle no puro dejar de reír cada vez que la abuelita soltaba algún comentario. ''Seguro que ese es el hermano torpe del Patito Feo. ¡Hasta anda como un pato mareado! ¡Siempre tropezándose con todo!'' Ese comentario había hecho reír a carcajadas a Belle mientras Ruby, por su parte, regañaba a su abuela. Pero los reproches de Ruby no la hicieron callar. Después de comer, la abuelita había vuelto a la cafetería y había dejado a Ruby recogiendo los platos. Belle la ayudó con la vajilla y comentó lo bien que le había caído su abuela.

Ruby comenzó a enseñarle la casa tras terminar con la vajilla. En el piso de abajo tenían la cocina, la cual ya conocía y el salón, que tenía un toque clásico y acogedor con su chimenea, sus muebles antiguos pero en perfecto estado, marcos de fotos sobre la mesa, y unas cortinas lo suficientemente translúcidas para permitir la entrada de una perfecta cantidad de luz solar. Entre la cocina y el salón, en frente de la puerta principal, estaba la escalera que llevaba a las habitaciones en las que estaban Ruby y Belle. Junto a esa escalera había un corto pasillo que acababa en una puerta cerrada, la habitación de la abuelita. La madera del suelo era antigua, y algunas tablas crujían al pisarlas, sobretodo las tablas de los escalones. El piso de arriba era, básicamente, un pasillo largo con puertas a ambos lados y que acababa en una ventana bajo la que había una mesilla que sostenía un jarrón adornado con rosas sintéticas. La primera puerta a la derecha era el cuarto que le correspondería a Belle. Ruby le enseñó su propio cuarto, que era la última puerta en el lado de la izquierda, y le dijo que fuera a buscarla ahí si alguna vez la necesitaba. Quedaban dos puertas en el pasillo: la que había frente a la de Belle era un armario donde guardaban los abrigos, y la puerta del fondo a la derecha era el baño. La distribución de la casa no era complicada y, tras un vistazo rápido, su nuevo cuarto le pareció bastante acogedor.

No hicieron gran cosa durante el resto del día. Aunque no había ninguna herida en su hombro, Belle notó cómo comenzaba a molestarle por culpa del incidente producido hacía unos días. Al ver frustrados sus intentos de aparentar que no existía tal molestia, acabó sentada en el sofá bajo la supervisión de Ruby y su prohibición de levantarse a menos que fuera para algo importante. Pasaron el resto de la tarde viendo la televisión y teniendo alguna que otra breve conversación. Breve por culpa de Ruby, porque si por Belle hubiera sido se habría pasado la tarde preguntándole cosas sobre su vida antes de perder la memoria, pero la chica con la que ahora vivía siempre contestaba con evasivas o con un ''preferiría hablar de eso en otro momento'', y su pasividad acabó desanimando a Belle. Cuando la abuelita llegó ya había anochecido. Avisó a las dos chicas que se preparasen para cenar, pero Ruby prefirió irse a la cama directamente. Antes de subir las escaleras le había prometido a Belle que mañana comenzaría a buscar alguna solución para su problema, pero esa noche las dos necesitaban descansar. Intimidada ante la idea de cenar a solas con la abuelita, y debido a su dolor en el hombro, Belle también decidió acostarse temprano, pidiendo disculpas a la abuelita.

Fue abalanzarse sobre el mullido colchón de su nueva cama, cubrirse con la cálidas sábanas limpias que le habían preparado y caer rendida en un inminente sueño. Y abría seguido durmiendo, si no fuera porque poseía un sueño ligero y los constantes pasos y susurros en el pasillo llamaron su atención en sueños. Tras unos segundos de vacilación, se levantó de la cama y miró a su alrededor. Las cortinas dejaban pasar un par de rayos de sol, lo que le indicaba que tal vez hubiera descansado ya lo suficiente. A demás, se sentía impaciente por comenzar su nueva rutina fuera del hospital. Se dio cuenta de que llevaba puesta la misma ropa con la que había abandonado el hospital, y se preguntó si Ruby podría conseguirle algunas prendas más. O quizá podría conseguirlas ella misma.

Llevó la mano al pomo y abrió la puerta de la habitación, cautelosa. Lo primero que vio al abrir fue una Ruby dando saltos por el pasillo mientras se ponía sus botas negras a toda prisa.

- Buenos días.- Saludó Ruby con una rápida sonrisa antes de continuar peleándose con sus botas.- ¿Has dormido bien? -Gruñido.- Porque esta mañana me he acordado... – otro gruñido.- de que olvidé darte algún pijama o algo para que durmieras cómoda, lo siento.- Un último gruñido y Ruby ya estuvo totalmente calzada.

- He dormido bien, no te preocupes.- Sonrió Belle cerrando la puerta tras de sí.- La cama era tan cómoda que ni me enteré de que iba aún vestida.

- Me alegro.- Ruby comprobó el reloj de su muñeca izquierda y volvió a dirigirse a Belle.- Llego tarde a la cafetería, esto me va a costar una reprimenda por parte de la abuelita...- Se llevó las manos a las caderas y resopló, elevando un par de mechones que habían caído sobre sus ojos.- Iba a dejarte dormir esta mañana, pero ya que estás despierta... ¿Quieres venir? Puedes desayunar allí, seguro que tienes hambre.

En ese momento, el estómago de Belle respondió en su lugar. Ruby soltó una carcajada mientras las mejillas de Belle se tornaban rojas y se llevaba las manos al estómago intentando callarlo.

- Sí, creo que me vendría bien comer algo.

Era un día bastante tranquilo en la cafetería. La mayoría de clientes estaban ahí a primera hora para poder desayunar antes de ir a trabajar, por lo que cuando Ruby y Belle llegaron, sólo encontraron tres mesas ocupadas. En una de ellas, David y Mary Margaret tomaban café, con sus manos cogidas por encima de la mesa y charlando animadamente. Las demás mesas estaban ocupadas por habitantes del pueblo a los que Ruby no conocía de nada más que de servirles el desayuno. Eran gente que comenzaban su trabajo algo más tarde, lo que les daba tiempo de recrearse con su café y leyendo el periódico.

Belle se sentó en una mesa junto a la ventana a petición de Ruby. Le había asegurado que iba a prepararle el desayuno, y le pidió que la esperase en esa mesa. Mientras esperaba, no pudo evitar sentirse observada por la pareja que hablaba en susurros a unas pocas mesas de ella y le proporcionaban casuales miradas furtivas. En un acto reflejo, intentó agarrarse algún mechón de pelo con el que juguetear, pero esa mañana se había recogido el cabello en una coleta sencilla. Suspiró frustrada, puso su codo en la mesa y dejó caer la cabeza sobre su mano mientras esperaba a Ruby. No tardó mucho en volver con su desayuno.

- Esto es té helado.- Le dijo mientras depositaba en frente de ella un gran vaso lleno hasta arriba de té con hielo, adornado con una pajita y una rodaja de limón en el borde.- Y este es mi desayuno especial.- dejó un plato de tortitas y un bote de sirope en frente de Belle y se sentó cara a cara con ella.- Las cosas redondas son tortitas, y están deliciosas si les pones sirope. Aunque a mí me gusta ponerle sirope a todo.

Ruby se dio cuenta de que fue por una conversación parecida a esa por lo que se hicieron amigas una vez, y tuvo que forzarse a sonreír. Saber que Belle no se acordaba hacía que sintiera una opresión en el estómago, pero no quería que su amiga lo notase.

Belle bebió un pequeño sorbo del vaso que le había traído Ruby y, acto seguido, comenzó a beber ansiosamente hasta dejarlo seco, con una inmensa cara de placer que hizo estallar Ruby en carcajadas.

- Tranquila, chica, o se te subirá a la cabeza.- Bromeó Ruby.

- ¡Dios mío!- exclamó Belle al beberse las últimas gotas de té.- ¡Está... está...! ¡No hay palabras para describirlo! ¡Es tan...! Bueno, ¡ya me entiendes!

- Creo que voy a traerte otro...- Anunció Ruby poniéndose en pie.

- ¿Puedo repetir?- La cara de Belle se había iluminado por completo ante la idea de más té helado, y miraba a Ruby como si fuera un cachorro suplicando.

- ¡Claro!- Le aseguró Ruby.- Puedes tomar todo el té helado que quieras.

Ruby le dedicó una sonrisa desde arriba y se dirigió a la cocina. Belle se dispuso a hacer caso a su estómago y, untando bien las tortitas de sirope, comenzó a comer. Y si el té le había parecido algo mágico, estas tortitas eran celestiales. Puso los ojos en blanco saboreando el primer bocado y dejó escapar un gemido.

- Cualquiera diría que sólo estás comiendo.- Se rió Ruby al volver con una bandeja cargada de vasos de té helado.

- No recuerdo qué fue lo último que comí- balbuceó Belle con la boca llena de tortita-, pero te aseguro que nunca he comido nada como esto. Dios mío, es como...

- ¿Porno comestible?

- ¿Qué es ''porno''?

- Oh... nada, nada, olvídalo. Toma, necesitarás ayuda para bajar tanta comida.

Belle agarró el vaso que Ruby le tendía y comenzó a beber. Se dijo que esta vez le duraría más el té, pero le fue imposible dejar de beber una vez que había empezado.

En unos segundos, el plato de tortitas estaba completamente limpio, y ya había tres vasos de té vacíos sobre la mesa. Al terminar su cuarto vaso de té, Belle se recostó hacia detrás en su asiento y se llevó las manos al estómago.

- Creo que el cambio de la comida de el hospital a estas tortitas ha sido lo mejor que me ha pasado en la vida.- Belle sonreía en agradecimiento mirando a Ruby.- ¿Le gustaban las tortitas a la antigua Belle?

Ruby abrió la boca para contestar, pero al pensarlo mejor la volvió a cerrar. Se levantó de su asiento y fue hacia el de Belle para sentarse junto a ella. Juntó sus manos un momento mientra pensaba y la miró a los ojos

- Belle, quiero ayudarte a recordar... pero no creo que si te voy diciendo todo lo que hacías o te gustaba antes de el accidente esto funcione.

- ¿Qué quieres decir?

- Quiero decir que vas a tener que poner mucho de tu parte.- Ruby agarró el dispensador de servilletas que había a su lado y sacó de él una servilleta que llevó hasta la comisura derecha de la boca de Belle, donde habían quedado restos de sirope.- Si yo te voy diciendo todo, tú no vas a hacer el esfuerzo por recordar.

El tacto de Ruby a través de la servilleta hizo que a Belle le sudaran las manos. Asintió varias veces, dando a entender que estaba de acuerdo con su idea. La sonrisa de Ruby se hizo más grande, dejando ver unos perfectos dientes blancos entre sus labios cubiertos de rojo. Belle no pudo saber qué la hipnotizaba más de Ruby, si sus entusiasmados ojos verdes o su perfecta sonrisa, pero sí podía saber que cada vez que Ruby la tocaba, aunque fuera un instante, todo su cuerpo se tensaba bajo la calidez de su tacto. Lo sintió la primera vez que se tocaron en el hospital, cuando se presentaron, y desde entonces la misma sensación se repetía una y otra vez. Y cuando Ruby dejó la servilleta manchada sobre la mesa, llevó una mano a su brazo y lo acarició cariñosamente, Belle tuvo que hacer un gran esfuerzo para no comenzar a hiperventilar.

- Me ha dicho la abuelita que han traído todas tus cosas a casa.- le comentó Ruby soltando su barbilla.- ¿Te apetece que vayamos a organizarlas?

Belle sonrió entusiasmada y asintió con la cabeza.

Cuando la abuelita le había comentado a Ruby que habían traído las cosas de Belle supuso que, debido a que había pasado veintiocho años encerrada, no debía de haber mucho que ordenar. No había caído en el hecho de que Belle había estado viviendo con el señor Gold y que éste se había encargado de que no le faltase de nada comprándole todo lo que pudo. Pero cuando las dos llegaron a casa y se encontraron que el salón estaba hasta arriba de cajas, ambas sintieron que se les caía el alma a los pies.

- Dime una cosa, ¿tuve algún tío rico que al morir me dejó en herencia su fortuna?- Preguntó Belle curioseando entre las cajas.- Porque si es así me da igual no recordar nada, podré soportarlo.- Bromeó.

Diecisiete cajas. Diecisiete cajas que contenían todo lo que pertenecía a Belle. Ruby las contó tres, cuatro, cinco veces y todavía no podía terminar de creerlo. Cuando la impresión que les había causado tal cantidad de trabajo comenzó a disiparse, se pusieron manos a la obra con todas las cajas. Ruby pensó que tal vez sería bueno para Belle; ¿qué mejor forma de recordar el pasado que hurgar entre tus pertenencias? Decidieron abrir todas las cajas y ver qué contenía cada una para saber por donde empezar y, en media hora se encontraban ante nueve cajas llenas de ropa, tres de zapatos, una caja que apenas podía cerrarse por la absurda cantidad de sombreros que contenía, otra caja contenía joyeros, y en las dos ultimas cajas habían libros y cuadernos para llenar la mitad de la biblioteca de Storybrooke.

Decidieron empezar por subir las nueve cajas de ropa al cuarto de Belle para poder reorganizar su armario. Por suerte, el cuarto en el que Belle se había instalado no lo habían tenido en uso en muchísimo tiempo, así que tenían suficiente espacio, incluso para tal cantidad de ropa. Utilizaron las perchas que colgaban del armario vacío de la habitación para sujetar todos los vestidos de Belle. De las nueve cajas de ropa, cuatro de ellas eran vestidos, y a cada vestido que sacaban de las cajas, la incredulidad de Belle crecía más y más, al igual que su sonrisa y su entusiasmo.

-¿De verdad esto es mío?- Preguntaba constantemente poniéndose frente al espejo que había en la pared, colocando el vestido encima suya para ver cómo le quedaba.- No puedo creerlo, ¡son todos preciosos!

Ruby reiría a cada comentario que Belle elaboraba con ese tono de emoción, como si fuera una niña abriendo sus regalos en su primera mañana de Navidad. Ella, por su parte, jamás se pondría la clase de vestidos que Belle poseía. No porque fueran feos, ¡al contrario! Eran todos bastante bonitos, había que reconocerlo, pero sabía que eran vestidos que a poca gente le podríaa sentar bien. Belle era una de esa poca gente. En ella esos vestidos de diferentes colores daban un toque de inocencia, y Ruby podía decir que hacían que su sonrisa pareciera incluso más dulce. Verla dando vueltas por la habitación mientras jugaba con sus vestidos era un espectáculo mágico e hipnotizador. Ruby sentía que podría pasarse el día observándola sonreír ante el espejo con cada nuevo vestido que descubría.

Cuando terminaron con los vestidos, Belle no tenía valor para alejarse de su armario. Contemplaba sus nuevos (aunque no tan nuevos) vestidos, colgados todos en fila, mientras pasaba la mano por ellos y suspiraba anhelante.

Siguió distraída admirando sus vestidos hasta que una camiseta impactó contra su cara y la apartó de sus pensamientos.

-¡Ruby!- Gritó Belle tras el susto que su amiga le había proporcionado.

-¿Qué? Aún nos quedan cinco cajas de ropa, deberías venir a ayudarme.- Ruby sonrió mientras vaciaba una de las cajas sobre la cama, creando una montaña de camisetas. Se llevó las manos a la cintura tras dejar la caja en el suelo.- ¿Dónde colocamos esto?

-Espera, mejor vaciemos también las demás cajas y lo colocamos todo a la vez.

Antes de que Ruby pudiera contestar, Belle se había hecho con una de las cajas y, poniéndose sobre las puntas de los pies, vació su contenido sobre Ruby. Una vez vaciada la caja, se deshizo de ella tirándola a un lado entre carcajadas y lágrimas de risa. Ruby tuvo que hacer un gran esfuerzo para no perder el equilibrio y caer sobre la montaña de camisetas bajo el peso del montón de pantalones y faldas de Belle. Tras su asombro ante tan inesperada acción, Ruby agarró todas las camisetas que pudo y miró a Belle con una mirada que podría haber sido asesina de no ser por las medias risas que intentaba callar.

-Estás muerta.

Iniciaron así una batalla entre las dos en la que volaron camisetas, pantalones, faldas y blusas. Ruby cubría la cabeza de Belle con camisetas y le revolvía el pelo cuando esta intentaba escapar, y Belle utilizaba las cajas vacías para ponérselas de sombrero a Ruby y darse ventaja durante unos segundos. A los pocos minutos, no quedaba una sola caja con ropa en su interior, y todo el suelo de la habitación, junto con la superficie de la cama, acabó cubierto de prendas de ropa. Belle se había hecho un fuerte tras el sillón que había apartado en una esquina, y desde ahí lanzaba sus proyectiles a Ruby. Las dos gritaban y reían y seguían lanzándose ropa sin descanso hasta que Ruby saltó hacia el armario y agarró uno de los vestidos de Belle al grito de ''¡Tengo un rehén!'', obligando a Belle a salir de detrás de su fuerte.

-¡Eso es trampa!- la acusó Belle.- ¿Qué te han hecho mis vestidos? ¡Déjalos, no los metas en esto!

-Ponte de rodillas y suplícame clemencia.- Ordenó Ruby mientras sacaba por completo en vestido del armario.- ¡O, de lo contrario, me pondré tu vestido! ¡Y tendrás que contemplar lo mal que me sienta sin poder hacer nada al respecto!

-¡No, no, por favor!- Consiguió decir Belle entre risas. Ya está, ¿ves? Ya estoy de rodillas.

-¡Suplícame clemencia!

-Lo siento...- musitó Belle. Alzó la vista a Ruby y sonrió triunfante.- Siento que seas tan inocente.

Agarró unos pantalones que había a su derecha y, en un sólo movimiento, ató los tobillos de Ruby con ellos. Le quitó el vestido de las manos, la empujó haciendo que perdiera el equilibrio y cayera sobre la cama y cerró las puertas del armario para evitar que sus vestidos volvieran a ser secuestrados.

-¡Eso es lo que pasa cuando te metes con mis vestidos!- Anunció Belle con un tono de victoria en su voz y clavando una mirada triunfante en Ruby.- ¿Qué se siente al ser humillada de esta forma?

Ruby gruñó desde la cama, cubriendo su cara con más camisetas y dándose por derrotada.

La batalla había sido divertida, pero en seguida se arrepintieron de haber creado tanto desastre. Recogieron toda la ropa y la fueron colocando sobre la cama, tirando a un lado las prendas que habían roto mientras jugaban. Ruby le aseguró que le compensaría lo que había roto, pero Belle no hacía más que quitarle importancia. No fue hasta que Belle le metió unos calcetines doblados a Ruby en la boca que esta dejó de insistir.

Hicieron tres montones de ropa: uno de camisetas, otro de blusas y otro de pantalones y faldas. Rellenaron los cajones que había en el armario bajo los vestidos con todas las camisetas y blusas de Belle, y los pantalones y faldas los colocaron en la parte superior del armario.

Estaban colocando las últimas prendas cuando la abuelita las llamó para comer. Las dos rieron al escuchar el sonido de sus estómagos al recordar que no habían comido nada desde el desayuno y acordaron en seguir ordenando después de comer.

-¿De verdad que no te importa?- Volvió a preguntar Ruby.- Podría llamar a David y hacer que te monte una estantería en tu habitación.

-De verdad, Ruby, está bien. Tampoco quiero que construyáis una estantería en una habitación que estoy usando permanentemente. Además, aquí darán un toque más elegante a tu habitación.

Belle depositó una de las cajas de libros encima de la mesa de escritorio de Ruby y se dispuso a abrirla cuando la amiga de Ruby, Mary Margaret, apareció por la puerta con uno de los 'nuevos'' sombreros de Belle en la cabeza.

-¡Esto es increíble! ¡Mira qué sombrero más perfecto!- Exclamó entrando en la habitación de Ruby y colocándose frente al espejo para contemplarse desde todos los ángulos posibles. Era un sombrero de tela blanco, con forma de cúpula y un lazo negro al rededor. Se giró hacia Belle y le puso el sombrero en la cabeza.- Tú y yo tenemos que ir de compras alguna tarde. Ruby y David pueden llevarnos las bolsas

-Ja, ja, qué graciosa.- Musitó Ruby dejando en el suelo la otra caja de libros.

Mary Margaret se había presentado en su casa después de comer con un pastel hecho por ella y la escusa de que venía a saludar, pero Ruby sabía perfectamente que su amiga cojeaba de curiosa varias veces, y que en realidad venía para ver cómo se las estaba arreglando con su nueva inquilina. No dejó pasar esta oportunidad y la invitó a entrar y acompañarlas a un trozo de pastel, y así consiguió que se quedara para unirse a la organización de resto de cosas de Belle. Cuantas más fueran, más rápido acabarían.

Si no habían congeniado ya durante la conversación que habían tenido mientras tomaban pastel, Snow y Belle habían terminado de congeniar cuando comenzaron a organizar las cajas de joyeros y sombreros de Belle. Ruby no podía creerse que tuviera dos amigas que se pusieran a gritar de emoción a cada sombrero que sacaban, pero la verdad es que la presencia de Snow hacía la faena más amena. En seguida habían terminado de colocar todo, y ya solo les quedaban los libros. Pero Mary Margaret no parecía querer despedirse de los sombreros de Belle tan pronto.

-Te lo puedes quedar si quieres.- Belle le devolvió el sombrero con una sonrisa.- Tengo suficientes sombreros.

-No digas eso o se lo creerá de verdad.- Le aconsejó Ruby sacando los libros de la caja.

-¡Oye! Vaya una imagen le estás dando a Belle de mí.- Snow volvió a ponerse el sombrero.- No te preocupes, Belle, ya me conseguiré uno yo misma. Aunque no creo que me quede tan bien como este...

-A ti todo te queda muy sexy.- Ruby le dio una palmada en el trasero a Mary Margaret cuando ésta abandonaba la habitación para guardar el sombrero.

-Tranquila, Ruby, no olvides que sigo casada.- Bromeó Mary Margaret antes de desaparecer de la habitación.

Belle había empezado a colocar los libros en la estantería de Ruby cuando ésta se le unió.

-¡Espera!- Le dijo Belle antes de que pudiera colocar alguno.- Estoy ordenándolos por autor. ¿Ves? De la A a la Z.

-Eso es muy friky.- Bromeó Ruby colocando los libros como decía Belle.

-No, se llama ordenar.- Belle sonrió al escuchar a Mary Margaret gritar desde la otra habitación. Algo le decía que había abierto el armario de los vestidos.- Me gusta tu amiga. Es muy simpática. Y hace unos pasteles increíbles.

-Snow es genial. No sé qué haría sin ella.

-¿Snow?

Ruby había estado evitando llamarla Snow delante de Belle durante toda la tarde, y tuvo que poner la mente en funcionamiento para intentar excusarse.

-Es un apodo. ¿Le has visto la piel? Parece un muñeco de nieve.

La comparación hizo reír a Belle. Ruby sonrió a su vez, mordiéndose el labio inferior. Se dispuso a colocar un libro que Belle había dejado encima de la meza cuando la mano de Belle la detuvo.

-No, deja ese.

La mirada de Belle suplicaba a Ruby que le hiciera caso, y ella apartó la mano del libro y cogió un montón más de dentro de la caja.

-¿Qué le pasa a ese libro?- Preguntó Ruby, curiosa ante la reacción de Belle.- ¿Está roto?

Belle sostenía el libro entre sus manos, acariciando la portada mientras lo miraba embelesada. Ruby enarcó una ceja, colocando los libros mientras observaba a Belle expectante.

-No.- Contestó.- Está perfecto. Pero no va en la estantería.- Levantó la mirada para encontrarse con una expresión de confusión en la cara de su amiga. Dejó el libro sobre la mesa y siguió colocando el resto.- Olvídalo, es sólo que... no lo sé... es como si pudiera sentir que ese libro es más especial que el resto.

-¿Cuál es?

-Un libro de cuentos. No es nada del otro mundo... sólo La Bella y la Bestia.

A Ruby se le escurrieron los libros que sostenía, cayendo formando un fuerte estrépito sobre el suelo. De entre todos los libros que tenía, justamente ese era el que más llamaba la atención de Belle, y Ruby se preguntó a sí misma si no tendría ese libro la cura para la pérdida de la memoria de su amiga. Si había sentido esa conexión con el libro, tal vez leyéndolo...

-¡En serio, tenemos que irnos de compras juntas!- El grito de Mary Margaret devolvió a Ruby a la realidad y continuó organizando los libros de Belle, aún sopesando la idea de hacer que su amiga leyera su propio cuento.

Era ya pasada la media noche cuando Belle escuchó a alguien llamando a la puerta de su habitación.

-Adelante.- Dijo asegurándose de marcar la página que estaba leyendo antes de cerrar el libro. La cara de Ruby se asomó por la puerta entreabierta. Belle le sonrió desde su cama.- ¡Hola!

-Hola.- Ruby sonrió a su vez desde la puerta.- No te habré despertado, ¿verdad?

-No, no.- Se apresuró a decir.- Pasa, no te quedes ahí.

Ruby entró por completo en el cuarto de Belle y cerró la puerta, con cuidado de no hacer ruido. Sabía lo ligero que era el sueño de la abuelita y lo agudo que era su oído.

-No esperaba que usases ese tipo de pijama.- comentó Belle al ver los ositos que adornaban las ropas de su amiga.

-¿Por qué?- Preguntó divertida.- Los osos son adorables. Se sentó a los pies de la cama de Belle, abrazándose las piernas y recostando la barbilla en sus rodillas.- Venía a ver cómo estabas. Hoy apenas has reposado y eso podría hacer que tu hombro comenzara a doler.

Belle llevó la mano izquierda a su hombro, como si se hubiera olvidado por completo de que le había estado doliendo el día anterior.

-Pues no, no me ha dolido nada.

-Bien.- Ruby sonrió, apoyando su mejilla sobre las rodillas. Tuvo que retirarse unos cuantos mechones de pelo que le cayeron sobre los ojos.- Eso significa que estás mejorando.

La sonrisa de Ruby hizo que las mejillas de Belle comenzaran a encenderse. Apretó los labios en una semi-sonrisa y comenzó a juguetear con la punta de un mechón de pelo que caía sobre su hombro. Su vista se posó en el libro que había dejado cerrado sobre la almohada.

-¿Habías leído alguna vez este cuento?- Preguntó Belle tendiéndole el libro.

-Sí... Bueno, he visto la película cientos de veces.

-¿Hay película?- Belle parecía entusiasmada ante la noticia.- ¿Podemos verla algún día?

-Claro, cuando quieras. La tengo abajo junto a la tele.- Ruby ojeó el libro. Tenía unos dibujos hechos a mano preciosos, debía ser de una editorial antigua.- Te has quedado por el final, deberías seguir leyendo.

-No, tranquila, esta es la tercera vez que lo leo esta noche.

Ruby no pudo evitar reírse al escuchar a Belle.

-Veo que te ha gustado.

-Es precioso.- Suspiró.- Y el hecho de que la protagonista se llame igual que yo me ha metido mucho en la historia. Era como si yo fuera parte del cuento, como si tratase sobre mis aventuras.- Belle se inclinó hacia delante, acortando la distancia entre ella y Ruby.- Voy a irme de Storybrooke.

-¿Qué?- Ruby se incorporó de pronto, quedando petrificada ante la declaración de Belle.

-Lo que has oído: voy a irme de Storybrooke-. Se recostó de nuevo en su cama y sonrió mirando a la ventana. La luna estaba creciente y daba un brillo mágico al interior de la habitación, sobretodo a los ojos azules de Belle, que ya brillaban por sí solos gracias a alguna idea que le rondaba por la cabeza.- Algún día. Haré mis maletas y me iré a vivir aventuras.- Volvió a incorporarse para estar más cerca de Ruby.- ¿No sientes que este pueblo te retiene?

Si yo te contara... Ruby se dedicaba a sonreír, incómoda ante las palabras de Belle.

-Yo siempre he soñado con abandonar Storybrooke.- Le confesó.- El año pasado tuve una gran discusión con la abuelita.- Sonrió al recordar lo inmadura que había sido con ella.- Quería ir a algún lugar exótico... a la selva a ver lémures.

-¿Lémures?

-Sí, son unos monitos muy graciosos y pequeñitos.

Las dos rieron ante la idea de Ruby.

-Si alguna vez me voy de aquí, estaría bien tener una compañera de aventuras.- Dijo Belle sonriendo.

-Entonces cuenta conmigo.

La sonrisa de Belle se hizo más grande todavía. Antes de que Ruby se diera cuenta de lo que pasaba, los brazos de Belle la habían rodeado por el cuello, y su repentino abrazo hizo que estuviera a punto de caerse de la cama. Ruby correspondió al abrazo rodeando su cintura y apoyando la barbilla en su hombro. El olor a libro viejo de su cuento se había mezclado con el característico olor a miel que Belle solía desprender, provocando en Ruby una sensación de bienestar inexplicable. Cerró los ojos mientras se dejaba invadir por ese olor y sonrió.

Belle se separó lentamente de Ruby, acariciando sus brazos de arriba a abajo mientras sonreía.

-Gracias.- Le dijo.- Por todo.

Ruby sintió que sus mejillas comenzaban a enrojecer y sonrió. Llevó su mano a una de las mejillas de Belle y le recogió por detrás de la oreja un mechón de pelo que se le había escapado. Belle alzó los ojos hacia Ruby de nuevo y, en ese momento, Ruby podía jurar que nunca un nombre había hecho más justicia a una persona que el nombre de Belle. Realmente era preciosa.

Ruby carraspeó y se llevó la mano a la nuca.

-Creo que debería acostarme.- Anunció.- Mañana tengo que despertarme temprano otra vez.

Belle asintió y volvió colocarse en contra sus almohadas.

-¿Quieres que te acompañe mañana de nuevo?- Preguntó antes de que Ruby llegase a la puerta.

Ruby se giró y le sonrió en agradecimiento por su oferta.

-¿Por qué no descansas todo lo que puedas? Cuando te despiertes, ven a la cafetería.

-¿Me vas a hacer tortitas?

Belle sonrió de nuevo, con esa cara de entusiasmo que la hacía parecer una niña pequeña y que provocaba una sensación de cosquilleo en el estómago de Ruby.

-Por supuesto.- Le aseguró.- Buenas noches, Belle.

-Buenas noches, Ruby.

Cuando Belle dejó su libro sobre la mesilla que había al lado de su cama y se cubrió con las mantas, Ruby apagó las luces con el interruptor que había junto a la puerta. Mientras volvía a su cama, fijo la vista en la estantería que habían llenado esa tarde. Se acordó de la reacción de Belle ante el libro de La Bella y la Bestia, y la conexión instantánea que había tenido con todos esos libros. Una idea comenzó a formarse en su cabeza mientras dejaba que el sueño se apoderase de ella. Definitivamente, mañana iba a ser un día interesante.