Hola lectores…¿Siguen ahí? Espero que sí, porque la verdad no sé si les está gustando esta historia o no a todos los que la están leyendo xD
En fin, aquí el tercer capítulo. Las cosas comienzan a tomar forma ;)
Enjoy!
Disclaimer: The Mentalist no me pertenece
Capítulo III
"Lorelai"
El tipo sentado a mi lado trata de buscarme conversación, pero yo estoy decidida a ignorarlo. Está pasado de copas y todo el rato se ha dedicado a mirarme el escote sin ninguna clase de disimulo. Estoy acostumbrada a que los hombres me admiren y generalmente es algo que utilizo a mi favor, pero ahora mi mente está en otro lado. Ha pasado una semana desde que me he contactado con Teresa Lisbon y se ha dedicado a mandarme de un lado a otro antes de concertar nuestro encuentro y llevar a cabo su plan para sacarme de California. Según ella, es para despistar a cualquiera que pudiera estar siguiéndome, pero después de siete días de moverme sin descanso, creo que una parte de ella quiere hacerme pagar por todo lo que he hecho. No puedo culparla. Fui la cómplice de Red John, me acosté con su querido Patrick y después se lo saqué en cara durante un interrogatorio.
El tipo sigue dándome la lata, pero por suerte justo la azafata dice que hemos aterrizado en San Francisco y que podemos quitarnos el cinturón de seguridad. Le doy mi sonrisa más encantadora a Raymond- así creo que me dijo que se llamaba- y me largo de ahí antes que lo muela a patadas.
Camino por el aeropuerto, sin saber qué demonios hacer a continuación. Teresa me dijo que me llamaría para darme instrucciones, pero hasta ahora nada. Harta de todo este circo, entro a una cafetería y pido algo para esperar, cuando de la nada, la veo aparecer en la entrada. Se me hace raro verla en ropa de civil. Si bien la he visto sólo un par de veces en persona, en casi todas las fotografías que Red John me ha enseñado de ella, aparece vestida como si quisiera decir a gritos: "mírenme, soy agente de policía. Ténganme miedo". Es por esa razón que me cuesta reconocerla en un principio, pero una vez que lo hago, pongo mi mejor sonrisa y le indico que el asiento a mi lado está libre.
-No me esperaba verte por aquí, Teresa- digo como si se tratara de una amiga con la que acabo de encontrarme después de mucho tiempo. Eso la saca un poco de sus casillas y me río para mis adentros. Ya veo por qué a Patrick le encanta tanto hacerla enfadar.
-Todo es parte del plan- puntualiza-. Teníamos que hacer creer que en estos momentos te diriges a Los Ángeles.
-Ahora entiendo por qué querías que comprara este pasaje, no importaba el precio- lo saco de mi bolsa y lo rompo-. Tengo que admitir que encontrarte aquí es un alivio. Estaba harta de dar vueltas por toda California.
-Créelo o no, sacar a una fugitiva del estado sin ayuda policial no es algo que se pueda hacer de un día para otro- me responde cortante. Mira la hora y dice que es tiempo de marcharnos, que tiene un auto esperándonos. Sonriéndole, dejo un poco de dinero en la mesa y la sigo.
Salimos al estacionamiento y veo que ella se dirige a un Toyota negro bastante anticuado, pero que debe servir para nuestro propósito. Me abre la puerta del asiento trasero y recién entonces cuando veo que el que está en el volante no es nada más ni nada menos que Patrick.
-¿Qué rayos haces aquí?- pregunto, dejando de lado todo el acto de chica inocente.
-Lisbon necesitaba mi consejo logístico para toda esta empresa- dice como si nada-. No te preocupes, no pienso meterme en sea cual sea el acuerdo que tienen. Eso es asunto suyo. Yo veré cómo conseguir lo que quiero después.
Pongo los ojos en blanco y me acomodo sintiendo un poco de pena por Teresa. No sé si ha decidido contarle lo que tenga que decirle, pero si no lo hace, no quisiera ser ella con alguien tan irritante tratando de saber a toda costa.
Justo en ese momento, ella aparece. Toma posición en el asiento del copiloto de mala gana.
-¿A dónde vamos?- pregunto.
-No necesitas saberlo hasta que lleguemos ahí- responde. Patrick la mira de reojo y enciende el motor.
Decir que el viaje fue terriblemente incómodo es poco. Red John me enseñó a leer un poco a las personas, pero no hay que ser mentalista para darse cuenta que algo anda mal entre esos dos. Teresa se ve a todas luces molesta e incómoda, pero hay un aire melancólico en su actuar. Mientras que Patrick trata de aparentar que tiene todo bajo control, aunque en realidad no es así. Está nervioso y no necesariamente por mí. Están peleados y puedo adivinar que él es el que ha metido la pata. Típico.
Sin ganas de meterme en peleas de tórtolos, me acomodo y decido tratar de dormir. No he pegado ojo por más de dos horas en los últimos días. No sólo porque me la he pasado entre aeropuertos y estaciones de buses, sino porque siempre termino soñando con lo que me hará Red John cuando sepa lo que estoy haciendo. Lo odio con toda mi alma después de saber qué le hizo a mi hermana, pero también le temo con la misma fuerza.
Afortunadamente, esta vez logro dormir sin tener ninguna clase de pesadillas y es Patrick el que me despierta para decir que hemos llegado. Nos encontramos frente a una cabaña cerca de la playa. Es pequeña, pero luce acogedora. Teresa está hablando con el casero y una vez que termina de hacerlo se dirige a nosotros con las llaves:
-Nos quedaremos aquí dos días. Nos haremos pasar por turistas y después continuaremos el viaje. Le he dicho que somos una pareja casada y una hermana de él
-Grandioso- digo sacando mi bolso del auto- ¿Pero puedo saber cuál de las dos es la esposa de Patrick en toda esta pantomima? Digo, para no arruinarlo.
Sé que no debería provocarla, pero es algo inevitable. Esta mujer se ofusca con nada.
-Eso no tiene importancia- dice entre dientes-. Pero si alguien te pregunta creo que es mejor que tú seas la esposa, ya que se conocen tan bien. Me lo dejaste muy claro la última vez que hablamos.
Se da media vuelta y entra a la cabaña
-¿Era realmente necesario eso?- dice Patrick, quitándome el bolso de un tirón y dejándome ahí sin saber qué hacer.
Una vez que las cosas se calman un poco, Teresa va a mi habitación a hablar conmigo y explicarme los pasos a seguir. Como dijo antes, nos quedaremos aquí dos días para guardar las apariencias y después nos encaminaremos a una carretera que la familia de Patrick solía tomar cuando viajaban y evitar a la policía, hasta dejarme en un bus de cuarta que se dirige a Oregón. Lo que haga a partir de entonces es problema mío. No me quejo, es más de lo que puedo pedir. Yo creo que a estas alturas, si alguien me ha estado siguiendo, ya se habrá perdido con tantas vueltas.
-Jane y yo dormiremos en la sala. Haremos turnos durante la noche así que alguien siempre estará despierto en el caso de que quieras algo- dice poniéndose de pie.
-Un momento. Toda esta vigilancia es innecesaria. Te dije la verdad cuando accedí a contarte todo lo que sé a cambio que me saques de aquí- reclamo-. No pienso traicionarlos o arrepentirme.
-Aunque admito que aún tengo dudas acerca de tus intenciones, no podemos arriesgarnos a que algo te pase y después nos vemos envueltos en un lío.
No dice nada más y me deja sola otra vez. Como quiera. Si desea desvelarse porque no confía en mí es problema suyo.
Pronto comienza a oscurecer y me dispongo a dormir. Han pedido algo de comer, pero me niego a cenar. Sólo quiero que todo esto termine.
En un par de horas, noto que Teresa y Patrick dejan de moverse y que las luces de la cabaña se apagan. Me pregunto quién es el idiota que hará el primer turno.
Trato de dormir, pero el sueño no viene. La siesta que tomé camino acá me ha arruinado los horarios, por lo que me dedico a mirar por la ventana y ver cómo las olas rompen a sólo unos metros. De la nada, siento voces en la sala y me da el corazón un vuelco ¿Qué pasa sí Teresa estaba en lo cierto y alguien ha venido por mí?
De puntillas camino a la puerta y me asomo, pero para mi sorpresa y alivio, veo las espaldas de Patrick y Teresa, sentados en el sofá y discutiendo en voz baja, aunque ya son pasadas de las tres de la mañana.
-Lo siento- dice él con voz genuinamente arrepentida. Lo sabía. Algo ha hecho y por eso Teresa estaba con un humor de los mil demonios.
-No hay cuidado, sabía a lo que me arriesgaba al decirte lo de Lorelai y no contarte lo que me dirá.
Él guarda silencio unos momentos y yo me pregunto por qué estoy escuchando esto. Sin embargo, no puedo parar.
-No es por eso- continúa después de un rato-. Me refiero a lo que dije sobre ti esa noche. Sobre ser egoísta y…lo otro.
Teresa da un suspiro y mueve la cabeza.
-No me importa cómo o con quién seas feliz una vez que esto termine, Jane. Sólo quiero que te des cuenta que puedes tener una vida si haces esto de la manera correcta. Eres mi amigo, no quiero verte en la cárcel cuando esto termine. Por eso estoy haciendo lo que estoy haciendo.
-Lo sé- responde él y veo que le toma la mano. Podría suponer que hace todo esto para ablandarla y que le cuente todo cuando llegue el momento, pero conozco a Patrick mejor que nadie cuando Patrick trata de engañarte y este no es definitivamente el caso. Aún está molesto con ella, pero la entiende.
Me doy media vuelta y me acuesto en la cama. No sé por qué Teresa se siente tan intimidada cuando estoy cerca. Patrick pudo haber sido mi amante alguna vez, pero ni un millón de años me hablaría o tocaría de la forma que hace con ella.
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