Hola lectores! Acabo con la incertidumbre y les traigo el siguiente capítulo. Espero que les guste :)
Disclaimer: The Mentalist no me pertenece
Enjoy!
Capítulo VI
Lorelai II
Sé que cometí un error, pero ¿qué más podía hacer? Cuando vi que el mismo tipo que se me había insinuado en el avión estaba ahí parado en la estación de servicios, entré en pánico. No hay tal cosa como las coincidencias y menos cuando se trata de Red John. Trato de mezclarme entre los otros clientes y avisarle a Patrick y a Teresa, pero de la nada Raymond aparece frente mío y me intercepta:
-¡Vaya! ¡Qué pequeño es el mundo!- dice tomándome del brazo y con una gran sonrisa-. No esperaba encontrarte por aquí, Lorelai.
-Jamás te dije cómo me llamaba- respondo tratando de zafarme de él, pero me detiene.
-Shhh, no hagas un escándalo. No creo que a tus compañeros de viaje ahí afuera les guste- me lleva a una esquina de un tirón y hace como que somos una típica pareja discutiendo algo-. Red John dijo que te siguiéramos si nos topábamos contigo de casualidad. Le incomodaba no saber dónde estabas. Te imaginarás la sorpresa que se llevó al saber que habías recurrido a nada más ni nada menos que a Teresa Lisbon para huir de él. Dijo que era una jugada inteligente y quizá hubiese funcionado de no ser porque tuviste la mala suerte de toparte conmigo. Pero vamos, cariño, sabes que él tiene ojos en todos lados…
-¿Qué es lo que quieres?
-Red John me manda a decirte que te dará otra oportunidad si aceptas venir conmigo y dejar atrás esta locura. Igualmente piensa castigarte por tu traición, pero créeme, nada será peor que lo que te hará si decides seguir adelante con esto.
Al fin logro quitármelo de encima y le respondo que tengo que pensarlo. Raymond sonríe y dice que tengo diez minutos. Se aleja por los pasillos para darme espacio y me quedo ahí sin saber qué hacer. Recuerdo por qué decidí hacer esto en primer lugar. Estaba harta de vivir con miedo y sabía que no podía empezar de nuevo sin que Red John estuviera fuera del panorama. Por otro lado, ya no le debía lealtad después de lo que le había hecho a mi hermana. Volteo a mirar por la ventana y veo a Patrick riéndose y sé que hay otro motivo que no me atrevo a admitir y que supera cualquier sentimiento de cobardía que pueda tener. Si tan sólo supiera Teresa que tenemos más cosas en común de las que cree.
Me acerco otra vez a Raymond, le digo que tengo que ir al baño y que me espere. Él asiente, creyendo que he accedido a su proposición. Sin embargo, lo que hago realmente es tomar uno de los volantes de la gasolinera y escribo algo. Me lo meto en el bolsillo del pantalón y me dirijo al Toyota. Raymond me ve desde la tienda y entiende cuál fue realmente mi decisión.
Aparte de un par de rasguños, tanto Patrick como yo estamos ilesos, pero sé que eso no es importante para él. Teresa tiene que ser trasladada al hospital. Los paramédicos dicen que aunque se llevó la peor parte del "accidente", sus heridas son leves y sólo parece estar inconsciente producto del golpe. Sin embargo, eso no parece calmar a Patrick e insiste en ir en la ambulancia con ella. Si no es porque me trepo en el vehículo en último momento, ni siquiera le hubiese importado que aún estuviera ahí.
Cuando llegamos, Teresa es admitida de inmediato y una cortina blanca nos impide ver qué es lo que ocurre con ella. Sé que Patrick no es del tipo que golpea a las mujeres, pero la costumbre me hace sentarme lo más alejado de él en la sala de espera. Sé que lo que he hecho es terrible y me merezco ser castigada. Además, no luce dentro de sus cabales. Trata de parecer tranquilo y en control, pero sé que está mal. Parece una verdadera estatua sentado ahí, con los codos apoyados en las rodillas y la mirada pegada al suelo.
Pasan los minutos y el doctor sale a informarnos que está bien. Que tiene sólo una contusión moderada y una herida que requiere puntos en la frente. Agrega que fue una suerte que nos alquilaran un auto blindado. Doy un suspiro de alivio y sé que no es una coincidencia. Por supuesto que Teresa Lisbon pensaría en algo así. El médico nos informa que podremos verla en unos veinte minutos y que le dará el alta esa misma noche. Jane le da las gracias y por su rostro pasa una oleada de alivio que no paso por alto. No puedo evitar sentir un pinchazo de envidia.
Nos quedamos solos otra vez en la sala y sé que es hora de discutir lo que sucedió. Sin que me lo pida, le explico mi encuentro con Raymond, la ingenua idea que tuve de que aún podía escapar y que no quise decirles nada por temor a que se echaran atrás.
Mueve la cabeza y me sonríe con frialdad:
-Quizá yo lo hubiese hecho, pero no Lisbon. Hubiese llegado hasta el final sin importar qué. Le gusta ayudar casos perdidos como tú y yo.
Bajo la mirada y me siento aún peor. Extraño los días en los cuales no sentía culpa de nada, pero eso está ya en el pasado. Ya no puedo convencerme que jamás voy a pagar mis errores, ya sea en esta vida o en la otra.
-Sé que no significa nada para ti, pero lo siento- digo. Saco el papel que había guardado en mi bolsillo y disimuladamente, mientras tomo mis cosas, lo meto en el bolsillo de su chaqueta esperando que lo encuentre.
-¿Adónde vas?- me pregunta cuando al fin nota que me estoy yendo- ¿No pensarás que te dejaremos ir? Aún tienes que cumplir tu parte. No es culpa nuestra que lo hayas arruinado.
Le sonrío y la Lorelai engañosa y encantadora aparece otra vez:
-Por cómo lo veo, tienes dos opciones: me sigues y me detienes, dejándola abandonada a su suerte una vez más gracias a mí, cariño. O haces lo que realmente quieres hacer: quedarte a ver si está sana y salva.
Se queda ahí sentado y sabe que tengo razón.
-Eres un buen tipo, Patrick. Deberías darte más crédito a ti mismo- me doy media vuelta y camino a la puerta. No tengo que voltear para saber que no me seguirá.
Es medianoche y estoy en la estación de buses que van a Oregón. Es sólo cuestión de tiempo hasta que Red John me encuentre, pero quiero avanzar lo más posible hasta que eso suceda. Al fin me siento libre, realmente libre y quiero aprovecharlo.
El conductor avisa que hay un desperfecto en el bus y que habrá un retraso en la hora de salida. Sin dejarme deprimir, voy a la tienda de regalos para matar el tiempo. Hay una estantería de libros y comienzo a leer los títulos hasta que uno llama mi atención y una sonrisa triste se escapa de mis labios.
-¿Es todo lo que llevarás, cariño?- me dice la cajera, una típica anciana de esas que son amables con todo el mundo, aunque no se lo merezcan.
-Así es- respondo y veo cómo pasa por el lector de precios una edición barata del "El Principito".
-Recuerdo este libro, se lo leía a mis hijos y ahora se lo leo a mis nietos- comenta- ¿Lo quieres para regalo?
-No, sólo lo compré porque un amigo lo estaba leyendo hace unos días. Parecía muy interesado en él…
Un tipo se para detrás de mí en la fila y la anciana no me sigue conversando para no perder tiempo. Miro por espejo que está detrás de ella y veo que es Raymond es el que sigue. Tomo mi compra y salgo de la tienda con él siguiéndome.
Agradezco haber comprado este libro. Me esperan días difíciles y necesitaré algo con que distraerme.
Por favor, déjenme reviews para saber cómo voy okey? :D
