Luego de escribir y borrar éste capítulo unas 10 veces, aquí lo tienen. ¡Al fin! Espero que les guste tanto como a mí.
Con respecto al pequeño juego del capítulo pasado: El fic es "Caricias Prohibidas", cuando hice alusión a los Rolling; y la autora es Almendroide, refiriéndome a su cabello corto y la comodidad que le da usarlo así. Pocas acertaron xD ¡y eso que no estaba difícil!
Disclaimer: Ninguno de los personajes presentes en ésta historia me pertenecen, todos son creación de J.K Rowling, yo sólo los utilizo para mi entretenimiento y el de uds :)
Éste capítulo va dedicado a Bielka (Bibi Malfoy Masen), porque ella quería a un Teddy multicolor y eso es lo que tendrá a continuación. Y todas las que esperaron pacientemente por éste capítulo.
NOTA: Mis FanFics sólo están publicados en esta página, si los leen en algún otro lugar será un plagio y les agradecería que me avisaran. Gracias de antemano.
...:::SE ACABÓ EL TIEMPO:::…
...:::Polos Opuestos:::…
"…En caso de que la herida sea demasiado profunda como para tratarla con un hechizo de curación, se deben emplear rápidamente una secuencia combinada de hechizos y pociones, dependiendo del tipo de herida y su mecanismo de producción…"
Haciendo una pausa en su lectura, Lily se frotó los ojos y suspiró. Tenía la vista cansada y la espalda adolorida, no había dormido mucho los últimos días y su apariencia era un desastre. Se sentía como la típica nerd sin vida social, sólo acompañada por enormes pilas de libros y varias tazas de café… Y eso era casi denigrante siendo quién era.
No es que ella fuese superficial o vanidosa, pero siempre se la mantenía arreglada, haciendo gala de su orgullo y su mal genio. Y nunca, en sus 20 años de vida, se había cohibido de hacer algo sólo por el simple placer de estudiar o leer. Su mente era ágil y siempre captaba las cosas a la primera, así que ella prefería ser práctica y dejar que los demás devoraran los libros y luego le explicaran lo importante. La teoría siempre la aburría en demasía, y aparentemente eso era algo que tanto ella como su hermano James habían heredado de su padre.
Pero las últimas semanas había ido en contra de su naturaleza y se había encerrado a voluntad propia en la enorme biblioteca de su casa para estudiar como una sufrida una gran cantidad de teoría que ya se sabía de memoria.
Era una masoquista.
Aunque una masoquista con fines. Y ella sabía que todo ese sacrificio que estaba haciendo, en pocos días le daría una grata y satisfactoria recompensa. Una recompensa que valía cada segundo que había pasado estudiando, y por la cual haría muchos más sacrificios.
Se quedó unos minutos con las manos en la cara y los ojos cerrados, tratando de que descansaran un poco mientras pensaba en su vida y lo mucho que ésta cambiaría en muy poco tiempo.
Si todo salía como lo había planeado, en unos cuantos días estaría viviendo en Alemania, completamente sola, recibiendo un adiestramiento especial en DCAO y Medimagia Avanzada que le consumiría su existencia y la capacitaría para trabajar en misiones a campo abierto junto al cuerpo de aurores.
Estaba feliz de haber sido convocada para el proceso de selección de ese innovador proyecto, aunque ahora debiese competir con los mejores medimagos del mundo por un puesto definitivo.
—Te ves terriblemente cansada.
Al escuchar esa voz en su espalda, Lily bufó fastidiada. Él era la última persona que quería ver en ese momento. Aún estaba resentida por su actitud de las últimas semanas para con ella.
—No es algo que a ti te importe, Ted —le debatió sin moverse, haciendo acopio de esa sangre fría que tanto la caracterizaba. —Ahora, si puedes ser tan amable, cosa que al parecer se te está haciendo difícil los últimos días, ¿podrías largarte? —le preguntó con hostilidad.
Teddy hizo una mueca de dolor antes de suspirar cansado. Con pasos vacilantes se acercó al sofá negro donde ella se encontraba estudiando y se sentó a su lado. No sabía muy bien qué decirle, ella estaba furiosa con él y tenía toda la razón del mundo, se había comportado como un completo bastardo, todo por no querer que ella arriesgara su vida, pero quería arreglar las cosas. Aunque conociéndola como la conocía, eso sería algo sumamente difícil.
—Lils, yo… —comenzó. Estaba muy nervioso, ¿por qué las cosas tenían que ser tan difíciles con ella? —Yo quería… quería...
—Escúpelo, Ted. Aún me falta mucho por leer. —Lily quitó las manos de su cara y fulminó a su acompañante con la mirada.
Él tenía su cabello verde manzana, así que ella sabía que se encontraba nervioso, y eso la enojó más. Quería que se fuera y la dejara en paz, que se fuera con su prima y la dejara a ella hacer su vida. Esa vida que, por capricho, él no quería que ella viviera, pero que conseguiría.
Teddy reprimió un gruñido de frustración y se apretó el puente de la nariz con la mano derecha, pensando en la mejor forma de pedirle disculpas a una bruja con un genio de los mil demonios y exceso de cafeína.
Pensó por algunos segundos, pero no encontró una buena forma, así que simplemente rogó no cagarla. —Quería pedirte disculpas por la forma en la que me he estado comportando, pero es que no quiero que te lastimen… Ese adiestramiento será brutal y…
—Puedo cuidarme sola —lo interrumpió.
—Déjame terminar, Lily. No dudo que puedas cuidarte sola, pero allá estarás lejos de todos nosotros, rodeada por gran cantidad de desconocidos y ¡ni siquiera manejas el idioma!
—Gracias por tu poca confianza en mí, Ted —dijo con ironía.
—No me llames, Ted —gruñó frustrado. Lily era exasperante cuando estaba enojada, más de lo usual, y a él la infinita paciencia que le legó su padre parecía agotársele en un abrir y cerrar de ojos cuando estaba a su lado.
—Así te llamas, ¿no?
—¡Lilian! —se quejó, luego respiró profundo un par de veces para tratar de serenarse. Se suponía que él venía a disculparse, no a pelear nuevamente. —Lils… —la llamó suavemente.
—Olvídalo, Ted.
Lily se removió en el sofá y fingió volver a su lectura. Lo ignoraría y él se iría, esa era su rutina de los últimos días.
Teddy gruñó y maldijo por lo bajo. —¿Por qué no puedes entender que sólo me preocupo por ti?
—¿Por qué no puedes apoyarme en mi decisión? —lo rebatió, volviendo a mirarlo a los ojos. —Mis padres, mis hermanos y gran parte de la familia lo hace, ¿por qué no puedes tú también? ¡Oh, espera, ya sé! Me consideras demasiado niña para un trabajo de hombres.
—¡Yo no pienso eso!
—Entonces deberías revisar mejor tu actitud de los últimos días.
—¡Por eso vengo a pedirte disculpas! —Ansioso, se levantó del sofá y comenzó a caminar frente a ella. Su cabello ahora era anaranjado con reflejos rojos. Estaba desesperado. —Me comporté horrible, lo sé. Debí apoyarte, debo apoyarte —se corrigió—, pero no puedo. ¡Entiéndeme, Lils! Eres como mi hermanita, no quiero que nada te pase…
—¡Cállate! —gritó. Su enfado ahora se había mezclado con dolor, mucho dolor. ¡Hermanita! Con algo de brusquedad dejó el libro a un lado, ya no podría seguir estudiando aunque quisiera, y se plantó frente al metamorfomago, deteniéndolo al instante. —Ya deja de cagarla y sólo déjame en paz, Teddy. ¡Ya entendí tú punto! En tu retorcido concepto de protección mis sueños no tienen valor. ¡Lo capté! Ahora vete a la mierda y déjame mi vida y mis sueños en paz.
—¡Yo solo quiero lo mejor para ti, Lils!
—¡No lo quieras tanto! —Lily cerró los ojos un instante y se masajeó las sienes. Le estaba dando un dolor de cabeza terrible. —Lo único que tenías que hacer era apoyarme, Teddy. Eso era todo. Apoyarme y confiar en mí como lo habías hecho siempre.
Teddy palideció al escucharla y su cabello se volvió de un horrible azul pálido, casi blanco. Trató de acercarse a ella, pero en ese momento Lily hizo una mueca de desagrado y él se detuvo. Abrió la boca para decir algo, pero antes de que las palabras salieran, ella se volteó y se fue, dejándolo solo y mucho peor de lo que había llegado.
A lo lejos se escuchó un portazo y él supo que Lily se había encerrado en su habitación. Gruñendo sonoramente volvió a apretarse el puente de la nariz con la mano, en ese gesto tan característico suyo de cuando estaba desesperado o enojado, antes de comenzar a caminar nuevamente por el lugar.
¿Acaso podía cagarla más en menos tiempo?
—¡Maldición! —Con mucha frustración pateó el sofá frente a él y salió dando grandes zancadas de la biblioteca. ¡Ahora tenía que pensar en otra forma de disculparse! Con Lily nada parecía ser correcto, ni mucho menos fácil, y él siempre terminaba cagándola. De una forma u otra, siempre la cagaba enormemente.
¿Dónde demonios habían quedado los días donde ellos dos pasaban horas y horas hablando de cualquier cosa tranquilamente? ¡Ah, sí! Se quedaron en el día que ella dio la maravillosa noticia de que se iría a estudiar a Alemania y él decidió no apoyarla.
¡Jodida enana importante para él!
Fallando varios escalones y salvándose de varias caídas, Teddy salió enervado de Grimmauld Place, azotando fuertemente la puerta y desapareciéndose al instante.
Destellos de su cabello rojo sangre fue lo último que se vio de él.
Lily entró a su habitación hecha una bola de furia y dolor. ¿Por qué Teddy tenía que ser así con ella? ¿Por qué no podía entenderla? Entre sus opciones de estudios en Hogwarts estuvo ser Auror, él lo sabía, ¿acaso en aquel entonces también se opondría a su formación? Varios miembros de su numerosa familia no estaban de acuerdo con su partida, pero la apoyaban y no la hostigaban, ¿por qué él sí? ¿Por qué se empeñaba en hacerla sufrir?
Caminaba como león enjaulado por su habitación, con unas ganas enormes de destrozar todo y convertirlo en cenizas; de gritar y llorar. Pero no haría lo uno ni lo otro.
Había llorado y maldecido demasiado cuando se enteró que Teddy y Victoire habían vuelto, viendo cómo sus esperanzas se resquebrajaban frente a sus ojos como trozos de cristal roto. Y ya no más. Ya no seguiría llorando por él, aunque lo amara más que a su vida y lo considerara un completo idiota por no ver el error tan grande que estaba cometiendo al seguir con su prima en una relación sin futuro.
¡Que se fuera a la mierda, Teddy Lupin!
Aprovecharía todo el tiempo que estaría lejos para olvidarlo, para sacárselo de su corazón y verlo como siempre debió, como el ahijado de su padre. Aunque se le desgarra el alma, lo haría.
¡Ya no más ilusiones, ya no más espera!
¡No más!
Se detuvo un minuto en el centro de su habitación, con los puños fuertemente cerrados y la respiración agitada, para tratar de controlar su mal genio; sería contraproducente para ella incendiarlo todo, así que debía serenarse. Aunque eso del autocontrol nunca fue lo suyo.
Aceptando que los ejercicios de respiración no funcionarían, caminó hacia su viejo baúl de Hogwarts, sacó su escoba, realizó un hechizo desilusionador sobre ella, y salió como alma lleva el diablo por la ventana de su habitación.
El viento le golpeaba la cara y le agitaba el cabello, hacia que su vestido se le revolviera y que el frío le calara hasta los huesos, pero justamente eso era lo que necesitaba. Algo que la hiciera olvidarse de su dolor y su coraje, algo distinto en qué concentrarse.
En las últimas semanas no se había tomado mucho tiempo para ella, para relajarse y pensar en otras cosas, pero ya venía siendo hora. Le quedaban pocos días con su familia y amigos, debía aprovecharlos más. Y si seguía así, su madre terminaría teniendo razón y ella enfermaría. Otra cosa que le sería contraproducente.
Se merecía, y necesitaba, ese descanso y ya tenía en mente a la persona que la ayudaría a relajarse.
Oh sí.
—¿Música? —Harry bajó su ejemplar de El Profeta y miró intrigado a su esposa, quien se había detenido en seco al escuchar aquel escándalo. Ambos compartieron una mirada confusa y se levantaron para ir a investigar.
En esas últimas semanas esa casa había estado más silenciosa que un muerto porque Lily había amenazado con despellejar vivo a todo ser que hiciera ruido y la interrumpiera en sus estudios; así que, o alguien no apreciaba su vida, probablemente James, y habría una masacre, o la ley del silencio se había levantado y ellos no se habían enterado.
En el camino se encontraron con Albus, quien se había detenido al comienzo de la escalera y les devolvía una mirada igual de confusa.
Atentos a la mínima señal de sangre, los tres integrantes de la familia Potter comenzaron a subir las escaleras, preparados para cualquier cosa. Sin embargo, al llegar a la segunda planta de la casa, chocaron con James, quien venía bajando del 3er piso con el cabello mojado y una toalla en la cintura. Los cuatros se miraron confundidos; por primera vez, James no había sido el responsable de una catástrofe.
Con el desconcierto pintado en la cara, se dirigieron al final del pasillo y se detuvieron frente a la última puerta, mirándola como si en cualquier momento fuese a explotar.
—¿Lils? —La voz de una quinta persona los sobresaltó a todos, haciéndolos voltear de inmediato con la varita en alto. O al menos a aquellos que tenían varita, porque James ni ropa tenía.
Teddy Lupin acababa de llegar a la casa para desayunar, como era su costumbre desde la muerte de su abuela, y al escuchar semejante escándalo y no encontrar a nadie, decidió ir a investigar. Tan grande fue su sorpresa al comprobar que la escandalosa música provenía de la habitación de Lily, que ni siquiera vio a los integrantes de la familia allí parados. Así que, verse amenazado por tres varitas y un chico en toallas, fue una total sorpresa para él.
Su cabello pasó del amarillo chillón al morado azulado, del asombro al desconcierto, delatándolo de inmediato.
—¡Casi nos matas de un susto, Teddy! —le recriminó James. Los otros tres bajaron las varitas y exhalaron el aire que no sabían que estaban conteniendo.
Sin embargo, a Teddy lo único que le importó en ese momento fue el cambio en el ambiente. —¿Cuándo se alzó la ley? —les preguntó, siendo consciente del estado reinante en la casa los últimos días.
—Aparentemente, hoy. Aunque a mí nadie me envió el memorándum —respondió Albus. —En realidad creo que a nadie le llegó la notificación —meditó un segundo. Los otros 3 Potter asintieron.
—Estábamos por averiguar qué le pasó —añadió Ginny.
Luego de una fugaz mirada entre ellos, donde dejaron en claro que nadie quería enfrentarse con el arisco humor de la menor, establecieron silenciosamente que sería Ginny quien diera el primer paso. Los cuatro hombres le dieron espacio y ella bufó algo que sonó a "cobardes", que sinceramente a ninguno de ellos ofendió. James y Albus querían demasiado su pellejo como para morir a manos de su hermana, Teddy tenía en claro que él sólo empeoraría la situación y probablemente sería recibido con una imperdonable, y Harry admitía que tratar con chicas, aunque fueses su hija, no era su fuerte. Así que, por descarte, ella era la única que quedaba.
Frunciendo un poco el ceño y agarrando aire, la mujer tocó firmemente la puerta de la habitación de su hija. Esperó un par de minutos y nadie salió, así que la pelirroja volvió a tocar, ésta vez con más insistencia.
Al ver que estaba siendo ignorada, Ginny sacó a relucir su mal genio, ese que hacía temblar a sus hijos y a su esposo, y alzó firmemente la varita, dispuesta a pasar por encima de los hechizos de protección de la habitación y destrozar esa puerta.
Sin embargo, antes de que ella pudiese abrir la boca y pronunciar algún hechizo, la música cesó y la puerta se abrió. Lily alzó una ceja al ver a su madre apuntándola con la varita y al resto de su familia detrás de ella; por un momento tuvo la extraña sensación de que esa familia era de todo menos normal.
Negó ligeramente con la cabeza para tratar de alejar esos pensamientos y después esbozó una pequeña sonrisa. Esa mañana había amanecido de muy buen humor y nada ni nadie le harían cambiarlo.
—¡Buenos días! —exclamó antes salir, cerrar la puerta de su habitación con un ruido sordo y comenzar a caminar por el pasillo. Cuando estuvo a la altura de su padre, se le acercó y le dio un beso en la mejilla. Para nadie era un secreto que Harry era la adoración de su hija.
Al darse cuenta que la pelirroja que se alejaba y que ellos parecían una manada de estúpidos, comenzaron a seguirla mientras bajaban por la escalera y la ametrallaban con preguntas.
—¿Estás bien, Lily? —le preguntó Albus con cautela.
—Sí, ¿por qué?
—¿Ya no nos despellejarás vivo si hacemos ruido? —siguió James.
—Tú no has dejado de hacer ruido, James —le contestó con una sonrisa sarcástica.
—Buen punto. —Para nadie era un secreto que el chico ponía música a todo volumen en su habitación mientras se refugiaba bajo un hechizo silenciador. —Pero es muy tedioso tener que recordar siempre poner el hechizo. No es lo mismo y tú lo sabes. —Ella sólo asintió.
—Ya que pusiste música a todo volumen y que podemos hacer ruido, ¿debo suponer que ya no estudiarás más? —continuó Albus, mientras Harry, Ginny y Teddy sólo escuchaban atentos detrás de ellos.
—Me queda sólo una semana en casa, Al, y no pienso desaprovecharla estudiando —le explicó con una sonrisa.
—¿Vas a salir? —preguntó por primera vez Harry, al ver que su hija tomó la dirección contraria al comedor.
—Quedé en desayunar con Lorcan.
—¿Y eso es aprovechar el tiempo que te queda aquí?
Lily fulminó con la mirada a su hermano James antes de acercarse a su padre y darle un beso de despedida. Sin embargo, al llegar a la puerta de salida se detuvo, se volteó con una sonrisa y miró a su hermano con la malicia pintada en los ojos.
—Sabes que te adoro, ¿verdad, Jamie? —Antes de que el aludido pudiera responder, Lily hizo un movimiento de varita y la toalla que envolvía la cintura del chico cayó, dejándolo desnudo y avergonzado a mitad del recibidor.
—¡Lilian! —La pelirroja soltó una carcajada antes de lanzarle un beso, salir y desaparecer. Albus, Harry y Ginny hicieron un esfuerzo sobrehumano por no burlase de James mientras éste recogía su toalla y después subía las escaleras gritando improperios y amenazas de muerte contra su hermanita.
Teddy, por su parte, ni cuenta se dio de lo sucedido. Estaba demasiado dolido porque Lily no le había dirigido ni siquiera una mísera mirada como para distraerse con un chico desnudo.
De ser el favorito de la pelirroja, había pasado a ser un cero a la izquierda.
¡La había cagado en grande!
Y casi podría jurar que el resto de la familia se había dado cuenta, pero no querían hacerlo sentir mal. ¡Como si pudieran empeorar las cosas! Ella era lo suficientemente obvia al no darle un beso en la mejilla ni de saludo ni de despedida, cuando antes era lo primero que hacía.
Se revolvió un poco su cabello negro y suspiró apesadumbrado. Se sentía triste e impotente. Estaba perdiendo a su hermanita, a su Lils.
Un brazo se pasó por sus hombros y él inmediatamente volteó a ver a su padrino, quien le sonreía con algo de tristeza.
—Ella te quiere mucho. Dale tiempo; ya ves que sacó el mal genio de los Weasley.
Teddy asintió sin mucha convicción antes de devolverle el abrazo y caminar con él rumbo al comedor, donde ya se encontraban Ginny y Albus.
¡Qué pésima forma de comenzar el día!
Lili se apareció en un solitario callejón del Londres muggle, en un sector de la ciudad que ella conocía a la perfección y siempre visitaba, con una enorme sonrisa en la cara y la sensación de que podría comerse al mundo entero.
La imagen de James avergonzado, enojado y tratando de taparse era algo que no olvidaría por mucho tiempo y que usaría para chantajearlo a la menor oportunidad. Le sacaría el mayor provecho posible.
Comenzó a caminar con paso ligero hacia su café favorito, que estaba a un par de cuadras del callejón, mientras sacaba sus audífonos de su cartera y se los colocaba. ¡Le encantaba caminar con ellos puestos!
Sumergida en su música llegó al café, saludó al mesero que siempre la atendía y que era amigo suyo, y se acercó a una mesa al aire libre donde ya la esperaba un atractivo rubio. Con un simple muffiato no verbal y discreto, silenció sus pasos y se acercó lentamente hacia él.
—¿Quién soy? —le preguntó susurrándole al oído y tapándole los ojos con las manos. El rubio sólo sonrió.
—Yo diría que eres una bruja exasperante, con un genio de los mil demonios, hermosa y peligrosa, que me vuelve loco con cada cosa que hace y sin la cual no puedo vivir.
Lorcan Scamander se volteó y Lily le regaló una sonrisa mientras se quitaba sus audífonos. —¿Dijiste algo? —le preguntó coqueta. Él soltó una carcajada y se levantó para sacarle la silla y esperar que ella se sentara.
—Pensé que no te vería hasta el día de tu partida. Me tenías olvidado, y eso que soy tu mejor amigo. —Se sentó a su lado y la atravesó con esos brillantes ojos marrones que tanto la cautivaban.
—Sabes mejor que nadie lo que he estado haciendo.
—¡Claro! Ser no-Lilus —soltó él de forma burlona y Lily lo fulminó con la mirada.
—Idiota —susurró.
Lily iba a agregar algo más cuando el mesero la interrumpió para tomar sus pedidos. Ellos dos solían frecuentar ese café, así que ya eran por demás conocidos. Lorcan rápidamente entabló una conversación con él y ella fue momentáneamente dejada a un lado. Cosa que no le molestó porque eso le permitió sacar un cigarrillo y observar detenidamente a su amigo
Así pasaba muchas veces, ella se perdía observándolo mientras él estaba ocupado y no reparaba en su presencia. O eso creía ella.
Lorcan Scamander era alto, atlético, con un cabello dorado y corto que odiaba que le acariciaran, y unos ojos morrones profundos, como los de su padre, que te hacían sentir desnuda bajo su escrutinio. Era travieso, despreocupado, mordaz, sumamente inteligente y algo despistado, pero con un carácter fuerte y decidido, casi animal, que en ocasiones hacía sentir pequeño a todo aquel que se le atravesara.
Él era el único que sabía sobrellevarla con su mal carácter; corrección, era el único que ignoraba olímpicamente su mal carácter y el único que se le enfrentaba y peleaba con ella cuando no estaba de acuerdo con alguna de sus opiniones. El resto podía contradecirla y refutarle, incluso discutirle fuertemente, pero no llegaban muy lejos. En cambio con él todo era distinto, sus caracteres a veces chocaban, y en un par de ocasiones se habían lanzado hechizos a diestra y siniestra, destrozando todo a su alrededor y ganándose un largo y tedioso castigo. Sin embargo, a pesar de todo, eran extremadamente unidos. Como uña y mugre. Se podían pelear, lanzar hechizos, gritar, pero a los 5 minutos se reconciliaban y todo quedaba olvidado.
Siempre había sido así, desde que tenían uso de razón habían sido inseparables.
Incluso luego de ingresar a Hogwarts y quedar en casas separadas, él en Ravenclaw junto a su gemelo, y ella en Gryffindor; continuaron siendo unidos. Y es que eso era mucho mejor que sólo verse dos veces al año gracias a los constantes viajes de los padres del rubio. Hogwarts les ofreció una convivencia diaria que ellos supieron aprovechar muy bien y que en ocasiones les costaba un gran y sustancioso castigo. Según ellos, su mejor época.
Una pequeña revelación vino a Lily y sus ojos se entristecieron. Volvería a ver a Lorcan sólo dos veces al año, como era antes de Hogwarts, como hace casi 10 años había dejado de ser.
—¿Lilus? —La voz del rubio la devolvió a la realidad y ella trató de esbozar una sonrisa. Aparentemente el mesero se había marchado hacía un buen rato y ella ni cuenta se había dado. —¿Qué pasó? —Sus ojos marrones la escudriñaron con preocupación e intriga. ¡Que Lily Luna Potter se quedara callada y sumida en sus pensamientos nunca era buen presagio!
—¿Estás consciente de que en una semana me iré a Alemania y ya no podremos vernos tan seguido como siempre? —Lorcan frunció el ceño y la traspasó con su mirada. ¡Eso era lo que tenía más presente desde que ella le había dado la noticia! —Será como cuando éramos pequeños. Sólo dos o tres veces al año.
—¿Debo interpretar esto como un "te voy a extrañar, Lorcan"?
Lily soltó un gruñido y lo fulminó con la mirada. —Eres una mierda, ¿lo sabías?
Lorcan esbozó una sonrisa al escucharla, la prefería enojada que triste. —Alguna idea tenía, ya que me lo has dicho tantas veces. —Lily rodó los ojos y él apoyó su cabeza en su mano, en una pose despreocupada y casi aburrida, mientras la miraba intensamente. —Lo he pensado mucho, Lilus —murmuró, ganándose la total atención de la pelirroja—, y hay una gran diferencia entre antes y ahora.
—¿Ah, sí? —le preguntó un poco confundía. —¿Cuál? Aparte de que ahora tenemos 20 años y soy yo la que se va.
El rubio esbozó una lenta, perezosa y atrayente sonrisa al escucharla. —Ahora no dependo de mis padres, y si tú no puedes venir, entonces iré yo hasta Alemania tantas veces como haga falta.
Lily se quedó con su cigarro a medio camino, su boca ligeramente entreabierta y el ceño fruncido; y Lorcan aprovechó su pequeño estado de shock para quitarle el cigarro y darle una calada mientras esperaba su reacción.
—Iré todos los fines de semana si es preciso —agregó. Aunque a él le encantaría mudarse con ella, no podía dejar su trabajo en el departamento de Misterios, así que los fines de semana tendrían que ser suficiente.
—No me podré deshacer de ti, ¿verdad, Scamander? —susurró ella mientras sonreía y alzaba una ceja. Si ese día había amanecido de buen humor, pues su amigo acababa de elevarlo a su máxima potencia.
El rubio negó divertido. —Ni en mil años, Potter.
—Entonces aceptaré gustosa mi tortura.
Un silencio cómodo se instaló entre ellos por algunos minutos, donde Lorcan se terminó de fumar el cigarrillo que previamente fuese de la pelirroja, antes de levantarse y darle un fugaz beso en los labios a su amiga.
—¿Ya tomaste tu café? —le susurró en los labios.
—No —respondió Lily con resentimiento. Eso era lo que odiaba de los desayunos con su amigo, tener que posponer su café matutino.
Lorcan soltó una carcajada al ver la cara de reproche que le dedicaba la pelirroja. —Iré por él entonces. Muero de hambre y nuestra comida ya se ha tardado bastante, temo que se hayan olvidado de ella —comentó con el ceño fruncido antes de voltearse e ir al mostrador a hablar con el encargado. Para él la comida más importante era el desayuno y se lo tomaba muy enserio. Tan enserio que comía como por 3 personas. Él alegaba que pasar 8 horas en ayuno era demasiado y que debía compensarlo. Todo lo contrario a Lyssander, su gemelo, quién comía mucho más en la cena.
Lily se le quedó observando durante todo el trayecto. ¿Cuánto tiempo había pasado desde su primer beso? ¿Seis años? ¿Siete? No estaba segura y no le importaba mucho, porque entre ellos habían pasado muchas más cosas que un simple roce de labios.
A veces sentía que traicionaba a Teddy, ¿pero se puede traicionar a alguien nunca ha sido tuyo y sólo te ve como su hermana? "No, no se puede" le respondía siempre un vocecita interna. Y es que con Lorcan todo se daba tan natural y espontáneo que no podía estar mal.
Un enorme vaso de café, puesto fuertemente sobre la mesa frente a ella, la sacó de sus pensamientos. Inmediatamente el olor de su adicción la inundó y ella quedó hipnotizada por el aroma. Como si fuese lo más sagrado del mundo, agarró el vaso con ambas manos y se deleitó con el maravilloso sabor. Por el rabillo del ojo observó a su amigo sonreír complacido, él siempre le decía que era una maravilla verla tomar su café por las mañanas debido a la gran devoción que le profesaba, y el brillo en sus ojos le decía que no mentía.
—Entonces, ¿hoy te tengo para mí todo el día? —preguntó entusiasmado, con un brillo travieso en sus ojos. Demasiado ocupada en tomar su café, ella solamente asintió. —¿Y qué te gustaría hacer? —Lily lo fulminó con la mirada por interrumpirla en su ritual por segunda vez, pero después se encogió de hombros y siguió en lo suyo. —¿Lo que yo quiera?
Sabiendo que su amigo no la dejaría disfrutar de su café como a ella le gustaba, puso el vaso con fuerza sobre la mesa y lo miró enojada.
—Sí, Lorcan, lo que tú quieras. Hoy soy toda tuya. —Al escuchar la declaración, Lorcan esbozó una gran y resplandeciente sonrisa que le hizo aparecer un par de hoyuelos en las mejillas. Parecía un niño con juguete nuevo.
Verlo así, hizo que a Lily se le olvidara su enojo y su café y una chispa de alegría naciera en su pecho. Su amigo de verdad estaba feliz, y ella era feliz si él lo era.
Así funcionaba su relación.
Así funcionaban ellos aunque el mundo no los entendiera.
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Inicialmente éste capítulo era mucho más largo, casi el doble, así que decidí dividirlo en dos. De ésta forma uds se enganchan un poco más con el fic, y a mí me da más tiempo de escribir el 4to capítulo (Coniwii, parece que tendrás más capítulos de los que tenía pensado xD). Desde mi punto de vista, todos salimos ganando.
Aclaraciones:
1.- Leyendo un poco en , llegué a la conclusión de que ser Medimago(a) y ser Sanador(a) no es lo mismo. Los sanadores ejercen la medicina sólo en los hospitales o en las enfermerías, en cambio los medimagos la ejercen fuera, en grandes eventos organizados por el ministerio (como los partidos de quidditch, los torneos, etc), pero nunca participan en misiones y gracias a esto es que muchos aurores terminan heridos de gravedad o muertos en combate. Ésta es la principal línea argumental de éste fic.
2.- Con respecto al título, ¿quiénes son los polos opuestos? Pueden tomarlo como quieran. Quizá Teddy/Lily o Lily/Lorcan o Lorcan/Teddy. Aunque yo lo puse pensando en éstos últimos: los dos chicos que vuelven de cabeza el mundo de Lily de diferentes formas, y son totalmente opuestos.
3.- Tres meses después del día de San Valentín.
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